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Este documento aborda el período de retroceso en europa desde el siglo xiv hasta mediados del xv, donde se discute la división del mundo campesino en compartimentos, la superpoblación en algunas regiones y la subsistencia limitada. Se menciona la existencia de 'pueblos abandonados' y la posible relación con el enfriamiento climático. Además, se presentan las innovaciones de gerardo groote y erasmo de rotterdam en la educación y la traducción de textos religiosos, que contribuyeron a la reforma protestante.
Tipo: Apuntes
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1.-La crisis del mundo feudal En una fecha variable según los lugares, pero que se sitúa entre los últimos años del siglo XIII y la pandemia de 1348, la fase de expansión tres veces secular toca su fin. Después de un período excepcionalmente largo de alta coyuntura, una fase A, una recesión anuncia un largo tiempo de depresión, una fase B, que no debía llegar a su término hasta mediados del siglo XV.
Las explicaciones dadas por la historiografía de hace cincuenta años hacían volcar la responsabilidad de las dificultades económico-sociales en las guerras que agitaron Europa, pero desde hace veinticinco años se las explica solamente por el movimiento depresivo de larga duración. Nosotros vamos a combinar estas dos explicaciones, tal y como propone Georges Duby.
A pesar de que hablemos de un período de retroceso desde el umbral del siglo XIV hasta mediados del XV, hay que considerar que el mundo campesino permanecía todavía dividido en compartimentos, y algunas regiones de Europa siguieron disfrutando durante este período de una prosperidad continuada, prolongación del movimiento ascendente del siglo XIII. Éste fue el caso de Holanda, de la baja Lombardía o de las regiones del Este de Alemania que, si bien conocieron dificultades, mantuvieron el signo ascendente de sus economías.
1.1.-Las calamidades: crisis de subsistencia, guerras, peste 1.1.1.-La crisis de subsistencia Los signos precursores de la baja coyuntura se hacen sentir, sobre todo, en el campo. Las crisis de subsistencias son las primeras en aparecer. Desarrollada bajo condiciones climatológicas poco favorables y en suelos por lo común mediocres o agotados por prácticas agrarias primitivas, la producción de trigo, alimento base, había presentado siempre grandes irregularidades. Las dificultades de abastecimiento se agravaron en los últimos años del siglo XIII, al menos en las regiones más occidentales de Europa, y una etapa de penuria se inició a partir de 1300.
Así pues, el comienzo del siglo XIV parecía anunciar el retorno de las hambres duras. Parece ser que una sucesión de años muy lluviosos agravó las dificultades crónicas, y desencadenó en 1309 en el Sur y en el Oeste de Alemania una crisis de cereales que se extendió después a todo el Oeste de Europa. Su punto álgido debe situarse entre 1315 y 1317. En esos años, una sucesión de años lluviosos hicieron pudrirse gran número de granos. En 1315 el tiempo fue muy malo: en las zonas de clima oceánico o semicontinental, primavera, verano y otoño quedaron ahogados bajo la lluvia; las cosechas fueron escasas y muy difíciles las labores del otoño. Mal trabajado, 1316 tuvo rendimientos muy inferiores a lo normal. Inglaterra conoció un incremento del precio del trigo espectacular: se cuadriplicó en 1315 y se multiplicó por ocho en 1316. Esto afectó a los más pobres, que no poseían reservas y que no pudieron afrontar un alza de precios de tan extraordinaria amplitud.
La crisis de subsistencia de 1315 a 1317 no produjo daños irremediables, simplemente la posibilidad de un nuevo factor de degradación económica. Desde ese momento se produce un estancamiento de la actividad material. La fase depresiva B no siguió brutalmente a una fase de crecimiento, sino que la recesión fue lenta antes de entre 1346 y 1348. Lo mismo que el nivel demográfico, la actividad planeó mucho tiempo hasta desplomarse cuando la Peste Negra.
Tampoco puede hablarse de hambres espantosas. Si las penurias son más frecuentes y más graves después de 1300, ello no es debido solamente a las intemperies o a un hipotético cambio de clima. Se debe también a que muchas comarcas están superpobladas: el principio del siglo XIV es uno de los raros períodos históricos que parece dar la razón a Malthus, puesto que las subsistencias no se multiplican a la misma velocidad que los hombres.
Durante más de medio siglo, la enfermedad experimentó reproducciones periódicas, que fueron más mortíferas, en algunos puntos, que la gran epidemia de 1348. El último brote de peste se registró en Marsella en el año 1721. Así pues, es necesario considerar que, si el hambre y la guerra fueron accidentes superficiales, la mortandad que determinó una ruptura duradera en la evolución demográfica alcanzó de lleno las estructuras rurales. A las gravísimas consecuencias de esta plaga hay que añadir otro efecto, el del miedo. Los enfermos solían abandonarse para que muriesen solos debido al miedo a contraer la enfermedad. Los hospitales no tenían intención de sanar a sus pacientes, sino de aislarlos para que no contagiasen su enfermedad. No estaban estatalizados y dependían exclusivamente de la caridad religiosa, siendo los enfermos atendidos por voluntarios eclesiásticos. Además, hay que recordar que hablamos de una sociedad sacralizada, donde el miedo a morir sin haber obtenido el perdón de los pecados tenía mucho peso.
Enfermos de la Peste egra atendidos en un hospital.
1.2.-El despoblamiento del campo La más observable de las modificaciones operadas en el XIV es el descenso de la población, confirmada por una serie de testimonios indirectos, como el alza de salarios, la reducción de la superficie cultivada y el abandono de lugares habitados.
En el estado actual de las investigaciones se distinguen fuertes peculiaridades entre las distintas regiones que han sido objeto de estudios profundos. En efecto, algunas de ellas no acusan ninguna tendencia depresiva, como en el Norte de Italia y en el Tirol. Pero, sin embargo, en casi todas partes, las observaciones han puesto de relieve una disminución a veces muy acentuada. En Provenza el descenso precede a la gran epidemia, aunque en toda Europa Occidental el período más crítico de la historia demográfica se sitúa en los veinte años que siguieron a la Peste Negra.
1.3.-La disminución de la superficie cultivada A la escasez corresponde el retroceso de los cultivos tras el cese de las roturaciones. Se puede observar que el abandono afectó a los campos periféricos, que son los más alejados y los de peor calidad, pero algunas aldeas desaparecieron completamente junto con su espacio cultivado. Las investigaciones han establecido la existencia de un gran número de lost villages , cuyo abandono puede situarse en la segunda mitad del siglo XIV y principios del XV. En el Este y Sudoeste de Alemania desaparecieron entre un veinte y un treinta por ciento de las localidades. El movimiento de retroceso^2 tomó una amplitud mucho más grande en el centro de Alemania. Se ha podido comprobar que un gran número de pueblos ingleses perdieron sus habitantes a raíz de la epidemia de la Peste Negra, y nunca más volvieron a ser habitados.
(^2) No sólo se deja de roturar nuevos terrenos sino que además retroceden los ya existentes.
A veces el campo fue sustituido por la pradera, siendo aprovechada para el ganado^3 , y los ejemplos de esto abundan en Inglaterra. No obstante, la mayor parte de las parcelas que dejaron de ser cultivadas fueron invadidas por el bosque y la maleza. El avance de bosques a expensas de las tierras de cultivo conquistadas entre los siglos XI y XIII es algo asombroso en las regiones centrales de Alemania. Dice Duby que la invasión de la vegetación salvaje en los siglos XIV y XV constituye en la Historia de la civilización europea un episodio de importancia comparable a la aventura de las roturaciones.
Portada de un libro de Leigh Driver sobre las lost villages de la campiña inglesa.
1.4.-Evolución de precios y salarios El beneficio reside en la diferencia entre el coste de producción y el precio de venta de un producto. Dentro de los costes de producción hay que incluir el salario de la mano de obra.
La última modificación de estructura se refiere al valor de los productos y del trabajo agrícola. Si se observan durante un largo período los precios de diversos cereales se descubre que todos ellos permanecían a un nivel estacionario o que, en algunos puntos, disminuían regularmente. En esto reside el principal cambio respecto al período de expansión agrícola de los siglos XI al XIII, que llevaba consigo un ascenso lento y prolongado de los precios. El cambio de orientación no fue el resultado de bruscas oscilaciones, la tendencia se invirtió lentamente a partir de 1300.
La Peste Negra determinó un brusco descenso de la producción, que durante algún tiempo elevó sensiblemente el nivel de los precios, pero éstos decayeron de nuevo a partir de 1370. Se reduce la producción, ya que al haber menos mano de obra se va a poder cultivar menos superficie. También nos encontramos con que, al reducirse drásticamente la población, también va a haber menos demanda. El precio del cereal, por lo tanto, va a obtenerse de la combinación de estas dos realidades: disminuyen la oferta y la demanda. Pero al ser la demanda menor que la oferta, nos encontramos con una caída de los precios. El bajo nivel de los precios del alimento básico se hizo más sensible por el hecho de que el vino y los demás productos agrícolas se mantuvieron estables durante este período. En las explotaciones agrícolas de grandes o medianas proporciones, las consecuencias de la inflexión de los precios de los cereales fueron agravadas por el alza notable de los salarios agrícolas^4.
El hecho más importante en la evolución de la explotación agraria fue que el encarecimiento de la jornada de trabajo se produjo en un momento en que los precios de los cereales se hundían. El esquema económico de producción se ha alterado completamente, haciendo que la renta agraria mengue gravemente. El productor se verá obligado a buscar alternativas al modo de producción feudal, poniéndose ya un pie fuera de la Edad Media.
(^3) El ganado requería mucha menos mano de obra que el cultivo de la tierra, por lo que se intentaron aprovechar algunas de estas tierras
no cultivadas para la cabaña de ovejas. (^4) Los salarios aumentaron ya que había poca mano de obra disponible para trabajar los campos.
2.-El debilitamiento de la economía señorial Las explotaciones señoriales fueron muy poco favorecidas por la coyuntura y afectadas de manera directa por el deterioro del mercado del trigo, el deterioro de las condiciones de empleo y por las conmociones políticas. No hay que exagerar, sin embargo, la depresión de la economía señorial, afirma Duby. Cuando los señores tuvieron que vender porciones considerables de su patrimonio, siguieron conservando en su poder las tierras mejor situadas y más productivas. Podemos hablar de debilitamiento, pero siempre teniendo presente que éste fue limitado. En esta economía señorial existe una relación de vasallaje contractual, dado que cada una de las partes da algo a la otra. El campesino recibe protección de su señor, uniéndose a él en pago por esta protección por medio de unos lazos económicos. Los siervos realizarán para su señor trabajos gratuitos en la reserva señorial, corveas o sernas. Donde mejor se puede percibir el debilitamiento de la economía señorial es en el retroceso de la explotación directa y el avance, a su costa, del arrendamiento y de la aparcería, y en el retroceso de las rentas.
2.1.-El retroceso de la explotación directa El retroceso de la explotación directa se prolonga con lentitud hasta mediados del XIV, pero se acelera a partir de esa fecha. Hasta 1350 se arrendaba ocasionalmente el conjunto del dominio pero, tras esa fecha, se impusieron nuevas fórmulas: algunos señores crearon nuevas tenencias fraccionando en pequeños lotes las franjas periféricas del dominio. Con ello respondían a las demandas de los campesinos con pocos recursos. Los señores se desprendieron de los campos más alejados, abandonaron las tierras marginales y decidieron concentrar la explotación y todas las fuerzas productivas de que disponían sobre los mejores campos.
¿Por qué tomaron esta actitud? Quizá no tuvieran plena conciencia del movimiento de los precios, pero sí que presintieron de inmediato la dificultad de emplear trabajadores en sus tierras por la fuerte elevación de salarios. Estos salarios elevados desequilibraban el presupuesto y la explotación directa quedaba condenada. Ya desde el siglo XIII la economía de las grandes explotaciones agrícolas era frágil y estaba abrumada bajo el peso de los gastos administrativos. La coyuntura desfavorable del XIV fue lo suficientemente fuerte como para convencer a los señores de la necesidad de reducir la extensión de sus dominios y de confiar su explotación a arrendatarios^5. El arrendamiento ya se puede calificar de ser un sistema capitalista: cede la propiedad a cambio de dinero y no de trabajo como ocurría anteriormente. El señor se reservaba el derecho a revisar el contrato y actualizar la renta, así que la aplicación de este método le salía más rentable. Además, no requería que el señor residiese en sus tierras, lo que provocó un desplazamiento hacia la Corte.
Junto con el arrendamiento, progresa el régimen de aparcería, sobre todo en la Europa meridional. Se ha podido observar que los contratos que ligaban al dueño del suelo y al agricultor comprometían al primero a proporcionar la mitad de las semillas, a retribuir una parte de la mano de obra, a contribuir en la conservación del instrumental y de las instalaciones y, a veces, hasta a adelantar en el primer año los granos y alimentar al aparcero y su familia.
Lo ideal para el señor era, evidentemente, no tener que fragmentar la explotación dominical que había recibido de sus antepasados y confiarla al arrendatario en un solo bloque compacto. Pero los eventuales administradores capaces de tomarla en arriendo escaseaban. De hecho, las dificultades incitaron a numerosos señores a vencer su repugnancia a fragmentar el dominio y reducir así la talla de las explotaciones arrendables.
¿De dónde venían estos hombres que asumieron la administración de la tierra dominical e intervinieron así en la modificación de las estructuras señoriales? Casi todos eran campesinos con recursos, pero la mayor parte de los aparceros eran tan pobres que se instalaban en las concesiones con las manos vacías, esperando del señor el avance de la semilla para sembrar, útiles para realizar los trabajos y, a veces, algo con que alimentar a su familia el primer año. Los antiguos campesinos pasaron a ser jornaleros con la implantación del arrendamiento.
(^5) En época romana ya se conocía la enfiteusis, que consistía en arrendar unas tierras por un límite de tiempo indefinido. Con el paso de
los años, estas tierras pasarán a manos de quienes las cultivan. En el caso de España, la zona de Valencia fue repoblada usando este sistema mientras que en Andalucía se usó el arrendamiento normal. Se observa perfectamente cómo ha influido para que se formasen los latifundios en Andalucía y las parcelas de pequeños propietarios en Valencia.
2.2.-La disminución de las rentas La causa última de esta disminución era el despoblamiento. En los pueblos y campos abandonados, los censos se perdieron. La escasez de hombres ejerció sobre los beneficios señoriales una influencia profunda. Para retenerlos, los señores tuvieron que disminuirles las percepciones, que rebajaban más si se trataba de reconstruir los territorios devastados por la mortandad, atraer nuevos agricultores e impulsar a los que no se habían marchado a trabajar con mayor interés en la reparación de los destrozos. También se rebaja el trabajo gratuito en la reserva señorial.
Hay otro factor de debilitamiento: el estancamiento de los intercambios mercantiles. La caída de los precios agrícolas reducía el valor de las percepciones en especie y, en muchas regiones, los señores se esforzaron en convertir en monetarios los censos en cereal. De hecho, la disminución de las rentas unida al retroceso de la explotación directa y a la necesidad de efectuar crecidos gastos en la reconstrucción, redujeron considerablemente en este período los recursos económicos de todos los señores. Se tiende a sustituir las percepciones en especie por dinero.
3.-La crisis en los sectores secundario y terciario La crisis del XIV fue, fundamentalmente, una crisis agraria, y sus efectos fueron muy atenuados en los sectores secundarios y terciario, lo que puede llevar a pensar que la crisis y la depresión pudieron no ser más que sectoriales.
La actividad artesanal no conoció verdaderamente retroceso. Flandes no había entrado en ningún modo en decadencia. Aunque la producción de las grandes ciudades pañeras era más bien declinante en el siglo XIV y principios del XV, sin embargo no zozobró realmente, aunque en muchos lugares se adaptó a la crisis introduciendo modificaciones en la producción y hasta en las técnicas, adaptando su manufactura a la producción de paños más baratos. En cuanto a los italianos supieron, pese a las epidemias y las agitaciones político-sociales, mantenerla en un buen nivel. Además, en el Norte de Italia se producía básicamente seda, que era un producto de lujo demandado únicamente por grupos muy selectos y que no vio afectada su demanda. Únicamente Francia, y ello a causa de la guerra, sufre una decadencia realmente notoria.
Igualmente el sector terciario, el de los transportes y el negocio, en ninguna parte, salvo en Francia, se encuentra en estado de depresión. Las transacciones de granos ciertamente se redujeron, pero las relativas al vino y a los productos de la ganadería conocieron buenos años^6. En el gran comercio, el tonelaje de los navíos se acrecienta y la urca hace su aparición en el Norte en el siglo XIV. Es un barco de tipo atlántico: redondeada, mayor calado, vela cuadrada, más grande y con gran capacidad de carga.
Aumenta la cantidad y el tamaño de la banca y, junto a las bancas privadas, nacen las bancas públicas en Barcelona, Génova, etc. Las sociedades de comercio se multiplican, siendo en general de talla bastante reducida salvo en Italia, tierra elegida por las grandes compañías.
De acuerdo con Heers, hay motivo para concluir que no se puede seguir manteniendo la imagen de una depresión general de todo el Occidente ni en todos los sectores económicos. Los países meridionales, sobre todo, a pesar de las pérdidas demográficas, a menudo se vieron beneficiados por una verdadera prosperidad, quizá porque la reanudación demográfica fue allí menos tardía, más afirmada. Prosperidad de tal fuerza que los genoveses del XIV, y todavía más los portugueses del siglo XV, se lanzaron a la conquista de los mares.
4.-Las mutaciones del siglo XV: la fase A El punto de partida de la reanudación demográfica no fue el mismo en todas partes. En Francia se sitúa en torno a 1450 porque, habiendo cesado la guerra, el hambre y las epidemias retroceden. Tarde o temprano la población aumentó en todas partes, o en casi todas. Pero la masa de los consumidores y de los productores quedó a menudo por debajo de su volumen de entre los años 1300 y 1340.
(^6) Ante la pérdida de precio del cereal muchos agricultores cambiaron sus cultivos por vid y olivo.
La familia Fugger se enriqueció gracias al algodón, llegando a ser prósperos banqueros.
Otras actividades ofrecen aspectos más modernos. Ante todo la cristalería, cuya producción se eleva rápidamente en calidad como en cantidad. Los secretos de fabricación de Murano en Venecia se extienden a lo lejos, hasta Bohemia, de donde surge la proliferación de los centros vidrieros. Pero el más importante atañe a la metalurgia y a la imprenta. La metalurgia se ha beneficiado de la enorme mejora de las técnicas mineras. Se llega a cavar pozos más profundos dando acceso a varias galerías que se consolidan mediante armazones y se ventilan. Se drena la mina con la ayuda de potentes aparatos, accionando los caballos las ruedas que hacen avanzar las bombas. Ya se puede hablar de máquinas en las cuales no hace falta fuerza humana o una gran habilidad. Finalmente, se mejora el tratamiento de los minerales, reduciendo los costes de la producción. Entre 1460 y 1530 hubo un auténtico boom de la actividad minera. La producción de plata se multiplica por cinco, la del hierro se multiplica por cuatro y la de cobre por mucho menos. La metalurgia recibió mayor empuje con esta mayor abundancia de mineral.
Las fraguas son de mayor capacidad, y la producción de hierro llegó a tener un alcance incalculable gracias a la novedad del alto horno, que permite dividir la operación en dos. Los lingotes de fundición salidos de la nueva máquina eran llevados a la fragua, refundidos y transformados en metal con la ayuda de grandes martillos movidos por la fuerza hidráulica. Pero los altos hornos, a falta de carbón mineral, devoraban inmensas cantidades de madera, lo que ocasionó serias inquietudes en un tiempo en que el bosque era de primerísima importancia para la vida misma del hombre.
Antes del siglo XV nace la imprenta. Su nacimiento fue facilitado por la acelerada sustitución del pergamino por el papel y se hizo necesario por la creciente demanda de libros. A partir del siglo XIV, los molinos de papel se construían casi por todas partes y, mientras tanto, un mejor conocimiento de las aleaciones de metales y los progresos de la fundición regularon hasta 1450 el problema de la fabricación de caracteres metálicos móviles. Con este invento de Gutemberg podemos hablar de dos eras dentro del panorama cultural europeo: la del manuscrito y la del libro impreso.
Otro progreso fue la generalización y propagación del uso de la pólvora. Ya se conocía en Europa desde que Marco Polo la trajese desde China en el siglo XIII, pero será en el siglo XV cuando se extienda su uso. El desarrollo de las armas de fuego, ya sea las individuales o la artillería, supuso la desaparición de las armaduras y un cambio sustancial en las guerras. Serán los Estados quienes monopolicen la fabricación de la pólvora y de las piezas de artillería.
Imprenta de Gutemberg.
Otra gran novedad de la segunda mitad del XV es el avance del capitalismo y un deseo de sustraerse a los reglamentos artesanales. Nacen las sociedades capitalistas, sobre todo en las minas. Aunque en 1500 subsistían todavía minas de pequeña talla, la mayor parte era importante y constituía una industria de tipo claramente capitalista. Este espíritu individualista y de competencia apenas se extendieron a otras partes del sector secundario. La mayor parte contuvieron el desarrollo del nuevo estado de espíritu para impedirle que se difundiera. La gran burguesía de negocios, señora del capitalismo financiero y comercial, no tenía que dejarse roer por el joven capitalismo industrial que un día podía desplazarla. Como esta nueva forma de capitalismo alcanzó una talla interregional y hasta internacional, se inquietaron los soberanos, y el premercantilismo fue una reacción nacional contra el internacionalismo del capitalismo industrial.
4.3.-Los avances del sector terciario Las postrimerías de la Edad Media conocieron un mayor número de sociedades de comercio, de las cuales las más poderosas estuvieron interesadas en todas las ramas de la banca, los negocios y en la importación de artesanía. Son sociedades florentinas las que atraen mayor atención, en particular la de los Médicis. Las ferias internacionales, más numerosas y menos estables que en otro tiempo, se muestran muy activas, y se hallan instaladas en las rutas que unen el Mediterráneo con los países del Norte.
Hubo después de 1440 un desarrollo cuantitativo del tráfico, y el comercio de los productos alimenticios es muy activo. El trigo báltico es transportado por los marinos hanseáticos. El tráfico del vino es uno de los comercios más importantes. También el comercio de los textiles sigue siendo de los más grandes. La lana española se extiende a Brujas e Italia, haciendo sobrevivir a viejas regiones pañeras.
La caída de Constantinopla y el hundimiento de las factorías italianas de Oriente, hicieron replegarse al Tirreno y al Adriático lo esencial del comercio europeo del Mediodía. Se buscan mercados sustitutivos. La pérdida de mercados de compra y de venta en Oriente forzó a los europeos a producir entre ellos o a buscar en otras partes lo que a menudo les llegaba cada vez peor por Levante. Entre 1450 y 1500, los polos de desarrollo ya no son lo que eran en otro tiempo, aunque las tres zonas más activas, Flandes, Italia y Hansa, siguen siendo muy activas.
Inglaterra, recién llegada al pelotón de cabeza, pretende acabar con el monopolio comercial de los hanseáticos en el Báltico comprando madera a cambio de paño y de estaño, sal, vino, frutos secos, etc. Al mismo tiempo, también Holanda se transforma en un gran país marítimo, ayudado en su proceso por el impulso de la pañería holandesa desde el comienzo del siglo. Antes de 1500, Amsterdam y Rotterdam han logrado un puesto entre los grandes puertos de Europa y sus barcos navegan hasta las extremidades del Báltico. En esta misma época, los alemanes del
El miedo en Occidente (siglos XIV – XVIII) Una ciudad sitiada De Jean Delumeau
Versión castellana de Mauro Armiño, revisada por Francisco Pérez Gutiérrez
Ed. Taurus