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Asignatura: socio, Profesor: Jose Antonio Ruiz San Roman, Carrera: Periodismo, Universidad: UCM
Tipo: Apuntes
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V13 (oct 2014)
José A. Ruiz San Román
Contenido (Temario): 1. Sociología sin sociólogos 2. Spencer. 3 Tocqueville. 4. Marx. 5. Durkheim. 6. Max Weber. 7. La institucionalización de la sociología. 8. Principales perspectivas en la sociología contemporánea.
os autores de los que vamos a ocuparnos murieron hace muchos años. Pero tienen interés para nuestros contemporáneos, al menos, por dos motivos. “En primer lugar las obras de Tocqueville, Marx, Durkheim y Weber están repletas de proposiciones, interpretaciones, hipótesis, teorías – en pocas palabras, de ideas sociológicas- que podemos aplicar a nuestra propia comprensión de la sociedad” (…). “Una segunda razón para leer a los autores clásicos es recapturar el sentido del descubrimiento que ellos experimentaban” (Smelser y Warner, 1982:26).
El papel de Comte como “fundador de la sociología” debe ser puesto en duda o, al menos, considerado con ciertas reservas.
Existen muchos autores que se han dedicado a estudiar la sociedad conforme a los criterios básicos que exige el método científico. Algunos de estos investigadores sociales conocieron y valoraron la propuesta de Comte de desarrollar una ciencia social. Algunos no la conocieron, pero hicieron sociología. Otros siguieron a Comte, pero no hicieron sociología. Y lo que es muy significativo, hubo quienes hicieron sociología antes de que Comte diera a conocer sus ideas. A todo lo cual tendríamos que añadir que buena parte de las ideas de Comte son “heredadas”, al menos, de Saint-Simon.
Comte no influyó directamente en autores como Frédéric le Play (1806-1882). Aunque fueron casi contemporáneos, vivieron en entornos diversos. Sin embargo -y esto conviene subrayarlo-, si atendemos a los criterios básicos para considerar qué es sociología de calidad, podemos considerarlo como un verdadero sociólogo que no se consideró a sí mismo como tal.
¿Quién fue y qué hizo Le Play para considerarlo un sociólogo? En realidad fue un ingeniero de minas que “mostró un enorme talento en el análisis de la realidad social mediante un conocimiento directo de los hechos y libre de doctrinas preconcebidas; impulsó la observación participante y los trabajos de comparación internacional por procedimientos estandarizados” (López Doblas, 2005: 59-60). Le Play pretendió “llevar a cabo una obra científica que no pudiera ser tachada de parcialidad, de modo que el resultado de sus indagaciones sirvieran para establecer los espíritus, remover las conciencias, y orientar hacia una acción constructiva” (Rocher, 2006: 667). Sin embargo, autores como Le Play han sido injustamente postergados hasta el punto
de que Nisbet (1978: 134) lo califica como “uno de los espíritus sociológicos más desatendidos del siglo XIX”.
Poco a poco se pretende recuperar el importante valor de los trabajos de los autores anteriores o contemporáneos a Comte y que no dijeron de sí mismos que eran sociólogos o no denominaron su obra como sociología, pero que, de hecho, hicieron sociología. Sobre Le Play, resulta paradigmático el esfuerzo investigador de Garrigós Monerris (2004) cuya consulta puede permitir hacerse una idea del interesante trabajo que realizaron los investigadores sociales anteriores o contemporáneos a Comte que ya estaban impregnados del espíritu científico de la época.
Lo estudios de Le Play se hicieron, en buena medida, con ocasión de su trabajo en la minas de diversos países europeos (también en España) que le permitieron recoger con rigor datos los más precisos posibles de las condiciones de vida de los trabajadores y de las zonas mineras.
2. Herbert Spencer (1820-1903)
La biografía de Spencer es, en cierto modo, opuesta a la de Comte. Comte es un estudioso casi marginal. Spencer es un hombre de éxito. Herbert Spencer, después de realizar brillantemente sus estudios, trabaja como ingeniero de ferrocarriles. Conviene valorar lo que supone ser un ingeniero de ferrocarriles a mediados del siglo XIX. En esa época el ferrocarril es un invento que está impresionando al mundo. En 1804 se había puesto en marcha la primera locomotora. En 1848 se inaugura el ferrocarril Barcelona- Mataró, el primero de la península ibérica. A mediados del siglo XIX trabajar en ferrocarriles era trabajar en la vanguardia tecnológica e industrial.
Spencer no es sólo un ingeniero que trabaja en tecnología avanzada, en lo más interesante y atractivo del cambio tecnológico. Está muy interesado por las consecuencias sociales y económicas de su trabajo (como vimos que le ocurría a Le Play, también ingeniero). Tanto es así que Spencer inicia una colaboración con la revista “ The Economist ”, de la que acaba siendo editor. Cuando se hace cargo de la revista es consciente de que ha dado un giro en su trayectoria profesional: pasa a la reflexión social y deja el trabajo tecnológico como ingeniero.
Su giro profesional no es una especie de abandono de la sociedad para pasar a una solitaria reflexión en un lugar alejado. Todo lo contrario. Pasa a ser un reconocido comunicador en el mundo de las ciencias sociales de la época, al frente de una influyente publicación periódica que aún hoy sigue siendo una de las más difundidas revistas de economía del mundo.
Propuesta de trabajo breve: ¿Qué escribió Le Play sobre las condiciones de vida de los mineros en España? ¿Por qué podemos llamar a estos estudios “sociología”?
que deja a muchos en los “bajíos de la miseria”, son los mandatos de una enorme benevolencia que mira hacia el futuro” (Spencer, 1850/1954 : 288-289 en Ritzer, 2000: 160).
Conviene subrayar la vinculación de este modo de aproximarse a la sociedad con el pensamiento liberal, con las doctrinas económicas del laissez faire , incluso con planteamientos libertarios.
Spencer llama “estática social” a un punto final, una meta de la humanidad, un lugar de destino hacia el cual se encaminan las sociedades. Un punto de destino en el que en la sociedad se darán las mejores condiciones para la vida y estará formada por personas excelentes. En el proceso por llegar a ese punto de destino, la sociedad será cada vez mejor gracias a un doloroso pero inexorable proceso de selección natural de los más aptos.
¿Ha descubierto alguna otra ley que se cumpla en las sociedades contemporáneas?
Spencer en su obra “Principios de Sociología” trata de mostrar algunas de las líneas por las que la evolución se pone de manifiesto en las sociedades. Para ello señala que la evolución se concreta en cuatro dimensiones (cf. Ritzer, 2000: 137-138).
imponerse a los demás. En las sociedades avanzadas las atribuciones del poder no dependen de la capacidad personal sino de la definición de competencias de la institución (atribuciones del parlamento, del gobierno o del ayuntamiento, por ejemplo). También es así en otros órdenes educación, familia, etc.
La consideración de que las sociedades evolucionan estructural y funcionalmente (Ritzer, 2000: 140), de que la sociedad puede entenderse como un organismo con vida propia y la aplicación de leyes de la biología a la sociedad han hecho que pensadores como Spencer hayan sido encuadrados en el denominado “ organicismo social ”.
Entre las aportaciones de interés de Spencer también se pueden reseñar las distinciones entre sociedad militar e industrial o sus reflexiones sobre sesgos metodológicos (Cf. Ritzer, 2000: 134-135)
3. Alexis de Tocqueville (1805-1859)
Vive casi a la vez que Comte. Nace en 1805 y muere en 1859. Se forma en una familia aristocrática francesa pero – esto es importante- en los tiempos que siguieron a la revolución francesa. Toda la primera mitad del s. XIX francés es un sucederse de cambios políticos con enfrentamientos de concepciones de la sociedad muy diferentes. Visto desde la distancia, resulta un periodo interesante, pero vivirlo en primera persona, no resultaba nada alentador, menos para una familia aristocrática como la de Tocqueville. La sociedad vive con enorme tensión el enfrentamiento violento entre diversa posturas políticas.
Tocqueville ve las consecuencias positivas de la revolución pero también percibe el caos y la inestabilidad que por momentos gobierna Francia. Para Tocqueville las masas solas no saben qué hacer, llevan una sociedad al desastre. El problema es el grupo (la masa) no la persona, en principio buena. Tocqueville llega a pensar que lo que genera la inestabilidad en la sociedad francesa es la libertad del pueblo, considerar que todos son iguales.
Asume diversos cargos políticos a lo la largo de su vida. Ocupa un puesto en el gobierno del monarca restaurado Luis XVIII, pero cuando la revolución de 1830 entronizó a Luis Felipe y su relación con los que gobiernan se deteriora, consigue viajar a Estados Unidos con ocasión de un proyecto de investigación sobre el sistema penitenciario. Queda deslumbrado al observar que en los Estados Unidos el principio
Tocqueville compara y se esfuerza en que sus comparaciones entre Francia y Estados Unidos sean objetivas. Intenta dar cuenta rigurosa de lo que ha visto y aprendido en EEUU. Aunque Tocqueville no se considera a sí mismo sociólogo, ciertamente sus trabajos son marcadamente sociológicos: una comparación con rigor científico de la realidad presente y de la historia de dos sociedades. Por ello, sin pretender serlo, es uno de los primeros sociólogos de la historia.
Conviene destacar que pretende dar una visión lo más neutral posible. Su posición como investigador busca un punto de vista que le sitúe entre las dos posturas en que podían caer los historiadores de su época: favorecer la visión desde el Antiguo Régimen o favorecer las visiones de la sociedad moderna democrática. Aunque, es manifiesto que está más cerca de los planteamientos democráticos modernos. Con este esfuerzo metodológico pretende mostrar, no sólo acontecimientos históricos, sino estructuras subyacentes de la realidad social.
Así, al ocuparse de estudiar el principio de igualdad de oportunidades, muestra como extiende su influencia mucho más allá de las costumbres políticas y de las leyes, y que su predominio sobre la sociedad civil no es menor que el que ejerce sobre el gobierno, pues crea opiniones, engendra sentimientos. El desarrollo gradual de la libertad en un contexto de igualdad “de condiciones” constituye un hecho considerado providencial, básico, universal, duradero. Si una sociedad lo tiene entre sus principios básicos, su capacidad de mejora resulta patente. Es más, cuando un principio como éste está asentado se vuelve incontestado, como ocurre en Estados Unidos. “Decir que los Estados Unidos poseen un orden democrático o igualitario no es (…) sólo una descripción de la condición relativa de la gente, si bien Tocqueville percibió ciertamente una igualdad de condición mucho mayor en los Estados Unidos que en Inglaterra o en Francia. La igualdad era para él una poderosa fuerza configuradora de las instituciones y costumbres de la sociedad moderna – desde los procedimientos políticos pasando por sus hábitos intelectuales hasta llegar a sus modos interpersonales” (Smelser y Warner, 1982: 63).
Como puede verse, no se limita a la comparación de hechos, sino que al investigar sobre las estructuras subyacentes en la sociedad trata, además, de establecer modelos, que faciliten la comprensión de la compleja realidad social.
Sin embargo, Tocqueville no sólo ve ventajas en los recién nacidos sistemas de gobierno democráticos o igualitarios, también se detiene en problemas que siguen vivos en la investigación social de nuestro tiempo como por ejemplo la denominada “tiranía de la mayoría” (cf. Smelser y Warner, 1982:64).
Propuesta de trabajo breve: ¿Qué se entiende por “tiranía de la mayoría”? ¿Considera que puede ser un problema? ¿En qué consiste la llamada “espiral del silencio”? ¿Cómo se relacionan “tiranía de la mayoría” y “espiral del silencio”?
4. Carl Marx (1818-1883)
Marx es una de los intelectuales del siglo XIX con más influencia^2 en la política, y en el pensamiento social y cultural. “Un gran polemista y un estudioso incansable” (Boudon, 1981: 133).
“Marx fue sobre todo un gran agitador, un promotor de nuevas ideas y un abanderado de los nuevos ideales socialistas. Dirigió varias publicaciones, lideró la Liga Comunista, y participó en la fundación de la Asociación Internacional de Trabajadores, organizando en su seno la corriente que durante varios años disputó el poder a los bakuninistas y que finalmente acabó fundando los partidos socialistas y socialdemócratas que se agruparon en 1889 en la II Internacional. Internacional de la que posteriormente se desgajarían, reclamándose también marxistas, los comunistas de la III Internacional y los troskistas de la IV Internacional” (Boudon, 1981: 133)
“Carl Marx creyó que el motor de la sociedad era el conflicto , y ésta era la mejor manera de producir cambio social y una sociedad mejor. Afirmó que la burguesía es quien controla los medios de producción: herramientas, tierras, fábricas y capital para la investigación y desarrollo de la economía, mientras el proletariado no tiene acceso a la propiedad de los medios de producción y deben vender su fuerza de trabajo como medio para ganarse la vida” (Valero, 2009: 29).
El manifiesto del Partido Comunista es un texto firmado por Marx y Engels que pretende ser una justificación teórica y un programa de acción política y transformación social del movimiento obrero impulsado por Marx. La Liga de los Comunistas fue un movimiento de oposición a Luis Felipe de Orleáns, rey de Francia de 1830 a 1848, formada, en buena parte, por socialistas alemanes exiliados en París. Marx participa activamente en la revolución de
El Manifiesto del Partido Comunista “recoge el ideario político de la Liga : la revolución burguesa y el igualitarismo político son insuficientes ; la verdadera revolución, que no es un simple derrocamiento del antiguo régimen, ha de ser llevada a término por el proletariado. A esto se añade una breve exposición de las ideas marxistas sobre la historia y el sistema capitalista de producción, que Marx ya no variará en lo fundamental ni siquiera en El Capital, según reconocen los propios marxistas” (Alvira y Rodríguez, 1976:90).
(^2) Un resumen de la influencia de Marx se puede ver en Coller (2003: 105-108).
Entre las aportaciones relevantes del Manifiesto está la descripción de “ las contradicciones internas del sistema burgués de producción ” y una breve y muy difundida explicación del materialismo histórico como determinismo socioeconómico.
El Manifiesto propone un modelo para medir si una opción es o no es aceptable para el desarrollo de la sociedad introduciendo la dicotomía revolucionario / reaccionario. “En el Manifiesto se desconoce el bien y el mal. Estas valoraciones son sustituidas por las de revolucionario y reaccionario. Así por ejemplo se dice que “los pequeños industriales, los pequeños comerciantes, los artesanos, los labradores, no luchan sino para salvar su posición como minúsculos capitalistas. No son revolucionarios, sino conservadores, y hasta reaccionario, pues se esfuerzan en hacer retroceder el carro de la historia”; se habla también de “socialismo reaccionario”, etc. Sin embargo, la valoración positiva que corresponde a la burguesía por haber eliminado el feudalismo se expresa diciendo que fue una clase muy revolucionaria ” (Alvira y Rodríguez, 1976: 111). Aunque es todavía un modelo muy simple y fuertemente subjetivo, no deja de ser una propuesta de análisis del cambio social y sus actores.
El cambio social es explicado por Marx a través de la lucha de clases. Una de las más conocidas ideas del primer capítulo del Manifiesto la historia de cualquier sociedad es historia de la lucha de clases.
Un concepto clave para alentar las luchas del proletariado contra la el sistema burgués será el de alienación. Marx, heredero de la ilustración, “considera que el hombre tiene una capacidad de perfeccionarse casi ilimitada. Mas si no consigue esta perfección en la sociedad industrial, ello se debe a las condiciones sociales a que le somete el capitalismo, que lo embrutece esclaviza. El ser humano vive alienado, enajenado, no es dueño de sí mismo ni de sus actos (…). El producto de su trabajo se le vuelve extraño al trabajador. A medida que contribuye a enriquecer el mundo material dentro del cual vive, más extraño se le vuelve ese mundo, que se independiza de su voluntad. En vez de afirmarse en el trabajo, el ser humano se niega a sí mismo. De manera que el trabajo no satisface ninguna necesidad humana, ya que es tan sólo un medio para satisfacer necesidades ajenas al trabajo mismo. En definitiva, el trabajo asalariado es alienante: no sirve para que el ser humano se exprese, ni para que se satisfagan sus necesidades, ni tampoco para que pueda controlar los objetos que salen de sus manos que se convierten en un mundo exterior, extraño” (Castillo, Ortega y Bettin, 2002: 22-23).
¿Pero qué son y cuáles son las clases sociales para Marx? Por sorprendente que pueda parecer al lector contemporáneo “Marx nunca llegó a sistematizar su teoría sobre las clases sociales a pesar de que es un elemento crucial de sus análisis. Falleció cuando se disponía a tal cometido” (Coller, 2003:100). Con todo y, a pesar del debate que entre diversos autores ha suscitado la cuestión, sí parece estar claro que, para Marx, de las clases sociales podemos afirmar que “se definen por su dependencia y relación conflictiva. Son dependientes en la medida en que, tal y como está organizada la sociedad dependen de su contrario para su existencia. Mantienen relaciones conflictivas porque los intereses de los individuos que las componen -y las acciones que de ellos se derivan- son contrapuestos” (Coller, 2003: 102). Sin embargo, no siempre los obreros son conscientes de su situación de alienación y explotación y la pueden atribuir, por ejemplo, al destino o la mala suerte. En estos casos en que la situación de explotación es justificada por los explotados, Marx la denomina falsa conciencia. Y con ocasión de la falsa conciencia le parece necesario distinguir entre “ clase en sí es un conjunto de personas que comparten una misma situación de clase; es decir, que comparten una misma
posición en la sociedad (similar vivienda, trabajo, fuentes de salario, oportunidades de vida, posición en la división del trabajo, etc.) Una clase para sí es ese mismo agregado social que toma conciencia de su situación común” (Coller, 2003: 102).
5. Emile Durkheim (1858-1917)
“La historia de la Sociología tal como hoy la entendemos, empieza propiamente con Emilio Durkheim. Durkheim no se limitó a hablar de una nueva ciencia y de sus posibilidades, ni a diseñar grandes teorías generales de la evolución social. Durkheim hizo Sociología, empeñándose en investigaciones sociales concretas y esforzándose por desarrollar reglas y procedimientos de investigación específicos. Puede decirse que con Durkheim la sociología alcanza por primera vez un estatus propio, desde un punto de vista académico e investigador” (Boudon 1981:124-125)
Durkheim nació en una familia de larga tradición judía. Estudió, de hecho, para ser rabino, pero abandonó pronto sus estudios religiosos. Sin embargo, a lo largo de toda su vida, se podrá ir viendo su influencia. Tiene gran interés por completar su formación humanística con conocimientos científicos. Viaja a Alemania donde entra en contacto con la psicología científica, cuyo precursor es Wilhelm Wundt. A su vuelta de Alemania, entre 1882 y 1887 enseña filosofía en varios institutos de París. Y en 1887 consigue ser profesor en la universidad de Burdeos. “La principal responsabilidad docente de Durkheim eran sus cursos pedagógicos a maestros. Su curso más importante versó sobre educación moral. Su propósito era comunicar a los educadores el sistema moral que esperaba que transmitieran a los jóvenes, con el fin de detener la degeneración moral que percibía en la sociedad francesa” (Ritzer 2000: 211).
En 1893 publica su tesis doctoral en francés titulada “La división del trabajo social”. Y una tesis en latín sobre Montesquieu. En 1895 publica “Las reglas del método sociológico” y en 1897 publica “El Suicidio”.
Tras estos éxitos se incorpora a la prestigiosa universidad de “La Sorbona” de París en 1902. Y será en 1906 cuando publique otra de sus grandes obras, “Las formas elementales de la vida religiosa”
Nos ocuparemos brevemente de las principales publicaciones de Durkheim pero antes conviene explicar que “el desarrollo y uso del concepto de hecho social
Propuesta de trabajo breve: Después de la experiencia del llamado “socialismo real” en los países de Europa y del abandono explicito de la inspiración marxista por la mayoría de los partidos socialistas ¿seguirá siendo influyente el marxismo? ¿Por qué?
Es curioso que este modo de argumentar de Durkheim para conseguir el reconocimiento de la sociología como disciplina dejaría fuera a parte importante de la actual sociología que no duda en cruzar los limites de Durkheim para entrar en las reflexiones filosóficas por un lado y en la psicología experimental por el otro.
Sabemos, en fin, que los hechos sociales deben ser tratados “como cosas” (mensurables, por ejemplo) y son externos y coercitivos para el actor.
La tesis doctoral de Emile Durkheim estudia una realidad que aparece como evidente por si misma a cualquier observador: las personas que forman la sociedad reparten sus tareas, no todas las personas se dedican a hacer lo mismo. Lo habitual es que desplieguen actividades complementarias unas de otras. ¿Esto ocurre en todas las sociedades?
Durkheim centra su análisis en dos tipos ideales^3 de sociedad. Un tipo de sociedad más primitiva, basado en la solidaridad mecánica , con escasa o nula división del trabajo. Y un tipo de sociedad más avanzado, con notable división del trabajo, basada en la solidaridad orgánica.
La solidaridad en este caso se refiere a las causas por las que la sociedad permanece unida.
-Las sociedades basadas en la solidaridad mecánica mantienen su unión porque todos los miembros de la sociedad realizan actividades parecidas, tienen conocimientos semejantes y las mismas responsabilidades. Por ejemplo, una sociedad basada en la agricultura familiar de subsistencia.
(^3) “Tipo ideal” es un concepto propuesto por Max Weber (1864-1920) del que se trata más adelante.
Durkheim trató más extensamente sobre los hechos sociales, por ejemplo, cuando distinguía entre hechos sociales materiales e inmateriales.
Según Durkheim, las sociedades basadas en la solidaridad mecánica suelen tener un derecho fuertemente represivo. Lo justifica porque si todos los miembros de la sociedad comparten las mismas tareas y los mismos valores, cualquier violación del orden establecido se considera de enorme gravedad por todos y es duramente castigada.
-Las sociedades basadas en la solidaridad orgánica , por contraste, se mantienen unidas debido a las diferencias entre las personas. Cada persona realiza un tipo de tarea muy concreto que requiere ser completado por otras muchas personas que realizan tareas diferentes y complementarias. Por ejemplo, una sociedad que se abastece a través de grandes empresas del sector alimentario.
Respecto al derecho, las sociedades basadas en la solidaridad orgánica, frente al derecho represivo propio de la solidaridad mecánica, se caracterizan por un derecho restitutivo en el que el incumplimiento de la ley suele provocar la exigencia de que recompensen a los perjudicados. En estas sociedades apenas existiría una moralidad común.
Obsérvese como, también en esta ocasión, los primeros sociólogos gustan de utilizar los términos de la física (mecánica) y de la biología (orgánica).
Durkheim publicó en 1895 el libro “Las reglas del método sociológico”. Su pretensión es convertirse en un maestro de sociólogos (empíricos, por supuesto) y para ello propone los modos correctos de hacer investigación social rigurosa.
Rechaza el método histórico de Comte porque no es lo mismo ilustrar una hipótesis con unos ejemplos históricos que probarla y sostiene que “sólo tenemos un medio de demostrar que un fenómeno es causa de otro: comparar los casos que están simultáneamente presentes o ausentes y averiguar si las variaciones que presentan en estas diferentes combinaciones de circunstancias prueban la dependencia del uno del otro. Cuando pueden producirse artificialmente, según del deseo del observador, el método es de experimentación propiamente dicha , por el contrario, cuando no está a nuestra disposición la observación de los hechos y sólo podemos relacionarlos tal como se producen espontáneamente, el método utilizado es el de la experimentación indirecta o método comparativo ” (Durkheim, 1895/1996: 81).
Durkheim no se conformó con plantear una teoría de cómo había que investigar sino que puso en marcha la primera gran investigación empírica aplicada que reivindicaba para sí el calificativo de sociológica.
rabínica y su evolución hacia posturas no creyentes pueden haber jugado un papel decisivo en su interés por el estudio de la religión. Durkheim va a considerar la religión como un “hecho social” de carácter “inmaterial” (recuérdese el concepto de “hecho social” para el autor). En realidad vuelve a hacer algo parecido a lo que hizo con el estudio del suicidio: ha seleccionado estudiar la religión porque en cierto modo considera que es el “hecho social inmaterial” por antonomasia. La religión posee una naturaleza “dinamogénica” –sostiene Durkheim-, esto es, no sólo tiene la fuerza coactiva de los hechos sociales sino que además consigue que los individuos se eleven por encima de sus aptitudes y capacidades.
“La principal fuente de datos que utilizó procedía de los estudios sobre una tribu primitiva australiana, los arunta. (…) Juzgaba importante el análisis de la religión en esta sociedad primitiva por varias razones. En primer lugar, creía que era mucho más fácil entender la naturaleza esencial de la religión en la sociedad primitiva que en la moderna. Las formas religiosas “aparecían desnudas” en la sociedad primitiva y se requería “sólo un pequeño esfuerzo para entenderlas y exponerlas” (Durkheim 1912/1965: 18). En segundo lugar, los sistemas ideológicos de las religiones primitivas presentaban un menor desarrollo que las de las religiones modernas, con el resultado de que eran menos confusos. Como Durkheim especificó: “Lo accesorio o secundario… aún no esconde los principales elementos. Todo se reduce a los indispensable, a aquello sin los cual la religión no existe” (1912/1965)” (Ritzer 2000: 225-226). No es claro que esto haya sido un acierto metodológico: la complejidad, el desarrollo y las matizaciones teológicas e institucionales de las grandes religiones difícilmente pueden estar presentes en “las formas elementales” de lo religioso y, sin embargo, son esenciales para su comprensión.
Durkheim funda la revista L´année sociologique en 1898. Es relevante destacar que la creación de una revista científica de sociología supone un importante paso para señalar qué es investigación sociológica y qué no es investigación sociológica. Las investigaciones que la revista va aceptando van poco a poco delimitando qué contenidos son sociología de calidad. De ese modo se va produciendo una institucionalización de la disciplina , es decir, la comunidad científica va tomando conciencia de cual es el objeto de estudio de la sociología y qué metodologías de investigación son las más adecuadas para ese objeto de estudio. Por tanto, no es difícil darse cuenta del muy relevante papel que juega esta publicación.
Dukheim, durante toda su carrera, mantiene una notable preocupación por la situación moral de la sociedad francesa. Parte de su pensamiento se dirige a reflexionar sobre los modos en que se pueden solucionar los problemas morales contemporáneos.
Considera que las soluciones conservadoras de autores como Louis de Bonald y Joseph de Maistre, que proponen volver a la situación anterior a la revolución francesa no son ya viables. El desarrollo del mundo moderno es imparable. Pero tampoco comparte las propuestas que propugnan una revolución colectivista que vienen del socialismo y el comunismo.
Su propuesta se inclina más por la reforma social mediante el desarrollo de sociedades intermedias, como las asociaciones profesionales y, lo que denominó, culto al individuo , una cierta moral de corte individualista y racional.
Esta preocupación por los problemas morales de la sociedad convierte a Durkheim en pionero de la sociología de la educación. Algunas de sus aportaciones han sido muy influyentes en la sociología posterior. Por ejemplo sus críticas a las definiciones de educación de autores anteriores y, también, su propia definición de educación como socialización : “la educación es la acción ejercida por las generaciones adultas sobre las que no están todavía maduras para la vida social; tiene como objetivo suscitar y desarrollar en el niño cierto número de estados físicos, intelectuales y morales que requieren de él tanto la sociedad política en su conjunto como el ambiente particular al que está destinado de manera específica” (Sánchez de Horcajo y Uña, 1996: 395).
6. Max Weber (1864-1920)
Nace en 1864 en una acomodada familia de ambiente protestante. Su padre se dedica a la política. Es parlamentario en Prusia y, desde la unificación alemana de 1871 en el Reichtag. “Su madre tiene una piadosa conciencia social y respeto por el deber cristiano” (Smelser y Warner, 1982: 124). En 1882 estudia en la Universidad de Heidelberg. En 1883 se incorpora al ejército para el servicio militar. En este periodo entra en contacto con ambientes distintos a los de su casa paterna. En 1884 vuelve con sus padres a Berlín. Estudia Derecho, Historia y Economía. Escribe algunas monografías. Ejerció como jurista. Participó en los movimientos de reforma socialcristianos. En 1897 trabaja como profesor ordinario en Heidelberg y en ese mismo año comienza una enfermedad mental que le imposibilita el trabajo. Entre 1902 y 1904 lentamente vuelve al trabajo intelectual.
Será entre 1904 y 1920 cuando desarrolle su periodo de mayor fecundidad intelectual: “La objetividad en las Ciencias Sociales” 1904; “la ética protestante y el espíritu del capitalismo” 1905; Y cuando desarrolla su gran proyecto sobre la influencia de la religión en la sociedad “La religión de China” 1915, La religión de India, 1917, El judaísmo antiguo, 1919. Muere en 1920 y tras su fallecimiento se publica como obra póstuma “Economía y Sociedad” (1922).
Weber estudia la importancia del análisis de lo racional en las decisiones personales y en la organización social. Al menos, es preciso destacar, entre las aportaciones de Weber, su distinción entre:
-Racionalidad con arreglo a fines
-Racionalidad con arreglo a valores
estos obedecen. Weber se ocupó de esta cuestión y es un clásico de la sociología su distinción de los tipos de autoridad.
Debe entenderse esta distinción a la luz de la explicación de los tipos ideales. Lo probable es que en el mundo real encontremos que la autoridad se ejerza por una cierta combinación de las tres, es decir por procedimientos más o menos históricamente legitimados, por personas con cierto prestigio social y de acuerdo con normas jurídicas que establezcan las competencias y límites de la autoridad.
Parece no dejar suficientemente claro Weber que toda forma de autoridad suele legitimarse no tanto en función de actos meramente “legales” (conforme a la ley) sino de acciones justas (conforme a la justicia), es decir, que pretendan dar a cada cual aquello a lo que tienen derecho. Todo lo cual se enmarcaría en la autoridad racional.
Weber sostiene que en ninguna parte se ha desarrollado el capitalismo como en occidente. Es cierto que en muchos pueblos y en multitud de ocasiones a lo largo de la historia se ha dado el “afán de lucro” y la “búsqueda de la mayor ganancia posible”. Pero eso no es el capitalismo. Para centrar el planteamiento de Weber conviene aclarar que aquello por lo que Weber se pregunta es por la aparición de un complejo sistema de organización social que denominamos capitalista en el que se entrelazan la regulación de los mercados, la separación de la administración doméstica de las de los negocios o la hacienda, una contabilidad rigurosa y compleja, la separación jurídica entre el patrimonio personal y los recursos de las empresas propias o participadas, el desarrollo del crédito, la creación de la bolsa, una burocracia administrativa técnico- jurídica que controla las relaciones, etc.
(^4) La primera publicación de “La ética protestante y el espíritu del capitalismo” fueron dos artículos en la
revista “ Archiv für Socialwissenschaft und Sozialpolitik ” (vol. XX y XXI) en los años 1904 y 1905. En la versión definitiva, el autor añadió bastante texto que pretendía profundizar y explicar lo ya publicado pero con rotundidad afirma que “no he suprimido, alterado ni atenuado una sola afirmación de mi artículo que yo considerase esencial al escribirlo”.
Weber plantea que entre las causas por la que aparece esa complejísima organización que llamamos sociedades capitalistas, una de ellas haya sido la influencia ejercida en el comportamiento cotidiano por ciertas creencias religiosas y por determinadas convicciones éticas.
El interés del planteamiento de Weber está en que se pregunta hasta qué punto una cuestión como la diversidad de principios ético-religiosos en una sociedad puede modificar radicalmente su desarrollo y evolución. O visto desde otra perspectiva, la relevancia social de las convicciones morales personales.
En ese sentido, no resulta menor para ninguna sociedad preguntarse por cuáles son los principios morales imperantes y hacia dónde conducen a la sociedad a corto y largo plazo. Cuestión que siempre ha interesado a la sociología. (Cf. Pérez Díaz, 2010)
Weber plantea una comparación entre las zonas alemanas católicas y protestantes. La mayor prosperidad de las zonas protestantes podría explicarse porque las zonas que quedaron bajo la Reforma eran zonas más prosperas y ricas. Sin embargo, da la impresión de que estamos ante una aparente contradicción ya que en principio, las confesiones protestantes predican una ascética más desprendida del mundo, de las riquezas y más sometidas a las autoridades cívico-religiosas. Es decir, menos favorecedora de la riqueza y de la acumulación de capital propia del capitalismo.