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Asignatura: galego 2, Profesor: Henrique Monteagudo, Carrera: Lengua y Literatura Inglesa, Universidad: USC
Tipo: Apuntes
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C O L E C C I Ó N B A S E
9 7 8 8 4 9 5 4 1 5 9 4 3
C O L E C C I Ó N B A S E
CONSELLO DA CULTURA GALEGA
NORMA LINGÜÍSTICA E VARIACIÓN
C O L E C C I Ó N
B A S E
EDITORES
S E C C I Ó N D E L I N G U A
ROSARIO ÁLVAREZHENRIQUE MONTEAGUDO
EDITORES
S E C C I Ó N D E L I N G U A
Serie Lingüística
Lingüística^ Serie
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© CONSELLO DA CULTURA GALEGA Pazo de Raxoi, 2º andar Praza do Obradoiro, s/n 15705 Santiago de Compostela Tel. 981 957 202 Fax 981 957 205 [email protected]
Proxecto gráfico e deseño de cubertas Manuel Janeiro
ISBN: 84-95415-94- Depósito legal: C-474/ 2005
Imprime: Grafisant, S.L.
© INSTITUTO DA LINGUA GALEGA Praza da Universidade, 4 15782 Santiago de Compostela Tel. 981 563 100 Fax 981 572 770 [email protected]
Serie Lingüística nº. 3 Directores Rosario Álvarez Blanco Henrique Monteagudo
REVISIÓN EDITORIAL Silvia Viso Pérez
Esta obra reúne os relatorios presentados no Simposio Prescrición e variación que tivo lugar na Universidade de Santiago entre o 13 de novembro e o 2 de decembro de 2003. A súa celebración foi posible mercé ao financiamento fornecido polo Vicerrectorado de Investigación e Innovación (Universidade de Santiago de Compostela), a Conse- llería de Educación e Ordenación Universitaria (Xunta de Galicia) e a Secretaría de Estado de Política Científica y Tecnológica (Ministerio de Ciencia y Tecnología).
Limiar........................................................................................................... 9 Violeta Demonte La esquiva norma del español. Sus fusiones y relaciones con la variación y el estándar .................................................................... 13
Joan Solà Descripció i prescripció en la Gramàtica del català contemporani (2002) 31 Inês Duarte Gramática descritiva, língua padrão e variação ........................................ 43 Rosario Álvarez, Francisco Cidrás, Ernesto González Seoane, Xosé Luís Regueira, Xosé Xove Entre o uso e a norma. O proxecto de Gramática da Real Academia Galega........................................................................... 61
Xosé L. Regueira Estándar oral ............................................................................................... 69
Elisa Fernández Rei O estándar prosódico ................................................................................. 97
Concepción Diéguez Diéguez, Soraya Domínguez Portela, Belén López Gómez e Fátima Rodríguez Ruibal Maiúsculas e minúsculas: criterios de uso................................................. 127
Luz Cures Vázquez, Xesús Manuel Mosquera Carregal e Marta Negro Romero Problemas na identificación e acentuación das interrogativas indirectas: Dime que acentúo ben / Dime qué acentúo ben..................................... 165 Serafín Alonso Pintos Escribir e prescribir. Variación e prescrición ortográfica e gramatical da lingua galega (1950-1982) ..................................................................... 189 Paulo Sánchez Vidal Unha achega ó estudo do proceso de codificación ortográfica e gramatical da lingua galega (1980-2000) ................................................ 201
Violeta Demonte
Universidad Autónoma de Madrid
El objetivo de esta lección es intentar discurrir sobre las no siempre for- males relaciones entre la norma lingüística y la gramática descriptiva. Abor- daré esta reflexión desde dos miradores: el más general de la teoría gramati- cal y la gramática de la lengua española en su conjunto, y el más específico de la gramática más extensa que hasta el momento existe sobre nuestra len- gua, la Gramática descriptiva de la lengua española (GDLE) , publicada hace ya más de cuatro años, que tuve el honor de dirigir con Ignacio Bosque. Para llevar a cabo la tarea plantearé primero la cuestión de las imprecisas fronteras entre la descripción y la norma: de la versatilidad de esas fronteras surge el oxímoron, como luego diré. Me referiré a continuación a las carac- terísticas de lo que denominamos “español estándar”, entidad socio-político- lingüística en la que inevitablemente se basa –al menos en este momento– la descripción, y la norma implícita o explícita en esa descripción. Abordaré en último lugar lo que a mi juicio es una tarea ineludible del gramático descrip- tivo –y del gramático teórico–: la de cómo incorporar la variación geográfica, social y estilística en la descripción gramatical.
En la Gramática descriptiva de la lengua española definimos la gramáti- ca –lo que allí se va a entender por gramática– como:
La disciplina que estudia sistemáticamente las clases de palabras, las combina- ciones posibles entre ellas y las relaciones entre esas expresiones y los significa- dos que puedan atribuírseles. Esas propiedades, combinaciones y relaciones pue- den formularse de maneras diversas y puede haber, por lo tanto, muchas gramáticas de la Gramática de una lengua [I. Bosque y V. Demonte, “Introduc- ción” a la GDLE , Madrid, 1999: i].
se descubre” (precisamente la que se sigue del texto antes citado), “la que se distingue y se modula” (la que se deduce de adjetivos estimativos como los antes mencionados), y “la... [que] se vigila” (Bosque 1997: 35). Podríamos añadir que la primera noción tiene que ver con la gramática, la segunda con la sociología del lenguaje (“corrección”, “prestigio”) y la tercera con la políti- ca (con la legislación y los preceptos para lo que se distingue y modula). Fernández Ramírez, pues, sin precisarlo apenas (“la cuestión es muy es- pinosa y renuncio, por el momento, a abordarla”, 1985: 305), relaciona la norma con la gramática e indica algo con lo que no se puede estar sino de acuerdo: la norma ha de relacionarse con las leyes mismas del lenguaje. En el Prólogo de su Gramática de la lengua española (1994) Emilio Alar- cos indica también que la gramática normativa es parte de la gramática des- criptiva; se incluye en esta, más estrictamente, dado que no puede ya escri- birse alejada de ella, pero no se desprende de ella, como quería FR. Por otra parte, su condición es distinta: mientras que la gramática normativa es “pro- visional y a merced del uso” (véase lo que nos recuerda a propósito del Ap- pendix Probi ) la gramática descriptiva “establece ordenadamente ciertos he- chos” (1994:20):
Que juzguemos, por ejemplo, incorrecto decir o escribir este área (en vez de esta área ) no depende de que este y esta se designen como “pronombre” o “adje- tivo”, como “determinante”, “demostrativo” o “deíctico”: en todo caso, eso está mal dicho. Una gramática es pues normativa con independencia de que sus nor- mas queden envueltas por fuerza en este o aquel excipiente metalingüístico. Ya no sería gramática el resultado de reducir la exposición de los hechos a un seco repertorio de usos correctos e incorrectos, sin dar ninguna explicación, como el viejísimo Appendi x Probi. Y ya sabemos los hablantes del brillante éxito práctico de los esfuerzos normativos del Pseudoprobo; casi todo lo que condenaba ha triunfado en los romances. Conviene así que el normativismo se forre de escéptica cautela. En el orden jerárquico interno de la gramática, primero viene la descrip- ción de los hechos; de su peso y su medida se desprenderá la norma, siempre provi- sional y a merced del uso (cursiva mía, VD) [ GLE , 1994: 20].
Alarcos, igual que Fernández Ramírez, no quiere renunciar a la norma, y no ve fácil separarla de la gramática descriptiva, al menos en lo que respec- ta al “vocabulario” que usamos para formularla y porque las observaciones normativas son provisionales compañeras de viaje de las gramáticas descrip- tivas. No es la lista del Appendix , pero tal vez es un anejo. Moreno (2000) llega a la misma conclusión por un camino bien diferen- te: en realidad, toda descripción implica la opción por alguno de los dialec- tos de una lengua:
La esquiva norma del español^15
Si lo que se describe habitualmente en los estudios gramaticales es, en la ma- yor parte de las ocasiones, una determinada variedad, la estándar, se está dando la impresión de que es la única variedad accesible a los métodos científicos, por ser la más regular y sistematizable; y se está haciendo de la descripción prescrip- ción [Moreno 2000: 56].
Citando a Pakayama (1995) añadirá que “la descripción es siempre una forma débil de prescripción”. A lo que dicen estos estudiosos se deben añadir al menos tres razones más que hacen difícil aislar ese objeto llamado Gramática Normativa. En pri- mer lugar, una vez que se conoce la lógica profunda de la variación lingüís- tica (derivada de presiones internas –parámetros del cambio, recategoriza- ciones, gramaticalizaciones...–, tanto como externas –calcos y préstamos–) la separación entre descripción y norma no parece fácilmente articulable pues no hay fenómeno normativo puro en sentido estricto: lo que parece norma- tivizable –si se mira desde el análisis de la variación– o es historia o es cam- bio en ciernes o es interferencia, en muy pocos casos es justo tildar a esos fenómenos de errores o insensateces. En segundo lugar, las consideraciones sobre los usos “incorrectos” son propias del orden jurídico, o del terapéuti- co, y no del lingüístico, y resultan incómodas en un momento de extensión de la educación, y de la conciencia de que es posible ser tratado como igual siendo diferente. Por último, tales consideraciones podrían resultar inconve- nientes cuando tratamos de lenguas extensas e internacionales, como es el caso del español, cuya unidad se aspira a mantener por encima de todo. No olvidemos que uno de los dogmas casi sagrados de la política lingüística tra- dicional y actual sobre el español es el de la unidad en la diversidad. Si así son las cosas, y si la normativización es extraña a los cometidos de la gramática, lo que le incumbirá a esta, en todo caso, es presentar, ca- racterizar y razonar la “variación” lingüística, de modo que los usuarios del lenguaje puedan disponer de información sobre los dialectos de su propia lengua, sobre los usos “estandarizados”, sobre los problemas de di- glosia e interferencia (en el caso de la gramática de zonas bilingües o de los textos para extranjeros) y sobre las connotaciones que acompañan a algunos modos de pronunciar, o a ciertas expresiones léxicas porque co- rresponden a otros registros o porque no significan lo que el hablante cree que significan. Pero bueno, a la vez que afirmamos esto, aceptemos el oxímoron o la pura y dura contradicción. Por mucho que neguemos estatuto teórico a la gramá- tica normativa hay una noción histórico-social –o, si se prefiere, de la ciencia popular– de gramática normativa. Tal entidad es concebida, por el lego y por el experto, como una gramática parcial (una sintaxis y una léxico-sinta-
(^16) Violeta Demonte
vantes– intentaba definir las características del estándar español y lo que si- gue es una reelaboración de aquellas consideraciones. Para Dubois et allii la variedad estándar de una lengua es “aquella que se impone en un país dado, frente a las variedades sociales o locales. Es el medio de comunicación más adecuado, que emplean comúnmente personas que son capaces de servirse de otras variedades. Se trata generalmente de la lengua escrita y propia de las relaciones oficiales. La difunden la escuela y los medios de comunicación”. A esa caracterización se debe añadir la idea de que la supravariedad es- tándar tiene un carácter acordado o convencional:
[...] el estándar debe entenderse como una intersección de lectos, [...] como una variedad convencionalmente superpuesta [...] al conjunto de variedades geográfi- cas, sociales y estilísticas de una lengua [Pascual y Prieto de los Mozos 1998: n.6].
La definición que sigue, debida a Lewandowski (1982), recoge las carac- terísticas recién mencionadas y añade dos elementos importantes: la natura- leza histórica de la institucionalización de los estándares y su condición de herramientas para el ascenso social de los usuarios que estén en condiciones de adoptarlos:
[Estándar es] La lengua de intercambio de una comunidad lingüística, legitimada e institucionalizada históricamente, con carácter suprarregional, que está por encima de la(s) lengua(s) coloquial(es) y los dialectos y es normalizada y transmitida de acuerdo con las normas del uso oral y escrito correcto. Al ser el medio de inter- comprensión más amplio y extendido, la LE [lengua estándar] se transmite en las escuelas y favorece el ascenso social; frente a los dialectos y sociolectos, [es] el medio de comunicación más abstracto y de mayor extensión social [Lewandowski 1982: 201].
El prestigio, la convención, las actitudes y la historia (Pascual y Prieto 1998: 3, Milroy y Milroy 1991: 15), pues, están en el origen de toda estanda- rización. Así las cosas, la LE es de suyo un objeto de naturaleza abstracta que se define por lo que no es más que por lo que es. Por ello las lenguas están- dar no suelen estar descritas en ninguna parte, ni nadie se atreve demasiado, al menos en este momento de corrección política, a pronunciarse sobre qué opción léxica o de pronunciación ha de considerarse como más prestigiosa. Esto se debe a que la LE es un objeto que por definición está siempre in- completo –en proceso de configuración y pactando consigo mismo–, es sus- ceptible de cambios que dependen más de la voluntad de los usuarios que de propiedades objetivas, y constituye una entidad heterogénea (social, con-
(^18) Violeta Demonte
vencional, política, lingüística) tanto en su origen como en sus límites y con- tenido.
La sociolingüística y la sociología del lenguaje aplicadas al español, por lo que se me alcanza, no disponen aún de la obra de conjunto sobre las va- riedades regionales y sociales de nuestra lengua –y sobre la manera como los hablantes perciben esas variedades– que permita hacer apreciaciones certeras sobre qué se entiende exactamente por español estándar y cuáles son los rasgos y procesos que engloba y que lo definen. Pese a esa ausencia, me atreveré con una caracterización global, primero de las características ideológicas de nuestro estándar, y las tendencias que llevan a ellas; esbozaré luego una ejemplificación de esa caracterización general. En lo que concierne a las actitudes, a la ideología, en un tiempo cierta- mente muy corto, en el mundo hispano parece haberse girado de una per- cepción –siempre aceptada con reservas por parte de los latinoamericanos– del castellano peninsular como “dialecto primario del español [...] norte orientador y casi modélico para un número vasto de hispanohablantes, que se realiza en unos vastos límites espaciales” (Hernández Alonso 1996: 197, tomado de Borrego 1999: 13) a una concepción más suelta y comprehensiva del español estándar en la que el prestigio no aspira ya a ir asociado a la pronunciación de la c y z como interdentales, de la s como ápico alveolar, o al leísmo de persona. Más aún, es indudable que los países latinoamericanos con mayor peso político, cultural y demográfico contribuyen en igual medi- da que España a ese español estándar abstracto cuya materialización es la unidad del español. La variedad estándar española es, a mi juicio, un dialecto construido con un vocabulario y construcciones sintácticas no específicos, en donde los acentos no se manifiestan de forma llamativa, aunque persisten rasgos, parti- cularmente fonéticos y prosódicos, que identifican la zona geográfica a la que pertenece el hablante. Los hablantes utilizan esa variedad en la escritu- ra, en la enseñanza del español como lengua extranjera, en situaciones for- males y en la interacción con usuarios de otras variedades del español. Los hispanohablantes poseedores del estándar (aunque no sean conscientes de ello) saben adaptarse a quienes tienen normas distintas de las suyas. En este sentido, el caso español sigue la regla según la cual un estándar es una koiné (Benincá 1999: 248), una variedad común a un conjunto de dia- lectos, donde se elimina aquello que sea demasiado peculiar, particularmen- te en el terreno de la pronunciación, y se buscan formas léxicas y morfológi- cas transparentes y de consenso. Para llegar a esta situación ha sido esencial
La esquiva norma del español^19