






Prepara tus exámenes y mejora tus resultados gracias a la gran cantidad de recursos disponibles en Docsity
Gana puntos ayudando a otros estudiantes o consíguelos activando un Plan Premium
Prepara tus exámenes
Prepara tus exámenes y mejora tus resultados gracias a la gran cantidad de recursos disponibles en Docsity
Prepara tus exámenes con los documentos que comparten otros estudiantes como tú en Docsity
Encuentra los documentos específicos para los exámenes de tu universidad
Estudia con lecciones y exámenes resueltos basados en los programas académicos de las mejores universidades
Responde a preguntas de exámenes reales y pon a prueba tu preparación
Consigue puntos base para descargar
Gana puntos ayudando a otros estudiantes o consíguelos activando un Plan Premium
Comunidad
Pide ayuda a la comunidad y resuelve tus dudas de estudio
Ebooks gratuitos
Descarga nuestras guías gratuitas sobre técnicas de estudio, métodos para controlar la ansiedad y consejos para la tesis preparadas por los tutores de Docsity
Este documento explora la noción de falacias y sofismas, diferenciando entre falacias formales e informales. Se analizan ejemplos concretos de falacias de irrelevancia, como la falacia de composición, la falacia contra la persona (ad hominem) y la falacia de apelación a la autoridad. También se examinan las falacias de apelación a los sentimientos, como la apelación al temor y la apelación a la piedad. Finalmente, se aborda la falacia de referencia insuficiente, específicamente la petición de principio.
Tipo: Apuntes
1 / 10
Esta página no es visible en la vista previa
¡No te pierdas las partes importantes!







Elaborado: Mtra. Gabriela Rodríguez Jiménez ENP No. 1 “Gabino Barreda”.
En nuestra vida diaria constantemente damos o escuchamos argumentos. Los oímos en la radio, de la gente que nos rodea; los vemos en la televisión, los leemos en el periódico o en Internet, etc. También los construimos para defender nuestra propia posición respecto de algún tema o para refutar la de otros. En este contexto, solemos encontrar con mucha frecuencia argumentos que en un primer momento parecen correctos, pero que cuando los analizamos cuidadosamente, advertimos que no lo son, a esto lo denominamos falacias.
Una falacia es, como nos señala Irving Copi , un argumento incorrecto pero psicológicamente persuasivo. Precisamente la fuerza de una falacia para convencernos de la tesis que se defiende en el argumento en que se expresa, reside en este carácter persuasivo, el cual se debe a que tiene una apariencia de estar correctamente construido, pero cuando lo analizamos con cuidado, notamos que el paso de las premisas a la conclusión no es el adecuado, debido a que las premisas no son pertinentes para lo que se quiere defender.
Antiguamente solía hacerse una distinción entre falacia y sofisma con base en la intención de la persona que argumentaba. De esta manera se decía que si quien argumentaba incorrectamente lo hacía sin la intención de engañar, entonces estábamos frente a un argumento del primer tipo, una falacia. En cambio, si alguien formulaba un argumento con el fin deliberado, es decir, consciente del engaño, entonces está- bamos frente al segundo tipo de argumento, conocido como sofisma. Sin embargo, en la vida diaria resul- ta muy complicado saber si quien argumenta incorrectamente lo hace de manera deliberada o no, por lo cual frecuentemente esta distinción ha caído en desuso.
Actualmente existe una gran cantidad de falacias tipificadas por los estudiosos. Algunas fueron estudia- das desde la Edad Media, razón por la cual, frecuentemente se alude a ellas por su nombre en latín.
(^1) Copi, Irving. Introducción a la lógica. Buenos Aires, EUDEBA, 1987. p. 81.
Las falacias suelen dividirse en formales e informales. Las formales son aquellas que tienen errores en su forma, es decir, que violan alguna de las estructuras deductivamente válidas. En este sentido, cualquier argumento inválido sería una falacia. Las de afirmación del consecuente y de negación del antecedente son las más comunes de este tipo.
En la de afirmación del consecuente, se pretende construir un buen argumento con la estructura del modus ponens, mientras que en la de negación del antecedente, se pretende estar formulando un buen argumento con la estructura del modus tollens. Pero en ambos casos no es así, ya que por un lado, el modus ponens afirma el antecedente y no el consecuente y, por otro lado, el modus tollens niega el conse- cuente y no el antecedente. Esto quedará más claro cuando se estudie en la última unidad las reglas de inferencia, por lo cual, no nos detendremos en este momento en este punto.
Por su parte, las informales son aquellas que cometen errores no en su forma sino en su contenido, es decir, en aquella información que se ofrece en las premisas para derivar de ellas la conclusión. En la actualidad, diversos estudiosos realizan un gran esfuerzo por elaborar una lista tipificada de las falacias existentes. Sin embargo, la manera en que podemos errar es tan amplia que resulta una tarea complicada elaborar un estudio completo y acabado de las mismas. También es importante destacar que un argumento puede incurrir en varias falacias a la vez.
En este material abordaremos algunas de estas falacias, muchas de las cuales seguramente reconocerás como ejemplos que has escuchado, leído o que incluso, tú mismo has construido.
Existen dos tipos de falacias informales, de irrelevancia y de ambigüedad. Cabe aclarar que la clasifi- cación que se presenta es una propuesta entre varias que han elaborado los estudiosos sobre el tema a lo largo de los siglos. De hecho, no podríamos afirmar hoy en día que contamos con una clasificación definitiva.
Las falacias de irrelevancia son también conocidas como de inatinencia o no pertinencia, debido a que el error en este tipo de argumentos está en el hecho de que las premisas no ofrecen un funda- mento sólido o pertinente para inferir la verdad de la conclusión. Las que revisaremos se clasifican en tres grupos: I. Transferencia de propiedades. II. Apelación a los sentimientos. III. Referencia insuficiente.
Se incurre en ella cuando para refutar la conclusión que defiende una persona, en lugar de ofrecer razones pertinentes, atacamos a la persona que la sostiene, en lugar de refutar sus afirmaciones.
Revisemos el siguiente ejemplo:
El filósofo alemán Friedrich Nietzsche afirmó que “lo que se hace por amor, acontece más allá del bien y del mal”, pero eso es absurdo, para determinarlo basta saber que él era un misógino.
En el ejemplo anterior se quiere defender la falsedad de la tesis de Nietzsche, pero en lugar de ofre- cer premisas pertinentes para dicho fin, lo único que se hace es atacar a la persona que hace dicha afirmación, en este caso al filósofo alemán, señalando que era un misógino, con lo cual no se está refutando la tesis mencionada.
Este tipo de falacia se subdivide en dos tipos: circunstancial de intereses personales y de autocon- tradicción.
Se comete esta falacia cuando para refutar la tesis que sostiene alguna persona, en lugar de apelar a razones pertinentes, se argumenta que ésta es falsa porque quien defiende esa posición se ve beneficiado o favorecido por involucrar intereses personales. Veamos el siguiente ejemplo:
Mariano dice que el IFE es una institución confiable… pero claro, como él ocupa un cargo muy importante ahí, ¡qué otra cosa va a decir! Tiene que defender su chamba, ¿no?
En este caso observamos que, en lugar de ofrecer razones pertinentes para refutar lo que señala Mariano, se dice simplemente que eso es falso, porque al defender esa tesis él se ve favorecido. En este caso el beneficio es que no lo despidan y por ello lo sostiene, pero si analizamos cuidadosa- mente, advertimos que no se ha dado una buena razón para rebatir la tesis de Mariano, a saber: “El IFE es una institución confiable”.
Cuando aseguramos que cierta afirmación es falsa, porque quien la defiende hace justo lo contrario de lo que sostiene, pero no se dice nada respecto a la falsedad de su aseveración, se cae en una falacia de circuns- tancial de autocontradicción. Esto sucede porque lo único que se realiza es criticar la incongruencia de la persona que dice una cosa y hace otra.
Analicemos el siguiente caso:
Mi mamá se la pasa repitiéndome que debo estudiar una carrera universitaria para ser alguien en la vida, pero eso ni ella misma lo cree, con decirte que ella ni la primaria terminó.
Como podemos advertir, aquí se quiere refutar la tesis de la importancia de estudiar una carrera universi- taria para tener logros relevantes en la vida, pero en lugar de ofrecer razones adecuadas para dicho fin, lo único que se aduce es que quien lo afirma, en este caso la madre, da evidencia de lo contrario con sus actos, pues ella no hizo una carrera universitaria y, por esa contradicción entre lo que dice y lo que hace, se pretende inferir que es falsa su tesis. Sin embargo, con ello no estamos argumentando a favor de la tesis que queremos defender, en este caso, que no sea importante “estudiar una carrera universitaria para ser alguien en la vida”.
Es importante advertir que desde una perspectiva lógica, es necesario valorar la verdad de lo afirmado y no descartar sin examen cierta aseveración sólo porque la persona que las sustenta es incongruente con lo que afirma. No obstante, es importante advertir que este análisis no cancela el hecho de que yo pueda cuestionar el derecho moral de esa persona para afirmar lo que dice, al ser incongruente y practicar todo lo contrario de lo que sostiene. Es relevante tener claro que una cosa es valorar lógicamente las afirmacio- nes o argumentos de alguien y, otra muy distinta es valorar el derecho moral que tiene para decirlas.
Esta falacia de irrelevancia por transferencia de propiedades tiene dos tipos: de autoridad individual y de autoridad colectiva.
Cuando para aceptar una determinada conclusión, en lugar de recurrir a razones pertinentes, se apela a la autoridad de una mayoría (el pueblo, la colectividad, “todos”), a la tradición o a la autoridad de una minoría selecta, se está incurrien- do en la falacia de autoridad colectiva, también conocida como ad populum (en latín significa “dirigido al pueblo"). Analicemos el siguiente caso de un anuncio publicitario:
“¿Quieres estar informado? Debes leer El despertar, ya que es el periódico que todo nuestro país lee”.
Como podemos observar, en este ejemplo se quiere convencer a las personas de que lean el periódico El despertar y la razón a la que se alude es que todo el país lo lee, pero no se ofrecen razones adecuadas para que lo leamos, pues del hecho de que todo el país lea este periódico, no se sigue que sea un buen medio para estar informados. Un buen argumento daría razones relevantes de por qué este periódico es el mejor para estar bien informados, por ejemplo, aduciendo que tiene a los articulistas más competentes del país, que cuentan con información veraz, etc. En este sentido, del hecho de que una gran cantidad de personas lea este periódico, no se sigue como conclusión, que sea un buen periódico.
Revisemos otro ejemplo:
En el caso anterior podemos notar que en la premisa “todo el mundo lo hace” (incluso la misma maestra en su momento) Sonia apoya la conclusión de que no tiene nada de malo el copiar las tareas porque es algo que “se acostumbra”, y en este sentido pareciera ser que es algo aceptable o correcto. Pero si analiza- mos cuidadosamente, advertiremos que no se ha dado ninguna razón pertinente para refutar la afirma- ción de la amiga de Sonia de que es incorrecto copiar las tareas.
Como su nombre lo indica, este tipo de falacias de irrelevancia tienen en común el argumentar como premisas algún tipo de sentimiento. En este caso revisaremos dos tipos: apelación al sentimiento de temor y apelación al sentimiento de piedad.
Se cae en una falacia del tipo ad baculum o “al bastón”, por su nombre latino, cuando para defender una conclusión y convencer al interlocutor de su acepta- ción, en lugar de esgrimir razones pertinentes para persuadirlo, se exponen las consecuencias desfavorables que se seguirían en caso de no aceptar dicha conclusión. En realidad, se trata de una amenaza que pretende ser un argumen- to. Veamos el siguiente ejemplo:
-No veo por qué estás de acuerdo en que se legalice el matrimonio entre personas del mismo sexo. ¿Acaso no te das cuenta de que ello nos conducirá a una sociedad sin valores? ¡Eso será el principio del fin de nuestra civilización!
Como podemos advertir en el ejemplo anterior, se quiere defender la conclusión de que es incorrecto legalizar el matrimonio homosexual, pero en lugar de ofrecer premisas adecuadas para defender tal afirmación, sólo se hace referencia a las consecuencias negativas que se seguirían de la no aceptación de dicha conclusión. En este caso, se señala que será el fin de nuestra civilización, es decir, en cierto sentido es una especie de amenaza, en la cual se nos dice que si aceptamos el matrimonio homosexual, entonces tendremos que aceptar la destrucción de la civilización. Ofrecer razones adecuadas, en este contexto, implicaría establecer una clara y relevante conexión entre el matrimonio entre personas del mismo sexo y la destrucción de la sociedad.
Cuando en lugar de ofrecer razones apropiadas para la aceptación de determinada tesis, se alude a explicaciones con un alto contenido emotivo dirigidas a provocar compasión, piedad o benevolencia en nuestros interlocutores, se incurre en esta falacia (ad misericordiam). Un ejemplo, es el siguiente caso:
-Señora directora, le ruego por favor permita que mi hijo regrese a la preparatoria. Sé que lo corrieron porque su conducta quizá no ha sido la mejor, pero es que no entraba a ninguna de sus clases porque los amigos con los que se juntaba lo obligaban a irse con ellos y el pobrecito no sabía qué hacer, tenía mucho temor. ¡Imagínese el miedo que debió haber tenido el inocente para que ya ni siquiera entrara a sus clases! Sé que su padre y yo somos responsables, pues nosotros vivimos fuera de la ciudad y lo hemos descuidado. Él vivía con sus tíos. Pero estoy segura que sentía una terrible soledad, alejado de nuestro amor y nues- tro cuidado.
Copi, Irving. Introducción a la lógica. Buenos Aires, EUDEBA, 1987.
Hernández Deciderio, Gabriela y Rodríguez Jiménez, Gabriela. Lógica ¿Para qué? Argumenta, debate y decide racionalmente. México, Pearson, 2008.
Herrera Ibáñez, Alejandro y Torres, José Alfredo. Falacias. México, Editorial Torres Asociados, 2007.
Bibliografía