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Este es un proyecto de investigación de la drogadicción.
Tipo: Guías, Proyectos, Investigaciones
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En este capítulo hablaremos sobre las consecuencias que ocasiona el consumir drogas, así como los problemas que surgen a la inserción de estas sustancias, que producen infinidad de problemas, emocionales, familiares, etc., las cuales son capaces de transformar la actitud de la persona que la consume causando problemática en el núcleo familiar y en la sociedad.
CAPITULO IV La importancia de hablar sobre la legalización de las drogas es el debate que ha surgido últimamente sobre este tema entre partidos políticos y la sociedad en general acerca de una posible solución para los problemas de salud y delincuencia ocasionados por las drogas en nuestro país. Expondremos algunas razones por las cuales se debería de legalizar las drogas así como también sobre algunos temas que nos dan a conocer cuál es el sistema de legalización que existe actualmente en México.
CAPITULO V En este último capítulo se muestran los resultados reales de la investigación de campo a través de la aplicación de encuestas a ciertos sectores de la población en nuestro municipio. Los datos se concentran en gráficas circulares especificando los porcentajes y la interpretación de los resultados.
El consumo de drogas dentro nuestro territorio nacional no está tipificado como delito, pero la posesión con fines de consumo sí está sancionada cuando se excede por la cantidad establecida por la ley. Es un gran problema social que se ha introducido hasta lo más íntimo de las familias y al cual nos enfrentamos en la actualidad. Este fenómeno crece día a día, tanto en el número de personas como en las complicaciones y las muertes por enfermedades relacionadas con la adicción.
Así mismo el consumo de drogas supone un enfrentamiento con las normas y con las leyes sociales, están pueden incluirse en el amplio marco de actividades desviadas y constituyen un síndrome que podría agruparse dentro de la llamada conducta problemática de los habitantes de una sociedad. Es por esto que tanto adictos como no adictos, están protegidos por la ley en cuanto al consumo y a la posesión de pequeñas cantidades, lo que provoca que tanto consumidores como distribuidores se sienten atraídos por la facilidad para solventar sus necesidades personales y económicas.
El consumo de drogas no es un tema que haya sido desconocido por el hombre desde sus inicios como nómada hasta evolucionar y volverse sedentario; que empezara a experimentar el olor, el sabor y los efectos de tantas sustancias y plantas que la naturaleza le ofrecía a su paso. Inconscientemente llegaba a consumir estas “drogas naturales” por sus mágicos y placenteros efectos.
Hay pruebas evidentes del consumo de sustancias embriagantes durante el Paleolítico, pero se desconoce los hábitos de consumo y la frecuencia y finalidades de la intoxicación. Es de suponer que los objetivos eran prácticos, tanto mágico-religiosos como militares, festivos o sanitarios.
En el Neolítico y por lo que toca a la península, nace la primera toxicomanía relacionada con un producto alcohólico similar a la cerveza, obtenido de la fermentación de la cebada.
Los griegos introdujeron el cultivo de la vid, pero fue el Imperio Romano el que extendió su cultivo por las proximidades de Tarragona y el Bajo Guadalquivir, aunque el vino se reservaba casi exclusivamente a los colonos de origen y ciudadanía romana. La mayor parte de la producción se dirigía por vía marítima a Roma, donde se puede encontrar una de las primeras manifestaciones de toxicomanía de masas, basada en el uso del vino tanto por sus efectos lúdicos como por su aplicabilidad en la refinada gastronomía imperial. Mientras que el alcoholismo de ciertas personalidades romanas era notorio, los romanos emitían opiniones burlescas sobre el bajo alcoholismo de los celtíberos.
Con los visigodos decae el cultivo del viñedo y vuelve el uso de la cerveza. La actitud de la iglesia romana cristiana reflejada en los concilios anteriores al siglo IX es opuesta al consumo tanto de cerveza como de vino.
Los árabes apenas encuentran viñedos y los pocos que encuentran los eliminan totalmente. También desaparece la cerveza. Durante toda la Edad Media, la península es un área extraordinariamente abstemia. Por otra parte, la población musulmana establecida en la península tampoco adoptó el cannabis.
Esta falta de competencia puede ser la que permitió que se desarrollara y se difundiera por y desde la península una de las más importantes toxicomanías: el tabaquismo. Desde el primer viaje de Colón, se entró en contacto con el tabaco, que era utilizado por los
aborígenes caribes como un potente alucinógeno, para acceder a estados místicos con fines mágico-religiosos y mágico-curativos.
El chocolate posee propiedades farmacológicas para ser usado como una droga excitante y así era usado por los aztecas, pero derivó, por su composición formal, en un producto alimenticio. La coca era usada por los incas por sus efectos psicotrópicos, aunque con estrictas limitaciones de clase social.
Hay que decir algo también del uso de plantas alucinógenas asociado al fenómeno de la brujería. Sus efectos no eran percibidos como consecuencia de la ingestión o aplicación del producto, sino como manifestaciones extraordinarias de la presencia diabólica en el mundo. El uso de las plantas era una parte de un “ritual necesario” para que actuara el diablo.
El opio constituye un caso distinto, pues desde la época grecorromana se han conocido sus efectos, sin que dejaran de serlo ni el Medioevo ni en el Renacimiento ni en la Edad Moderna. La fórmula del láudano es atribuible a Paracelso y su uso alcanzó su cenit en el siglo XVIII. El consumo reglamentado de opio es un ejemplo de uso comunitario de una sustancia, con todos los caracteres de la “droga”, sin que pueda hablarse, con propiedad, de toxicomanía por opio, a pesar de que se hayan conocido síndromes de dependencia. Su uso masivo como medicamento fue decreciendo en el siglo XIX y desapareció prácticamente en el primer tercio del siglo XX, adquiriendo, a partir de ese momento, la imagen de droga ajena a nuestra realidad cultural.
El vino es un producto anual, cíclico e inestable, que no se conserva más allá de San Juan. En tiempos de Felipe II comienza a hablarse del valor terapéutico y alimenticio del vino y en textos de la época se menciona claramente la abstemia habitual de la sociedad. A partir de la mitad del siglo XVIII se empieza a modificar la situación y a emplearse como bebida embriagante. En Europa el consumo de alcohol era bastante más elevado. En el siglo XVII se comienza a destilar alcohol y serán los holandeses los que popularicen el aguardiente creando la estructura de su producción y distribución.
A lo largo del siglo XIX, la industria farmacéutica alemana sintetizó una serie de drogas nuevas, la mayoría derivada de productos naturales: la morfina en 1830, la heroína en 1874, la cocaína en 1858, y otras sintéticas, como el ácido barbitúrico en 1864. La cocaína conoce su fase de expansión a partir de 1880.
En el siglo XIX se produce también como consecuencia de la expansión colonial y del movimiento romántico el contacto de los europeos con drogas exóticas, como el hachís, la
En la posguerra y durante la autarquía cobró importancia el consumo de anfetaminas. Droga moderna (la efedrina se sintetiza en 1923), fue introducida en España durante la guerra para ser utilizada con fines militares. Durante la Segunda Guerra Mundial fue utilizada masivamente por los contendientes, tanto para incrementar la eficacia militar, como para mantener la moral de la población.
Entre 1940 y 1960, el consumo de alcohol y de tabaco permanece estables. Sólo los hombres, y no todos, fuman y beben, reservándose los licores para fiestas y celebraciones o para las clases elevadas.
El panorama cambia en la década de los 60. Con el despegue económico, se provoca una intensa desorganización social con problemas de desarraigo, anomía y alienación, que exigen vías de escape alternativas, la más importante de las cuales será el alcohol. En ambos casos, la incorporación de la mujer al alcoholismo y al tabaquismo es responsable de la parte más importante de estos incrementos. Con el desarrollismo, el consumo de alcohol y el de tabaco se convirtieron en dos hábitos inconscientes para la sociedad, viéndose a los abstemios como ajenos a la norma general.
En la década de los 60 asistimos, también, al despegue de la industria farmacéutica, la cual lanzó miles de productos que el público aceptó como panaceas para combatir trastornos hasta entonces inevitables. Pero el propio contenido conceptual del término de fármaco hizo surgir una cultura popular del fármaco, desviándolo de la prescripción médica hacia la automedicación. Las anfetaminas que se utilizaban en las ocasiones en que se precisaba aumentar la productividad, se presentan en los años 60 como inhibidores del apetito, es decir como adelgazantes, como producto milagroso que permitirá mantener una figura acorde con las normas estéticas de la sociedad. Por tanto, el período de 1962 a 1973 supone la transformación de la sociedad española en una sociedad de consumo intoxicada por tabaco, alcohol y fármacos.
Durante ese mismo período en Europa y Estados Unidos aparecen nuevos fenómenos que implican un cambio cualitativo importante en la racionalización, valoración y hábitos del uso de drogas. Antes de los años 20, no existía una concepción general de droga y de drogadicto, como respuesta, a finales de la década de los 50, un reducido grupo de jóvenes comenzaron a comportarse tal y como suponía y lo prescribía el estereotipo del drogadicto. Consumían todo tipo de drogas y se relacionaban con todos los grupos marginales. Solidarios y marginales, se autodenominaron beat y su actitud no habría transcendido sin que los medios de comunicación, ávidos de emociones fuertes, hubieran
prestado una atención desmesurada a las obras que publicaron. Así alcanzaron una enorme popularidad y se logró que surgieran miles de imitadores.
El segundo episodio lo suscitó una serie de experimentos realizados con el LSD entre 1961 y 1963 por dos profesores de psicología de Harvard. Su publicidad y el escándalo consiguiente, acabó con su expulsión de la universidad, y de otro lado, su intención explícita de crear una nueva cultura positiva de la droga en torno al LSD. Se inició una escalada de acusaciones entre los psicodelistas y los partidarios de la represión. Todo ello llevó a una radicalización de las posturas, pasando por la contracultura, el “underground” y los hippies y acabando por justificar la heroína.
La introducción de la heroína es un fenómeno complejo que tiene que ver con la guerra del Vietnam y el tráfico originado por la misma, así como con la existencia de organizaciones mafiosas internacionales y los beneficios que reporta la tolerancia pública ante la distribución de heroína en ciertos medios. Pero lo que resulta significativo es que Occidente lleva a cabo la más gigantesca operación de expansión comercial de una droga jamás conocida en la historia.
En 1970, a las toxicomanías tradicionales se les había añadido un nuevo complejo cultural que respondía al estereotipo social del drogadicto. Millones de jóvenes de Occidente consumían indistintamente cualquier tipo de droga, las nuevas y las tradicionales, con lo cual quedaba ampliamente demostrado que el modelo represivo, que quería incidir sobre la oferta, era inútil y hasta peligroso. Antecedentes históricos, situación actual y tendencias de consumo Osasunaz. Entre 1968 y 1973, las drogas consumidas son cannabis, presentado como hachís, y LSD. El número de detenidos por consumo de drogas es muy reducido, predominando entre ellos los extranjeros.
En España En 1973 se inicia el consumo masivo de hachís, aparecen las primeras publicaciones contraculturales y se realizan conciertos masivos de rock en los que se difunde el hachís y el LSD. Aparece la primera distribución sistemática de heroína hacia la mitad de 1975. En 1976 comienzan los asaltos a farmacias, a los que se responde con un endurecimiento represivo. A partir de 1978 se produce un nuevo giro debido a un cierto “desencanto” que se tradujo en un incremento de los usos de las llamadas drogas blandas, y en la aparición de la politoxicomanía, puramente hedonista, relacionada con las actitudes de desencanto y pasotismo.
después de comer sus frutos decidió probarlos. En el siglo XVIII el café se propagó por Europa llegando a producir el 70% de la producción mundial.
Existen varias drogas de las cuales se tienen pruebas reales de su consumo y su existencia:
Llamamos droga a toda sustancia toxica que altera la actividad mental, estimulándola o deprimiéndola, que causa adicción, daño físico y psicológico. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), droga es toda sustancia que introducida en el organismo por cualquier vía de administración, produce de algún modo una alteración del natural funcionamiento del sistema nervioso central del individuo y además es susceptible de crear dependencia, ya sea psicológica, física o ambas. Una droga es una sustancia vegetal, mineral o animal que tiene efecto estimulante, alucinógeno, narcótico o deprimente. Se conoce como droga blanda a aquélla que tiene un bajo grado adictivo, como el cannabis, mientras que una droga dura es fuertemente adictiva (como la cocaína y la heroína). (MILLÁN, 2017) Las drogas son sustancias que producen cambios en la capacidad de sentir, percibir la realidad y pensar. Alteran la forma de ser y de comportarse y crean la necesidad de continuar consumiendo con frecuencia. A esto llamamos dependencia o adicción. Algunas drogas se consideran legales o ilegales, existen naturales y artificiales. Muchas de las drogas que existen más adictivas que existen no son ilegales, no son distribuidas por narcotraficantes, si no por farmacéuticas, vendidas en los mostradores de las farmacias o al alcance de la mano, en los supermercados. La línea que divide de lo ilegal solo separa en el territorio del poder de quienes trafican con las drogas que nos esclavizan. Aunque estas drogas sean legales, y puedan tener ciertos beneficios, son más peligrosas justo porque la gente se abandona al buen juicio de la ciencia médica y se deja llevar por sus efectos, creyendo que las medicinas sólo sirven para curar.