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La Naturaleza de los Hábitos: Perfección Humana según Aristóteles y Tomás de Aquino, Diapositivas de Matemáticas

Este texto explora la naturaleza de los hábitos, virtudes y costumbres desde la perspectiva de Aristóteles y Tomás de Aquino. El autor aborda cuestiones como la relación entre hábitos y virtudes, la distinción entre hábitos y cualidades, y cómo adquirir hábitos. El documento ofrece una reseña histórica del estudio de los hábitos en la Edad Media y aborda puntos cruciales que quedan por resolver.

Tipo: Diapositivas

2019/2020

Subido el 30/10/2021

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HÁBITOS, VIRTUDES, COSTUMBRES YMANÍAS
Juan Fernando
Sellés·
INTRODUCCIÓN
De ordinario, en nuestros días, el vocablo há-
bito
suele
entenderse
como
sinónimo de costumbre,
es decir, algo así como
un
comportamiento adquirido
araíz de una repetición de acciones. Según esta con-
cepción
se
suele discernir entre comportamientos
estereotipados más corteses que serían fruto de cier-
tas convicciones sociales que parecen buenas, alas
que se suele designar como buenas costumbres, y
otros comportamientos peculiares, ajenos alo esta-
blecido socialmente
por
convención,
un
tanto enrare-
cidos, alos que se suele designar
como
mal/ías. Dc
este modo, comportamientos
como
el de llevar pelu-
ca empolvada en
el
s.
XVIII, sombrero en
la
década
de los
30
en nuestro siglo, ovisera (cachucha en co-
lombiano) en las aulas de
la
universidad en nuestros
días, serían conceptualizados como detenninados "há-
bitos" o"costumbres" de ciertos grupos de una épo-
ca.
Otros, como vestir o
comer
exóticamente, por
ejemplo, pasarían posiblemente como "manías". To-
dos estos comportamientos tienen en común que son
perfectamente aleatorios
y,
por ello, substituibles por
otros.
Que
nada dicen acerca del mejoramiento
in~
trínseco de
la
persona humana que los ejercita es algo
obvio, ytambién algo común atodos ellos. Por eso,
es muy difícil discriminar, entre ellos, cuales son
mejores que otros, relegando de ordinario este balan-
ce a
la
ley del gusto personal.
Pues bien, en el presente escrito se intentará
mostrar que nada de eso es
un
hábito, tomado en
sentido estricto. Consecuentemente, que en nuestros
días, yen
esto
tenemos una deuda con la moderni·
dad, más grande de lo que parece, se desconoce pro-
fundamente qué sea
un
hábito. Pero
como
el traba-
jo
debe ser constructivo, habrá que intentar pene-
trar, en
pocas
páginas, en
la
índole de los hábitos, y
en la distinción de ellos con el resto de realidades
con las que se les suele confundir: posesiones físi-
cas, disposiciones, costumbres, manías, etc. Nos
podríamos ocupar con toda legitimidad de estos otros
asuntos, ropajes culturales, alos que se les confun-
de con los hábitos, pero se prefiere centrar
la
aten-
ción en los hábitos yno en esas manifestaciones
extrínsecas, sencillamente porque estamos ante
un
asunto superior con el que nos
jugamos
mucho más
que nuestra imagen estética.
Para
evitar
equívocos terminológicos, se en-
tiende por hábito, en el presente texto, lina perfec-
ción intrínseca de las potencias humanas suscepti-
bles de un crecimiento irres/ricto. Esas potencias,
como
se verá, sólo pueden ser dos:
[a
razón yla vo-
tun/ad. A
la
mejoría interna de
la
inteligencia
como
tal, los clásicos la llaman simplemente hábito; ala
de
la
voluntad, vir/ud.
Si
los clásicos no se equivo-
can en este punto, ylogramos descubrir de modo
obvio
que
eso
es así, notaremos que se trata de una
realidad
humana
que no es convencional. Más aún,
que el crecimiento de esas potencias no puede ser
arbitrario, aleatorio orelegado a
la
ley del gusto, sino
sólo en una dirección: según
la
naturaleza de las mis-
mas yen
orden
asu fin. Ahora bien, previamente
al
Doctor
en
Filosofia. Universidad de Navarra. España. Profesor de
la
Universidad de
L.a
Sahana.
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HÁBITOS, VIRTUDES, COSTUMBRES Y MANÍAS

Juan Fernando Sellés·

INTRODUCCIÓN

De ordinario, en nuestros días, el vocablo há-

bito suele entenderse como sinónimo de costumbre,

es decir, algo así como un comportamiento adquirido

a raíz de una repetición de acciones. Según esta con-

cepción se suele discernir entre comportamientos

estereotipados más corteses que serían fruto de cier-

tas convicciones sociales que parecen buenas, a las

que se suele designar como buenas costumbres, y

otros comportamientos peculiares, ajenos a lo esta-

blecido socialmente por convención, un tanto enrare-

cidos, a los que se suele designar como mal/ías. Dc

este modo, comportamientos como el de llevar pelu-

ca empolvada en el s. XVIII, sombrero en la década

de los 30 en nuestro siglo, o visera (cachucha en co-

lombiano) en las aulas de la universidad en nuestros

días, serían conceptual izados como detenninados "há-

bitos" o "costumbres" de ciertos grupos de una épo-

ca. Otros, como vestir o comer exóticamente, por

ejemplo, pasarían posiblemente como "manías". To-

dos estos comportamientos tienen en común que son

perfectamente aleatorios y, por ello, substituibles por

otros. Que nada dicen acerca del mejoramiento in~

trínseco de la persona humana que los ejercita es algo

obvio, y también algo común a todos ellos. Por eso,

es muy difícil discriminar, entre ellos, cuales son

mejores que otros, relegando de ordinario este balan-

ce a la ley del gusto personal.

Pues bien, en el presente escrito se intentará

mostrar que nada de eso es un hábito, tomado en

sentido estricto. Consecuentemente, que en nuestros

días, y en esto tenemos una deuda con la moderni·

dad, más grande de lo que parece, se desconoce pro-

fundamente qué sea un hábito. Pero como el traba-

jo debe ser constructivo, habrá que intentar pene-

trar, en pocas páginas, en la índole de los hábitos, y

en la distinción de ellos con el resto de realidades

con las que se les suele confundir: posesiones físi-

cas, disposiciones, costumbres, manías, etc. Nos

podríamos ocupar con toda legitimidad de estos otros

asuntos, ropajes culturales, a los que se les confun-

de con los hábitos, pero se prefiere centrar la aten-

ción en los hábitos y no en esas manifestaciones

extrínsecas, sencillamente porque estamos ante un

asunto superior con el que nos jugamos mucho más

que nuestra imagen estética.

Para evitar equívocos terminológicos, se en-

tiende por hábito, en el presente texto, lina perfec-

ción intrínseca de las potencias humanas suscepti-

bles de un crecimiento irres/ricto. Esas potencias,

como se verá, sólo pueden ser dos: [a razón y la vo-

tun/ad. A la mejoría interna de la inteligencia como

tal, los clásicos la llaman simplemente hábito; a la

de la voluntad, vir/ud. Si los clásicos no se equivo-

can en este punto, y logramos descubrir de modo

obvio que eso es así, notaremos que se trata de una

realidad humana que no es convencional. Más aún,

que el crecimiento de esas potencias no puede ser

arbitrario, aleatorio o relegado a la ley del gusto, sino

sólo en una dirección: según la naturaleza de las mis-

mas y en orden a su fin. Ahora bien, previamente al

- Doctor en Filosofia. Universidad de Navarra. España. Profesor de la Universidad de L.a Sahana.

lua" Fernando Sellés

estudio de estas realidades, es pertinente detenerse

en un breve recorrido histórico dcl tema.

GENESIS CLASICA y DESARROLLO

MEDIEVAL

Al parecer, es a Sócrates al primero quc le

dcbemos el descubrimiento de la virtud l. PlatÓn dio

un buen rcpertorio de virtudes, que intentó estudiar

pacientcmente 2 , Es a Aristótelcs, sin embargo, al quc

le debemos, por una parte, la distinción entre cl hábi-

to intclectual y cl poseer catcgoriaP, scgún la cual,

se dice, por cjemplo. que uno posee un anillo, un ves-

lido, etc. El hábito como categoría es todo lo referen-

te al ámbito del rener, es decir. a laposesión material

o física, También le debemos a él la primcra cxposi-

ción acerca dc la índole dellJábiro inre/ecwal como

disposición según la cual se alcanza la vcrdad~. Se

encuentra asimismo en sus cscritos un cstudio rigu-

roso de la virllu/ como un hábito o modo de ser.

Tampoco relegó Aristóteles al fondo dcl tintero la

distinción entre hábitos y virtudes!>. Separó también

los hábitos intelectuales de los que no lo 50n 7 • Se le

debe, a su vez, la clasificación dc los hábitos intclec-

tuales, clásica por otra parte~. Y. por último. la mul-

tiplicidad de virtudes que adjunta a la voluntad~,

l Es manifiesto en el ~ diálogo de transici6n de Platón, que Sócrates busca la índole de la virlud (ap€rrJ), pero el lema al final del diálogo queda abierto: ~antes de Ítll'eSligar de qué manera llega a Io.v hombres la I'irtud. intentemos primero im'estigar qué

es la l'jrtud en si misma. Pero ahora es hora de que yo me I'aya ... ", trad, Ruíz de Etvira, A., Madrid, In.dÍ/uto de Estudios

Poliricos, 1970 (lOO a), Es claro en el ~,(fiálogo del mismo paiudo del ciuulo autor, que da COII ella. Recuérdese al

re~peclo el pasaje en el qlle Sócrates afirma que "el mayor mal es comeler injusticia" (469 b), pueslO qae si uno la camele se

eO/wier/e en un injusto, es decir. se perjudica a sí mismo por dentro. En cambio, si la padece, aunque sufra daño, no se l'Ue/I't! uno injUSIO. Muchos diálogos Platón 1Ie¡'an por subtítulo alguna I'irlud en particular. )' Las Leyes.. una obra de la I'eje::., es un escrito para educar en la virtud. lLa virllul rectora para l'latón es, como es sabido, la prudencia ('f!fXJl'COIS), a la que siguen la justicia (ol1.:awovvr¡), la fortaleza (w0pcla) y la templanzll (<JO<{!(XJ01JI"I)' La prudcnci'l no es explícitamenle di.~lilll(/ para Platón de /el sabiduría (oOf/Jw), )'(1 que entiende por aquélla cierta sabidllría práctica. Cfr. por ejemplo. RepÚblica l. IV, 427 e, 429 a, 433 b·c.

J A esta categoría, la última que describe Aristóteles de los nllel'e accidellft's, la llama tener o poseer (CXCIV). Cfr. Categorías. c. xv, Buenos Aires: Aguilar. 1962. p. 103.

4 Cfr. tljea a Nicówaco, l. 1, c. 11, (BK 1139 b 12-13), SI' cita, /a/llo e.\·w ¿tica como la de Euelemo, por la Ed. de Madrid: Gredas, 1985.

5 Cfr. (¡¡ca a NiCÓmpco. 1, 11, c, 5 y ó. (BK 1105 b-1107a). En UIIO de esos pasajes escribe: "la I'Írtud es un modo de ser Selectil'O, siendo un término medio relatil'o a nosotros, determinado por la razón y por aquello por lo que decidirla el hombre prudente~, Ibidem, 1, 11, c, 6, (BK 1106 b 36·39),

!> En la trica a Nic6maco distingue entre fas hábilos de la raz6n y las l'irlUdes de la 1'Olu/IIad: «Existen dos clases de virlud, la

dianoéfiea y la éticalf, l. 11, c. f, (BK 1103 a 15;. «Al analizar las ¡'ir/lldes del alma, dijimos qm' unas eran éticas y otras inleleclUaleslf, Ibidem, l. VI, c.1, (BK 1139 a 1).

7 ~PueslO (Iue hay do~' fXlrtes del alm(l, las 'irludes se dislinguen según ellas, siendo las de la parte racional y meleetuales -cuya obra e.v la verd(ld, UJnIO acerca de su naluraleza como de su génesis·, miemras que las de la parte ¡naciO/wl poseen un deseo - pues si el alma se divide en partes, no caalquier parle posee un deseo ", Moral g Eud<'wo, l. 11, c. V, (BK, 1221 b 28·34).

8 Distinguía Aristóteles tres hábitos enlre fas de la razón teórica: hábito de ciencia (c;uar'JW1), hábito de los primeros principios (vovs), que alguno,~ traducen por intuición o intelecto, y hábilO de sabiduría (0Oll'w). El imelecto estaba Ja presente en fas escrilOS de Platón y él lo llamaba «el ojo del alma:o ('1 fEsl/JlJXlJs O1J!I.f), efr., Repúbliea,.519 b. Este, para Aristóteles es lo más divino que hay en nosotros (9CIOWWV), cfr. trica g NjCÓwgco, l. X, c, 7, (BK 1177 a 17), al que él llama hábito de lo~' primeros principios (.ulfE'ral 1I10t1 E/val rWI' apXov). Por otra IXlrte, dividió en dos los hábitos de la raron práctica: el de prudencÚl

(4)f>ovIJo1$) y el de arte (rcxvr¡). Los pasajes del filósofo en los que desarrolla los hábitos son: a) Para el hábito de ciencia: ÉIKJl

g Ni<6maro VI, 11, V; Analíticos, 1, 11: Mewfisjca 1, l. b) Para el intelecto de fas principios: Eljcg ª NjCÓWaCQ. VI, V. c) Para el hábito de sabiduria: EUca g Njc6mgco: VI, Vy X; Mew([sjca 1, 1,. d) Para el hábito de prudencia: tUca a NjCÓWgco, VI, 111 Y Xl; Metaj1sica 1, 1, e) Para el hábito de arte: tUca a Nicómgco, VI; Metuflsica, 1, 1, Como bibliografla sobre el presente lema puede consultarse Gómez Robledo, A., Ensayo sobre Igs l'irlUdes jnrelcrruales; México-8I1ellO~' Aires, FOllllo de Cultura ECOllómiea, 1957.

9 Cfr. tUca g Njcómaco. 1, IV, V, VI/, VII/ Y IX; tUca g Eudemo, l. 11/ Y IV.

J

Juan Fernando Sellés

se nota asimismo la presencia de Alejandro de Hales1Q

en la doctrina tomista, es innegable que la mayor in-

nuencia la ejerció en este punto su maestro Alberto

Magno 20 , precisamente por los comentarios de éste a

la Ética de Aristóteles, aunque el cstudio de los hábi·

tos está también presente en otros escritosde ese autor.

Comosealudirá reiteradamente al Doctorde Aquino,

baste mencionar ahora que éste describe al hábito como

"una cualidad, por sí misma estable y difícil de remo-

vcr, que tiene por fin asistir a la operación de una fa-

cultad y facilitar tal operación~21. Por lo demás, el cú-

mulo de referencias suyas tanto a los hábitos intelec-

tualescomo a las virtudes de la voluntad es ingente, y

sigue bastante, en ambos tipos, a la enumeración y la

clasificación que el Filósof0 22 establece en la Ética a

Nicómaco 23 •

El legado aristotélico-tomista en este punto,

mirado detenidamente, es tan ingente como olvidado.

Sin embargo, quedan en el aire, para los pocos que

han reparado en él, algunos puntos cruciales pordilu·

cidar, entre ellos, los siguientes: a) Si el hábito es una

especie de cualidad, accidente que sirve para descri-

bir la realidad física, ¿cómo es posible que describa

lo que no es físico, puesto que ni la razón ni la volun-

tad lo son? b) Es claro, en ese legado, que las dos po-

tencias superiores mejoran, crecen, con la adquisición

de hábitos y virtudes respectivamente, pero ¿quién es

el que las mejora, puesto que ellas son potencias y, en

consecuencia, de entrada nada pueden dar de sí? e)

¿Por qué una pluralidad de hábitos o de virtudes si la

facultad, en cada caso, es única? d) ¿Cómo conoce-

mos los hábitos y las virtudes? e) ¿Qué beneficio tiene

para la persona humana poseerlos? f) ¿Todos los há·

bitos o virtudes son adquiridos? g) Y en caso contra-

rio, ¿los naturales son susceptibles de crecimiento? h)

Caben hábitos en las potencias sin soporte orgánico,

pero ¿caben en las que están dotadas de él?, i) Si son

tar. importantes los hábitos, ¿cómo adquirirlos?, etc.

Indudablemente, las cuestiones aludidas son de gran

interés, y hoy, seguramente, de solución nada pacífi-

Cl .. Evidentemente, por razones de espacio, no pode-

I~ Obsén-ense. por ejemplo. esras tesis: el Mbitoes ml.'jor que el acto. Summa l'heologirn. Grouaferrara, Roma. ed. Colegií S. BOIUlI-ennmrae ad Claras Aquas. 1924. 1'01. 111, 597 b; regulo a la po,encia. Ibidem. IV, 1021 ab; que las 'irtudes inte/ec/uales son escasas en comparoci6n con las morales. Ibidem. IV, 1071 u-b; que es/as últimas no pueden formarse con un s610 acto. Ibidem, 111. 4 b, etc.

20 A modo lle resumen eOlwielle reseñar los puntos fllfldamemales sobre los hábitos 1.'11 los escritos de Alberto Mugno. que recogerá su

mejor discípulo, Tomás de Aquino: difiere de la operaci6n. efr. Super EIIlica, 47, 75, 1.'11 Quera Qmnja. ed. cil.; es mejor que ella. Ibjdem, 47, 6(); se distingllen, como las IXJtellcius. fXJr .I·US objetos, fXJr el fill, Ibidem, 90, 73; efr. asimismo: De Divinís Nomínjbu.s. 245,61; permallecell en el operame,Swx:rEthicu. 106, IJY ss, Y lo perfecciona/l, Ibidem, J16,58; 131, 70, emelrdiendoexplicitamellte que a quien prefcccionan es a la potencia, SUuer Elhjca, 307, 53-56; son cualidades, Ibidem. 108, 18, Y fXJr ramo formas, Ibidem, n. 89, es decir, con fas fXJtencias pasivas de la misma. Ibidem. 308, 1 1; J15, 69;)' respecto de ella el hábilo es principio, Ibidem, 365, 4; se gelleran fXJr WIO ° I'arios uctos, Ibidem, 325. J5-36. De Djvinís Nomíníbus, 210, 46. Y se distin8uen de los clases de las virtudes morales. Super Erhjca, 90, 64 ss: 87, 54; 509, 53-6/; 284, 79. 393, 1; el deleite ° la trisleza es la señal de que se ha gellerado ° no el hábito, Ibidem, 96, 62; 101. 15 ss; 709, 64; pero está claro que esas se generan, puesto que no eSllfn de entrada 1.'11 la naturaleza, Ibidl.'m, 250, 32; 93, 58; rambién las ;me/ecwall.'.l· son ¡'irlUdes: Ibidl.'m. J22, 68; 115, 53; 116, 3; pueden aumemar, Ibidem. 250, 32; 93,58. Por último hay que l'ubrayar el énfasis COI! el que mantielle qlle las 'ir/ulles imeleclUales son superiores a las morales. Ibidem,

  1. 33; 395. 6; 396, 14; 396. 18; 396. 28: 764, 28, fXJr dil'Crsas rozones: la felicidad, la dependencia. elc.

21 ST2.49.2.raJ.

n Como es sabido Tomás de Aquino se I'I.'fiere o Arist61e1es con el calificativo de .. d Fif6sofo». porque lo considera en más que a otros autoresfilos6ficos.

:!.J .. Las virtudes imelectuales son cinco en número, con las cuales el alnw siempre dice la verdad o afirmalldo ° negundo: a saber arte. ciencia, prudencia, sabjduria y el imelecto», CR. 1.44. nl1. En la raz6n especulalil'a fXJne Ires: el hábito de ciencia. el de los principios y el de sabiduria. EII la raz6n práctica son dos los que anota: el hábito de la prudencia y el de arle. La diferencia entre los hábitos te6ricos y fos prácticos estribo, para Tomás de Aquino, 1.'11 que «la sabiduria, la ciencia y el ime/eclO implican la rectitud del conocer acerco de 1M cosas nccesarUJs. el arte y la prudencia implican la rectitud de la rozón acerco de locontillgente». Yentre ellos Ja diferencia estribo en esto: por una purte, en Jos especulativos. I.'n que .. el imelecto es eJ hábito de los primeros principios de la demos/raci6n. La ciencia lo es de las cOllc/usiolles por la.~ causas inferiores. La sabidur(a, en cumbio, cOlI$idera las primeraj,' causas». Por otro. en los prácticos. anota que .. la prudencia dirige en las aeciolles que no pasall a materia exlerior, sino que son perfecciones del que obra. El arte, en cambio, llirige 1.'11 las cosas que se hacen. que paSUII a maleria exlerior». CMP. 1.1.n34.

mos abordar todas ellas aquí. Pero sí podemos centrar

la atención en una de ellas: la índole de los hábitos.

Abonl bien, previamente es oportuno reparar en la

oclusión al respecto, acaccidaen la filosofía moderna

ycontemporánca.

EL ECLIPSE MODERNO

Y CONTEMPORÁNEO

Sobre el estudio de los hábitos se ha produci-

do históricamente una curiosa y lamentable pérdida.

Es verdad que la especulación de la filosofía griega

se ceñía más a los hábitos intelectuales que a los de

la voluntad, hecho que Tomás de Aquino denunció2-/..

Con el surgir del cristianismo, en cambio, creció el

interés por la voluntad, porque Dios no sólo es cono-

cersino también es amor, pero tras Tomás de Aquino

este estudio filosófico, de primera línea por cierto, se

Hábitos, virtudes, costumbres y manías

¡x¡larizó casi exclusivamente en la investigación de

los hábitos voluntarios, y ello, por lo que respecta.

salvo raras excepciones, a la filosofía de vertiente

tomista 25 • puesto que la edad moderna ha dado bue-

na muestra del oscurecimiento de este estudio en

ambos campos, ya sean hábitos intelectuales o vo-

luntarios, denuncia ésta de reciente redacción 16 •

En el Renacimiento se comienza a comprender

la virtud como unafuerza 27 • El caso de Maquiaveloes

reprcsentativo, pues ya no se concibe la virtud como

una perfección intrínseca sinocomocicrta fuerza, bas-

tante astuta por cierto, para vencer prácticameme 211 •

El concepto de fuerza, incipientccn Descartes 29 se pue-

de encontrar. aunque con notables variantes, en auto-

res lan dispares como KantJOo Nietzsche. Eseconcep·

lO dará lugar al de espolltalleidatPl^ en autores como

Schiller. Ahora bien. la virtud nada tiene que ver ni con

24 "Et ideo philosophi in I'o/unta/e 11011 posuerunt aliquem habi/llm /tec naturalcm Ilec acquisitum», QOV. 24.4.ra9.

25 Es cierto qlll! los grandes comentadores tomistas trattm la cuestión. como es el caso de Juan de Sto Tomás: "omnes lJOtentias ratiQtlales elicilil'as actuum illmanenlium, esse capaces habitaum, ut intelleclU:¡. et 1"Oluntas, quia habitus erUlI1 o¡wralil"i. quia disponunt, el on/inam polenliam ad operandllm», Úlrw lheoloricus, q. L/y, di$. XIl. aro Il, Xxv. Turin, Marietti. 1948-49, '01.

6. p. 262. Pero no menos cierto es que los tomistas modernl).f. por enfocar el tema desde el orden moral. relegan a UII segundo plano u omiten el papel de los habitos cognoscitims. Habria que releer estos paSiJjes de Tomás de Aquino: ,,\yrum et boIlum sum aeque nabi/ia. Si igimr in IYXulllate. cuius obiecrum est bonum. potest esst' 'irtu:¡; ergO et in imeflectu speculati"o, cuius abiectum est \·erum. poterit esse '·irtus •. QDW: l. 7.sc2...Virtates atdem possun/ esSt' non soIum in affectu. sed etiem in inte/fecIU". QDIY. 1.ra1/ ... hahitus perficiells inleUeclUm ad l'erllm cognoscendum. ve! in specufafil'is '1'1 in praClicis. dicitur "irlus". ST2.56.J.ra2 .• NOIr solum oportel esse habitum !"irtutis ill 'OlIlIItate imperantl!. sed etiam in imeflectu assemiente ... ST3.4.2.ra2.

26 Me parece 0IX)rtuno resaltar en eMe aspecto este texto dell'ro! Polo. L.: "E/t lo.~' plallleamief¡fu.' modernos la noción de hábito está perdida, Tris/e pérdida que hace a la filosofía tOI1 objewlllista. y además, qlle sean tUft frecuelltes la conculcación del axioma A (a saocr: .. el L'uflOcimiento eS aClo.) y la apelaciÓII a/a intuición 11 a /0 cOlIslrllcción del prillcipio de COI/ciencia, cuya entralÍa

es e1l'ol/llllarisnro. es decir, IIlla cOllfusión entre dos 6rde/tes de actil'idad ... Cuuo de Teoda del COJ"x:imienlu, Pamplona, ElUlsa,

vol U, 1985, p. 232.

27 El término .. drtud», usadopor los clásicos, proviene de la palabra latilla 'is,/uena, peroseconcihe esa fuerza comoellriqllecimiento intrínseco, no como poder o capacidad de mO'imientos extrinsecos.

l::8 En efecto. Maquia"e!o acepla que en política se puede aceptar el medio illmoral para alcanzar un fin hl«!no. De est' modo, la ,'irtud como perfección intt'rna no importa, o, en todo ca.w, paso a ser St'cundaria. primando fa eficacia practica en la cvnsecu· ción de un abjetil"O.

29 Una "gla de la moral cartesiana propone que se detw tener una resolución firmt' y constante de lIe'Qr adelante todos los dictados de la razón sin dejarse fln'ar por la pasi6n o el apetito... y es la firmeUJ -alÍade- en esa resolución lo que .ro pienso que debe tenerse tJOr I'irlUd», Qurres de Drromct París, Ed. Adam-Tarmery, 1897·1913, 1'01, IV, p. 265. EII esa "fuerza de I'Oluntad. se esboza e/voluntarismo de Descartes en este punto.

lO Notoriamente, /a ética kantüma l/O es Iti una ética de viril/des ni de biene.\·, sino de normas, y ellu porqtle, efl rigur, I/escoltore /a índole de lal'irlUd, la re/ación de ésta con el bien. a/ que Kallt no da entrada en ética, y el papel cemral, hegemónico, de /a vir/lld en ética.

II Ninguna novedad supone que Kant o Schiller, elltre otros, hablell de espontaneidad, cuando es ése el núcleo de la interpretación

de la ''O/untad que EscOlo realiza más de cuatro siglos ames. Por lo demds, el influjo de esa concepción en nuestros dias es palente. porque se llega a admitir, como el Doclor Sutil. que la 'Olunlad es libre por esellCw, que se desencadena espontáneamen- te, y que quiere lo que ella desea.

Educaci61l y Edllcadores 41

Para Zubiri, "el h<Íbito es el fundamento de la

posibilidad de toda suscitación y de toda respuesta"lQ,

es decir, algo similar a una capacidad aparencia pre-

senle en las diversas realidades. Porello. cuandoapli-

ca el vocablo al hombre, lo entiende como habitud

intelectiva, es decir, como la capacidad de la inteligen-

cia de habérselas con las cosas como realidades. Tam-

poco Funke. en su estudio histórico de este tema, en-

tiende la naturalczadcl h<Íbito tal como cs. ni tal como

se deriva de los estudios de Aristóteles, por poner al-

gún ejemplo que él mismo cita. pues piensa que el

Stagirita. por hábito. entiende algo así como una fuer-

za o una facultad ol". Salvo raras excepciones. el p,mo-

rama intelectual de nuestros días en torno al estudio

del hábito tampoco es muy alentador 1.

NATURALEZA DE LOS HÁBITOS

El hábúo raciol/al es el conocimiento del acto

racionalol^ !. lo qm:: hoy en día llamaríamos el "darse

cuenta" de nuestros actos cognoscitivos. Pongamos

un ejemplo: no es lo mismo el acto de juzgar por

medio del cual se conoce que "el escrito es inlere-

sante", que aquél otro ac/() por el cual me doy cuen-

Hábitos. "irflides. cosfIlmbres y manías

ta de que juzgo. El segundo conoce el acto. no "lo

interesante del escrilo" o cualquier otra realídad. El

acto de conocer "lo interesante del escrito" no es "lo

interesante del escrito", que es el objeLO conocido.

Pero el acto de conocer por el que conozco que con

un acto conozco "10 interesante del escrito", no es el

primer acto, sino otro referido a aquél. pues ese acto

que conoce el objeto también se conoce. El conocer

el acto, sin embargo, no es posterior al ejercicio del

acto, sino a la vez y. además, condición de posibili-

dad del mismo, Se conoce la operación cu,mdo se

ejerce. Pero como la operación no es lII¡(Oinlenciorllll.

ya que se agota conociendo su objeto propio, en estc

caso "lo interesante del escrito" se conoce a la vez-

simlll- que se ejerce dicho aCloolJ, pero con otro acto

que es más acto, a saber, un hábiro.

En cuanto a la vo/ulltad, ésta es capaz de há-

bitos. por una parte, porque es una potencia abierta

a querer una u otra cosa en esas cosas que miran al

fin, y. por otra, porque tiene una dirección natural al

fin: la felicidad, La voluntad es susceptible de hábi-

tos en esas cosas que miran al fin. pero no respecto

del fin mismo,

3'1." "t.·llwmhre, ,,'alidad !)('r.w)//a/", ('11 Rel'isla ¡Ir Occicll'llle, AI'o f, 2a éf'o{"{/, I (19f13), p. JO.

,¡j)°Ge ....ohnlwil. 1958, diado por Farlll,'r Mura. DicdV/wrio dI," filosof1u, IJarcelflllll, Ariel, fW4, '01. 1/. pp. 1545·6. N;JlJ.:wla d.. las {'urll(/aisliu/J dcscrilas por {'.'k alllor ,'11 lornu ul ,'sludio !ú.,t6rico del Iráhito da CO/l la {mlo/c d'" mislllo. E/I efc{'to, ni 1'/1 lo que d I/uma liSO sisrcmllliclJ delltfrmÍfw lIi ,'Ir lo qllc lio'/lOmilll/ uso /lO Ii.lI,'málico dl'l mismo com/J(lrtTe la l"l'rdadcra /lI.JlUralt':1I ¡Jel Irál>ito e/l los mllore.' que menf"ÍO/w: Arislóle/es, (jllimilialllJ, Vin's, MOnloig/l", /fume, COIulilla(", Erdmlmn, Maille .1,. 8irall, Ro'(/is.''OII, CJW'lIlicr, I/llss('rl, {'le

.1 E'l 111 excepciÓ/I r,.faida alháhito d,.hc lellt'rSt' en CII{'/rIa el pt'IISIJllliemo ¡J{' Polo, L, munif{'stado elr mlllliplicidad de 111'm.~. Cfr, por ejt'mplo, Curso de Il'orfo del (onocimÍt'/llo. 1'01.. (-IV, Pamplona, f;u!l.w, J984·f994. F/I cambio. O/ros OlllOrcs 1I"olomislas

siguI'lr e/lc/ladrando el l"jhilO d('l1Im tle la ..ategoria cllalidad. Cfr, Ro/¡md-Go.ut'lill, M. O .. L 'Jw¡'¡wde, 1920: Tllrid 8 .. fJ

hábjtu-o!plidu¡J, 1961. E'r mO/lto a /a I'irllld. t'i lemll fu,' rn'llpI:rado, ell/re otros IXJr PiCfJt:r, J .. cfr. Lus 'irwdt:s lundUltlt'lItalt's, Madrid, Rialp, 1t;76. Y hoyes cOIwcido, "II/re O/ros, por MI/e Im)'re. A .. cfr. Afia lirta!,', 2a ed.. Notre Dame, Unil'.. af Nom' Dame I~res~, 1()M: [ro l'asio/II,')" dl'afe) tÚ: /u étjca, Madrid, Ria/p, 1992.

~l El hábito 01 COIIOt','r 01 (J(f() COI/OC,' /tI u/liólr t'mre ano y objeto, 11 con polobras de /'OLO, L, "La i/ll/'Iección de IiII cOIrjlllrciól/ ( del el/lender CO/I Jo elrlt:mlido) /10 ,'s U/I {lcIO, sino l/Ira rl'fe;x:itm de curácter hahilllul". ('11 "ro imd,'l"/lUlI y lo illteliKihJ{'''. 1' Anuarjo filosQ.fiw, XV (IWf2), p. 126, 1\OItl /.J.

~3 A 1'110 ,~<' refic,,' HAYA, F. ,'/1 el siKllieme texto: "la iluminaciÓII de la OIJt'raciÓIlIlO ('S l)Qslt'rior a la opcrllciólr misma,lxlr(llIe la aetÍl'ÍlJmJ del imd('clo og..,ue cs /0 lJ(tllafidlll/ úlliml/ dt' IOdl/ u/wracióIl cogno~citi'a. Es d"ár: 111 ofJt:raciólI .\·ólo es emititla por d elJfemlimienlO posible ('/1 101110 que ilumÍ/JOda por el agem{'. O mós cluro aun: el cllIt'ndimiellto l)Qsibk cO/rOCt' d objeto

mcdianle fa o/Jt'radól/, porque W!loce Sil operaciólr mediante el /rábilO, Tomás de Aqujno aar!,' la crítica La aujcu!acióll

IraKt'Q/kntald¡; cQQocjmimto ' fL't: PamplOllo, EulISo, 1992. P. 283, También Polo. L., se refiere a e.wa simllllu/IÓdatl earre acto )' hábilO de eslc modo: "No IC proct'dc a CO/ll{'I/zar (acto), sino qlle se comien.za rl'lrayélldose (hábilO): al/JlJ.mr al acto r<:lroybldost',

.~e forma el obj"w, y /10 ImleH, ellnO de (fOrja de! cullocjmÍl,'Il/Q, '01. 11, p, 300.

Educación y Educadores 43

}mlll Fernando Sellé-~

En cuan(o a la naturaleza de los hábitos, es

clásico sostener que son "cualidades"4oI. Algunos au-

tores, tras distinguir varias especies de cualidades,

encuadran los hábitos en la primera de ellas, preci-

samente llamada así: "ábiro· 3 , puesto que son deter-

minaciones del sujeto en orden a la naturaleza. Ahora

bien, si los hábitos son de las potencias (entendi-

miento y vo/unlad) y éstas forman parte de la esen-

cia humana. el clásico encuadramiento del hábito

dentro de la categoría física de la cualidad nos de-

nuncia una laguna, a saber, que no se puede encua-

drar en lo físico lo que no lo esol(). En efecto. los

háhitos no son s/lstancia ninguna, pues no pertene-

cen al compuesto hilemórfico, pero tampoco son nin-

guno de los accidentes, a menos que se quiera ad-

mitir que la esencia humana es un accidente, pues

son los hábitos Jos que actualizan la esencia huma-

na a la que estaban abiertas naturalmente las poten-

cias espirituales. Entonces. si no son accidentes de

la realidad física, ¿qué son? Manifestaciones del acLO

de ser del hombre en la esencia humana. En conse-

cuencia, tampoco el ser de la persona humana es

nada físico.

GÉNESIS DEL HÁBITO

Ni ngú nMbi ro raciona/puede ser efecto de u na

operaci6n cognoscitiva, porque es másacro que ésta,

y ningún efecto es superior a su causa (otro tanto cabe

referir de la virtud). Más acto, referido al conocimien-

to,significamás luz, más conocimiento, Deahí que las

tesis acerca de que los hábitos racionales operen una

presunta "inconsciencia" en la razón es falsa sin más,

Tomás de Aquino mantenía que el poder por el que de

un acto se generan los hábitos no lo tiene dicho acto u

operación por propia virtud, sino por la virtud del prin-

cipio activo del que estos actos provienen 47 • Ese prin-

cipioes, sin lugar a dudas. más acto, más cognoscitivo,

por lanto, que las operaciones y los hábitos. ¿Cuál es

el principio activo'? El acto proviene, en terminología

aristotélica, delúuelecLO agente 4S, y engendra los há-

bitos en elellfelldimientoposib/e,es decir, en la razón

o inteligencia.

Se puede decir, por tanto, que el hábito es, en

orden de importancia. anterior a la operación, porque

es un acto más perfecto que ella. El orden de prioridad,

olol Cfr; Tomá.l· de Aqllitlo, 15N.17.2./.ra5; 2SN. l.J.1.2.raJ; JSf'. lJ.J.co; .JSN. .J./.J.ral; QDY. l.JA.co; SCC. 1.56.n7; J: 92.n5; CC/If. J. 7.112; QDM. 16.8.mI2; ST2.49.lco; 2A9.co y rld: 2Ag.3.m / .. 2.50. /.ro y m2; 2.54.I.co; 2.55.4.co. Afirma Aristóte/es l/ue también ",las dril/des trO paedetr .~er sillo hábitos o cualidatlcs, É/ica a NicómacQ, L. /l, cap._ Y.

Entre los amores recie/ltes sigilen pOIlielldo al hábito delltro de la categoria (Ic la cualidad eslá CRUZ, J., -El ",haber categorial"',_

en ReI'Ú"1U de Filwpfia de la Unil'asjdad !berwmericquu. Méxicu, XV/J (/984), p. 259 Y XJII (1985) pp. 17·18.

43 La distinción del predicamento CIIalÜla(1 en CU(ltro especies diSlitltas prOl'iell(' IUmbiétr de Aris/6reles, cfr. Cate¡:or(as c. 6. nos, J, 7,8, 14. El recorrido histórico de/tratamiento del hábito como Cl/lllidad está ampliamente estutliado, por Ramíre;:, S., en Qpu¡;¡. ~ 1'01 VI, De lrabitibus in communi, q. 49. MadrÜl, L. Vil'es, J973, pp. 31-59. También es/á exten.l"amellte expuesto por este alltor el qae peflenece al género de la primera especie de cualidatl y dentro de ese gétlero se distingue especf/iCamenle de la (Jisposici61l. Cfr. /bidem, I'P- 6O·9.J. La raz6n (lile da es que ni es .~ustancia lIi peflellece a ningwJO de lo}' otros accidetltes, pero si a éste.

.lI) La inmaterialidad, la espiritllalidad, IKH tIImo, de esas dos potencias humanas (ente/ulimiellto y I'olun/ad) se deml4estra a lrm'és (le la La inmateriali(lad de Sl4S actos. y la de e.l·tos, a tral'Ó de sus objetos. IJasta pe'lSar en /a lUIda para darse cuenta de que ese objeto IJensadQ /1/) es maleríal. Ahora bien. el aclO que puede pellsar lo que no es material debe ser de las mismas caracterfs/icas. En conseCl/etlcia, la facultad donde inhiere ese acto debe ser (le la misma índole. Uf/(l venlUja deducida de esla argumentación: si demostramos la espiritl4alidad de las dos potencias, demos/ramos tambibl la del alma, domle ellas ra(licatl, y en consecuencia, su itlmor/alidad.

47 ",El acto que precede al hábito, en cuanto procedente del prillcipio activo, proviene de UII pritlcipio más perfecto que el hábito engendrado,., ST2. 51.2.ruJ. .. Segútl el/o se e1'ita el proceso al infinito poniendo a un acto (o un hábito) como supuesta condición de posibilidad de o/ro acto (o hábito), y as( sucesivamellte. A la par, se encuadra el inte/ecto agente -qlle de e.~e modo deja de ser una mera pieza te6rica aplicatÍl'a de la abstracci6n, como lo es para muchos· en el núcleo de la persona huma tia. como itlten/é demostrar en mi ponencia "El lugar de/ illtelecto agente en fa antropalogfa de Tomás de Aquino", etr Congreso Jllternacional de Filosofla Medie· ml, Barce/olla- Vic. abril, 1993.

44

Juan Fernando Sellés

do ésta se abre a la libertad, no antes. Sin el hábito el

actuar operalivamente sería pura espontaneidad, se-

mejante al instinto, pero el hábito ejerce un control

sobre las operaciones. A su vez, esa nueva actualiza·

ción de la facultad por parle del hábito proporciona

a ésta mayor perfeccionamiento y capacidad. La ca-

pacita para lo que antes no lo estaba. Ello significa

que la abre a la libertad, de tal modo que puede

definirse el hábito en términos de libertad, tal como

lo hacen San Agustín y Averrocs, y que recoge Santo

Tomás ss^. Polo concluye que "si la facullad no tiene

hábitos, no es libre"S6. Si la libertad no es una mera

propiedad de la facultad, pues no es un hábito, y en-

laza con la inteligencia y con la voluntad de modo

tJirccto, la libertad hay que encuadrarla en el núcleo

del ser humano, es decir, es un radical personal, del

serde la persona S7, pues los hábitos de las facultades

forman parte de laesellcia humana, no de su acto de

ser'.

En la inteligencia, el entendimiento agente,

pues, consigue que la facultad pase a actualizarse en

forma de hábito, no en forma de acto. Esta actualiza-

ción es de diversa índole que la actualización de los

actos u operaciones, porque los actos se actualizan

cuando iluminan, conocen, poseen objetos, mientras

que el hábito no versa sobre objetos sino sobre actos.

Por eso expone Tomás de Aquino que los hábitos se

especifican no directamente por los objetos, sino por

los actos: "los hábitos se distinguen por los actos, y

los actos por los objetos"5'íI. El hábito permite, pues,

por la renuencia -feed-back, diríamos hoy en lenguaje

computacional- sobre la facultad, el perfeccionamien-

to de ésta, y como consecuencia, la mejoría de la

operación bO^ •

Decíamos de los hábitos cognoscitivos que su-

ponen una perfección intrínseca para la potencia. La

facultad crece en cuanto que lal merced a los hábi·

tos. Éstos añaden una nuevo capacidad para la po-

tencia que la incremenla a ella misma. Crecer como

potencia implica tener una capacidad de realizar ac-

tos u operaciones más altas que las que podía reali-

zar antes del crecimiento. Sin los hábitos, la facultad

no podría conseguir eso sencillamente porque es un

principio finilo, pero por ellos puede desarrollar una

operatividad infinita porque no tiene límite en su cre-

cimiento, dado su carácter espiritual, y al no tenerlo,

cada vez que crece es más capaz para desarrollar

operaciones superiores. Cabría ahora sentar lo mis-

" Lu referencia a Tomás de Aquino pertenece a: 572.49. 3.se.

S<> Polo. L.. ADumes de PsicQ/!II.:ía. pro mal/useripto, p. ll9. Esle u.I'pecto está desarrollucio 1'11 otros e.~crito.\· del mismo alllOr. Por

ejemplo. en Ul/ pasaje al/O/(¡: ",10,1' hábitos intelectuales l/O se ago/ll!l el/ la operación. por cuanlo abren lo imelecmal a la libertad. No sólo la volunlad e.f libre: también lo es la inre/igencia, aunque /lO sin hábitos". Lo i/l/efectuul y lo i/1/eligible, en -:Anuario Filosófico", XV (1982). p. 130.

57 Cfr. a este respecto mi ponencia "La moderna reducciÓfl de la libertad". en XXX Reu/liOlres Filosóficas, PamplO/la. U. de Na'arra. / -3 de IIUlrzO de 1991.

ss Ello implica recuperar fa diSlinci6n tomisla entre essentia y esse y referirla al hombre. De ese modo los hóbilos de las fDcullades están Dni¡'e/ de esencia, mientras que otros DsunlOS nombrados en e/texlO CQI1IO el infelcelO Dgente. la persona y ID libertad forman parte del OCiO de ser.

59 4SN. 15.2.la.ra111. Son muchos los lextos en que expresa que los hdbilOs se diversifican, se especifican por los objetos: 2SN.

44.2.1.co: 3SN. 25.2.2.co; 4SN. J4.1.3b.co; 4SN. 16.3.2b.ra2; QDY. 14.7.co; Qmv. 2.4.co: CMR. l.nfÓ; S12. 54. l.se: 56. 2.co;

62.2.co; 1.24.5.co: 3.1 7. 6.rol: 19.5co; 23.4co; 47.5co; 47.11 .co: 81.3.co; 99.3.se; 4./9.1.ra2. Sin embargo es de suponer que en todos esos lexlos 1mb/a en general. pues hoy otra serie de ellos en los que explicilO que los habitas se dislinguen por los aetas y no directamente por los objetos. Cfr: lSN.25.1 A.ral; 1SN. 9.2./.scZ: 9.2.2.co; 13.3.1c.co; 31.1. la.co; 33.2.1a.co; QDY. 12.1 .ralO: 27.5.co; QD\V. 1.1 2.ra5; 5.4.ru6; STl. 58.1 .ral; ST4.85.2.co. Esta doclrina está, por otra parte, presente en Agustín de Hipono al que él mismo cita: ",habitas per actus definiantur, sicl.l/ Augus/inus dicit Super IOQn. "', Cfr; ST 3.58.I.ral y QDY. 11.I.raJO.

00 A ello apunta Gómez Cabranes, L., en un escrito Dristotélico: ",La operaci6n no puede ser llanca lo mismo, aunque sea /a misma. Es siempre nueva, en un sentido intellSionaf: es decir, siempre es mejor: si no, no cabe decir que lu fucultad esté actuando en cuanto perfeccionada por el hábito (rirtuoso), siencio éste una "disposició/I de [o perfeclo a lo mejor ... Así. pues, el habito, lejos

(le conducir a una rutinaria repetición de UCIOS, posibilita, haciendo ",nuel'U_ a fu facultad, la iIllJOI'ació" en sentido estricto_, fJ

oodf!r y /o posible. PamplOlra, Elmsa /989. p. 302.

46

mo respecto de los hábitos de la voluntad!>!. Respec-

to de las virtudes, que son perfecciones primeras, se

dice que los actos son perfecciones, segundas: "la per-

fección es doble. a saber, primera, que es la forma o

el hábito; y segunda, que es la operación"62. De ahí

se deriva que la virtud sea más perfecta que el acto,

en cuanto que ella es perfección intrínseca de la fa-

cultad o actualización de la misma~_l.

A MODO DE CONCLUSIÓN

La persona humana es susceptible de perfec-

cionarse intrínsecamente, es decir de crecer en hu-

manidad o, como dirían los clásicos, de incrementar

su esencia. Ello es posible merced a los hábitos y a

las virtudes, puesto que éstos son el premio inagota-

ble con que cada uno puede dotar a su naturaleza, ya

que ésta no es un dato fijo y clausurado, sino abierta.

En efecto. si bien ser hombre es algo de lo que se

parte, no es, sin embargo, algo que no sea suscepti-

ble de crecimiento.

¿Qué relevancia concentran los hábitos y vir-

tudes de cara a la educación? La importancia nu-

Hábitos, virtudes, costumbres y manías

clear para al mejoramiento de la esencia humana,

asunto que no pueden lograr, ni siquiera rozan, tanto

la" disposiciones, como las costumbres, como las

manías. Educar esencialmente no consiste, por tan-

to, en dar contenidos racionales ni en adoctrinar en

formas de comportamiento, sino en suscitar hábitos

intelectuales y virtudes en la voluntad. Lo otro, si

bien es legítimo e incluso meritorio, no pasa de ser

accidental, y sí suplanta a lo otro: inhumano.

¿Cabe, no obstante, una forma de educación

superior a la que permiten los hábitos y las virtu-

des, es decir, superior a la esencia? Si la persona,

cada quien, no se reduce a su esencia, es decir, si

"fulano de tal" no se comprende sólo con decir que

es "hombre", sino que es más que eso, entonces cabc

educación personal, puesto que también la persona

puede crecer como tal, pero no por sí misma. Ya no

se trata de un autopremio, porque nadie está en sus

manos. En efecto, nadie se ha auto inventado como

la persona que se es. Sin embargo, nada impide que

pueda crecer como un quien, como persona. por

Aquel que es capaz de enriquecerla, puesto que de

Él depende.

'1 A.{ 1'.\ malllellido por algunos aUlores contemporáneos: es el caso de Schmidl. C,: "El hábito implica un incremen/{) 1'11 el poder del elllelldimíclllo y de la volulllad. 11.11 crecimiento vilal de las potencias originariamellle imperfectas», "La sabiduría ell Sallto Tomás", en SQDk/ltja. 39 (1984). p. 121. O el cuso de Polo, L.: "Para las facultades superiores (volulllud e illleliKencia) el hábito e.\ una perfecciÓn illtrínsem», Curso de leoría del conocimie/llQ, vol. 1, p. 275. En otros pasajes expone el fundamenlo por el cual esas facutlades .1'0/1 Sllsceptihle.l· de de hábitos. a suber. Sil Ilufllraleza e.\piritual: ,,/u inteliKencia. por ser facultad inorKánica, es .\usceplible de ser perfeccionada en cuanlO facultad, y por tanto. pasa a 1m acto que no es ulla operación. Ese acto cognoscitil'(} es d hábito», Op. cil., vol. 11. p. 221: (fr asimismo: vol. 11/, p. 4.

62 QIJM. 15.raS. Válido e.', por tanto, el comentario de Haya, F., cuando anota que »eI hábito temutizudo como acto primero de cO/locimiellto. realiza la conexión de la operaci¡jn uc/() seKundo nJ/l e/acto primordial" (acto de ser) Op. Cit., p. 1f3.

I\J E/I la 572. 713.ra 1 1'1' lee que «simpliciler a¡;{u.1 e.lt pOlior tam in bollitate quum jn maliliu, sed hubitu.I· est potior secundum quid~. La preeminellcia del acto deriva del fin. Como e! bien es el fin, el acto que es fin de! húbito, se dice mús perfecto. Pero si se liene en cuenta que el "hubiluS esl actus quidam, unde habiflls dicitllr actus primus, et operulio uclu.l· secundus», ST2.49.3.ral (Cfr. tambiéll: CAN 2.1.116), entonces podemos sen/(lr que el hábito es mejor qlle el acto, pero eso se dice. 110 porque sea potencia re~pecto de/acto, sino porque e.l' aclo respecto de la facultad. Gómez Cabrane.~. L. uflota esta dIferencia de! hábito respecto det acto: "no es acto como lo es la operación. sino como algo adquirido, habido por la facultad. que queda en ella configurándola intrínsecamente. b /a nociÓn de reUrva de acto. en .~entido estricto», en El nader y /o w"ib/e., PamplOflll, Eunsa, 1989, p. 300.

Educación y Educadores 47