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paleo, Apuntes de Arqueología

Asignatura: Arqueologia, Profesor: alcolea alcolea, Carrera: Historia, Universidad: UAH

Tipo: Apuntes

2013/2014

Subido el 22/06/2014

rodrigoes3ban
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ÁREA DE PREHISTORIA
DEPARTAMENTO DE HISTORIA I Y
FILOSOFÍA
El Paleolítico Medio europeo.
El término Paleolítico Medio ha tomado hoy en día una concepción esencialmente tecnológica a
través de la cual se comienza a considerar como un periodo complejo, iniciado a finales del Pleistoceno Medio (200.000 B.P.)
por toda una serie de industrias (complejos epiachelenses, Achelense superior final, industrias de tipo Biache-Saint Vaast,
etc.) clásicamente concebidas como propias del Paleolítico Inferior, y culminado en el Pleistoceno Superior por el complejo
Musteriense, definido en su día como un complejo industrial circunscrito al continente europeo, y hoy en día expandido al
Próximo Oriente y Asia anterior. Este último correspondería a las industrias del Paleolítico Medio desarrolladas durante el
Pleistoceno Superior, básicamente durante el Würm inicial (Würm I a II/III- 125.000/95.000-35.000/30.000 B.P.).
La base de la cronología del Musteriense ha sido de orden relativo, al menos hasta la aplicación de
la termoluminiscencia en Francia y Próximo Oriente. Esta característica se debe a encontrarse el periodo fuera de los límites
de resolución del C14 tradicional (35.000 B.P.), aunque hoy en día el método de acelerador permite la obtención de fechas
fiables en torno al 60.000-50.000 B.P., y ser demasiado”joven” para la aplicación de otros medios de datación físico-químicos,
aunque conocemos fechas de Uranio-Torio para algunos conjuntos antiguos en torno al 95.000 B.P. En general, lo que hoy
conocemos se basa en la combinación de estudios paleoclimáticos y sedimentológicos llevados a cabo en el sur de Francia y
norte de España.
Fig. 80. Evolución paleoclimática en Europa Occidental duran te el
Pleistoceno Superior.
Este escenario, caracterizado esencialmente por la gran variabilidad climática y el predominio de las
fases frías (denominadas estadiales en nomenclatura glaciar), será el utilizado por la última especie humana fósil, Homo
neanderthalensis, aparecida en los confines del Pleistoceno Medio, y que dará sus últimos pasos alrededor del 30.000 BP, después de
una corta convivencia con nuestra especie, Homo sapiens.
La secuencia paleoclimática m ás aceptada, y referida
fundamentalmente para el SO de Francia, se debe a los estudios
de H. Laville en el Perigord, de base fundamentalmente
sedimentológica. Esta, completada con las fechas y los datos de
la secuencia isotópica, sería:
Würm 1a (Estadio Isotópico 5 d y 5c-125.000/95.000).
Templado y húmedo. Fase de relleno de cavernas. Fauna
dominante con ciervos (Cervus e laphus), corzo (Capreolus
capreolus) y rebecos (Rupicapra rupicapra).
Würm 1b (Estadio Isotópico 5b y 5a- 95.000/70.000). Frío
intenso. Fenómenos de crioclastia y de deposición eólica.
Aparición del reno (Rangifer tarandus).
Würm I/II (Estadio Isotópico 5a- 70.000). Interestadial de
clima moderado, reflejado en la presencia de suelos de
alteración y fauna semejante a la del Würm Ia.
Würm II. (Estadio Isotópico 4- 70.000/60.000). Pleniglaciar
antiguo. Frío intenso, reflejado por la generalización d e los
fenómenos de crioclastia (caída de bloques, esquirlas de
gelifracción) y el avance de las especies vegetales de estepa y la
fauna del mismo tipo, con reno, disminución del ciervo y
aparición del antílope saiga (Saiga Tartárica).
Würm II/III. (Estadio Isotópico 3 - 60 .000/30.000).
Interpleniglaciar, con clima templado y húmedo, y avance
generalizado del bosque boreal y de faunas más cálidas.
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DEPARTAMENTO DE HISTORIA I Y

FILOSOFÍA

El Paleolítico Medio europeo.

El término Paleolítico Medio ha tomado hoy en día una concepción esencialmente tecnológica a través de la cual se comienza a considerar como un periodo complejo, iniciado a finales del Pleistoceno Medio (200.000 B.P.) por toda una serie de industrias (complejos epiachelenses, Achelense superior final, industrias de tipo Biache-Saint Vaast, etc.) clásicamente concebidas como propias del Paleolítico Inferior, y culminado en el Pleistoceno Superior por el complejo Musteriense, definido en su día como un complejo industrial circunscrito al continente europeo, y hoy en día expandido al Próximo Oriente y Asia anterior. Este último correspondería a las industrias del Paleolítico Medio desarrolladas durante el Pleistoceno Superior, básicamente durante el Würm inicial (Würm I a II/III- 125.000/95.000-35.000/30.000 B.P.).

La base de la cronología del Musteriense ha sido de orden relativo, al menos hasta la aplicación de la termoluminiscencia en Francia y Próximo Oriente. Esta característica se debe a encontrarse el periodo fuera de los límites de resolución del C 14 tradicional (35.000 B.P.), aunque hoy en día el método de acelerador permite la obtención de fechas fiables en torno al 60.000-50.000 B.P., y ser demasiado”joven” para la aplicación de otros medios de datación físico-químicos, aunque conocemos fechas de Uranio-Torio para algunos conjuntos antiguos en torno al 95.000 B.P. En general, lo que hoy conocemos se basa en la combinación de estudios paleoclimáticos y sedimentológicos llevados a cabo en el sur de Francia y norte de España.

Fig. 80. Evolución paleoclimática en Europa Occidental durante el Pleistoceno Superior.

Este escenario, caracterizado esencialmente por la gran variabilidad climática y el predominio de las fases frías (denominadas estadiales en nomenclatura glaciar), será el utilizado por la última especie humana fósil, Homo neanderthalensis, aparecida en los confines del Pleistoceno Medio, y que dará sus últimos pasos alrededor del 30.000 BP, después de una corta convivencia con nuestra especie, Homo sapiens.

La secuencia paleoclimática más aceptada, y referida fundamentalmente para el SO de Francia, se debe a los estudios de H. Laville en el Perigord, de base fundamentalmente sedimentológica. Esta, completada con las fechas y los datos de la secuencia isotópica, sería:

Würm 1a (Estadio Isotópico 5d y 5c-125.000/95.000). Templado y húmedo. Fase de relleno de cavernas. Fauna dominante con ciervos (Cervus elaphus), corzo (Capreolus capreolus) y rebecos (Rupicapra rupicapra).

Würm 1b (Estadio Isotópico 5b y 5a- 95.000/70.000). Frío intenso. Fenómenos de crioclastia y de deposición eólica. Aparición del reno (Rangifer tarandus).

Würm I/II (Estadio Isotópico 5a- 70.000). Interestadial de clima moderado, reflejado en la presencia de suelos de alteración y fauna semejante a la del Würm Ia.

Würm II. (Estadio Isotópico 4- 70.000/60.000). Pleniglaciar antiguo. Frío intenso, reflejado por la generalización de los fenómenos de crioclastia (caída de bloques, esquirlas de gelifracción) y el avance de las especies vegetales de estepa y la fauna del mismo tipo, con reno, disminución del ciervo y aparición del antílope saiga (Saiga Tartárica).

Würm II/III. (Estadio Isotópico 3 - 60.000/30.000). Interpleniglaciar, con clima templado y húmedo, y avance generalizado del bosque boreal y de faunas más cálidas.

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FILOSOFÍA

- Los humanos europeos. El Hombre de Neanderthal.

Como vimos en capítulos anteriores, los homínidos europeos del Pleistoceno Medio se encontraban en vías de especialización a un medio ambiente específico, la Europa glaciar. Este proceso evolutivo local parece culminar en fechas tardías del Pleistoceno Medio, alrededor de 230.000 BP, cuando conocemos los primeros fósiles cuya morfología es claramente neanderthal, concretamente los provenientes del travertino de Ehringsdorf (fig. 72). Durante los últimos momentos del Pleistoceno Medio (Estadio Isotópico 6) se multiplican los hallazgos de ejemplares similares, los cráneos de Biache Saint-Vaast, el de Fontechevade, o los restos de Lazaret y el Abrí Suard, y ya en el Interglaciar Riss/Würm los de Saccopastore. Parece claro que a inicios del Pleistoceno Superior la Humanidad europea (fig. 82) es plenamente neanderthal, pero, ¿qué entendemos por neanderthal?

Fig. 81. Principales localizaciones de restos neanderthales en Eurasia.

La especie Homo neanderthalensis (antes Homo sapiens neanderthalensis) es posiblemente la más conocida y la que más debate ha suscitado a todos los niveles desde el descubrimiento de la antigüedad prehistórica del hombre. Los primeros descubrimientos datan de principios del siglo XIX, en Engis (Bélgica) (1930), seguidos por los de Gibraltar (Forbes Quarry, 1948), aunque pasaron desapercibidos hasta el hallazgo y publicación de los restos en la cueva Feldhofer (fig. 81), en el valle de Neander cerca de Düsseldorf. Los hallazgos se multiplicaron a partir de entonces, concibiéndose la especie como un antepasado remoto de los hombres modernos, incluyendo una serie de reconstrucciones que reforzaban una visión bestial y simiesca de nuestros parientes europeos (fig. 82). Los avances de la investigación propusieron varios estatus para la especie, desde su separación completa del Hombre moderno hasta su caracterización como antepasado directo^12. En todo caso, a partir de mediados del siglo pasado se ha afianzado la idea de que los

(^12) Para ampliar la historia de la investigación consultar preferentemente la obra de C. Stringer y C. Gamble “En busca de los neandertales” Crítica/Arqueología.

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FILOSOFÍA

No obstante otros especialistas replican que son precisamente esas partes del esqueleto (base del cráneo, laringe, cartílago hioides) las peor conocidas en los neanderthales, y que las reconstrucciones efectuadas adolecen de grandes errores de apreciación. Recientemente los científicos del Proyecto Atapuerca han emprendido una nueva línea de investigación, tendente a averiguar el espectro auditivo de los homínidos europeos del Pleistoceno Medio y Superior, llegando a la conclusión de que los aparatos auditivos de los antecesores de los neanderthales estaban adaptados para las frecuencias propias del lenguaje articulado humano. Este hecho parece demostrar, en términos de parsimonia evolutiva^13 , que la posesión de un lenguaje articulado se remonta mucho más atrás de la emergencia de los neanderthales.

La morfología facial de los neanderthales es bastante especial, y parece corresponder a un conjunto de adaptaciones al medio ambiente glaciar. Básicamente, y en relación a la cara de Homo sapiens, se encuentra adelantada en su zona central, y proyectada hacia atrás en los laterales merced a unos pómulos planos y huidizos. Además presenta un gran orificio nasal, ligeramente elevado en comparación a los humanos modernos. La explicación de esta peculiar anatomía parece encontrarse en la adaptación al frío. Las fosas nasales grandes y profundas actuarían como un radiador para calentar el aire antes de entrar en los pulmones, mientras que la cara adelantada produciría un espacio vacío intermedio, una gran cámara de aire, que preservaría al encéfalo de las bajas temperaturas. La cara se completaría con unas mandíbulas esencialmente modernas excepto por la ausencia de mentón, la presencia de taurondontismo (hipoplasia del esmalte y agrandamiento de la pulpa dental), y del espacio retromolar (causado seguramente por una reducción rápida del tamaño de la dentición durante el proceso evolutivo que desembocó en la especie neanderthalensis).

Fig. 85. Comparación entre los esqueletos de un neanderthal y un Homo sapiens.

Otros aspectos ligados al análisis de los restos neanderthales desvelan un gran desarrollo muscular (causante del arqueamiento de los principales huesos largos del cuerpo), propio de organismos sometidos a un ejercicio físico muy importante, coherente con la enorme robustez ósea antes descrita. En general todas estas características parecen fruto de una rápida adaptación y evolución a los profundos cambios ambientales que sufrió Europa a partir del inicio del Pleistoceno Medio. Sin embargo, la zona de expansión

(^13) La parsimonia es un concepto aplicable a los organismos evolutivos por la que no suelen retroceder evolutivamente, es decir, sí se adquiere un rasgo concreto como ventaja adaptativa no se pierde en las especies derivadas de la original.

Nuestro conocimiento del esqueleto postcraneal de los neanderthales es menor, en términos de variabilidad específica, debido a la sobrerrepresentación de los cráneos y los fragmentos craneales en el registro fósil. Sin embargo poseemos varios especímenes prácticamente completos, fruto sobre todo de las prácticas funerarias documentadas durante el Paleolítico Medio, de las que nos ocuparemos más adelante. Los rasgos más importantes serían la robustez ósea (fig. 85), trasladable también a los huesos craneales, la existencia de un cilindro corporal muy grueso a partir de una pelvis más ancha que la de Homo sapiens, el acortamiento relativo de brazos y piernas y la fuerte curvatura de fémures y húmeros.

Estas características se combinan con una estatura media inferior a la de Homo sapiens, en torno a 1,65-1,70, pero un peso medio en adultos masculinos superior, 90-95 kg. Este último dato es que explica porqué el cociente de encefalización de los neanderthales, a pesar de presentar capacidades craneales más elevadas, es menor que el de los humanos modernos; éstos eran más ligeros y poseían menos masa corporal.

Evidentemente, el aspecto corporal de los neanderthales tendía a ser más robusto, menos grácil, que el de los humanos modernos, y de nuevo parece derivado de una hiperadaptación al clima glaciar. En Biología es conocida la Regla de Allen, por la cual los organismos superiores adaptan sus superficies corporales a la temperatura exterior, cuanto mayor es la temperatura mayor es la superficie y viceversa. En condiciones de frío los organismos tratan de evitar la pérdida de calor mediante la restricción de la superficie corporal en contacto con el aire. Los neanderthales poseen un gran cilindro corporal, son anchos y bajos, mientras que los Homo sapiens, presumiblemente evolucionados en latitudes mucho más cálidas, son altos y estrechos. Asimismo, el acortamiento de los miembros sigue el mismo principio, piernas y brazos anchos y cortas proporcionan al neanderthal una ventaja adaptativa en climas fríos.

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FILOSOFÍA

de los neanderthales no se limita a la parte occidental de la Península Europea (fig.81). Son conocidos los ejemplares clásicos de Próximo Oriente (Kebara (fig. 86), Tabún, Shanidar), datados en torno a 65.000 BP, pero en los últimas décadas la humanidad neanderthal ha traspasado los límites de la periferia europea, llegando a los confines de Asia central, como demuestran los hallazgos de Thesik Tash (fig.87) en Uzbequistán. La explicación clásica de esta aparición fuera de Europa tiende a primar la migración de grupos neanderthales a refugios meridionales (Palestina, norte de Irak) durante los momentos más álgidos del Estadio Isotópico 4 (fig. 80), aunque el caso de Asia Central es más complejo. Los próximos años, y la apertura a la investigación de las grandes estepas de Asia Central servirán para confirmar o refutar las viejas teorías. En todo caso los ejemplares recuperados en estas regiones no parecen ofrecer grandes diferencias con lo observado en las regiones clásicas europeas, salvo la mayor gracilidad del cráneo fósil de Thesik Tash (fig. 87).

Fig. 86. Enterramiento neanderthal de Kebara (Israel). Fig. 87. Cráneo neanderthal de Thesik Tash. En resumen, Homo neanderthalensis representa un nivel muy avanzado de la evolución humana. Sus particularidades no ocultan que el proceso de evolución regional desarrollado en Europa acabó cristalizando en una Humanidad paralela a la nuestra, con unas potencialidades desconocidas para nosotros, pero que podemos intuir a través de su alto grado de encefalización y de la verificación arqueológica de unos comportamientos complejos que desmienten las imágenes románticas de salvajes bestiales que se acuñaron a principios del siglo XX. Nuestra imagen actual de los neanderthales (fig. 88), fruto de un siglo de investigaciones y reflexiones, es muy diferente.

Fig. 88. Reconstrucción a partir de fósiles de un niño, un joven y un adulto neanderthales. (Museo de Les Eyzies, Francia).

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Fig. 90. Utiles definitorios del Musteriense. 1.- Bifaz sobre lasca, 2.- Raedera lateral, 3.- Raedera convergente tipo Quina, 4. Puntas musterienses (levallois), 5.- Denticulado.

Musteriense Típico. Se presenta tanto en versión no levallois como en levallois, siendo esta última más abundante. Es característico su equilibrio instrumental, con abundancia de raederas, pocos bifaces y pocos denticulados y cuchillos de dorso. Parece documentarse desde principios del Würm I hasta finales del Würm II, siendo reseñables los restos neandertales asociados de Le Moustier.

Musteriense de Tradición Achelense tipo A. Se presenta tanto en versión no levallois como levallois, ésta en el norte de Francia. Abunda fundamentalmente en el norte de Francia y en Dordoña. Su característica fundamental sería la abundancia de bifaces sobre lasca, y la aparición incipiente de útiles sobre hoja (cuchillos de dorso, láminas truncadas, buriles, raspadores). Su posición cronológica es difícil, si bien se le hace descender de las industrias con bifaces del Paleolítico Inferior, siendo a veces contemporáneo del Micoquiense y, en una posterior evolución (MTA-B), responsable de la génesis de las industrias perigordienses (Chatelperroniense). No se conocen restos humanos asociados a esta facies.

III. En este grupo se incluyen los conjuntos industriales con un IR menor al 15%, lo que redunda, en estricta aplicación del método Bordes, en un gran aumento de los denticulados y las muescas (Musteriense de denticulados). Poseemos dos tipos básicos:

Musteriense de Tradición Achelense tipo B. Como el anterior en versión levallois o no Levallois (Pech de l’Aze I), se diferencia de él en la práctica desaparición de los bifaces y en el mayor desarrollo de la industria sobre hoja. Se ha planteado recientemente como una facies evolutiva del MTA-A, responsable directa de las primeras industrias del Paleolítico superior.

Musteriense de Denticulados. Como los anteriores contrasta la existencia de una facies levallois norteña y otra no levallois en el SO (Pech de l’Aze II, Abric Romaní). Su posición cronológica parece abarcar tanto el Würm I como el II, y se le ha hecho derivar tanto del MTA-A a principios del Würm como de un Musteriense típico rico en denticulados.

Junto a estas facies documentadas en el Musteriense Francés, se han señalado otras, como el Vasconiense (con hendedores) restringido a la Cornisa Cantábrica y al País Vasco-Francés hoy en día muy criticada, o el Asinipodiense, encontrado sólo en algunos niveles de Pech de l’Aze, y sin gran significación.

Las características generales del complejo musteriense definido a través del método Bordes nos ponen en contacto con un repertorio industrial monótono (fig. 90), mayoritariamente realizado sobre lasca, aunque existen conjuntos con fuertes porcentajes de soportes laminares, que puede emplear o no la técnica levallois y que presenta de porcentajes variables de puntas, raederas, denticulados y muescas, aunque a veces incorpora bifaces (MTA).

A nivel cronológico el complejo es estrictamente würmiense, aunque existen industrias contemporáneas en Europa, como el Micoquiense o el Achelense Superior en sus fases finales, bastante diferentes, y otras industrias muy similares, los premusterienses, se desarrollan durante el Pleistoceno Medio Final. En el plano antropológico, la ecuación clásica Neanderthal-Musteriense no parece poder ser mantenida actualmente, coactuando diversos factores, tanto la inexistencia de restos asociados a algunas facies, como el

I. Musteriense Charentiense (IR mayor del 55%-máximo 88%). Contiene dos subtipos:

Musteriense de tipo Quina. Sin técnica levallois y con talones no facetados.

Musteriense de La Ferrassie. Con técnica levallois.

En general ambos tipos incorporan escasos denticulados y raros bifaces, su desarrollo parece documentarse en los dos primeros estadios würmienses y acumula la mayoría de los tipos neandertales asociados. Se explicó cómo derivado de los complejos tayacienses rissienses e interglaciares y se le hizo responsable del origen de las industrias auriñacienses. El subtipo Ferrassie parece ausente de la Península Ibérica.

II. Bajo este epígrafe se agrupan dos tipos de musterienses de diferente entidad tipológica, cuyo paralelismo se encuentra en un IR entre el 37 y el 22%:

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MTA, la aparición de especímenes neanderthales asociados a industrias claramente superopaleolíticas (Chatelperroniense-Saint Cesaire), como la aparición de Sapiens arcaicos en diversas estratigrafías musterienses de Oriente Próximo (Qafzeh, Amud, Skhul).

La característica más notable del Musteriense, y la que tiene mayores implicaciones teóricas, es la interestratificación de sus diferentes facies, lo que equivale a decir que, grosso modo, son contemporáneas en las mismas regiones durante el Würm I y II convencionales (Pleniglaciar inferior). Los yacimientos paradigmáticos donde se ha comprobado este fenómeno se agrupan en dos regiones francesas: La cuenca de Paris, cuyos yacimientos loéssicos fueron revisados por Bordes, demostrando la inexistencia del levalloisiense de Breuil, y los abrigos clásicos de la Dordoña, sistematizados por Bourgon y luego completados por Bordes con reexcavaciones y nuevos trabajos. Los principales serían Combe-Grenal, Pech de l’Aze I, II, III y IV, y el abrigo inferior de Le Moustier (fig. 89).

La contemporaneidad de las facies musterienses y su alternancia en los mismos yacimientos han dado lugar a un debate clásico para explicar el fenómeno en el que han mediado diversos autores. El primero de ellos, F. Bordes, planteó que una crítica rigurosa de los yacimientos permitía excluir cualquier interpretación que no fuera la cultural. Los tipos musterienses por tanto serían el testimonio de la actividad de grupos con tradiciones culturales diferentes, que se alternan en la ocupación de los mismos territorios debido a su relativa movilidad. Tan sólo admite una evolución cronológica entre el MTA-A y el MTA-B, que debieron ser una línea evolutiva hacia el Perigordiense Inferior. Esta hipótesis cultural se ha exagerado hasta el infinito por otros autores, que veían una estrecha relación entre industrias y etnias musterienses, cada una de ellas dotadas de potenciales evolutivos distinto, llegando incluso a hablar de tribus musterienses.

Fig. 91. Hipótesis de evolución cronológica del Musteriense según Paul Mellars.

Una misma tradición cultural podría ser, por tanto, la responsable de toda la variación industrial musteriense. A esta base teórica se añadiría la existencia de actividades in transite en el interior de los asentamientos sólo verificables por excavaciones extensivas que podrían modificar el equilibrio instrumental a nivel local.

A pesar de su atractivo, la hipótesis funcional adolece de verificación empírica, existiendo grandes problemas que parten ya de las primeras premisas, ya que el análisis factorial demostró la asociación recurrente de instrumentos pero no su función. Es más, los análisis traceológicos han demostrado que útiles diferentes (raederas y denticulados p.e.) han servido a veces para la misma función. Así mismo, la actividades in transite o los ritmos estacionales no se han comprobado empíricamente, e incluso, algunos yacimientos en cueva y al aire libre presentan conjuntos idénticos, hecho sorprendente sí tenemos en cuenta que no debieron servir para las mismas actividades si seguimos la hipótesis funcional. Todos estos hechos han coadyuvado para que la hipótesis funcional se encuentre actualmente prácticamente abandonada.

Frente a estas posiciones clásicas se alzó como tercera vía explicativa la hipótesis cronológica de P. Mellars (fig. 91), que en realidad es bastante más compleja, aunque tradicionalmente se enfoca tan sólo en su vertiente evolutiva. Su análisis de los principales yacimientos musterienses del suroeste de Francia le llevó a establecer una seriación cronológica a lo largo del Würm II, en cuya base se encontraría el Musteriense de tipo Ferrassie, que evolucionaría al tipo Quina, que a su vez originaría el MTA-A, que en una posterior evolución daría lugar al tipo MTA- B y posteriormente al Perigordiense Inferior. Dentro de este cuadro no tienen cabida el Musteriense Típico, que parece ser un cajón de sastre para Mellars, pues aparte de considerarlo predominante durante el Würm I, en él clasifica todos los conjuntos pobres o mal caracterizables. En cuanto al Musteriense de denticulados, parece poseer una posición marginal dentro de este

Frente a estas posiciones de la escuela francesa, y en el seno de la New Archaeology de los 60, varios arqueólogos anglosajones se decantaron por explicaciones de carácter funcional para dar cuenta de la variabilidad del Complejo Musteriense. El precursor sería L. G. Freeman, quien en su síntesis sobre el Musteriense cantábrico criticó los excesos estadísticos del paradigma bordesiano, aludiendo a deficiencias de tipo metodológico (no utilización de la desviación típica y del análisis multifactorial), que permitieron a los franceses valorar diferencias que podrían deberse al azar y a errores de muestreo y conservación, como signos de tradiciones culturales independientes. Para este autor el fenómeno de interestratificación podría explicarse como fruto de la variación estacional en la ocupación de los yacimientos.

La exposición clásica de la teoría funcional se la debemos a L. y S. Binford, quienes trataron de explicar el fenómeno argumentando que cada utensilio o grupo de utensilios sirve para una función determinada, por lo que las diferentes facies musterienses, basadas en diferencias porcentuales, sólo reflejarían el diferente énfasis en tareas diversificadas que se llevaron a cabo en cada asentamiento, tal vez, como ya anunció Freeman, con un ritmo estacional.

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Desde el punto de vista tecnológico, los yacimientos ibéricos muestran la totalidad de las facies del Musteriense establecidas por F. Bordes, aunque se observa una relativa rareza del empleo de la técnica levallois, que se refleja en la escasez de la facies Ferrasie. En la zona septentrional se señaló una variedad especial del Musteriense, el Vasconiense antes citado, caracterizada por la presencia frecuente de hendedores. Esta variedad se encuentra hoy en día fuertemente contestada.

Fig. 93. Vista de la entrada de Cova Negra (Játiva, Valencia).

El análisis de las actividades económicas de estos grupos debe partir de varias premisas fundamentales. La primera relacionada con los territorios de explotación que debieron abarcar, ya que el carácter nómada de estos grupos debe ser interpretado en el contexto de la utilización recurrente y cíclica de entornos regionales concretos. De manera clásica, los trabajos llevados a cabo en el suroeste de Europa han establecido una dicotomía en los hábitat de los grupos cazadores-recolectores prehistóricos entre yacimientos al aire libre y cuevas, que responderían respectivamente a hábitat esporádicos ligados a tareas especializadas (caza, talleres líticos) y campamentos base. Esta diferenciación es muy difícil de establecer antes del Pleistoceno superior, y parece comenzar a vislumbrarse a partir de la aparición de los complejos musterienses.

Siguiendo este esquema, un tanto lineal y simplista, podríamos reconstruir la movilidad de estos grupos, con un campamento base ligado a un territorio relativamente reducido, con un radio de 5-10 kms. y conocido con el nombre de Area de Captación de

El tratamiento del comportamiento humano durante el desarrollo del complejo Musteriense suele desembocar en grandes generalizaciones, ya que ocupa un espacio temporal muy amplio con diversas fases climáticas, en las que necesariamente se modificaron los nichos ecológicos donde se asentaban los yacimientos. No obstante, el registro arqueológico que poseemos sobre el particular es lo suficientemente rico para trazar algunas líneas fundamentales sobre estos aspectos. En cuanto al hábitat de estos grupos humanos, podemos empezar a entrever algunas diferencias con lo conocido anteriormente, que no era mucho, fundamentalmente por problemas de conservación derivados de la gran antigüedad de los yacimientos.

Durante el Paleolítico medio comenzamos a conocer grandes hábitat al aire libre, fundamentalmente en el área de la gran llanura de Europa oriental (fig. 89), con el ejemplo clásico de Molodova I (fig. 92), donde encontramos cabañas realizadas mediante huesos de mamut, con unas medidas en torno a los 8 por 3 metros-nivel IV, iniciando una tradición que se continuará durante el Paleolítico superior

Europa occidental es más discreta, comenzándose a ocupar de manera intensiva las partes exteriores de cuevas y abrigos naturales (fig. 93), y configurando una red de poblamiento similar en lo fundamental a lo conocido durante el Paleolítico superior. Las estructuras documentadas en estos hábitat son necesariamente más reducidas y menos complejas, a la par que de más difícil conservación, habida cuenta de la dinámica sedimentológica de estos recintos, más destructiva que la verificable en las llanuras loéssicas.

Conocemos algunos casos de estructuras pétreas, como las de Morín (nivel XVII), y otras más discretas, basadas en la disposición actual de los objetos y su relación con estructuras latentes (agujeros de poste, hogares, empedrados, etc), cuyos mejor ejemplo encontraríamos en Arcy-sur- Cure (fig. 94), yacimiento excavado por A. Leroi-Gourhan, o en el Abric Romaní.

Fig. 94. Suelo de ocupación musteriense “in situ” de la Grand Grotte de Arcy-sur- Cure (Yonne, Francia).

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Recursos, en él que la sobreexplotación, o la variación estacional de recursos, conduciría al establecimiento de una movilidad residencial siguiendo los cursos de los ríos e implicando variaciones de altitud en los hábitat (seguimiento de manadas, pastos de altura, etc.).

Fig. 94. Distancias promedio de transporte de materias primas líticas a los yacimientos de Aquitania y la llanura centroeuropea durante el Musteriense avanzado. Tomado de Gamble, 2001, pp. 239.

Los restos de fauna asociada a los yacimientos muestran un importante incremento de la actividad cinegética, abandonando paulatinamente la caza indiscriminada y el carroñeo propios del Paleolítico inferior. Los restos paleontológicos recuperados en los yacimientos apuntan hacia una tendencia todavía muy moderada a la especialización en especies de tamaño medio-grande (ciervo, caballo, grandes bóvidos, megafauna cuaternaria), especialización que se plasmará de manera definitiva durante los inicios del Paleolítico Superior. La dependencia de unos terrenos de explotación concretos y propios de cada grupo humano se plasmará en el predominio local de alguna de estas especies, caso que explica la abundancia de ciervo en los niveles musterienses de la España cantábrica y mediterránea, o de mamuts en Europa central y oriental. Esta dependencia de recursos faunísticos locales se observa perfectamente en yacimientos con largas secuencias de ocupación, en los que los cambios ambientales se traducen en variaciones de las preferencias de caza. El ejemplo de la cueva guipuzcoana de Axlor, donde las especies más cazadas varían (sustitución del ciervo y la cabra por caballos y bóvidos) al albur del progresivo retroceso del bosque durante el Würm II, ilustra esta tendencia a explotar intensivamente los recursos cinegéticos presentes en las cercanías de los yacimientos.

Fig. 95. Punta de la lanza de madera de Lehringen (Alemania).

Podríamos no obstante comentar la utilización de la madera, tanto para la confección de armas (lanzas de Lehringen, puntas u objetos domésticos en el Abrí Romani), como para alimentar hogares, que en el Abric Romani muestra un patrón de aprovechamiento local de especies con buen potencial calorífico (Pinus silvestris). La recolección de recursos costeros (moluscos) en las zonas

Fuera de esas áreas de captación inmediatas a los grandes yacimientos se pueden encontrar restos de actividades especializadas (caza, talleres), a los que sólo accederían los individuos más especializados del grupo. Según este modelo básico de comportamiento, el análisis de las evidencias materiales extraídas de los yacimientos demuestra una estrategia de aprovechamiento de recursos locales.

Los datos de las materias primas apuntan generalizadamente hacia un modelo de utilización de materiales locales, siendo los provenientes de lugares lejanos mucho menos numerosos, y en muy pocos casos procedentes de distancias mayores a los 100 kms., concentrados éstos sobre todo en los yacimientos del centro y el norte de Europa, donde la mayor dispersión de los recursos obligaba a una ampliación de las distancias de transporte y captación de recursos de todo tipo (fig. 94).

Los métodos de caza, en ausencia de un instrumental especializado (armas arrojadizas para distancias medias o cortas) que sólo ahora comienza a vislumbrarse, parecen todavía rudimentarios, acaso un poco más avanzados que aquéllos del Paleolítico inferior basados en el acoso a manadas o en la existencia de trampas, y en la caza por contacto de grandes animales, hecho puesto ahora de manifiesto en Lehringen, donde una lanza (fig.

  1. fue clavada directamente sobre un mamut.

La caza será ahora similar, con artefactos (puntas musterienses o lanzas de madera) que no permiten todavía abatir presas a distancia de manera generalizada, pero orientada progresivamente hacia animales más pequeños y situados en los entornos de los yacimientos. Sin embargo no existen pautas de especialización específica, como muestran el dominio de las especies locales en los espectros de fauna cazada y las variaciones debidas a cambios en el ecosistema circundante, o intraespecífica, en vista de lo indiferenciado del espectro de animales cazados, en el que tan sólo predominan a veces individuos jóvenes y hembras, razonablemente más fáciles de cazar, como en el caso de los cérvidos de Cova Negra (Valencia).

Conocemos mal las actividades complementarias a la caza. Poseemos muy pocos datos sobre la recolección de vegetales, que indudablemente debió poseer algún peso en la subsistencia de estos grupos

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IV(restos de un anciano depositado sobre un lecho de flores) (fig. 98), o Qafzed (veinte individuos de morfología moderna entre los que destacan dos enterramientos en fosa, uno doble con mujer y niño, y otro simple), asociando sapiens arcaicos y neanderthales a industrias musterienses, en Próximo Oriente, nos muestran la generalización de las inhumaciones intencionales durante el Pleniglaciar inferior, primera prueba de una conceptualización creciente en las sociedades que formaban estos grupos humanos.

Fig. 99. Restos humanos con marcas de corte de los niveles musterienses de Combe-Grenal (Dordoña, Francia).

Bibliografía complementaria.

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- El Paleolítico Superior europeo.

El Paleolítico Superior corresponde al último periodo del Paleolítico, acogiendo la actividad de los últimos grupos de grandes cazadores y recolectores del Viejo Mundo. El periodo, centrado en Europa, se desarrolla esencialmente durante la segunda parte de la glaciación Würm, e incorpora desde su inicio toda una serie de novedades que se irán desarrollando en profundidad durante más de 20.000 años. Estas innovaciones pueden resumirse en:

.-Innovaciones tecnológicas. Fuerte leptolitización del instrumental lítico, en el que se generaliza la talla laminar, y aparición de manufacturas realizadas a base de nuevas materias primas, como el hueso/asta y el marfil, con las que se desarrolla por primera vez una industria estandarizada. Aparte de estas características generales se documenta el trabajo sobre rocas blandas (lámparas de gres, esculturas) y se llega a modelar el barro o la arcilla. El instrumental lítico, al albur de la talla laminar estandarizada, se

Otros datos que nos podrían poner en contacto con el mundo simbólico de estos grupos sería el llamado canibalismo ritual, aunque su ritualidad está muy contestada hoy en día. El comportamiento antropófago se documentó ya en periodos anteriores (Atapuerca, Zhoukoudian), y está relativamente atestiguado en lugares como L’Hortus, Combe Grenal (fig. 99) y Krapina, aunque estos datos se deben tomar con cuidado, ya que análisis tafonómicos han desmontado en muchas ocasiones hipótesis similares.

Por último, se ha aludido frecuentemente a cultos especiales dentro de los grupos musterienses, fundamentalmente ligados al oso. Desmentidos los supuestos lugares de culto al oso del llamado Musteriense Alpino (Drachenhöhle, Suiza) (cistas con cráneos de oso debidas a fenómenos naturales y las propias actividades de los osos de las cavernas en las cuevas), nos queda tan solo el testimonio de Regourdou en la Dordoña francesa, donde también se documentaron cistas con osos enterrados junto a restos neanderthales y musterienses, que en todo caso es también bastante difícil de aceptar.

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especializa progresivamente, aumentándose la panoplia de útiles conocidos desde antaño (fundamentalmente desde el Achelense) y concibiéndose tanto tipos especiales para cada función concreta (buriles-industria ósea-arte, puntas arrojadizas en asta y piedra-caza a larga distancia, bastones perforados-industria ósea/vegetales) como útiles múltiples (perforador-raspador, buril-raspador) o compuestos (azagayas o astiles de madera con hojas u hojitas engastadas/arpones, lanzas, etc). La industria ósea, menos variada, se especializa fundamentalmente en la confección de instrumentos arrojadizos (azagayas, arpones), alrededor de los cuales y de su tecnología giran a su vez otros tipos (propulsores, bastones perforados, etc.).

.- Innovaciones económicas. La explotación del entorno se hace cada vez más intensiva y diversificada, con aprovechamiento progresivo de recursos anteriormente no utilizados. A la vez se observan pautas de especialización cinegética en determinadas especies cuyo potencial económico es muy rentable dada su abundancia, facilidad de obtención y posible aprovechamiento integral (cérvidos/ talla media-pequeña-valor cárnico-explotación de la piel y el asta).

Fig. 100. Cuadro cronológico y climático del Paleolítico Superior europeo.

2.- Würm III. Pleniglaciar Superior (fase isotópica 2). (30.000-21.000 B.P.).

Se trata de una fase de clima muy riguroso, frío y seco en general, en los que la regresión marina, en el Cantábrico por ejemplo, alcanza los -100 mts. Las condiciones climáticas que se instauran en Europa implican la existencia de dos inlandsis, el Finoescandinavo que afecta a todo el norte europeo (dos tercios superiores de Gran Bretaña, Bélgica, Holanda, norte de Alemania y Escandinavia) y otro alpino, entre los que se desarrolla un franja de desierto polar. La regresión llega casi a sus máximos, y en estos momentos, al emerger amplias áreas de plataforma continental, desaparece el Canal de la Mancha y determinadas islas del Mediterráneo se unen entre sí (Córcega y Cerdeña) o al continente (Sicilia).

.- Innovaciones sociales. Aparece una fuerte estructuración de los hábitat, documentándose ya verdaderos asentamientos semipermanentes combinados con otros estacionales, en los que las estructuras de habitación (cabañas, pavimentos, hogares) alcanzan un desarrollo importante, y se incrementan los intercambios e interacciones entre grupos distintos. Junto a estos hechos, los grupos humanos parecen desarrollar de manera completa sus capacidades simbólicas, lo que se plasma de manera definitiva en la existencia de los primeros grafismos conocidos, que suponen el primer almacenamiento conocido de información codificada en soportes externos al propio organismo (Arte Paleolítico).

.- Cambios paleoantropológicos. En el caso de Europa, el comienzo del desarrollo de los primeros tecnocomplejos del Paleolítico Superior trae aparejado la súbita aparición de la especie Homo sapiens, que sustituye de manera más o menos rápida a los últimos grupos neanderthales.

Todas estas innovaciones se van a verificar en Europa durante la segunda parte de la glaciación Würm. La cronología de ésta, que se encuentra bastante asentada en la actualidad, es de base polínica en su origen, aunque los estudios sedimentológicos y los análisis isotópicos la han completado y mejorado. La secuencia básica del Paleolítico Superior europeo (fig. 100) incluye, en la totalidad o en parte, cuatro grandes periodos de la última glaciación:

1 .- Interpleniglaciar del Würm (II/III). Interestadio de Hengelo- Les Cottes clásico (Estadio isotópico 3).

Con una cronología que va desde el 60.000 al 30. B.P., las industrias del Paleolítico Superior sólo ocuparían su última parte, a partir del 35.000, o, si aceptamos determinadas dataciones de AMS, el 40.000 B.P., fecha de aparición de los primeros complejos chatelperronienses o auriñacienses en Europa occidental. Se trata de un periodo relativamente templado y húmedo, aunque de una acusada inestabilidad climática, con abundancia de bosques y ausencia de fauna específicamente fría en las latitudes meridionales.

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climáticas durante el Pleniglaciar superior. Durante este periodo se desarrollan en Europa los tecnocomplejos Auriñaciense y Gravetiense, aunque ya al final comienzan a aparecer las primeras industrias solutrenses en el suroeste europeo.

3. Würm III/IV. Interestadio de Laugerie. (Estadio Isotópico 2). (21.000-19.000 B.P.).

Se trata de un periodo en el que se restauran brevemente unas condiciones moderadamente templadas y húmedas, dentro del ambiente frío general, lo que implica el retroceso de las estepas y el avance del bosque boreal (taiga, coníferas), con algunos bosques caducifolios en latitudes meridionales o refugios microclimáticos. Esto significa también el avance de las especies de bosque o parque (ciervos, corzo, jabalí) y el retroceso de las frías (megafauna, reno, zorro polar, etc.). Durante su corta duración se desarrollan en Europa del suroeste los tecnocomplejos de foliáceos denominados Solutrense, mientras que la gran llanura centroeuropea continúa ocupada por grupos humanos que realizan industrias de tipo gravetiense.

4. Würm IV. Tardiglaciar (Final Estadio Isotópico 2-comienzo Estadio Isotópico 1). (18.000-10.000 B.P.).

El Würm IV, o Tardiglaciar, es un periodo complejo, en el que se culmina el final de la glaciación Würm. Dentro de sus márgenes cronológicos se desarrollan las industrias del Magdaleniense y del Aziliense. Su evolución comienza con una gran pulsación fría en torno al 18.000 B.P. (máximo frío glaciar, regresión de hasta -150 mts./Cantábrico -120 mts.), en la que las condiciones enunciadas para el Würm III alcanzan sus mayores consecuencias, a la que sigue un gradual proceso de desglaciación en el que documentamos 3 pulsaciones frías; Dryas I (16.000-13.500), II (12.500-11.700) y III (10.500-10.000), intercaladas con tres episodios cada vez más atemperados que tienden, sobre todo el último, a anunciar las condiciones climáticas postglaciares; Lascaux (17.000-16.000), Bölling (13.500-12.500) y Allërod (11.700-10.500). Esta evolución parece corroborada por la secuencia isotópica de los fondos oceánicos, que asegura las condiciones crecientes de humedad y atemperamiento a partir del 14.000 BP (fig. 100). La fase Allërod presenta ya un claro avance de los bosques, preferentemente de hoja perenne todavía, aunque en latitudes meridionales se generalizan los bosques caducifolios, combinada con una extrema rarificación de la fauna estadial (reno, megafauna) que llega incluso a desaparecer en lugares como el Cantábrico, y un asentamiento de especies euritermas como el ciervo, el corzo y el jabalí. Estas condiciones, solo interrumpidas brevemente por la oscilación fría denominada Dryas III, preludian ya el definitivo establecimiento de las condiciones postglaciares.

- La secuencia arqueológica y cultural. Problemas de interpretación.

Los estudios sobre el Paleolítico Superior han estado enfocados durante largo tiempo hacia una visión extremadamente tipologista y culturalista, que trataba los tecnocomplejos como unidades culturales en el sentido etnológico del término. La escuela francesa, responsable de esta situación, normalizó la evolución de las culturas del Paleolítico Superior a través de los estudios tipológicos, basados siempre en el criterio de fósil director, de las industrias exhumadas en un reducido número de yacimientos que presentaban largas secuencias de ocupación (Laugerie-Haute, La Ferrasie, Le Placard, La Gravette, La Madeleine, fig. 115). De estos estudios, realizados fundamentalmente desde principios de siglo por D. Peyrony y H. Breuil, y posteriormente sistematizados por D. de Sonneville-Bordes o P. Smith, surgió el esquema clásico que subdividía el Paleolítico Superior en cuatro grandes civilizaciones; El Perigordiense, el Auriñaciense, el Solutrense y el Magdaleniense.

Las dos primeras civilizaciones, al albur de supuestas interestratificaciones presentes en algunos yacimientos franceses (Roc de Combe, La Piage o Laugerie-Haute), se consideraron parcialmente coetáneas en el tiempo y en el espacio, elaborándose un complejo cuadro en el que, a partir del Perigordiense Inferior, las industrias Auriñacienses y Perigordienses se sucedían en el tiempo con frecuentes sustituciones en los mismos yacimientos. Los problemas que estas supuestas tradiciones coetáneas suponían en un análisis histórico avanzado fueron ya puestos de manifiesto con las críticas enunciadas al complejo de facies Musterienses por la New Archaeology, que atacaban de raíz la posibilidad de convivencia de varias tradiciones culturales cualitativamente diferentes en el mismo espacio cronológico y geográfico, durante fases tan poco avanzadas de la Historia de la Humanidad. Estas críticas supusieron el punto de partida de una vía de análisis alternativa, que contemplaba la sucesión de los tecnocomplejos del Paleolítico Superior desde el punto de vista de la evolución de la tecnología y las estrategias de supervivencia de grupos humanos que compartían, grosso modo, las mismas tradiciones culturales.

El esquema actual del Paleolítico Superior, fundamentalmente en el suroeste de Europa, se basa en estos presupuestos, habiéndose establecido una secuencia evolutiva lineal que contempla los términos Chatelperroniense (Perigordiense Inferior de Breuil), Auriñaciense, Gravetiense (Perigordiense Superior de Breuil), Solutrense y Magdaleniense, como definitorios de una serie de tecnocomplejos sucesivos y derivados, en mayor o menor grado, los unos de los otros. Estos complejos industriales se agrupan hoy en día en tres grandes bloques; el Paleolítico Superior Inicial, incluyendo el Auriñaciense y el Gravetiense, el Paleolítico Superior Medio, que se ocupa del Solutrense, y el Paleolítico Superior Final, representado por el Magdaleniense.

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6.2.- La aparición de Homo sapiens y la transición entre el Paleolítico Medio y el Superior.

La Historia del Paleolítico Superior está indefectiblemente ligada a la aparición de Homo sapiens en el continente europeo, pero para abordar esta última cuestión es necesario preguntarse por cuando y donde apareció nuestra especie. Estas preguntas nos ponen en contacto con uno de los debates más vivos de la Prehistoria actual.

Fig. 102. Cráneo de Bodo (Etiopía). Aprox. 600 Ka.

Fig. 103. Cráneo de Kawbe (Rhodesia). 400 Ka.

Estos, llevados a cabo fundamentalmente por la genetista Rebecca Caan, partían de la base de que las poblaciones humanas poseen una cantidad diversa de variabilidad genética, acumulada a lo largo de su evolución, que es mayor cuanto más cercanas están a los grupos humanos ancestrales; es decir, las poblaciones emigradas del hogar humano original se llevaron sólo parte de la variabilidad genética ancestral, evolucionando posteriormente y creando sus propias versiones, pero siempre derivadas de tan sólo una parte del acervo original, mientras los que permanecieron en el lugar poseen toda la variabilidad ancestral del acervo genético humano.

El registro fósil del Viejo Mundo es lo suficientemente variado y disperso, tanto geográfica como cronológicamente, para no permitir una respuesta fácil a ninguna de las dos preguntas. Actualmente existe una tendencia generalizada a proponer al continente africano como la cuna de nuestra especie, para lo cual se arguyen datos genéticos y antropológicos. Los segundos se basan en la existencia en el registro fósil africano de toda una serie de restos mesopleistocénicos que parecen mostrar una evolución gradual hacia formas cada vez más gráciles y encefalizadas. Estos restos que, partiendo de formas paralelas a los erectus- heildebergensis asiáticos y europeos, como el cráneo de Bodo (fig.), poseen su exponente en el Hombre de Kawbe (Broken Hill), espécimen holotípico de la especie Homo Rhodesiensis (fi.), muestran individuos con una respetable encefalización (1300 cc.) y rasgos craneofaciales combinando elementos modernos (fosas caninas desarrolladas, rostros ortognatos) y arcaicos (torus supraorbitales).

La evolución de estos individuos hacia parámetros cada vez más modernos parece verificarse en cronologías alrededor de 250.000-200.000 BP., cuando éstos aparecen en formas avanzadas rhodesiensis como Omo Kibish (Etiopía) 2 o Florisbad (República Sudafricana), dando lugar a especímenes de morfología craneal moderna (volumen encefálico<1450 cc., cráneo globular, cara moderna) alrededor de 150.000 BP. El cráneo de Herto (Etiopía) (fig. 104) sería el ejemplar más antiguo que presentaría ya los rasgos esenciales de Homo sapiens, aunque conservando algunos rasgos arcaicos, como la robustez y la existencia de torus supraorbitales moderados, que se mantendrán en los sapiens antiguos hasta cronologías bien avanzadas (40-30 Ka. En Europa). La expansión de este tipo humano por toda Africa parece completada en torno a 100.000 BP., como atestiguan las formas orientales de Omo Kibish 1, meridionales de Klasies River Mouth, o septentrionales de Jebel Irhoud. Incluso su salida de Africa podría colegirse de la aparición de sapiens antiguos en las cuevas del Monte Carmelo en Palestina (Skhul, Qafzeh) alrededor de 95.000 BP (fig. 104).

Los datos paleoantropológicos africanos apuntan pues a la existencia de una evolución local, con formas intermedias bien definidas, hacia Homo sapiens, lo que, a su vez, podría reforzarse con los datos provenientes de la Genética Molecular.

En las últimas décadas se han realizado estudios de conjunto sobre la variabilidad genética humana con el fin de averiguar la procedencia geográfica de nuestra especie.

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La aparición de formas puramente sapiens en cronologías cercanas a las anteriores (Liunjang-70 Ka.) aboga por su llegada de otras zonas, habida cuenta que no parece existir el lapso cronológico suficiente para que aquellas produzcan tal cantidad de cambios morfológicos (fig. 107). En todo caso es necesario señalar que los fósiles asiáticos proceden exclusivamente del Lejano Oriente, y que carecemos de un registro adecuado en otras zonas, como Asia Anterior, que podrían modificar completamente estas conclusiones. No olvidemos que en fechas mucho más antiguas poseemos aquí restos humanos más antiguos que los africanos (Dmanisi- Homo ergaster-georgicus), lo que podría repetirse perfectamente.

Fig. 107. Cráneos de Dali (200 Ka.), Jiunniushan (120 Ka.) y Liunjiang (70 Ka.) No obstante, todos estos problemas, combinados con los datos europeos que comentaremos más adelante, han hecho que la otra gran hipótesis sobre el origen de los humanos modernos sea descartada por la mayoría de los científicos.

Fig. 108. Restos de Homo sapiens de Oase (Rumanía, 35 Ka.) y Mladeç (Chequia, 32 Ka.).

Esta, conocida como Hipótesis Multirregional, fue enunciada por el antropólogo norteamericano Milford Wolpoff en los años 70 y 80 del pasado siglo, y planteaba que Homo sapiens en una especie polimórfica (que se expresa en la variedad “racial” actual) cuyos orígenes son múltiples, debidos a la evolución regional a partir de un nivel de partida similar al de los erectus tardíos asiáticos, los heidelbergensis europeos y los rhodesiensis africanus (Homo erectus europeo y africano respectivamente). Las diferencias raciales actuales se explicarían por la descendencia de esas poblaciones de cada una de las formas erectus regionales. Como vimos en capítulos anteriores, la base de la hipótesis de Wolpoff, la existencia de un nivel erectus genérico, es muy contestada en la actualidad, y además los datos europeos parecen desmentirla rotundamente.

Actualmente, una vez descartadas las hipótesis clásicas de los presapiens y los anteneanderthales, parece bien asentada la idea de que Homo neanderthalensis es una especie derivada de formas europeas del Pleistoceno medio, habiéndose separado de la línea que llevó a Homo sapiens mucho tiempo antes. Se admite por tanto que Homo sapiens aparece de manera tardía en Europa, llegando de Africa, previsiblemente, o Asia. El problema que se plantea en el caso europeo es doble, ¿Cuándo llegó?, y, ¿cómo interactuó con los indígenas europeos de tipo neanderthal? La solución de ambos problemas dista de haber sido conseguida actualmente, proponiendo un agrio debate de escuela entre los partidarios de las diversas soluciones propuestas.

Por una parte, el registro fósil de humanos modernos antiguos europeos es extremadamente precario. A día de hoy tan sólo podemos proponer los restos de Pestera Oase en Rumanía y Mladeç en Chequia para cronologías anteriores al 30.000 BP. (fig. 108), generalizándose después en contextos gravetienses (ver más adelante) (Cro-Magnon, Predmost, Grimaldi, Dolnï Vestônice). Los restos antiguos son coherentes con lo observado en otras zonas, rasgos plenamente sapiens combinados con algún resto arcaico (robustez, torus muy moderados) y, aunque algunos autores mantienen lo contrario, no parecen incorporar ningún rasgo típico de los neanderthales.

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El problema principal que se plantea en Europa es que, aunque no poseemos fósiles modernos anteriores al 35.000 BP., muchos autores plantean que la llegada de Homo sapiens fue anterior, en torno a 40.000 BP. Esto se debe a una serie de razonamientos arqueológicos ampliamente difundidos en la Prehistoria europea desde sus inicios. El principal es la tendencia a asignar tipos humanos concretos a las culturas arqueológicas. Desde ese punto de vista existiría un lazo indisoluble entre el Paleolítico Superior y el hombre moderno, así como entre el Paleolítico Medio europeo y el neanderthal. Este aserto, metodológica y empíricamente inexacto (los humanos modernos de Palestina, por ejemplo, aparecen asociados a industrias del Paleolítico Medio), se encuentra en la raíz del problema.

En Europa se hacía comenzar tradicionalmente el Paleolítico Superior con el complejo Chatelperroniense (ver epígrafe siguiente), pero la aparición en 1977 de un enterramiento neanderthal asociado a estas industrias, en el yacimiento francés de St. Césaire (fig. 109), modificó radicalmente este panorama.

Fig. 109. Enterramiento neanderthal de St. Césaire (Aquitania, Francia).

Fig. 110. Dientes perforados y colgantes del Chatelperroniense de la Grotte du Renne en Arcy-sur-Cure (Francia).

Para otros, como J. Zilhao o F. d’Errico, el Auriñaciense y el hombre moderno se generalizan en Europa hacia el 35.000 BP., y siempre sucede estratigráficamente a las industrias de transición.

Para los primeros (fig. 111), las altas cronologías auriñacienses prueban una amplia coincidencia cronológica entre neanderthales y sapiens en Europa, ilustrada por la interestratificación de las industrias auriñacienses y chatelperronienses en algunos yacimientos franceses, y explica los restos de comportamiento moderno en las segundas como fruto de un proceso de imitación por parte de los grupos neanderthales. Paradójicamente, desde el seno de los investigadores adeptos a esta propuesta se niega la posibilidad de hibridación entre neanderthales y sapiens, posiblemente porqué ambos grupos estarían claramente diferenciados en sus capacidades cognitivas. Esto explicaría la conducta imitativa de los neanderthales, incapaces de progresar por sí mismos, y la falta de contactos entre ambos, separados por un gran salto evolutivo y conductual.

El Chatelperroniense se había incluido en el Paleolítico Superior por que mostraba algunos de los rasgos que tradicionalmente se asociaban al Homo sapiens, y que conformaban lo que algunos llamaron el comportamiento moderno. Estos eran principalmente la presencia de objetos “artísticos”, generalmente colgantes y objetos de adorno personal, y la confección de útiles a través de métodos laminares. Sin embargo la presencia de fósiles neanderthales asociados varió está consideración, pasando a incluírsele dentro de las llamadas industrias de transición (ver epígrafe siguiente).

La presencia de restos del llamado comportamiento moderno dentro del tecnocomplejo Chatelperroniense desencadenó una polémica que continua en nuestros días, y que atañe a sí ese comportamiento es fruto de una evolución independiente de los grupos neanderthales, o de la aculturación de éstos por Homo sapiens. La solución a este dilema pasa necesariamente por contestar a la pregunta de cuando llegaron los primeros hombres modernos a Europa, y por centrar cronológicamente al Chatelperroniense, fruto de los neanderthales, y el Auriñaciense (fruto presumiblemente de los humanos modernos).

La primera de las preguntas no tiene una respuesta clara desde el registro fósil, ya que como hemos visto es muy escaso. Por otra parte, podría acometerse sí se confirmara que los humanos modernos son los únicos responsables de las industrias auriñacienses, lo que no tiene porqué ser así, aunque parece aceptado por la mayoría de los prehistoriadores. Desde este último punto de vista, la aparición del Auriñaciense marcaría la aparición de Homo sapiens en el solar europeo.

El problema es que no está claro cuando puede hablarse de Auriñaciense en sentido estricto (ver capítulo siguiente). Para algunos autores, fundamentalmente, P. Mellars o J. Kozlowsky, el Auriñaciense surge en fechas muy tempranas (40.000 BP.) y precede a las industrias de transición.