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En este texto, el autor defiende la referencia como principio conceptual de la realidad, argumentando que la realidad siempre debe referirse a sí misma para ser verdadera. El autor propone dos caminos diferentes para entender la referencia: desde la experiencia individual y desde lo que otros perciben. A través de un experimento mental y un ejemplo de una niña y su madre, se explora la necesidad de una referencia lógica para referirse a un objeto y cómo las dudas y la interacción social pueden cambiar la referencia. El texto también aborda la importancia de las emociones en la referencia y cómo la lógica solo puede ser una guía.
Tipo: Monografías, Ensayos
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En Cerebros en Cubetas, el autor defiende la referencia como principio conceptual de la realidad. Esto quiere decir que la realidad desde el prisma conceptual (realidad conceptualizada), siempre debe referirse a si misma, para ser verdadera. Desde este punto, en el que debemos referirnos a la realidad, hay una bifurcación de caminos que el propio Putnam propone 1. Por un lado tenemos la referencia desde la experiencia. Es decir, aquello a lo que referimos por nuestras sensaciones y percepciones en nuestra experiencia individual; en nuestra realidad compartida. Por otro lado tenemos lo que los demás perciben, aquello en lo que nosotros no tenemos una riqueza verbal con capacidad para denominar con precisión lo que es, aunque si nos exponemos a relacionarnos en la misma realidad compartida (lo que puede llevarnos a mencionarlo con alguna palabra que se nos ocurra, que tenga cierto sentido para nosotros, a nombrarlo dentro de una discusión, o incluso a asentir que somos expertos en ello o ella en una entrevista de trabajo, con el fin de ser aceptados en el puesto). En ese sentido, en la página del texto antes mencionada hace uso de las palabras “haya” y “olmo” para presentar lo que dice. Usaremos parte de la estructura del argumento y haremos un experimento mental, con el fin de responder adecuadamente a la siguiente pregunta: “Es necesaria una referencia de carácter aparentemente-lógico, para referir al objeto en cuestión?”. Una niña de seis años camina junto a su madre, y mientras emprenden su paseo matutino ( un paseo diario desde las doce de la mañana hasta la una del mediodía), la pequeña se queda atrás. Está observando un árbol (ella lo reconoce a través de la palabra árbol ) y, su madre al verla quedarse atrás, le dice: “ Es un platanero. No se recogen plátanos de él, aunque recibe ese nombre”. En la teoría de la referencia expuesta por Putnam, no se desarrolla la referencia en cuanto a las relaciones entre seres sociales (entendiendo la relación madre-hija como parte del movimiento en la acción y como relación también social). Cuando la niña acepta lo que la madre dice, y se expone a la creencia de la madre, se está exponiendo. Es decir, el sistema de creencias de la niña (suponiendo que valora la creencia de su madre, algo que no parece tan improbable), acepta el significado de su madre. Pero si aún vamos más allá, y decimos que su madre le ha invitado desde pequeña a cuestionar su entorno 2 , ella podría cuestionar lo que dice su madre, diciendo lo siguiente (por ejemplo): “ ¿ Por qué tengo entonces que llamar platanero a un árbol que ni siquiera da frutos parecidos al plátano? o que no da frutos, como tú dices. “. En ese sentido, al proponer una duda sobre el árbol, aquél que denominó “platanero” a ese árbol desaparece del mapa. Estamos en una nueva posibilidad, donde el científico que propuso dicha palabra no tiene representación dialéctica de un modo interactivo, sólo se muestra mediante lógica y recuerdos ( si dijo p, entonces p, lo que significa que b, no es p o, “ Era amigo mío, le encantaban los plátanos, siempre llevaba uno al colegio… ”) y las nuevas personas a cargo de esta duda, deben hallar una solución. Pero aquí, madre e hija no tienen ni idea de quien puso nombre al árbol ni por qué lo hizo. Además viven en los años 50, por tanto Internet no es un recurso posible. Podrían inventar Internet, pero entonces tardarían más tiempo del que disponen, no sería factible. Así que, madre e hija, en un juego dialéctico en el que la aproximación de sus visiones es estrictamente importante, para llegar ambas a una puesta en común, observan el árbol. Ven el árbol aparentemente, es decir, lo que les parece que es el árbol. Después de un diálogo entre ellas, y la presión de sol a esa hora del día (recordemos que pasean de doce a una…) deciden llamarlo: “higera” ( piensan: árbol de higos sigue de higuera, árbol sin hijos puede ser llamado higera). (^1) Véase Pág. 31 del Texto (^2) Podría surgir la duda por la contradicción expuesta aquí. La madre inculca valores a su hija porque quiere de ella el reconocimiento de esas posibilidades, no porque necesariamente tenga que llevarlos acabo. De la misma manera que yo puedo invitar a Luis a que salga más de fiesta, y no implica que yo tenga que ir a todas sus fiestas con él. Simplemente proyecto en el una posibilidad, no una norma. Es una invitación, no una obligación.
A menudo obviamos el tiempo, ya que pasa demasiado de prisa. Por eso no pensamos “ ¿qué velocidad he alcanzado hoy de casa a la panadería? ”. Sabemos que ir a la panadería es un proceso y como tal, puede ser entendido sólo como un medio para alcanzar otro objetivo (comer) o como rutina (desatención hacia lo que sueles hacer). Yo sé que en la panadería no puedo desnudarme, sé que no puedo entrar con un AK-47 y sé que si lo hago, ese acto tendrá consecuencias. Por eso, si me proyecto en ir a la panadería como acto repetitivo, jamás podré responder a la pregunta “¿ Por qué no entras con un AK-47 en la panadería? “. Sólo responderé apelando a la normativa, a lo preestablecido. Seré un zombie. Y como no quiero ser un zombie, entiendo que debo preguntarme por qué no hacer este tipo de cosas. Pero si me implico emocionalmente en la actividad, es decir, soy consciente de que hacer algo así no es ( de acuerdo con mis deseos) bueno, entiendo que ir a comprar y el término “rutina”, aunque presenten un orden lógico de por qué se llama así etc. No son para mi aquello a lo que los demás refieren. A mi me gusta mi rutina, porque puedo saludar al panadero, conversar un poco con él, elegir una barra de pan que me guste, sonreír a personas o no meterme en dramas ajenos. Rutina para mi refiere a lo mismo que los demás, a actuar en una franja de movimiento aparentemente-limitada. Pero la realidad no es esa, o al menos no del todo. Mis emociones juegan un papel importantísimo en la referencia, hasta el punto de distinguirme de otras personas. Yo soy al que le gusta ir a comprar el pan, soy distinto de aquellos a los que no les gusta. En tanto, el enunciado aparentemente-falso ( piensan: árbol de higos sigue de higuera, árbol sin hijos puede ser llamado higera ) no sigue necesariamente de que sea falso. No es falso. La madre y la hija recibían una presión tal, resultado de la combinación del calor sofocante del mediodía, con la emoción de la niña por responder a la pregunta mientras observa y las ganas de la madre de hacer otras cosas con su vida, que no daba lugar a una referencia lógica. Y esto nos ocurre continuamente. No somos capaces de expresar enunciados lógicos bien por la presión de nuestro entorno (el calor sofocante), bien por nuestra auto-presión emocional ( hacer otras cosas que nos gusten más). Esto, aunque nadie lo haya expresado de la misma manera que yo, es algo que se tiene en cuenta mientras uno vive su vida. Es una respuesta muy humana. Referir lógicamente al mundo , es algo imposible. Es un enunciado que se autorrefuta, porque parte de una mentira “Razón = Lógica”. Este enunciado es falso, porque la razón en tanto que pasa por los individuos, jamás será totalmente lógica si vive expuesta a la realidad. Siempre estará abierta a la incertidumbre del clima 3 , la disposición del entorno etc. Por eso están las emociones, aquello que mediante la probable irracionalidad, nos invita a seguir en marcha y no estancarnos en la pretensión de un desciframiento lógico de la realidad como individuos. Sin embargo, tendemos a apoyarnos en la lógica para verificar que tal enunciado es cierto o falso. Por eso vivimos una realidad compartida, mientras unos pasean al perro sin atender a si ese acto refiere a la lógica o no, otros calculan el tiempo que tardan en hacerlo e incluso abren investigaciones impresionantes sobre los perros y su relación con los seres humanos. Y el que se sabe ignorante sobre árboles, como Putnam dice en su libro en la misma página mencionada durante el ensayo: “ Confío en un experto que sepa la diferencia entre un haya y un olmo”. Confiamos en la opinión de aquellas personas que presentan un nombre preciso para referirnos a los árboles. Y nosotros decidimos si aceptamos lo que dicen y creemos en ellos o nos ponemos a investigar. Pero si en nuestra investigación nos faltan medios y accesibilidad, es probable que abandonemos esa investigación y acabemos por creernos lo que nos dicen. O que demos una respuesta irracional. Alguna vez nos pasará. Es imposible demostrar ser experto en todo lo que ocurre en el mundo.Porque ahí, no refieres al significado real de mundo. No da tiempo en una vida de 122 años, lo máximo conocido por la ciencia 4. (^3) Es imposible acertar con precisión sobre el clima, ya que esto implicaría que podemos descifrar el futuro. Y si bien es posible que lo que yo diga sobre el futuro acabe siendo real, debería dominar todo mi alrededor para ser un desciframiento real del futuro. Nadie ha demostrado que esto sea cierto. Por tanto no es real. (^4) 122 años y 164 días exactamente. http://www.abc.es/sociedad/20121228/abci-hombre-tiempo- vivido-historia-201212280829.html