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Asignatura: Psicologia de la Educación, Profesor: Lucia antolin, Carrera: Psicología, Universidad: US
Tipo: Apuntes
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275 Colegio Oficial de Psicología de Andalucía Occidental, Universidad de Cádiz, Universidad de Córdoba, Universidad de Huelva y Universidad de Sevilla Apuntes de Psicología, 2012, Vol. 30 (1-3), págs. 275- Número especial: 30 años de Apuntes de Psicología ISSN 0213- Conmemoramos en 1998, entre otros hechos, cien años de la tesis doctoral de Thorndike y con ella la pre- sentación de la Ley del Efecto como principio funda- mental para dar cuenta de cómo se aprende una nueva habilidad. No es extraño, por tanto, que siendo el princi- pal objetivo de Thorndike el establecimiento en sus ani- males de conductas novedosas (“creativas”) llevara a cabo sus investigaciones en el contexto de resolución de pro- blemas, donde la aparición de esas conductas resulta más evidente. Puede decirse que la obra de Thorndike Animal Intelligence (1911) y la propia tesis doctoral aparecida en 1898, en la que se asienta dicha obra, constituyen el pri- mer intento de explicación objetiva desde la psicología científica acerca de la evolución ontogenética, incluidos aspectos de la conducta compleja considerados exclusi- vamente humanos, tales como la evolución del intelecto. Para Thorndike, tanto la evolución biológica como la con- ductual son posibles debido a la actuación de un proceso de selección: selección natural en el caso de la evolución de las formas vivientes y actuación de la Ley del Efecto, en la evolución de la conducta. No obstante, tal y como se recoge en su enunciado, la actuación de la Ley del Efecto requiere de la presentación previa de comportamiento so- bre el que actuarán las consecuencias: «Entre las diversas respuestas dadas en una misma situación...» (Thorndike, 1911, pág. 244). Pero, ¿cómo surgen estas respuestas?,
Mª. Francisca ARIAS HOLGADO Francisco FERNÁNDEZ SERRA Santiago BENJUMEA RODRÍGUEZ Universidad de Sevilla Resumen El Análisis Experimental de la Conducta (AEC) puede considerarse uno de los herederos naturales de la tradición iniciada por Thorndike en 1898. Aspectos recogidos en la Ley del Efecto, tales como la selección y el mantenimiento de la conducta, han sido ampliamente abordados por los analistas de la conducta, convirtiéndose en un campo tradicional y fundamental de estudio del AEC. Sin embargo, y por contraste, con frecuencia suele achacársele al AEC el escaso tratamiento –o incluso el rechazo y abandono– dedicado al problema del origen, la novedad y la variación conductual. En este trabajo se revisan algunas aproximaciones teóricas que, dentro del AEC, se han ocupado de esa parte supuestamente olvidada de la Ley del Efecto, así como los principios propuestos por dichas teorías para dar cuenta de la novedad y variación conductual. Tal revisión abarca desde los iniciales planteamientos de Thorndike y de Skinner acerca del origen de la conducta, hasta las nuevas aproximaciones seleccionistas referidas a la conducta novedosa y compleja. Palabras clave: Ley del Efecto, Análisis Experimental de la Conducta, conducta novedosa, variación, selección. Abstract Experimental Analysis of Behavior (EAB) can be considered one of the natural inheritors of the tradition initiated by Thorndike in 1898. Aspects reflected in the Law of Effect, such as behaviour selection and maintenance, have be en greatly taken into consideration by behaviour analysts, thus becoming a tradicional and fundamental field of study for EAB. However, and in contrast with this, EAB is frequently accused of rarely considering –or even rejecting and abandoning – the problems of the origin, novelty and variation in behaviour. In this anicle we review sorne theoretical approaches that, within EAB, have studied this supposedly abandoned aspect of the Law of Effect. Principies proposed by these theories in order to explain behavioural novelty and variation are also presented. The revision begins with Thorndike and Skinner´s initial proposals about the origin of behaviour, moving on to to the most recent selection approaches refered to novel and complex behaviour. Key words: Law of Effect, Experimental Analysis of Behavior, novel behaviour, variation, selection. Este trabajo ha sido posible gracias a una ayuda PB94-1456 concedida por la Dirección General de Investigación Científica y Técnica del Ministerio de Educación y Ciencia dentro del Programa de Promoción General del Conocimiento. Referencia de la publicación original: Arias Holgado, M.F., Fernández Serra, F., & Benjumea Rodríguez, S. (1998). La ley del efecto y el origen de la conducta. Apuntes de Psicología, 16 (3) , 259-282.
¿cuáles son los mecanismos que hacen posible que una variedad de conductas estén disponibles para que opere el proceso de selección por las consecuencias?, ¿cuál es el origen de la conducta? En el Análisis Experimental de la Conducta (AEC), tradición continuadora en muchos aspectos de la corrien- te iniciada por Thorndike y representada, en primer lugar, por B.F. Skinner, volvemos a encontrar el mismo proble- ma. Así, por ejemplo, Skinner (1953) utiliza la Ley del Efecto como sinónimo de Condicionamiento Operante, reconociendo en Thorndike el mérito de haber sido pio- nero en ofrecer una explicación de los cambios de la con- ducta ocasionados por las consecuencias mediante un proceso similar en la ontogenia al que opera en la evolu- ción de especies. De manera análoga a la Ley del Efecto de Thorndike, en el condicionamiento operante siempre es necesario que el organismo emita previamente una serie de respuestas para que sean reforzadas y, a partir de ese ma- terial conductual indiferenciado, componer una operante. Tal observación lleva irremisiblemente a la siguiente cues- tión: Si la conducta debe ocurrir primero para ser refor- zada, ¿de dónde surge la primera respuesta? Y de manera adicional, ¿cómo un análisis basado en la operante pue- de dar cuenta de la variación o de la novedad conductual? Las cuestiones en relación al condicionamiento ope- rante acabadas de plantear han favorecido que el análisis de la conducta reciba numerosos ataques desde diversos frentes (etología y psicología cognitiva), presentándolo como una propuesta incapaz de ofrecer explicaciones sa- tisfactorias acerca de la novedad y complejidad conduc- tual. Por extensión, el análisis experimental de formas de comportamientos en los que la novedad y complejidad constituyen rasgos definitorios (tales como resolución de problemas, creatividad o conducta verbal); han sido des- cartados por su simplicidad. Además, cuando desde el análisis de la conducta se ha recurrido a la analogía evo- lucionista para explicar el origen de la conducta, se ha ar- gumentado que el modelo skinneriano de selección por las consecuencias adolece de la falta de un mecanismo expli- cativo –con funciones similares a las de los genes en la evolución de las especies– que de cuenta de las variacio- nes conductuales y de la perpetuación o retención de lo aprendido a lo largo del tiempo; a partir de aquí se ha con- cluido que el único recurso de los analistas de la conduc- ta para explicar el origen y diversidad del comportamiento es la “espontaneidad” (ver, por ejemplo, el debate estable- cido al respecto entre Richelle, 1987 y Plotkin, 1987, o Quiroga, 1995). No obstante, y con independencia de la mayor o me- nor fundamentación de las críticas anteriores, hay que re- conocer dentro del AEC la existencia de un tratamiento teórico (y, sobre todo, experimental) desigual de las varia- ciones conductuales –fuente de novedad– respecto a los aspectos de selección y mantenimiento de la conducta; tra- tamiento desigual y claramente a favor de estos últimos. Las razones históricas y metodológicas que abocaron a los analistas de la conducta de la década de los cincuen- ta y sesenta a esa situación (ver Richelle, 1987) hoy no sirven como justificación para una dedicación despropor- cionada al estudio de la selección de la conducta a costa de la variación y novedad conductual. Afortunadamente, en las últimas décadas hemos asistido a la presentación de propuestas teóricas y demostraciones experimentales que, bajo diferentes denominaciones –conducta emergen- te, conducta creativa, conducta compleja, etc.– se han ocu- pado de manera especial por los determinantes del origen de la conducta y las fuentes de novedad conductual. En este sentido, cabe señalar que el presente no es un trabajo primordialmente centrado en Thorndike y su obra sino en los desarrollos posteriores de la Ley del Efecto, que tiene en el AEC una de las concreciones más fructíferas y elaboradas. En el transcurso de este trabajo analizaremos algunas de las propuestas teóricas que, dentro del AEC, se han ocupado de esa parte “supuestamente olvidada” de la Ley del Efecto, así como de los principios planteados para dar cuenta de la novedad y variación conductual. Antes de pasar a la exposición de tales propuestas conviene hacer explícitos brevemente tanto los antecedentes como el mar- co teórico explicativo donde éstas cobran sentido. Planteamientos iniciales acerca del origen de la conducta Si bien es cierto que Thorndike en su tesis doctoral no hace referencia expresa a Darwin, puede afirmarse que en el contexto histórico e intelectual en el que desa- rrolla su trabajo las ideas darvinistas sobre la evolución de las especies por el mecanismo de selección natural se hallaban muy presentes. Baste recordar que Thorndike se hallaba inmerso en la corriente funcionalista norte- americana e influido fuertemente por la tradición de la psicología comparada británica, ambas tributarias de las ideas evolucionistas. Más concretamente, Thorndike (1911) en el capítulo dedicado a La evolución del in- telecto humano. apunta que el proceso implicado en el aprendizaje según la Ley del Efecto es un proceso de se- lección en sentido darviniano del que no escaparían los comportamientos más complejos y atribuidos en exclu- sividad a la especie humana. Consecuente con su prime- ra Ley de la Conducta: «la conducta es predecible sin recurrir a agentes mágicos» (1911, pág. 241), Thorndike se aproxima al problema del origen del comportamiento desde una posición determinista y no esencialista. don- de no tiene cabida la espontaneidad en la conducta. Si esto es así, en la medida en que podamos identificar los factores que determinan la aparición de un tipo de com- portamiento habremos identificado cuáles son las fuen - tes de novedad conductual. En este sentido, las Leyes del Instinto del Ejercicio y del Efecto (ver Papini, en este mismo número), propuestas por Thorndike, darían
El marco teórico-explicativo: la propuesta seleccionista basada en los principios de variación y selección A partir de lo expuesto en el apartado anterior, nos pa- rece adecuada la definición propuesta por Donahoe (1991) y Donahoe y Palmer (1994) para referirse al marco teórico general desde el que abordar el proceso y los resultados de la evolución de la conducta: la aproximación seleccionis- ta. A nuestro juicio, dicha propuesta recoge en lo esencial las ideas seminales de Thorndike y supone, a la vez, una elaboración sistemática de los planteamientos de Skinner acerca de la evolución de la conducta. A ello se suman im- portantes incorporaciones procedentes de décadas de aná- lisis de la conducta y hallazgo acaecidos en el ámbito de las neurociencia. Los siguientes constituyen los rasgos ge- nerales de la aproximación seleccionista:
1. «El conductismo radical es una forma de seleccionismo, una aproximación general al estudio de la complejidad en la que la organización de nivel superior es el subproducto de la acción de procesos de nivel inferior. A nivel teórico. el ejemplo más avanzado de seleccionismo es el informe dar- vinista de la evolución de la complejidad orgánica a través de la selección natural. El conductismo radical es la apli- cación de una aproximación seleccionista al desarrollo de la complejidad conductual y su principal proponente es B. F. Skinner.» (Donahoe, 1991, pág. 119). 2. El objeto de estudio de todo enfoque seleccionista es un sistema complejo. altamente organizado. cuyo pasado o de- sarrollo evolutivo es total o parcialmente desconocido y de difícil acceso. No obstante, el desconocimiento acerca de los anteceden- te del fenómeno bajo estudio puede suplirse, por ejemplo, y según el dominio del fenómeno complejo bajo estudio, ras- treando la historia a través de fósiles, reproduciendo en el laboratorio las condiciones físico-químicas de un determi- nado momento evolutivo o dotando a un sujeto de una his- toria de aprendizaje suficiente. 3. La diversidad y complejidad se originan a partir de la repetición cíclica de procesos relativamente simples. Esos proceso no son otros que los de variación, selección y retención. 4. La complejidad organizada es el resultado «inintencio- nado» de la actuación de los procesos de variación. selec- ción y retención, no su propósito. Un fenómeno complejo no es el resultado de algún proceso inherente que «persiga» un determinado fin, sino que es el subproducto de la actua- ción repetida en el tiempo de un conjunto de proceso que ac- túan a un nivel más molecular o inferior en complejidad al del fenómeno sujeto a análisis. 5. El poder explicativo de las propuestas seleccionistas debe juzgarse más por la suficiencia de sus principios que por Su necesidad. Si una vez identificadas las condiciones que razo- nablemente podían haber existido en el pasado, la actuación de procesos a un nivel inferior de complejidad son suficiente para producir un rango de fenómenos actuales más comple- jos, tales proceso pueden considerarse como interpretacio- nes adecuada de los fenómenos complejo en la situación presente. No obstante, aunque seamos capaces de identifi- car un conjunto de principio suficientes que den cuenta de la complejidad, no deben ser tomados como absolutamente cer- teros y definitivos, puesto que nunca conoceremos con exac- titud las condiciones del pasado. Sin duda la incertidumbre acerca de las condiciones iniciales sobre las que actúan los procesos básicos limita el alcance de nuestra comprensión acerca de la complejidad; por ello, con sólo un conocimiento parcial del pasado, un enfoque seleccionista proporciona in- formes plausibles acerca del presente, pero el presente pue- de que no sea el único resultado posible. En otras palabras: «una ciencia histórica es suficiente para dar cuenta del pre- sente, pero el presente no es una consecuencia necesaria de sus principios.» (Donahoe y Palmer, 1994, pág. 17). Variación y novedad conductual en el Análisis Experimental de la Conducta Principios de variación como fuente de novedad conductual (Staddon & Simmelhag, 1971) En la elaboración de su propuesta teórica, Staddon y Simmelhag (1971) parten de los resultados de su re- plicación del experimento de Superstición en la paloma (Skinner, 1948), interpretándolos a la luz del marco con- ceptual de la teoría de la evolución darvinista. Para ello toman como referencia una versión neutral de la Ley del Efecto expresada en los siguientes términos: «Si en una situación dada, se impone una correlación positiva entre algún aspecto del comportamiento del animal y el proporcionar comida u otro reforzador, este comporta- miento tenderá a predominar en tal situación.» (Staddon & Simmelhag, 1971, pág. 407 de la versión castellana). En el enunciado de la ley del efecto acabado de pre- sentar, cabe destacar los siguientes aspectos: a) el com- portamiento inicial del sujeto previo a la presentación del reforzador; b) el proceso por el que el comportamiento anterior se transforma en el comportamiento dominante; c) el papel del reforzador. Estos aspectos constituirán los ejes fundamentales de la propuesta teórica de Staddon y Simmelhag que pasamos a exponer. El comportamiento de un sujeto, anterior a la presen- tación del reforzador en una determinada situación, obede- ce a una serie de factores incondicionales y/o aprendidos, entre los que podemos incluir factores motivacionales, re- acciones incondicionales, experiencia previa, etc. Todos estos factores quedan englobados bajo la denominación de principios de variación, responsables de los «fenoti- pos conductuales»: la estructura o la topografía sobre los que actuará la selección. Staddon y Simmelhag utilizan el término variación –de una forma que nos parece muy acertada y recomendable– para denotar «no la mera varia- bilidad. sino la producción ordenada de novedad en sen- tido darviniano» (pág. 408, op. cit.); es decir, la variación
hace referencia a la producción de conducta novedosa en situaciones nuevas, conducta susceptible entonces de se- lección por reforzamiento (Gilbert, 1972). La generación de novedad conductual compete enteramente a los prin- cipios de variación. Como consecuencia, no es necesario apelar a la naturaleza espontánea o aleatoria del compor- tamiento previo a cualquier operación que conduzca al aprendizaje; en último extremo, las variaciones conduc- tuales podrían estar reflejando ciertas probabilidades de ocurrencia para determinadas conductas seleccionadas en la filogenia. Con esta idea, similar a la ya expresada por Thorndike en la Ley del Instinto, se hace mucho más ex- plícita la consideración de Skinner (1966a) acerca del pa- pel de filogenia sobre el origen de la conducta aprendida. La transición desde el comportamiento inicial al com- portamiento final puede verse como la interacción de dos procesos contrapuestos actuando simultáneamente: un proceso que genera comportamiento en virtud de los prin- cipios de variación y un proceso que selecciona compor- tamiento. A este segundo proceso Staddon y Simmelhag lo denominan principio de refuerzo y actúa eliminando el comportamiento «inútil» o inefectivo para satisfacer las contingencias de reforzamiento programadas. En este as- pecto, Staddon y Simmelhag se separan de la noción de estampación presentes tanto en Thorndike (1911) como en Skinner (1948), quienes atribuían al reforzador una fun- ción fijadora, de adhesivo, entre el ambiente y la conduc- ta (establecimiento de conexiones entre las condiciones antecedentes y la conducta para Thorndike, o de relacio- nes entre la conducta y sus consecuencias para Skinner). Según Staddon y Simmelhag el reforzador cumple una función puramente selectiva, eliminando las variaciones menos adaptativas, de manera que entre todas las varia- ciones, la conducta seleccionada por el reforzador será la que se «reproduzca», la que de mantenerse constantes las condiciones que la seleccionaron tendrá mayor probabili- dad de producirse en el futuro. Hemos destacado el hecho, fundamental para los ob- jetivos de este trabajo, de que Staddon y Simmelhag hicie- ran recaer sobre los principios de variación la generación de comportamiento novedoso. Dichos autores llaman la atención acerca de la provisionalidad del listado de princi- pios de variación que presentan, pendiente de posteriores investigaciones. No obstante, podemos agrupar los prin- cipios propuestos en dos categorías que hemos denomi- nado principios de variación de naturaleza filogenética y principios ontogenéticos de variación, según se aprecie un mayor o menor peso, respectivamente, de la historia evo- lutiva de la especie o de la historia particular de cada indi- viduo sobre la aparición de la conducta novedosa en una situación de aprendizaje. Dicho de otro modo: los prin- cipios filogenéticos de variación suponen la transferen- cia (o persistencia) de comportamientos adquiridos en el proceso evolutivo de la especie sobre el desarrollo onto- genético de un individuo; los principios ontogenéticos de variación implican transferir conductas previamente ad- quiridas en el curso de la ontogenia sobre otra nueva si- tuación de aprendizaje. Entre los principios filogenéticos de variación que Staddon y Simmelhag (1971) proponen, podemos identi- ficar los siguientes: a) Respuestas de orientación, incluyendo tanto las respuestas incondicionales dirigidas hacia una fuente de estimulación como aquellos otros comportamien- tos «transitorios» (tales como el juego o la explora- ción) que exponen al sujeto a nuevos estímulos a la vez que proporcionan la posibilidad de transferencia a futuras situaciones. b) Respuestas específicas de la situación y típicas de la especie, tales como, las reacciones específi- cas de defensa (Bolles, 1970), la deriva instintiva (Breland & Breland, 1961), el comportamiento ad- juntivo (Falk, 1961, 1971) o el aprendizaje biológi- camente especializado (García & Koelling, 1966). c) Sustitución de estímulos: bajo los criterios de catego- rización de Staddon y Simmelhag (1971), este prin- cipio se ha sugerido como una fuente de variación para describir, por ejemplo, el origen de la respuesta terminal de picoteo en paloma bajo los procedimien- tos de automoldeamiento (Brown & Jenkins, 1968) y la «superstición», así como para dar cuenta del ori- gen de la conducta de rastreo de meta o la alivación condicionada. Toda estas conductas están estrecha- mente vinculadas a la presentación de un reforzador incondicional (la comida) y, si bien no pueden consi- derarse como respuestas reflejas en el sentido en que no son fisiológicamente provocadas de forma direc- ta por la aparición de la comida, sí parecen poner de manifiesto una vinculación directa con la histo- ria tilogenética de la especie. De esta manera, po- demos considerar a este tipo de respuestas como la más simple manifestación conductual de transferen- cia de conductas del pasado hacia el presente, en el sentido en que la estructura de la conducta o fenotipo conductual sobre el que actúa el reforzador se hace disponible mediante mecanismos seleccionados en la filogenia, más que por la historia de aprendizaje de un individuo. Dicho de otro modo, las respuestas seleccionadas en la filogenia (por ejemplo, picotear, salivar, etc.), adaptadas a un tipo de presión selecti- va por parte del ambiente (por ejemplo comer y tipo de comida), se presentarán en aquellas situaciones de aprendizaje donde aparezcan también las condi- ciones estimulares que las eleccionaron en el curso de la evolución de cada especie. Junto a las fuentes de variación acabadas de enumerar, Staddon y Simmelhag (1971) nos proponen otra fuentes
de esa clase etc. Así procede el moldeamiento por aproximaciones sucesivas. b) Control discriminativo: Además del reforzamien- to, el encadenamiento también puede contribuir en la aparición de una nueva operante en el curso del mol- deamiento. Así, las consecuencias de la respuesta de una clase pueden funcionar como estímulo discrimi- nativo para una respuesta de otra clase diferente y la de ésta para una tercera, y así sucesivamente. La gene- ralización de estímulo permitirá ampliar y extender el rango de conexiones entre las distintas clases. Pero hasta ahora estamos asumiendo implícitamen- te que en el repertorio de un sujeto estaba disponible al- guna respuesta, como unidad mínima, a partir de la cual iniciar el moldeamiento de la operante. Sin embargo, con frecuencia no se dispone de manera inmediata de la prime- ra respuesta que constituye una aproximación a la conduc- ta final que queremos instaurar. En este caso, esa primera topografía a partir de la cual moldear debe ser inducida por alguno de lo principios que aparecen a continuación y que, para Segal, son los últimos responsables de la induc- ción de nuevas respuestas: a) Privación: La privación del estímulo que va a uti- lizarse como recompensa tiene como principal fina- lidad el establecimiento de dicho estímulo como un reforzador efectivo. Al mismo tiempo, el estado de privación también actúa como discriminativo para la emisión de topografías que fueron seleccionadas en el pasado bajo similares condiciones (Segal, 1959); así, por ejemplo, una paloma hambrienta presentará una alta movilidad y actividad general que la capacita para la exploración de zonas donde puede hallar alimen- to, incrementando con ello las probabilidades de su supervivencia. En una situación de aprendizaje (por ejemplo, en el moldeamiento) suele aprovecharse este bagaje para seleccionar la primera re puesta sobre la que aplicar el reforzamiento. b) Inducción emocional: En la taxonomía de Segal ésta es la categoría que cubre una más amplia gama de fenómenos inductores de conducta novedosa. Hace referencia a aquellas operaciones que, al igual que la privación, son insuficientes por sí solas para dar lu- gar a una topografía particular, pero que constituyen la ocasión para que ciertos estímulos sean efectivos inductores de determinadas conducta. La conducta inducida por programa, la agresión inducida por ex- tinción o por castigo, el contra te conductual o las va- riaciones en la tasa de una respuesta operante en una situación de respuesta emocional condicionada, son buenos ejemplos de ello. c) Elicitación refleja: Su papel sobre el moldeamien- to de una operante es menos claro y más controvertido que el de la privación, puesto que no suele medirse la actividad refleja concurrente con la operante; no obs- tante, en situaciones operantes, algunas respuestas es- queléticas pueden producirse en primer lugar debido a este mecanismo. Tal es el caso, por ejemplo, de la respuesta incondicional a una descarga eléctrica para terminar instaurando por moldeamiento una respues- ta operante como la de presión de palanca en una rata. Normalmente, la respuesta provocada de forma refle- ja no termina formando parte de la operante sometida al control por las consecuencias. d) Condiciones internas y externas para la elicitación de patrones de conducta instintiva compleja (pau- tas fijas de acción) por estímulos desencadenadores: Para que se desencadene una pauta de acción fija en un determinado animal deben reunirse un conjunto de condiciones externas (estimulo signo específico para la pauta en cuestión, externo al sujeto, presentado de forma antecedente y de naturaleza gestáltica o con fi- gurativa) e internas (cambios hormonales producidos, por ejemplo, en la época de celo aportan la motiva- ción necesaria a un sujeto macho para cortejar a una hembra) y será la conjunción de factores –y no ningu- no por separado– lo que logre elicitar la pauta. Básicamente, como señala Gilbert (1972), el análisis de Segal y el de Staddon y Simmelhag sobre las fuentes de novedad conductual son coincidentes en muchos aspectos y en otros se complementan. Ambas propuestas tratan de responder a cuestiones similares: ¿Cuál es la materia bási- ca que conforma una operante y de dónde procede? Desde una perspectiva que integre a las de los autores que hemos tratado, la respuesta se hallaría en las topografías inducidas bien por los principios de variación incondicional o bien por aquellas operaciones que favorezcan la transferencia de la historia previa a una nueva situación de aprendizaje. La teoría de la generatividad (Epstein, 1985,1990) La teoría de la generatividad constituye «una teo- ría formal de los determinantes del continuo conductual» (Epstein, 1985a , pág. 625), formulada para tratar de res- ponder a las siguientes cuestiones: cuando aparece una conducta que no ha sido explícitamente entrenada –refor- zada–, ¿de dónde procede?, ¿existe algún modo o instru- mento para predecir su ocurrencia? La teoría comenzó a tomar forma a partir de los resul- tados de una serie de estudios con palomas (el Columban Simulation Project) realizados, en primera instancia, por Skinner y Epstein a partir de 1978 y continuados con pos- terioridad por Epstein y colaboradores. Como resultado de estos trabajos se obtuvieron análogos y simulacio- nes de formas de conducta humana compleja y novedo- sa, tales como la comunicación simbólica (Epstein, Lanza & Skinner, 1980), la autoconciencia (Epstein, Lanza & Skinner, 1981), el uso espontáneo de la agenda (Epstein
& Skinner, 1981), el uso de instrumentos (Epstein & Medalie, 1983), situaciones tipo insight que suponen la interconexión espontánea de dos (Epstein et al., 1984), tres (Epstein, 1985b) o cuatro repertorios de conducta (Epstein, 1987), etc., todos ellos utilizando palomas como sujetos experimentales. En la formulación de la teoría de la generatividad, Epstein (1985a, 1990) sostiene, como Skinner, que la ca- racterística fundamental de la conducta es que siempre es nueva, fluida y probabilística. Pero, a diferencia de aquél, considera que es posible estimar directamente la probabi- lidad de ocurrencia de la conducta y, por lo tanto, predecir momento a momento a lo largo del tiempo lo que hará un sujeto en una nueva situación. Con objeto de responder a los interrogantes plantea- dos, Epstein parte del principio de novedad, principio bá- sico que resume el planteamiento general de su teoría (Epstein, 1985a, 1986, 1987) y que podemos enunciar así: Conductas previamente establecidas pueden manifestarse en nuevas situaciones para producir nuevas conductas. La conducta emergente será una función ordenada de la his- toria filo y ontogenética del individuo, así como de los estímulos presentes y de la manera en que éstos son cam- biados a lo largo del tiempo, ya sea por el propio organis- mo u otros agentes. Para someter a prueba dicho principio, la teoría requie- re la puesta en marcha de las siguientes estrategias: a) deter- minar la contribución que la historia previa del organismo –tanto filogenética como ontogenética– tiene sobre la apa- rición del nuevo repertorio conductual; b) determinar los procesos que hacen posible la conversión de conductas pre- viamente adquiridas en otras nuevas: procesos de transfor- mación; c) determinar las ecuaciones que permiten predecir la transformación en cada momento de conductas antiguas en conductas nuevas: funciones de transformación. La contribución de la historia previa en la aparición de una conducta compleja puede examinarse experimen- talmente dotando a diferentes sujetos de distintas historias de entrenamiento y sometiéndolos después a una misma si- tuación de prueba (ver por ejemplo, Epstein, 1985a, 1987, 1990; Epstein et al., 1984). Haciendo esto podrá demostrar- se que la conducta emergente, en tanto conducta nueva, pre- sentará características bien distintas a las de los repertorios establecidos por separado con anterioridad pero en ella sera posible identificar los repertorios instaurados con anteriori- dad. Obviamente, la valoración de la función que cumple la historia previa sobre una ejecución compleja y novedosa puede resultar relativamente fácil de llevar a cabo cuando se trata de organismos no humanos, pero entraña múltiples dificultades cuando se trata de sujetos humanos; en este úl- timo caso, siempre nos encontraremos con un insuficiente control sobre la historia previa del sujeto. Esta es una de las razones por la que Epstein aborda el análisis de la conduc- ta compleja utilizando palomas como sujetos experimenta- les (Epstein, 1984). Una empresa algo más compleja que la anterior re- sulta ser la determinación momento a momento de cómo repertorios previos de conducta se organizan para dar lu- gar a una conducta nueva; es decir, cuáles son los proce- sos de transformación que intervienen en la aparición de nuevas conductas. A partir de la simulación de diversos fenómenos conductuales complejos, Epstein ha identifica- do cuatro procesos de transformación que actúan conti- nua y simultáneamente haciendo más o menos probable la ocurrencia de múltiples conductas a lo largo del tiem- po. Se trata de fenómenos experimentales conocidos, al- gunos de ellos con un gran apoyo empírico en el análisis experimental de la conducta, teniendo Epstein la virtud de reunirlos en el contexto de sus investigaciones sobre solu- ción de problemas y creatividad, dotándolos de una mayor generalidad y apoyo empírico e identificando para cada uno de ellos funciones nuevas e insospechadas (Epstein, 1984, 1985a, 1985b 1985c, 1986, 1987, 1990; Epstein et al., 1984; Epstein & Medalie, 1983; Epstein & Skinner, 1981). Los procesos de transformación son: a) Estímulos controladores múltiples o igualación de estímulos: Cuando un organismo se enfrenta por pri- mera vez simultáneamente con varios discriminativos que controlaban de manera independiente respuestas distintas en el pasado, cada una de las respuestas con- troladas por esos estímulos tienden a ocurrir. Así, por ejemplo, si se tratara de dos respuestas compatibles, ante la presentación simultánea de los respectivos dis- criminativos se producirá la emisión conjunta de am- bas respuestas (Benjumea & Arias, 1993; Catania & Cerutti, 1986); si, por el contrario, se tratara de dos respuestas incompatibles, en la nueva situación, una y otra respuesta se presentarán en una alternancia brus- ca (ver, por ejemplo, Cross & Lane, 1962; Cumrning & Eckerman, 1965; Migler, 1964; Ray, 1969; Skinner, 1953; Staddon & Simmelhag, 1971; Wildemann & Holland, 1972, como antecedentes teóricos y/o experi- mentales de este proceso). En algún sentido, la actua- ción de este principio podría suponer apoyo empírico a Thorndike en relación al establecimiento de conexio- nes entre las condiciones antecedentes y la conducta como resultado de la actuación de la Ley del Efecto. b) Resurgencia: Cuando en una situación dada, una conducta que estaba siendo reforzada es ahora someti- da a extinción, otras conductas que anteriormente fue- ron exitosas en situaciones similares tienden a recurrir. Antecedentes de este fenómeno en la literatura sobre análisis experimental de la conducta pueden hallarse, por ejemplo, en Lindblom y Jenkins (1981), Millenson (1967), Pryor, Haag y O’Reilly (1969) y Staddon y Simmelhag (1971). c) Generalización funcional: Consiste en la emisión de una misma conducta en situaciones diferentes (genera- lización), no a causa del parecido físico entre ambas
conductas retenidas adecuadas a esos estímulos que fueron seleccionadas en la filogenia. Una idea que ya estaba presente en los planteamientos de Thorndike y de Skinner, así como en las propuestas revisadas an- teriormente. Cuando un evento ambiental produce va- riaciones conductuales aprovechando los contenidos de la historia filogenética, se dice que cumple funcio- nes de elicitación (si el estímulo afecta a la fuerza de una única respuesta como en el caso del reflejo) o de motivación (si afecta a un rango de respuestas como ocurre en situaciones de privación). Si, como hemos visto, los procesos previos de selección y retención afectan a las variaciones disponibles que serán objeto de ulteriores selecciones y retenciones, la filogenia no resulta ser la única fuente de variación conductual. La historia de aprendizajes previos cumple una función de vital importancia conforme el comportamiento va ganado en complejidad. La necesidad de adaptación a un ambiente cambiante ha seleccionado mecanismos de aprendizaje flexibles que permiten a un individuo ajustarse con mayor o menor rapidez a las presiones del ambiente. Del mismo modo que sólo sobreviven las especies que cambian con celeridad en función de los cambios ambientales, sólo las respuestas que satis- facen efectivamente los cambios en la contingencias son mantenidas. Así, los cambios aprendidos (reteni- dos) se convierten progresivamente en las fuentes más importantes de variación sobre las cuales actuará pos- teriormente la selección. En este sentido puede decir- se que los resultados sobre la conducta de sucesivas actuaciones de la Ley del Efecto constituyen la fuente más importante de variación conductual. El moldea- miento por aproximaciones sucesivas, la extinción, readquisición, el reforzamiento condicionado, el en- cadenamiento y el control de estímulos, son algunos de los procedimientos derivados del análisis experi- mental de la conducta que, basándose en la historia de aprendizajes previos, han mostrado su efectivi- dad en la generación de comportamientos novedosos y complejos. Como puede apreciarse, los principios de variación acabados de exponer coinciden con los identificados desde los abordajes seleccionistas que fueron analizados con anterioridad. Selección: Una vez que un individuo cuenta con un repertorio variado actuará la selección favoreciendo diferencialmente unas conductas frente a otras. La se- lección impone un orden sobre los efectos “caóticos” y “sin rumbo” de la variación, pero de ello no se deri- va que tal dirección constituya necesariamente la meta última, la conducta final. Esto es así porque, como ya hemos comentado, la actuación de la selección supo- ne una alteración en el rango de variaciones y, con ello, en el material conductual sobre el que actuará con posterioridad. El resultado de la selección por reforzamiento o contenido del aprendizaje es siem- pre una relación ambiente-conducta. La conducta cae bajo el control de los estímulos presentes en el mo- mento de la actuación del proceso de selección, cam- biando la probabilidad de ocurrencia de determinadas respuestas en presencia de determinados estímulos. Decir que la función del reforzador consiste en la se- lección de relaciones entre el ambiente y la conduc- ta y no en el fortalecimiento de la conducta sola, tiene importantes implicaciones en la determinación de la conducta novedosa. Por un lado, sólo los estímulos presentes durante la ocurrencia del reforzador adquie- ren control sobre la conducta (planteamiento que nue- vamente nos remite a la Ley del Efecto de Thorndike); adicionalmente, como ya señalara Skinner (1937), el control discriminativo de una conducta es prácti- camente inevitable incluso cuando no existen even- tos exteroceptivos claramente identificables, en cuyo caso podrían actuar como posibles fuentes de control variables contextuales o intraorganismicas (propio o interoceptivas). Por otro lado, cuando un individuo es enfrentado a un ambiente parcialmente novedo- so respecto a aquél en el que tuvo lugar la selección será más probable que emita aquellas respuestas evo- cadas por los estímulos presentes que sean comunes a la situación previa de selección. Del mismo modo, si un organismo es enfrentado con una situación am- biental que reúne nuevas combinaciones de estímulos conocidos O estímulos intermedios entre éstos, pro- bablemente presentará una combinación de las anti- guas respuestas; en este sentido, podemos decir que la creatividad y la novedad conductual no se originan en el individuo sino en los ambientes novedosos. Retención: Una vez seleccionada una determinada re- lación de control discriminativo, ésta debe perdurar si ha de estar disponible para ulteriores selecciones. De esta manera, para que emerja un comportamien- to complejo, a los procesos de variación y selec- ción debe añadírseles un tercer proceso: retención. Comparado con lo que hoy en día se conoce acerca de la variación y selección de conductas, los procesos que –según Donahoe y Palmer (1994)– hacen posible la retención y transmisión de lo aprendido continúan siendo bastante desconocidos; en este aspecto puede decirse que el análisis experimental de la conducta se encuentra en una situación similar a la de la teoría de la evolución pre mendeliana_._ Se sabe que los procesos de retención implican mecanismos neurales del sis- tema nervioso central, especialmente de naturaleza bioquímica y celular, que permiten la comunicación interneuronal y el establecimientos de conexiones si- nápticas, pero aún queda mucho por recorrer en el te- rreno de la neuroquímica de la conducta. Es en este ámbito donde el análisis de la conducta debe recabar
información acerca de los hallazgo empíricos proce- dentes del campo de las neurociencias. Ello evitará la tentación de formular hipótesis a posteriori, bien de índole mentalista (por ejemplo, la postulación de un supuesto aparato mental) o de naturaleza biologicis- ta (por ejemplo, un sistema nervioso conceptual). No obstante, hay que decir que buena parte del progre- so en la comprensión de los efectos de la selección conductual es factible aun cuando no se disponga de un completo conocimiento acerca de los mecanismos biológicos de la retención. Por último, la aproximación seleccionista de Donahoe y su grupo sobre la complejidad se completa con una in- terpretación formal de la teoría propuesta basada en la si- mulación por ordenador de redes adaptativas. Su objetivo consiste en desarrollar una modelo de ordenador, cons- truido con la lógica de los modelos de Procesamiento Paralelo Distribuido (McClelland, Rumelhart y el gru- po PDP, 1986; Rumelhart, McClelland y el grupo PDP, 1986), que sea consistente, tanto con los hallazgos empíri- cos del análisis experimental de la conducta, como con los procesos neurofisiológicos conocidos. Cuando la simula- ción de la red, restringida bio-conductualmente produce tales resultados, el modelo es aceptado como una interpre- tación plausible del fenómeno del que pretende dar cuen- ta la simulación (Donahoe, 1991; Donahoe, Burgos & Palmer 1993; Donahoe & Palmer, 1989,1994). Conclusiones De una u otra forma, los abordajes revisados constitu- yen diferentes metas del proceso de evolución en el que se halla inmerso el plan de investigación del análisis experi- mental de la conducta, cuyas bases contribuyó a establecer y asentar de forma muy especial Skinner. Dicho plan de investigación se inicia décadas después de la publicación de la tesis de Thorndike en la que se describía la función de la Ley del Efecto en la determinación de la conducta nueva y compleja. Respecto al trabajo seminal de Thorndike (1898) y a los iniciales planteamientos kinnerianos en relación a la no- vedad y complejidad conductual, los abordajes posteriores presentan progresivamente un mayor grado de elabora- ción que se rubrica, en algún caso, con la presentación for- mal de la teoría propuesta (Donahoe & Palmer, 1989, 1994; Epstein, 1985a, 1990). Igualmente, como no podía ser de otro modo tratándose de aproximaciones seleccionistas al estudio de la novedad conductual, en los planteamientos teóricos revisados aparecen recogidos, integrados y revita- lizados nociones y principios fundamentales del análisis de la conducta también presentes desde época temprana en el trabajo de Thorndike y, sobre todo, en la obra de Skinner: la adopción del modelo de selección por las consecuen- cias como modelo explicativo; el concepto de operante; el carácter novedoso, fluido y probabilístico del continuo con- ductual; la importancia de la historia previa del sujeto (filo y ontogenética) en la aparición de futuras conductas; la recu- rrencia de principios bien establecidos como el de reforza- miento, extinción, generalización (topográfica y funcional), discriminación, encadenamiento, etc. Así, tanto Staddon y Simmelhag (1971) como Segal (1972), enfatizan –de forma más explícita de lo que hiciera Skinner– la importancia de los factores filogenéticos de variación en la aparición de la conducta novedosa. Epstein (1985a, 1990), desarrolla espe- cialmente la fuente ontogenética de variación en un análisis de lo que podríamos denominar como “novedad conductual en el aprendiz con experiencia”. Donahoe y Palmer (1989, 1994), por su parte, incorporan en sus propuestas, junto al análisis conductual de lo fenómenos complejos, el estudio del funcionamiento neuronal donde, a su juicio, se funda- mentan los mecanismos que hacen posible la retención y transmisión de aprendizaje previos. Existen notables diferencias respecto al alcance de cada propuesta y/o en cuanto a su capacidad explicati- va acerca de los fenómenos que pretenden abordar. Así, en relación con la conducta humana compleja (por ejem- plo, creatividad, resolución de problemas, conducta ver- bal, etc), tanto los trabajos de Skinner al respecto (por ejemplo, 1953, 1957, 1966b, 1974), como el modelo de Staddon y Simmelhag (1971) o de Segal (1972) nos apor- tan, en primer lugar, unos principios básicos derivados de la investigación en el laboratorio de conducta animal y el modelo seleccionista como marco conceptual general. En estos casos, el abordaje de la conducta humana comple- ja resulta ser una extensión a partir de principios gene- rales suficientemente probados en situaciones controladas con animales hacia la conducta humana. Por su parte, la teoría de la generatividad (incluyendo lo trabajos iniciales vinculados al Proyecto Columban) y las teorías conduc- tuales de redes adaptativas, más modernas, sistematizadas y formalizadas, presentan una mayor capacidad predicti- va y explicativa que las anteriores. En el caso de la teo- ría de la generatividad, la estrategia seguida ha consistido, principalmente, en la simulación con animales de proce- sos complejos de conducta humana y así ofrecer informes plausibles de las variables que subyacen a esas conduc- tas (Epstein, 1984; Lubinski & Thompson, 1993); dicha teoría, además, se ha visto confinnada al ser aplicada con éxito al análisis de alguna situaciones de resolución de problemas con humanos (ver Epstein, 1985a, 1990) y en situaciones académica instruccionales (Johnson & Layng, 1992). De manera análoga, las incipientes teorías de redes adaptativas persiguen, mediante simulaciones por orde- nador de conductas complejas, establecer las condicio- nes suficientes que den cuenta de la complejidad, aunque dichas condiciones no sean necesarias para su ocurren- cia (Donahoe & Palmer, 1989, 1994). En ambos casos, dependiendo del conocimiento que se tenga acerca de la historia previa del sujeto (Epstein, 1985a, 1990) o de las
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