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Qué les enseñan los ricos a sus hijos acerca
del dinero, ¡que las clases media y pobre no!
Robert T. Kiyosaki con Sharon L. Lechter C.P.A.
Qué les enseñan los ricos a sus hijos acerca
del dinero, ¡que las clases media y pobre no!
Título original: Rich Dad: Poor Dad. What the Rich Teach their Kids About Money – That the Poor And Middle Class Do Not! Publicado originalmente por TechPress, Inc. P.O. Box 5870, Scottsdale, Arizona 85261 USA Traducción: Fernando Álvarez del Castillo Copyright ~ 1997, 1998, Robert T. Kiyosaki y Sharon L. Lechter De esta edición: D. R. Santillana Ediciones Generales S.A. de C.V., 2004. Av. Universidad 767, Col. del Valle México, 03100, D.F. Teléfono (55) 54207530 www.aguilar .com.mx Distribuidora y Editora Aguilar, Altea, Taurus, Alfaguara, S. A. Calle 80 Núm. 10-23, Santa fe de Bogotá, Colombia. Santillana Ediciones Generales S.L. Torrelaguna 60-28043, Madrid, España. Santillana S. A. Av. San Felipe 731, Lima, Perú. Editorial Santillana S. A. Av. Rómulo Gallegos, Edif. Zulia ler. piso Boleita Nte., 1071, Caracas, Venezuela. Editorial Santillana Inc. , P.O. Box 19-5462 Hato Rey, 00919, San Juan, Puerto Rico. Santillana Publishing Company Inc. 2043 N. W. 87th Avenue, 33172. Miami, Fl., E. U. A. Ediciones Santillana S. A. (ROU) Constitución 1889, 11800, Montevideo, Uruguay. Aguilar, Altea, Taurus, Alfaguara, S. A. Beazley 3860, 1437, Buenos Aires, Argentina. Aguilar Chilena de Ediciones Ltda. Dr. Aníbal Ariztía 1444, Providencia, Santiago de Chile. Santillana de Costa Rica, S. A. La Uruca, 100 mts. Oeste de Migración y Extranjería, San José, Costa Rica. Primera edición: marzo de 2004 Segunda reimpresión: julio de 2004 ISBN: 968-19-1440-6 D. R. Diseño de cubierta: Insync Graphic Studio, Inc. Adaptación de cubierta: Antonio Ruano Gómez Diseño de interiores: BroCas Consultores (www.brocas.com) Impreso en México.
ni registrada en o transmitida por un sistema de recuperación de información, en ninguna forma ni^ Todos los derechos reservados. Esta publicación no puede ser reproducida, ni en todo ni en parte, por ningún medio, sea mecánico, fotoquímico, electrónico, magnético, electroóptico, por fotocopia o cualquier otro, sin el permiso previo, por escrito, de la editorial.
Agradecimientos
¿Cómo puede alguien decir "gracias" cuando hay tantas personas a quienes agradecer? Obviamente este libro es una forma de agradecer a mis dos padres, que fueron modelos de conducta poderosos, y a mi madre, que me enseñó el amor y la amabilidad. Sin embargo, las personas más directamente responsables de que este libro se haya vuelto realidad incluyen a mi esposa Kim, quien hace que mi vida sea completa. Kim es mi socia en el matrimonio, los negocios y la vida. Sin ella yo estaría perdido. A los padres de Kim, Winnie y Bill Meyer, por criar a una hija tan maravillosa. Agradezco a Sharon Lechter por haber recolectado las piezas dispersas de este libro en mi computadora y haberlas ensamblado. Al esposo de Sharon, Mike, por ser un gran abogado especializado en propiedad intelectual, y a sus hijos Phillip, Shelly y Rick por su participación y cooperación. Agradezco a Keith Cunningham por su conocimiento financiero y su inspiración; a Larry y Lisa Clark por el obsequio de su amistad y aliento; a Rolf Parta por su genio técnico; a Anne Nevin, Bobbi DePorter y Joe Chapon por sus aportaciones sobre el aprendizaje; a DC y John Harrison, Jannie Tay, Sandy Khoo, Richard y Verónica Tan, Peter Johnston y Suzi Dafnis, Jacqueline Seow, Nyhl Henson, Michael y Monette Hamlin, Edwin y Camilla Khoo, K.C. See y Jessica See, por su apoyo profesional; a Kevin y Sara de InSync por sus brillantes gráficas; a John y Shari Burley, Bill y Cindy Shopoff, Van Tharp, Diane Kennedy, C. W. Allen, Marilu Deignan, Kim Ames y Tom Weisenborn por su inteligencia financiera. A Sam Georges, Anthony Robbins, Enid Vien, Lawrence y Jayne Taylor West, Alan Wright y Zig Ziglar, por su claridad mental; a J.W. Wilson, Marty Weber, Randy Craft, Don Mueller, Brad Walker, Blair y Eileen Singer, Wayne y
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preparatoria. Hemos gastado una fortuna para asegurarnos de que nuestros hijos reciban la mejor educación que sea posible. Un día de 1996, uno de mis hijos regresó a casa desilusionado de la escuela. Estaba aburrido y cansado de estudiar. -¿Por qué debo dedicar tiempo a estudiar temas que nunca utilizaré en la vida real? -protestó. Sin pensar, le respondí: -Porque si no obtienes buenas calificaciones, no podrás ingresar a la universidad. -Sin importar si voy o no a la universidad -respondió- voy a ser rico. -Si no te gradúas en la universidad, no obtendrás un buen empleo -le respondí con un timbre de pánico y preocupación maternal-, y si no tienes un buen empleo, ¿cómo planeas volverte rico? Mi hijo sonrió y meneó lentamente la cabeza en señal de tedio. Habíamos tenido esa conversación muchas veces antes. Inclinó la cabeza y puso los ojos en blanco. Mis palabras de sabiduría maternal estaban cayendo en oídos sordos una vez más. Él que es un joven inteligente y decidido, siempre ha sido amable y respetuoso. -Mamá- comenzó. Era mi turno de recibir una lección-. ¡Ponte al día! Mira a tu alrededor; las personas más ricas no se volvieron ricas debido a su educación. Mira a Michael Jordan y a Madonna. Incluso Bill Gates, que abandonó Harvard, fundó Microsoft; ahora es el hombre más rico de Estados Unidos y todavía no cumple 40 años. Hay un lanzador de béisbol que gana más de cuatro millones de dólares al año, a pesar de que ha sido clasificado como "débil mental". Se produjo un largo silencio entre nosotros. Me di cuenta de que le estaba dando a mi hijo el mismo consejo que mis padres me habían dado. El mundo que nos rodea ha cambiado, pero el consejo no. Recibir una buena educación y obtener buenas calificaciones ya no constituye una garantía para el éxito, y nadie parece haberse dado cuenta de ello, excepto nuestros hijos. -Mamá- continuó-. No quiero trabajar tan duro como lo hacen tú y mi papá. Ustedes ganan mucho dinero, y vivimos en una casa enorme con muchos juguetes. Si sigo
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tu consejo, terminaré como tú, trabajando cada vez más duro tan sólo para pagar más impuestos y tener más deudas. Hoy en día no existe ya seguridad en el trabajo; he escuchado todo acerca de reducciones de personal y reajustes corporativos. También sé que actualmente los graduados de las universidades ganan menos de lo que ganabas tú cuando te graduaste. Mira a los médicos. No ganan tanto dinero como solían ganar antes. Yo sé que no puedo depender de la seguridad social o de las pensiones de retiro de las compañías. Necesito nuevas respuestas. Él tenía razón. Necesitaba nuevas respuestas, y yo también. El consejo de mis padres pudo haber funcionado para las personas nacidas antes de 1945, pero puede ser desastroso para aquellos de nosotros que nacimos en un mundo que cambia velozmente. Ya no puedo simplemente decirles a mis hijos: "Vayan a la escuela, obtengan buenas calificaciones y busquen un trabajo seguro." Me di cuenta de que debía buscar nuevas formas de guiar la educación de mis hijos. Como madre y como contadora me preocupa la falta de educación financiera en las escuelas de nuestros hijos. La mayoría de los jóvenes actuales tienen tarjetas de crédito antes de terminar la preparatoria, pero nunca han recibido un curso sobre el dinero y la manera de invertirlo, ya no digamos que puedan comprender cómo funciona el interés compuesto en las tarjetas de crédito. Para decirlo de manera sencilla, sin conocimientos sobre finanzas y la manera en que funciona el dinero, no están preparados para encarar el mundo que les espera, un mundo en que el gasto es privilegiado en demérito del ahorro. Cuando mi hijo más grande se endeudó mucho con sus tarjetas de crédito al comenzar sus estudios universitarios, no sólo le ayudé a destruir sus tarjetas de crédito, sino que también busqué un programa que me ayudara a educar a mis hijos en cuestiones financieras. Un día, el año pasado, mi esposo me llamó desde su oficina. "Tengo a alguien a quien debes conocer" -me dijo-. "Su nombre es Robert Kiyosaki. Es un hombre de negocios y un inversionista, y está aquí para solicitar una patente relacionada con un producto educativo. Creo que es lo que tú has estado buscando."
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televisión, salir de vacaciones y tener niños. Llega el "paquete" feliz. Las necesidades de dinero son enormes. La feliz pareja decide que sus carreras son de importancia vital y comienzan a trabajar más duro, en busca de ascensos y aumentos de sueldo. Los aumentos vienen, así como otro hijo y la necesidad de tener una casa más grande. Trabajan más duro, se convierten en mejores empleados, aún más dedicados. Vuelven a la universidad para obtener habilidades más especializadas con el fin de ganar más dinero. Es posible que obtengan un segundo empleo. Sus ingresos se incrementan, pero también la categoría fiscal en que se encuentran, así como el impuesto sobre su gran casa nueva, sus aportaciones al Seguro Social, y todos los demás impuestos. Reciben un cheque jugoso pero se preguntan a dónde va a parar el dinero. Adquieren participaciones en fondos mutualistas y compran sus artículos de primera necesidad con su tarjeta de crédito. Sus hijos cumplen 5 ó 6 años de edad y se incrementa la necesidad de ahorrar para su educación universitaria, así como de ahorrar para su retiro. "Esa feliz pareja, nacida hace 35 años, está atrapada ahora en la 'carrera de la rata' para el resto de su vida laboral. Trabajan para los dueños de su compañía, para el gobierno al pagar sus impuestos, y para los bancos al pagar su hipoteca y sus tarjetas de crédito. "Entonces aconsejan a sus propios hijos que 'deben estudiar duro, obtener buenas calificaciones y encontrar un empleo o carrera seguros'. No aprenden nada acerca del dinero, excepto de aquellos que se aprovechan de su candidez, y trabajan arduamente durante toda su vida. El proceso se repite con la siguiente generación de trabajadores. Ésa es la 'carrera de la rata'." La única manera de salir de la "carrera de la rata" consiste en demostrar tu capacidad tanto en contabilidad como en inversión, posiblemente dos de las materias más difíciles de dominar. En mi carácter de contadora pública que alguna vez trabajó para uno de los ocho despachos de contadores más importantes, yo estaba asombrada ante el hecho de que Robert había logrado que el aprendizaje de estas dos materias fuera divertido y emocionante. El proceso estaba tan bien disfrazado que mientras trabajábamos de manera
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diligente para salir de la "carrera de las ratas", olvidamos pronto que estábamos aprendiendo. De pronto la prueba de un producto educativo se convirtió en una tarde de diversión con mi hija, en la que hablamos de cosas que no habíamos discutido anteriormente. Como contadora me fue fácil practicar un juego que requiere una Declaración de Ingresos y una Hoja de Balance, de manera que tuve tiempo para ayudar a mi hija y a otros jugadores de mi mesa con los conceptos que no comprendían. Fui la primera persona -y la única en todo el grupo de prueba- en salir de la "carrera de la rata" ese día. Salí de allí en 50 minutos, a pesar de que el juego se prolongó por casi tres horas. En mi mesa estaban sentados un banquero, el propietario de un negocio y un programador de computadoras. Lo que me perturbó más fue lo poco que esas personas sabían tanto de contabilidad como de inversión, materias, sin duda, tan importantes en sus vidas. Me pregunté cómo manejaban sus asuntos financieros en la vida real. Yo podía entender por qué mi hija de 19 años no comprendía esos temas, pero ellos eran adultos de por lo menos el doble de su edad. Después de que salí de la "carrera de la rata", me dediqué a observar durante las siguientes dos horas la manera en que mi hija y esos adultos educados y pudientes tiraban los dados y movían sus fichas. Aunque estaba contenta de que ellos estaban aprendiendo tanto, me perturbaba lo poco que los adultos saben sobre los fundamentos de la contabilidad simple y de la inversión. Tenían dificultades para comprender la relación entre su Declaración de Ingresos y su Hoja de Balance. Conforme vendían y compraban sus activos, tenían problemas para recordar que cada transacción podía tener efectos en su flujo de efectivo mensual Me pregunté: ¿cuántos millones de personas andan por ahí en el mundo real experimentando problemas financieros, sólo porque nadie les ha enseñado sobre estos temas? "Gracias a Dios que estas personas se están divirtiendo y están distraídas por el deseo de ganar el juego", me dije. Una vez que Robert dio por terminada la competencia, nos dio 15 minutos para comentar y criticar el juego de Cashflow entre nosotros.