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SERVICIO NACIONAL DE ADIESTRAMIENTO EN TRABAJO INDUSTRIAL
CURSOS DESARROLLO HUMANO
La capacitación humanista se realiza con miras a que cada (estudiante) se responsabilice de su destino, se abra a la colaboración, cuestione sus metas, aclare sus objetivos y las de la institución, comprenda y acepte a las personas, y libere sus capacidades, de tal modo que los equipos de trabajo aumenten la productividad en forma creativa. Desarrollo Humano – I, no quiere decir paternalismo, tampoco, está basado en la caridad o en el concepto de bienestar. El foco está en el desarrollo de la persona. Mediante el curso de Desarrollo Humano – I, los estudiantes se orientan hacia un aprendizaje, vivo, significativo; que origina cambios interiores que se reflejan en nuevas formas de comportamiento. Funciona no como una enseñanza académica, magisterial, memorista, sino como un aprendizaje vivencial, activo, participante y práctico. El enfoque del proceso de aprendizaje es aquí eminentemente práctico, orientado a cambios inmediatos a corto plazo.
Reflexionar y formarse una idea sobre como se encuentra en la escala:
¿Para qué usamos un espejo? Solemos hacerlo para ver cuál es el aspecto que estamos mostrando a los demás, y si es el que queremos ofrecer. Pero también lo hacemos para reconocernos como somos. El reconocimiento personal es un primer paso en el autoestudio que debemos emprender si de veras queremos desempeñar un papel o cumplir cualquier propósito en nuestras vidas. De nada nos serviría ese empeño si no somos capaces de reconocernos a nosotros mismos. La condición de un líder no depende serlo solo de su voluntad. No basta con querer ser líder para alcanzar a serlo. El liderazgo consiste en reunir y combinar una serie de atributos que lo demás puedan reconocer en la conducta que mostramos. Esos rasgos son presentados en este curso y nos ayudan a vernos, o no, reflejados en ellos, y a saber cuántas y cuáles de las percepciones que tenemos respecto de nosotros son aquéllas que los demás ven como cualidades propias de los líderes. Luego de ese autoestudio, el liderazgo exige actitudes concretas. No son las actitudes del manejo, ni las de la manipulación. Ni siquiera las del mando. Son las de la persuasión o, mejor aún, las de la inspiración. No son líderes los que jalan ni los que empujan. Más bien son líderes los que hacen que aquellos con quienes viven o trabajan se sientan naturalmente invitados a practicar una determinada manera de actuar, a experimentar un determinado modo de vivir. En otras palabras, quienes contagian una especial forma de ser. Para ser capaces de inspirar a los demás, los líderes tienen que ser antes capaces de encontrar en sí mismos la fuente de esa inspiración. Nadie da lo que no tiene ni desborda de lo que no está pleno. De la abundancia del corazón habla la lengua, dicen los libros sagrados. De la plenitud del espíritu brota el ejemplo, diríamos ahora. Cuando éramos niños jugábamos con los espejos. En ocasiones, lo hacíamos para enceguecer a los demás con los reflejos del sol. También para hacer llegar sus luces donde las sombras no lo permitirán. Este curso, que ha adoptado como titulo el nombre del espejo, no puede cegar a nadie, sino debe
servir para iluminar aquellos de nuestros espacios interiores donde las sombras de la vida no permiten recibir la claridad. La premisa de la que parte este curso es que un líder es, ante todo, un observador: tiene que conocerse a si mismo, saber mirarse en el espejo y conocer a la gente con la que trabaja. Un líder no forma seguidores; forma otros líderes. Para ello, es esencial superar el egocentrismo y desarrollar la capacidad de ponerse en los zapatos del otro. Saber escuchar, integrar, priorizar, armonizar, hacer y asimilar críticas constructivas, son cualidades esenciales para poder formar verdaderos equipos. Pero para ser líder de otros uno tiene antes que saber ser líder de uno mismo. Y para lograr esto es importante alcanzar un equilibrio interior, que sólo conseguiremos cuando nuestro espíritu se manifieste por encima de esa máscara que es nuestro ego. INTRODUCCIÓN. Quisiera empezar con una historia que escuché por primera vez cuando era niño, y que encierra una enseñanza profunda que resume la esencia de este curso. Cuentan que un rey, muy vanidoso y ostentoso, recibió la visita de un falso sastre que decía ofrecer la tela más preciosa del reino. El sastre le indico al rey que la tela era invisible a la mayoría de personas y que sólo las personas inteligentes podrían apreciar su belleza. Cuando le mostraron la supuesta tela al rey, éste, aunque en realidad no veía nada, elogió sus bondades. Los asesores, para no quedarse atrás, inmediatamente le dieron la razón al rey. Cuando el rey se “puso” el traje confeccionado con la tela imaginaria, todos los asesores lo alabaron haciéndole saber lo elegante que se veía. Confiando, el rey salió a la calle con su nuevo traje y sus “fieles” súbditos, al verlo, lo aplaudieron. El rey estaba convencido de lo inteligente que era por haber sido capaz de ver y vestir el nuevo traje. Hasta que pasó un niño que, inocentemente, grito: “¡Miren, el rey está desnudo!”. En esta historia. El rey no quiso verse en su espejo interior. Por querer impresionar a los demás y demostrar que él si era inteligente, no quiso aceptar el hecho de que no veía la
La vida es un salón de clases donde se imparte lecciones 24 horas diarias. En este salón hay tres tipos de alumnos. El primero es el alumno “leño seco”, que está alerta a todas las enseñanzas: con cualquier fósforo prende en él fácilmente la llama del aprendizaje. Otro es el alumno “leño mojado”, que quiere más tiempo para darse cuenta de que está en una clase. No es tan consciente de lo que pasa a su alrededor, pero con el tiempo logra prender en él la llama del aprendizaje. Por último, tenemos al alumno “musgo”. Éste está totalmente húmedo, no aprovecha las oportunidades de la vida para aprender y le tomará muchos años despertar. Usted evalué. ¿Qué tipo de alumno de la vida es usted? Dependerá de esto qué tanto provecho le saque a este curso. Es por ello que este libro se inicia con conceptos del liderazgo personal, en los que se profundiza los temas de equilibrio, control del ego, desapego y responsabilidad. En lo que respecta al liderazgo interpersonal, se aborda los conceptos de trabajo en equipo y un capítulo que resume las principales habilidades para manejarse en el mundo de las organizaciones. Al final de cada capítulo hay un instrumento para que evaluemos nuestro grado de competencia en el tema. Es importante que le respondamos con base en nuestra realidad actual, y no como quisiéramos que fuera. ¿Cómo leer este curso? De la misma manera en que usamos un espejo. Cuando hemos pasado mucho tiempo sin mirarnos al espejo, nos observamos desde todos los ángulos. Del mismo modo, lea este curso meticulosamente, de principio a fin. Luego, así como rutinariamente mira algún aspecto suyo en el espejo – su cara, su ropa, su barba, su maquillaje, tome este curso y vuelva a leer un capítulo sobre el que quiera profundizar. Es posible que con otras miradas a El Espejo del Líder descubra algo nuevo de sí mismo que nunca antes vio. David Fischman CONCEPTO DE CONTROL DEL EGO. Imagine que usted es un actor de teatro que actúa con una máscara. Un día, va a su casa y le da pereza quitarse la máscara. Su pareja le pide que se la saque, pero usted le dice que lo hará más
tarde. Pasa todo el día con su máscara puesta y, al día siguiente, se va a actuar con ella. Regresa a su casa con su máscara puesta y no se la saca. Así, después de usar la máscara durante tres meses, usted ya no sabe quién es usted y quién es la máscara. Usted se ha fundido con la máscara y ahora ella es parte de usted. Lo mismo nos pasa con el ego. El ego es una máscara que llevamos puesta desde hace muchos años y estamos fundidos en ella. No sabemos diferenciar que es lo que hacemos por nosotros mismos y lo que hacemos por la manipulación del ego. Según la psicología, el ego es el yo. Sin embargo, la definición de ego que utiliza el curso está relacionada con la autoestima. El ego es una personalidad inferior que se crea cuando la persona tiene una autoestima baja; es decir, una sensación de baja valía y competencia personal. El ego, a través de sus múltiples manifestaciones, trata de ocultar a toda costa que la persona se siente internamente insegura, no valorada y poco querida. En la psicología, a esta personalidad inferior se le reconoce como el falso yo. Cuando comprimimos un resorte con nuestra mano, sentimos automáticamente una fuerza de reacción que tiende a descomprimir el resorte. Esta fuerza puede compararse al ego. Cuando nuestro “resorte” de la autoestima está bajo o comprimido, el ego trata a toda costa de subirlo. Pero todos los mecanismos que usa son soluciones temporales, que dan una sensación de seguridad y valía temporal, pero no elevan la autoestima. Algunos ejemplos: hablar a espaldas de la personas para sentirnos mejores que ellas, encontrar los errores en nuestros subordinados para sentirnos superiores, o no aceptar que nos equivocamos y así negarnos la oportunidad de aprender de nuestros errores. Imagine a un hombre que tiene una baja autoestima y, como consecuencia un ego muy fuerte. Él quiere demostrarle al mundo que es el mejor de todos. Estudia rigurosamente para ingresar al SENATI y logra aprobar. Ya en el SENATI quiere demostrar a todos que es el mejor alumno, que es superior. Estudia
Cuando los cardenales eligen al nuevo Papa, lo cargan en un asiento especial. Pero en el camino a su trono, el pontífice es bajado dos veces al piso, para que recuerde de dónde vino y mantenga siempre la humildad. Esta ceremonia tiene raíces en la esencia del ser humano. Cuando estamos en una posición de poder o prestigio, es fácil embriagarse con la atención y el interés de las personas. El poder es una droga adictiva que engancha a nuestro ego y nos cuesta mucho esfuerzo dejarla. Lo que hacemos es entregar a las personas el poder sobre nosotros. Si nos miran, se interesan por nosotros y nos rinden pleitesía, entonces sentimos que valemos. De lo contrario, nos sentimos ignorados y como si no tuviéramos ningún valor. Hoy en día existen muchas personas que fueron empresarios exitosos en años anteriores, pero que ahora lo han perdido todo. Sus empresas quebraron, ya no tiene poder y es frecuente verlos deprimidos. Esta depresión se origina, más que en el problema económico, en el hecho de que ya no se consideran “importantes” para otras personas. Han perdido su poder y, con él, su sensación de valía y competencia personal. Ya no tienen la “droga” y no saben cómo encontrarla. Un amigo mío, que estuvo muy cerca de un candidato que todos creían que ganaría ciertas elecciones, me comentó que, en esos tiempos, en las reuniones sociales la gente lo buscaba con mucho interés. Celebraban sus bromas, lo veían esbelto, simpático; todos escuchaban cada palabra que decía con suma atención. Sin embargo, cuando el candidato perdió, ya nadie lo buscaba. Se sentía el hombre invisible. De la noche a la mañana, sus bromas eran de mal gusto. Además, ¡cómo había envejecido! Lo increíble es que él era la misma persona. Él no había cambiado, pero el interés de la gente sí. Cuando basamos nuestra valía personal en lo que la gente piensa de nosotros, nos convertimos en seres dependientes. Nuestra felicidad deja de depender de nosotros y pasa a depender de los otros. Es como si olvidáramos que sabemos respirar y le pidiéramos, a cada persona que vemos, que nos aplicara respiración artificial. Vamos de persona en persona buscando “su interés” o el aire para respirar. Sin embargo, nosotros no lo necesitamos. Tenemos la capacidad de respirar solos, pero lo olvidamos, creyendo que, sin el interés de las personas, no podremos hacerlo. Cuando trabajamos para lograr que la gente nos mire y aprecie, es que somos manipulados por nuestro ego. Cuando trabajamos para aportar lo mejor de
nosotros mismos a fin de contribuir con alguna actividad que tiene significado, nuestro verdadero ser aflora. Cuentan que cuatro sabios encontraron en el bosque unos huesos de tigre. Para demostrar su habilidad, uno de ellos dijo: “Yo puedo recrear el esqueleto completo de este animal”. Y así lo hizo. Otro sabio prometió devolverle al animal su carne, su piel y su sangre, y así lo, hizo. El tercero, para demostrar que era el mejor, dijo: “Yo puedo regresarlo a la vida”. El cuarto sabio le pidió que no lo hiciera; que lo creía capaz, pero que dejara las cosas así. Pero el sabio insistió en demostrarles su poder. El cuarto sabio. Entonces pidió tiempo para poder subir a un árbol. Cuando el tercer sabio le dio vida al animal, el hambriento tigre devoró a los tres sabios que estaban a su costado. El cuarto observó con impotencia la suerte de sus compañeros desde el árbol. No deje que su ego lo devore en la vida alejándolo de la verdadera felicidad. Si usted quiere vacunarse contra él, controle sus pensamientos. Piense cómo puede contribuir y servir en todo lo que hace. Deje de pensar sólo en usted, en destacar y en figurar, y piense mejor en todo lo que puede hacer para ayudar y permitir crecer a las personas de su entorno. “El hombre no revela mejor su carácter que cuando describe el carácter del otro.” Jean Paul Ricbter 1.2. LOS ERRORES Y EL EGO. Cuentan que un rey descubrió que su pájaro preferido había escapado. Inmediatamente ordenó matar al oficial a cargo de los pájaros del palacio. El general del ejército, al enterarse, fue a persuadirlo para que no matara al oficial. Dada la negativa del rey, le pidió permiso para comunicarle al oficial la gravedad de sus errores: “En primer lugar, fuiste descuidado y dejaste escapar al pájaro preferido del rey. En muchas oportunidades, los gerentes embarcan a sus subordinados en metas sin sentido que perjudican a la organización. ¿Por qué los subordinados no lo impiden? Porque al jefe le resulta muy difícil aceptar sus errores.
Aprenda a escuchar a sus subordinados, y no desaproveche su mejor fuente de retroalimentación. Aceptar los errores envía a su personal un mensaje de apertura, confianza y transparencia, que inspira y motiva. A nadie le gusta que el objetivo de su trabajo sea satisfacer el ego del jefe. Recuerde que su personal no está en el negocio de servirlo a usted, sino en el negocio de servir al cliente. Cuentan que un rey le informó a su mujer que mataría a un oficial que frecuentemente le mostraba sus errores. La reina, preocupada, se presentó ante el rey y le dijo: “Felicitaciones, Su Majestad”. El rey preguntó, intrigado, por qué lo felicitaba. La reina respondió: “He sabido que los gobernantes más inteligentes y virtuosos son aquellos que permiten que sus oficiales los critiquen. Esto significa que su Majestad debe ser inteligente y virtuoso”. El rey inmediatamente cambió de opinión y más bien ascendió a su oficial. Ojalá que nuestros subordinados no tengan que usar la estrategia de la esposa del rey, manipulando nuestro ego para hacernos tomar una mejor decisión. Ojalá despertemos y tomemos conciencia de cómo nos esclavizan las cadenas del ego y sepamos contarlas al tiempo. “La experiencia es un peine que te da la vida cuando ya te has quedado calvo.” Juditb Stern 1.3. ¿SABE VALORAR LO QUE TIENE? Haga la prueba y deje de respirar por un minuto. Al intentarlo, habrá recordado que no podemos vivir sin respirar. Y es que la respiración es indispensable para nuestra vida, pero rara vez tomamos conciencia de su importancia hasta que la perdemos. Lo mismo ocurre en la empresa, cuando no valoramos a nuestros subordinados, o a nuestra organización, hasta que lo perdemos.
Una persona le pidió al rabino de su comunidad que lo ayudara, porque ya no soportaba la estrechez de la habitación que ocupaba él, su mujer y sus tres hijos. El rabino prometió ayudarlo, pero primero le preguntó: “¿Cuántos animales tienes?”. El hombre respondió: “Una vaca, una cabra y seis gallinas”. El rabino le pidió que, durante una semana, hiciera a los animales entrar en el cuarto. A la semana regresó la persona, desesperada, contándole que su casa era un caos, que no había espacio, que los animales ensuciaban todo. El rabino le dijo que sacara a los animales y que volviera al día siguiente. Así lo hizo, y el rabino le pregunto entonces cómo estaba su casa. El hombre respondió: “¡Me encanta! Es limpia, maravillosa y muy espaciosa”. Una de las principales causas por las que no valoramos lo que tenemos es nuestra falta de autoestima. Cuando una persona no se siente competente o valorada, busca permanentemente lo negativo en los demás y en su entorno. Anda por la vida con “lentes para eclipse”, lentes opacos que hacen que vea su realidad totalmente oscura. Al “oscurecer” las personas y el entorno, se “realza” a sí mismo y se siente temporalmente superior. Si nuestra autoestima es baja, sentimos que nada es suficiente para nosotros, que nos merecemos mucho más; cuando, en el fondo, lo que hacemos es ocultar nuestra propia inseguridad. No está mal querer crecer profesionalmente. El problema surge cuando sólo vemos la parte negativa de la realidad y sobre esa base decidimos nuestro futuro. Lo mismo ocurre cuando permanentemente encontramos defectos y rasgos deficientes en nuestros subordinados. Necesitamos sentir que somos mejores que ellos, para así ocultar que nos sentimos poco competentes. Todas las personas tenemos defectos, pero también virtudes. Cuando vemos la realidad con nuestros “lentes de eclipse”, únicamente vemos lo negativo y perdemos información valiosa para la toma de decisiones. Hace algunos años tuve un gerente de marketing a mi cargo. Yo estaba tan cansado de su desorden y su incumplimiento de plazos que lo único que hacía era enfatizárselo. Esta persona, desmotivada, terminó renunciando a la organización. Sólo cuando se marchó me di cuenta de sus virtudes y del valor que tenía para la institución. Yo estaba “apegado” a la imagen de un gerente de marketing perfecto, que – obviamente – no existe.