


























Prepara tus exámenes y mejora tus resultados gracias a la gran cantidad de recursos disponibles en Docsity
Gana puntos ayudando a otros estudiantes o consíguelos activando un Plan Premium
Prepara tus exámenes
Prepara tus exámenes y mejora tus resultados gracias a la gran cantidad de recursos disponibles en Docsity
Prepara tus exámenes con los documentos que comparten otros estudiantes como tú en Docsity
Encuentra los documentos específicos para los exámenes de tu universidad
Estudia con lecciones y exámenes resueltos basados en los programas académicos de las mejores universidades
Responde a preguntas de exámenes reales y pon a prueba tu preparación
Consigue puntos base para descargar
Gana puntos ayudando a otros estudiantes o consíguelos activando un Plan Premium
Comunidad
Pide ayuda a la comunidad y resuelve tus dudas de estudio
Ebooks gratuitos
Descarga nuestras guías gratuitas sobre técnicas de estudio, métodos para controlar la ansiedad y consejos para la tesis preparadas por los tutores de Docsity
1º parte quijote adaptado 2025
Tipo: Resúmenes
1 / 34
Esta página no es visible en la vista previa
¡No te pierdas las partes importantes!



























Que trata de la condición y ejercicio del famoso y valiente hidalgo don Quijote de la Mancha^1
En un lugar de la Mancha^2 , de cuyo nombre no quiero acordarme^3 , no ha mucho tiempo que vivía un hidalgo de los de lanza en astillero, adarga antigua, rocín flaco y galgo corredor^4. Una olla de algo más vaca que carnero, salpicón las más noches^5 , duelos y quebrantos los sábados^6 , lantejas los viernes, algún palomino de añadidura los domingos, consumían las tres partes de su hacienda. El resto della concluían sayo de velarte^7 , calzas de velludo para las fiestas, con sus pantuflos de lo mesmo, y los días de entresemana se honraba con su vellorí de lo más fino^8. Tenía en su casa una ama que pasaba de los cuarenta y una sobrina que no llegaba a los veinte, y un mozo de campo y plaza que así ensillaba el rocín como tomaba la podadera^9. Frisaba la edad de nuestro hidalgo con los cincuenta años^10. Era de complexión recia, seco de carnes, enjuto de rostro^11 , gran madrugador y amigo de la caza. Quieren decir que tenía el sobrenombre de «Quijada», o «Quesada», que en esto hay alguna diferencia en los autores que deste caso escriben, aunque por conjeturas verisímiles se deja entender que se llamaba «Quijana». Pero esto importa poco a nuestro cuento: basta que en la narración dél no se salga un punto de la verdad.
Es, pues, de saber que este sobredicho hidalgo, los ratos que estaba ocioso —que eran los más del año—, se daba a leer libros de caballerías, con tanta afición y gusto, que olvidó casi de todo punto el ejercicio de la caza y aun la administración de su hacienda; y llegó a tanto su curiosidad y desatino en esto, que vendió muchas hanegas de tierra de sembradura para comprar libros de caballerías en que leer^12 , y, así, llevó a su casa todos cuantos pudo haber dellos; y, de todos, ningunos le parecían tan bien como los que compuso el famoso Feliciano de Silva^13 , porque la claridad de su prosa y aquellas entricadas razones suyas le parecían de perlas, y más cuando llegaba a leer aquellos requiebros y cartas
(^1) condición se refiere tanto a las circunstancias sociales como a la índole personal, y ejercicio , al modo en que ejercita o pone en práctica unas y otra el protagonista (^2) lugar : no con el valor de ‘sitio o paraje’, sino como ‘localidad’ y en especial ‘pequeña entidad de población’, en nuestro caso situada concretamente en el Campo de Montiel (I, 2, 47, y 7,93), a caballo de las actuales provincias de Ciudad Real y Albacete. (^3) ‘no voy, no llego a acordarme ahora’ (e incluso ‘no entro ahora en si me acuerdo o no’); quiero puede tener aquí valor de auxiliar, análogo al de voy o llego en las perífrasis equivalentes; en el desenlace, sin embargo, C. recupera el sentido propio del verbo: «cuyo lugar no quiso poner Cide Hamete puntualmente...» (^4) astillero : ‘percha o estante para sostener las astas o lanzas’; adarga : ‘escudo ligero, de ante o cuero’; el hidalgo que no poseyera cuando menos un caballo —aunque fuera un rocín de mala raza y mala traza—, en teoría para servir al Rey cuando se le requiriera, decaía de hecho de su condición ; el galgo se menciona especialmente en cuanto perro de caza. Nótese que la adarga , como sin duda la lanza , es antigua : son vestigios de una edad pasada, en el cuadro contemporáneo ( no ha mucho tiempo ) de la acción. (^5) La olla o ‘cocido’, de carne, tocino, verduras y legumbres, era el plato principal de la alimentación diaria (a menudo, para comer y para cenar). En una buena olla, había menos vaca que carnero (la vaca era un tercio más barata que el carnero). El salpicón se preparaba como fiambre con los restos de la carne de vaca, picada con cebolla y aderezada con vinagre, pimienta y sal. (^6) Los duelos y quebrantos eran un plato que no rompía la abstinencia de carnes selectas que en el reino de Castilla se observaba los sábados ; podría tratarse de ‘huevos con tocino’. (^7) sayo : ‘traje de hombre con falda, para vestir a cuerpo’ , ya anticuado hacia 1600; velarte : ‘paño de abrigo’, negro o azul, de buena calidad. (^8) vellorí : «paño entrefino de color pardo ceniciento» ( Autoridades ). Dentro de la obligada modestia, DQ viste con una pulcritud y un atildamiento muy estudiados, porque la conservación de su rango depende en buena parte de su apariencia. (^9) ‘ un mozo para todo’, es otro dato que insiste sobre los apuros económicos de DQ que, pese a su “rango” social sólo puede permitirse un ama y un sirviente. (^10) En los siglos XVI y XVII, la esperanza de vida al nacer se situaba entre los veinte y los treinta años; entre quienes superaban esa media, solo unos pocos, en torno al diez por ciento, morían después de los sesenta. En términos estadísticos, pues, DQ está en sus últimos años, y como «viejo», «enfermo» y «por la edad agobiado» lo ve su sobrina (II, 6, 674). (^11) Era una opinión aceptada en la época que la constitución física de una persona determinaba su carácter y personalidad. Esta descripción de DQ correspondería a las características de un individuo colérico y melancólico. (^12) La hanega o fanega variaba entre media y una hectárea y media, según la calidad de la tierra. EN la época de Cervantes, la mayoría de los libros, pese a la generalización de la imprenta, resultaban muy caros. La cantidad de papel usada era uno de los factores determinantes del precio final, y los libros de caballerías eran volúmenes muy gruesos. En un capítulo posterior, en el famoso “escrutinio de la biblioteca” de DQ, el cura y el barbero echarán al fuego una gran cantidad de libros, que demuestran que DQ poseía una auténtica fortuna en libros que, literalmente, acabó en el fuego. (^13) Autor de una Segunda Celestina (1534) y de varias populares continuaciones del Amadís ( Lisuarte de Grecia , 1514; Amadís de Grecia , 1530; Florisel de Niquea , 1532), a menudo recordadas en el Q.
de desafíos^14 , donde en muchas partes hallaba escrito: «La razón de la sinrazón que a mi razón se hace, de tal manera mi razón enflaquece, que con razón me quejo de la vuestra fermosura». Y también cuando leía: «Los altos cielos que de vuestra divinidad divinamente con las estrellas os fortifican y os hacen merecedora del merecimiento que merece la vuestra grandeza...»^15.
Con estas razones perdía el pobre caballero el juicio, y desvelábase por entenderlas y desentrañarles el sentido, que no se lo sacara ni las entendiera el mesmo Aristóteles, si resucitara para solo ello. No estaba muy bien^16 con las heridas que don Belianís daba y recebía, porque se imaginaba que, por grandes maestros^17 que le hubiesen curado, no dejaría de tener el rostro y todo el cuerpo lleno de cicatrices y señales. Pero, con todo, alababa en su autor aquel acabar su libro con la promesa de aquella inacabable aventura, y muchas veces le vino deseo de tomar la pluma y dalle fin al pie de la letra como allí se promete; y sin duda alguna lo hiciera, y aun saliera con ello^18 , si otros mayores y continuos pensamientos no se lo estorbaran. Tuvo muchas veces competencia con el cura de su lugar —que era hombre docto, graduado en Cigüenza^19 — sobre cuál había sido mejor caballero: Palmerín de Ingalaterra o Amadís de Gaula; mas maese Nicolás, barbero del mesmo pueblo^20 , decía que ninguno llegaba al Caballero del Febo, y que si alguno se le podía comparar era don Galaor, hermano de Amadís de Gaula, porque tenía muy acomodada condición para todo, que no era caballero melindroso, ni tan llorón como su hermano, y que en lo de la valentía no le iba en zaga.
En resolución, él se enfrascó tanto en su letura, que se le pasaban las noches leyendo de claro en claro, y los días de turbio en turbio^21 ; y así, del poco dormir y del mucho leer, se le secó el celebro de manera que vino a perder el juicio^22. Llenósele la fantasía de todo aquello que leía en los libros, así de encantamentos como de pendencias, batallas, desafíos, heridas, requiebros, amores, tormentas y disparates imposibles; y asentósele de tal modo en la imaginación que era verdad toda aquella máquina^23 de aquellas soñadas invenciones que leía, que para él no había otra historia más cierta en el mundo^24. Decía él que el Cid Ruy Díaz había sido muy buen caballero, pero que no tenía que ver con el Caballero de la Ardiente Espada, que de solo un revés había partido por medio dos fieros y descomunales gigantes. Mejor estaba con Bernardo del Carpio, porque en Roncesvalles había muerto a Roldán, el encantado, valiéndose de la industria de Hércules, cuando ahogó a Anteo, el hijo de la Tierra, entre los brazos^25. Decía mucho bien del gigante Morgante, porque, con ser de aquella generación gigantea, que todos son soberbios y descomedidos, él solo era afable y bien criado^26. Pero, sobre todos, estaba bien con Reinaldos de Montalbán^27 , y más cuando le veía salir de su castillo y robar cuantos topaba, y cuando en allende robó aquel ídolo de Mahoma que era todo de oro, según dice su historia. Diera él, por dar una mano de coces al traidor de Galalón^28 , al ama que tenía, y aun a su sobrina de añadidura.
(^14) Las cartas de desafíos , en que los caballeros que se proponían trabar combate exponían los motivos y «las condiciones del desafío» (II, 65, 1159), constituían un género tan común en la realidad como en la literatura. (^15) Ninguna de las dos citas es literal, pero sirven para mostrar irónicamente la escasa claridad de la prosa tanto de Silva como de otros muchos autores de los géneros preferidos de DQ. (^16) ‘no estaba muy de acuerdo’ (^17) ‘cirujanos’ (^18) aun saliera con ello : ‘hubiera logrado sus propósitos’ (^19) Nueva ironía, ya que la Universidad de Cigüenza (Sigüenza) era una de las menos prestigiosas de España en la época. (^20) maese era tratamiento propio (pero no exclusivo) de los barberos que practicaban también pequeñas curas médicas y de cirugía menor. Hay que recordar que el propio padre de Cervantes era cirujano y, por tanto, de modesta condición social. (^21) Es decir, DQ pasaba todo el día leyendo (desde que anochecía hasta que amanecía y desde que amanecía hasta que anochecía). (^22) La medicina de raíz galénica consideraba el poco dormir una de las causas de que disminuyera la humedad del celebro y, por ahí, se potenciara la imaginación y fuera fácil caer «en manía, que es una destemplanza caliente y seca del celebro» (^23) máquina o ‘multitud caótica’ de quimeras y soñadas invenciones , como los mismos sueños. (^24) Es ese el dato esencial en la locura de DQ: dar por historia ... cierta el contenido de los libros de caballerías y, por ahí, ver la realidad «al modo de lo que había leído». (^25) «Roldán... era encantado», porque «no le podía matar nadie» sino con un extraño recurso. La industria o ‘artimaña’ de Hércules , apretando y suspendiendo en el aire al gigante Anteo, para que no cobrara nuevas fuerzas al ser derribado y tocar a su madre la Tierra. (^26) Personaje central de un célebre poema (h. 1465) de Luigi Pulci, Morgante es uno de los tres gigantes a quienes se enfrenta Roldán, que mata a los otros dos, mientras a Morgante, cortés y bien educado, lo bautiza y lo convierte en compañero suyo. (^27) Reinaldos de Montalbán : uno de los Doce Pares, que de las gestas francesas pasó al romancero español y a los poemas italianos de Boiardo y otros, adaptados en el Espejo de caballerías (I, 6, 80, n. 24), donde aparece dedicado a «robar a los paganos de España» y se narran sus aventuras en ultramar ( en allende ) (^28) Galalón o Ganelón, el traidor de la Canción de Roldán , culpable de la derrota de los francos en Roncesvalles.
famosa, y se llamó «Amadís de Gaula»^38 , así quiso, como buen caballero, añadir al suyo el nombre de la suya y llamarse «don Quijote de la Mancha», con que a su parecer declaraba muy al vivo su linaje y patria, y la honraba con tomar el sobrenombre della.
Limpias, pues, sus armas, hecho del morrión celada, puesto nombre a su rocín y confirmándose a sí mismo^39 , se dio a entender^40 que no le faltaba otra cosa sino buscar una dama de quien enamorarse, porque el caballero andante sin amores era árbol sin hojas y sin fruto y cuerpo sin alma. Decíase él:
—Si yo, por malos de mis pecados^41 , o por mi buena suerte, me encuentro por ahí con algún gigante, como de ordinario les acontece a los caballeros andantes, y le derribo de un encuentro, o le parto por mitad del cuerpo, o, finalmente, le venzo y le rindo, ¿no será bien tener a quien enviarle presentado^42 , y que entre y se hinque de rodillas ante mi dulce señora^43 , y diga con voz humilde y rendida: «Yo, señora, soy el gigante Caraculiambro, señor de la ínsula Malindrania^44 , a quien venció en singular batalla^45 el jamás como se debe alabado caballero don Quijote de la Mancha, el cual me mandó que me presentase ante la vuestra merced, para que la vuestra grandeza disponga de mí a su talante»?^46
¡Oh, cómo se holgó nuestro buen caballero cuando hubo hecho este discurso, y más cuando halló a quien dar nombre de su dama! Y fue, a lo que se cree, que en un lugar cerca del suyo había una moza labradora de muy buen parecer, de quien él un tiempo anduvo enamorado, aunque, según se entiende, ella jamás lo supo ni le dio cata dello. Llamábase Aldonza Lorenzo, y a esta le pareció ser bien darle título de señora de sus pensamientos; y, buscándole nombre que no desdijese mucho del suyo y que tirase y se encaminase al de princesa y gran señora, vino a llamarla «Dulcinea del Toboso» porque era natural del Toboso: nombre, a su parecer, músico y peregrino y significativo, como todos los demás que a él y a sus cosas había puesto^47.
(^38) Gaula era un reino imaginario situado «en la pequeña Bretaña» (^39) Al recibir el sacramento de la confirmación —que antaño se entendía en términos afines a ser armado caballero—, se puede cambiar de nombre. (^40) darse a entender ‘convencerse, parecerle a uno, creer’ (^41) ‘por mis graves culpas, por mi desgracia’. (^42) ‘para que se presente a ella’, en el sentido del presentase de unas líneas más abajo. Pero presentado también puede entenderse ‘como presente, como obsequio’. (^43) señora , porque la relación entre el caballero y su dama se concebía como el vínculo feudal entre el vasallo y su señor. (^44) Nombres sugeridos, al parecer, por malandrín ‘malvado’ y caraculo ‘cariancho’; ínsula , y no isla , según el arcaísmo propio de los libros de caballerías. (^45) singular : ‘de un solo caballero contra otro’ (^46) ‘a su gusto, a su voluntad’ (^47) Frente al real Aldonza , que entonces sonaba a rústico (“A falta de moza, buena es Aldonza”, decía un refrán), DQ llama Dulcinea a la hija de Lorenzo Corchuelo (I, 25, 283), porque desde antiguo Aldonza se había asociado con otro nombre de mujer, Dulce , y porque la terminación - ea , presente en los de heroínas literarias tan prestigiosas como Melibea y Clariclea, tenía un regusto peregrino o ‘inusitado, exquisito’
Que trata de la primera salida que de su tierra hizo el ingenioso don Quijote
Hechas, pues, estas prevenciones, no quiso aguardar más tiempo a poner en efeto su pensamiento, apretándole a ello la falta que él pensaba que hacía en el mundo su tardanza, según eran los agravios que pensaba deshacer, tuertos que enderezar, sinrazones que emendar y abusos que mejorar y deudas que satisfacer. Y así, sin dar parte a persona alguna de su intención y sin que nadie le viese, una mañana, antes del día, que era uno de los calurosos del mes de julio^1 , se armó de todas sus armas, subió sobre Rocinante, puesta su mal compuesta celada, embrazó su adarga, tomó su lanza y por la puerta falsa de un corral salió al campo, con grandísimo contento y alborozo de ver con cuánta facilidad había dado principio a su buen deseo. Mas apenas se vio en el campo, cuando le asaltó un pensamiento terrible, y tal, que por poco le hiciera dejar la comenzada empresa; y fue que le vino a la memoria que no era armado caballero y que, conforme a ley de caballería, ni podía ni debía tomar armas con ningún caballero^2 , y puesto que lo fuera, había de llevar armas blancas^3 , como novel caballero, sin empresa en el escudo, hasta que por su esfuerzo la ganase. Estos pensamientos le hicieron titubear en su propósito; mas, pudiendo más su locura que otra razón alguna, propuso de hacerse armar caballero del primero que topase, a imitación de otros muchos que así lo hicieron, según él había leído en los libros que tal le tenían. En lo de las armas blancas^4 , pensaba limpiarlas de manera, en teniendo lugar, que lo fuesen más que un arminio; y con esto se quietó^5 y prosiguió su camino, sin llevar otro que aquel que su caballo quería, creyendo que en aquello consistía la fuerza de las aventuras^6.
Yendo, pues, caminando nuestro flamante aventurero, iba hablando consigo mesmo y diciendo:
—¿Quién duda sino que en los venideros tiempos, cuando salga a luz la verdadera historia de mis famosos hechos, que el sabio que los escribiere no ponga, cuando llegue a contar esta mi primera salida tan de mañana, desta manera?^7 : «Apenas había el rubicundo Apolo tendido por la faz de la ancha y espaciosa tierra las doradas hebras de sus hermosos cabellos^8 , y apenas los pequeños y pintados pajarillos con sus harpadas lenguas^9 habían saludado con dulce y meliflua armonía la venida de la rosada aurora, que, dejando la blanda cama del celoso marido^10 , por las puertas y balcones del manchego horizonte a los mortales se mostraba, cuando el famoso caballero don Quijote de la Mancha, dejando las ociosas plumas^11 , subió sobre su famoso caballo Rocinante y comenzó a caminar por el antiguo y conocido campo de Montiel».
Y era la verdad que por él caminaba. Y añadió diciendo:
—Dichosa edad y siglo dichoso aquel adonde saldrán a luz las famosas hazañas mías, dignas de entallarse en bronces^12 , esculpirse en mármoles y pintarse en tablas, para memoria en lo futuro. ¡Oh tú,
(^1) A partir de las numerosas referencias temporales como esta, algunos críticos han intentado elaborar una cronología de la obra, pero estos datos son demasiado contradictorios. (^2) Ya hemos comentado este descuido de DQ en el capítulo anterior. (^3) ‘lisas, sin empresa pintada’, que solo se ponía cuando el caballero se había hecho merecedor de ella por alguna proeza. La empresa pintada servía para que el caballero fuera conocido e incluso para darle nombre: DQ será primero «el de la Triste Figura», después «el de los Leones». (^4) En todo este fragmento Cervantes juega irónicamente con los múltiples significados de ‘armas blancas’ y ‘limpieza’, en sentido literal y como símbolo del caballero novel y de pureza. El armiño era también distintivo de la nobleza. (^5) ‘se tranquilizó’ (^6) También en esto, vagar dejándose llevar por el azar, imita DQ numerosos pasajes de las novelas de caballería. (^7) Los libros de caballerías se atribuyen con frecuencia a un sabio (‘mago’) que acompaña al protagonista; DQ, que se ve a sí mismo como héroe de libro, le dicta al sabio su historia empleando el estilo elevado. (^8) Apolo , dios de las artes y maestro de las Musas, personifica al sol (^9) ‘armoniosas’; originariamente significaba ‘cortadas’, ‘sin punta’, como la lengua del ruiseñor, según Aristóteles. (^10) celoso marido : perífrasis por Titón, marido de la Aurora; las puertas y los balcones aparecen a menudo en las descripciones del amanecer mitológico (^11) ‘colchón’, generalmente relleno de plumas. (^12) Dignas de ser grabadas en láminas de bronce, por la importancia que la fantasía de DQ les atribuye, aún antes de realizarlas.
cuerno, a cuya señal ellos se recogen, y al instante se le representó a don Quijote lo que deseaba, que era que algún enano hacía señal de su venida; y, así, con estraño^29 contento llegó a la venta y a las damas, las cuales, como vieron venir un hombre de aquella suerte armado, y con lanza y adarga, llenas de miedo se iban a entrar en la venta; pero don Quijote, coligiendo por su huida su miedo^30 , alzándose la visera de papelón^31 y descubriendo su seco y polvoroso rostro, con gentil talante y voz reposada les dijo:
—Non fuyan las vuestras mercedes, ni teman desaguisado alguno, ca a la orden de caballería que profeso non toca ni atañe facerle a ninguno, cuanto más a tan altas doncellas como vuestras presencias demuestran^32.
Mirábanle las mozas y andaban con los ojos buscándole el rostro, que la mala visera le encubría; mas como se oyeron llamar doncellas, cosa tan fuera de su profesión, no pudieron tener la risa y fue de manera que don Quijote vino a correrse^33 y a decirles:
—Bien parece la mesura en las fermosas, y es mucha sandez además la risa que de leve causa procede; pero non vos lo digo porque os acuitedes ni mostredes mal talante, que el mío non es de ál que de serviros.
El lenguaje, no entendido de las señoras, y el mal talle de nuestro caballero^34 acrecentaba en ellas la risa, y en él el enojo, y pasara muy adelante si a aquel punto no saliera el ventero, hombre que, por ser muy gordo, era muy pacífico^35 , el cual, viendo aquella figura contrahecha, armada de armas tan desiguales como eran la brida, lanza, adarga y coselete^36 , no estuvo en nada en acompañar^37 a las doncellas en las muestras de su contento. Mas, en efeto, temiendo la máquina de tantos pertrechos^38 , determinó de hablarle comedidamente y, así, le dijo:
—Si vuestra merced, señor caballero, busca posada, amén del lecho^39 , porque en esta venta no hay ninguno, todo lo demás se hallará en ella en mucha abundancia.
Viendo don Quijote la humildad del alcaide de la fortaleza, que tal le pareció a él el ventero y la venta, respondió:
—Para mí, señor castellano, cualquiera cosa basta, porque «mis arreos son las armas, mi descanso el pelear»^40 , etc.
Pensó el huésped^41 que el haberle llamado castellano había sido por haberle parecido de los sanos de Castilla, aunque él era andaluz^42 , y de los de la playa de Sanlúcar^43 , no menos ladrón que Caco, ni menos maleante que estudiantado^44 paje y, así, le respondió:
(^29) ‘extraordinario’ (^30) coligiendo : ‘deduciendo’. (^31) Recuerda que DQ había fabricado de cartón algunas partes del casco que añadió a su morrión para que pareciese celada (^32) DQ imita la fabla caballeresca, utilizando vocabulario y estilo arcaicos, como en el parlamento siguiente. Muestras de este arcaísmo son las ‘f’ iniciales, la ‘n’ final de ‘non’, los pronombres enclíticos en – des (‘mostredes’); así como palabras ya anticuadas en época de Cervantes: ‘ca’ (porque), ‘ál’ (otro), ‘acuitarse’ (apenarse), etc. (^33) ‘enfadarse, enfurecerse’ (^34) mal talle : ‘fea traza, aspecto ridículo’. (^35) Como ya señalamos en el capítulo anterior, la teoría de los humores de la época se asociaba la obesidad a la flema y al carácter pacífico, en oposición al carácter colérico del enjuto DQ. (^36) Consulta las ilustraciones del capítulo anterior (^37) no estuvo en nada : ‘le faltó muy poco’. (^38) ‘la combinación de aquel cúmulo de armas’. (^39) ‘excepto el lecho’. (^40) Primeros dos versos de un romance viejo, entonces muy conocido y glosado; la respuesta del ventero parafrasea los dos versos siguientes: «mi cama las duras peñas, / mi dormir siempre velar». (^41) Significa tanto ‘hospedado’ como ‘hospedador’; aquí se emplea en la segunda de estas dos acepciones, mientras unas líneas más abajo C. lo utiliza en el sentido de ‘hospedado’ (^42) C. juega con la expresión sano de Castilla , que significaba tanto ‘hombre honrado, sin malicia’ (por oposición a los andaluces, que tenían la fama contraria) como ‘ladrón disimulado’ en el lenguaje de germanía. (^43) En tiempos de C., punto de reunión de pícaros, indeseables y fugitivos de la justicia. (^44) estudiantado : ‘experimentado e impuesto en las malicias’.
—Según eso, las camas de vuestra merced serán duras peñas, y su dormir, siempre velar; y siendo así bien se puede apear, con seguridad de hallar en esta choza ocasión y ocasiones para no dormir en todo un año, cuanto más en una noche.
Y diciendo esto fue a tener el estribo a don Quijote, el cual se apeó con mucha dificultad y trabajo, como aquel que en todo aquel día no se había desayunado.
Dijo luego al huésped que le tuviese mucho cuidado de su caballo, porque era la mejor pieza que comía pan en el mundo. Miróle el ventero, y no le pareció tan bueno como don Quijote decía, ni aun la mitad; y, acomodándole en la caballeriza, volvió a ver lo que su huésped mandaba, al cual estaban desarmando las doncellas, que ya se habían reconciliado con él; las cuales, aunque le habían quitado el peto y el espaldar, jamás supieron ni pudieron desencajarle la gola, ni quitalle la contrahecha celada, que traía atada con unas cintas verdes, y era menester cortarlas, por no poderse quitar los ñudos; mas él no lo quiso consentir en ninguna manera y, así, se quedó toda aquella noche con la celada puesta, que era la más graciosa y estraña figura que se pudiera pensar; y al desarmarle, como él se imaginaba que aquellas traídas y llevadas que le desarmaban^45 eran algunas principales señoras y damas de aquel castillo, les dijo con mucho donaire:
—«Nunca fuera caballero de damas tan bien servido como fuera don Quijote cuando de su aldea vino: doncellas curaban dél; princesas, del su rocino»^46 ,
o Rocinante, que este es el nombre, señoras mías, de mi caballo, y don Quijote de la Mancha el mío; que, puesto que^47 no quisiera descubrirme fasta que las fazañas fechas en vuestro servicio y pro me descubrieran, la fuerza de acomodar al propósito presente este romance viejo de Lanzarote ha sido causa que sepáis mi nombre antes de toda sazón; pero tiempo vendrá en que las vuestras señorías me manden y yo obedezca, y el valor de mi brazo descubra el deseo que tengo de serviros.
Las mozas, que no estaban hechas a oír semejantes retóricas, no respondían palabra; solo le preguntaron si quería comer alguna cosa.
—Cualquiera yantaría yo^48 —respondió don Quijote—, porque, a lo que entiendo, me haría mucho al caso^49.
A dicha^50 , acertó a ser viernes aquel día, y no había en toda la venta sino unas raciones de un pescado que en Castilla llaman abadejo , y en Andalucía bacallao , y en otras partes curadillo , y en otras truchuela. Preguntáronle si por ventura comería su merced truchuela, que no había otro pescado que dalle a comer.
—Como haya muchas truchuelas^51 —respondió don Quijote—, podrán servir de una trucha, porque eso se me da^52 que me den ocho reales en sencillos^53 que en una pieza de a ocho. Cuanto más, que podría ser que fuesen estas truchuelas como la ternera, que es mejor que la vaca, y el cabrito que el cabrón^54. Pero, sea lo que fuere, venga luego, que el trabajo y peso de las armas no se puede llevar sin el gobierno de las tripas.
(^45) traídas : ‘usadas’; en germanía, ‘prostitutas’. Se desarrolla, con mayor intensidad, el apelativo destraídas que se les había dado arriba. (^46) Versos iniciales del romance de Lanzarote, recitados con algunas variantes para adecuarlos a la ocasión: don Quijote = Lanzarote ; su aldea = Bretaña ; princesas = dueñas. (^47) Puesto que : ‘aunque’ (^48) Yantar (comer), como otras muchas palabras de DQ son ya arcaicas en su época. (^49) ‘me vendría muy bien’ (^50) ‘Casualmente, por ventura’. (^51) truchuela es interpretado equivocadamente por DQ como diminutivo de trucha ; abadejo y trucha son también designaciones de prostitutas: vieja y barata la primera, de calidad y joven la segunda. (^52) ‘me da igual, me es indiferente’. (^53) en sencillos : ‘en monedas de un real de valor’ (^54) El término tenía ya un sentido injurioso; C. está jugando con el valor semántico de las palabras ( ternera - vaca , cabrito - cabrón ), lo que confiere a la escena un mayor efecto cómico.
Donde se cuenta la graciosa manera que tuvo don Quijote en armarse caballero^1
Y, así, fatigado deste pensamiento, abrevió su venteril y limitada cena; la cual acabada, llamó al ventero y, encerrándose con él en la caballeriza, se hincó de rodillas ante él, diciéndole:
—No me levantaré jamás de donde estoy, valeroso caballero, fasta que la vuestra cortesía me otorgue un don que pedirle quiero, el cual redundará en alabanza vuestra y en pro del género humano.
El ventero, que vio a su huésped a sus pies y oyó semejantes razones, estaba confuso mirándole, sin saber qué hacerse ni decirle, y porfiaba con él que se levantase, y jamás^2 quiso, hasta que le hubo de decir que él le otorgaba el don que le pedía.
—No esperaba yo menos de la gran magnificencia vuestra, señor mío —respondió don Quijote—, y así os digo que el don que os he pedido y de vuestra liberalidad me ha sido otorgado es que mañana en aquel día^3 me habéis de armar caballero, y esta noche en la capilla deste vuestro castillo velaré las armas^4 , y mañana, como tengo dicho, se cumplirá lo que tanto deseo, para poder como se debe ir por todas las cuatro partes del mundo^5 buscando las aventuras, en pro de los menesterosos, como está a cargo de la caballería y de los caballeros andantes, como yo soy, cuyo deseo a semejantes fazañas es inclinado.
El ventero, que, como está dicho, era un poco socarrón y ya tenía algunos barruntos de la falta de juicio de su huésped, acabó de creerlo cuando acabó de oírle semejantes razones y, por tener que reír aquella noche, determinó de seguirle el humor; y, así, le dijo que andaba muy acertado en lo que deseaba y pedía y que tal prosupuesto^6 era propio y natural de los caballeros tan principales como él parecía y como su gallarda presencia mostraba; y que él ansimesmo, en los años de su mocedad, se había dado a aquel honroso ejercicio, andando por diversas partes del mundo, buscando sus aventuras, sin que hubiese dejado los Percheles de Málaga, Islas de Riarán, Compás de Sevilla, Azoguejo de Segovia, la Olivera de Valencia, Rondilla de Granada, Playa de Sanlúcar, Potro de Córdoba y las Ventillas de Toledo y otras diversas partes^7 , donde había ejercitado la ligereza de sus pies, sutileza de sus manos, haciendo muchos tuertos, recuestando muchas viudas^8 , deshaciendo algunas doncellas y engañando a algunos pupilos y, finalmente, dándose a conocer por cuantas audiencias y tribunales hay casi en toda España; y que, a lo último, se había venido a recoger a aquel su castillo, donde vivía con su hacienda y con las ajenas, recogiendo en él a todos los caballeros andantes, de cualquiera calidad y condición que fuesen, solo por la mucha afición que les tenía y porque partiesen con él de sus haberes^9 , en pago de su buen deseo.
Díjole también que en aquel su castillo no había capilla alguna donde poder velar las armas, porque estaba derribada para hacerla de nuevo, pero que en caso de necesidad él sabía que se podían velar dondequiera y que aquella noche las podría velar en un patio del castillo, que a la mañana, siendo Dios servido, se harían las debidas ceremonias de manera que él quedase armado caballero, y tan caballero, que no pudiese ser más en el mundo.
Preguntóle si traía dineros; respondió don Quijote que no traía blanca^10 , porque él nunca había leído en las historias de los caballeros andantes que ninguno los hubiese traído. A esto dijo el ventero que se
(^1) ‘ser armado caballero’. Todo el capítulo es una parodia del rito de investidura, que tuvo gran importancia en la época medieval y está muy presente en los libros de caballerías. (^2) Jamás : ‘de ninguna manera’ (^3) mañana en aquel día : ‘mañana sin falta, mañana mismo’. (^4) El aspirante a caballero, la noche anterior a ser armado, debía permanecer orando junto a sus armas colocadas sobre el altar. (^5) Las cuatro direcciones o puntos cardinales, es decir, el mundo en su totalidad. (^6) ‘propósito’ (^7) Son los barrios de la mala vida en la España de finales del siglo XVI; algunos vuelven a aparecer en otras obras de C. Islas : ‘manzanas de casas’; las de Riarán estaban en la Aduana de Málaga. (^8) ‘requiriendo de amores’, en los libros de caballerías; pero también ‘solicitando’, tanto el dinero como otros favores. (^9) ‘compartiesen con él su dinero’; los venteros tenían fama de ladrones. (^10) ‘moneda de cobre de poco valor’, ‘medio maravedí’.
engañaba, que, puesto caso que en las historias no se escribía, por haberles parecido a los autores dellas que no era menester escrebir una cosa tan clara y tan necesaria de traerse como eran dineros y camisas limpias, no por eso se había de creer que no los trujeron, y, así, tuviese por cierto y averiguado que todos los caballeros andantes, de que tantos libros están llenos y atestados, llevaban bien herradas las bolsas^11 , por lo que pudiese sucederles, y que asimismo llevaban camisas y una arqueta pequeña llena de ungüentos para curar las heridas que recebían, porque no todas veces en los campos y desiertos donde se combatían y salían heridos había quien los curase, si ya no era que tenían algún sabio encantador por amigo, que luego los socorría, trayendo por el aire en alguna nube alguna doncella o enano con alguna redoma de agua de tal virtud^12 , que en gustando alguna gota della luego al punto quedaban sanos de sus llagas y heridas, como si mal alguno hubiesen tenido; mas que, en tanto que esto no hubiese, tuvieron los pasados caballeros por cosa acertada que sus escuderos fuesen proveídos de dineros y de otras cosas necesarias, como eran hilas^13 y ungüentos para curarse; y cuando sucedía que los tales caballeros no tenían escuderos —que eran pocas y raras veces—, ellos mesmos lo llevaban todo en unas alforjas muy sutiles, que casi no se parecían^14 , a las ancas del caballo, como que era otra cosa de más importancia, porque, no siendo por ocasión semejante, esto de llevar alforjas no fue muy admitido entre los caballeros andantes; y por esto le daba por consejo, pues aun se lo podía mandar como a su ahijado^15 , que tan presto lo había de ser, que no caminase de allí adelante sin dineros y sin las prevenciones referidas, y que vería cuán bien se hallaba con ellas, cuando menos se pensase.
Prometióle don Quijote de hacer lo que se le aconsejaba, con toda puntualidad; y, así, se dio luego orden como velase las armas en un corral grande que a un lado de la venta estaba, y recogiéndolas don Quijote todas, las puso sobre una pila que junto a un pozo estaba y, embrazando su adarga, asió de su lanza y con gentil continente^16 , se comenzó a pasear delante de la pila; y cuando comenzó el paseo comenzaba a cerrar la noche.
Contó el ventero a todos cuantos estaban en la venta la locura de su huésped, la vela de las armas y la armazón^17 de caballería que esperaba. Admiráronse de tan estraño género de locura y fuéronselo a mirar desde lejos, y vieron que con sosegado ademán unas veces se paseaba; otras, arrimado a su lanza, ponía los ojos en las armas, sin quitarlos por un buen espacio dellas. Acabó de cerrar la noche, pero con tanta claridad de la luna, que podía competir con el que se la prestaba^18 , de manera que cuanto el novel caballero hacía era bien visto de todos. Antojósele en esto a uno de los arrieros que estaban en la venta ir a dar agua a su recua, y fue menester quitar las armas de don Quijote, que estaban sobre la pila; el cual, viéndole llegar, en voz alta le dijo:
—¡Oh tú, quienquiera que seas, atrevido caballero, que llegas a tocar las armas del más valeroso andante que jamás se ciñó espada^19! Mira lo que haces, y no las toques, si no quieres dejar la vida en pago de tu atrevimiento.
No se curó^20 el arriero destas razones (y fuera mejor que se curara, porque fuera curarse en salud), antes, trabando de las correas, las arrojó gran trecho de sí. Lo cual visto por don Quijote, alzó los ojos al cielo y, puesto el pensamiento —a lo que pareció— en su señora Dulcinea, dijo:
—Acorredme, señora mía, en esta primera afrenta que a este vuestro avasallado pecho se le ofrece; no me desfallezca en este primero trance vuestro favor y amparo^21.
(^11) Bolsas bien llenas de monedas. (^12) redoma : ‘botella ventruda de boca angosta’ ; agua de virtud : comúnmente se llamaba así una infusión de plantas medicinales con supuesta eficacia curativa o mágica. (^13) hilas : ‘trozo de tela hervido y deshilachado con que se cubrían las heridas’, a modo de gasas. (^14) alforja : ‘talega con dos bolsas que se puede colocar sobre las ancas de la cabalgadura o llevar sobre los hombros’; casi no se parecían : ‘eran casi invisibles’. (^15) Ahijado : el caballero novel con respecto al que lo armaba; ambos contraían obligaciones recíprocas. (^16) ‘elegante apostura’ (^17) armazón : ‘el acto de armar caballero’. (^18) Se refiere al sol. (^19) Es fórmula de la tradición épica que, con variantes aparece ya en el Cantar de Mio Cid. (^20) no se curó : ‘no se preocupó’. Juega Cervantes con los dos significados de curar : ‘preocuparse’ y ‘recuperar la salud’ (^21) Acorredme : ‘Amparadme’; afrenta : ‘combate tras una ofensa’; desfallezca : ‘falte’; trance : momento peligroso. El párrafo, lleno de arcaísmos, evoca el léxico y los conceptos del amor caballeresco.
se vino adonde don Quijote estaba, al cual mandó hincar de rodillas; y, leyendo en su manual, como que decía alguna devota oración, en mitad de la leyenda^35 alzó la mano y diole sobre el cuello un buen golpe, y tras él, con su mesma espada, un gentil espaldarazo, siempre murmurando entre dientes, como que rezaba. Hecho esto, mandó a una de aquellas damas que le ciñese la espada^36 , la cual lo hizo con mucha desenvoltura y discreción, porque no fue menester poca para no reventar de risa a cada punto de las ceremonias; pero las proezas que ya habían visto del novel caballero les tenía la risa a raya. Al ceñirle la espada dijo la buena señora:
—Dios haga a vuestra merced muy venturoso caballero y le dé ventura en lides^37.
Don Quijote le preguntó cómo se llamaba, porque él supiese de allí adelante a quién quedaba obligado por la merced recebida, porque pensaba darle alguna parte de la honra que alcanzase por el valor de su brazo. Ella respondió con mucha humildad que se llamaba la Tolosa, y que era hija de un remendón natural de Toledo, que vivía a las tendillas de Sancho Bienaya^38 , y que dondequiera que ella estuviese le serviría y le tendría por señor. Don Quijote le replicó que, por su amor, le hiciese merced que de allí adelante se pusiese don y se llamase «doña Tolosa». Ella se lo prometió, y la otra le calzó la espuela, con la cual le pasó casi el mismo coloquio que con la de la espada^39. Preguntóle su nombre, y dijo que se llamaba la Molinera y que era hija de un honrado molinero de Antequera^40 ; a la cual también rogó don Quijote que se pusiese don y se llamase «doña Molinera», ofreciéndole nuevos servicios y mercedes.
Hechas, pues, de galope y aprisa las hasta allí nunca vistas ceremonias, no vio la hora don Quijote de verse a caballo y salir buscando las aventuras, y, ensillando luego a Rocinante, subió en él y, abrazando a su huésped, le dijo cosas tan estrañas, agradeciéndole la merced de haberle armado caballero, que no es posible acertar a referirlas. El ventero, por verle ya fuera de la venta, con no menos retóricas, aunque con más breves palabras, respondió a las suyas y, sin pedirle la costa de la posada, le dejó ir a la buen hora.
(^35) ‘lectura’ (^36) La espada y las espuelas eran los símbolos del caballero. Con frecuencia, en la literatura caballeresca una de las damas que había sido testigo de la ceremonia de armar le colocaba al novicio la espada en la cintura (^37) Fórmula típica de las ceremonias de investidura del caballero. La ramera demuestra ser buena conocedora de las costumbres descritas en los libros de caballerías. (^38) En las tiendas cercanas a esa plaza de Toledo (^39) Como sucedía con la espada , también una dama testigo calzaba las espuelas al caballero (^40) honrado molinero era, en la tradición, una contradicción: los molineros tenían fama de ladrones, y las molineras de ser ligeras de cascos.
De lo que le sucedió a nuestro caballero cuando salió de la venta
La del alba sería cuando don Quijote salió de la venta tan contento, tan gallardo, tan alborozado por verse ya armado caballero, que el gozo le reventaba por las cinchas del caballo^1. Mas viniéndole a la memoria los consejos de su huésped cerca de las prevenciones tan necesarias que había de llevar consigo, especial la de los dineros y camisas, determinó volver a su casa y acomodarse de todo, y de un escudero, haciendo cuenta de recebir a un labrador vecino suyo^2 que era pobre y con hijos, pero muy a propósito para el oficio escuderil de la caballería^3. Con este pensamiento guió a Rocinante hacia su aldea, el cual, casi conociendo la querencia, con tanta gana comenzó a caminar, que parecía que no ponía los pies en el suelo.
No había andado mucho cuando le pareció que a su diestra mano, de la espesura de un bosque que allí estaba, salían unas voces delicadas, como de persona que se quejaba; y apenas las hubo oído, cuando dijo:
—Gracias doy al cielo por la merced que me hace, pues tan presto me pone ocasiones delante donde yo pueda cumplir con lo que debo a mi profesión y donde pueda coger el fruto de mis buenos deseos. Estas voces, sin duda, son de algún menesteroso o menesterosa que ha menester mi favor y ayuda.
Y, volviendo las riendas, encaminó a Rocinante hacia donde le pareció que las voces salían, y, a pocos pasos que entró por el bosque, vio atada una yegua a una encina, y atado en otra a un muchacho, desnudo de medio cuerpo arriba, hasta de edad de quince años, que era el que las voces daba, y no sin causa, porque le estaba dando con una pretina^4 muchos azotes un labrador de buen talle^5 , y cada azote le acompañaba con una reprehensión y consejo. Porque decía:
—La lengua queda y los ojos listos^6.
Y el muchacho respondía:
—No lo haré otra vez, señor mío; por la pasión de Dios, que no lo haré otra vez, y yo prometo de tener de aquí adelante más cuidado con el hato^7.
Y viendo don Quijote lo que pasaba, con voz airada dijo:
—Descortés caballero, mal parece tomaros^8 con quien defender no se puede; subid sobre vuestro caballo y tomad vuestra lanza^9 —que también tenía una lanza arrimada a la encina adonde estaba arrendada^10 la yegua—, que yo os haré conocer ser de cobardes lo que estáis haciendo.
El labrador, que vio sobre sí aquella figura llena de armas blandiendo la lanza sobre su rostro^11 , túvose por muerto, y con buenas palabras respondió:
—Señor caballero, este muchacho que estoy castigando es un mi criado, que me sirve de guardar una manada de ovejas que tengo en estos contornos, el cual es tan descuidado, que cada día me falta una; y porque castigo su descuido, o bellaquería, dice que lo hago de miserable^12 , por no pagalle la soldada que le debo, y en Dios y en mi ánima que miente^13.
(^1) El gozo de DQ es tal que, hiperbólicamente, se transmite al caballo, haciéndole estallar las cinchas , ‘correas con que se sujeta la silla’. (^2) recebir : ‘contratar’; es la primera alusión a la figura de Sancho Panza (^3) Nueva ironía: Sancho no cumple ninguna de las condiciones para ser escudero de un caballero andante: no es hidalgo, es pobre, ignorante, bruto y excesivamente viejo (^4) ‘cinturón de cuero’. (^5) ‘de buen aspecto, bien parecido’. (^6) ‘Hablar menos y vigilar mejor’ (^7) ‘rebaño’ (^8) Pelearos, ensañaros. (^9) Se solía salir armado al campo o al camino, sobre todo con lanza; DQ, al ver la lanza y la yegua —que llama caballo —, impaciente por celebrar su primer combate, toma a Juan Haldudo por un caballero andante. (^10) ‘atada con las riendas’ (^11) ‘agitando la punta de la lanza delante de su rostro’. (^12) ‘por tacaño’. (^13) Forma de juramento usada sobre todo por las mujeres, frente a «en Dios y en mi conciencia» que utilizaban los hombres.
—Del sahumerio os hago gracia —dijo don Quijote—: dádselos en reales, que con eso me contento; y mirad que lo cumpláis como lo habéis jurado: si no, por el mismo juramento os juro de volver a buscaros y a castigaros, y que os tengo de hallar, aunque os escondáis más que una lagartija. Y si queréis saber quién os manda esto, para quedar con más veras obligado a cumplirlo, sabed que yo soy el valeroso don Quijote de la Mancha, el desfacedor de agravios y sinrazones, y a Dios quedad, y no se os parta^27 de las mientes lo prometido y jurado, so pena de la pena pronunciada.
Y, en diciendo esto, picó a su Rocinante y en breve espacio^28 se apartó dellos. Siguióle el labrador con los ojos y, cuando vio que había traspuesto del bosque y que ya no parecía^29 , volvióse a su criado Andrés y díjole:
—Venid acá, hijo mío, que os quiero pagar lo que os debo, como aquel desfacedor de agravios me dejó mandado.
—Eso juro yo —dijo Andrés—, y ¡cómo que andará vuestra merced acertado en cumplir el mandamiento de aquel buen caballero, que mil años viva, que, según es de valeroso y de buen juez, vive Roque^30 que si no me paga, que vuelva y ejecute lo que dijo!
—También lo juro yo —dijo el labrador—, pero, por lo mucho que os quiero, quiero acrecentar la deuda, por acrecentar la paga.
Y, asiéndole del brazo, le tornó a atar a la encina, donde le dio tantos azotes, que le dejó por muerto.
—Llamad, señor Andrés, ahora —decía el labrador— al desfacedor de agravios: veréis cómo no desface aqueste; aunque creo que no está acabado de hacer, porque me viene gana de desollaros vivo, como vos temíades.
Pero al fin le desató y le dio licencia que fuese a buscar su juez, para que ejecutase la pronunciada sentencia. Andrés se partió algo mohíno, jurando de ir a buscar al valeroso don Quijote de la Mancha y contalle punto por punto lo que había pasado, y que se lo había de pagar con las setenas^31. Pero, con todo esto, él se partió llorando y su amo se quedó riendo^32.
Y desta manera deshizo el agravio el valeroso don Quijote; el cual, contentísimo de lo sucedido, pareciéndole que había dado felicísimo y alto principio a sus caballerías, con gran satisfación de sí mismo iba caminando hacia su aldea, diciendo a media voz:
—Bien te puedes llamar dichosa sobre cuantas hoy viven en la tierra, ¡oh sobre las bellas bella Dulcinea del Toboso!, pues te cupo en suerte tener sujeto y rendido a toda tu voluntad e talante a un tan valiente y tan nombrado caballero como lo es y será don Quijote de la Mancha; el cual, como todo el mundo sabe, ayer rescibió la orden de caballería y hoy ha desfecho el mayor tuerto y agravio que formó la sinrazón y cometió la crueldad: hoy quitó el látigo de la mano a aquel despiadado enemigo que tan sin ocasión vapulaba a aquel delicado infante.
En esto, llegó a un camino que en cuatro se dividía^33 , y luego se le vino a la imaginación las encrucijadas donde los caballeros andantes se ponían a pensar cuál camino de aquellos tomarían; y, por imitarlos, estuvo un rato quedo, y al cabo de haberlo muy bien pensado soltó la rienda a Rocinante, dejando a la voluntad del rocín la suya, el cual siguió su primer intento, que fue el irse camino de su caballeriza. Y, habiendo andado como dos millas^34 , descubrió don Quijote un grande tropel de gente, que, como después se supo, eran unos mercaderes toledanos que iban a comprar seda a Murcia^35. Eran
(^27) se os parta de las mientes : ‘no se os vaya de la cabeza’. (^28) ‘en muy poco tiempo’. (^29) ‘no se le veía’ (^30) Fórmula popular de juramento (^31) antiguamente las setenas eran una multa que obligaba a pagar siete veces el valor del daño causado. (^32) Andrés vuelve a aparecer en I, 31, 364, donde se cuentan las consecuencias de esta aventura. (^33) Situación frecuente en los libros de caballerías; la encrucijada, en el folclore universal, es el punto en que el héroe se enfrenta con su destino (^34) Algo menos de cuatro kilómetros; la milla, medida que en la época variaba en determinadas zonas, era algo más de 1600m. (^35) Murcia era la productora principal de telas de seda, cuyo uso en España se consideraba excesivo.
seis, y venían con sus quitasoles^36 , con otros cuatro criados a caballo y tres mozos de mulas a pie. Apenas los divisó don Quijote, cuando se imaginó ser cosa de nueva aventura; y, por imitar en todo cuanto a él le parecía posible los pasos que había leído en sus libros^37 , le pareció venir allí de molde uno que pensaba hacer. Y, así, con gentil continente y denuedo, se afirmó bien en los estribos, apretó la lanza, llegó la adarga al pecho y, puesto en la mitad del camino, estuvo esperando que aquellos caballeros andantes llegasen, que ya él por tales los tenía y juzgaba; y, cuando llegaron a trecho que se pudieron ver y oír, levantó don Quijote la voz y con ademán arrogante dijo:
—Todo el mundo se tenga, si todo el mundo no confiesa que no hay en el mundo todo doncella más hermosa que la Emperatriz de la Mancha, la sin par Dulcinea del Toboso.
Paráronse los mercaderes al son destas razones, y a ver la estraña figura del que las decía; y por la figura y por las razones luego echaron de ver la locura de su dueño, mas quisieron ver despacio en qué paraba aquella confesión que se les pedía, y uno dellos, que era un poco burlón y muy mucho discreto^38 , le dijo:
—Señor caballero, nosotros no conocemos quién sea esa buena señora que decís; mostrádnosla, que, si ella fuere de tanta hermosura como significáis, de buena gana y sin apremio alguno confesaremos la verdad que por parte vuestra nos es pedida.
—Si os la mostrara —replicó don Quijote—, ¿qué hiciérades vosotros en confesar una verdad tan notoria? La importancia está en que sin verla lo habéis de creer, confesar, afirmar, jurar y defender; donde no^39 , conmigo sois en batalla, gente descomunal y soberbia^40. Que ahora vengáis uno a uno, como pide la orden de caballería, ora todos juntos, como es costumbre y mala usanza de los de vuestra ralea, aquí os aguardo y espero, confiado en la razón que de mi parte tengo.
—Señor caballero —replicó el mercader—, suplico a vuestra merced en nombre de todos estos príncipes que aquí estamos que, porque no encarguemos nuestras conciencias^41 confesando una cosa por nosotros jamás vista ni oída, y más siendo tan en perjuicio de las emperatrices y reinas del Alcarria y Estremadura, que vuestra merced sea servido de mostrarnos algún retrato de esa señora, aunque sea tamaño como un grano de trigo; que por el hilo se sacará el ovillo^42 y quedaremos con esto satisfechos y seguros, y vuestra merced quedará contento y pagado^43 ; y aun creo que estamos ya tan de su parte, que, aunque su retrato nos muestre que es tuerta de un ojo y que del otro le mana bermellón y piedra azufre^44 , con todo eso, por complacer a vuestra merced, diremos en su favor todo lo que quisiere.
—No le mana, canalla infame —respondió don Quijote encendido en cólera—, no le mana, digo, eso que decís, sino ámbar y algalia entre algodones^45 ; y no es tuerta ni corcovada, sino más derecha que un huso de Guadarrama^46. Pero vosotros pagaréis la grande blasfemia que habéis dicho contra tamaña beldad como es la de mi señora.
Y, en diciendo esto, arremetió con la lanza baja contra el que lo había dicho, con tanta furia y enojo, que si la buena suerte no hiciera que en la mitad del camino tropezara y cayera Rocinante, lo pasara mal el atrevido mercader. Cayó Rocinante, y fue rodando su amo una buena pieza por el campo^47 ; y, queriéndose levantar, jamás pudo^48 : tal embarazo le causaban la lanza, adarga, espuelas y celada, con el peso de las antiguas armas. Y, entre tanto que pugnaba por levantarse y no podía, estaba diciendo:
(^36) ‘sombrillas que se sujetaban a la silla de montar’. (^37) paso : ‘juego caballeresco en el que se defendía el paso por un lugar determinado’. (^38) ‘juicioso, sagaz e ingenioso’ (^39) ‘‘en caso contrario’. (^40) Estos apelativos se aplican a la raza de los gigantes y, por metáfora, a los desalmados y descreídos (^41) ‘no tengamos cargo de conciencia’ (^42) ‘por la muestra se deducirá el original’; es refrán (^43) ‘quedará satisfecho’; es fórmula de escribano en recibos. (^44) ‘supura minio y azufre’; los dos componentes son venenosos. (^45) Son sustancias aromáticas, de mucho precio, que se empleaban para la fabricación de ungüentos y pomadas; los pomos, de cristal fino, se guardaban entre algodones para que no se quebrasen. (^46) huso : ‘aparato donde se tuerce la hebra cuando se hila’; el huso era término de comparación proverbial para lo derecho. No ha sido convincentemente explicada la antonomasia de Guadarrama. (^47) una buena pieza : ‘un buen trecho’. Aquí pieza se refiere al espacio, y otras veces al tiempo (^48) ‘no pudo de ninguna manera, le fue imposible’
Donde se prosigue la narración de la desgracia de nuestro caballero
Viendo, pues, que, en efeto, no podía menearse, acordó de acogerse a su ordinario remedio, que era pensar en algún paso de sus libros^1 , y trújole su locura a la memoria aquel de Valdovinos y del marqués de Mantua, cuando Carloto le dejó herido en la montiña^2 , historia sabida de los niños^3 , no ignorada de los mozos, celebrada y aun creída de los viejos, y, con todo esto, no más verdadera que los milagros de Mahoma. Esta, pues, le pareció a él que le venía de molde para el paso en que se hallaba, y así, con muestras de grande sentimiento, se comenzó a volcar^4 por la tierra y a decir con debilitado aliento lo mesmo que dicen decía el herido caballero del bosque:
—¿Dónde estás, señora mía, que no te duele mi mal? O no lo sabes, señora, o eres falsa y desleal^5.
Y desta manera fue prosiguiendo el romance, hasta aquellos versos que dicen:
—¡Oh noble marqués de Mantua, mi tío y señor carnal^6!
Y quiso la suerte que, cuando llegó a este verso, acertó a pasar por allí un labrador de su mesmo lugar y vecino suyo, que venía de llevar una carga de trigo al molino; el cual, viendo aquel hombre allí tendido, se llegó a él y le preguntó que quién era y qué mal sentía, que tan tristemente se quejaba. Don Quijote creyó sin duda que aquel era el marqués de Mantua, su tío, y, así, no le respondió otra cosa sino fue proseguir en su romance, donde le daba cuenta de su desgracia y de los amores del hijo del Emperante con su esposa^7 , todo de la mesma manera que el romance lo canta.
El labrador estaba admirado oyendo aquellos disparates; y quitándole la visera, que ya estaba hecha pedazos, de los palos, le limpió el rostro, que le tenía cubierto de polvo; y apenas le hubo limpiado, cuando le conoció y le dijo:
—Señor Quijana^8 —que así se debía de llamar cuando él tenía juicio y no había pasado de hidalgo sosegado a caballero andante—, ¿quién ha puesto a vuestra merced desta suerte?
Pero él seguía con su romance a cuanto le preguntaba. Viendo esto el buen hombre, lo mejor que pudo le quitó el peto y espaldar, para ver si tenía alguna herida, pero no vio sangre ni señal alguna. Procuró levantarle del suelo, y no con poco trabajo le subió sobre su jumento, por parecerle caballería más sosegada. Recogió las armas, hasta las astillas de la lanza, y liólas sobre Rocinante, al cual tomó de la rienda, y del cabestro al asno, y se encaminó hacia su pueblo, bien pensativo de oír los disparates que don Quijote decía; y no menos iba don Quijote, que, de puro molido y quebrantado, no se podía tener sobre el borrico y de cuando en cuando daba unos suspiros, que los ponía en el cielo^9 , de modo que de nuevo obligó a que el labrador le preguntase^10 le dijese qué mal sentía; y no parece sino que el diablo le traía a la memoria los cuentos acomodados a sus sucesos, porque en aquel punto, olvidándose de
(^1) ‘algún episodio de sus libros’ (la misma frase, con sentido diferente, se encuentra en I, 4, 67-68); pero como en los libros de caballerías no hay ninguna derrota tan infamante, le viene a la memoria el romance del Marqués de Mantua, como sucede en el anónimo Entremés de los romances , en el que Bartolo, el protagonista, apaleado con su propia lanza, recuerda ese mismo romance. Se haría, pues, entre el capítulo anterior y este, la parodia de una parodia. (^2) ‘espesura con árboles, bosque’; Carloto es el hijo de Carlomagno, y el herido es Valdovinos. Los romances de Valdovinos y del Marqués de Mantua derivan de una leyenda francesa (^3) El larguísimo romance se empleaba en las escuelas para aprender a leer. (^4) ‘comenzó a rodar, a revolcarse’. (^5) Los versos no proceden directamente del romance antiguo, sino de una adaptación que aparece en la Flor de varios romances nuevos de Pedro de Moncayo (1591); los versos tercero y cuarto no aparecen en el romance viejo original. (^6) El romance antiguo dice «mi señor tío carnal»; la versión quijotesca no solo es disparatada, sino suena hoy divertidamente obscena. (^7) Emperante : ‘Emperador’; se refiere a Carlomagno. (^8) Recuerda aquí las discusiones mencionadas en el capítulo I sobre el verdadero nombre de DQ. Es este el primer personaje que lo nombra por su supuesto auténtico apellido. (^9) ‘que eran muy fuertes’. (^10) Aquí, preguntar tiene el significado de ‘pedir, rogar’
Valdovinos, se acordó del moro Abindarráez^11 , cuando el alcaide de Antequera, Rodrigo de Narváez, le prendió y llevó cautivo a su alcaidía. De suerte que, cuando el labrador le volvió a preguntar que
cómo estaba y qué sentía, le respondió las mesmas palabras y razones que el cautivo Abencerraje respondía a Rodrigo de Narváez, del mesmo modo que él había leído la historia en La Diana de Jorge de Montemayor, donde se escribe; aprovechándose della tan a propósito, que el labrador se iba dando al diablo de oír tanta máquina de necedades; por donde conoció que su vecino estaba loco, y dábale priesa a llegar al pueblo por escusar el enfado que don Quijote le causaba con su larga arenga. Al cabo de lo cual dijo:
—Sepa vuestra merced, señor don Rodrigo de Narváez, que esta hermosa Jarifa que he dicho es ahora la linda Dulcinea del Toboso, por quien yo he hecho, hago y haré los más famosos hechos de caballerías que se han visto, vean ni verán en el mundo.
A esto respondió el labrador:
—Mire vuestra merced, señor, pecador de mí, que yo no soy don Rodrigo de Narváez, ni el marqués de Mantua, sino Pedro Alonso, su vecino; ni vuestra merced es Valdovinos, ni Abindarráez, sino el honrado hidalgo del señor Quijana.
—Yo sé quién soy^12 —respondió don Quijote—, y sé que puedo ser, no solo los que he dicho, sino todos los Doce Pares de Francia^13 , y aun todos los nueve de la Fama^14 , pues a todas las hazañas que ellos todos juntos y cada uno por sí hicieron se aventajarán las mías.
En estas pláticas y en otras semejantes llegaron al lugar, a la hora que anochecía, pero el labrador aguardó a que fuese algo más noche, porque no viesen al molido hidalgo tan mal caballero^15. Llegada, pues, la hora que le pareció, entró en el pueblo, y en la casa de don Quijote, la cual halló toda alborotada, y estaban en ella el cura y el barbero del lugar, que eran grandes amigos de don Quijote, que estaba diciéndoles su ama a voces:
—¿Qué le parece a vuestra merced, señor licenciado Pero Pérez —que así se llamaba el cura—, de la desgracia de mi señor? Tres días ha que no parecen él, ni el rocín, ni la adarga, ni la lanza, ni las armas. ¡Desventurada de mí!, que me doy a entender, y así es ello la verdad como nací para morir, que estos malditos libros de caballerías que él tiene y suele leer tan de ordinario le han vuelto el juicio; que ahora me acuerdo haberle oído decir muchas veces, hablando entre sí, que quería hacerse caballero andante e irse a buscar las aventuras por esos mundos. Encomendados sean a Satanás y a Barrabás tales libros, que así han echado a perder el más delicado^16 entendimiento que había en toda la Mancha.
La sobrina decía lo mesmo, y aun decía más:
—Sepa, señor maese Nicolás (que este era el nombre del barbero), que muchas veces le aconteció a mi señor tío estarse leyendo en estos desalmados libros de desventuras^17 dos días con sus noches, al cabo de los cuales arrojaba el libro de las manos, y ponía mano a la espada, y andaba a cuchilladas con las paredes; y cuando estaba muy cansado decía que había muerto a cuatro gigantes como cuatro torres, y el sudor que sudaba del cansancio decía que era sangre de las feridas que había recebido en la batalla, y bebíase luego un gran jarro de agua fría, y quedaba sano y sosegado, diciendo que aquella agua era una preciosísima bebida que le había traído el sabio Esquife^18 , un grande encantador y amigo suyo.
(^11) Se refiere al Romance del Abencerraje y la hermosa Jarifa , que aparece incluido en La Diana , como señala más adelante. (^12) A menudo se ha entendido que DQ afirma en esta frase su fe en sí mismo y en su misión, así como una autoafirmación de su personalidad. En este sentido, ha sido muy citada por autores del siglo XX. (^13) Los doce paladines que acompañaban a Carlomagno, personajes de muchos romances. (^14) Nueve hombres que podían servir de ejemplo para los caballeros; eran tres judíos —Josué, David y Judas Macabeo—, tres paganos — Alejandro, Héctor y Julio César— y tres cristianos —Arturo, Carlomagno y Godofredo de Bullón. Se cuentan sus vidas en la Crónica llamada del triunfo de los nueve más preciados varones de la Fama , traducida por Antonio Rodríguez Portugal en 1530) y varias veces reimpresa en el siglo XVI. (^15) La expresión tiene el significado ambivalente de ‘montado en animal que no le corresponde’ y ‘caballero armado de mala manera’. (^16) Posible nueva anfibología (doble sentido): delicado significa ‘fino, sutil’, pero también con el valor de ‘débil, enfermizo’. (^17) ] Se llamaban aventuras los pasos de los libros de caballerías, pero aventura equivalía también a ‘ventura, fortuna’; de ahí el juego de palabras. 18 Deformación de Alquife , el encantador esposo de Urganda la desconocida, que aparece en el ciclo de los Amadises; esquife en germanía equivale a ‘rufián’