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MATERIAL LENGUA NAVIDAD, Ejercicios de Lengua y Literatura

Cuentos navideños para trabajar en el aula

Tipo: Ejercicios

2020/2021

Subido el 03/02/2026

pol-ci
pol-ci 🇪🇸

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Biblioteca de aula

navideña

Lecturas

1 º 2 º 3 º 4 º

Índice

Cuentos 1º

Cuentos 2º

Cuentos 3º

Cuentos 4º

Érase una vez un muñeco de

nieve que se llamaba Nevadito.

Un día al despertar se dio cuenta

de que le faltaba su nariz. Empezó

a buscar por el bosque y encontró

un conejo que estaba oliendo una

zanahoria. ¡Era la nariz de

Nevadito! El conejo le dio su nariz

y se hicieron amigos.

Nevadito sin nariz

Noa miraba el árbol anonadada.

Siempre le habían gustado los abetos

pero nunca se había parado tan

cerca de uno. Estaba feliz porque

finalmente su padre se había

decidido a sembrar uno en el jardín.

El árbol alargaba sus brazos como

queriendo abrazar el mundo y Noa

sentía que a su lado siempre podría

estar a salvo, y estaba feliz porque

crecerían juntos y serían amigos

para siempre. Y en Navidad, Noa lo

decoraba con adornos.

El arbolito de Navidad

Érase una vez una pequeña estrella

llamada Estrellita que vivía en el espacio.

Estrellita estaba muy aburrida porque no

habían estrellas de su edad y no tenía

con quien jugar.

Un día su madre la vio tan triste que se

le ocurrió una idea. Esa misma noche le

contó: debes ir corriendo hasta la Tierra

y cuando llegues allí tendrás que

iluminar todas las ciudades del mundo

en la noche de Nochebuena. Estrellita lo

hizo, ¡y fue absolutamente maravilloso"!

En ese momento, la pequeña estrella

estaba tan feliz que empezó a echar

chispas e iluminó tanto el cielo y la

Tierra que todo el mundo expresó

suspiros de admiración.

Estrellita

En una ciudad lejana vivían cuatro

hermosas niñas con su mamá y su papá.

A las niñas les encantaba la Navidad,

sobre todo los regalos. Un día, una de las

niñas le dijo al papá:–¿Santa Claus utiliza

un polvo mágico de las hadas para que

sus renos vuelen?

Y el papá le responde: Eso no es cierto. La

mamá reprende al papá por la respuesta

que había dado y dice a las niñas: –Claro

que existen las hadas y con su ayuda

Santa Claus lleva a todos los niños un

hermoso regalo. Las niñas se despertaron

al día siguiente y corrieron ilusionadas al

árbol de Navidad y al ver que les habían

dejado regalos, creyeron totalmente en la

historia que les había contado su mamá y

se pusieron muy felices.

Las hadas de Santa Claus

Era Navidad y la familia Johnson esperaba impaciente al mago Drosselmeyer, su tío favorito, un fabricante de juguetes que siempre llegaba con alguna novedad. Ese año traía un soldado bailarín, un tren de madera y un oso polar. Clara quería una muñeca, pero era imposible. La niña comenzó a llorar y Drosselmeyer la sorprendió con un gran cascanueces de madera, mientras que su hermano recibió el oso polar. Clara estaba tan cansada que se quedó dormida junto a su nuevo regalo. De repente, en sus sueños, los juguetes cobraron vida: el cascanueces defendió a la niña del oso polar malvado. La niña y el cascanueces se fueron en un tren de madera que volaba por el cielo y atravesaba las nubes. Desde ahí, Clara podía ver las estrellas y pedir bonitos deseos para la Navidad. Cuando la niña abrió los ojos, pudo ver que el cascanueces seguía esperando bajo el árbol de Navidad. Eso sí, el cascanueces sonreía más que antes, ¿eso sería posible?

El cascanueces

Érase una vez un reno llamado Rudolph que, por haber nacido con una curiosa y peculiar nariz roja, estaba siempre solo. Los demás renos se burlaban de él por su brillante nariz. -Pareces un payaso", le decían. Estas bromas hacían que nuestro amigo Rudolph se pusiera muy triste. Se acercaban las navidades y Papá Noel estaba muy preocupado porque las predicciones meteorológicas decían que el día de Navidad iba a hacer mucha niebla. -¿Cómo voy a viajar con mi trineo por el cielo, llevando los regalos a todos los niños y niñas del mundo, si no voy a poder ver nada con tanta niebla? Papá Noel estaba buscando la solución cuando, de repente, vio una luz roja a lo lejos. Corrió hacía allí y se encontró a Rudolph. -¡Lo tengo!, gritó con una gran sonrisa. A partir de esa Navidad, Rudolph acompañó a Papá Noel en todos sus viajes por el mundo repartiendo regalos. Gracias a su brillante nariz, daba luz y guiaba el camino del resto de los renos que tiraban del trineo. Rudolph se sentía feliz y querido por todos.

El reno Rudolph

Érase una vez, hace mucho tiempo, una isla en la que había un pueblecito. En ese pueblecito vivía una familia muy pobre. Cuando estaba próxima la Navidad, ellos no sabían como celebrarla sin dinero. Entonces el padre de la familia empezó a preguntarse cómo podía ganar dinero para pasar la noche de Navidad compartiendo un pavo al horno con su familia, disfrutando de la velada junto al fuego. Decidió que ganaría algo de dinero vendiendo árboles de Navidad. Así, al día siguiente se levantó muy temprano y se fue a la montaña a cortar algunos pinos. Subió a la montaña, cortó cinco pinos y los cargó en su carroza para venderlos en el mercado. Cuando sólo quedaban dos días para Navidad, todavía nadie le había comprado ninguno de los pinos. Finalmente, decidió que puesto que nadie le iba a comprar los abetos, se los regalaría a aquellas personas más pobres que su familia. La gente se mostró muy agradecida ante el regalo. La noche de Navidad, cuando regresó a su casa, el hombre recibió una gran sorpresa. Encima de la mesa había un pavo y al lado un arbolito pequeño. Su esposa le explicó que alguien muy bondadoso había dejado eso en su puerta.

El mejor regalo de

Navidad

Aquella noche el hombre supo que ese regalo tenía que haber sido concedido por la buena obra que él había hecho regalando los abetos que cortó en la montaña.

El mejor regalo de

Navidad

No se atrevían pero no había otra solución, lo importante era estar muy unidos. Con mucho cuidado cargaron los regalos en el trineo y se colocaron cada uno en su posición. Con un poco de dificultad llegaron a la primera casa, bajaron por la primera chimenea y dejaron los regalos debajo del árbol, después lo demás fue coser y cantar. Por la mañana todos los niños tenían sus regalos debajo del árbol y los elfos fueron a devolver el trineo y los renos. Papá Noel se acercó a la fábrica y al ver que estaban todos los regalos repartidos se puso muy contento y comprendió que lo más importante de esa noche había sido el compañerismo”.

El plan de Alonso

Cuentos (^) 3 º

Emocionado comenzó a buscar un nombre para su muñeco que no dejaba de lanzarle bolas de nieve y corretear por el jardín. Después de unos minutos le dijo, – “te llamaré Copo de Nieve, ¿te gusta?”. El muñeco asintió con otra sonrisa y siguió jugando con Matías que nunca más se sentiría solo. Así pasaron los días y Matías se divertía jugando con su nuevo amigo, al que también venían a ver sus compañeros del colegio y otros niños del vecindario. Todos reían sin parar de las ocurrencias de Copo de Nieve, que disfrutaba haciendo felices a aquellos niños. Cuando comenzó a despedirse la temporada invernal, los padres de Matías lo ayudaron a trasladarlo hasta un parque cercano que se encontraba en una zona que apenas se derretía en el verano. Allí esperaba el muñeco a que Matías y sus amigos lo visitaran, cosa que hacían de manera constante, sobre todo en la Navidad.

Matías y el muñeco de nieve

Jaime era un niño muy caprichoso. Siempre estaba pidiendo. Desde hacía semanas no paraba de pedir regalos y juguetes porque sabía que se acercaba la Navidad. Todo cuanto veía, quería que se lo trajera Papá Noel. Sus papás trataban de explicarle que en el saco rojo de Papá Noel, aunque era mágico, no cabría todo, porque también debía llevar juguetes para el resto de niños de todos los rincones del mundo. Pero, Jaime no quería entenderlo. Se tiraba al suelo y montaba una pataleta. Fue entonces cuando sus papás decidieron darle un escarmiento. Llegó el día de Navidad. Y con él los abuelos, los tíos y los primos para disfrutar de una gran comida y celebrar todos juntos el día. Pero Jaime apenas tuvo tiempo de saludarles y comer porque se pasó toda la mañana sentado al pie del árbol de Navidad abriendo sus regalos. Y es que, sus papás habían escrito una carta a Papá Noel pidiéndole que le trajeran a Jaime todo cuanto había pedido para que aprendiera una importante lección. Mientras sus primos jugaban entre ellos, reían, salían a la calle a hacer un muñeco de nieve y una guerra de bolas de nieve; Jaime no cesaba de desenvolver paquetes.

Una lección para Jaime