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Cuentos navideños para trabajar en el aula
Tipo: Ejercicios
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Lecturas
1 º 2 º 3 º 4 º
Nevadito sin nariz
El arbolito de Navidad
Estrellita
Las hadas de Santa Claus
Era Navidad y la familia Johnson esperaba impaciente al mago Drosselmeyer, su tío favorito, un fabricante de juguetes que siempre llegaba con alguna novedad. Ese año traía un soldado bailarín, un tren de madera y un oso polar. Clara quería una muñeca, pero era imposible. La niña comenzó a llorar y Drosselmeyer la sorprendió con un gran cascanueces de madera, mientras que su hermano recibió el oso polar. Clara estaba tan cansada que se quedó dormida junto a su nuevo regalo. De repente, en sus sueños, los juguetes cobraron vida: el cascanueces defendió a la niña del oso polar malvado. La niña y el cascanueces se fueron en un tren de madera que volaba por el cielo y atravesaba las nubes. Desde ahí, Clara podía ver las estrellas y pedir bonitos deseos para la Navidad. Cuando la niña abrió los ojos, pudo ver que el cascanueces seguía esperando bajo el árbol de Navidad. Eso sí, el cascanueces sonreía más que antes, ¿eso sería posible?
El cascanueces
Érase una vez un reno llamado Rudolph que, por haber nacido con una curiosa y peculiar nariz roja, estaba siempre solo. Los demás renos se burlaban de él por su brillante nariz. -Pareces un payaso", le decían. Estas bromas hacían que nuestro amigo Rudolph se pusiera muy triste. Se acercaban las navidades y Papá Noel estaba muy preocupado porque las predicciones meteorológicas decían que el día de Navidad iba a hacer mucha niebla. -¿Cómo voy a viajar con mi trineo por el cielo, llevando los regalos a todos los niños y niñas del mundo, si no voy a poder ver nada con tanta niebla? Papá Noel estaba buscando la solución cuando, de repente, vio una luz roja a lo lejos. Corrió hacía allí y se encontró a Rudolph. -¡Lo tengo!, gritó con una gran sonrisa. A partir de esa Navidad, Rudolph acompañó a Papá Noel en todos sus viajes por el mundo repartiendo regalos. Gracias a su brillante nariz, daba luz y guiaba el camino del resto de los renos que tiraban del trineo. Rudolph se sentía feliz y querido por todos.
El reno Rudolph
Érase una vez, hace mucho tiempo, una isla en la que había un pueblecito. En ese pueblecito vivía una familia muy pobre. Cuando estaba próxima la Navidad, ellos no sabían como celebrarla sin dinero. Entonces el padre de la familia empezó a preguntarse cómo podía ganar dinero para pasar la noche de Navidad compartiendo un pavo al horno con su familia, disfrutando de la velada junto al fuego. Decidió que ganaría algo de dinero vendiendo árboles de Navidad. Así, al día siguiente se levantó muy temprano y se fue a la montaña a cortar algunos pinos. Subió a la montaña, cortó cinco pinos y los cargó en su carroza para venderlos en el mercado. Cuando sólo quedaban dos días para Navidad, todavía nadie le había comprado ninguno de los pinos. Finalmente, decidió que puesto que nadie le iba a comprar los abetos, se los regalaría a aquellas personas más pobres que su familia. La gente se mostró muy agradecida ante el regalo. La noche de Navidad, cuando regresó a su casa, el hombre recibió una gran sorpresa. Encima de la mesa había un pavo y al lado un arbolito pequeño. Su esposa le explicó que alguien muy bondadoso había dejado eso en su puerta.
El mejor regalo de
Navidad
Aquella noche el hombre supo que ese regalo tenía que haber sido concedido por la buena obra que él había hecho regalando los abetos que cortó en la montaña.
El mejor regalo de
Navidad
No se atrevían pero no había otra solución, lo importante era estar muy unidos. Con mucho cuidado cargaron los regalos en el trineo y se colocaron cada uno en su posición. Con un poco de dificultad llegaron a la primera casa, bajaron por la primera chimenea y dejaron los regalos debajo del árbol, después lo demás fue coser y cantar. Por la mañana todos los niños tenían sus regalos debajo del árbol y los elfos fueron a devolver el trineo y los renos. Papá Noel se acercó a la fábrica y al ver que estaban todos los regalos repartidos se puso muy contento y comprendió que lo más importante de esa noche había sido el compañerismo”.
El plan de Alonso
Cuentos (^) 3 º
Emocionado comenzó a buscar un nombre para su muñeco que no dejaba de lanzarle bolas de nieve y corretear por el jardín. Después de unos minutos le dijo, – “te llamaré Copo de Nieve, ¿te gusta?”. El muñeco asintió con otra sonrisa y siguió jugando con Matías que nunca más se sentiría solo. Así pasaron los días y Matías se divertía jugando con su nuevo amigo, al que también venían a ver sus compañeros del colegio y otros niños del vecindario. Todos reían sin parar de las ocurrencias de Copo de Nieve, que disfrutaba haciendo felices a aquellos niños. Cuando comenzó a despedirse la temporada invernal, los padres de Matías lo ayudaron a trasladarlo hasta un parque cercano que se encontraba en una zona que apenas se derretía en el verano. Allí esperaba el muñeco a que Matías y sus amigos lo visitaran, cosa que hacían de manera constante, sobre todo en la Navidad.
Matías y el muñeco de nieve
Jaime era un niño muy caprichoso. Siempre estaba pidiendo. Desde hacía semanas no paraba de pedir regalos y juguetes porque sabía que se acercaba la Navidad. Todo cuanto veía, quería que se lo trajera Papá Noel. Sus papás trataban de explicarle que en el saco rojo de Papá Noel, aunque era mágico, no cabría todo, porque también debía llevar juguetes para el resto de niños de todos los rincones del mundo. Pero, Jaime no quería entenderlo. Se tiraba al suelo y montaba una pataleta. Fue entonces cuando sus papás decidieron darle un escarmiento. Llegó el día de Navidad. Y con él los abuelos, los tíos y los primos para disfrutar de una gran comida y celebrar todos juntos el día. Pero Jaime apenas tuvo tiempo de saludarles y comer porque se pasó toda la mañana sentado al pie del árbol de Navidad abriendo sus regalos. Y es que, sus papás habían escrito una carta a Papá Noel pidiéndole que le trajeran a Jaime todo cuanto había pedido para que aprendiera una importante lección. Mientras sus primos jugaban entre ellos, reían, salían a la calle a hacer un muñeco de nieve y una guerra de bolas de nieve; Jaime no cesaba de desenvolver paquetes.
Una lección para Jaime