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Nutrición en la Edad Adulta Avanzada: Cambios Físicos y Necesidades Alimenticias, Apuntes de Nutrición

Este documento aborda el importante tema de la nutrición en la población adulta mayor, una población que debido al aumento de la esperanza de vida ha comenzado a recibir más atención en estudios nutricionales. Se explica cómo el organismo cambia con la edad y cómo esto afecta las necesidades nutricionales. Además, se discuten los desafíos que enfrentan los mayores en relación con la alimentación, como la pérdida de masa muscular, la falta de apetito o la falta de dientes. Se destaca la importancia de la prevención y el estilo de vida saludable en el envejecimiento.

Tipo: Apuntes

2018/2019

Subido el 17/05/2019

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NUTRICIÓN EL EN ANCIANO
Hasta hace poco tiempo, los estudios nutricionales se centraban esencialmente en la
población infantil y en la adulta. En la actualidad, debido sobre todo al aumento que se
ha producido en la esperanza de vida, estos análisis se han dirigido hacia el segmento
de la población anciana. Quienes nacen hoy vivirán una media de 77,9 años. Las
mujeres que alcanzan la edad de 65 años pueden vivir otros 19,9 años, y los hombres
otros 17,2. En el año 2020, la población mayor de 65 años aumentará de 40 millones
a cerca de 55 millones, pasando a representar de un 13% de la población a un 20%.
Con el paso de la edad nuestro organismo va cambiando, por lo que la nutrición en el
anciano ha de ser distinta, en algunos aspectos, a la del adulto. Aumentamos la masa
grasa, disminuye la masa muscular, aumenta la pérdida ósea y disminuye la cantidad
de agua. Por tanto las necesidades nutricionales también varían.
Todos conocemos a personas de más edad que nosotros, pero la consideración de
«mayor» depende mucho de nuestra propia edad. Los más jóvenes pueden considerar
mayores a sus padres de 20 o 30 años. Hoy en día, el cabello gris, las arrugas, la
jubilación o los 65 años de edad han dejado de definir al mayor. A pesar de esto, en
numerosos programas la calificación de «mayor» se basa en una edad mínima de 65
años. El U.S. Census Bureau utiliza un sistema estratificado para definir este amplio
grupo de edad: los individuos de 65 a 74 años se consideran mayores jóvenes; los de
75 a 84 son mayores, y los de 85 en adelante, ancianos o mayores de edad avanzada.
Hay quien considera que actualmente existe un nuevo tipo de mayor, que es aquel que
tiene más de 90 años.
La gerontología es el estudio del envejecimiento normal y contempla factores
biológicos, psicológicos y sociológicos. La geriatría es el estudio de las enfermedades
crónicas que con frecuencia se asocian al envejecimiento, incluidos el diagnóstico y el
tratamiento.
La atención nutricional dirigida a las personas de edad avanzada no consiste
únicamente en el abordaje de las enfermedades o en el tratamiento nutricional médico.
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NUTRICIÓN EL EN ANCIANO

Hasta hace poco tiempo, los estudios nutricionales se centraban esencialmente en la población infantil y en la adulta. En la actualidad, debido sobre todo al aumento que se ha producido en la esperanza de vida, estos análisis se han dirigido hacia el segmento de la población anciana. Quienes nacen hoy vivirán una media de 77,9 años. Las mujeres que alcanzan la edad de 65 años pueden vivir otros 19,9 años, y los hombres otros 17,2. En el año 2020, la población mayor de 65 años aumentará de 40 millones a cerca de 55 millones, pasando a representar de un 13% de la población a un 20%.

Con el paso de la edad nuestro organismo va cambiando, por lo que la nutrición en el anciano ha de ser distinta, en algunos aspectos, a la del adulto. Aumentamos la masa grasa, disminuye la masa muscular, aumenta la pérdida ósea y disminuye la cantidad de agua. Por tanto las necesidades nutricionales también varían.

Todos conocemos a personas de más edad que nosotros, pero la consideración de «mayor» depende mucho de nuestra propia edad. Los más jóvenes pueden considerar mayores a sus padres de 20 o 30 años. Hoy en día, el cabello gris, las arrugas, la jubilación o los 65 años de edad han dejado de definir al mayor. A pesar de esto, en numerosos programas la calificación de «mayor» se basa en una edad mínima de 65 años. El U.S. Census Bureau utiliza un sistema estratificado para definir este amplio grupo de edad: los individuos de 65 a 74 años se consideran mayores jóvenes; los de 75 a 84 son mayores, y los de 85 en adelante, ancianos o mayores de edad avanzada. Hay quien considera que actualmente existe un nuevo tipo de mayor, que es aquel que tiene más de 90 años.

La gerontología es el estudio del envejecimiento normal y contempla factores biológicos, psicológicos y sociológicos. La geriatría es el estudio de las enfermedades crónicas que con frecuencia se asocian al envejecimiento, incluidos el diagnóstico y el tratamiento.

La atención nutricional dirigida a las personas de edad avanzada no consiste únicamente en el abordaje de las enfermedades o en el tratamiento nutricional médico.

En efecto, su campo se ha ampliado considerablemente, al concederse mayor importancia a los estilos de vida saludables y a la prevención de la enfermedad. La intervención en materia de nutrición contempla tres tipos de servicios preventivos. En la prevención primaria, el énfasis recae en la promoción de la salud y en la prevención de la enfermedad a través de la nutrición.

La reducción de la masa muscular y el aumento del tejido graso hacen que disminuya el metabolismo basal del anciano. Por tanto, sus necesidades calóricas disminuyen de 2.700 a 2.100 kcal/día, si bien el aporte calórico no debe ser inferior a 1.800 kcal, para que su alimentación no sea deficitaria en hierro, calcio, vitamina A o vitamina C. Los requerimientos calóricos deberían ser determinados de manera individual, ya que es importante que exista equilibrio entre el nivel de actividad y la ingestión energética.

Con el paso de los años la masa ósea disminuye en ambos sexos, si bien ésta es más manifiesta en las mujeres, especialmente posmenopáusicas. En ambos casos se va a producir osteoporosis, que provoca un aumento en el riesgo de presentar fracturas óseas.

Las dentaduras en mal estado, la falta de piezas dentales o las prótesis mal adaptadas van a modificar, en gran medida, los hábitos dietéticos de los mayores, ya que les imposibilitan la ingestión de determinados alimentos (p. ej., la carne, que les es casi imposible de masticar). Así, van a elegir alimentos de consistencia blanda, obviando otros de un elevado valor nutricional por los problemas que ocasiona su ingestión.

Generalmente la falta de apetito, sin causa que lo justifique, es un signo de detección temprana de una enfermedad. Muchos mayores tienen etapas en las que se despreocupan de su alimentación. Esto desencadena un descenso del aporte nutritivo y en el agravamiento de patologías existentes o la aparición de otras nuevas. La agudeza visual, el olfato y el sentido del gusto disminuyen con el paso de los años, produciéndose a veces una falta de interés por la preparación y el consumo de determinados alimentos y, como consecuencia, una falta de apetito. Por tanto, son recomendables las preparaciones culinarias sencillas que tengan una presentación vistosa. El empleo de hierbas aromáticas puede contribuir a reforzar el sabor y el aroma de los alimentos haciéndolos más apetecibles. Las discapacidades y