




















Prepara tus exámenes y mejora tus resultados gracias a la gran cantidad de recursos disponibles en Docsity
Gana puntos ayudando a otros estudiantes o consíguelos activando un Plan Premium
Prepara tus exámenes
Prepara tus exámenes y mejora tus resultados gracias a la gran cantidad de recursos disponibles en Docsity
Prepara tus exámenes con los documentos que comparten otros estudiantes como tú en Docsity
Encuentra los documentos específicos para los exámenes de tu universidad
Estudia con lecciones y exámenes resueltos basados en los programas académicos de las mejores universidades
Responde a preguntas de exámenes reales y pon a prueba tu preparación
Consigue puntos base para descargar
Gana puntos ayudando a otros estudiantes o consíguelos activando un Plan Premium
Comunidad
Pide ayuda a la comunidad y resuelve tus dudas de estudio
Ebooks gratuitos
Descarga nuestras guías gratuitas sobre técnicas de estudio, métodos para controlar la ansiedad y consejos para la tesis preparadas por los tutores de Docsity
Se detalla puntualmente aspectos ambientales tratados por investigadores y ambientalistas de Nicaragua.
Tipo: Apuntes
1 / 28
Esta página no es visible en la vista previa
¡No te pierdas las partes importantes!





















Docente: MSc. Jeannette Pastrán Manzanarez Managua, Nicaragua 2020
Página 2.5. Problemática ambiental de Nicaragua 3 2.5.1. ¿Cuál es el problema ambiental de Nicaragua? 3 2.5.2. Consideraciones sobre el manejo de los recursos naturales y del ambiente en Nicaragua
2.5.3. Estado del ambiente y los recursos naturales de Nicaragua
2.5.4. Valoración de la situación ambiental de Nicaragua en 2019
Lista de referencias 28
prioridad la gestión adecuada del patrimonio natural existente, y la recuperación del mismo en áreas que lo ameriten. Como consecuencia, Nicaragua vive en un desorden territorial en el que los intereses económicos prevalecen sobre los intereses de nación, y los vaivenes políticos dejan amplios márgenes para la intensificada degradación ambiental del país. En los últimos 40 años Nicaragua ha perdido: cobertura forestal, integridad ecológica de las cuencas hidrográficas, cantidad y calidad de agua dulce, patrimonio natural, biodiversidad, fertilidad en los suelos, ecosistemas marinos, recursos pesqueros, disponibilidad de alimentos, potencialidades y oportunidades de desarrollo futuro, resiliencia (capacidad de sobreponerse a eventos extremos). En ese mismo período en el país han aumentado: la población, la demanda por agua, la destrucción del patrimonio natural, la cobertura agropecuaria y la demanda por suelos para producir, los asentamientos humanos y la demanda de espacios para urbanizar, la contaminación y sedimentación de los ríos, lagos, lagunas y mares, la inseguridad alimentaria y el costo de los alimentos, la desintegración e inequidad social, la migración social hacia los centros urbanos, la vulnerabilidad social, ambiental y económica del país. En gran medida esta situación es producto de un modelo económico no sostenible, que no valora los bienes y servicios ambientales producidos por los ecosistemas terrestres y marinos más allá del precio de mercado. Este modelo se ha visto reflejado en políticas económicas nacionales que comprometen la posibilidad de lograr una Nicaragua próspera, sana, productiva, en un ambiente equilibrado que asegure las mínimas condiciones socio ambientales para la población que existirá en el territorio dentro de 50 años o más. Evidentemente este proceso de deterioro ambiental del país se ha agudizado con el paso del tiempo y el crecimiento poblacional, en un clima cada vez menos predecible. La tendencia calculable no nos lleva a mejorar, sino por el contrario, podemos afirmar que la situación irá agudizándose y empeorando año con año. Para lograr realmente una desaceleración del proceso de degradación ambiental de Nicaragua deben ocurrir cambios importantes en diferentes ámbitos geográficos, y en el mismo sistema económico-institucional del país, así como en los valores de la sociedad. Mientras estos cambios no ocurran, la mayoría de las iniciativas que se impulsen desde el Estado, desde la sociedad civil, la cooperación internacional y el sector privado, no serán más que eso: iniciativas sin sostenibilidad.
2.5.2. Consideraciones sobre el manejo de los recursos naturales y del ambiente en Nicaragua Incer (201 4 ), expresa que el futuro inmediato de Nicaragua está determinado por las características de su territorio, la existencia de los recursos naturales, el modelo de desarrollo que se promueve, las actividades económicas que se realizan y las capacidades de la población para entender e impulsar su propio progreso y bienestar. Su realización depende del interés nacional de promover una nueva visión en este siglo XXI y de la voluntad de concretizarla, ante fenómenos tan envolventes como la regionalización, la globalización y el incremento de la población mundial. Esta visión tiene que considerar el equilibrio entre tres factores que forman un trinomio inseparable: el territorio, la economía y la población. Ninguno de ellos puede garantizar desarrollo sin atender el valor de los otros dos factores restantes. En el territorio nicaragüense interactúan con especial dinamismo fenómenos geológicos, climatológicos y ecológicos que modelan los procesos esenciales de sobrevivencia. Por tanto, resulta inexplicable que en el país, poseedor de una activa dinámica geográfica se hayan subestimado por tanto tiempo la importancia y el rol que juegan estos procesos para garantizar la productividad del territorio, sustento principal de nuestra economía y mayor generadora del bienestar social tan deseado por la población. Pasó la época de creer en la providencialidad de los fenómenos naturales como benefactores del ser humano. Por otra parte, en Nicaragua, como en casi todos los países del Tercer Mundo, la naturaleza parece haber agotado la capacidad para seguir subsidiando el desarrollo por sí sola, si no se la aprovecha racionalmente y se propicia su regeneración o restauración. Son pocos los planificadores del desarrollo con suficiente previsión para valorar e incorporar el patrimonio natural del país en las cuentas nacionales. En este sentido cabe preguntarles, por ejemplo: ¿Cuánto cuesta para la salud de la población la contaminación de nuestros ríos, lagos y mares? ¿Cómo afecta a la producción agrícola la pérdida anual de miles de toneladas de ricos suelos que la erosión hídrica y eólica acarrean al mar sin beneficio o recuperación? ¿A cuánto asciende la pérdida económica y ecológica de las miles de hectáreas de bosques que anualmente perecen en nuestras montañas, cortados y quemados sin provecho, o la desaparición progresiva de tantas especies de flora y fauna que nunca tuvimos la oportunidad de estudiar y aprovechar?
contaminar el ambiente, sin sentido de reposición o conservación al respecto. En otros términos, esta ha sido una forma de desarrollo que se ha basado en una visión oportunista e insostenible. Es evidente que en Centroamérica, y con mayor razón en Nicaragua, la naturaleza ya no puede seguir subsidiando esta forma de desarrollo. Por otra parte, la marginación social de una gran masa de campesinos/as sin tierra ha creado una fuerza de colonización espontánea, desordenada y destructiva a expensas de los bosques, recursos que han sido talados y quemados para dar paso a cultivos de subsistencia de bajo rendimiento económico, o para extender pastizales a costa del bosques húmedos originales. Como consecuencia de estas actividades, en nuestro país se observan las siguientes alteraciones ecológicas: Reducción continúa de la cobertura forestal Erosión y pérdida de la fertilidad de los suelos Disminución de los cuerpos de agua Reducción paulatina de la biodiversidad Contaminación progresiva en tierras, aguas y aire Algunas especies de interés comercial o de consumo popular han sido capturadas, pescadas y cazadas casi al límite de su propia extinción, sin que se observen regulaciones ni vedas al respecto. Por otra parte, la contaminación ambiental campea no solo en el área rural, donde se siguen utilizando prácticas agrícolas que contribuyen a ella, sino también en las ciudades debido a los procesos de disposición de aguas servidas e industriales, tráfico vehicular y descarte de basuras generadas por los hábitos de consumo de los pobladores faltos de educación ambiental y responsabilidad ciudadana aglomerados en los principales centros urbanos. En todos los casos, es evidente el escaso impacto de la educación ambiental y la falta de observancia de regulaciones al respecto de estos procesos o sus productos. En fin, la codicia o la ignorancia conspiran contra el buen manejo del ambiente y recursos naturales. La falta de conciencia ambiental que se observa en todos los sectores de la población nicaragüense no solo es producto de la ineficacia de los gobiernos de turno para hacer cumplir la legislación ambiental, sino de la ausencia de educación ambiental y participación de la ciudadana en su conjunto en la resolución de estos problemas como algo atingente a la misma sociedad y a su compromiso con las generaciones futuras. El actual comportamiento social y económico de la población nicaragüense, los modelos de desarrollo históricamente empleados y el deterioro ambiental con dilapidación de los recursos naturales, sólo han conducido al empobrecimiento crítico de la creciente población y a comprometer las opciones de las futuras
generaciones. Por tanto, es conveniente desde ahora reorientar todo el quehacer nacional ajustándolo a un nuevo modelo de desarrollo con visión sustentable para que Nicaragua pueda sobrevivir como nación civilizada en el siglo XXI. Algunos defienden la actual situación argumentando que el deterioro ambiental es una consecuencia esperada del desarrollo, sobre todo en países como Nicaragua donde los niveles de pobreza obligan a la población a utilizar los recursos naturales renovables donde están o como estén, sin obligación de conservarlos o reponerlos. Con esta forma de argumentar se cae en el círculo vicioso donde la pobreza contribuye al deterioro ambiental, el cual genera a su vez más pobreza, agotando progresivamente los recursos y ambientes naturales en una forma cada vez más costosa e irreversible para el ser humano que sobrevive en ellos y de ellos. Los resultados de esta manera de pensar, fatalista, desarrollista y de corto plazo están a la vista y representan una advertencia trágica de lo que no debe continuar haciéndose de ahora en adelante. Un cambio de actitud en el actual desarrollo social y económico del país se perfila como una urgente medida deseable para armonizar las necesidades de la población con las capacidades del territorio, cambio que es posible realizar con la progresiva puesta en marcha de acciones hacia el modelo de desarrollo sostenible. La Alianza Centroamericana del Desarrollo Sostenible, subscrita por los mandatarios del istmo centroamericano, en la Cumbre Ecológica realizada en Managua en octubre de 1994, definió este nuevo modelo de desarrollo como: "un proceso en la calidad de vida del ser humano que lo coloca como centro primordial del desarrollo, por medio del crecimiento económico con equidad social y la transformación de los métodos de producción y de los patronos de consumo y que se sustenta en el equilibrio ecológico y el soporte vital de la región. Este proceso implica el respeto a la diversidad étnica y cultural regional, nacional y local, así como el fortalecimiento y la plena participación ciudadana, en convivencia pacífica y en armonía con la naturaleza, sin comprometer y garantizando la calidad de vida de las generaciones futuras". Mucho se ha argumentado en los círculos económicos sobre las restricciones que la ecología impone al desarrollo, así como también, en el otro extremo, se critica la falta de consideraciones ambientales en los procesos de desarrollo, donde se buscan beneficios al más corto plazo sin importar las consecuencias. El desarrollo sostenible trata de armonizar las dos concepciones. La conservación bien entendida aumenta la producción, al manejar correctamente los recursos naturales y ambientes naturales para que éstos a su vez rindan resultados inmediatos pero también permanentes a los procesos económicos, cuyos
pérdida de la diversidad biológica, contaminación de suelos, erosión severa, déficit de agua y degradación e insostenibilidad de los ecosistemas forestales bajo aprovechamiento. Sumado a la problemática social y económica que enfrenta Nicaragua, encontramos una situación ambiental critica. Si se espera obtener el crecimiento económico que el país necesita, sobre la base de una explotación irracional de sus recursos naturales, el resultado será una insostenibilidad y deterioro ambiental con graves consecuencias para la salud y el futuro desempeño de la economía Nicaragüense. La base de recursos naturales (bosques, suelos, agua y biodiversidad) está sometida a diferentes procesos productivos y a dinámicas sociales y económicas que lejos de considerar la riqueza natural como un servicio ambiental y contribuir al desarrollo del país, se han convertido en causas principales de su deterioro ecológico y económico, convirtiendo muchas áreas del territorio nacional en áreas vulnerables y frágiles. Aunque Nicaragua es un país con poco desarrollo industrial, la contaminación ambiental generada por las diferentes actividades económicas, así como por los desechos domiciliares y hospitalarios, ha tenido un alto impacto en la contaminación de las fuentes de agua, así como en la salud urbana. Los impactos negativos a la salud como consecuencia directa de esta situación, inciden en la disminución de la esperanza de vida, de la calidad de vida y del medio ambiente, impactando a la economía nacional, en la medida que se reducen las fuentes disponibles de agua potable y la inversión de capital humano. El desarrollo económico del país todavía está basado en sistemas productivos insostenibles, por lo que el grado de degradación actual está reduciendo las ofertas potenciales y opciones futuras para aumentar y diversificar la producción, aprovechando las economías de escalas. De no mejorar esta situación, se estará profundizando la pobreza y vulnerabilidad ante riesgos ambientales e incremento de tierras improductivas para la producción de alimentos. La degradación de los ecosistemas naturales y de su diversidad biológica, es una realidad profundizada por los esquemas de producción aplicados. La sostenibilidad anunciada por algunos sectores económicos (agrícolas, pecuarios, forestales y agroindustriales), a través de políticas y planes estratégicos, no ha dejado de ser un discurso aplicado en forma somera y poco acertada. Esta ha incrementado la degradación de los recursos naturales, los bienes y servicios ambientales de los ecosistemas que sirven como base de la sostenibilidad del desarrollo del país a largo plazo. La limitada visión de extracción desmesurada del aprovechamiento de los recursos naturales, ha persistido y servido de plataforma para un crecimiento y desarrollo económico sin sostenibilidad, sacrificando las potencialidades de miles
de hectáreas de bosques y suelos (condenándolos a una baja productividad marginal futura) y de sistemas hidrológicos con disponibilidad de agua superficial y subterránea, limitadas a la demanda del desarrollo social y económico, que a largo plazo disminuyen la posibilidad de un desarrollo rural sostenible, por los costos de inversión. La degradación de los ecosistemas y recursos naturales incrementa progresivamente la superficie a deslizamientos de tierra, erosión severa, inundaciones y déficit de agua, con impactos socioeconómicos y ambientales negativos a corto plazo. Este aumento de áreas bajo riesgos por degradación ambiental y baja capacidad en la producción de alimentos, profundiza la pobreza y ocasiona inversiones elevadas en el rescate de tierras de baja productividad para la subsistencia alimentaria/seguridad alimentaria y nutricional (disponibilidad suficiente y estable de alimentos y el acceso oportuno a ellos en cantidad, calidad y condiciones de salubridad). Los cuerpos de aguas continentales que drenan a los ríos, lagos, lagunas, bahías y zonas costeras, presentan incremento de la contaminación y sedimentación. Esto ocasionará impactos sociales en la disponibilidad del agua, en la capacidad de productividad hidrobiológica (ríos, lagunas y esteros), siendo los más afectados los ecosistemas costeros del Caribe (lagunas de Cabo Viejo, Bismuna, Karatá, Wounta, Laguna de Perlas y Bahía de Bluefields). Estos son centros de reproducción de especies de valor socioeconómico para las comunidades étnicas de la región. También los ecosistemas marinos son afectados por sedimentación, principalmente los hábitats de los arrecifes coralinos cercanos a las costas. Los Cayos Peras y Cayos Miskitos (que son hábitat de langostas) están afectados por la sedimentación que arrastran los Ríos Grande de Matagalpa y Coco, que drenan al Caribe (CBA, 2005). En la Región del Pacífico, las cuencas hidrográficas y los cuerpos de agua de los grandes lagos (una de las mayores reservas de agua dulce del país y Centroamérica) están en riesgo de degradación por contaminación y sedimentos, lo que afecta la integridad y el potencial del ecosistema para el desarrollo de las actividades de pesca, recreación y turismo. En la Región Central, la degradación de los bosques y suelos han sido los factores dominantes en la contaminación y azolvamiento de los ríos, lo que ha incrementado la escasez de agua para consumo humano, la reducción de opciones en la producción de energía limpia y la vulnerabilidad para la producción de alimentos. Otras afectaciones negativas pero no menos importantes son las relacionadas con la navegación, recreación y el turismo. Dado el alto grado de degradación de los bosques productivos en las regiones del Pacífico y Central y con el ritmo actual de deforestación (entre 70 y 80 mil
El mayor potencial productivo de bosques nativos para fines energéticos se localiza especialmente en la Región Central, mientras que la mayor demanda se encuentra en la Región del Pacífico, lo que plantea un acentuado desequilibrio espacial entre la oferta y demanda. El creciente consumo de leña ejerce una fuerte presión, principalmente sobre el bosque tropical seco en la Región del Pacífico en donde se concentra más del 60% de la población. Las principales fuentes de leña en la Región del Pacífico de Nicaragua la constituyen los bosques naturales del trópico seco de Carazo, Rivas, Chinandega, León y Managua. El tráfico ilegal forestal provoca mayores pérdidas del recurso, ya que un porcentaje considerable que podría estar generando ingresos e impuestos, se pierde en las zonas fronterizas del norte como del suelo del país, incluso con la participación de madereros extranjeros. En relación a la actividad ilegal de las actividades forestales, se estima que por cada dos árboles extraídos legalmente, se extraen ocho árboles ilegalmente (INAFOR, 2006). La degradación de los ecosistemas de pinares de altura por extracción, quemas y cambios de usos de los suelos ha dado paso al desarrollo de plagas como el gorgojo descortezador, que en su conjunto ha afectado la sostenibilidad de los bosques aprovechados y la riqueza natural de los mismos. Por otra parte, la degradación de las especies forestales de mayor valor comercial, entre las que destacan la caoba y el cedro, provoca limitaciones para satisfacer las necesidades del comercio y la rentabilidad de la industria forestal (como otras especies forestales tradicionales). La degradación se presenta principalmente en los bosques fragmentados del Atlántico y son casi extintas en la Región Central. La creciente deforestación y contaminación ha deteriorado la calidad de las aguas superficiales y subterráneas, afectando severamente diversas fuentes hídricas de abastecimiento destinadas al consumo humano, con riesgos para la salud pública. La degradación de la calidad de las aguas en muchas cuencas hidrográficas del país ha sido muy sentida, principalmente por las prácticas agrícolas, uso de plaguicidas y otros productos fitosanitarios. León ha sido el área donde se ha detectado la mayor contaminación por plaguicidas organoclorados (Toxafeno) y en segundo lugar Chinandega. Otras zonas del país donde se prevé que las aguas se encuentran bajo un alto riesgo de contaminación por plaguicidas son: el valle de Sébaco, las áreas hortícolas de Matagalpa y Jinotega, zonas de producción tabacalera en Estelí. Entre los problemas ambientales asociados con los ríos que posee el país se pueden mencionar los siguientes: Contaminación por pesticidas y agroquímicos en áreas de cultivos intensivos (donde los cultivos principales son café, banano, vegetales y otros cultivos).
Descarga de aguas negras provenientes de ciudades y áreas populosas. Descarga de residuos, incluyendo mercurio y cianuro proveniente de áreas mineras. Erosión excesiva causada por la deforestación. En general, la industria en Nicaragua utiliza tecnologías inapropiadas que las hace menos competitiva en el plano internacional y contaminante del ambiente, sobre todo a los cuerpos de agua que son receptores naturales de sus residuos. Son muy pocas las industrias del país que dan tratamiento a sus residuos. Por lo general abandonan lejos de sus instalaciones, los residuos sólidos. Los residuos líquidos, en muchos casos se dejan discurrir libremente por la superficie del terreno o se descargan en estado bruto en el sistema de alcantarillado existente. Uno de los problemas principales que afecta la calidad de las aguas superficiales en el país es la descarga directa e indiscriminada de las aguas residuales domésticas a los cuerpos receptores, que por lo general están constituidos por ríos, lagos, lagunas, etc. Esta situación se agrava porque muchas industrias descargan sus aguas residuales sin tratamiento al sistema de alcantarillado sanitario, agregando al contenido orgánico de las aguas negras otros componentes como hidrocarburos, metales pesados, grasas y aceites, compuestos químicos, fenoles, etc. De acuerdo al inventario de fuentes de contaminación realizado por MARENA, se generan alrededor de 60 MMC (millones de metros cúbicos) de aguas residuales urbanas que se descargan sin tratamiento en esta zona. INAA, administra 19 sistemas de alcantarillado sanitario, de los cuales solamente siete poseen sus respectivas unidades de tratamiento (lagunas de estabilización). La falta de tratamiento y la inadecuada disposición final de las aguas residuales constituyen un grave riesgo para el ambiente y la salud humana. Debido a la concentración de la población y a las actividades económicas este problema es mayor en la Región del Pacífico y en menor medida en la Región Central y Atlántica del país, aunque en estas últimas regiones hay casos puntuales muy graves de contaminación de recursos de aguas superficiales y subterráneas. El Lago de Managua es el caso más grave de contaminación de aguas y el Lago de Nicaragua sufre ya de contaminación incipiente; este lago constituye la reserva de agua más importante, los efectos de la contaminación se ven reducidos por la dilución que permite el alto volumen de agua almacenada, el constante intercambio de oxígeno con las masas de aire y la descarga de aproximadamente 500 m^3 /s provenientes del Río San Juan. Sin embargo, pese a las descargas de contaminantes, las aguas de este lago son de excelente calidad y pueden ser aprovechadas actualmente para cualquier uso.
afectadas las Lagunas de Bismuta, Karatá, Wounta y Laguna de Perlas; éstas se han caracterizado por su alta productividad de peces, camarones y hábitat de especies en peligro de extinción (CBA, 2003). Actualmente en estas lagunas se observan altos niveles de sedimentación, lo cual ha reducido la pesca de camarones y dificulta el acceso acuático entre las comunidades. La sedimentación está afectando las zonas de arrecifes coralinos cercanos a las costas, localizados a una distancia de 25 kilómetros del litoral; siendo los más afectados, los arrecifes de Cayos Perlas. En 1990 se había estimado una pérdida del 40% de los arrecifes coralinos producto de la sedimentación de la cuenca del Río Grande de Matagalpa. Asimismo, el plan de manejo de los Cayos Miskitos (CBA, 2004), define los puntos críticos de degradación de arrecifes por sedimentación alrededor de los Cayos Miskitos producto de la sedimentación del Río Coco. También en esta región se presentan problemas de contaminación por coliformes y materiales con altas concentraciones de DBO (demanda biológica de oxígeno). Las mayores concentraciones las presentan zonas costeras asociadas a centros urbanos que carecen de tratamiento de aguas servidas (Bluefields, Laguna de Perlas, Puerto Cabezas). En la Región del Pacífico se presentan problemas de contaminación por agroquímicos y sedimentación, siendo el manglar y su fauna asociada (moluscos y crustáceos) el más afectado por contaminación con coliformes, nutrientes y materiales con altas concentraciones de DBO. Las áreas de mayor afectación están en las zonas costeras asociadas al Estero Real y centros urbanos turísticos (Pochomil, Casares, etc). Actualmente Nicaragua enfrenta cada vez más conflictos generados por las severas condiciones de escasez, explotación excesiva y contaminación de las aguas en las cuencas hidrográficas donde se asienta el mayor porcentaje de la población y la actividad económica. El Lago de Nicaragua, la principal reserva de agua dulce para el país, se encuentra sometido a un lento proceso de contaminación a consecuencia de las actividades económicas que se realizan en su cuenca. La deforestación de las cuencas hidrográficas, particularmente en las cuencas altas y medias, afecta seriamente a nivel nacional los recursos hídricos, ya que el problema de la deforestación, sumado a la precipitación media en cada cuenca hidrográfica agrava la disponibilidad del recurso hídrico superficial. En los últimos años, el problema de escasez de agua y la distribución desigual de las precipitaciones han demostrado un mayor impacto en la agricultura del país. Las Regiones del Pacífico y Occidental de la Región Central experimentan una acentuada estación seca que normalmente dura de noviembre a abril. Las sequías causan problemas a los/as agricultores/as, en particular a aquellos que no tienen
acceso al riego. Un retraso del invierno no sólo trae consigo la disminución de la producción, sino que también puede en muchos casos significar la pérdida de la cosecha. La pesca industrial ejerce una presión significativa sobre el ambiente y sobre los recursos pesqueros. El principal problema consiste en que los barcos incursionan en las tres millas náuticas de la zona costera que son destinadas para la pesca artesanal y el hecho de encontrarse próximos a las costas, donde se encuentra la mayor biodiversidad, generan fuertes impactos negativos, tanto en los hábitat como en las poblaciones de peces comerciales y no comerciales. Por otro lado, si se quiere garantizar no sólo la conservación de las especies de interés comercial y también de la de las pertenecientes a su mismo ecosistema, es necesario impulsar acciones tendientes al ordenamiento de la actividad pesquera, con el propósito de preservar la biodiversidad e integridad de los ecosistemas marinos, y por ende, las cualidades productivas de los hábitats esenciales de peces, con efectos positivos tanto para los recursos como para las actividades pesqueras. Las amenazas ambientales que se derivan de la pesca, se clasifican en dos categorías: Daños a la biodiversidad: Se relaciona con las artes de pesca utilizadas, fundamentalmente el trasmallo y exceso de pesca de especies con valor comercial. Daños a los hábitats: Cuando se utilizan artes de arrastres de fondo que afectan significativamente las praderas de fanerógramas marinas en aguas poco profundas hasta niveles de degradación de esos hábitats. Además, actualmente se encuentran amenazadas especies que no son objeto de pesca pero que están asociadas a la misma, como es el caso de muchas tortugas marinas. Es importante destacar que la pesca en general puede contribuir a la seguridad alimentaria y nutricional (SAN), y a la mitigación de la pobreza. Sin embargo, los aumentos de los volúmenes de producción con el enfoque de extracción pueden provocar en último término el agotamiento de las poblaciones y la reducción de la producción. La minería es una de las actividades que mayor intervención e impactos tiene sobre el paisaje, los ecosistemas, la biodiversidad natural y biológica. La minería artesanal es una actividad económica que se caracteriza por usar métodos manuales. Su labor de forma masiva e intensa sobre un área específica causa impactos negativos sobre el paisaje y los suelos.
La explotación de recursos mineros (yacimientos) por las diferentes empresas mineras a lo largo de los últimos 100 años, ha provocado impactos ambientales con consecuencias irreversibles. El pasivo ambiental es más marcado en algunos distritos mineros que en otros. Esta problemática se presenta en muchos países en vía de desarrollo, por la falta de una estrategia ambiental definida, así como un marco legal deficiente, el poco interés mostrado por los gobiernos de turno y el deficiente apoyo institucional entre otras, son causas que explican el origen del pasivo ambiental. Además de los factores sociales, políticos y económicos, la problemática ambiental producto de la actividad minera, se expresa en los siguientes cuatro grandes grupos: Impacto de la actividad minera a la atmósfera Impacto a la biosfera Impacto a la litosfera Contaminación a los cuerpos de agua Con respecto al impacto a la atmósfera, se origina por las emisiones de CO 2 , como producto de la combustión de diferentes tipos de hidrocarburos, por la emisión de polvo en las áreas de explotación y procesamiento; se liberan grandes cantidades de partículas a la atmósfera especialmente de cuarzo en la explotación de oro, partículas de composición básica en la explotación de yacimientos de arena, partículas carbonatadas en la explotación de calizas y partículas de cemento en la industria del cemento. En la actividad minera se utiliza cianuro y otros elementos altamente tóxicos y contaminantes, que han afectado fuertemente a cuerpos de agua, suelo y fauna, considerando la zona de las minas como el segundo problema crítico de contaminación a nivel nacional después del Lago Xolotlán. En la minería artesanal, una de las características de esta actividad minera es el uso de tecnologías rústicas para el procesamiento y extracción del oro, que utiliza sustancias altamente contaminantes que producen un fuerte impacto. El uso de estas fuentes de explotación y beneficio tienen consecuencias directas en el deterioro del entorno ambiental y en la calidad de vida de todas las personas involucradas en la actividad. En síntesis los problemas ambientales más sentidos por la sociedad nicaragüense a nivel urbano y rural son los siguientes: Déficit y acceso a la disponibilidad de agua (cantidad y calidad). Esto ha generado conflictos de intereses y competencia por el uso del agua en zonas rurales (consumo humano versus producción de alimentos versus cultivos de agro-exportación y agroindustria). Esto obedece principalmente a la no aplicación de políticas y a vacíos en la legislación ambiental, lo que provoca
que los gobiernos municipales no se sienten respaldados por las entidades institucionales responsables de su aplicación. Descapitalización de los bosques con potencial forestal y su transformación a sistemas productivos agropecuarios insostenibles. Esto ha provocado degradación de suelos, pérdida de biodiversidad y reducción y contaminación de recursos hídricos. Salud ambiental y humana disminuida, producto de la contaminación industrial y doméstica por residuos sólidos, líquidos y agroquímicos. Incremento de tierras marginales de baja productividad agropecuaria y forestal, producto de la degradación de las capacidades productivas de los suelos. Mal manejo de los residuos sólidos e incremento de basureros ilegales en la mayoría de los municipios del país, así como el vertido de aguas servidas sin tratamiento a fuentes de agua. Pérdida en la cobertura e integridad de los ecosistemas naturales protegidos, así como su diversidad biológica, especies claves y sistemas ecológicos esenciales en la generación de bienes y servicios ambientales territoriales (principalmente la producción de agua y recarga de los acuíferos). Las áreas protegidas de la Región del Pacífico han perdido entre el 80 al 30 por ciento de sus ecosistemas naturales, intervenidos por la extracción de leña, caza de fauna silvestre y expansión de cultivos anuales. Igual situación presentan las áreas protegidas de la Región Norte y Central del país. Incremento de extracción ilegal de fauna silvestre con fines comerciales. Recientes estudios realizados en comunidades indígenas dentro de la reserva de Bosawás, demuestran que la actividad de cacería que realizan en sus comunidades, no garantiza la sostenibilidad de algunas especies que están consideradas en peligro de extinción a nivel internacional. Más del 50% de los municipios sufren sequías y presentan déficit de agua y deslizamientos de tierra, con riesgos a la infraestructura socioeconómica, productividad y pérdidas humanas. Avance de la frontera agrícola y colonización de tierras en áreas de conservación, lo cual deforesta y consolidad sistemas agropecuarios insostenibles. El deterioro de los recursos naturales constituye una fuerza importante detrás de la sostenibilidad de la actividad productiva, particularmente la agrícola. La alta vulnerabilidad del sector agrícola ante los cambios climáticos ha sido demostrada mediante proyecciones, previéndose una disminución severa en los rendimientos de granos básicos por efectos hídricos. Zonas que actualmente son aptas y