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La postura de la escuela economista en españa durante el siglo xix, liderada por figuerola, y su defensa del librecambismo frente al proteccionismo de güell y ferrer. La escuela economista argumentaba que la apertura al comercio internacional y la desaparición de los derechos arancelarios proteccionistas mejorarían el poder adquisitivo del consumidor y el desarrollo de industrias naturales y recursos propios. Por otro lado, güell y ferrer defendían el proteccionismo aduanero y la intervención del estado en la economía. El debate se enmarca en el contexto de la reforma arancelaria de 1868 y la oposición de los industriales y cerealistas a la libre competencia.
Tipo: Apuntes
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En esta época se introdujo el pensamiento liberal en España, y se ha considerado que la corriente a favor del librecambio en el terreno de la economía aplicada se desarrolló principalmente por el desencanto ante los efectos del mercantilismo, por la influencia de los fisiócratas y por los enciclopedistas. Los liberales exiliados que entraron en contacto con los autores clásicos en Gran Bretaña reafirmaron su posicionamiento, y los que se quedaron en España fueron influidos por las ideas de los franceses Bastiat, Dunoyer y Say.
Principales economistas españoles en esta etapa
Las doctrinas que estos profesaban debían sus principios a la Ilustración y de los autores ingleses clásicos.
Álvaro Flórez Estrada fue el autor más importante del primer tercio del siglo XIX. Este asturiano estuvo en contacto con Jovellanos y Campomanes, y además estuvo un tiempo en Inglaterra. Al volver a España defendió la Constitución de 1812 y una política comercial exterior librecambista para nuestro país y todo tipo de libertades públicas. Consideraba que prohibir la importación era un principio contrario a la Economía Política (ciencia que analiza las leyes que regulan la producción, la distribución, los cambios y el consumo de la riqueza). Además, en apoyo de las ideas de Adam Smith, desaprobó la concesión de privilegios a las compañías que comerciaban con las Indias. Destaca su obra Curso de Economía Política (1828) en la que reflejó un sistema económico válido para cualquier época, basado en la fusión del mercantilismo tardío y las ideas de Hume, Condillac y Adam Smith. Flórez consideraba que estableciendo una libertad total de comercio habría ventajas como la libertad de trabajo, y la asignación de recursos hacia los sectores más productivos de la economía, ayudando a que la economía del país progresara. Fue un librecambista radical en el sentido de que defendió la abolición de cualquier prohición y el desarme arancelario. Solo defendía la protección a las exportaciones mediante los derechos ad-valorem. Más adelante, pasó a ser un librecambista más moderado, defendiendo que se establecieran unas tasas arancelarias más reducidas, de un 5 ó 6% para las exportaciones, y de 2 ó 3% para las importaciones.
José Canga Argüelles. Este asturiano fue diputado liberal en las Cortes al igual que Flórez, y defendió que hacía falta una rebaja de los aranceles para aumentar las rentas de aduanas. Más tarde, sin embargo, pasó a defender que la Constitución del 12 no servía para solucionar la situación de nuestro país, por lo que muchos le consideraron un traidor.
Eudaldo Jaumeandreu , catalán que realizó la obra Rudimentos de Economía Política en la que explica los ideales de Smith y Say, adaptando las doctrinas del segundo a la situación española. Se oponía a aplicar el libre comercio en España, porque pensaba que el país no tenía un desarrollo industrial suficiente, y que por ello necesitaba protección en las aduanas. Era partidario del proteccionismo, en busca de la industrialización del país, pero mientras atacaba las aduanas interiores, reconocía que eran necesarias las fronterizas y marítimas (quería que se suprimieran las que se habían instaurado para recaudar) Su pensamiento incluye el liberalismo interior y proteccionismo ante la competencia exterior, doctrina que habrían adquirido los catalanes en el siglo XIX. En su obra Curso Elemental reivindica la idea de que si la industria de España estuviera tan desarrollada como otros países extranjeros podría llevar a cabo el libre comercio, pero la industria nacional no estaba en condiciones de competir, por lo que veía necesario implantar un sistema prohibicionista.
En 1856 se fundaba la Sociedad Libre de Economía Política de Madrid, y en 1859 la Asociación para la Reforma de los Aranceles de Aduanas. Los 70 dieron paso a la ofensiva del librecambio, cuyos defensores se reunían en el Ateneo de Madrid para exponer sus ideas, además de hacerlo en periódicos y revistas de economía. Buscaban la renovación de la economía mediante la progresiva liberalización del comercio exterior. Dentro de estos, destacó un grupo muy influido por los clásicos ingleses y, principalmente, por los optimistas franceses, que se consolidó en esta época.
Principales miembros de la Escuela Economista
Los miembros de este grupo, de esta escuela “economista” , no compartían doctrina política aunque sí económica, al menos en sus bases principales, ya que fueron partidarios de la ideología liberal, lo que les llevó a la creación de la Sociedad Libre de Economía Política, una de las que más importantes por su papel como divulgación de la ciencia económica en España, la cual se constituyó en un centro de debate abierto. Tuvieron gran influencia y logros en el sexenio revolucionario.
Luis María Pastor. Catalán que fundó el periódico El Corresponsal e ingresó en 1844 en la facción más conservadora del Partido Moderado. En 1857 creó junto a Figuerola, Colmeiro y Rodríguez la Sociedad Libre de Economía Política, haciendo discursos en el Ateneo, la Bolsa de Madrid y el Círculo de la Unión Mercantil. Fue socio fundador de la Asociación para la Reforma de los Aranceles de Aduanas en 1859. Defendió el librecambismo, enfrentándose a proteccionistas como Güell y Ferrer, quien atacó a Pastor diciendo que estaba a favor del librecambio porque defendía las
su cargo de director general de Instrucción Pública, estableciendo las leyes sobre la libertad de enseñanza.
Benigno Carballo Wangüemert. Canario que perteneció también a la Sociedad Libre de Economía Política y la Asociación para la reforma de los Aranceles de Aduanas.
Mariano Carreras y González. Zaragozano. Miembro de la Sociedad por la reforma Arancelaria, orador en el Ateneo y en la Sociedad Económica.
Joaquín María Sanromá y Creus , nacido en Barcelona difundió sus ideas librecambistas, pensaba que el librecambio era la mejor forma para conseguir el progreso material de España.
Influidos por los economistas franceses (escuela optimista) a través de los que conocieron los escritos de los ingleses, los miembros de esta escuela hacían una defensa radical de la libertad económica, pero eran más conservadores en el ámbito político, y formaban parte tanto del partido progresista como del demócrata. Se les denominó “economista” (un término general, que no tenía porqué haber sido asignado a librecambistas) por ser un grupo nuevo, y por la preparación científica de los miembros. Esta escuela logró eclipsar a la difusión de la ideología socialista. Recibieron gran influencia de Bastiat y sus Sofismas Económicos, y por Cobden. En cuanto a los partidarios proteccionistas de la época, industriales de poca formación teórica, buscaron el apoyo de Illas y Vidal. La escuela economista, que tenía muchas semejanzas ideológicas con el krausismo, al contrario que este defendían: que la intervención del Estado en la economía era perjudicial, porque pensaban que su actuación interfería en el normal funcionamiento del mercado y en el orden natural, y que había que separar moral y economía. Tanto el krausismo como la escuela economista tuvieron gran importancia en la Universidad, de hecho, principios de la escuela estuvieron presentes en la legislación académica del sexenio, como la libertad de enseñanza y la no intervención del Estado en la misma. La escuela se valió de la propaganda pública y académica para difundir sus ideales. En 1854, tras un tiempo cerrado, abrió sus puertas el Ateneo de Madrid, donde Rodríguez y Sagasta divulgaron los principios económicos y librecambistas del progresismo y la democracia; sin embargo, fue a partir de 1856, durante el gobierno de la Unión Liberal, cuando la oposición (fracción demócrata-progresista se reunía en el Ateneo. Aquí, la escuela librecambista se contraponía al proteccionismo de los moderados. Entre 1861 y 1865 los librecambistas llevaron a cabo una gran actividad divulgadora en el Ateneo y debates con los proteccionistas, provocando la reacción de estos, quienes publicaron Impugnación de las doctrinas librecambistas en el Ateneo de Madrid. Entre 1866 y 67 el Ateneo cerró y luego lo ocupó la oposición. Durante la Restauración, volvieron librecambistas y krausistas al Ateneo.
Creada en Madrid el 2 de enero de 1857. Sus miembros querían impulsar el debate sobre los principios generales de la Economía Política, Gabriel Rodríguez fue uno de los más célebres. Su órgano oficial fue la revista La Tribuna de los Economistas (1857-58) y a partir de 1861 las sesiones las publicaba la Gaceta Economista. Los temas más debatidos eran la naturaleza de los aranceles de aduanas y los límites a la intervención del gobierno entre otros. No todos los participantes eran liberales, así que hubo controversia en temas como el libre comercio. Esta sociedad quería relegar la actuación política a la económica.
En general no apoyaban la intervención del gobierno en la economía, todos coincidían en la idea de que tenían que existir límites. Moret lo argumentó diciendo que dicha intervención consistía en quitar a unos para dárselo a otros.
Asociación para la reforma de los aranceles de Aduanas en España
Se creó tras el Congreso Internacional de Bruselas de 1856. Allí se debatió sobre las dificultades que no permitían extender las relaciones comerciales entre países, y ver la forma de poner soluciones en cada país para que esto fuera posible. La Asociación se fundó en 1859, Mon finalmente no participó en ella porque cambió de opinión respecto a los aranceles, al igual que Cánovas, que fue uno de los fundadores.
Principios económico-políticos de la libertad de comercio en la escuela economista
Carballo decía que el fundamento económico-político de la libertad comercial provenía e la división del trabajo y el intercambio, el cual facilitaba el enlace entre empresas, naciones, etc. Para que se diera el intercambio tenía que haber libertad. Afirmaba que las políticas y acciones de unos países afectaban a otros, y que, ya que sucedía esto, era inevitable que el grado de desarrollo económico también dependiera del de otros países, por lo que los países tenían que relacionar sus economías, aprovechando las ventajas que el comercio proporcionaba. Defendía que la producción y el comercio crecieran era lo más ventajoso para las personas, y que era un error defender la libertad interior, como hacían los proteccionistas, y no la exterior, ya que: ¿Qué dirían, señores, el día en que por un golpe de fortuna de esos que el tiempo oculta a la previsión humana, los límites de la nación española se extendieran hasta los Alpes, o, por la inversa, los límites de la nación francesa llegaran
Tras el Decreto de 1857, los miembros de la escuela economista pedían al Gobierno que la libertad de importación de los cereales. Enrique Pastor dijo: decrete por un plazo de cinco, ó lo menos tres años, la libertad de importar; desaparezca la escala móvil; y si transcurrido el plazo que pedimos, no se palpan los beneficios de esta medida, vuelva a regir para siempre el sistema protector.
Los productores agrícolas tenían temor por las consecuencias que podría traer la libre importación de cereales en nuestro mercado. Esto se debía a que pensaban que la importación de cereal más barato haría que disminuyese el precio del trigo español. Ante esto, la escuela economista argumentaba que esta disminución de precios no sería muy significativa, porque aunque un país extranjero pudiera producir muchos cereales, siempre había barreras naturales que ponían trabas a su distribución. Se indicaba que solo una parte de producción para el abastecimiento nacional era extranjera (más barata) y por eso no podía afectar demasiado a los precios del país. Luis María Pastor defendía la libertad de importación y exportación de granos permanente y constante, con un asequible derecho a la importación por ser un bien de primera necesidad. También decía que se necesitaba abaratar el precio del transporte, para mejorar las comunicaciones y así la escasez de granos. Y veía fundamental que se hicieran estadísticas a menudo sobre las cosechas, las existencias y el movimiento de los mercados de importación y exportación de cereales, para tomar decisiones razonadas, y alega que sus argumentos tienen validez porque la tienen en Inglaterra con la reforma de Sir Robert Peel.
Rodríguez apoyaba también la libertad de importación de granos, afirmando que no afectaría ni a consumidores ni a productores, abarataba el precio del producto y el consumidor lo podía conseguir más fácilmente. Decía que la apertura al comercio internacional no requería que redujesen tanto sus propios precios, sino que los podían mantener más altos que en el exterior, siempre que la producción externa no fuera suficiente para abastecer a nuestro país. La mayor ventaja sería la competencia que habría entre la producción nacional y la extranjera, haciendo que los productores de nuestro país fuesen más eficientes y buscasen utilidades distintas a sus tierras. Rodríguez opinaba que se tenía que establecer y mantener esto, para que el productor se adecuara al mercado y tuviera una visión a largo plazo que le hiciese actuar para mejorar su producción y buscar otras alternativas; así se oponía a las medidas transitorias del Decreto de 1857.
En cuanto a este tema, Figuerola afirmaba que los cereales seguían la ley de la oferta y la demanda que seguían los mercados de otros productos de alimentación, siempre que el Estado no interviniese y decidiera respecto a los esfuerzos que la parte que oferta o la que demanda debían realizar. Señaló los efectos que generarían a los productores y consumidores nacionales la prohición a exportar e importar: indica que el impuesto a la exportación de trigo recae en el vendedor, ya que para competir con los cereales extranjeros no puede repercutir los impuestos en mayores precios. En segundo lugar, si el trigo externo tiene un precio que lo hace accesible al mercado de nuestro país, cualquier impuesto a la importación haría que se redujese la entrada de trigo, y si este es necesario para abastecer a nuestro país, quien paga el impuesto será el consumidor español. Figuerola dijo que si
se prohibían las importaciones de trigo de fuera, España cosechará una cantidad dada de trigos, pero todos los españoles comprarán los cereales que España produzca con un sobreprecio que se expresará por la diferencia entre el precio verdadero que tengan en el mercado universal y el precio que motive la prohibición. Decía que la protección llevaría a que aumentasen los precios para que aumentasen los beneficios de los propietarios. Él consideraba que la producción dependía en gran medida de las condiciones naturales, y que era importante que si había déficit en un sitio determinado debido a malas condiciones naturales, era necesario que pudiera circular producción a estos desde las zonas con excedente. Si había proteccionismo, aumentarían los momentos de escasez.
Figuerola defendía la libertad de comercio de granos porque haría que disminujesen los precios del cereal, lo que mejoraría el poder adquisitivo del consumidor y el productor se motivaría en la medida que pudiera reducir costes y así obtener mayores beneficios a pesar de reducirse los ingresos.
Sanromá veía una ventaja más del librecambismo frente al proteccionismo, basándose en la forma en que los países que seguían uno u otro sistema salían de las crisis. Establecía que las consecuencias del librecambio eran el abaratamiento de las subsistencias y la creación de industrias naturales y recursos propios, y si un país con estas ventajas se enfrentaba a una crisis, podría recuperar fácilmente la estabilidad, ya que la población contaría con seguridad con los productos de subsistencia baratos y las industrias tendrían una base muy estable. Decía que las medidas apuradas y a las prisas de los proteccionistas en momentos de crisis, con el objetivo de liberalizar la economía, no mejoraban la situación porque eran ineficaces y tenían que luchar contra los intereses creados.
Debate de la escuela economista en torno al sistema colonial español y la esclavitud
Sanromá veía razonable el sistema colonial en siglos anteriores cuando había guerras y era necesario por el abastecimiento. Sin embargo, en el siglo XIX, no lo veía lógico, porque decía que las colonias ya no eran de exclusivo abastecimiento nacional, ni mercados para los productos de la metrópoli. Figuerola creía que no se podía mantener el antiguo sistema colonial porque se basaba en el merantilismo, sin reconocer los derechos de indios y negros. Él veía sensato conceder algunas libertades a las posesiones ultramarinas, pero entendía que había demasiados lazos entre las colonias y la metrópoli y que no se conseguirían emancipar. Carballo creía que las colonias eran un problema para la metrópoli y que ellas no podían ni desarrollar su riqueza ni su sociedad. En definitiva, la escuela economista estaba en contra del sistema colonial como medio de expansión de la metrópoli.
El sistema colonial frente al librecambio
equiparada la fuerza; lo cual me da indicio seguro de que el triunfo en el porvenir está reservado a la unidad. El impuesto sobre el capital luchó con bríos con el impuesto sobre la renta; las contribuciones sobre el consumo fueron repobradas después de reñida la batalla, y los monopolios consentidos solo en determinadas circunstancias y con especiales condiciones. [...] las aduanas mientras subsistan no deben tener sino un carácter puramente fiscal.
Tanto Pastor como otros miembros de la escuela economista tenían plena confianza en los beneficios que aportaría la reforman que ellos apoyaban, creían que la reforma arancelaria sería el germen de la prosperidad del país.
Sanromá consideraba que lo importante era que cada país crease una organización y una ayuda en favor de la libertad, imprescindible para el enriquecimiento de un país. Pensaba que no se podían establecer medidas de libre comercio inmediatamente, debido a la inestabilidad que ha tenido la protección en las fuerzas productivas. Las opciones que proponía eran las uniones aduaneras (aunque Sanromá pensaba que no todos los países podrían tomar esta medida) y las reformas arancelarias. Era más partidario de esta última opción, siempre que se buscara acercar los gravámenes del comercio a un límite fiscal, de promover las industrias naturales, y de ir acabando poco a poco con las artificiales si no mejoraba su producción, peligrando en el momento en que hubiera competencia extranjera. Fue él quien, viendo los avances que provocaba el librecambio en otros países, estableció una jurisprudencia de regulación de los intercambios de acuerdo a las legislaciones europeas.
Las reforma arancelaria debía establecer derechos arancelarios fiscales, es decir, debían reducirse para evitar el contrabando y mejorar los ingresos del país; debía suprimir las prohibiciones a la importación de materias primas, cuya finalidad era que bajasen los precios de estas (y con ello el coste de producción de las empresas) y de los recursos de primera necesidad de la población, sobre todo de los alimentos; querían que la base del impuesto arancelario fuese uniforme y homogénea; y pretendían que la reforma se estableciese poco a poco, para que las industrias se pudieran habituar a la liberalización comercial, y para que los industriales y agricultores a favor del proteccionismo pudieran ser informados y convencerse de las ventajas del librecambismo. Además, Sanromá propugnaba la abolición de las prohibiciones, de las primas de las exportaciones y las compensaciones.
El centro del debate era la cuestión del libre comercio. Argumentos: los librecambistas defendían que el país comprase barato, mientras que los proteccionistas querían que el país desarrollase al máximo su capacidad productiva, lo que consideraban imprescindible para el desarrollo del comercio exterior.
El librecambio fue defendido por la escuela economista basándose en argumentos económicos, quienes pensaban que el intercambio entre países se daba por las diferencias entre los precios de equilibrio nacionales, extinguiéndose cuando desaparecieran las diferencias de precios. Por eso, opinaban que cada país se debía especializarse en la producción de los bienes para los que tuvieran recursos naturales.
Como argumento, los proteccionistas usaron la teoría de List, que decía que la protección podía ser negativa a corto plazo pero garantizaba la creación de nuevas formas productivas a largo plazo. Los proteccionistas españoles pensaban que el proteccionismo era la mejor forma de impulsar la actividad industrial y asegurar el trabajo en el país, ya que el rendimiento de los factores empleados en la industria era mayor al de los factores empleados en la minería o el mundo agrícola.
Críticas de los proteccionistas a los librecambistas:
Debate librecambista-proteccionista previo a la reforma de 1868
Güell y Ferrer fue el mayor defensor del proteccionismo aduanero, en busca de un desarrollo económico en España, en la década de los 40 del siglo XIX, y se posicionó en contra de la reforma arancelaria que se estaba planteando en esos momentos. Este pensaba, como List, que la riqueza del país dependía del trabajo y la producción industrial, y no de la agricultura. Estos veían necesario la protección previa para el desarrollo industrial. Güell y Ferrer no confiaba en los Tratados de comercio, basándose en los resultados que habían obtenido, como por ejemplo el que firmaron España e Inglaterra, intercambiando vinos por manufacturas respectivamente. En este acuerdo habría salido
Desde su punto de vista, los librecambistas impulsaban la circulación de productos a bajo coste, lo que conllevaba la disminución del trabajo de las clases obreras y, por tanto, la producción industrial. Acusaba a las industrias naturales de no crear suficiente empleo, por eso creía conveniente que el Estado interviniera. Se defendía de las acusaciones librecambistas de que el proteccionismo protegía solo al productor alegando que eso no es así, y como prueba de ello son las leyes contra la usura, la tasa de los productos y la prohibición a la exportación de granos. Los librecambistas afirmaban que el proteccionismo iba contra los intereses del consumidor, pero los proteccionistas se defendían diciendo que, en base a las estadísticas que ellos tenían, en épocas de librecambio el trigo era más caro en nuestro país que en Francia, Inglaterra o Marsella. Consideraba perjudicial la libre importación de granos, porque sería el productor extranjero el que se encargase del suminitro en el litoral. Morquecho y Palma veía el proteccionismo como el mejor modelo, al menos hasta que se desarrollasen las comunicaciones.
Menéndez de Luarca fue otro proteccionista que criticó las acusaciones que Sanromá (librecambista) les hacía, que son las siguientes: los proteccionistas usan las colonias para la grandeza de la patria y parte del mercado colonial lo usan para productos de la metrópoli. Menéndez se defendía simplemente diciendo que no veía mal buscar el bien del país y ampliar sus mercados. Él pensaba que el proteccionismo fomentaba el gasto del consumidor en la industria nacional.
Gabriel Rodríguez criticó y distinguió dos tipos de proteccionismo: el antiguo y el nuevo. Acusan a los nuevos de defender el comercio exterior de materias primas, y no un aislamiento total, y si están tan seguros de que el librecomercio es perjudicial para los países, entonces también debería prohibirse entre las provincias de una nación, lo que sin embargo no se anula.
A PARTIR DE 1868, TERE EXPLICA TODAS LAS LEYES Y REFORMAS POLÍTICAS
Tras la revolución de 1868, los proteccionistas, siendo líderes Pedro Bosch y Labrús, se reunieron en el Ateneo de Barcelona para hacer debates. El 8 de marzo de 1869 se creó el Fomento de la Producción Nacional , una asociación frente al librecambismo español de la que el presidente era Güell y Ferrer, aunque la figura más relevante fue Bosch. En la sesión que realizó esta asociación el 21 de marzo de 1869 luego se dio una gran manifestación en contra de la reforma arancelaria, y poco después se dio la fundación de la Liga Proteccionista Española. Los proteccionistas se argumentaban de la siguiente forma:
Los proteccionistas pedían que en estos tiempos de crisis, en los que Europa está volviendo al proteccionismo, se subieran los derechos arancelarios para aumentar la recaudación, disminuir las importaciones y así mejorar la balanza de pagos. Sin embargo, el librecambista Rodríguez se defendía señalando las ventajas que había traído consigo la reforma arancelaria de 1869: