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no w3 puede decir a lo, Tesis de Diseño de Sistemas Digitales

no se puede esxpceificar ad lsoe d

Tipo: Tesis

2022/2023

Subido el 14/05/2026

jazmin-gudjukian
jazmin-gudjukian 🇦🇷

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Historia de la literatura hispanoamericana Tomo 1 Época colonial Escaneado con CamScanner yin pas 1 d —Predominio de valores religiosos, contra- rreformistas. —Pinamismo (menos forzado que en el Manierismo). —Monumentalidad y pomposidad. —Contención (determinada particularmente por vallas políticas y religiosas). —Realismo (con inclinación a lo feo y lo grotesco). —Popularismo (mayor captación popular que en el Manierismo). —En fin, continuidad (o aprovechamiento) de ciertos caracteres manieristas?5, Una vez más, también, los rasgos prece- dentes, como formativos de un «estilo de época», tienen amplitud notoria. Su punto de partida está, sin duda, en las artes plás- ticas, como ocurre generalmente en estas dis- tinciones de etapas o épocas. La extensión a la literatura muestra que, si no todos los rasgos mantienen validez, pueden aplicarse en buena parte. Y, de nuevo, la literatura suele dar, en consonancia con la indole propia de su materia y la riqueza de su aporte, un núcleo importan- tisimo en la fijación del estilo de época. Reitero una afirmación corriente aceptada al decir que la literatura barroca en Hispanoa- mérica alcanzó su mayor altura y difusión a través de la lírica. A la lírica se vinculan las costumbres lite- rarias más llamativas (certámenes, centones, academias literarias, etc.). Y en la lírica en- cuentran campo más propicio los caracteres que hemos señalado como reflejo de barro- quismo. Por supuesto, en proporción adecua- da. En fin, lo que más importa: la mayor parte de los autores (de los muchos autores) que escriben en Hispanoamérica en aquellos siglos son autores líricos. La insistencia en el vocablo «autores» no es casual, ya que sería exagerado mbr de poetas a muchos de ellos. Como culminación (ahora, sí) son poetas lí- ricos los autores destacados de la época. “En otro nivel, pero en consonancia con lo que estamos mostrando, es perceptible que las influencias literarias más importantes tienen que ver, también, con la lírica, En primer tér- _7% En mis libros £l barroco literario hispánico (Buenos Aires, 1969) y La literatura barroca en Hispanvamerica (Nueva York, 1972) sehalé algunos de estos rasgos. Procuro ahondar ahora tales caracteres con el reconocimiento de la inserción, no exagerada, del Manierismo (y tal como he pre- tendido justificar en párrafos anteriores). mino, aceptamos que son líricos, o que es la lírica de autores españoles, la influencia más notoria entre autores hispanoamericanos. En segundo lugar, la de autores clásicos Entre los españoles, Góngora (de extraor dinaria difusión y aceptación en América)”, Calderón (como lírico)”, Quevedo”, Lope de Vega?. (Como persistencia anterior, Garcilaso y Herrera.) Sin pretender agotar este sector diré que el relieve de la lírica española del si- glo xvu explica, igualmente, la aceptación que encuentran autores de no tan alto nivel. Cito algunos: Jacinto Polo de Medina, fray Félix de Paravicino y Arteaga, Anastasio Panta- león de Ribera. De los poetas clásicos, aparte del prestigio permanente de Horacio y Virgilio, es visible el crecimiento de Ovidio. De los autores mo- dernos —no españoles— resalta el nombre de Torcuato Tasso. (En proporción menor, los de Marino y Chiabrera. Y, de lejos, la persis- tencia de Petrarca.) Como temas más comunes dentro de la abundancia lírica que subraya la época del barroco en Hispanoamérica, señalo los si- guientes motivos: la religión (religión y medi- tación; homenaje y ao] se to amo- so (por lo común, hiperbolizado; con per- sistencia, aún, de petrarquismo); el paisaje (estilizado, enriquecido; raramente con as locales); el homenaje o composi ón de elogio (tributo cortesano, definido, con ui par ticular retórica); el juego de ingenio, o rasgo burlesco; la sáu ETE. la que refleja o eN ales). Sería pretensión in- genua afirmar que todos los temas del barroco (o, más concretamente, de la lírica barroca) están enumerados en la lista precedente. Con todo, me parece que en ella caben las manifes- taciones más reiteradas. Llegamos, así, a la obligada cita de autores hispanoamericanos que respaldan esta época. Naturalmente, corresponde establecer una se- lección dentro de los muchos nombres que pueden mencionarse. Me parece que da una idea de su importancia la siguiente nómina, por encima también de que puedan cuestio- narse ciertos nombres como tipicamente ba- rrocos: Juan Ruiz de Alarcón, Luis de Tejeda y Guzmán, Hernando Domínguez Camargo, 70 Cír., con mi libro El gongorismo en América, ed. cit., y con mi estudio «Trayectoria del gongorismo en Hispanos América», en la revista Atenea, CXLIIL, núm. 393, Concep- ción, 1961, págs. 110-122) "ld, 7% Cír., con mi estudio «Quevedo en América», en Que vedo, Tucumán, 1949, págs. 209-231 1% Cír., con mi estudio «Lope de Vega en América», en el Homenaje al Profesor William L. Fichier, Madrid, 1971, págs. 107-113 ER <<. Escaneado con CamScanner Sor Juana Inés de la Cruz e ER GDA SABAT DE RIVERS INTRODUCCIÓN BIOGRÁFICA La NIÑA CAMPESINA Y PRECOZ Los datos básicos para elaborar la biografía de sor Juana Inés de la Cruz se hallan en la Respuesta, el conocido documento autobio- gráfico de la poetisa, y en la Aprobación apa- recida en el tercer tomo de sus obras Fama y Obras póstumas (Madrid, 1700) escrita por su amigo jesuita Diego Calleja. Otros documentos provenientes del convento y de archivos y bi- bliotecas ayudan a perfilar, pero nunca a di- lucidar, la vida enigmática de esta extraordi= maria mujer Se siglo IL esp: deT siglo xvit español y mexicano L. echa del nacimiento de Juana Ramirez de Asbaje no está del todo clara, así como no lo están los acontecimientos que precedieror a su muerte. Según Calleja, Juana nació el 12 de noviembre de 16512 en una pequeña al- quería que dirigía su criolla madre, doña Isabel Ramirez de Santillana en San Miguel de Ne- pantla. Esta finca estaba situada cerca de Amecameca, entre los volcanes Popocatepetl e Iztlacíhuatl, al sureste de la capital. El de Juana fue un militar español: Pedro Manuel de Asbaje y Vargas Machuca, cuya familia era 1 La Respuesta a sor Filotea de la Cruz se publicó por pri- mera vez en el tomo 111: Fama y Obras póstumas.... Madrid, 1700. Puede leerse, modernizada, en nuestra edición Sor Juana Inés de la Cruz, Obras selectas de Editorial Noguer. La Aprobación se ha publicado, modernamente, en la edición de Juan Carlos Merlo en el «Apéndice». El padre Diego Ca- lleja era hombre de letras (aunque su nombre no aparece entre los jesuitas ilustres del libro de la Compañía de Jesús). Publicó el Phemix de España, San Francisco de Borja..., Sevilla, s. a.; Comedia Famosa: El Fenix de España, Valencia, 1762; Comedia Famosa: Hacer Fineza el Desayre, Madrid, 1743, En la Biblioteca Nacional de Madrid hay un manus- crito suyo de «Obras de Poesia» con fecha de «mayo 4 de 1720» donde habla de sus ochenta y cinco años. Los otros documentos a que nos referimos son los que provienen de E. A, Cervantes, Ramirez España, Schons, Abreu Gómez, ? Conservo la fecha de 1651 por razones que he explicado Con más detalle en mi edición de Inundación castálida que publica Editorial Castalia. Resumiendo: el hecho de haberse Encontrado un acta bautismal de 1648 de una niña, «hija de la Iglesia», a quien se le puso por nombre Inés y cuyos pa- árinos eran dos hermanos de la madre de sor Juana, no es suficiente para cambiar la fecha que la misma sor Juana le [va al padre Calleja. No sabemos sí sor Juana adoptaria y pombre de Inés al hacerse monja o si lo tenia de segundo a) bautizarse. Lo cierto es que no lo usó, ni ella ni su madre (ul referirse a ella). antes de entrar en el convento según puede verse en los documentos mencionados. probablemente de origen vascongado Con- trariamente a lo que se ha dicho, seguramente la madre de Juana tuvo gran influencia en ormar el espiritu indepe jente de sus Hijos” Aunque no era extraño en tierras americanas el hecho de que una mujer tuviera hijos sin estar casada, no puede negarse que para ello era necesario estar dotada de un carácter fuerte y voluntarioso capaz de mantenerse firme ante la sociedad de su tiempo*. Doña Isabel no sólo tuvo relaciones de este tipo con el padre de Juana (y de sus dos hermanas) sino que también fue madre de otros tres hijos habidos con otro capitán español. Con todo no es sino al final de su vida cuando doña Isabel se declara en su testamento «mujer de estado soltera»S. Por esta razón muy bien podemos creer que Juang 1 Ó uiso ignorar) du- rante algún tiempo 1 iti E su naci miento, ya que en documentos del convento donde profesó y vivió, siempre dice ser «hija legitima» de sus padres. Fue, sin embargo, la Décima Musa un: jer demasiado sobresa- liente para no provocar envidias y celos; sus A —— = = 3 Se conoce poco el artículo de A. L. López González y S. Lacambre que estudia el supuesto origen vasco del padre de sor Juana, quien, según los autores, habría nacido en Sevilla. 4 Por los documentos mencionados en nota 1, se infiere, además, que la madre de sor Juana era una mujer emprende. dora. Era ella quien se ocupaba de la alquería que tenía en arriendo su padre de los dominicos donde, necesariamente. tendría que hacerle frente a problemas de tipo comercial y económico. El hecho de haber tenido hijos fuera de un hi- meno tradicional presupone cierta independencia económi- ca además de la de carácter. En Cervantes se halla el docu- mento en que ella le cede a sor Juana una esclava. Ahí mismo aparecen varios documentos de compra y venta relacionados con la hermana mayor de sor Juana, Josefa María de Asbaje y Vargas (de esposo siempre «ausente» en las actas) quien, al parecer, seguía las huellas de su madre en cuanto a ser mujer de negocios. La misma sor Juana, años más tarde, vendió esa misma esclava cedida por su madre, a la dicha hermana. Es curioso, aunque la cuestión de los apellidos no estaba regla. mentada en aquella época, que sor Juana se llamara Juana Ramirez de Asbaje, usando el apellido de su madre antes que el de su padre. Igualmente aparece Josefa con el apellido Ramirez en su acta matrimonial (1565) pero más tarde sus hermanas utilizaban sólo los de su padre (Josefa y María de Asbaje y Vargas). 5 En Cervantes aparece como viuda legitima (año de 1669): «viuda de don Pedro de Asbaje y Vargas, mi esposo de darle a doña Juana Ramirez de Asbaje, mi hija legítima y del dicho mi esposo...» (pág. 18). En junio de 1684, sor Juana habla de su madre con motivo de la venta de la men- cionada esclava a su hermana Josefa Maria diciendo: «doña Isabel Ramirez, nuestra madre, vecina de la jurisdicción de Chalco, viuda de don Pedro de Asbaje y Vargas». A Escaneado con CamScanner El Popocatepétl contemporáneos no tendrian que hurgar de- masiado en su pasado para echarle en cara, sotto voce o abiertamente, el estigma que re- presentaría ser «hija de la Iglesia». Por los versos en uno de sus epigramas que «dan el colirio a un soberbio»: El no ser de padre honrado, fuera defecto a mi ver, si como recibí el ser de él, se lo hubiera yo dado Más piadosa fue tu madre, que hizo que a muchos suc para que, entre tantos, pued tomar el que más te cuadre vemos que, aceptando altaneramente la verdad de la impugnación, ni se arredra ni se achica, En la Respuesta nos da sor Juana detalles de la precocidad de su vida infantil, explicán- donos su Tacontrovertble vocación de mujer intelectual y erudita y su extraña combinación de sometimiento e independencia. A los tres años Juana aprendió a leer, valiéndose de sub- terfugios raros para su tierna edad, al engañar a la maestra de una hermana a quien acom- pañaba a la Amiga, escuela del pueblo vecino Dos años después añadió a sus conocimientos la escritura y labores que se consideraban en aquella edad como propias de su sexo. Su " gran cordobés, sería uno de ellos. En el con- vento, las cortes virreinales seguían reclamán- dole, más o menos voluntariamente, contri- buciones de versoé y prosa para las celebra- ciones de palacio, asi como las catedrales y el Cabildo. Después de los marqueses de Mancera se sucedieron otros virreyes. De entre éstos destacan los marqueses de la Laguna, La poe- tisa dedicó a la marquesa, condesa de Paredes por titulo propio (Fili, Lisi o Lisida en su poe- si), a su esposo e hijo, infinitos versos: a ella se debe, a su retorno a Madrid, la publicación de Inundación castálida (1689), primera edición de parte de sus obras. La fama de sor Juana crecia en la Nueva España y en la Peninsula a la par que sus pro- blemas. En un mundo donde la ciencia y el estudio no se concebían si no estaban represen- tados por un ser masculino, ¿cómo sufrir que se enfatizara en el último verso: ... quedando a luz más cierta el mundo iluminado, y yo despierta que era, no un hombre, sino una mujer pen- sante la que había discurrido tan brillante- mente sobre cuestiones reservadas a los va- rones? Pero, una y otra vez, sor Juana, terca y apasionadamente fiel a la vocación de mujer intelectual que explicaba su vida, luchó contra prioras, confesores, obispos y envidiosos, Segura, por convicción propia, de la igualdad de los sexos, explicó, desarrolló, agudizó su talento en discurrir «agudezas», inventó «fi- nezas», utilizó razones propias y ajenas, como las usadas antes por Calderón y Góngora, para justificar sus versos dramáticos y profanos. Asi se entendió que era «feminista» desde los primeros años posteriores a su muerte, cuando leemos en alguno de sus retratos lo de «vindi- cación de su sexo». Si hay algo en lo que sor Juana fue realmente revolucionaria fue en eso. Podemos verla ortodoxa y sumisa en casi todo lo demás mientras no chocara de frente con el derecho que, como ser humano, tenía al desa- rrollo de su mente. Es esta actitud lo que la aísla, lo que la hacesdestacarse como ser único en el ambiente de su época. Por eso se privó de niña de comer queso, se cortó el pelo de joven- cita y, más tarde, renunció al matrimonio y a la maternidad. No sólo su vida misma es alto exponente de feminismo, por ser ella mujer, sino que la defensa, sea propia o de su sexo, la llevó de modo explicito a sus escritos y esto lo hallamos en todos les géneros literarios a los Que se dedicó. Los ejemplos son innumerables. A pesar de que sabemos que se intensificaba al cerco alrededor de Sor Juana durante los últimos años de su vida, no creemos que estas 278 razones externas, solamente, cambiaran el rumbo de la vida de la monja encuanto a su decisión de retirarse totalmente del mundo Una mujer que luchó tan incansablemente durante tantos años para defender sus derechos no se hubiera doblegado si a ello no la hubiera inclinado un convencimiento intimo. No hay que olvidar las bases en que estaba sentado «su universo histórico» como lo llama Octavio Paz. Sor Juana no podía, ni queria, negarse a si misma? Los acontecimientos históricos sangrientos que se desarrollaban a su alrededor, además, no harian sino contribuir a esta desazón in- terna. Hay en la obra de la Décima Musa su- ficientes rasgos de desengaño creciente Hay desengaño en el Sueño donde fracasa su alma en su intento de captar la comprensión del universo. La esperanza (sin reparar sor Juana en su carácter eminentemente cristiano), es sólo un modo de darnos «más dilatada muer- te»; no se puede creer más que en lo que se puede tocar además de ver, pues los sentidos nos traicionan. Así nos lo dice, no solamente en su lírica, sino también en la Respuesta cuando nos habla de lineas geométricas que a distancia: parecen unirse o separarse formando figuras diferentes de lo que en realidad son. Sor Juana se desengaña, duda, y en la lucha en- tablada entre Razón y Fe la última sale al fin vencedora. La poetisa se deshace de sus ins- trumentos y sus libros, los que habian sido sus tan amados «amigos» como los llama Calleja, y se desprende de todas sus pertenencias. Esta fe, intensificada, la lleva a la penitencia y a ratificar sus votos de religiosa con protestas de fe «rubricadas con su sangre». Sor Juana era una apasionada, y una vez caida la balanza del lado de la fe, la misma energia que mostró antes en defenderse y justificarse mostró ahora en perfeccionarse en la virtud. La compasión inherente al carácter de Juana vino a ocupar el lugar de la antigua pasión de sus escritos. Esta bondad natural que, según aprendimos en la Respuesta, la acercaba a todos, la llevó a la muerte un dia de comienzos de la primavera, en abril de 1695. Según Diego Calleja entró en el convento de San Jerónimo una plaga de peste muy contagiosa; sor Juana se dedicó con ahinco al cuidado de sus hermanas reli- giosas. Nuestra hermosa, inteligente y aún joven monja contrajo la enfermedad sin re- medio y, reclamando los auxilios de la Iglesia, «con serena conformidad» y «sin la turbación más leve en el entendimiento» se entregó en los brazos de su renovada fe. > Véase su «Homenaje.» (cfr. Bibliografia) Escaneado con CamScanner OBRA DE SOR JUANA INÉS DE LA CRUZ En vida de la Décima Musa no había otras corrientes literarias que no fueran las que llegaban del otro lado del mar, de la Península Es por ello por lo que con orgullo puede decirse que esta mexicana ¡lustre cierra, doradamente, el periodo Barroco de la literatura española. Sor Juana cultivó todos los géneros, todos los metros, mostrándose especialmente diestra en ellos. Se ha señalado en su obra la influen- cia de maestros de primer rango: Lope de Vega, Quevedo, Góngora, Gracián...; así como de segundo: Trillo y Figueroa, Salazar y Torres, Jacinto Polo...; todos parecen haber impreso en la poetisa un perfil más o menos acusado. Lo cierto es que los juegos lingúísticos y men- tales, culteranos y conceptistas, parecen haber estado en la base de su personalidad. Pero esto no basta para explicar las rimas y giros nuevos, el rigor y el entusiasmo de sus versos, amén de vocablos desconocidos para la metrópoli, que se advierten en la poesía de la Fénix Ame- ricana. Hay en la obra de sor Juana una fres- cura que vanamente se busca en sus maestros anteriores. Nos atrae el hecho de que, siendo su poesía eminentemente intelectual, está, al mismo tiempo, como ya observó Vossler, permeada de una ingenuidad avasalladora ante el mundo. No es extraño, pues, que aunque su fama haya seguido los altibajos del cultera- nismo, su llamativa personalidad haya inte- resado a tantos. Alfonso Méndez Plancarte fue quien se en- cargó, para celebrar el tercer centenario del nacimiento de la poetisa, en 1951, de la enorme tarea de dar a la luz la edición moderna digna de la Décima Musa. Fue el suyo un paso impor- tante para la comprensión de su obra y el re- conocimiento de sor Juana como figura de pri- mera magnitud en el mundo de las letras his- pánicas. Las antiguas ediciones de la obra de sor Juana, las cuales contienen la totalidad de su obra, excepto algunas composiciones sueltas, se publicaron en España durante su vida O pocos años después de su muerte. Son tres tomos, el primero de los cuales lleva el barroco y sugerente título de Inundación castálida (Madrid, 1689)10. Las ediciones que repitieron este primer tomo de sus publicaciones antiguas cambiaron al incoloro título de Poemas. En to- tal este primer tomo se editó nueve veces en dis- tintos lugares de la península. El tomo dos, 10 Véase mi edición de Inundación castálida. En esa edición propongo una clasificación más pormenorizada de la lírica personal de sor Juana que la que aquí se ofrece Plano de Ciudad de México, siglo XVI bajo el título Segundo Volumen (Sevilla, 1692), cambiado luego al de Segundo Tomo y más tarde al de Obras poéticas, se publicó seis veces. El tercer tomo, siempre con el título de Fama y Obras póstumas (Madrid, 1700), se publicó un total de cinco. Todas estas publi- caciones antiguas nos darán una idea de la enorme fama de sor Juana en aquel tiempo. En otra parte (véase nota 10) hemos inten- tado una clasificación temática de las compo- siciones de la poetisa en cuanto a su poesia de tipo personal: L Lírica personal, subdividida en cuatro apartados principales (a más de otros menores que no consignamos), a) Poemas de circuns- tancias; b) Poemas filosóficos; c) De tema re- ligioso; y d) De tema amoroso. Añadamos 11. Villancicos; II. Teatro: Loas, Autos sacra- mentales y Comedias; IV. Escritos discursivos 1, LÍRICA PERSONAL La lírica personal de sor Juana es la parte de su obra que más ha hecho por la fama de la musa. Vamos a ver que su poesía parece haber sido pasada por el tamiz de lo mental; todo ha sido pensado, reflexionado, madurado; todo lo razona, arguye, lo somete a lógica. Prevalece la inteligencia, el carácter de écriture barroca a) Entre los poemas de circunstancias que, para celebrar ocasiones insulsas, se la obligaba a escribir, se hallan las felicitaciones de cumplea- á 279 Escaneado con CamScanner — en la Diana Enamorada de Gil Polo, donde se ataca la soberbia de los arrogantes varones de todos los tiempos. Sus primeros versos son archiconocidos: Hombres necios que acusáis a la mujer sin razón, sin ver que sois la ocasión de lo mismo que culpáis.. c) Sin contar los villancicos que se agrupan aparte, las poesias de tipo religioso!!, romances y sonetos, no son muchas. Los temas se basan principalmente en pasajes del Nuevo Testa- mento, en amores «a lo divino» o en miste- mos de dogmas de la Iglesia católica que re- tarían a la mente conceptuosa de la ingeniosa monja. Asi con el misterio de la Encarnación: Que hoy bajó Dios a la tierra €s cierto. pero más cierto €s, que bajando a María, bajó Dios a mejor cielo En los versos que compuso sobre los emble- mas de «rosa» y «abeja» (representando a Ma- ria y Jesús) exigidos en uno de los certámenes a que acudió, hallamos torcida complicación no precisamente del mejor gusto. Mas en otros nos prueba que también puede fingirse popu- larista de tipo apologético, si asi se lo propone. Del dogma de la virginidad de Maria, hablán- donos de José Escuchen qué cosa y cosa tan maravillosa aquésta un marido sn mujer y una casada doncella d) Las composiciones de tema amoroso de sor Juana utilizan distintos metros y tocan asuntos muy variados. Es evidente que no estamos ante la experiencia hecha poesía de un Lope. Lo vivido, si lo hubo, se hace vivencia cuestionada, analizada. Lo amoroso puede ser asunto pole- mico, coyuntura para maravillar, exceder a otros, asombrar. El amor se lleva al plano de investigación donde el apasionamiento se une con lo intelectivo, sirve para demostrar teo- rias o se halla atado a consonantes pre-re- Queridos. El más «mentalmente» hermoso y original dice asi: Detente, sombra de mi bien esquivo. imagen del hechizo que más quiero, dulce ficción * Para comentarios sobre lo que de mistico pueda haber a, veanse Méndez Piancarte (tomo [), Flynn, Si al imán de tus gracias, atractivo, sirve mi pecho de obediente acero, ¿para qué me enamoras lisonjero. < has de burlarme luego fugitivo? Mas blasonar no puedes, satisfecho, de que triunfa de mi tu tiranía: que aunque dejas burlado el lazo estrecho que tu forma fantástica geñía, poco importa burlar brazos y pecho si te labra prisión mi fantasia. Se trata de un amor no correspondido. Méndez Plancarte anota en su edición varios ejemplos (Martin de la Plaza, Quevedo, Calderón) como base léxica para este soneto, Pero el tratamiento de sor Juana es radical- mente original. La mente es capaz de lograrlo todo; incluso puede aprisionar al amado que ción que ejerce el «imán» de sus el pecho enamorado convertido acero», si el amado ha logrado estrecho» tendido para apri queda el recurso mental de realidad la materia puede fi imaginación tiene el poder « (Nótese que al decir brazos y pecho» se nos p sugerente imagen plástica corazón, dentro del pecho, cional depositario en cue: a la mente.) Dentro de las compo de «encontradas correspo mados por el epigrafe que dación castálida. Estos poe tuaciones antitéticas ci dición que arranca de los e sobre «encontrados am aquí del odio y amor en la Catulo) y. aunque se hallan: por ejemplo, sor Juana p Escaneado con CamScanner Sor Juana Inés de la Cruz a la solución basada en la lógica, y original, de la poetisa Pero yo, por mejor partido, escojo de quien no quiero, ser violento empleo, que, de quien no me quiere, vil despojo En los bellísimos sonetos amorosos dedicados a la fidelidad, cualidad que sor Juana adjudica siempre al sexo femenino, utiliza la poetisa ejemplos del pasado histórico o clásico. Las antítesis abundan en el plano mental así como en el formal. Véanse los tercetos del dedicado a Porcia: Deja las brasas, Porcia, que mortales impaciente tu amor elegir quiere no al fuego de tu amor el fuego iguales porque si bien de tu pasión se infiere mal morirá a las brasas materiales quien a las llamas del amor no muere. Uno de los temas preferidos por la musa entre sus composiciones de tema amoroso, es el de los celos. En uno de ellos el mayor en lon- 282 estas di nada ten Mucho más hermoso es aquél donde se de- fiende de celos mal fundados por parte de la persona amada. Nótese la lógica del razona- miento: gitud y escrito en romances, los razonamiento: que la llevan a concluir que los celos son la prueba irrevocable del amor Sólo los celos ignoran fábricas de fingimientos que, como soñ locos tienen propiedad de verdaderos se basaron en el juego polémico de debates poéticos ya que un poeta de aquel tiempo de- fendía lo contrario. A la monja, que hubiera preferido defender que los celos no eran prueba de amor, no le quedó más remedio que inventar razones para defender ese aspecto por el simple hecho de que ya otro poeta, adelantándose, habia escogido el tema que ella hubiera que- rido desarrollar. Vemos así hasta qué punto ones dialécticas puestas en poesía n que ver con los sentimientos Porque te han informado, dices, de que mi pecho te ha ofendido, me has, fiero, condenado. ¿Y pueden, en tu pecho endurecido, más la noticia incierta, que no es ciencia, que de tantas verdades la experiencia? Veamos este último, donde la retórica del llanto adquiere ecos nuevos: Esta tarde, mi bien, cuando te hablaba, como en tu rostro y tus acciones vía que con palabras no te persuadía, que el corazón me vieses deseaba; y Amor, que mis intentos ayudaba, venció lo que imposible parecía: pues entre el llanto, que el dolor vertía, el corazón deshecho destilaba. Baste ya de rigores, mi bien, baste; no te atormenten más celos tiranos, ni el vil recelo tu quietud contraste con sombras necias, con indicios vanos, pues ya en liquido humor viste y Locaste mi corazón deshecho entre tus manos. Hay, hacia el final, una simbiosis lingúística de «corazón» a «lágrimas» y viceversa. Las lágrimas, dolor del corazón, que corren por el rostro de la persona acusada, deben servir para contrarrestrar los celos: ver y tocar, como ántes se señaló es para la poetisa una prueba inequívoca de la verdad (sor Juana interpreta «ciencia» como verdad, certeza, según se in- fiere de los versos anteriores). Escaneado con CamScanner