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Prospección Arqueologica, Apuntes de Historia de la Arquitectura

Asignatura: Arquitectura siglo XX, Profesor: , Carrera: Antropología Social y Cultural, Universidad: UCM

Tipo: Apuntes

2016/2017

Subido el 30/01/2017

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PROSPECCIÓN Y EXCAVACIÓN:
PRINCIPIOS METODOLÓGICOS
BÁSICOS
Francisco Javier Morales Hervás
Universidad de Castilla la Mancha
La ponencia con la que iniciamos este curso que pretende dar a conocer
las más recientes investigaciones sobre la realidad arqueológica de la
provincia
de Ciudad Real tiene como nalidad plantear un marco introductorio
que
permita contextualizar metodológicamente las ponencias sobre
aspectos
concretos que se expondrán más adelante. Por ello nuestro propósito es
presentar una visión sencilla y global sobre la prospección y la
excavación
arqueológicas haciendo hincapié en sus aspectos metodológicos más
elementales. Para aquellos que quieran acceder a una visión más
amplia y en
profundidad de estas cuestiones se ofrece al nal una bibliografía
recomendada.
Prospección
La prospección engloba un conjunto de procesos técnicos que tienen
una
nalidad clara: obtener un importante volumen de información
arqueológica en
un área determinada. Esta actividad puede ser entendida en tres
sentidos
diferentes:
Como un trabajo previo a la excavación: es decir, se prospecta para
conocer la
riqueza arqueológica de una determinada zona y a partir de ese
conocimiento
plantear una excavación en el yacimiento que ofrezca mejores
posibilidades “a
priori”.
Como actividad complementaria posterior a la excavación: la
prospección
también se organiza en ocasiones con la nalidad de complementar la
información obtenida con la excavación de una yacimiento, que de este
modo
resulta más comprensible al ser contextualizado en su entorno.
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PROSPECCIÓN Y EXCAVACIÓN:

PRINCIPIOS METODOLÓGICOS

BÁSICOS

Francisco Javier Morales Hervás Universidad de Castilla la Mancha

La ponencia con la que iniciamos este curso que pretende dar a conocer las más recientes investigaciones sobre la realidad arqueológica de la provincia de Ciudad Real tiene como finalidad plantear un marco introductorio que permita contextualizar metodológicamente las ponencias sobre aspectos concretos que se expondrán más adelante. Por ello nuestro propósito es presentar una visión sencilla y global sobre la prospección y la excavación arqueológicas haciendo hincapié en sus aspectos metodológicos más elementales. Para aquellos que quieran acceder a una visión más amplia y en profundidad de estas cuestiones se ofrece al final una bibliografía recomendada.

Prospección

La prospección engloba un conjunto de procesos técnicos que tienen una finalidad clara: obtener un importante volumen de información arqueológica en un área determinada. Esta actividad puede ser entendida en tres sentidos diferentes: Como un trabajo previo a la excavación: es decir, se prospecta para conocer la riqueza arqueológica de una determinada zona y a partir de ese conocimiento plantear una excavación en el yacimiento que ofrezca mejores posibilidades “a priori”. Como actividad complementaria posterior a la excavación: la prospección también se organiza en ocasiones con la finalidad de complementar la información obtenida con la excavación de una yacimiento, que de este modo resulta más comprensible al ser contextualizado en su entorno.

Como una actividad arqueológica con entidad propia: cada vez es más frecuente plantear proyectos de prospección independientes, con objetivos intrínsecos que no dependen de otro tipo de intervención arqueológica previa o posterior. En relación con este último aspecto es evidente que en los últimos años estamos asistiendo a un desarrollo espectacular de las prospecciones arqueológicas, circunstancia en la que han influido diversos elementos: La prospección arqueológica presenta una notable ventaja: sus costes económicos son mucho más reducidos que los de una excavación, lo cual atrae tanto a los arqueólogos que no deben afrontar grandes desembolsos personales como a las administraciones que reducen enormemente sus gastos. Las distintas administraciones públicas, especialmente las Comunidades Autónomas, muestran un creciente interés por gestionar sus recursos culturales y ello depende, en gran medida, de poder acceder a un amplio conocimiento del patrimonio cultural, en el que la arqueología juega un papel fundamental. Por ello no es casual que las diferentes Comunidades Autónomas hayan puesto en marcha distintos programas e iniciativas, con mayor o menor acierto, para elaborar su Carta Arqueológica Regional. En la Comunidad Autónoma de Castilla la Mancha el planteamiento realizado para proceder a la elaboración de la Carta Arqueológica ha diferenciado dos fases: en la primera se trataba de revisar y reconocer todos aquellos yacimientos citados en bibliografía, proceso que permitió detectar errores y descartar muchos falsos yacimientos; en la segunda fase, que se esta realizando en la actualidad, se está procediendo a la elaboración de la Carta Arqueológica por términos municipales a partir

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prospecciones sistemáticas que pretender recoger la realidad de nuestro

intensamente prospectadas se encuentran próximas a universidades, centros de investigación e importantes ejes de comunicación. Siguiendo a Ruiz Zapatero (1988) podemos señalar que los rasgos que han caracterizado a la prospección arqueológica en España hasta hace pocos años han sido: escasa planificación gran dependencia de los aficionados locales prioridad de los límites administrativos sobre los geográficos o culturales dificultad para evaluar la calidad de las prospecciones al no explicitarse ni métodos ni técnicas empleadas Afortunadamente en los últimos años hemos profundizado bastante en el desarrollo de una metodología de prospección más correcta que poco a poco vaya superando las carencias antes señaladas, pero aún queda mucho camino por recorrer para situar esta práctica arqueológica en el lugar que le corresponde. Es básico diferenciar dos momentos de actuación: en primer lugar dar mayor consistencia al trabajo previo, a los análisis de laboratorio que permitan realizar una acertada planificación de la posterior salida al campo y en segundo lugar llevar a cabo la prospección propiamente dicha contando para

ello con un equipo correctamento preparado. Trabajo previo

Para planificar correctamente una prospección arqueológica es preciso partir de una acertada elección en el área de estudio. Para ello podemos emplear diversos criterios: arbitrarios: emplear divisiones administrativas para delimitar el área de prospección. No es el criterio más adecuado, pero en la actualidad suele ser el más empleado por motivos derivados de la política arqueológica fomentada por las administraciones autonómicas, que promueven la elaboración de cartas arqueológicas por términos municipales. naturales: la elección del valle de un río, de una formación montañosa, de una

comarca natural... suele ser un criterio bastante utilizado a la hora de definir una prospección pues este tipo de elementos naturales han condicionado y condicionan los patrones de asentamiento de los grupos humanos. culturales: para algunas épocas es muy conveniente tener como punto de referencia en la planificación de una prospección los posibles límites atribuidos a un determinado grupo humano. De este modo podemos delimitar una actuación de prospección en la Oretania para la época prerromana o en la Orden de San Juan para la Edad Media. Estos criterios culturales suelen presentar ciertas complicaciones administrativas pues la “compartimentación” del patrimonio arqueológico por Comunidades Autónomas, incluso a veces por provincias, provoca frecuentes disfunciones a la hora de obtener permisos de prospección en diferentes ámbitos administrativos. Una vez seleccionada la zona de trabajo el primer paso que debemos dar a la hora de plantear una labor de prospección es el de familiarizarnos con ella. Para ello contamos con una amplia gama de soportes cartográficos que nos aportan una interesante información. Por un lado debemos manejar mapas topográficos -bien los publicados por el Servicio Geográfico del Ejército o bien los editados por el Instituto Geográfico Nacional- que con una escala 1:

reproducen toda la geografía nacional, aportando una información básica sobre accidentes geográficos, topónimos, caminos, etc. En muchas zonas del territorio nacional contamos ya con mapas de escala mayor (1: 25.000), cuyo manejo es muy recomendable al aportar una información más exacta y detallada; estos mapas de sencillo manejo y adquisición deberían complementarse, en la medida de lo posible, con los planos de escala 1: 10.000 y 1: 5.000 que pueden consultarse en el Catastro y en muchos fondos municipales. De forma paralela al análisis de los mapas topográficos se debe llevar a cabo un estudio de otro tipo de cartografía, especialmente los mapas

(“a un tiro de ballesta”, “a un tiro de arcabuz”...). El análisis detenido de la bibliografía arqueológica relacionada con el área objeto de estudio es también básico con el fin de orientar las labores de prospección en el sentido más idóneo. La información obtenida a partir de las fuentes orales era hasta no hace mucho la base fundamental de las prospecciones tradicionales. En la actualidad sigue siendo un componente importante, pero no debe ser determinante. Normalmente los datos que se recogen en este apartado son el resultado de encuestas, abiertas o cerradas, que deben ser contrastados y tamizados, pues es frecuente que los informantes intercalen datos reales con consideraciones personales e incluso con elementos legendarios. Finalmente debemos realizar una revisión pormenorizada de la toponimia de la zona a prospectar, pues en muchos casos podemos encontrar topónimos que sugieren la más que posible presencia de algún yacimiento arqueológico como: castillejo, fuensanta, peña escrita, tesorico, sala de moros...

Trabajo de campo

Como en cualquier disciplina científica debemos partir siempre de una serie de interrogantes e hipótesis de trabajo. Es preciso plantearnos qué pretendemos buscar. Nuestro objetivo no es recuperar restos aislados sino lugares en los que se documenta una considerable concentración de materiales arqueológicos que representan restos de actividad humana en el pasado. Para valorar la fiabilidad de una prospección hay que conocer la intensidad con la que se ha efectuado este trabajo, es decir la cantidad de esfuerzo empleado en la inspección del área de estudio. En este sentido podemos diferenciar entre: prospección “extensiva”, es decir, las salidas aisladas tradicionales, realizadas de forma individual sin una clara metodología ni una planificación real. prospección “intensiva”: trabajos coordinados realizados por equipos especializados. Las prospecciones de carácter intensivo pueden ser: de

cobertura total cuando la zona definida es pequeña y puede ser inspeccionada completamente o realizadas a partir de muestreos manejando concepciones probabilísticas en las que la estadística juega un papel destacado. Evidentemente los muestreos deben llevarse a cabo cuando la zona objeto de estudio es muy amplia; en este caso se selecciona una fracción de muestro o porcentaje de la superficie a prospectar sobre el total, que debe ser al menos del 20-25% para que los resultados obtenidos sean fiables. Para las unidades de muestreo se pueden adoptar diversas formas, si bien las más adecuadas son dos: los “quadrats” (en forma de cuadrado) y los “transects” (en forma de rectángulo), pero en cualquier caso el tamaño debe ser tal que permita inspeccionarlas en una sola jornada de trabajo. La disposición de estas unidades de muestreo puede realizarse siguiendo tres esquemas fundamentalmente: aleatorio, según el cual las unidades de muestro se disponen al azar dentro del área a prospectar; sistemático, por el cual las unidades se sitúan a intervalos iguales; estratificado, en el cual la ubicación de las unidades se realiza tomando en consideración distintos criterios topográficos y ecológicos. Una vez concretados todos los pormenores anteriormente reseñados se desarrolla la salida al campo donde los equipos de prospección deben contar con un material mínimo indispensable: cámara de fotos, bolsas de plástico, cintas métricas, brújula, lápices, compás, transportador de ángulos, mapas topográficos, cuaderno... Es fundamental elaborar fichas en las que se recoja el contexto ambiental del yacimiento documentado, su tamaño, el tipo de materiales que se encuentran, las posible función y cronología, el estado de conservación, el acceso... La información obtenida a partir de prospecciones sistemáticas intensivas es muy útil; su mayor o menor “éxito” depende de diversos factores, pero entre ellos destaca humano: el número, disposición y