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Ética según Wittgenstein: Rechazo a sistemas teóricos, Apuntes de Literatura

En este documento se propone reflexionar sobre la ética a partir de los conceptos encontrados en la obra temprana de ludwig wittgenstein. Wittgenstein rechaza la idea de construir un sistema ético y nos invita a pensar por nosotros mismos. La ética, según wittgenstein, es una tarea personal relacionada con la búsqueda del sentido de nuestra vida. Este texto también aborda la influencia de wittgenstein en la filosofía ética y cómo su obra es una posibilidad de transformación radical.

Tipo: Apuntes

2015/2016

Subido el 27/10/2016

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Desde Wittgenstein: apuntes para pensar la ética en primera
persona.
Lic. Cristina Bosso - UNT
“Pero es claro que la ética no se refiere al castigo o al premio en el sentido común de los
términos.” (Ludwig Wittgenstein)
Resumen:
La ética es una muestra de la incesante aspiración del ser humano a trascender los límites
del mundo de lo puramente material. Proponemos en este trabajo reflexionar sobre la ética
a partir de algunos conceptos que encontramos en obra temprana de Ludwig Wittgenstein.
A pesar de que su fama proviene fundamentalmente de sus indagaciones en el campo de la
filosofía del lenguaje, la preocupación por la ética atraviesa tanto su pensamiento como su
vida. Renunciando a la idea de construir un sistema, Wittgenstein nos convoca a pensar por
otros mismos. Propone, así, un nuevo modo de hacer filosofía, que en lugar de elaborar
teorías, apuesta a la resolución de problemas. Profundamente convencido de este planteo,
no puede pensar a la ética como una teoría de los valores ni como la búsqueda de principios
generales. Como veremos, Wittgenstein toma distancia de los planteos tradicionales para
pensar la ética como una tarea personal, relacionada con la búsqueda del sentido de nuestra
vida. Desde este punto de vista, su tarea no será construir sistemas sino inducirnos a
trabajar sobre nosotros mismos.
Abstract:
Ethics is an example of the relentless human aspiration to transcend the limits of the material world.
We propose in this paper reflect on ethics from some concepts found in early work of Ludwig
Wittgenstein. Despite his fame comes mainly from his research in the field of philosophy of
language, the concern for ethics through both his thinking and his life.
Renouncing the idea of building a system, Wittgenstein invites us to think for ourselves.
Wittgenstein proposes a new way of doing philosophy, instead of elaborating theories, betting
troubleshooting . Deeply convinced of this pose, Wittgenstein can not think of ethics as a theory of
values or as the search for general principles. As we shall see , Wittgenstein takes away from
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Desde Wittgenstein: apuntes para pensar la ética en primera

persona.

Lic. Cristina Bosso - UNT

“Pero es claro que la ética no se refiere al castigo o al premio en el sentido común de los términos.” (Ludwig Wittgenstein)

Resumen:

La ética es una muestra de la incesante aspiración del ser humano a trascender los límites del mundo de lo puramente material. Proponemos en este trabajo reflexionar sobre la ética a partir de algunos conceptos que encontramos en obra temprana de Ludwig Wittgenstein. A pesar de que su fama proviene fundamentalmente de sus indagaciones en el campo de la filosofía del lenguaje, la preocupación por la ética atraviesa tanto su pensamiento como su vida. Renunciando a la idea de construir un sistema, Wittgenstein nos convoca a pensar por otros mismos. Propone, así, un nuevo modo de hacer filosofía, que en lugar de elaborar teorías, apuesta a la resolución de problemas. Profundamente convencido de este planteo, no puede pensar a la ética como una teoría de los valores ni como la búsqueda de principios generales. Como veremos, Wittgenstein toma distancia de los planteos tradicionales para pensar la ética como una tarea personal, relacionada con la búsqueda del sentido de nuestra vida. Desde este punto de vista, su tarea no será construir sistemas sino inducirnos a trabajar sobre nosotros mismos.

Abstract:

Ethics is an example of the relentless human aspiration to transcend the limits of the material world. We propose in this paper reflect on ethics from some concepts found in early work of Ludwig Wittgenstein. Despite his fame comes mainly from his research in the field of philosophy of language, the concern for ethics through both his thinking and his life. Renouncing the idea of building a system, Wittgenstein invites us to think for ourselves. Wittgenstein proposes a new way of doing philosophy, instead of elaborating theories, betting troubleshooting. Deeply convinced of this pose, Wittgenstein can not think of ethics as a theory of values or as the search for general principles. As we shall see , Wittgenstein takes away from

traditional thinking, y consider the ethics as a personal task related to the search for meaning in our lives. From this point of view, your task is not build systems but lead us to work on ourselves.

I- Las cuestiones más difíciles y las más importantes.

La ética es una de las áreas más difíciles de la filosofía. Liberado del mandato de los instintos, el ser humano desde sus orígenes se ha enfrentado a la necesidad de encontrar un criterio que permita distinguir lo bueno de lo malo, lo justo de lo injusto, y una razón que justifique obrar de acuerdo a esta ley. Las diferentes propuestas que se han elaborado a lo largo de la historia son el testimonio de esta búsqueda, que con mayor o menor éxito han apelado a diferentes instancias: a la razón, a la compasión, al deber, a sistemas de premios y castigos, en el proyecto de construir sistemas éticos que permitan poner en sintonía las conductas de los hombres con el bienestar de una comunidad.

Apenas nos introducimos en el tema, advertimos que nos enfrentamos a un abismo; tal es la naturaleza de las dificultades que encontraremos cuando abordamos la reflexión sobre la ética y la profundidad de sus problemas. Resulta, sin embargo, un tema insoslayable ya que en ella se juega nada menos que la pregunta sobre cómo debemos vivir, cuya respuesta nunca es obvia. En efecto: la ética, por dar cuenta de la necesidad propia de los seres humanos de poner en cuestión nuestra propia vida, resulta una reflexión de particular importancia. Imposible sustraernos a sus problemas. Por ser la rama de la filosofía que más se vincula con la esfera de la praxis, con las acciones y relaciones humanas, encontramos en ella el espacio propicio para reflexionar sobre nuestros propios supuestos y la incidencia que estos poseen en nuestra conducta. Les propongo, por ello, abordar algunos conceptos de Ludwig Wittgenstein que considero oportunos para disparar la reflexión sobre este tema.

No es mi intención reconstruir aquí la concepción wittgensteiniana de la ética, ya que esto traicionaría el núcleo mismo de su modo de pensar. En efecto: Wittgenstein ha renegado de los grandes sistemas teóricos, de las explicaciones y definiciones, para proponer un modo diferente de hacer filosofía. Por eso, como en cualquiera de los temas que aborda, no encontraremos en él una teoría de los valores o un tratamiento sistemático de la ética, tampoco soluciones ni recetas. Veremos, por lo tanto, en el próximo apartado

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vida merezca la pena de ser vivida, relacionada intrínsecamente con la búsqueda de la felicidad. Nos centraremos en esto en los dos últimos puntos de este trabajo. Nos detendremos en nuestra búsqueda en las obras tempranas de Wittgenstein, ya que se revela allí con mayor nitidez una profunda preocupación por estos asuntos, que en el segundo período de su obra avanza hacia otras direcciones. II- Wittgenstein: ética, filosofía y pasión. Desde un comienzo, Wittgenstein se sintió atraído hacia la filosofía por una compulsiva tendencia a resolver cuestiones para las cuales no encontraba respuestas satisfactorias. La filosofía era para él una cuestión vital; experimentaba los dilemas y enigmas filosóficos como cuestiones indeseables que lo mantenían cautivo, y se sentía incapaz de seguir adelante con su vida cotidiana si no los disipaba con soluciones satisfactorias. Relata Bertrand Russell en varias ocasiones el profundo impacto que le produce el temperamento de Wittgenstein, en el que convive la mentalidad de un lógico con el ejercicio apasionado de la filosofía que no le da descanso, al punto de llegar irrumpir en su cuarto y despertarlo en mitad de la noche para discutir problemas que literalmente le quitaban el sueño^. Wittgenstein es, por ello, para Russell, la personificación del modelo del filósofo, “quizás el más perfecto ejemplo de un genio tal como se lo concibe tradicionalmente: apasionado, profundo, intenso y dominante”, dice Russell3.

Resulta evidente que Wittgenstein no podía sentirse cómodo con el ejercicio de la filosofía al modo tradicional, con sus ansias de generalidad y la búsqueda de principios universales, con el dogmatismo en el que tan fácilmente caemos al filosofar. La filosofía no puede ser para él un mero ejercicio teórico sino una cuestión vital que abraza con pasión Se alejó, por ello, de los grandes sistemas teóricos, de las explicaciones y definiciones, para postular la filosofía como una práctica compleja en la cual es necesario ejercitarse.

Se desprenderá de este sentimiento una nueva propuesta, un nuevo modo de hacer filosofía, que en lugar de elaborar teorías, apuesta a la resolución de problemas. La filosofía se le presenta, así, como una terapia que permite calmar la angustia que le produce enfrentarse a cuestiones irresolubles. No pretende, entonces, proponer una nueva teoría sino

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3 Monk, Ray, El deber de un genio, Editorial Anagrama, Barcelona, 1994, pág. 58.

ejercitar una tarea de elucidación y clarificación, que le permita disolver los problemas que lo mantienen cautivo. Desde este punto de vista la filosofía no puede ser entendida como una ciencia o un sistema de conocimiento, ni su función la de construir esquemas generales del pensamiento. Lejos de la concepción tradicional, no entiende a la filosofía como una teoría, o un conjunto de tesis y postulados que podemos estudiar, comprender y repetir, sino como la tarea de esclarecer nuestro pensamiento. Se trata de una práctica, cuya destreza no puede adquirirse simplemente oyendo conferencias o leyendo textos: es necesario ejercitarse, por eso discusión es esencial. 4 Renunciando a la idea de proponer un sistema, Wittgenstein nos convoca a pensar por otros mismos. Por ello en alguna ocasión afirma que un tratado filosófico podría constar exclusivamente de preguntas, sin respuestas. Creo que es en este sentido donde más profundamente advertimos la relevancia de su insistente afirmación de que la filosofía no es una teoría sino una práctic a.

“Sólo quiero mostrarles que hay otras formas posibles de pensar” les dice Wittgenstein a sus alumnos en clase con aparente modestia 5 ; tras la lectura de sus obras, sin embargo, la filosofía se nos aparece como una posibilidad de transformación radical, que requiere mucho más que la comprensión de sus textos, para poner en cuestión nuestra vida misma. La tarea de la filosofía se nos aparece así desde una dimensión inminentemente ética, que no se orienta hacia la adquisición de conocimientos sino hacia una transformación integral de nuestra persona. Significativamente, en un aforismo de 1931 sostiene que la filosofía consiste, fundamentalmente, en trabajar sobre uno mismo. En la comprensión de uno mismo. En la

4 Tal vez lo que Wittgenstein más amaba era la discusión de ideas. Tenemos innumerables obras que reproducen las interminables conversaciones y discusiones con sus amigos. Incluso sus clases nunca estaban organizadas en base a la discusión de un texto sino a la exposición y discusión de ideas.

5 Wittgenstein, Ludwig, Lecciones y conversaciones sobre estética, psicología y creencia religiosa , Barcelona, Paidós, 1992

importante de las cuestiones. El proyecto de su primera obra, el Tractatus Logico- Philosophicus^10 , sin embargo, excluye explícitamente a la ética de los límites del lenguaje significativo. Veamos entonces algunas consideraciones que nos permitan entender cuál es el lugar que ocupa para él.

III- La ética, más allá de los límites del lenguaje

Influenciado por William James, Tolstoi y Schopenhauer, Wittgenstein muestra una profunda vocación hacia la reflexión sobre la ética. Hertz, Boltzman, Frege y Russell alimentan, en cambio, su tendencia lógico-científica. El escepticismo de Mauthner lo alerta sobre las limitaciones del lenguaje. El Tractatus es el producto de la tensión entre estos polos, por eso encierra dos obras en una: es a la vez, un libro de lógica y un libro de ética, y permite a la vez ambas lecturas.

En el prólogo del Tractatus Wittgenstein resume el núcleo central de su obra: clarificar el lenguaje y fijar un límite para el significado. Claridad o silencio es la disyuntiva que nos propone el Tractatus. En este camino, el absoluto queda restringido al espacio de lo indecible. Ocurre que en su propuesta lo que hace que el lenguaje sea significativo es la posibilidad de poner en correlación su estructura con la estructura del mundo. Las proposiciones son, para él, figuras del mundo. La función del lenguaje es describir el mundo, referirse a los hechos, al modo en que suceden las cosas. Las proposiciones de la ética, la estética y la metafísica transgreden los límites del significado, ya que pretenden trascender los hechos del mundo para hacer afirmaciones sobre valores, y éstos no pertenecen al mundo. Afirma Wittgenstein en el Tractatus : “El sentido del mundo debe quedar fuera del mundo. En el mundo todo es como es y sucede como sucede: en él

10 El Tractatus Logico- Philosophicus, su única obra publicada en vida, introduce un cambio radical en el modo de concebir el lenguaje que produce una profunda revolución en el pensamiento contemporáneo, ya que a partir del impacto de sus ideas se concreta un viraje que transformará la filosofía. En sus escasas ochenta páginas se tratan temas de lógica, teoría del conocimiento, principios de la física, ética y mística, todos ellos pensados desde una nueva óptica: el análisis del lenguaje.

no hay ningún valor, y aunque lo hubiese no tendría ningún valor” ( TLP 6.41) y también: “Es claro que la Ética no se puede expresar. La Ética es trascendental.”^11 ( TLP, 6.421) Esta idea se aclara en gran medida si la relacionamos con lo que dice en la Conferencia sobre ética”. Wittgenstein afirma allí que se utiliza un lenguaje descriptivo cuando hablamos de lo bueno en un sentido relativo: “Este vino es bueno”, por ejemplo, “ésta es la carretera correcta”, o “este hombre es un buen corredor”. En estos casos estamos hablando de objetos que satisfacen ciertos criterios, lo que permite que los evaluemos como apropiados. Pero estas expresiones carecen de sentido cuando pretendemos hacer afirmaciones acerca de valores absolutos, en la medida en que intentamos afirmar que el vino, un camino o el niño se encuentran en relación con un bien absoluto. Para Wittgenstein reside en ello el error de la a ética, que al igual que la estética y la metafísica, pretenden ir más allá de los hechos del mundo para hacer afirmaciones sobre valores absolutos. Abandonamos, allí, el terreno de las descripciones: el Bien, lo Bello, claramente no se encuentran en el mundo objetivo, por lo tanto no podemos hablar de ellos como hablamos de otros objetos del mundo.

Bien, Belleza y Verdad, como ya lo afirmaron los escolásticos, son trascendentales, es decir, se encuentran fuera del mundo de los hechos. La novedad que introduce Wittgenstein consiste en asumir que se encuentran fuera de nuestro alcance: no podemos acceder a ellos, no podemos hablar de ellos con sentido. El absoluto se revela inaccesible al lenguaje. Si pudiéramos conocerlos y expresarlos, resultaría fácil ponernos de acuerdo. El bien absoluto , –dice si es un estado de cosas descriptible, sería aquel que todo el mundo, independientemente de sus gustos e inclinaciones, realizaría necesariamente.”^12 Para Wittgenstein el bien absoluto , el que todo el mundo necesariamente tendría que producir, el que todo el mundo reconocería como una necesidad lógica , es una quimera. Ningún enunciado de hecho puede implicar un valor absoluto.

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11 Aunque Wittgenstein no lo explicita, creo que en este planteo le cabe a la ética y a la lógica la caracterización de trascendental en sus dos sentidos: en el uso clásico, como aquello que se encuentra más allá del mundo, y en el uso kantiano, como condición de posibilidad. Tanto la ética como la lógica están más allá del mundo fáctico, y ambas constituyen condición de posibilidad. 12 Wittgenstein, Ludwig, “Conferencia de ética”, en Ocasiones filosóficas , Madrid, Editorial Cátedra, 1997.

los cuales constituye objeto del mundo fáctico. 14 Esto nos permite dar cuenta de una constante en la vida de los hombres: nuestra natural tendencia de trascender los límites del lenguaje y del mundo para hablar de algo que se encuentra más allá del mundo de los hechos; inevitablemente pretendemos hablar de lo que no se puede hablar; por ello la ética –al igual que la lógica– es para Wittgenstein trascendental.

Creo que podemos coincidir con Wittgenstein en que en el mundo de los hechos no hay valores: el mundo en sí mismo es éticamente neutro; es el sujeto quien introduce las valoraciones, las preferencias, las jerarquías. Lo valioso, lo que realmente importa, el significado de la vida o de aquello que hace que la vida merezca vivirse no se encuentra en el mundo externo, en el mundo de los hechos, en el mundo que puede ser descripto; ciertamente pertenecen a un ámbito diferente. Es el hombre quien introduce esta dimensión, que trasciende la mera descripción de los hechos para añadir en el mundo algo que no estaba en él. Como señala Tomasini Bassols, los valores hacen su aparición expresando la posición del sujeto frente al mundo.^15

Esto da cuenta de la incesante aspiración del ser humano a trascender el mundo de lo puramente material, de construir un mundo nuevo de sentidos, para ajustarlo a nuestra medida, para hacerlo habitable, para crear un mundo al lado del mundo. Como dice Cristina Bulacio, “Desear desde lo más íntimo poner en palabras esa extraña conjunción de lo relativo y lo absoluto, lo finito con lo infinito, el tiempo y la eternidad, es contradictorio, inconsistente; la lógica lo ha prohibido, pero el hombre lo hace con insistencia, sin claudicaciones ni agotamientos”^16. La ética es, por esto, para Wittgenstein, el testimonio de una tendencia propia del espíritu humano. El mundo ético, podemos decir ahora, es el mundo propiamente humano.

A diferencia del mundo de los hechos, el mundo ético es un mundo personal: es el espacio propio del hombre; en él se juega el sentido de la vida y la felicidad humana. En tanto el mundo de los hechos es independiente de mi voluntad, el mundo ético depende de

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14 Rojo, Roberto, Laberintos wittgensteinianos , San Miguel de Tucumán, EDUNT, 2011. 15 Alejandro Tomasini Bassols, Explicando el Tractatus, Bs. As., Editorial Gramma, 2011, pág.

16 Cristina Bulacio, “Poética y sentido. Borges y Wittgenstein”, en Theoria, revista del Departamento de Filosofía, N° especial en homenaje a Wittgenstein , Tucumán, Facultad de Filosofía y Letras, 2006, pág.24.

ella. Es un mundo dinámico, cuyos límites dependen de la voluntad: ésta es capaz de cambiar la configuración de mi mundo, en tanto depende de ella el sentido de mi vida 17. Los valores éticos y estéticos no alteran el mundo de los hechos, pero sí mi vida, su configuración; y, con ello, los límites de mi mundo.

Estas consideraciones permiten explicar, en gran medida, la sorprendente afirmación de Wittgenstein según la cual el Tractatus es un libro de ética, lo cual no resulta en modo alguno evidente, ya que su enfoque es preeminente lógico. Sin embargo, una vez que atravesamos la máscara de impersonalidad con que trata de cubrir su rostro en el Tractatus , nos encontramos, por detrás del implacable lógico, con un fino analista capaz de descubrir las sutilezas y complejidades del fenómeno humano, interesado por las cuestiones más personales de nuestra existencia.

V – La ética como investigación acerca del significado de la vida.

Wittgenstein ha relegado al absoluto al espacio de lo indecible, pero a la vez siente que la ética es lo más importante para la vida del hombre. Si está vedado hablar del absoluto, nos queda pensar la ética desde el punto de vista de la experiencia humana; la ética se nos aparece así bajo una luz completamente diferente.

Fuertemente marcado por el pensamiento estoico e influenciado por León Tolstói – Los evangelios – y William James – Las variedades de la experiencia religiosa –; marcado por la experiencia de la cercanía de la muerte en el frente de batalla, la ética no es para Wittgenstein un conjunto de reglas para la acción ni una teoría sobre los valores; se trata de un sentimiento, una experiencia personal, una cuestión existencial, no una doctrina, una costumbre sin vida, ni mucho menos una institución normativa.

Como vimos, la ética no puede ser una ciencia, porque no trabaja con objetos empíricos. Wittgenstein la considera ajena a toda especulación cognoscitiva y reacia a todo tratamiento científico, ideológico o dogmático. Sus conceptos no tienen validez científica, ya que no dicen nada sobre el mundo objetivo. Sin embargo resultan significativos –y más aún, imprescindibles– para la vida humana. La ciencia no puede proporcionarnos

17 Para Wittgenstein ética y estética se encuentran intrínsecamente relacionadas, al punto de llegar a afirmar que son lo mismo. “Ética y estética son lo mismo”, dice, TLP, 6.421.Aunque esto suene extraño, ambas se vinculan con la subjetividad humana, con el sentido de la vida, con la felicidad.

La ética consiste, para él, justamente en la indagación de lo que hace que la vida merezca vivirse. Se trata por lo tanto de una respuesta que sólo podemos encontrar en el interior de nosotros mismos: la acción ética es el resultado de seguir nuestro mandato interior_._^ Se encuentra por ello muy próxima de la felicidad en la concepción wittgensteiniana, tan cerca que parecen ser dos caras de la misma moneda: un acto bueno genera felicidad. Ética y felicidad se identifican en la medida en que el camino que conduce a ambas es el mismo: ser fieles a nosotros mismos.

Dice Wittgenstein: “El primer pensamiento que surge cuando se propone una ley ética de la forma “tú debes” es: ¿y qué ocurre si no lo hago? Pero es claro que la ética no se refiere al castigo o premio en el sentido común de los términos… Sí que debe haber una especie de premio y de castigo ético, pero deben encontrarse en la acción misma” ( TLP, 6.422.) La acción ética es el resultado de seguir nuestro mandato interior, es la que hará al hombre feliz, es la que hace que la vida merezca ser vivida. El castigo o el premio de nuestras acciones es el sentimiento de vivir o no de acuerdo a nuestras propias reglas; por eso, para Wittgenstein el hombre feliz vive en un mundo diferente al del hombre infeliz. En este punto Wittgenstein parece otorgarle mucha importancia a la subjetividad; en ocasiones relaciona la ética con “el sentimiento de sentirse absolutamente seguro”. Desandando el largo camino de búsqueda de objetividad que caracterizó a la filosofía de occidente, Wittgenstein rescata la esfera de la subjetividad, para dar cuenta de los sentimientos íntimos e intransferibles. También este ámbito nos revela inaccesible al lenguaje, reticente a ser puesto en palabras. En este territorio de la inviolable individualidad es dónde se decide lo más importante de nuestras vidas: somos o no felices. Nos enfrentamos allí con nuestro premio o nuestro castigo. Filosofía y vida se nos aparecen así anudadas de la manera más radical posible. En tanto numerosos filósofos han buscado diversas teorías sobre la felicidad y la ética, Wittgenstein cree que sólo la encontraremos cada uno dentro de nosotros mismos. Por eso no da recetas ni admite mandatos externos; la fuerza de un imperativo moral, al igual que la respuesta a la pregunta por el sentido de la vida sólo puede provenir de una decisión personal. Por eso la ética, así como la felicidad, sólo puede ser pensada en primera

persona. Entendida de este modo, la ética orienta nuestra reflexión no hacia una ley general sino hacia nosotros mismos, hacia la primera persona del singular.

VI- La ética: una filosofía en primera persona. En toda ética subyace explícita o implícitamente un posicionamiento particular con respecto al modo de concebir al hombre. En términos generales, podemos señalar dos grandes líneas: una pesimista, de corte hobbessiano, que considera al hombre cargado de atributos negativos por naturaleza. Considera, por lo tanto, que necesitan ser entrenados bajo rígidas normas morales para controlar sus impulsos. La otra, a la que llamaremos optimista, cercana a la concepción socrática, confía en que el hombre es capaz de darse a sí mismo normas morales, de encontrar por sí mismo el camino. La primera desemboca necesariamente en la imposición de normas desde afuera, la segunda confía en que cada uno las encontrará dentro de sí mismo, por lo cual apuesta con fuerza a la libertad interior. Wittgenstein, sin dudas, elige la segunda opción, abonando una concepción positiva del ser humano que lo hace renegar de la necesidad de leyes y mandatos universales para confiar en que cada uno encontrará la dirección ética solo con escuchar su mandato interior. Como hemos venido argumentando hasta aquí, la perspectiva de Wittgenstein apunta hacia una filosofía en primera persona; esto resulta bastante evidente en el Tractatus, en el que el énfasis está puesto en el sujeto, y no hay consideraciones de índole social o histórico. Desde su punto de vista, la integridad personal es previa cualquier cuestión social y política. En la Conferencia sobre ética” vemos reforzada esta dirección: Wittgenstein toma distancia allí la propuesta de Moore, para quien la ética es la investigación general acerca de lo que es bueno. “En lugar de decir que la ética es la investigación sobre lo bueno, podría haber dicho que la ética es la investigación sobre lo valioso, o lo que realmente importa. O podría haber dicho que la ética es la investigación acerca del significado de la vida, o de aquello que hace que la vida merezca la pena ser vivida”^19 , dice. Esto nos permite advertir que su concepción de la ética se desarrollará en base al contraste con la idea de "investigación general" que propone Moore, para orientarse, en cambio, hacia la pregunta por el significado de la vida.

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19 Wittgenstein, Ludwig, “Conferencia de ética”, en Ocasiones filosóficas , Madrid, Editorial Cátedra, 1997.

convicción personal. El acto moral, en donde se despliega la mayor libertad, consiste en actuar de modo acorde a las propias convicciones. Wittgenstein piensa al hombre en su soledad, librado a su propio destino: apuesta a la potencia de lo individual, a un hombre capaz de darse sus propias reglas, al cual, lejos de mandatos externos, ni mucho menos sobrenaturales, le cabe el deber de construir su propia moral, su propio sentido de la vida, su propio destino. Se enfrenta a una búsqueda casi desesperada del sentido de la vida, signada por la convicción de que éste debe encontrarse en el interior de cada uno, no en recetas o prescripciones, no en mandamientos o normas impuestas desde fuera. Lejos de convencionalismos sociales, Wittgenstein nos llama a ensayar nuestro propio camino. A pesar de la distancia que los separa, la propuesta de Wittgenstein se aproxima en este punto a la socrática. También para el griego la ética es algo personal, lo que lo lleva a buscar las normas en su interior. En el pensamiento de Wittgenstein la máxima socrática "conócete a ti mismo" parece poder ser reemplazada por "mejórate a ti mismo", que es algo que él frecuentemente les decía a sus amigos, y en lo que se afanaba diariamente. Consecuente en la práctica con esta concepción, Wttgenstein nunca se interesó por la tradición y la historia de la filosofía; su proyecto se centró siempre en pensar por sí mismo. Significativamente afirma en las “Notas de las conversaciones con Wittgenstein” recogidas por Waismann: “Al final de mi conferencia de sobre ética hablé en primera persona. Creo que esto es completamente esencial. Aquí ya no se puede establecer nada más, sólo puedo aparecer como personalidad y hablar en primera persona” dice 22. Este hablar en primera persona revela todo un posicionamiento y nos induce a descubrir algunos matices que quedaron inadvertidos en los sistemas filosóficos tradicionales, ocupados en la búsqueda de pautas generales y fundamentos universales.

Extrañamente, después de la “Conferencia sobre ética” Wittgenstein no vuelve a tratar estos temas en su obra escrita: sólo hallamos referencias a estos en la recopilación de notas de sus alumnos publicadas bajo el nombre de Lecciones y conversaciones sobre

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22 Ludwig Wittgenstein, “Conferencia sobre ética”, edición electrónica de la Universidad Arsis con “Notas de las conversaciones con Wittgenstein” de Frederich Waismann y y “A cerca de la concepción wittgensteiniana de la ética” de Rush Rhees. http:// www.philosophia.cl/biblioteca/Wittgenstein/conferencia.pdf

estética, psicología y creencia religiosa. Su segunda filosofía propondrá una perspectiva diferente orientada hacia niveles prácticos en la que se transformará la idea de límite y el modo de concebir el lenguaje, el mundo y las relaciones entre ambas. Su retorno a la filosofía estará marcado por la ruptura del muro de silencio que construyó en el Tractatus , lo que le permitirá expandir el dominio del lenguaje significativo para abarcar todas las áreas del quehacer humano y dar cuenta de nuestro modo de estar en el mundo. Se amplía con ello el marco de análisis para incorporar la vida en sociedad y cobra mayor importancia la praxis. Pero el pensamiento de Wittgenstein siempre es un pensamiento en 1° persona; si en el Tractatus se centra en la 1° persona del singular, su obra posterior se extiende a la 1° persona del plural: se transforma en nosotros, incluye la comunidad, pretende una descripción de nuestra forma de vida. Pero esto es objeto de otro trabajo.

Bibliografía:

- Bulacio,^ Cristina,^ “Poética^ y^ sentido.^ Borges^ y^ Wittgenstein”,^ en^ Theoria,^ revista^ del departamento de Filosofía, N° especial en homenaje a Wittgenstein , Tucumán, Facultad de Filosofía y Letras, 2006.

  • Hadot, Pierre, Wittgenstein y los límites del lenguaje , Madrid, Pre-Textos, 2007.
  • Mc Guinness, Brian, El joven Ludwig (1889-1921) , Madrid, Alianza, 1921_._ - Monk, Ray, El deber de un genio, Barcelona, Anagrama, 1994.
  • Margutti Pinto, Paulo Roberto, “El Tractatus de Wittgenstein como obra de iniciación al silencio”, en Del espejo a las herramientas. Ensayos sobre el pensamiento de Wittgenstein, Alfonso Florez, Magdalena Holguín (compiladores), Colombia, Universidad Nacional de Colombia, 2003.
  • Rojo, Roberto, Laberintos wittgensteinianos, Círculo de Estudios Wittgensteinianos (comp.), San Miguel de Tucumán, EDUNT, 2011.
  • Shields, Philip, Logic and sin in the writings of Ludwig Wittgenstein, Chicago, The University of Chicago Press, 1992.