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Tipo: Ejercicios
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Nos encontramos ante dos carteles elaborados durante la Guerra Civil española (1936-1939). El primero, del Servicio Nacional de Propaganda, impreso en Barcelona en enero de 1939, recién conquistada la ciudad por las tropas de Franco. Dimensión 100x70. El segundo, cuyo autor es Parrilla, data de 1937. Fue impreso en Madrid con dimensiones 100x72. Parrilla pertenecía al Sindicato de Profesionales de las Bellas Artes (UGT) de Madrid. Ambos son de fuente primaria, porque están realizados en el momento histórico que reflejan, y de contenido político y militar, siendo su finalidad la propaganda a través de la imagen.
Los dos carteles apelan al carácter internacional del conflicto:
Vemos la importancia del cartelismo en la guerra civil, que se consideraba como la forma de comunicación más efectiva por ser un grito pegado a la pared. La importancia de la propaganda en la guerra fue fundamental para movilizar las tropas, mantener la moral, informar de los hechos ocurridos o establecer eslóganes para soldados y población civil. Sin embargo, el cartelismo republicano fue más rico que el del bando sublevado debido a que su multiplicidad de opciones políticas y sindicales era mucho mayor, ya que, en la zona sublevada, estaba prohibida la actividad política y solo podían realizarse carteles del partido único. Se ve la influencia de cartelismo soviético en el bando republicano y del cartelismo de los regímenes fascistas en el bando sublevado. En el cartel del bando sublevado vemos el posicionamiento hacia este bando de la Iglesia, decidida por el anticlericalismo popular que se mantenía en la República y el laicismo del que hicieron ganas sus políticos, y llegaron a crear su propia fuerza política, Acción Política. De esta manera, cuando comienza la guerra se da el apoyo explícito del clero al golpe y la violencia contra el clero en las zonas donde no triunfa el golpe, lo que determina la posición final de la Iglesia. El conflicto alcanzó una dimensión internacional, por un lado, los sublevados apoyados por Alemania, Italia, Portugal y los Cuerpos de Voluntarios de varias nacionalidades, como los católicos irlandeses; y los republicanos apoyados por la URSS, el Socorro Rojo Internacional con fines sanitarios y asistenciales y México aportando material bélico. Sin embargo, la aportación más importante, más a efectos morales, fueron los voluntarios extranjeros que vinculados a partidos y sindicatos obreros se encuadraban en las Brigadas Internacionales, cuya creación se acordó a instancias de la Internacional Comunista. La sede internacional de reclutamiento fue París, y los cuerpos llegaban a Albacete, que se convirtió en centro de
instrucción y base de estas Brigadas, que se organizaron en unidades compuestas por voluntarios de la misma nacionalidad y que fueron consideradas como tropas de choque especialmente en las operaciones en torno a Madrid y Aragón. El 28 de octubre fueron despedidos con todos los honores en Barcelona y en 1996 se les concedió la nacionalidad española.