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Evolución del concepto de Ingeniero: de la inventiva a la práctica en la Historia, Apuntes de Matemáticas

Este documento explora el significado y evolución del término Ingeniero a lo largo de la Edad Media y el siglo XVIII, desde su relación con la inteligencia inventiva y la invención práctica hasta su asociación con las máquinas y herramientas de guerra. Además, se discute la sospecha de que el Ingeniero pudiera estar relacionado con el diablo debido a sus astutas invenciones. Finalmente, se analiza la recepción de esta tradición y cómo se refleja en la actualidad.

Tipo: Apuntes

2020/2021

Subido el 29/10/2021

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Justificación General de las Ingenierías 1
Alberto Rodríguez Garcia
Mauricio Velez Upegui
DEFINICIÓN ETIMOLÓGICA DEL TÉRMINO: INGENIERO
Ingeniero: del latín ingenium.1
El término latino L,Ingenium (Anc.Fr.:engin) tiene dos sentidos: el de “disposición natural del espíritu genial”
y el de “invención”. A estos dos sentidos, el latín medieval añade un tercero: “cosa inventada”.
Así que, en la Edad Media el Ingeniero es alguien que dispone de l,engin: Inteligencia inventiva; la que se
ejerce sobre engin: en la invención práctica; la que produce las engins: máquinas e instrumentos de guerra.2
Y dado que, Enghinart, es uno de los nombres del diablo, surge la sospecha de sí sus astucias inventivas
y sus efectos desconcertantes, encuentran eco en afirmaciones tales como: “Máquina infernal”, "cosas del
diablo”, "¿Qué diablos es esto?" o en “ argucias de la Geometría o del Algebra”.
Desde un punto de vista más teórico, en las clasificaciones de ciencias medievales asociadas al álgebra,
aparecen las ciencias matemáticas de l, ingenium: las de la invención técnica.
En el Renacimiento, la etimología reivindica: “Ingeniero”, del latín Ingenium. Un sentido de “poder de
invención” e introduce el oficio del Ingeniero el ingenio es un arte- en medio de aquellos que según la
tradición humanista, implicaban el ingenium. Como en los asuntos de la oratoria, la poesía y luego de la
arquitectura.
Al final del siglo XVI, se acrecienta el prestigio de los Ingenieros - como enamorados de las matemáticas- y
se inicia un gran debate sobre la obra de arte como expresión del ingenio del artista.
1 Si esta etimología tuvie se uniformidad en todos los diccionarios, n o hubiésemos emprendido ninguna búsqued a.
2 PICON, D,Antoine. l,art de l,ingenieur: construteur, intepreneur, inventeur. Paris, Editions du Centre
Pompidou. 1997 p.235
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INVENTA
INGENIA
MÁQUINAS (Engine)
INSTRUMENTOS
ARTEFACTOS
INGENIERO
Espíritu Genial
Inteligencia Inventiva
Poder de invención
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¡Descarga Evolución del concepto de Ingeniero: de la inventiva a la práctica en la Historia y más Apuntes en PDF de Matemáticas solo en Docsity!

Alberto Rodríguez Garcia Mauricio Velez Upegui

DEFINICIÓN ETIMOLÓGICA DEL TÉRMINO: INGENIERO

Ingeniero: del latín ingenium.^1

El término latino L,Ingenium (Anc.Fr.:engin) tiene dos sentidos: el de “disposición natural del espíritu genial” y el de “invención”. A estos dos sentidos, el latín medieval añade un tercero: “cosa inventada”.

Así que, en la Edad Media el Ingeniero es alguien que dispone de l, engin : Inteligencia inventiva; la que se ejerce sobre engin : en la invención práctica; la que produce las engins : máquinas e instrumentos de guerra.^2

Y dado que, Enghinart , es uno de los nombres del diablo, surge la sospecha de sí sus astucias inventivas y sus efectos desconcertantes, encuentran eco en afirmaciones tales como: “Máquina infernal”, "cosas del diablo”, "¿Qué diablos es esto?" o en “ argucias de la Geometría o del Algebra”.

Desde un punto de vista más teórico, en las clasificaciones de ciencias medievales asociadas al álgebra, aparecen las ciencias matemáticas de l, ingenium: las de la invención técnica.

En el Renacimiento, la etimología reivindica: “Ingeniero”, del latín Ingenium. Un sentido de “poder de invención” e introduce el oficio del Ingeniero –el ingenio es un arte - en medio de aquellos que según la tradición humanista, implicaban el ingenium. Como en los asuntos de la oratoria, la poesía y luego de la arquitectura.

Al final del siglo XVI, se acrecienta el prestigio de los Ingenieros - como enamorados de las matemáticas- y se inicia un gran debate sobre la obra de arte como expresión del ingenio del artista.

(^1) Si esta etimología tuviese uniformidad en todos los diccionarios, no hubiésemos emprendido ninguna búsqueda. (^2) PICON, D,Antoine. l,art de l,ingenieur: construteur, intepreneur, inventeur. Paris, Editions du Centre

Pompidou. 1997 p.

HACE

INVENTA

INGENIA

MÁQUINAS (Engine) INSTRUMENTOS ARTEFACTOS

INGENIERO

Espíritu Genial Inteligencia Inventiva Poder de invención

Éste cuestionamiento al ingenium hace que otras aproximaciones surjan. En particular, los progresos del álgebra y de la geometría que renuevan la tradición medieval de una Ciencia de la invención matemática entendida como las artes de la Ingeniería. Les Regulae ad Directionem Ingenii de Descartes son una tentativa fundante.

En el siglo XVIII las definiciones de la palabra Ingeniero sancionan de nuevo la idea; Diderot transcribe en la enciclopedia: “ el nombre de Ingeniero marca la dirección, la habilidad y el talento que sus ejecutantes deben tener para inventar”.

El arte de la Ingeniería desborda la Ciencia. El progreso del análisis da origen a nuevos espíritus: ya que se han dado las bases formales y un discurso que permite enseñarlo, el poder de inventar será transmisible. Es éste espíritu el que anima a los creadores de las Escuelas de Ingenieros. El título de la obra de Newton sirve de ejemplo: “ Philosophía naturalis y principhia mathemática”.

En contraste, el siglo XX trae consigo trabajos como los de la cibernética, apariciones como las de la Ciencia de lo Artificial de Herbert Simon, renovaciones de términos, preguntas a la Ciencia de la invención, que se desenvuelven hoy por vías diferentes.

Pero, más allá de las anteriores variaciones etimológicas, ¿Es posible ensayar una reflexión epistemológica sobre el ingeniero, en tanto individuo poseedor de unos determinados saberes? Creemos que sí. Lo que sigue entonces, es un intento por trascender la etimología del término y por agenciar una reflexión más concernida.

LA INGENIERÍA

Es un arte (oficio). Fundado en las matemáticas y la Filosofía y Física. Transmisible. Escolarizable Formalizado

etapas sucesivas. Por lo tanto, en el deseo de posesión intelectiva del saber es menester que el hombre atraviese varias escalas ascendentes. Ellas son: las escalas de la sensación, la de la experiencia, la de la técnica, la de la prudencia, la de la ciencia, la de la inteligencia y la de la sabiduría.

El siguiente esquema ilustra lo dicho:

GRADOS DEL SABER

7.SOPHIA

(Sabiduría)

  1. NOUS (Inteligencia)
  2. EPISTEME: Ciencia (Conocimiento Científico)
  3. PHRÓNESIS: Prudencia (Conocimiento Ético)
  4. TEKNÉ: Arte o Técnica (Conocimiento Técnico)
  5. EMPEIRÍA : Experiencia (Conocimiento Empírico)
  6. AISTHESIS: Sensación (Conocimiento Sensible)

Como se observa, cada fase o escala implica un grado de conocimiento específico; y su especificidad reside en el hecho de que en “cada tipo de conocimiento los actos se eslabonan de una manera peculiar, que va desde los tipos de unión por asociación casual, pasiva, propio del conocimiento en estado sensible , pasando por el tipo de unión característico del estado empírico del conocimiento, que es unión por reglas, recetas, preceptos , subiendo al tipo de unión propio de la técnica …, para llegar al tipo de conexión científica que es por principios, causas y elementos, y finalizar con el tipo especial de unión original de la sabiduría , que es por principios supremos y por causas supremas, no por elementos…”^2

Ahora bien, decir conocimiento sensible (y de ahí en español expresiones como anestesia, parestesia, sinestesia , etc.) equivale a decir conocimiento causado por la percepción de nuestros sentidos (vista, oído, olfato, etc.); percepciones amadas por sí mismas, independientemente de sí persiguen o no alguna finalidad, y que, por el sólo hecho de pertenecer al linaje homínido, ofrecen al hombre el primer tipo de conocimiento

(^2) GARCÍA BACCA, J. D. “Introducción”. En: ARISTÓTELES. La Poética. México: Editores Mexicanos

Unidos, 1985. p. 15.

que puede alcanzar (siempre y cuando nazca y se desarrolle en condiciones ordinarias). Así, por ejemplo, cuando el niño, merced a la vista, contempla el fuego y tiende incautamente su mano hacia él, antes que conocer algo del fuego (un estado de calor y haz producidos por el fenómeno de la combustión), conocerá la sensación de dolor que el fuego causa en su mano. Igual en lo que concierne a las demás sensaciones y al conocimiento sensible que ellas proporcionan. El papel que desempeña éste primer grado de saber no es insignificante ni despreciable, habida cuenta de que su función predominante es la de permitirle al ser humano el establecimiento de múltiples diferencias respecto del microuniverso de las impresiones sensoriales y motrices.

Parece quedar claro en Aristóteles que éste primer grado de saber amerita ser sobrepasado por el hombre, so pena de verse sometido al mundo ciego de lo animal. No en vano los animales “reciben de la naturaleza la facultad de conocer por los sentidos. Pero éste conocimiento en unos no produce la memoria, al paso que en otros la produce. Y así los primeros son simplemente inteligentes, y los otros son más capaces de aprender que los que no tienen la capacidad de acordarse”^3. Y una manera de sobrepujar el estado de mera sensación consiste en dejar que ella se repita, y que la repetición se aloje en la memoria hasta volverse experiencia (y, por qué no, hábito). La experiencia se constituye por la evocación de casos particulares semejantes, “viniendo a ser algo así como una regla de carácter práctico que permite actuar de modo semejante ante situaciones particulares semejantes”. De ahí que la expresión “es un hombre de veinte o treinta años de experiencia” (respecto de un ámbito de acción cualquiera), lo que indica es un conocimiento que, cimentado en el recuerdo, se puede aplicar a algunos casos particulares, pero no a todos los casos particulares que se relacionan con el ámbito de acción que ese hombre ha desempeñado en el pasado.

Por su parte, el conocimiento técnico representa una escala superior respecto de los conocimientos sensible y empírico. NO hay técnica que no pase por la percepción de los sentidos ni por la experimentación de los recuerdos. Con todo, la palabra techné , en Aristóteles, participa de un fenómeno lingüístico especial conocido con el nombre de dilogía. Dicho en breve, dilogía es un fenómeno de partición semántica en virtud del cual una misma expresión insinúa dos postulados de significación. Así, techné , de un lado, significa técnica propiamente dicha, y, de otro, arte –manifestación artística-. Ambos sentidos están contenidos en la unidad de una misma configuración lexical, y si bien designan cosas similares también designan asuntos diferentes. Veamos:

a) Técnica propiamente dicha

Puede ser entendida, en general, como una práxis específica en virtud de la cual una serie de actos ordenados se impone a una serie de objetos concretos, de modo que, al término de la actividad misma, el producto resultante muestre un proceso regulado no por ideas sino por fines, siendo el principal fin el de utilidad (o de uso)^4.

Una ilustración nos sirve para aclarar la noción: la técnica del alfarero consiste en una serie de actos ordenados (amasar la arcilla, segmentarla, darle forma, etc.) impuesta a una serie de objetos (agua, tierra, espátulas, etc.), de modo que, al término de la actividad, el producto resultante (una vasija, una figura, un plato, etc.) muestre un proceso regulado no por ideas (fórmulas, diseños geométricos, planos, etc.) sino por finalidades de utilidad o de uso (ingesta y consumo de alimentos). En dicho proceso no es que las ideas no presten mérito alguno; lo prestan, y mucho; sólo que ellas hacen las veces de soporte incorporal –es decir, de medios- para la obtención de los fines propuestos. Y son los fines los que determinan tanto los actos a ejecutar como los objetos a emplear, pues si el fin fuera otro, por ejemplo, construir una pieza en altorrelieve, muy probablemente los actos y los objetos seguirían otra dinámica y demandarían otros materiales. Así

(^3) Aristóteles. Metafísica. Op. Cit. p. 36. (^4) GARCÍA BACCA, J.D. Op. Cit. p. 17.

Por su parte, ser artificial o artificioso es aquel ser que, aun portando las cuatro causas mentadas, obedece, en rigor, a causas externas, ajenas por completo a la esencia misma del ser. Como señala García Bacca, “una máquina complicada –un aparato de radio, una máquina de vapor- es una cosa física en que todas las causas (material, formal, eficiente y final) se hallan en estado innatural o artificial. Ni la forma de la máquina es natural (que ha tenido que ser inventada y no tiene esencia sino plan); ni el material está en su natural estado, sino que ha sido diversamente trabajado, unido con objetos extraños, remachado, soldado, clavado y atado artificialmente; el orden entre las partes de la máquina no ha sido impuesto según una finalidad natural, como las partes de un árbol, sino por un orden económico, social, prefijado por necesidades humanas de industria, comercio, etc.; y las causas eficientes o fuerzas que mueven tal dispositivo o artefacto no son tampoco naturales en estado natural, sino artificiales, separadas más o menos violentamente de su natural estado de fusión con su propia materia –así corrientes eléctricas, energía mecánica transmitida-“^7. El que un conjunto heterogéneo de materiales (cemento, ladrillos, hierro, vidrio, etc.) cuaje en la forma de una casa es resultado que no proviene del empuje y potencia naturales de la naturaleza de los materiales, sino, muy por el contrario, de los dispositivos racionales (o mentefactos) de una mente humana cuyos empujes, a su vez, se convierten en causas distintas de las potencias y eficiencias de los materiales en cuanto tales.

Creemos, a la sazón, que una recapitulación de lo dicho nos ayuda a precisar el contenido de la respuesta a la primera pregunta atrás formulada: puesto que exhiben en sí mismas una desvinculación ontológica de las cuatro causas, y dado que aparecen como efectos de una aplicación razonada y esforzada de un complejo de saberes o tipos de conocimiento (en grados ascendentes), las obras de ingenio, en tanto entidades artificiales que se concretan según un fin de utilidad o de uso, son las obras que mejor conciernen a ese ser humano al que distinguimos como ingeniero; y no tanto porque él, en cuanto individuo particular, sea el único que posee las competencias para realizarlas, cuanto porque es el ser al que la sociedad le reclama que las haga conforme a ese fin, y no conforme a otro.

Pasemos a la segunda pregunta. La planteábamos así: supuesto el caso de que la invención, como condición sine qua non del ingenio, sea depositaria de algún grado de conocimiento, ¿cuál puede ser el fundamento de ese conocimiento y en qué forma se manifiesta?

Si en las obras de ingenio lo que se da es menos un grado de conocimiento que un complejo de grados de conocimiento, siendo el técnico el más determinante de todos (puesto que implica un refinamiento cualitativo de las sensaciones y experiencias), sostenemos, a título de conjetura, que el fundamento que subyace al conocimiento técnico es la analogía. Queremos entender por ésta un mecanismo de relaciones de semejanza –formal o sustantiva- entre entidades naturales o artificialmente diferentes. Como expresión de un mecanismo, la analogía funciona a guisa de un “conjunto multilineal borroso” en el que los trayectos de las líneas generan representaciones mentales capaces de aproximar instancias de realidad aparentemente incompatibles. En tal sentido, ella se convierte en un auténtico operador de pensamiento que produce, incluso, filiaciones insólitas o superposiciones resabidas, pergueñadas en obras humanas hoy sancionadas como obras de ingenio. Tal es el caso de la rueda como obra de ingenio abstraída analógicamente del tronco del árbol, y ejecutada mediante la técnica del torneado; o tal el caso de los barriles o arcones como obras de ingenio abstraídas analógicamente de las grutas y cuevas subterráneas, y ejecutadas mediante la técnica del embalaje.

Por más implicada que esté la naturaleza, es decir, el mundo de las cosas físicas cuyo soporte es la materia y la energía, la analogía, como base del conocimiento técnico en el cual se apuntalan preponderantemente las obras de ingenio, no se contrae a ser mera copia. Si así fuera, la distinción entre obras naturales y artificiales no operaría. Por lo tanto, más que pasar por la copia, la analogía pasa a) por la “ reproducción

(^7) GARCÍA BACCA. Op. Cit. p. 28.

imitativa ”, o sea, por todas aquellas acciones que tienden a producir lo natural en un registro no natural y bajo modalidades no naturales; b) por la anamorfosis , o sea, por la deformación reglada del objeto de origen; y c) por la homología , o sea, por la evocación alusiva del primer objeto en los que atañe a sus formas y proporciones. Resistirse a la copia, en suma, es, de hecho, resistirse a “la fusión del signo, a la similitud del significante y el significado, al homeomorfismo de las imágenes, al espejo, al señuelo cautivador”^8.

Diríase que la reproducción imitativa, la anamorfosis y la homología estructural son algunas de las estrategias de las que se sirve el ingeniero para conjurar el hecho de que la analogía desemboque en la realización de obras estimadas como meros artificios de chata simulación. Conjuro que se aplica no sólo a la hechura de las obras como tal sino también a las técnicas con base en las cuales las obras se ejecutan. Sin esas estrategias estaríamos reduciendo el saber-hacer del ingeniero a un simple ámbito de mixtificaciones, y al individuo que encarna la capacidad de ingenio a ser un mero artífice de artificios inútiles.

Ahora bien, si aceptamos la idea de que el fundamento del conocimiento técnico es también un complejo de estrategias analógicas, queda por averiguarse cuáles son las formas en que dicho complejo se actualiza. Nuestra apuesta es esta: son las formas maquínicas las formas en que se actualiza ese complejo de estrategias. Expresado en una palabra: no hay obra de ingenio que no devenga una máquina, ni máquina que no devenga una obra de ingenio. Por ello, quizás, ingenio es otro modo de nombrar la máquina, e ingenioso la cualidad que posee el individuo idóneo para construir, cual fecundo artífice, obras de utilidad.

Pero, ¿qué podemos entender por máquina? En sentido aristotélico, “un artefacto en que se desvinculan y se emplean desvinculadas las cuatro causas: material, desvinculada de la formal, y la material y formal desvinculadas de la eficiente y final, tal como se hallan en su estado natural. Entre artefactos que desvinculan una sola causa, y artefactos que desvinculan las cuatro, caben evidentemente muchos tipos intermedios de cosas artificiales"^9. En otro sentido, acaso más actual, máquina es todo objeto mental (mentefacto) o artificial (artefacto) dotado de reglas de funcionamiento bien definidas. Si bien es cierto que para muchos seres humanos la máquina se define más por su eficacia funcional que por su consistencia estructural, para otros es al revés. Sea como fuere, el telos (la intencionalidad final), en las máquinas, es siempre lo más relevante, aunque sin descuidar la consistencia estructural y la dimensión estética que ellas, hoy por hoy, demandan.

En cuanto artefactos, las máquinas tienden a ser clasificadas en dos grupos: triviales y no triviales. Al amparo de un esquematismo manifiesto, pueden ser asumidas como triviales las máquinas que se componen de tres partes básicas: una entrada ( input ), una función (que rige el proceso de operaciones internan de su propio mecanismo) y una salida (output). Independientemente de que se nutran de materia, energía e información, ellas obedecen a un principio lógico y cronológico de sucesión lineal; y, en la medida en que sus causas finales se conocen de antemano (puesto que lo que sale de dichas máquinas es correlativo de lo que entra), son eminentemente predecibles; Así mismo, son analíticamente determinables, como quiera que son conocidas las reglas que gobiernan su funcionalidad interna. Diríase que estas máquinas, al hilo de generaciones técnicas que se rebasan a sí mismas conforme cambian las necesidades humanas y los escenarios individuales y colectivos en que ellas se desarrollan, se instalan en las dinámicas sociales para crear una suerte de segunda naturaleza. Al punto que su presencia en el seno de lo social ya no suscita ninguna clase de extrañeza; al revés, la naturaleza creada por ellas comparte un lugar con la naturaleza en su estado natural. Y tanto comparte ese lugar que cuando una máquina trivial se daña o acusa una disfuncionalidad operativa, la sociedad misma responde enviando a sujetos preparados y entrenados para restituir la “trivialización” que se ha degradado.

(^8) BARTHES, Roland. Roland Barthes por Roland Barthes. Caracas: Monte Avila, 1978. p. 48-49. (^9) GARCÍA BACCA, J. P. Op. Cit. p. 29.

equivale a decir un conjunto de actos requeridos para preparar el material que será sometido a una intervención especial con el fin de obtener un artefacto de utilidad, decir tecnología equivale a decir conjunto de fórmulas, recetas, reglas, etc., que preceden al dominio de una técnica determinada. La tecnología, entonces, supone un saber y, a la vez, preanuncia un hacer. No en vano a ella le está reservada el componente de razón, de discurso, de palabra (contenida en el sufijo logos ) que la técnica, en cuanto actualización y realización efectivas, no porta. Con todo, ¿cuál es el saber que presupone la tecnología? Ni más ni menos el saber científico, o, mejor, el conocimiento que, en términos aristotélicos, se denomina epistémico. De hecho, no hay tecnología, por más rudimentaria o avanzada que sea, que no se asiente en el saber agenciado por la ciencia, del mismo modo que no hay técnica que no pase por el acto de enunciación tecnológica. Que esto lo intuía Aristóteles, lo confirma la siguiente consideración: “los hombres de experiencia saben bien que tal cosa existe, pero no saben por qué existe; los hombres de arte, por lo contrario, conocen el por qué y la causa. Y así afirmamos verdaderamente que los directores de obras, cualquiera que sea el trabajo que se trate, tienen más derecho a nuestro respecto que los simples operarios; tienen más conocimiento y son más sabios, porque saben las causas de lo que se hace; mientras que los operarios se parecen a esos seres inanimados que obran, pero sin conciencia de su acción, como el fuego, por ejemplo, que quema sin saberlo …La superioridad de los jefes sobre los operarios no se debe a su movilidad práctica sino al hecho de poseer la teoría y conocer las causas : Añádase a esto que el carácter principal de la ciencia consiste en poder ser transmitida por la enseñanza “ (el subrayado es nuestro)^13

A título de ilustración, creemos que los esquemas que a continuación reproducimos ilustran a cabalidad las dos clases de máquinas que acabamos de describir:^14

Diagrama 2

(^13) Aristóteles. Metafísica. Op. Cit. 37. (^14) RODRÍGUEZ, Alberto. “La organización de un sistema técnico”. Mimeo. p. 2-3.

FLUJO ESTADO 1 (^) ESTADO 2FLUJO

PROCESO

MÁQUINA (FLUJO PRINCIPAL DE ENERGIA)

FLUJO DE ENERGIA

FLUJO ESTADO 1 FLUJO ESTADO 2

PROCESO

MÁQUINA (FLUJO PRINCIPAL DE ENERGIA)

FLUJO ESTADO (^) FLUJO ESTAD

PROCESO

APARATO (FLUJO PRINCIPAL DE MATERIA)

FLUJO ESTAD FLUJO ESTAD

PROCESO

INSTRUMENTO (FLUJO PRINCIPAL DE INFORMACION)

Diagrama 3

Será como fuere, máquinas triviales o no triviales, las obras de ingenio a las que conduce el complejo de saberes y conocimientos que posee el ingeniero son, en rigor, obras de poiesis, obras de creación. En efecto, el ingeniero es creador, si por crear se entiende el hecho de promover al rango de posible lo que los demás estiman como imposible. Y más: crear es liberar un mundo otro que se yergue sobre las férreas y desencantadas realidades habituales; es cortar y plantarse sobre el continuum de la naturaleza; es situar , y troquelar un estilo, concretar una demanda adecuada para convertir en su contrario la variedad de las apariencias, para festejar la fuerza de los diseños, el poder de las gráficas, la dinámica de las fórmulas matemáticas, la seducción de las palabras; en suma, crear es conspirar contra el mundo ciego de lo informe con el fin de hacer prevalecer el advenimiento de nuevas formas, de nuevos seres.

Hasta éste punto, hemos mostrado que el ingeniero recorre, en relación con el modelo aristotélico de las escalas de saber, cuatro grados de conocimiento, a saber: sensorial, empírico, técnico y científico. Es preciso examinar si el grado que corresponde a la phrónesis (o la prudencia) también concierne al hacedor de obras de ingenio.

Si, en términos generales, la prudencia en Aristóteles se refiere a un saber vivir bien, es decir, “saber el modo de actuar en la vida en su conjunto en función del bien del hombre”, o, incluso, al juicio mensurado que decide –en el seno de un mundo signado por el azar o la contingencia- la oportunidad del obrar, queda asentado dicho conocimiento en el terreno de la ética. Como no es éste el lugar para adelantar una reflexión sobre el tópico de la ética, a lo sumo diremos algo sobre la prudencia que conviene al ingeniero, o, más bien, a las obras de ingenio que está llamado a fabricar.

Dos, entre otros, serían los actos de prudencia que deben regular su acción: prudencia natural y prudencia política. Si entendemos por prudencia el acto de discernimiento de juicio en virtud del cual se logra establecer aquello que es dañino de lo que no lo es, o aquello que es perjudicial de aquello que no lo es, entonces prudencia natural guarda relación con el hecho de que las obras de ingenio que se realizan sobre la naturaleza misma, y merced a la transformación artificial de elementos naturales, deben efectuarse procurando reconocer, uno, que los elementos naturales (asumidos en términos de recursos o insumos) no

MATERIA

ENERGIA INFORMACIÓN

LIBROS CONFITES AGUA Café AIRE TORNILLOS MERCANCIAS AZUCAR CEREALES QUÍMICA ELÉCTRICA MECÁNICA Eólica Potencial Cinética Fuerza Presión

REGISTRO

DATO INFORME VALOR VARIABLE TALLA VOZ IMAGEN TEXTO

contraprestaciones fundado en la noción de emolumento. La antigua “bodega” renacentista cede su lugar al taller, del mismo modo como éste, por la mediación de la institución burocrática de la producción, luego cederá su lugar a la fábrica. Y como quiera que la fábrica es un lugar de encierro destinado a la maximización de la producción, se hace necesario contar con un operador psicosocial que garantice dicha maximización. No pasa mucho tiempo sin que la clase burguesa lo encuentre y lo ponga a operar: es el operador de la disciplina. Así las cosas, la fábrica, al tiempo que lugar de encierro, se torna lugar disciplinario: en él el espacio de la producción se distribuye por departamentos; el tiempo se regula conforme a un horario laboral que abarca más de 16 horas de jornada; y la consigna que se distribuye es la de que la suma de la fuerza de trabajo individual debe ser igual o superior al “cuerpo” total de la producción.

Paralelamente a esta organización social de la producción, la universidad de la época (y esta será una constante que se mantendrá hasta nuestros días), se ordena en atención al modelo fabril. De un lado, los saberes conseguidos por parte de los estudiantes serán el producto del esfuerzo personal (de la fuerza de trabajo invertida); y de otro, esos saberes, también denominados disciplinas, se estabilizan en departamentos (el departamento de física, de matemática, de filosofía, etc.) Sólo quien haya cumplido un ciclo completo de formación disciplinaria será aquel que reciba una distinción social: la distinción de ser profesional en un área específica de los saberes humanos, y, por ende, calificado para insertarse en los procesos de producción del mundo industrial. El profesional, y éste es el caso de los ingenieros (que por lo demás se preparan en las universidades de la época o, en su lugar, en los Institutos Politécnicos que empiezan a operar al lado de algunas de ellas), es el que profesa un saber correlativo a la producción (en el sentido de hacer visible), el que da fe de algo.

Y cuando el ingeniero queda en trance de dar fe de algo, los últimos grados del saber propuestos por el modelo aristotélico aparecen en su más plena expresión: de un lado, el acto de intelegir o comprender la dinámica completa de los saberes integrados que participan en su formación profesional (comprensión que habilita al ingeniero para saberse a sí mismo como un hombre polymechané ), y de otro, la sabiduría (o sophía ) que da pie a que las mismas instituciones educativas se atribuyan para sí la misión de enseñarla. Sólo cuando el saber se reúne en pequeñas regiones de saber, y ellas se someten a un ordenamiento especial en el que el lenguaje sirve pavehicular los contenidos de dichas regiones en unidades curriculares (tales como la institución universitaria las reclama), la Ingeniería entra en la sociedad a cumplir un papel especial: El de servir de soporte del desarrollo tecnológico e industrial de las necesidades exhibidas por esa misma sociedad.

Con todo, ¿de qué puede dar fe el ingeniero, como portador de una cierta inteligencia y sabiduría? Diríase que el ingeniero da fe de un saber-hacer algo. Eso que saber hacer, y de lo cual está compelido a dar fe, es un objeto de conocimiento, su objeto material de conocimiento. Conforme a su objeto material, se establecen las distintas variedades de las Ingenierías: Ingeniería civil, mecánica, administrativa, etc. A la vez, todas las Ingenierías participan de un objeto formal de conocimiento, más o menos común a todas: una formación en ciencias básicas, que varía en extensión e intensidad (y, por lo tanto, en ciclos de escolaridad) según el mismo objeto material de conocimiento. Igualmente, si las Ingenierías dan fe de un saber-hacer, es porque, más que demorarse en la teoría, esto es, en los principios racionales aceptados a priori con base en los cuales se consolida un saber), ellas se legitiman en la práctica, es decir, en la aplicación puntual de aquellos principios.

De ahí que el ingeniero, cualquiera sea su objeto material, se define –y se presenta ante el mundo social- como un hacedor de cosas (no como un sujeto que, vía la argumentación racional y la comunicación discursiva, se dedica a la contrastación y falsación críticas de los presupuestos especulativos de los cuales parte). Así conceptuado, el tipo de acciones en que incurre el ingeniero es el tipo de acciones llamadas instrumentales , del mismo modo que la racionalidad que lo caracteriza es la racionalidad instrumental. “La acción instrumental es la acción técnica, la acción sobre la naturaleza que se orienta completamente por los

resultados de antemano decididos, y cuyo éxito equivale al logro de esos resultados; ese tipo de acción se optimiza –se racionaliza- siguiendo criterios de eficacia y de eficiencia^15.

En la media en que la razón en él se torna instrumento, en su campo de acción, más que ocuparse de los universales, se ocupa y preocupa de los particulares. Ocuparse de los particulares equivale a apuntalar su saber-hacer en el diseño. Como señala Mockus, el concepto de diseño “significa determinación completa desde los signos. En el diseño se manifiesta el salto cualitativo hacia el dominio de las cosas y procesos que han dado la teoría y la tradición académica, al probar contundentemente que podían de antemano disponer, organizar y dar pautas de cálculo y previsión para una gama cada vez más amplia de objetos y procesos, poder estudiarlos, conocerlos, incluso mucho tiempo antes de poner en marcha su materialización^16. Sólo que no hay diseño sin control. De modo que decir acción y razón instrumentales es decir una obra que se diseña con base en un saber teórico (o con base en una concurrencia de nociones que proceden de distintos saberes), y cuya ejecución práctica no puede menos de verse sometida a patrones de control, esto es, a indicadores de verificación probable que han sido establecidos por escrito con suficiente anterioridad. El control, entonces, es el que determina, en última instancia, si la obra ejecutada por el ingeniero resulta siendo de calidad, económicamente viable y, sobre todo, de utilidad. En síntesis, el ingeniero da fe de que sabe-hacer obras particulares que resuelven necesidades de primer orden y cuya utilidad se afinca en el ejercicio de unos usos técnicos especializados.

PROFESIÓN DE INGENIERO.

Antecedentes históricos.

Los primeros Ingenieros aparecen en el Renacimiento y no conformaron una profesión en el sentido moderno del término.

Sus competencias eran vastas y mal definidas. Se ocuparon ordinariamente de la Arquitectura, de la concepción de máquinas, así como de las técnicas hidráulicas y de la fortificación. Englobaron actividades como la escultura o la pintura, las cuales hoy por hoy, están bien separadas de la Ingeniería, figuraron sólo como individuos que trabajaban de manera aislada al servicio de príncipes y comunidades, al margen de la organización corporativa que regía el mundo de los oficios en la Europa renacentista.^17

Los Ingenieros del Renacimiento no constituyeron una profesión, sólo presentaron una serie de oficios comunes. Fueron hombres de proyectos, conceptualizadores que se apoyaron en un saber geométrico y mecánico heredado de la Antigüedad y de la Edad Media.

El distintivo de ellos sobre otros oficios fue el énfasis puesto en el proyecto, aun con una lógica de concepción pobre pero inseparable de la realización. Su posición era intermedia a un saber humanista y a un saber práctico o arte basado en un saber hacer no libresco^18.

En sus orígenes la figura de Ingeniero fue inseparable del deseo intelectual, de la indagación de un tipo nuevo de conocimiento, o de la especulación y de la acción. Operó dentro de muchos de los reinados

(^15) MOCKUS, Antanas, Pensar la Universidad. Medellín: Fondo Editorial Universidad Eafit, 1999. p. 51.

Cabe anotar que estas distinciones entre las distintas clases de acciones responden a los desarrollos de la “Teoría de la acción comunicativa” concebida por Jurgen Habermas. (^16) Idem. p. 45. (^17) PICON, D,Antoine. Op. Cit. p. (^18) Johanes Gutemberg (h.1390-1468) inventa la imprenta en 1454.

En el siglo XIX florecieron por primera vez en la historia las Instituciones Tecnológicas que se crearon con jerarquía próxima a la de las universidades^19 , aunque diferentes en función académica. Éste hecho de Institucionalización diferente y de Escolarización es netamente europeo y norteamericano y dará origen a Instituciones Técnicas y Tecnológicas aparte de la Institución Universitaria. Una “Universitas” dedicada primordialmente a Teología, Derecho y Medicina, y a las “Facultas Philosophica” con las artes puras: la filosofía, la matemática, la física, la química, la biología.

Francia ocupa un lugar privilegiado, en razón del monopolio que gozaron los Ingenieros del Estado; monopolización que marchó a la par con una formación científica mucho más avanzada que la de otros países.

Es en Francia donde se originó el ideal de un Ingeniero a la vez conocedor y técnico.

La creación de la Escuela Politécnica de París, fundada por Napoleon Bonaparte en 1794, proporciona la organización a la profesión de Ingeniero constituyéndose en ejemplo para otros países. Fueron profesores en aquellos años: Pierre Simon de Laplace, Agustin Cauchy, Louis Henry Navier, Simeon Denis Poisson,

(^19) Situémonos en la raíz semántica de “Ars” o arte, que es hacer, producir y transformar. Y distingamos las Artes mecánicas de las Artes morales, las Artes literarias y las Bellas Artes.

Las Artes Mecánicas , sin prescindir de su conducción intelectual, están referidas a la acción material ejercida y practicada mediante capacidades corporales, ya sea de modo directo o por instrumentos como la máquina.

Con el tiempo las Artes Mecánicas , desconocidas para la “Universitas” primitiva, darían origen a las Escuelas Técnicas y Tecnológicas y a las carreras Universitarias de Ingeniería en los siglos XVIII, XIX, XX y XXI. Las Artes Mecánicas son las Artes Serviles –del siervo-; la técnica tenia un significado humilde de obra manual guiada por el ingenio o Mechanema , contrario a ello estaban las Artes Liberales, las del hombre libre, ( –del prelado, del clérigo-) las de quien es formado en la Universidad.

Los productos materiales son expresión entonces de las Artes Mecánicas; quehaceres de utilidad práctica, “Metiers”, artes y oficios.

Al momento no son conocidas las distancias que se tendieron a futuro para distinguen entre “Ciencia”, que es el saber ; el “Arte” que es el hacer , y la “Técnica” equivalente a como hacer las cosas con acierto y propiedad. La Técnica quiso entonces ser la Ciencia del quehacer, la ciencia del cómo se hacen las cosas y con ello preverá el cambio de su humilde nominación a eso del siglo XIX, para pasar a ser Tecnología o Ciencia de la Técnica : Artes aplicadas, Ciencias aplicadas o aplicación de las Ciencias y de los conocimientos intelectuales.

INGENIERO

ES:

Espíritu Genial Conocedor Técnico

TIENE: Inteligencia Inventiva Poder de invención Competencia Científica

Gaspar Monge, Charles Agoustin de Colulomb y Emile Clapeyron. Y entre sus eminentes alumnos: Leonard Sadi Carnot y Jean Victor Poncelet.^20 El modelo Francés se traslada y se crean luego la Escuela Técnica Superior de Praga en 1806, la de Viena en 1815 y en 1825 la de Karlsruhe.

De Inglaterra emergió otro modelo, el Ingeniero se definió como un veterano de la técnica, trabajador del sector privado que manejaba además de los problemas de concepción, las ideas de rentabilidad económica. La Figura de Ingeniero del Estado Francés se corresponderá con la figura del Ingeniero Civil Ingles, educado también a partir de procesos formales de aprendizaje.

La identidad del Ingeniero Ingles se afirma con la creación de una Asociación Profesional en 1771 la “Society of Civil Engineers” y con la Institución de Ingenieros Civiles hacia 1818.

En España, esto aconteció:

En 1824 se crearon en Madrid los conservatorios de Artes y en 1827 en Barcelona y Valencia, con enseñanzas de: Geometría, Mecánica, Física y Delineación. El 6 de Abril de 1829 se dispuso en una Real Orden, que los pensionados españoles pasaran a estudiar las técnicas industriales en el extranjero, entre ellas figuró la “Ecole Centrale de Arts et Metiers” de París.

Luego, y durante el reinado de Carlos IV, Agustín de Bethancourt organizó la Escuela de Ingenieros de Caminos, Canales y Puertos, escuela que cerro y reabrió en 1834. En 1835 se estableció en Madrid “La Escuela de Minas”. En Septiembre de 1850 apareció por primera vez, en España, el título de Ingeniero Industrial, - en el Real Decreto del 4 de Septiembre de 1850-, promulgado por el ministro de Comercio y Obras publicas. Con éste, se crearon las Escuelas Industriales de Sevilla, Barcelona y Vergara. Aparecieron además los títulos de Ingeniero Mecánico y de Ingeniero Químico y sus requisitos de estudio:

“Para ingresar en la Carrera de Ingeniero Industrial se requería: 1-Ser bachiller en Artes. 2- Haber estudiado en la Facultad de Ciencias en tres años al menos: Complementos de Algebra, Geometría y Trigonometría: Geometría Analítica en dos y en tres dimensiones: Calculo Diferencial e Integral de diferencias y variaciones; Mecánica, Geometría Descriptiva; Física Experimental; Química General; Zoología; Botánica y Mineralogía. 3- Tener, además, conocimientos de Dibujo, hasta copiar a la aguada. 4- Y por último, ser aprobado en un examen general de todas las materias señaladas.

Para aspirar al título de Ingeniero Industrial, Químico, o Mecánico se necesitaba haber estudiado en tres años, al menos las materias siguientes.

  • Estudios comunes a las dos especialidades: Estereotomía (Arte de cortar piedras y maderas –y otros materiales- para construcción), Física Industrial de primer curso: aplicaciones del calórico y combustibles, Física Industrial de segundo curso: aplicaciones de la electricidad y de la luz, Mecánica Industrial, Instalaciones Industriales, Nociones de Economía Política y Legislación Industrial.
  • Estudios propios de la especialidad mecánica: Máquinas de primer curso: construcción de máquinas, Máquinas de segundo curso: máquinas de vapor, Tecnología, Artes Mecánicas e Industrias varias.

(^20) POVEDA RAMOS, Gabriel. Ingeniería e historia de las técnicas.

La revolución industrial hace que se rompan las relaciones que existían entre las Ciencias y las Técnicas con las Artes. Ésta es una época que se caracterizó por el refuerzo de la Identidad de la Profesión de Ingeniero.^24

Con la aceleración del progreso técnico, la profesión de Ingeniero se encontrará confrontada a una extensión de los dominios de actividad, sin precedentes.

Al lado de la Ingeniería Civil y de la Construcción, se desarrollaron los sectores de la industria de máquinas de vapor, la química y la electricidad, los cuales, demandaron otros saberes y otros tipos de competencias no incluidas en las existentes. El siglo XIX centró buena parte de su desarrollo en el uso del carbón como material energético, produjo la invención de la máquina de vapor, la cual por su modo de transferir la energía de un lugar a otro, obligó a desarrollar calderas, hornos, bridas, válvulas y redes de tuberías, contribuyendo al progreso de la industria del acero y del cobre, por tanto al de máquinas-herramienta para la construcción de otras máquinas y equipos para la manufactura y transporte. Como consecuencia del desarrollo de una máquina de vapor más eficiente energéticamente hablando se incremento la actividad minera (Newcomen (1663-1729) –Watt (1736-1819)) y se hace posible el uso de la máquina de vapor lejos de las minas, así como el remplazo de los molinos y ruedas hidráulicas como fuente energética propia de ciudades situadas a borde de ríos, contribuyen a desarrollar en mayor cuantía fabricas de textiles, papel, vidrio. La invención de los procesos de fundido del mineral de hierro para producir acero permitió construir puentes de acero, máquina- herramienta, telares y otros artefactos obligando a que se estructuraran de manera autónoma, en el curso de la mitad del siglo XIX, las Ingenierías Mecánica y Metalúrgica.

Luego, tras la invención de los generadores y transformadores (Faraday 1791-1867), motores (Henry 1797-

  1. se dio pie a la constitución de la Ingeniería Eléctrica (la cual inicialmente fue una sub-especilidad de la Ingeniería Mecánica). Los avances en Química durante la otra mitad del siglo XIX ayudaron a que los laboratorios que trabajaban a escala reducida incrementasen la producción, abriendo el camino que daría origen a la Ingeniería Química.

(^24) No es la máquina sino la inteligencia humana tras ella la que causaría tan hondos cambios en la vida del

mundo; en el hombre mismo y en su que hacer laboral: las profesiones.

INGENIERO

ES:

Educado en las Escuelas de Oficios Profesional Espíritu Genial Conocedor Técnico

TIENE: Inteligencia Inventiva Poder de invención Competencia Científica

  • Matemática
  • Ciencias Naturales
  • Ciencias Aplicadas Competencia Técnica

La diversificación de funciones al interior del personal técnico será percibida como un atentado a la identidad de la profesión de Ingeniero.

En Inglaterra los Ingenieros Civiles no estuvieron diferenciados de los constructores de máquinas -como si pudo haber sido en Francia- hasta la creación en 1847 de una Institución de Ingenieros Mecánicos al lado de la de Ingenieros Civiles. Luego, surgirán la Instituciones de Ingenieros del Gas en 1863, La Sociedad Real Aeronáutica en 1866, el Instituto de Materiales en 1869, la Institución de Ingenieros Eléctricos en 1871 y el Instituto de Ingeniería Naval en 1889; entre otros y otras.

Generalmente, en la mayor parte de países los Ingenieros son definidos por su competencia profesional más que por la formación inicial recibida.

En Alemania ocurría lo siguiente durante el siglo XIX.

Mientras los industriales alemanes operaban con máquinas de producción Inglesa, los académicos, en las instituciones técnicas preferían los modelos de instrucción de Francia de las “Ecole Polytecnic”. Y dado que la institución formativa alemana no era de gran calidad, viajaron becarios a Francia descubriendo allí que la máquina servía sólo para demostraciones y ejemplos pedagógicos.

Como reacción a esto, los pioneros -en 1821 ya hubo una escuela técnica “Technische Schule” fundada por Peter Beuth y seis años más tarde, un Instituto Industrial Gewer Beinstitut- de la formación técnica Alemana fueron los primeros en elaborar teorías sobre máquinas al combinar la investigación básica con el empirismo.^25

En Alemania fue patente el conflicto entre las “Real Schulen” o establecimientos secundarios de orientación técnica formal, las Escuelas Técnicas Superiores y las Universidades. Para entenderlo, debe señalarse que la concepción orgánica de la Universidad Alemana giraba entorno a la “Facultas Philisofica” y a tres profesiones tradicionales: Teología, Derecho y Medicina. Al lado de dichas “ Profesiones Sabias” el siglo XIX vio la necesidad de crear ante exigencias sociales e industriales, otras vocaciones o “ Profesiones ” intelectuales que, fundadas en la Ciencia, tuvieran proyecciones prácticas: las Ingenierías, la Arquitectura, las profesiones desprendidas de la Química y la Biología, los estudios Forestales, la Minería y la Geología.

A diferencia del sistema Norteamericano de Universidad, Alemania opta por mantener estas profesiones por fuera del recinto Universitario. Los estudios de las líneas técnicas serían estudios superiores, pero ofrecidos por otro tipo de institución las “Hochshulen”. Estas Escuelas Técnicas se organizaron a modo de Universidad haciendo suyos los procedimientos pedagógicos de las mismas, copiando de la Universidad su estructura titular –Doctorados en Ingeniería: Dr. Ing. de la Technische Hochshule Charlottemburg de Berlín cuyo titulo debió escribirse en letra Gótica para diferenciarlo del de la Universidad que se escribía en letra Latina (POSER, Hans. Differences between Science and Engineering. Philosophy and Technic 4:2 Winter 1998)-.

Pero, la alcurnia, el prestigio y el renombre de las Profesiones Sabias no permitía verlas, ni fuera, ni dentro del ámbito de lo universitario, puesto que las profesiones técnicas no tenían prestancia alguna, eran de carácter servil – Profesiones Serviles -.

(^25) BORRERO, Alfonso. La educación y la Universidad Alemana desde 1800 hasta 1945. Colombia:

ASCUN 1998 pg87ss