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Este texto presenta una profunda exploración de la inteligencia y la voluntad, dos facultades esenciales del ser humano. La inteligencia, como el poder de comprender la verdad de las cosas, y la voluntad, como el apetito elicito racional, se relacionan y dependen el una de la otra. Aprenda sobre los actos de la inteligencia, cómo funciona la voluntad y cómo se relacionan ambas facultades.
Tipo: Apuntes
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Como potencia, le permite captar lo universal, a diferencia de los sentidos que tienen límites.
modo confuso– «lo que las cosas son», esto es, la verdad de su ser. Por su inteligencia el hombre también es capaz de conocer el «fin» al cual debe tender con sus actos y las leyes morales que lo acercan al bien y lo alejan del mal. A la inteligencia se la llama también «razón» o «entendimiento», y puede ser de dos maneras: «Especulativo»: es la inteligencia en cuanto se aplica al conocimiento y la contemplación de las verdades más profundas en relación al mundo, al hombre y a Dios. Las verdades fruto de este uso especulativo de la razón llevan el nombre de «Sabiduría» o «filosofía primera». «Práctico»: es la inteligencia en cuanto se ocupa de discernir el modo en que los principios generales de la moral se aplican a las situaciones contingentes de la vida cotidiana; es la inteligencia en cuanto or¬dena e ilumina el obrar. Las verdades fruto de este uso práctico de la razón llevan el nombre de Ética o filosofía moral. Es conveniente destacar que la inteligencia funciona de tal manera que no puede tener nunca dos pensamientos a la vez. El poder pensar en una cosa por vez, de manera cierta y sin mezcla o desviación, se ve favorecido por el silencio, la tranquilidad del espíritu y el dominio (aunque no la subyugación, claro está), del placer proporcionado por los sentidos. Los actos «contrarios» al adecuado desarrollo de la vida de la inteligencia son, entre otras cosas, el aplicarse a «pensamientos superficiales», inútiles, que desvían nuestro pensamiento hacia lo banal, hacia lo que no tiene una auténtica importancia, haciéndonos perder un tiempo precioso que podría ser utilizado para nuestro bienestar espiritual y para el bien de las personas que amamos. También la «ignorancia voluntaria», sobre todo en disciplinas teóricas como la filosofía –particularmente la ética– y la Teología, son cuestiones que «empobrecen» seriamente el pleno desarrollo de la vida del espíritu. Es perjudicial también la desmesurada «curiosidad» hacia todo aquello que alimenta las pasio¬nes o los goces de los sentidos; el meterse en vidas ajenas para desnudar sus defectos frente a los demás (sólo basta prender la televisión 10 minutos por la tarde para entender esto); el «juzgamiento» apresurado de las situaciones y las personas; la «soberbia» de creerse dueño absoluto de la verdad, sin tener la apertura necesaria para escuchar a las personas sabias y virtuosas. b) Voluntad: palabra que proviene del latín volo (querer), que designa la facultad espiritual por la cual el hombre busca conquistar (quiere) aquellas cosas que la inteligencia le muestra como «buenas»; es la facultad de querer el «bien» conocido por el entendimiento. Su objeto es, entonces, el bien (aunque siempre queremos un bien concreto), y su acto propio es amar (entendido como la «tendencia» hacia lo bueno). Ahora, quizá pueda ocurrir que el bien perseguido por la voluntad sólo sea un bien «aparente» para la persona.