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Material de esdio, referente de pensamiento de la universidad Area Andina
Tipo: Guías, Proyectos, Investigaciones
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Ética y Libertad: ¿Qué
relación existe entre
libertad y felicidad?
Ética profesional - eje 2 Analicemos la situación 5
La problemática de la libertad es de suma importancia desde los comienzos mismos del pensamiento filosófico. Qué es la libertad, qué es ser libres y cuáles son las implicaciones del obrar libremente; son preguntas que han sido abordadas por casi todos los filósofos occidentales.
Es natural que el concepto de libertad haya sido tan ampliamente pensado, para entender su importancia solo se necesita mirar que para casi todas las personas el “ser libre” se plantea como un ideal: perso- nal, político y social. Nadie pensaría que se pueda desear ser esclavo, concepto con- trario al de libertad.
Ahora bien, desde qué esfera se considere la libertad, desde la puramente subjetiva, la política, lo social, o desde otras posiciones; demarca el concepto mismo de libertad. La definición del concepto de libertad como la posibilidad de decisión determinó en el filósofo Aristóteles una relación definitiva de esa idea con la ética. La ética para él es una facultad del alma de los hombres, pero no de todos los hombres como especie, ni aun de todos los hombres como género. Es una actividad tan solo de los ciudadanos, de aquellos que pueden hacer política o que son miembros activos de la polis : “lo que buscamos no es solo la justicia sin más (justicia particular) sino la justicia política (justicia universal). Esta existe entre per- sonas que participan de una vida común... personas libres e iguales” (Aristóteles, Ética a Nicómaco Capítulo V).
La ética es un ejercicio posible para los hombres libres, para aquellos individuos que fueran reconocidos como ciudadanos de la polis. En este punto es necesario re- cordar que los ciudadanos eran una mi- noría en la sociedad ateniense, solo eran aquellos hombres libres, nacidos de padre
y madre ateniense, excluye por completo los otros miembros de la sociedad, las mu- jeres (así fuesen atenienses), los esclavos y los pobres. Esta relación entre ética y la libertad no ha cambiado, porque sin duda para elegir cómo vivir y qué es lo que es bueno y malo es necesario ser libre. Lo que sí ha cambiado es quiénes son las perso- nas que socialmente se consideran libres.
Ampliar los límites de “los libres” es una búsqueda de los seres humanos, ya que los que son libres son los que tienen derechos y a la vez deberes. A esto seguramente se debe que la Declaración Universal de los Derechos Humanos diga en su primer pa- rágrafo que “todos los seres humanos na- cen libres e iguales en dignidad y derechos y, dotados como están de razón y concien- cia, deben comportarse fraternalmente los unos con los otros.”
Independientemente de hasta donde se cumple y se ejecuta realmente este artícu- lo para todas las sociedades humanas, en todas las culturas, su propósito fue justa- mente enunciar que la condición humana está por encima de cualquier característi- ca racial, de género o condición. En fin, se puede decir que este artículo declara una proposición tautológica: “todo humano es un humano”, y por tanto es libre. Decir que “todo humano es un humano” puede pa- recer una tontería.
Sin embargo, en el desarrollo históri- co, filosófico y ético de la humanidad no lo ha sido tanto. Por ejemplo, se pude re- cordar que los españoles, cuando llegaron a América, al encontrarse con los pueblos nativos, tan diferentes a ellos en todo, los consideraron una especie de “animalitos”, dudaron que tuviesen alma (Galeano, 1971), por lo cual no sentían culpa alguna matándolos, robándolos y expropiándolos
Desde esta perspectiva parecería que la ética sigue siendo un asunto de unos pocos, de los pocos que son libres que por tanto pueden ocuparse de sí mismos y a la vez ejer- cer dominio y cuidado sobre los otros. La ética se evidencia entonces como un “poder ser” y un “poder hacer”, que aunque se han ampliado los límites del ejercicio político; sigue perteneciendo a los pocos privilegiados que tienen el tiempo y el espacio para de- sarrollar una conciencia sobre la vida en términos generales y sobre el vivir en términos particulares.
Pareciera que, al enmarcar la libertad y la ética en las relaciones de poder, la pregunta por los que son libres quedaría respondida. Serían aquellos que tienen el poder de ha- cer lo que consideran conveniente, los que cuidan de sí mismos. Todos aquellos que no tienen el poder de la libertad, quedarían entonces exonerados del ejercicio ético al no poder decidir, siendo sometidos a todas las situaciones de exclusión posibles.
Sería una ingenuidad negar que de hecho exista infinidad de circunstancias que limitan a los individuos debido a las relaciones de poder, las condiciones socio políticas, condicio- namientos psicológicos, físicos, culturales, religiosos; son determinantes en las vidas de todos nosotros. Para poner un ejemplo: un individuo que nació esclavo (en la época y/o en las sociedades donde existía o existe la esclavitud), seguramente le sería más difícil ejercer la libertad, desarrollar su conciencia, cuidar de sí mismo y ejercer lo que Foucault denomi- na “el arte de vivir” con respecto a un individuo que nació libre y adinerado.
Pese a lo anteriormente dicho y reconociendo que en el ser libre influyen elementos circunstanciales como los ya mencionados; filósofos como Sartre hacen un plantea- miento contrario: La libertad para los humanos, en cuanto humanos, no es una opción sino una condena; el hombre está condenado a la libertad. Según la posición radical de Sartre la libertad es una condición necesaria de la humanidad, no hay excusa ni salida, no se podría decir que las circunstancias vitales, como por ejemplo: la condición social, raza, cultura o los rasgos psicológicos nos determinan a tal punto que coarten la liber- tad. La libertad es para Sartre más que una libertad de acción, es la libertad que da la conciencia, en la que el sujeto, si bien es cierto que está limitado por las circunstancias de la vida, puede decidir cambiar, ser y hacer de otra manera.
Otra postura contradictora a las tres que ya he- mos expuesto se conoce como “determinismo”. Esta escuela niega de manera total la libertad humana, el libre albedrío, al punto que proclama que hasta los hombres libres lo son por una determinación del destino, Dios o el azar social; así que todos seríamos como el trágico Edipo, realizando a oscuras lo que está marcado en nuestro designio vital. En nuestra época, buena parte de la psicología social (la que busca predecir cómo se comportan las personas en determinadas circunstancias sociales) está condicio- nada por una variante u otra del determinismo.
Edipo de Tebas, personaje de una tragedia del drama- turgo griego Sófocles, en el cual el personaje principal hace lo posible por escapar al destino impuesto desde su nacimiento por los dioses, y fracasa. Su sufrimiento se volvió parte central de la cultura occidental por medio del llamado “complejo de Edipo” descrito por el psicoanalista Sigmund Freud.
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No sobra decir que en la postura adop- tada desde el comienzo por este módulo, las ideas parecidas al determinismo no tienen cabida más que como ejemplos a rebatir. Sin embargo, no podemos ignorar- las; pues la evidencia cotidiana nos habla constantemente acerca de la falta de li- bertad que constriñe constantemente a nuestras acciones. La ética es una acción solo posible desde la libertad, por esta ra- zón es tan importante asumir que existe una responsabilidad de desarrollar la con- ciencia para poder vivir con responsabi- lidad, porque tal vez no somos tan libres como lo planteó Sartre, ni tan presos de las determinaciones, como lo planteó el determinismo filosófico. En un punto me- dio podríamos decir que no somos libres de elegir lo que nos pasa, pero sí de decidir qué hacer con los que nos pasa.
Antes de abordar lo que sin lugar a du- das es una de las posturas más influyentes en el pensamiento filosófico desde el siglo XVIII, como lo es la ética del deber ser y presentar el pensamiento de su mayor ex- ponente: Kant, es necesario establecer la diferenciación existente entre la ética te- leológica y la ética deontológica. En la historia de la ética han existido diversas posturas que responden por la razón que motivaría a un ser humano a obrar ética- mente. Estas son las más reconocidas las cuales se describirán a continuación:
La ética teleológica
Esta corriente ética considera que el obrar humano está encaminado a bus- car un fin. Así, el problema de las accio- nes humanas es responder por el sentido, la pregunta que subyacente es entonces ¿Qué sentido tiene mi obrar? O dicho de otra manera ¿Por qué he de obrar bien? Cuando se parte del obrar bajo el precepto de que se está buscando un fin, entonces las consecuencias de los actos en cuanto favorables o desfavorables tienen gran im- portancia para valorar una acción como buena o mala. El razonamiento lógico sub- yacente es entonces que ninguna acción que cause daño o sufrimiento a sí mismo o a otro se puede considerar que tiene un fin ulterior positivo.
La ética que configuró Aristóteles desde esta perspectiva sería una ética teleológi- ca, ya que él dice que el sentido de la vida humana es buscar la felicidad y que por tanto la guía del obrar; es la realización de acciones que conduzcan a encontrar la tan anhelada felicidad humana. Como se menciona anteriormente, para Aristóteles solo las acciones virtuosas que producen bienestar individual y colectivo puede lle- var a este fin, alcanzar la felicidad.
El que los humanos buscamos un fin y obramos en busca de un fin y que todos los humanos deseamos ser felices, es una ver- dad de sentido común. La ética deontológi- ca, más que negar esta realidad; cuestiona que los fundamentos del verdadero obrar ético se puedan sostener sobre un precepto tan volátil como es el deseo de conseguir un fin, sobre todo si este fin es “ser feliz” como estado del ser que se hace por un lado subje- tivo y por el otro socioculturalmente relativo.
Ética profesional - eje 2 Analicemos la situación 10
Los invitamos a observar el siguiente vídeo:
Cana filosofía. (2016, julio 16). Immanuel Kant - La aventura del pen- samiento (cap. 9) [Archivo de video]. Recuperado de https://youtu. be/8MoWQgvxfR
Sinopsis: resumen de la perspectiva ética de Kant de parte del filóso- fo ético más famoso del mundo hispanohablante.
¡Recomendaciones!
En relación con la lectura lo invitamos a realizar la actividad video con preguntas.
Kant expuso los fundamentos de su éti- ca en el libro titulado “Crítica de la razón práctica” (1778) y en “Fundamentos de la metafísica de las costumbres” (1785). En estas dos obras queda en claro que para Kant la ética es producto de la razón, o más bien, el obrar ético debe ser dirigido por la razón; pero la razón que opera allí no es la “pura”, sino “práctica”. Así, el pri- mer fundamento de la ética kantiana se cimienta en mostrar que la ética, aunque sea racional; es práctica y se manifiesta en los planos de desempeño humano, sin dejar de ser “formal”, es decir universal y racional. Aunque haya diferencias en los contextos en que se mueven las personas, todos los seres humanos puedan llegar a las mismas verdades de carácter ético. Debido a la universalidad de la razón (lo razonable, según Kant, es lo mismo para todo el mundo), es posible que cualquier persona pueda llegar a escoger autóno- mamente obrar acorde al deber ser, aun-
que sus acciones no le traigan un beneficio directo en el sentido de Aristóteles de acer- carse a la felicidad personal. El concepto de autonomía en Kant está directamente relacionado con el de libertad y el de ética, pues para él el verdadero acto de libertad de una persona se da cuando autónoma- mente decide cumplir con el deber.
No es la búsqueda de un beneficio di- recto o ulterior lo que debe fundar los ac- tos éticos, tampoco debe ser el miedo al castigo lo que debe dictar que hago o que no hago. Es el ejercicio de la voluntad el que lleva a hacer lo que se debe hacer y es el razonar el que dicta qué es lo que debe hacerse en cada ocasión.
Kant propone que las personas pueden efectuar tres tipos de acciones: las acciones “contrarias al deber”, las acciones “confor- mes al deber” y por último están las ac- ciones “por deber”; las cuales son las úni-
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cas que tienen “valor ético”. Para entender cada una de estas acciones recurriremos a un ejemplo: si una persona se está ahogan- do en un río y yo la estoy viendo, pero no la salvo porque esa persona habló mal de mí; estaría actuando “contrario al deber” porque me estoy vengando al dejar que se ahogue. Si yo la salvo con el propósito que me pida perdón, estaría actuando “según el deber y por inclinación mediata”; pues si bien es claro que debo salvarla, los motivos que tengo para realizar tal acto son egoís- tas. Para Kant este es un “acto neutro” ya que lo salvo con una condición. Dado el caso de que quien esté en peligro sea mi amigo y lo salvo sin importar si me da las gracias o no, estoy actuando “por deber y por inclinación inmediata”, pues hago bien al no esperar recompensa; pero experimen- to una satisfacción personal al salvar a alguien a quien aprecio. Si la persona que se está ahogando es un total desconocido para mí, pero aun así lo salvo porque es “lo que hay que hacer”; entonces mi acción es un acto éticamente bueno.
Figura 1 Fuente: https://cursosdefilosofia.files.wordpress. com/2014/08/kanti.jpg?w=816&h=
Queda claro que hay circunstancias en las que es fácil de determinar qué es lo que debemos hacer, pero no siempre re- sulta tan fácil saberlo. Consciente de ello, Kant propuso una fórmula que es aplicable universalmente; esta fórmula es conocida como el “imperativo categórico”, y es una ley a priori es decir; una ley que es válida
antes de cualquier suceso, evento, acción, o cualquier otra circunstancia que pueda influir en la toma de decisión.
Para que sea posible entender lo que significa el imperativo categórico, reto- memos el ejemplo de la persona que está ahogándose. El imperativo categórico me indica en este caso que el “deber ser” de la situación es que hay que echarle a un salvavidas, una cuerda o emprender cual- quier tipo de acción equivalente en ayuda de toda persona que lo requiera, sin im- portar si es Mahatma Gandhi o Adolfo Hit- ler. Esa sería una ley a priori , el suceso a posteriori es indagar quién es esa persona, qué es lo qué le pasa, qué beneficio o per- juicio me va causar ayudarla; en fin; lo a priori es algo desprendido de mis circuns- tancias particulares. En términos kantia- nos no “está determinado por nada” sino por la sola percepción racional de que es lo correcto y nadie puede acusarme de ser egoísta por actuar de ese modo.
La manera como Kant nos dice si una acción corresponde o no con el imperativo categórico es la famosa frase: “obra de tal modo que puedas querer al mismo tiempo que tu acción se tome como ley universal”; que se podría traducir más o menos así: “ojalá todas las personas que se encontra- ran en circunstancias similares a las mías actuara de la misma manera en la que actué yo”. En otras palabras, el imperati- vo categórico de Kant, manifiesta que la intención en todo obrar que pretenda te- ner validez ética debería ser un modelo a seguir por cualquier persona en cualquier circunstancia y en cualquier tiempo, es de- cir; un modelo universal.
Aunque todo el sustento de la ética kan- tiana es de un orden profundamente ra- cional, no por ello deja de tener elementos
Aristóteles, Ética a Nicómaco, 1 y 7. Se debe citar bajo la norma Bekker, que es la aceptada.
Nussbaum, Martha. “La Fragilidad del Bien”. Visor, Madrid, 1995.
Kant, Immanuel. (1778-2008). “Crítica de la razón práctica”. Buenos Aires: Losada.
____________. (1785-2012). “Fundamentos de la metafísica de las costumbres”. Madrid: Alianza.