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La adicción al smartphone es un problema de todos
Por Jose García Nieto
La adicción a los smartphones me parece un monstruoso lío de la sociedad en general. De ti, de mí, de tus amigos, de tu familia y del resto de círculos que componen tus redes sociales 1.0. ¿El motivo? Sencillo: no nos gusta que nos pidan cosas, pero sí nos encanta pedir. Desde mi punto de vista, el ser humano comete el grave error de pedir al prójimo algo que él mismo no está dispuesto a dar, como es su tiempo. Eso sí, cuando nosotros necesitamos el tiempo de otro, más le vale que nos lo dé, “porque nosotros siempre lo hacemos”. Podría pasarme divagando sobre este caso toda una vida, pero prefiero mostrarlo con un ejemplo que todos entenderemos: WhatsApp y el tic azul. Estás tan tranquilo en tu sofá, haciendo lo que sea que estás haciendo. Alguien te manda un WhatsApp y te dice que necesita que hagas o que le envíes algo. Tú, inmediatamente, piensas en dos posibilidades: primero, “si abro la conversación, va a saber que lo he leído” y, segundo, “¿qué pasa, que tengo que hacerlo cuando esta persona quiera?”. Entonces, decides no abrir el mensaje, por miedo a las posibles consecuencias que pueda tener el “he visto que lo leíste y no respondiste”. Es ahí cuando pensamos “es que yo tengo una vida, unos amigos, una familia… parece que a la gente no le importa lo que esté haciendo yo en ese momento. Es que si no quiero contestar no contesto”. Ese pensamiento está genial, pero ahora vamos a darle la vuelta a la tortilla. Ahora eres tú el que manda el mensaje, un mensaje “súper importante”. La persona lo recibe, lo lee y lo deja en visto, y no responde. ¿Ahora qué? ¿Quién es el malo ahora? ¿Él/ella, por decidir invertir su tiempo como quiere y no responderte? ¿Tú, por presionar a la otra persona a que mire su teléfono cuando no tiene motivo para hacerlo? Es ahí cuando nos convertimos en agentes de presión social. Queremos que la gente nos preste su tiempo, y lo queremos ya. Si no lo hace, lo está haciendo mal, y llegamos a presionar para que eso pase. “¿Así que no lees el mensaje? Pues te llamo al teléfono, y lo primero que voy a hacer es preguntarte si has visto WhatsApp”. Sabes que no, que no lo ha hecho, pero vas a poner a la otra persona en el compromiso de reconocerte que no lo ha mirado. Eso ejerce presión social sobre la otra persona y favorece esa adicción al teléfono. Tenemos que aprender que tenemos una esfera privada que nadie puede invadir sin nuestro permiso. Cuando dejamos que eso pase, estamos cometiendo un grave error, porque, una vez hecho, no hay vuelta atrás. García, N. J. (2017). La adicción al smartphone es cosa de todos. Adaptado de https://bit.ly/2BfnFpf
El uso indebido del Smartphone conlleva a una dependencia emocional hacia este en la vida diaria de una persona. El autor nos dice que el uso indebido del Smartphone es una problemática muy alarmante y nos habla desde una perspectiva emocional de la persona.