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reflexion de la medicina, Apuntes de Sociología y ética

reflexion de la medicina desde la subjetividad

Tipo: Apuntes

2021/2022

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Escritos • Vol. 23 • No. 51 • Julio - diciembre (2015)
LA MEDICINA COMO PRODUCCIÓN
DE SUBJETIVIDAD. UNA APROXIMACIÓN
A MICHEL FOUCAULT
MEDICINE AS PRODUCER OF SUBJECTIVITY. AN
APPROACH TO MICHEL FOUCAULT
A MEDICINA COMO PRODUÇÃO
DE SUBJETIVIDADE. UMA APROXIMAÇÃO A
MICHEL FOUCAULT
Diego Alejandro Estrada Mesa*
RESUMEN
La cuestión de la medicina en algunos trabajos de Michel Foucault ofrece la oportunidad
de comprender el problema de la subjetividad moderna. Las investigaciones realizadas
por Foucault sobre el nacimiento de la clínica y el asunto de la medicalización
representan uno de los pocos ejemplos en los que un saber produce formas de existir.
Como se muestra en este artículo, el saber médico permitió construir una idea del
hombre a partir de una concepción organicista. Por otra parte, la medicalización y el
despliegue de la biopolítica desde el siglo XVIII hasta hoy materializaron dicho proyecto.
En definitiva, esta investigación resulta útil porque permite trazar una genealogía sobre
la forma como los seres humanos modernos comprenden su existencia.
* C.C: 8104.362. Candidato a Doctor en Filosofía de la Universidad Pontiicia Bolivariana.
Magíster en Filosofía de la misma Universidad (2011). Politólogo de la Universidad
Nacional de Colombia (2005). Filiación: Universidad Cooperativa de Colombia. El presente
artículo hace parte del marco teórico del proyecto de investigación “Pensar lo corporal. Una
aproximación a los imaginarios del cuerpo en estudiantes de medicina de la Universidad
Cooperativa de Colombia en Medellín”, Grupo de investigación Olistica, Facultad de
Medicina, Universidad Cooperativa de Colombia. E-mail: [email protected].
co. Registro ORCID: http://orcid.org/0000-0001-8102-7229
Artículo recibido el 7 de abril de 2015 y aprobado para su publicación el 30 de noviembre
de 2015.
Atribución – Sin Derivar – No comercial: El material creado por usted puede ser distribuido, copiado y exhibido por terceros
si se muestra en los créditos. No se puede obtener ningún beneficio comercial. No se pueden realizar obras derivadas
Escritos / Medellín - Colombia / Vol. 23, N. 51 / pp. 331-355
Julio-diciembre 2015 / ISSN 0120-1263
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Escritos • Vol. 23 • No. 51 • Julio - diciembre (2015) 331

LA MEDICINA COMO PRODUCCIÓN

DE SUBJETIVIDAD. UNA APROXIMACIÓN

A MICHEL FOUCAULT

MEDICINE AS PRODUCER OF SUBJECTIVITY. AN

APPROACH TO MICHEL FOUCAULT

A MEDICINA COMO PRODUÇÃO

DE SUBJETIVIDADE. UMA APROXIMAÇÃO A

MICHEL FOUCAULT

Diego Alejandro Estrada Mesa*

RESUMEN La cuestión de la medicina en algunos trabajos de Michel Foucault ofrece la oportunidad de comprender el problema de la subjetividad moderna. Las investigaciones realizadas por Foucault sobre el nacimiento de la clínica y el asunto de la medicalización representan uno de los pocos ejemplos en los que un saber produce formas de existir. Como se muestra en este artículo, el saber médico permitió construir una idea del hombre a partir de una concepción organicista. Por otra parte, la medicalización y el despliegue de la biopolítica desde el siglo XVIII hasta hoy materializaron dicho proyecto. En definitiva, esta investigación resulta útil porque permite trazar una genealogía sobre la forma como los seres humanos modernos comprenden su existencia.

  • C.C: 8104.362. Candidato a Doctor en Filosofía de la Universidad Pontiicia Bolivariana. Magíster en Filosofía de la misma Universidad (2011). Politólogo de la Universidad Nacional de Colombia (2005). Filiación: Universidad Cooperativa de Colombia. El presente artículo hace parte del marco teórico del proyecto de investigación “Pensar lo corporal. Una aproximación a los imaginarios del cuerpo en estudiantes de medicina de la Universidad Cooperativa de Colombia en Medellín”, Grupo de investigación Olistica, Facultad de Medicina, Universidad Cooperativa de Colombia. E-mail: [email protected]. co. Registro ORCID: http://orcid.org/0000-0001-8102- Artículo recibido el 7 de abril de 2015 y aprobado para su publicación el 30 de noviembre de 2015.

Atribución – Sin Derivar – No comercial: El material creado por usted puede ser distribuido, copiado y exhibido por terceros si se muestra en los créditos. No se puede obtener ningún beneficio comercial. No se pueden realizar obras derivadas

Escritos / Medellín - Colombia / Vol. 23, N. 51 / pp. 331- Julio-diciembre 2015 / ISSN 0120-

DIEGO ALEJANDRO ESTRADA MESA

Escritos • Vol. 23 • No. 51 • Julio - diciembre (2015)

PALABRAS CLAVE Foucault, Medicina, Biopolítica, Poder, Cuerpo

ABSTRACT The issue of medicine in some of Michel Foucault’s works provides an opportunity to understand the problem of modern subjectivity. The research undertaken by Foucault on the birth of the clinic and the issue of medicalization is one of the few examples in which a particular knowledge produces ways of existing. As is shown in the paper, medical knowledge allowed the construction of an idea of human beings based on an organicist conception. In addition, medicalization and the spread of Biopolitics since the 18th century until our days fostered the realization of such a project. In conclusion, such a research is useful because it makes possible to trace a genealogy of the way in which human beings understand their own existence.

KEYWORDS Foucault, Medicine, Biopolitics, Power, Body.

RESUMO A questão da medicina em alguns trabalhos de Michel Foucault oferece a oportunidade de compreender o problema da subjetividade moderna. As investigações realizadas por Foucault sobre o nascimento da clínica e o tema da medicalização representam um dos poucos exemplos nos quais um saber produz formas de existir. Como se mostra neste artigo, por um lado, o saber médico permitiu construir uma ideia de homem a partir de uma concepção organicista. Por outro lado, a medicalização e a expansão da biopolítica, desde o século XVIII até hoje, materializaram tal projeto. Definitivamente esta investigação se torna útil porque permite traçar uma genealogia sobre a forma como os seres humanos modernos compreendem sua existência.

PALAVRAS-CHAVE Foucault, Medicina, Biopolítica, Poder, Corpo.

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El orden del texto será el siguiente: inicialmente se realiza una aproximación a algunos trabajos tempranos de Foucault donde la medicina clínica se manifiesta como un elemento clave dentro de la forma como los seres humanos entienden lo que son. En este caso, el discurso médico se revela como una herramienta fundamental que permite comprender la subjetividad en el plano objetivo de lo somático. Posteriormente se desemboca en la descripción de diversas tecnologías normativas (medicalizadoras y biopolíticas) que pretenden producir al sujeto a partir de un ejercicio constante de poder. Finalmente, se realiza una descripción general de las líneas de investigación trazadas por Foucault alrededor de la biopolítica destacando especialmente los trabajos de Nikolas Rose.

El nacimiento de la clínica

La arqueología de la mirada médica es una historia sobre las condiciones que hicieron posible la emergencia de la medicina moderna. Para desvelar la aparición de la clínica, Foucault dedica buena parte de su estudio a las estructuras hospitalarias y al conjunto de reformas que serán necesarias para garantizar un acceso libre a las enfermedades. En el siglo XVIII los hospitales en Francia resultaban problemáticos por varias razones. En tanto escenario artificial, dicho espacio propiciaba un estado de confusión y caos que complejizaba la captura de las verdades médicas. Lugar en el que confluían los pobres y los menesterosos, en suma, todos aquellos desprovistos de familia, el hospital almacenaba males diversos que se liaban entre sí. Sólo por esto resultaba imposible aislar la enfermedad y tener una comprensión efectiva de la misma. Por otra parte, más que ser una “máquina para curar”, el dominio hospitalario era un lugar para la muerte, cercado por la estigmatización; territorio que multiplicaba y reproducía las enfermedades desangrando económicamente a la nación.

Con la Revolución Francesa estos espacios se ponen en tela de juicio. Resulta necesario formar una nueva estructura en la que habite la claridad; claridad lograda por un campo emancipado de cualquier obstáculo que oculte, modifique o perturbe las leyes que rigen la enfermedad. Anclado al mito

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según el cual habrá un dominio sempiterno de salud y felicidad, el Comité de Mendicidad de la Asamblea Nacional “…es adicto a la vez a las ideas de los economistas y a las de los médicos que estiman que el único lugar posible de remedio de la enfermedad, es el medio natural de la vida social, la familia…” (Foucault, “El nacimiento de la clínica” 65). En cuanto a los enfermos desprovistos de unidad familiar, habrá que crear casas comunales que sustituyan a esta esfera de protección primigenia. Se plantea entonces la posibilidad de suprimir los hospitales: “…Las fundaciones hospitalarias, bienes inmovilizados y creadores por su inercia misma de pobreza, deben desaparecer, pero en provecho de una riqueza nacional y siempre movilizable que pueda asegurar a cada uno los auxilios necesarios” (66). Algunas voces revolucionarias piden eliminar tales estructuras pues ven en ellas una institucionalización de la miseria. Sólo habrá casas de salud dispuestas para los enfermos sin hogar, mientras que agencias provinciales distribuirán a domicilio los auxilios necesarios. “Así comienza a pasar, si no a la realidad, por lo menos a la legislación, el gran sueño de una deshospitalización total de la enfermedad y de la indigencia” (71). La pobreza deberá ser atenuada con los auxilios públicos, mientras que la enfermedad se confiará a las familias, lugar natural propicio para su tratamiento.

La turbulencia política que trae consigo la Revolución conmoverá intensamente las estructuras médicas y hospitalarias debido al feroz desmontaje del cual son víctimas. Las corporaciones de médicos y las facultades de enseñanza sufrirán también los efectos de dicha metamorfosis. Empieza a vivirse una suerte de vacío institucional que acarreará complejas consecuencias. Los momentos finales del siglo XVIII en Francia caen en el bandidaje de los médicos empíricos, mientras que “la deshospitalización de la enfermedad que los hechos imponen…lejos de devolver las esencias patológicas a una verdad de naturaleza que por eso mismo las reduciría, multiplica sus estragos y deja a la población sin protección ni socorro” (100).

Tras múltiples discusiones y polémicas empieza a formarse lentamente un nuevo espacio. Reformas que involucran la reorganización del hospital, pero también el aprendizaje, la enseñanza y la observación serán fundamentales para el nacimiento de la medicina moderna. Será esencial

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La mirada será entonces el elemento clave dentro de esta configuración de la medicina moderna. Fue necesario que “se movieran” unas cuantas estructuras para permitir que el ojo de los médicos irrumpiera luminosamente dentro de la comprensión de la enfermedad. Esta última ya no será acatada como una idea que gobierna sobre la superficie de los hombres, tal y como ocurría con la medicina de las especies imperante en el siglo XVIII. Su lugar determinante será el cuerpo, más específicamente los tejidos (Bichat). ¿Es la aparición de este proceder técnico ante la enfermedad un acontecimiento que se gestó de una manera lineal como la seguidilla de un progreso histórico dentro de las ciencias médicas? Nada más lejano que dicha hipótesis. Lo que cambio abruptamente fueron las formas de visibilidad, esos hilos a veces inadvertidos que gobiernan las cosas: “el nuevo espíritu médico del cual Bichat es, sin duda, el primer testigo absolutamente coherente, no debe inscribirse en el orden de las purificaciones psicológicas y epistemológicas; no es otra cosa que una reorganización sintáctica de la enfermedad en la cual los límites de lo visible y de lo invisible siguen un nuevo trazo” (274). Lo que busca Foucault entonces no es el hecho científico “en sí”. Se trata de todo un abigarrado proceso que pretende desvelar arqueológicamente el conjunto de acontecimientos que sirven como a priori histórico del saber médico moderno. Tradicionalmente ha existido la costumbre de comprender los eventos del pasado como actos de creación efectuados por los sujetos mismos. Las historias lineales, justamente, relatan la sucesión de hechos de una forma continua y progresiva. Las rupturas y los cambios son dados por unos personajes que irrumpen en el flujo continuo de la historia añadiendo su particular sello. Comprender la forma cómo nace la clínica, en la perspectiva de Foucault, es una renuncia radical a dicha perspectiva. Es cierto. Con Xavier Bichat aparece el método anatomoclínico, estrategia revolucionaria dentro de la comprensión de la medicina moderna. Pero esto último sólo fue posible gracias al conjunto de desplazamientos que se alternaron conjuntamente en la vida económica, en las transformaciones políticas y el pliego institucional y formativo de las escuelas médicas. El nacimiento de la clínica ofrece entonces una interesante conclusión en términos metodológicos: en un lapso de tiempo, entre las postrimerías del siglo XVIII y los inicios del siglo XIX, se estructuró un nuevo conocimiento del hombre enfermo; conocimiento que no ha

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dependido de un acto fundacional sino de una confusa concatenación de acontecimientos múltiples.

Los códigos estructurales imperantes en la medicina del siglo XVIII no ubicaban la enfermedad en el cuerpo. El hombre enfermo y finito era reducido ante la guía de una enfermedad hecha idea (una concepción universal e infinita). Lo importante era el cuadro: “A la pura esencia nosológica, que fija y agota sin residuo su lugar en el orden de las especies, el enfermo añade, como otras tantas perturbaciones, sus predisposiciones, su edad, se género de vida, y toda una serie de acontecimientos, que con relación al núcleo esencial representan accidentes. Para conocer la verdad del hecho patológico, el médico debe abstraerse del enfermo” (22). Empero, con el nacimiento de la clínica la mirada médica no reduce, sino que constituye al individuo como escenario legítimo en el cual se posa la enfermedad (8): “La enfermedad se desprende de la metafísica del mal con la cual, desde hacía siglos, estaba emparentada; y encuentra en la visibilidad de la muerte la forma plena en la cual su contenido aparece en términos positivos” (276). Ahora, la estructura corporal se convierte en una realidad tangible, que se enferma, no una mera superficie natural que encuentra correspondencias con un marco nosológico. El hombre enfermo será comprendido, no ya como una entidad anónima subordinada a un orden ideal, sino como una estructura lábil, precaria y finita.

Para Didier Eribon, es en este punto donde la arqueología de la clínica se encuentra con Las palabras y las cosas (Eribon 208). La nueva estructura del saber médico será una apuesta por conformar una ciencia de los individuos. Se trata de un saber que produce sujetos. Ahora los animales humanos tendrán una comprensión de lo que son a partir de una concepción objetiva de su ser. En este caso, se es sujeto en la medida en que se es objeto del saber^1. Ya en los primeros capítulos del nacimiento

1 En Las palabras y las cosas Foucault hablará de la aparición del hombre ante la disolución de la episteme de la representación de la época clásica y el surgimiento de la biología, la lingüística y la economía. Antes del siglo XIX el hombre no existía, pues se diluía en un orden natural. Esto puede vislumbrarse, por ejemplo, en la medicina de las especies planteada por el médico inglés homas Sydenham, donde sólo interesaba el cuadro nosológico; cuadro

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“irreflexiva” en el proceder de Foucault, ella sintetiza el sentido de un análisis histórico concentrado en investigar las razones por las cuáles “una ciencia determinada comenzó a existir y asumir unas cuantas funciones en nuestra sociedad” (Foucault, “¿Qué es la arqueología?” 268). En efecto, la arqueología no busca descubrir estructuras atemporales, sino condiciones de posibilidad. El relato sobre la medicina moderna fue una investigación que mostraba cómo la Revolución Francesa modificó las reglas que dieron vida al discurso médico. Era necesario realizar un acto de “excavación” para identificar dichas reglas. Sin embargo, los alcances del recurso metodológico emprendido en esta obra no abarcan propiamente el plano de las relaciones de poder tal y como serán comprendidas por el propio Foucault durante la década de los setentas^2. Indudablemente, en la investigación sobre la emergencia del discurso médico moderno existe un exhaustivo análisis de las instituciones administrativas, formativas y hospitalarias en tanto sedimentos que soportan la experiencia de la clínica; una identificación un tanto “anárquica” del conjunto de prácticas económicas y sociales que hicieron posible una medicina científica, pero no una mirada a los intersticios cotidianos y a las “tecnologías de poder” que explicara la constitución del saber médico-clínico y la forma como éste se incorpora tanto en la vida social como en la vida de los sujetos. El interés de esta primera aproximación sobre la medicina moderna por parte

2 En una entrevista intitulada “Verdad y poder”, Foucault plantea que La historia de la locura y El nacimiento de la clínica buscaban mostrar cómo se modiicó toda una política del enunciado que rige determinados juegos de verdad. Sin embargo, reconoce el ilósofo francés que dicho asunto no fue lo suicientemente explicado: “Pero lo que le faltaba a mi trabajo era este problema del “régimen discursivo”, los efectos del poder propios de este juego enunciativo. Lo confundía demasiado con la sistematicidad, la forma teórica o algo como el paradigma. En el punto de conluencia entre La Historia de la locura y Las palabras y las cosas estaba, bajo dos aspectos muy diferentes, este problema central del poder que entonces ya había aislado insuicientemente” (Foucault, “Verdad y poder” 132). Más adelante, Foucault atribuye a la situación política e intelectual de dicha época la incapacidad para abordar con mayor detenimiento la temática del poder: “No veo de qué lado —a derecha o a izquierda— podía haberse planteado el problema del poder. A la derecha, no se planteaba más que en términos de constitución, de soberanía, etc., es decir, en términos jurídicos; del lado del marxismo, en términos de aparato de Estado. El modo como se ejercía concretamente y en el detalle, con su especiicidad, sus técnicas y sus tácticas, no se buscaba; bastaba con denunciarlo en el “otro”, en el adversario, de un modo a la vez polémico y global…” (134-135)

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de Foucault se centra en el nacimiento de un saber a partir de elementos heterogéneos que son atisbados de una manera todavía muy amplia y desordenada. Por otra parte, dicho relato sobre la clínica plantea cómo se constituye un sujeto a partir de su objetivación, pero no explica el proceso y la formación de ese sujeto. El discurso médico plantea una verdad del hombre: su finitud. A partir de dicha revelación se constituye un modo de subjetivación. Pero la pregunta que queda por resolver es el cómo, todo el complejo trayecto que explica la incorporación de la racionalidad médica en los cuerpos de los seres humanos. La arqueología de la mirada médica ha permitido ver la formación de un saber y sus efectos en torno a la comprensión del hombre, pero no explica el proceso y la constitución de ese hombre.

Hacia la década de los setentas el tema de la medicina es tratado nuevamente por Foucault, pero esta vez desde una perspectiva que resulta mucho más satisfactoria en el momento de acceder a los cruces y luchas que producen unas formas específicas de subjetivación. En términos generales, el marco metodológico utilizado por el filósofo francés ha variado, y esto, por supuesto, tendrá efectos importantes sobre la forma como será abordado no sólo el discurso médico sino el resto de sus obras (Fassin 32). El texto que mejor refleja esta metamorfosis metodológica fue publicado en 1971 bajo el título Nietzsche, la genealogía, la historia (Foucault, “Nietzsche” 21). Animado por vislumbrar aquello que hay debajo de la aparente estabilidad y solidez del presente, el recurso genealógico busca comprender cómo todo ese conjunto de prácticas que se conciben como naturales llegaron a consolidar dicha forma. Para el filósofo francés: “Lo que nos parece hoy maravillosamente abigarrado, profundo, lleno de sentido, se debe a que una multitud de errores y de fantasmas lo han hecho nacer, y lo habitan todavía en secreto” (21)

De esta forma, el “historiador efectivo” descrito por Foucault se ocupa de las meticulosidades y los azares del comienzo, de esa vida ordinaria que sólo puede abordarse en su singularidad a través de una mirada escrupulosa que no se niegue a ver en la superficialidad de lo pequeño aquello que está haciéndose. Problemáticas, tensiones, estrategias, accidentes,

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importante de libros y artículos que se ha escrito desde hace por lo menos treinta años. A partir de diferentes ámbitos se han problematizado cuestiones vinculadas a la teoría y la filosofía política, el derecho, la geopolítica y las ciencias de la vida. Mientras que muchos consideran que dicho concepto es definitivo para entender las dinámicas políticas y económicas actuales (Hardt y Negri), otros ven en este término un anacronismo (Han, “Psicopolítica”). Al margen de tal discusión, el concepto biopolítica abre tres campos que permiten entender la forma como la medicina forjó la sociedad moderna. Se trata de los ejes biopolítica-medicina, biopolítica- racismo y biopolítica-gubernamentalidad. El primero de estos dominios fue desplegado en diferentes conferencias ofrecidas en el año de 1974 en Río de Janeiro. El segundo eje fue desarrollado en el curso del Collège de France intitulado Defender la sociedad (Foucault, “Defender”). Finalmente, el eje biopolítica-gubernamentalidad se anunciaba en el curso de 1978 (Foucault, “Seguridad”). Sin embargo, este último no será trabajado aunque abrirá otras alternativas de investigación.

Biopolítica-medicina. Respecto a la relación biopolítica-medicina hay que plantear varias cosas. Hablar de una medicina individual marcada por la relación médico-enfermo remite a una medicina social. La medicina privada, clínica, se encuentra enmarcada dentro de una política de la salud que comenzó en el siglo XVIII y que desde entonces no ha parado de intervenir la sociedad (Foucault, “La política de la salud”). El discurso médico no sólo ha sido un componente accesorio que se integra a un conjunto de instituciones. Las sociedades modernas han tomado forma gracias no sólo a todo un conjunto de terminologías médicas y biológicas (la división entre lo normal y lo patológico es la más evidente), sino también porque las racionalidades políticas empezaron a usufructuar las racionalidades médicas para forjar un orden moral específico. De esta manera, mecanismos dirigidos a atenuar las enfermedades y a promover el bienestar general comenzaron a incorporarse dentro de las vidas de los seres humanos modernos: diversas instituciones públicas empezaron a preocuparse por la frecuencia de las enfermedades, su gravedad y duración; también comenzó a caracterizarse la colectividad en términos de índices de mortalidad, duración media de vida, esperanza de vida

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para cada franja etaria, etc. (213). De igual forma, habrá una integración parcial de la medicina en los modos de vida, la alimentación, la vivienda, la manera de gobernar los niños: “La medicina ya no es una mera técnica importante en esa vida y esa muerte de los individuos ante las cuales las colectividades nunca son indiferentes; se convierte, en el marco de decisiones de conjunto, en un elemento esencial para el mantenimiento y el desarrollo de la colectividad” (213).

Una progresiva medicalización de la sociedad empieza a configurarse a partir del siglo XVIII en algunas naciones europeas. Los medios empleados para lograr tales objetivos fueron, por ejemplo, la medicalización de la institución familiar y las reformas en los hospitales^3. En este sentido, las formas iniciales de domesticación humana en el mundo moderno fueron de carácter físico, insertando a los niños en prácticas como la higiene, la limpieza y los cuidados físicos. “La familia ya no debe ser exclusivamente una red de relaciones que se inscribe por ello en un estatus social, un sistema de parentesco, un mecanismo de transmisión de bienes. Debe convertirse en un medio físico denso, saturado, permanente, continuo, que envuelva, mantenga y favorezca el cuerpo del niño” (219). La institución primigenia de la familia deviene entonces en una máquina antropológica^4 encaminada hacia la formación de las mejores condiciones posibles de un ser humano. El cuerpo lábil y precario se inserta dentro de una trama de ideales que pretenden forjar una estructura somática sana, limpia, fuerte y productiva.

3 Aspectos fundamental dentro de las reformas de los hospitales fue la incorporación de la disciplina como técnica de gestión espacial: “Con la aplicación de la disciplina del espacio médico y por el hecho de que se puede aislar a cada individuo, instalarlo en una cama, prescribirle un régimen, etc., nos vemos conducidos hacia una medicina individualizante. En efecto, el individuo será observado, vigilado, conocido, curado. El individuo surge como objeto del saber y de la práctica médica. Pero, al mismo tiempo, por el sistema del espacio hospitalario disciplinado se puede observar a un gran número de individuos. Los registros obtenidos diariamente, cuando se comparan con los de otros hospitales y con los de otras regiones, permiten estudiar fenómenos patológicos comunes a toda la población. Gracias a la tecnología hospitalaria, el individuo y la población se presentan simultáneamente como objetos del saber y de la intervención de la medicina” (Foucault, “La incorporación” 110) 4 Este concepto es tomado del ilósofo italiano Furio Jesi (Agamben 58)

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de biopolítica ahora se emplea no sólo como punto de comprensión para entender la emergencia de una medicina individual, sino como la ramificación de aparatos que inscribieron al racismo y la guerra en las dinámicas del Estado. Las iniciativas por mejorar la población en términos biológicos permitirán hacer desaparecer a las especies inferiores, esto es, a los anormales, los degenerados, etc., garantizando así un cuerpo social fuerte y vigoroso. Además, hay que tener presente que dichas políticas vitales se encontraban inmiscuidas dentro de intereses geopolíticos y colonizadores. Al interior de las poblaciones debe hacerse vivir, “dar forma a un pueblo”. La eliminación de la alteridad se realizará en nombre del fortalecimiento biológico. Lo mismo podría decirse en torno a la justificación de las guerras. Éstas ya no se harán para defender al soberano, sino que tendrán como norte el mejoramiento de la raza: “Fue en tanto que gerentes de la vida y la supervivencia, de los cuerpos y la raza, como tantos regímenes pudieron hacer tantas guerras, haciendo matar a tantos hombres” (Foucault, “La voluntad de saber” 176). En este caso, la muerte es sólo el efecto de una necesidad que se tiene por vivir y que comenzó a desplegarse con el biopoder. La desaparición de las “otras” vidas sería el reflejo inevitable de la superioridad y fuerza de la vida propia.

En el plano de su funcionamiento, estos procedimientos deben comprenderse como una tecnología de doble faz. La potencialización de la vida sólo fue posible a través de mecanismos microfísicos y globales, esto es, un polo “molar”, centrado en el cuerpo, y un poder global orientado hacia la especie. La individualización de los mecanismos de poder presentada en el siglo XVII por medio de la disciplina es sólo una expresión embrionaria de un poder que pretende organizar la vida masivamente. Con el nacimiento de la estadística y la economía, por otra parte, se pudo gobernar a las poblaciones al ver en ellas regularidades que las hacían más o menos predecibles. “Las disciplinas del cuerpo y las regulaciones de la población constituyen las dos expresiones alrededor de las cuales se desarrolló la organización del poder sobre la vida” (168). El discurso médico dentro de este panorama es sólo un saber que apoya a este conjunto de técnicas. Puede proceder individualmente a través prescripciones, órdenes, morales; pero también puede encontrar un

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margen de aplicación global al insertarse a mecanismos de seguridad que regulan dimensiones más amplias. Esto significa que los dos extremos del biopoder no se presentan de manera separada. La sexualidad, que fue objeto importante del saber médico durante el siglo XIX, se manifestaba como un campo sobre el cual recaían los dos rostros del poder moderno. Los adiestramientos, las disciplinas, la economía corporal, estaban acompañados de una regulación de las poblaciones. Ello explica la persecución y el conjunto de racionalidades detalladas que se posan sobre los cuerpos de los niños, pero también el auge de campañas de masivas provenientes del discurso médico (177).

El afán de crecer, de hacer potente la vida, problematizó entonces los diferentes dominios humanos que parecían ser proclives a la negatividad: las enfermedades, los “vicios”, todo el conjunto de prácticas capaces de degenerar la raza. Estos diferentes elementos son los que deben ser removidos con los trazos de la razón; trazos que fueron ejecutados por maquinarias encargadas de esculpir al hombre nuevo; ese hombre que a partir del crecimiento propio se ve ante la necesidad de eliminar al otro para seguir creciendo.

Biopolítica-gubernamentalidad. Por último, el eje biopolítica- gubernamentalidad fue el trazado de un marco investigativo que no logró cristalizarse. Aun así, las puertas que abrirá esta trayectoria conceptual resultarán significativas para la formulación de nuevas problemáticas. En 1978, en la primera lección del curso Seguridad, territorio y población, Foucault plantea que trabajará algunas lecciones sobre el biopoder (Foucault, “Seguridad”). Sin embargo, tal tentativa no será ejecutada. Por otra parte, a pesar de que en 1979 se pronostica una investigación más profunda sobre la biopolítica (Foucault, “The birth of biopolitics”), ésta termina siendo una investigación sobre el liberalismo y el neoliberalismo. Como lo señala Santiago Castro-Gómez, el tema de la gubernamentalidad aparece como grilla de inteligibilidad de las relaciones de poder en su conjunto (Castro-Gómez 55). El asunto del biopoder, por tanto, se diluye en el marco general de la gubernamentalidad. La cuestión ahora no pasa en potenciar la vida y nutrir la existencia biológica de las poblaciones. Lo

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mismo Foucault pretendió darle en la década de los setentas del siglo XX. Por una parte, como lo señalan Rabinow y Rose, el concepto usualmente ha sido tomado para referirse al proceso de generación de energía de materiales biológicos renovables o para señalar diferentes causas ecológicas y medioambientales que puedan resultar potencialmente dañinas para la vida (Rabinow y Rose 197). En una dirección similar, Thomas Lemke se encuentra con que dicho término es usado para discutir la prevención frente al SIDA y el cambio demográfico, así como para referirse a la promoción de la investigación médica, la regulación legal del aborto y otras consideraciones (Lemke 1). Por otra parte, esta noción se ha convertido en una especie de supra-concepto a través del cual se pretende explicar las lógicas globales de dominación emprendidas por las corporaciones multinacionales. Tal es el uso que Michael Hardt y Antonio Negri ofrecen al término biopolítica al ver en ésta una forma de poder que se extiende globalmente a través de las profundidades de la conciencia y los cuerpos de las poblaciones (Hardt y Negri 39).

Rabinow y Rose han ofrecido una lectura lo más ajustada posible a los lineamientos de análisis ofrecidos por Foucault. En este sentido, podría verse en algunos de sus trabajos una importante continuación del inconcluso eje biopolítica-gubernamentalidad referenciado páginas atrás. Inicialmente debe tenerse presente que las sociedades actuales están orientadas por una racionalidad neoliberal o, como diría el propio Rose, tecnologías liberales avanzadas (Rose, “Governing “advanced” liberal democracies”). Es en ese marco donde debe comprenderse el poder sobre la vida hoy. Los Estados, por ejemplo, han intentado liberarse cada vez más de las diferentes responsabilidades adquiridas durante el siglo XX promoviendo un tipo de sociedad donde los individuos asuman individualmente sus enfermedades y accidentes. Muchas de esas responsabilidades fueron trasferidas a empresas privadas o grupos de profesionales regulados a distancia mediante auditorias. También se ha conminado a través de diferentes medios a los individuos para que se hagan cada vez más responsables de su propia fortuna (Rose, “The politics of life itself: biomedicine, power and subjectivity in the twenty first century” 3-4).

DIEGO ALEJANDRO ESTRADA MESA

Escritos • Vol. 23 • No. 51 • Julio - diciembre (2015)

En ese orden de ideas, para Rose y Rabinow hablar de biopolítica en la actualidad implica tener en consideración los siguientes aspectos. Primero, diferentes discursos de verdad sobre el carácter vital de la existencia humana y todo un ensamblaje de autoridades competentes para hacer jugar esas verdades instaladas en el mercado (aquí podría hablarse de una amplia gama de expertos somáticos: nutricionistas, dietistas, odontólogos, profesores de gimnasia, psicoterapeutas, genetistas etc.). Segundo, estrategias de intervención sobre las poblaciones en nombre de la vida y la salud no necesariamente vinculadas a territorios nacionales sino a razas, etnias, géneros o formas emergentes de “ciudadanía biológica”. Finalmente, modos de subjetivación donde los individuos son llevados a trabajar sobre sí mismos, a hacerse cada vez más activos y responsables en la gestión de su existencia corporal (Rabinow y Rose 197).

En medio de este nuevo panorama debe anotarse que la medicina está viviendo considerables mutaciones. Como lo remarcó Foucault, la clínica tuvo su origen a partir de una multiplicidad de eventos y problemáticas que exigieron respuestas institucionales. En el caso actual, el discurso médico sufre diferentes variaciones que son arrastradas por asuntos muy distintos. Al respecto, Rose plantea que los objetos de intervención de la racionalidad médica se han extendido cada vez más. La gestión de la enfermedad y de la muerte, la administración y monitorización de la reproducción, el gobierno del riesgo y el mejoramiento del cuerpo sano son sólo dominios que evidencian que la vida humana se encuentra enteramente medicalizada. El poder médico es cada vez más protagónico dentro de la constitución de la sociedad contemporánea. Comenzando el siglo XIX la medicina se dotaba de una claridad epistemológica con los aportes del método anatomoclínico. La clínica monopolizaba la mirada ubicando la enfermedad en el cuerpo. No obstante, los importantes cambios que actualmente se adelantan en el campo de las ciencias biológicas han condicionado de una forma importante la racionalidad médica y sus formas de acceder a la enfermedad. La perspectiva de grandes clínicos como Bichat o Corvisart se posaba sobre una dimensión “molar”, esto es, los tejidos, los órganos, la sangre. Hoy, el examen del