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Tipo: Resúmenes
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Elaborar las normas para las poblaciones de niños y adolescentes varones y mujeres de las ciudades de Trujillo, Chiclayo y Piura comprendidos entre las edades de 8 a 16 años.
Desde hace un tiempo, poco a poco y trabajando en la adaptación y estudio de algunos cuestionarios y escalas de medición Psicológica, nos hemos familiarizado en la utilización de ésta técnica como instrumento de medida de la conducta depresiva, específicamente en niños y adolescentes, dada a nuestra experiencia de trabajo con ellos. Psicólogo y miembro del Colegio de Psicólogos del Perú, Doctor en Educación; Magíster en Psicología con mención en Psicología Educativa UNMSM, posgraduado en Neuropsicología Clínica UNFV; Educación, orientación y terapia de las disfunciones Sexuales. UIGV. Past docente de las Universidades Nacionales: Federico Villareal, y Hermilio Valdizan, en esta última como Jefe de Departamento Académico de la Escuela de Psicología de la Faculta de Ciencias de la Salud. Psicólogo del Equipo Técnico de Adopciones. Jefe de los Departamentos de Psicología de los Colegios Claretiano y Seminario de San Carlos y San Marcelo de la ciudad de Trujillo. Director de PSIC-ARE, institución dedicada promover el desarrollo humano y de la familia; Asesor y Consultor en Temas de Psicología Educativa y Familia, especialista en Niños y Adolescentes. Actualmente, profesor de pre grado en la Escuelas Profesionales de Psicología de la Universidad Privada Antenor Orrego, Universidad Privada del Norte, de la ciudad de Trujillo, Universidad Señor de Sipán de la ciudad de Chiclayo y de la Universidad Cesar Vallejo de la ciudad de Piura como responsable del curso de Construcción de Pruebas Psicológicas; también Profesor de la facultad de Educación y Humanidades de la Universidad Privada Antenor Orrego A nivel de Post grado, profesor de la segunda especialidad en la Facultad de Enfermería de la Universidad Nacional de Trujillo; profesor de la unidad de Post grado de la Universidad Privada Antenor Orrego, en los programas de maestría en Didáctica Universitaria, y Orientación y Tutoría Educacional y Problemas de Aprendizaje; en la Universidad César Vallejo, profesor de la Escuela de Post grado, en el programa de Maestría en Educación Médica. Su trayectoria como investigador y asesor de investigaciones, se centra en temas de la problemática Psicoeductiva, de familia y Psicométrica Email:[email protected]
La depresión es una enfermedad muy frecuente, incluso en progresivo aumento. La relevancia de su frecuencia cobra un significado mayor si se tiene en cuenta que genera una discapacidad funcional importante, superior a la mayoría de las enfermedades médicas crónicas. Actualmente, la padecen tanto personas adultas como adolescentes y niños, personas físicamente sanas como personas con alguna discapacidad o enfermedad; siendo más frecuente en estos últimos.
La necesidad de hacer esfuerzos para prevenir los trastornos mentales es, en general, declarada como una importante prioridad en salud mental. Sin embargo, la dedicación que efectivamente se le ha prestado a esta tarea es mínima. Uno de los probables determinantes de esta situación, son las dudas que existen, no siempre explicitadas, respecto a si es realmente posible y efectivo intentar prevenir trastornos de naturaleza tan compleja y multicausada como la depresión. A menudo es difícil diagnosticar la verdadera depresión en adolescentes debido a que su comportamiento normal se caracteriza por variaciones del estado de ánimo, con períodos alternos de "el mundo es un sitio maravilloso" y "la vida apesta". Estos estados de ánimo pueden alternar en períodos de horas o días. En los últimos tiempos la evaluación de la depresión infantil ha pasado a ser un problema de falta de instrumentación adecuada para convertirse en un reto de precisión. Hasta 1975, no existía ningún instrumento específico para la evaluación de la depresión infantil. Los expertos pensaban que una de las tareas prioritarias era generar aquellos que permitiesen evaluar este trastorno con objetividad y exactitud. Efectivamente los hechos les han dado la razón, ya que desde los años ochenta, los datos sobre depresión infantil que eran con anterioridad enormemente dispersos e incluso contradictorios, se han ido aproximando y confluyendo a medida que los grupos de investigación la evaluaban con instrumentos adecuados. En las ciudades de Trujillo, Chiclayo, Piura y toda la zona norte de nuestro país se carece de instrumentos adaptados a la realidad, para la evaluación y diagnóstico, en diferentes esferas psicológicas, como son el área de socialización, en problemas de conducta, problemas emocionales, entre otros o se emplean pruebas, con información de muestras que no guardan relación alguna con nuestra realidad. En razón a todo ello nos planteamos responder a la siguiente interrogante: ¿En qué medida la adaptación y estandarización del CDI, servirá como instrumento altamente confiable y válido en el diagnóstico de los síntomas depresivos en niños y adolescentes, de la región norte del país? 1.2. OBJETIVOS 1.2.1. Objetivo General: Adaptar y estandarizar el Inventario de Depresión Infantil (CDI), con el fin de proponer un modelo de prevención psicoeducativa, para su uso y aplicación en el ámbito de las ciudades de Trujillo, Chiclayo y Piura como instrumento diagnóstico de los síntomas depresivos esenciales en niños y adolescentes. 1.2.2. Objetivos específicos: Determinar la confiabilidad y validez del Inventario de Conducta Depresiva (CDI) Elaborar las normas para las poblaciones de niños y adolescentes varones y mujeres de las ciudades de Trujillo, Chiclayo y Piura comprendidos entre las edades de 8 a 16 años.
Criterio de exclusión: Omisión en las respuestas o datos de identificación El objetivo era representar la población de niños y adolescentes de las ciudades de Trujillo, Chiclayo y Piura, sobre el volumen total de escolares, manteniendo siempre la cuota porcentual de las estimaciones por edad, género, tipo de gestión educativa, en los niveles de primaria y secundaria, a partir del tercer grado de primaria Para lograr la representatividad, se tomó como referencia los datos que nos proporcionaron las correspondientes Direcciones Regionales de Educación de Trujillo; Chiclayo y Piura en el año 2007. Se optó por un sistema de ponderación, al no garantizarse en la muestra inicial y las depuradas las proporciones esperadas, según los grupos de edad considerados. Estos aspectos se detallan a continuación: a. Muestra Inicial: La tabla Nº 1 presenta la distribución de la muestra obtenida según el lugar de procedencia y nivel educativo. En esta muestra no se consideran los protocolos que fueron eliminados, por omisión de respuestas o datos de identificación en el CDI. Tabla Nº 1 Distribución de la muestra Inicial según el lugar de procedencia y nivel educativo Lugar de procedencia Nivel educativo Primaria Secundaria Total % Trujillo 1,450 2,372 3,822 36, Chiclayo 1,268 1,888 3,156 30, Piura 1,566 1,801 3,367 32, Total 4,284 6,061 10,345 100% b. Muestra final: Se examinó la validez de los 10,345 protocolos de la muestra inicialmente seleccionada que no presentaran omisión alguna. En esta muestra final, los criterios de exclusión se consideraron en el siguiente orden: Los protocolos con omisiones en algunas respuestas y en la consignación de los datos personales. Como consecuencia de esta evaluación se excluyó a 145 protocolos, obteniéndose una muestra definitiva de 10,200 evaluados, que representan la muestra final de este estudio, los datos se exponen en la siguiente tabla: Tabla Nº 2 Distribución de la muestra Final según el lugar de procedencia, condición de género y nivel educativo PROCEDENCIA SEXO NIVELES EDUCATIVOS PRIMARIA SECUNDARIA TOTAL % TRUJILLO Varones 910 946 1856 18. Mujeres 735 782 1517 14. CHICLAYO Varones 734 878 1612 15. Mujeres 784 876 1660 16. PIURA Varones 894 987 1881 18. Mujeres 749 925 1674 16. TOTAL 4,806 5,394 10,200 100%
a) Coordinaciones y capacitación Se desarrollaron cuatro jornadas de capacitación sobre las aplicaciones del CDI, a los alumnos internistas de las Escuelas Profesionales de Psicología, de la Universidad César Vallejo de Piura, Universidad Señor de Sipán de la ciudad de Chiclayo y, de la Universidad Privada Antenor Orrego de Trujillo. Del mismo se realizaron las coordinaciones con las autoridades de las diversas Instituciones Educativas, quienes nos facilitaron el acceso a la muestra. b) Muestreo: Las Instituciones Educativas fueron recogidas al azar de acuerdo a las facilidades que nos ofrecieron sus autoridades, tomamos en cuenta la representatividad de los mismos en cada ciudad, y homogeneizando el número en base al tipo de gestión (Privados y Estatales); al mismo tiempo el criterio de la edad. c) Ambiente del examen: En todos los casos se les motivó previamente y se les hizo saber sobre los propósitos de la prueba; siendo el ambiente de la evaluación los salones de clases que habitualmente lo utilizan. En cada grupo de evaluación se consideró a un promedio de 25 alumnos por evaluador; y en aquellos casos donde habían ambientes más grandes se aplicaron las pruebas a 50 estudiantes aproximadamente, en cuyos casos se trabajó con dos evaluadores. c) Instrucciones: El inventario CDI, es instrumento cuyas instrucciones se encuentran en la tapa del cuestionario; las mismas que se especifican de acuerdo al nivel de comprensión de los evaluados. Información que se detallan en la ficha técnica del CDI. 2.3. INSTRUMENTO 2.3.1. FICHA TÉCNICA Nombre Original: Children’s Depression Inventory C.D.I. Nombre en Español: Inventario de Depresión Infantil C.D.I Autora: María Kovacs (1977) Procedencia: Canadá Adaptación española: Polonio Lorente (1988) España Adaptación y Estandarización: Edmundo Arévalo Luna Administración: Individual y colectiva Ámbito de Aplicación: Niños y niñas de 8 a 16 años de edad Duración: Tiempo aproximado 15 a 20 minutos. Significación: Evalúa síntomas depresivos más esenciales en los niños de 8 a años a través de las siguientes dimensiones: Estado de ánimo disfòrico (visión negativa de sí mismo), Ideas de auto desprecio (visión negativa del medio y del futuro). Tipificación: Baremos para escolares del nivel primario, y adolescentes del nivel secundario, de ambos sexos. 2.3.2. NATURALEZA Y UTILIDAD DEL C.D.I.
depresión, ya que los resultados de este inventario aplicados a los niños y adolescentes, pueden asumir diferentes finalidades como ampliar su comprensión de las necesidades de desarrollo personal de cada niño o adolescente, hacer más fiable esta comprensión con el contacto personal y ayudarle a interpretar los diferentes aspectos de la adaptación escolar del alumno (por ejemplo, en las discrepancias entre las aptitudes y rendimiento académico) Sea positiva o negativa, el centro escolar asume actualmente un papel principal en la vida emocional del niño y adolescente. En la medida en que los educadores se interesen cada vez más en asegurarse de que ese papel sea constructivo, aumentará el reconocimiento de la necesidad de inventarios que evalúen no sólo personalidad, adaptación y otros, si no también depresión; que aplicadas a gran escala, pueden ser útiles, siempre y cuando usuarios (Tutores, orientadores, consejeros) estén formados en la métrica psicológica; lo cual debe considerarse como un requisito para su uso. El psicólogo, puede desear, en primer lugar, analizar el diseño del Inventario C.D.I desde la perspectiva del panorama de los test existentes. Actualmente, parece que se está, por lo menos en el campo clínico, en el momento final de un monopolio de los instrumentos de medida “proyectiva” y “profunda”. Cuando se introduce el análisis detallado, se observa que muchos de estos test tienen poca fiabilidad en su corrección y puntuación (Cattell y Wening, 1962); y deficiente validez para predecir la conducta en la “vida real” (Vernon, 1974). Además la complejidad (En corrección e interpretación) de estos instrumentos “proyectivos”, se sale de las actividades cotidianas de un orientador, tutor o consejero escolar. Aunque los test objetivos, no de auto evaluación, tienen claras ventajas (Cattell, 1957; Cattell y cols 1965; Eysenk, 1960) principalmente el no estar afectados por la distorsión motivacional o la contaminación de los mismos instrumentos ( Cattell y Digman, 1964) el tiempo y experiencia requeridos para la aplicación de estos instrumentos; han llevado a muchos psicólogos y educadores a utilizar los cuestionarios para una evaluación comprensiva de los lectores que se vinculen a la personalidad como la depresión. La investigación ha demostrado en muchas situaciones cínicas que los cuestionarios, aunque no están libres de ciertos sesgos, poseen unos valores que probablemente les hacen ser el tipo de test más aplicable y útil. Exigen pocos requisitos al examinador, obtienen un sistema de puntuación objetivo y pueden ser diseñados para evaluar una diversidad de atributos. Así pués; el C.D.I, es un inventario diseñado para el examen de niños, adolescentes de 8 a 16 años en términos escolares del 3º de primaria al 5º de secundaria, conservando el origen del Inventario desarrollado por María Kovacs (1977), se fundamenta su consistencia y validez, donde la finalidad es medir los diferentes desórdenes asociados a la depresión, tomando en cuenta el tiempo de duración de dos semanas como mínimo. En este trabajo hemos tomado en cuenta la posición de Weimberg (1973) porque nos parece más dinámico y comprensible para el diagnóstico; quien clasifica los síntomas depresivos en aquellos de primer orden y los síntomas secundarios. Asumimos los síntomas esenciales que se clasifican en: Estado de Animo Disfórico (Melancólico) y las Ideas de Auto desprecio. Los síntomas secundarios, se hallan implícitos en los de primer orden. Los síntomas a las que hacen referencia estas dos dimensiones son los siguientes:
Expresiones o muestras de tristeza, soledad, desdicha, indefensión y/o pesimismo. Cambios en el estado de ánimo, mal humor. Irritabilidad (se enfada fácilmente) Hipersensibilidad (Llora fácilmente) Negativismo (Resulta difícil de complacer) Sentimientos de inestabilidad, incapacidad, fealdad, culpabilidad (concepto negativo de sí mismo) Ideas de persecución. Deseos de muerte. Deseos de huir, de escaparse de su casa. Tentativas de suicidio. Sin embargo, para que este apartado no resulte definitivamente optimista, debemos añadir algunas precauciones que se han de tomar en cuenta. El instrumento no debe ser considerado como algo definitivo y exacto de probables errores en la medición; se debe cuidar caer en la subjetividad de los resultados; así mismo, para comparar los resultados en los baremos que representan, debe el niño o adolescente tener características similares a la muestra. Finalmente, para su utilización el examinador debe estar capacitado no sólo en la métrica; si no en la comprensión general de la Depresión Infantil. 2.3.3. DIMENSIONES DEL C.D.I Originalmente en Inventario evalúa a través de cinco factores (afecto, problemas interpersonales, ineficacia, anhedonia y autoestima) Kovacs (1977); cuya consistencia y validez en nuestro medio ha sido demostrado; Reategui (1994), Merino y Navarro (2004) Para las ciudades de Trujillo, Chiclayo y Piura, se estandarizó la prueba; basándonos en el modelo de Weinberg (1973) quien asume a los síntomas principales de la depresión de dos formas: Síntoma de estado de ánimo Disfórico (melancolía) y síntoma de Ideas de auto desprecio (Caballo, 1993); en la primera, el niño expresa una visión negativa de sí mismo y en la segunda revela una visión negativa del medio y del futuro. Nosotros asumimos esta posición; porque en nuestra experiencia, hemos notado en mayor medida la presencia de estos rasgos en los niños y adolescentes de esta región del país. Así, las dimensiones que evalúa el C.D.I, manteniendo invariable los propósitos y finalidades de la prueba original de la adaptación española, son:
1. Estado de Animo Disfórico : Es una expresión o muestra de tristeza, soledad, desdicha, indefensión y/o pesimismo. El niño manifiesta cambios en el estado de ánimo, mal humor, irritabilidad, se enfada fácilmente, llora con facilidad. Es negativista y resulta difícil de complacerle. Los 17 elementos que evalúan esta dimensión son: 1, 2, 3, 4, 6, 10, 11, 12, 16, 17, 18, 19, 20, 21, 22, 26, 27. El puntaje máximo a alcanzar es de 34. A mayor puntaje, mayor presencia del estado de ánimo disfórico. 2. Ideas de Auto desprecio:
una “X “en los espacios que correspondan. No hay respuesta correcta ni falsa, solo trata de contestar con la mayor sinceridad, lo que es cierto para ti. Aquí tienes unos ejemplos: A. Siempre leo libros A. Me divierten los recreos B. Algunas veces leo libros B. A veces me divierten los recreos C. Nunca leo libros C. Me aburren los recreos e. Normas de calificación: Las puntuaciones directas de las dos dimensiones del CDI, se obtienen, sumando las respuestas marcadas por el sujeto, en base a las siguientes puntuaciones: Marca en la letra A 0 puntos; Marca en la letra B 1 punto; Marca en la letra C 2 puntos Para la dimensión de Estado de ánimo Disfórico, se suman las marcas dentro de los recuadros de los siguientes ítems: 1, 2, 3, 4, 6, 10, 11, 12, 16, 17, 18, 19, 20, 21, 22, 26, 27. Para la dimensión de Ideas de Auto desprecio, se suman las marcas dentro de las figuras ovoidales de los siguientes ítems: 5, 7, 8, 9, 13, 14, 15, 23, 24, 25 Para establecer la Puntuación Directa de la escala total, se suman las puntuaciones alcanzadas en ambas dimensiones. Una vez terminada la corrección y anotadas las puntuaciones directas, se realiza la interpretación normativa, transformándose en puntuaciones derivadas (Centiles), para elaborar el diagnóstico interpretativo. La interpretación diagnóstica de los resultados se lleva a cabo en base a la valoración extraída de la población de referencia Tabla N° 3 Valoración Diagnóstica de Síntomas Depresivos a través del CDI, para niños y adolescentes Pc Categorías diagnósticas 1 – 25 No hay presencia de síntomas depresivos. Dentro de los límites normales 26 – 74 Presencia de síntomas depresivos mínima y moderada 75 – 89 Presencia de síntomas depresivos marcada o severa 90 – 99 Presencia de síntomas depresivos en grado máximo
El estado de ánimo deprimido es una de las condiciones de malestar psicológico más frecuentes de los seres humanos. De la era de la "angustia" de los años cincuenta, a la era de la depresión de los ochenta. De hecho la depresión es el diagnóstico clínico que se emplea con más frecuencia y el que potencialmente tiene más peligro de mortalidad debido a las conductas suicidas. Sin embargo, sentirse triste o deprimido no es un síntoma suficiente para diagnosticar una depresión. Esta distinción es importante, pues la depresión es entendida como SINTOMA (es decir, sentirse triste) está presente en la mayor parte de los cuadros psicopatológicos y otras condiciones médicas, sin que por ello constituya un SINDROME depresivo, es decir un conjunto covariante de síntomas relacionados (tristeza, pérdida de peso, etc.). Por tanto, si empleamos el estado de ánimo como único criterio para definir la depresión incurriríamos en un exceso de falsos diagnósticos positivos. Además, del estado de ánimo depresivo hemos de emplear otros criterios simultáneos, pues la depresión clínica ha de concebirse como un síndrome. En segundo lugar, no resulta fácil diferenciar la depresión clínica de los estados de ánimo depresivos más o menos transitorios y cotidianos. Los teóricos de la depresión no han llegado a un acuerdo respecto a las fronteras que delimitan una respuesta depresiva "normal" de una respuesta depresiva "patológica". Para algunos autores, los estados depresivos simplemente varían en una única dimensión siendo su distribución unimodal, en un continuo de gravedad, de tal modo que los cuadros depresivos se diferenciarán sólo por la intensidad cuantitativa de los síntomas. Los defensores del continuo proponen que tanto las depresiones subclínicas comparten muchos factores sintomatológicos y etiológicos. Para otros autores, la depresión normal difiere cualitativamente de la depresión patológica y, a su vez, ésta puede diferenciarse subtipos entre sí. Por otro lado, a diferencia de los estados normales de tristeza, la depresión impregna todos los aspectos del funcionamiento de la persona, y en cierto modo, el estado de ánimo parece tener vida en sí mismo y autonomía, de modo que apenas reacciona ante sucesos externos parece “independiente” a la voluntad de la persona. e) Factores de Riesgo de la Depresión Infantil La interacción de factores ambientales y personales puede generar depresión infantil. Un niño muy vulnerable se puede derrumbar ante pequeñas contrariedades; mientras, que un niño competente sólo se viene abajo ante una gran adversidad. Entre los factores personales se cuenta la vulnerabilidad diferencial de los sujetos a desarrollar
serotonina y melatonina en los sujetos deprimidos (Crytryn et aL, 1974 en del Barrio, 2000). Diversos autores encuentran diferencias en los ritmos del sueño en niños deprimidos, en los que no parecen haber las mismas alteraciones electroencefalográficas que en los adultos; se cree que en los niños se da un proceso madurativo que afecta al sueño y que hace muy difícil la determinación de pautas de normalidad en niveles bajo de edad (en del Barrio, 2000). Con relación a la transmisión genética se ha encontrado que los familiares de primer y segundo grado de consaguinidad son vulnerables a la depresión, estadísticamente presentan mayores índices depresivos, al igual que en otros disturbios (Nunes, Darío y otros, 1992; Harrington, Fudge y otros, 1993). Se desarrolla depresión cuando se conoce el diagnóstico de las enfermedades agudas o crónicas (Rivera, 2000) como: el asma (Gavito y Ortega, 1993; Lozano y Blanco, 1997), la desnutrición grave (Sejas y Ergueta, 1993), la diabetes (Red Médica, 2000), el cáncer (Frank, Blount y otros, 1997), las cuales conllevan a cambios de hábitos en el manejo de dicha enfermedad así como de las complicaciones y de su evolución. Dentro de los tratamientos para la depresión se ha encontrado que la fluoxetina es más efectiva ea 4el trastorno Depresivo Mayor en niños (Emslie, Rush y otros, 1995); mientras, que con la venlafaxina sus efectos son bajos (Mandoki, Tapia y otros, 1997). Psicológico Los factores de riesgos psicológicos se refieren a episodios anteriores, repertorios básicos de conducta, comorbilidad y personalidad. Depresiones precedentes, de solución de problemas de auto- observación, de auto-refuerzo, etc. El temperamento es una parte biológicamente determinada de la personalidad que incluye el sustrato neurológico, endocrinológico y aún bioquímico desde el cual la personalidad comenzará a formarse. Dentro de los rasgos temperamentales los que se asocian a la depresión son: la emocionabilidad excesiva, porque hace incontrolables las reacciones de esta naturaleza; la sociabilidad deficiente, porque dificulta la comunicación; y por tanto, la expresión de sentimientos y la actividad deficiente, porque resta capacidad de tener experiencias (en del Barrio, 2000). Las investigaciones en relación al temperamento y la depresión se basan mayormente en los datos que aportan los padres apuntando a una baja sociabilidad, una alta emocionabilidad y una adaptación deficiente, que suponen un mayor riesgo en la aparición de la depresión infantil (Kelvin et al.,1996; Gooye et aL, 1993 en del Barrio. 2000). La personalidad es un patrón complejo de características psicológicas profundamente arraigados, que son difíciles de cambiar, y que se expresan en casi todas las áreas de funcionamiento del individuo. Estos rasgos surgen de una compleja matriz de determinantes biológicos y aprendizajes, y comprenden el patrón idiosincrásico de percibir, sentir, pensar, afrontar y comportarse de un individuo. Muchos autores sostienen que los sujetos neuróticos: hipersensibles e inestables emocionalmente tienen mayor tendencia a desarrollar depresión sí se les compara con sujetos controlados emocional mente quienes más difícilmente caerán en ella (en del Barrio. 2000; en Méndez. 1998).
Algunos estudios reportan que los sujetos introvertidos, poco sociables y retraídos corren más riesgo de llegar a ser depresivos que los extrovertidos, es decir aquellos que disfrutan de la compañía y tienen facilidad para el contacto social tienen también una menor probabilidad de deprimirse (Reátegui. 1994; HiIIs y Argyle. 1998). En la actualidad la mayoría de expertos apoyan la idea de la interacción entre lo biológico y lo ambiental de tal manera que es posible que ante los mismos acontecimientos dos sujetos reaccionen de forma diferente porque tienen un sustrato que procesa de distinta manera una misma información o porque han tenido experiencias diferentes (del Barrio, 2000). Este es el caso de ciertas cualidades personales cuya adquisición depende del aprendizaje social al que se esté sometido que tienen mucho que ver con la posibilidad de ser feliz o por el contrario caer en una depresión: la autoeficacia, la búsqueda de seguridad, las expectativas y la autoestima (Vostanis. Feehan y otros, 1998; Joiner, 1999; Bandura, 1999 en del Barric 2000), las cuales están estrechamente ligadas en la relación que los padres brindan al niño sobre sí mismo. Dentro de los problemas psicológicos encontramos que la enuresis (Oliveira y Tapia, 1989) y la ansiedad pueden genera depresión en el futuro donde se altera la convivencia perturbando j las personas de su entorno (Vásquez, Avila y Rodríguez, 1996 Cole, Truglio y Peeke, 1997; Cole, Peeke y Martin, 1998), dentro de los factores que se relacionan entre ambos son afecto negativo generalizado y anhedonia (Joiner, Catanzaro y laurent, 1996). Otros estudios sustentan la relación entre ansiedad y depresión (Crowley y Emerson, 1996; Weems, Hammond- laurence y otros 1997). En el desorden de atención/lhiperactividad se puede presentar depresión, ansiedad y tics (Spencer, Biederman y otros 1997).
2. Factores Ambientales En esta parte, consideraremos específicamente aquellos factores ambientales que habitualmente se han relacionado con la aparición de la depresión infantil: familia, escuela, sociedad y ecología. Familia Para un niño el factor ambiental más importante es la familia nuclear, que se comporta como una placenta social y condiciona y mediatiza la mayor parte de los aprendizajes que un ser en desarrollo lleva a cabo. Es evidente que la familia no es una galaxia, sino que viene y actúa inmersa en una sociedad, en una cultura y en una época. Todo ello condiciona su funcionamiento, sus posibilidades y sus expectativas. Normalmente cuando se habla de familia se usan dos conceptos: el de estructura y el de función. Realmente lo importante es la función, que consiste en educar a un niño para que pueda subsistir autónomamente en el mundo y en las mejores condiciones posibles, consideradas estas desde una perspectiva tanto material como psíquica. Por consiguiente, las variables del entorno familiar juegan un papel fundamental para el desarrollo y mantenimiento de la depresión, y uno de los posibles síntomas es el suicidio (Payne y Range, 1996). La afectividad es una de las nutrientes psicológicas importantes para el niño. El niño atiende, aprende y se socializa porque se halla vinculado sentimentalmente a sus
La inestabilidad emocional de los padres, las desavenencias en el seno de las familias, las rupturas y divorcios hacen que el niño no se sienta querido. El niño elabora una relación lógica primaria: mis padres "se" quieren, por tanto "mis" padres me quieren. Si se rompe la primera proposición peligra la segunda, y la falta de amor el niño la percibe como una grave amenaza hacia su persona (del Barrio, 2000). Entre los problemas de los padres están todos aquellos que tienen que ver con la salud física y mental. Cualquier tipo de deficiencia en los progenitores se traduce en una dificultad para llevar a cabo las funciones de crianza. La salud mental de los padres tiene relación no sólo con la depresión, sino con todo tipo de alteraciones infantiles. Dentro de los factores desencadenantes de la depresión en la infancia se encuentra correlato entre los problemas de los hijos con los de los padres (Chiarello y Orvaschel, 1995; Zima, Wells y otros, 1996; Manasiss y Hood, 1998; Strech, Davison y otros, 1999), así como percepciones de cuidado parental deficientes durante la infancia (Boyce, Harris, y otros, 1998). Actualmente, se ha demostrado que la separación de los padres en sí al ser un acontecimiento negativo, tiene un carácter transitorio y no desemboca necesariamente en una depresión, pero si las diferencias entre la pareja conlleva a utilizar a los hijos para lastimar al otro con un deseo de venganza, esto sí resulta perjudicial para el niño cuando se convierte en espectador impotente de las continuas peleas (Méndez, 1998). Asimismo, cuando los padres se separan con un niño con discapacidad de desarrollo, las reacciones depresivas van a ser diferentes al igual que los problemas familiares (Glidden y Floy, 1997). En la depresión materna post-parto y en los índices de adversidad socioeconómica se generan dificultades emocionales y cognitivas en el niño por darse dentro de un contexto depresivo dando lugar a la exposición del niño a síntomas depresivos en sí (Murria y Cooper, 1996, 1997). Dentro del desarrollo del niño durante los primeros años de vida se encontró que el área motora era la más afectada (Morales, Sánchez y Rivero, 1996).Por lo tanto, el bienestar físico y psíquico de la madre cumple un rol fundamental en la salud del niño y prevención de la depresión infantil. Las madres depresivas tienden a mantener relaciones sociales más deficientes, problemas con parientes y amigos, mostrando más problemas con la crianza y niños con dificultades de conducta (Sheppard, 1997). Asimismo, paralelo a la depresión las madres presentan síntomas de ansiedad, lo cual puede hacer que distorsionen los informes respecto a la depresión de sus hijos (Brigs-Gowan, Carter y Schwab-Stone, 1996). En otros estudios los padres refieren que sus hijos presentan desórdenes de conducta y ansiedad, no logrando distinguir a los niños depresivos (Kent, Vostains y Feehan, 1998). Por otro lado, encontramos que las mujeres de familias divorciadas registraron más niveles de depresión y dificultades de relación que en las mujeres de familias intactas; mientras, que en los hombres no se encontró ninguna diferencia. Las mujeres de familias divorciadas reportaron niveles más altos de depresión que los hombres de familias divorciadas, pero los niveles de relación heterosexual fueron similares. Finalmente, se encontró que los padres que se divorcian cuando sus hijos tienen entre 11 y 14 años los varones tienen mayores dificultades para relacionarse. (Mc Cabe, 1997). Otra forma de separación o desvinculación es la muerte paterna. Los primeros estudios en este campo sostenían una relación inequívoca entre muerte o pérdida
paterna y aparición de depresión tanto en niños como en adultos. Estudios posteriores parecen confirmar que lo que verdaderamente causa la depresión no es tanto la desaparición precoz del padre o de la madre como la falta de un sustituto adecuado que puede establecer una relación de apego y por tanto asumir los cuidados y la atención indispensables para un desarrollo correcto. La familia con padre ausente y que no participa en la comunidad, presenta con mayor frecuencia niños con conductas desadaptativas en las escuelas y con síntomas depresivos (López, De la Barra y otros, 1995). En la posición ordinal entre hermanos se considera importante la reacción de las madres, quienes favorecen al hijo primogénito en comparación con el resto de hijos, encontrándose mayores niveles de depresión en niños que ocupan puestos intermedios y últimos siendo los primogénitos los que estarían menos expuestos a sufrir depresión(Frías,et al. 1992, en Reátegui, 1994). Con respecto al típico hijo único se encontró una proporción de dos a uno en relación al resto de niños con depresión (Nissen, 1989 en Reátegui, 1994). En comparación al número de hermanos se reportan diferencias entre los grupos de hijos únicos de dos y tres hermanos y los grupos de cinco o más hermanos siendo los últimos grupos los que revelan mayores puntajes de depresión (Frías, et a1.1992, en Reátegui, 1994). También, se aprecia que las desavenencias entre hermanos influyen en el estado de ánimo del niño, aunque en menor medida que los problemas relacionados con los padres (Méndez, 1998). La familia con un miembro afectado de depresión , está inmersa en un proceso de retroalimentación negativa que afecta a todo el conjunto, como apuntan los partidarios de la interpretación familiar sistémica; esto es especialmente importante cuando el miembro afectado es la madre, puesto que normalmente esta es una pieza esencial en el funcionamiento familiar. Otra de las variables estudiadas se da cuando los padres han tenido antecedentes de maltrato durante su infancia tienden a repetir el patrón con sus hijos sea a través del abuso sexual, el maltrato físico con palos, alambres, sogas o quemaduras. Un factor predisponente es la baja situación socioeconómica destacando la importancia de la depresión emocional y aislamiento en los casos de abuso sexual (Castillo, Gonzáles y otros, 1988). Las madres de niños maltratados reportan menos apoyo de sus familias y parejas, y mayor sintomatología depresiva (Kinard, 1996; Craig, 1998). Una forma patológica de relaciones padres hijos es el abuso infantil (Downey, Feldman y otros, 1994) en la que también se da una ausencia de apego, limitando la capacidad de ajuste personal y social del niño (Bermejo, Verdugo y otros 2000). La violencia doméstica tiene efectos en el desarrollo del niño presentando depresión y problemas de conducta (Stemberg, lamb y otros, 1993), dentro de los síntomas que manifiestan son baja autoestima, llanto, preocupación por muerte o lesión (Freedman, Mokros y Poznaski, 1993). Otros estudios reportan que algunas veces el maltrato detona en agresión y otras en depresión (Downey, Feldman y otros, 1994). Escuela