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RELACIONES INTERNACIONALES, Apuntes de Historia

Asignatura: historia, Profesor: , Carrera: Derecho + Relaciones Internacionales, Universidad: Nebrija

Tipo: Apuntes

2015/2016

Subido el 29/02/2016

chelero1970
chelero1970 🇪🇸

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Revista Académica de Relaciones Internacionales, núm. 10, febrero de 2009, GERI UAM
ISSN 1699 3950
www.relacionesinternacionales.info
1
Radicalización y Diferencia: ¿Hacia una nueva bipolaridad?
Jesús ROGADO*
GRAY, John, Black Mass. Apocalyptic Religion and the Death of Utopia, Ed. Farrar, Straus
and Giroux, Nueva York, 2007.
KAGAN, Robert, El Retorno de la Historia y el Fin de los Sueños, Ed. Taurus-Santillana,
Madrid, 2008.
TODOROV, Tzvetan, El Miedo a los Bárbaros, Ed. Círculo de Lectores, Barcelona, 2008.
“If other cultures are stages on the way to a global civilization that already exists in the
US, there is no need to understand them since they will be son part of America. The
effect of this adamant universalism is to raise an impassable barrier between America
and the rest of humanity that precludes serious involvement in nation building1
“Puede que no se llegue a la guerra, pero probablemente la competición global entre
gobiernos democráticos y autocráticos se convertirá en un rasgo dominante del mundo
del siglo XXI”
John
GRAY.
2
“Barbarie y civilización se parecen menos a dos fuerzas que luchan por la supremacía
que a dos polos de un eje, a dos categorías morales que nos permiten evaluar actos
humanos concretos”
Robert KAGAN.
3
En la navidad de 1991 Mijail Gorbachev dio el último de una serie de pasos que
marcarían un antes y un después en la historia de las relaciones internacionales. El día
Tzvetan TODOROV.
1 GRAY, John, Black Mass. Apocalyptic Religion and the Death of Utopia, Ed. Farrar, Straus and Giroux, Nueva
York, 2007, p. 160.
2 KAGAN, Robert, El retorno de la Historia y el Fin de los Sueños, Ed. Taurus-Santillana, Madrid, 2008, p. 114.
3 TODOROV, Tzvetan, El Miedo a los Bárbaros, Ed. Círculo de Lectores, Barcelona, 2008, p. 44.
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ISSN 1699 – 3950

www.relacionesinternacionales.info

Radicalización y Diferencia: ¿Hacia una nueva bipolaridad?

Jesús ROGADO*

GRAY, John, Black Mass. Apocalyptic Religion and the Death of Utopia , Ed. Farrar, Straus and Giroux, Nueva York, 2007.

KAGAN, Robert, El Retorno de la Historia y el Fin de los Sueños , Ed. Taurus-Santillana, Madrid, 2008.

TODOROV, Tzvetan, El Miedo a los Bárbaros , Ed. Círculo de Lectores, Barcelona, 2008.

“If other cultures are stages on the way to a global civilization that already exists in the US, there is no need to understand them since they will be son part of America. The effect of this adamant universalism is to raise an impassable barrier between America and the rest of humanity that precludes serious involvement in nation building”^1

“Puede que no se llegue a la guerra, pero probablemente la competición global entre gobiernos democráticos y autocráticos se convertirá en un rasgo dominante del mundo del siglo XXI”

John GRAY.

2

“Barbarie y civilización se parecen menos a dos fuerzas que luchan por la supremacía que a dos polos de un eje, a dos categorías morales que nos permiten evaluar actos humanos concretos”

Robert KAGAN.

3

En la navidad de 1991 Mijail Gorbachev dio el último de una serie de pasos que marcarían un antes y un después en la historia de las relaciones internacionales. El día

Tzvetan TODOROV.

(^1) GRAY, John, Black Mass. Apocalyptic Religion and the Death of Utopia , Ed. Farrar, Straus and Giroux, Nueva York, 2007, p. 160. 2 3 KAGAN, Robert, El retorno de la Historia y el Fin de los Sueños, Ed. Taurus-Santillana, Madrid, 2008, p. 114. TODOROV, Tzvetan, El Miedo a los Bárbaros, Ed. Círculo de Lectores, Barcelona, 2008, p. 44.

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25 de diciembre, Gorbachev, entonces Secretario General del Partido Comunista de la Unión Soviética y Presidente de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS), dejó sus cargos y oficializó el traspaso de poderes a su sucesor, Boris Yeltsin. Esa noche, la bandera de la hoz y el martillo se arrió en el Kremlin por última vez. A la mañana siguiente, se izó la enseña tricolor de la Federación Rusa. Comenzaba entonces una nueva etapa, pero sobre todo terminaba otra: la Guerra Fría había concluido.

Durante los años inmediatamente posteriores a la desintegración de la Unión Soviética fueron muchos los que se apresuraron a anunciar que Occidente había vencido, que la democracia liberal y el capitalismo se habían impuesto al autoritarismo socialista que practicaba la URSS. El panorama aparecía despejado y a ambos lados del atlántico se saludaba a una nueva era de libertad y prosperidad – encarnadas en democracia y capitalismo para todos – en la que el mundo podría dejar de preocuparse por una eventual destrucción en una confrontación nuclear entre las dos superpotencias. Desde el punto de vista geopolítico se pasó de la bipolaridad a la hegemonía, con Estados Unidos (EEUU), henchido de orgullo, reclamando su puesto a la cabeza de los asuntos globales^4 y sin una amenaza clara que pudiera hacerle sombra. Fue esta la época del fin de la historia^5 y de la ilusión liberal de la paz democrática^6

(^4) “En el terreno económico, los dos mandatos de Clinton [1993-2001] abocaron en una recuperación del dólar y un inédito superávit presupuestario. Al amparo de estos éxitos, Estados Unidos alentó la creación de la Organización Mundial del Comercio (OMC) (…). Por si poco fuese, Estados Unidos disponía de ingentes capacidades de control sobre organismos tan significados como el Fondo Monetario, el Banco Mundial o la propia OMC, hecho que por sí solo colocaba a Washington en lugar preeminente en el proceso de globalización.”. Por lo que se refiere a la esfera militar, la presencia de las fuerzas armadas estadounidenses se extendía a lugares como Corea, Taiwan, Kosovo o el Golfo Pérsico, pero “[e]l mejor signo de la creciente influencia de Estados Unidos lo aportaba acaso el control ejercido sobre procesos de paz como los desplegados en Bosnia, Irlanda del Norte o el Oriente Próximo (…). El ascendiente de Estados Unidos, a menudo ejercido en tensa relación con Naciones Unidas, se revelaba también, en fin, a través de embargos como los decretados contra Cuba, Irak, Irán, Libia o la Yugoslavia que forman Serbia y Montenegro.”. Para ambas citas véase TAIBO ARIAS, Carlos, “Problemas Actuales de las Relaciones Internacionales”, en PEREIRA, Juan Carlos (Coord.), Historia de las Relaciones Internacionales Contemporáneas 5 , Ed. Ariel, Barcelona, 2001, p. 553. Esta es la célebre tesis de Francis Fukuyama, que afirmaba a principios de los años noventa del pasado siglo que la democracia liberal capitalista era el sistema político y social definitivo, pues era capaz de poner fin de una vez por todas al desarrollo dialéctico progresivo de la historia y resolver las contradicciones sistémicas de los modelos político-económicos anteriores. Para él, la democracia liberal, en conjunción con el capitalismo, suponen el fin de la historia en tanto que punto de llegada inevitable en el proceso de la evolución ideológica común a la especie humana. Así, Fukuyama afirma lo siguiente: “[T]here is a fundamental process at work that dictates a common evolutionary pattern for all human societies – in short, something like a Universal History of mankind in the direction of liberal democracy.” Véase FUKUYAMA, Francis, The End of History and the Last Man , Ed. Free Press, Londres, 2006 (original 1992), p. 48.

(^6) La idea de la paz democrática supone una revisión moderna del pensamiento de la paz perpetua, entre regímenes republicanos organizados en una federación de ámbito supranacional, de Immanuel Kant. Michael Doyle es el autor más representativo de esta escuela, que defiende que los regímenes políticos democrático- liberales no se hacen la guerra entre sí. La explicación que Doyle da es que surge entre ellos una confianza que atenúa la anarquía internacional, lo que se traduce en una mayor cooperación interestatal. La caída de los regímenes socialistas y la ocupación de su espacio político por las democracias liberales a principios de la década de los noventa del siglo pasado parecía propicia para que se hiciera realidad el viejo sueño kantiano. Para profundizar en estas cuestiones véase DOYLE, Michael W., “Kant, Liberal Legacies and Foreign Affairs”, en Debating the Democratic Peace (An International Security Reader) , BROWN, Michael E., LYNN-JONES, Sean M., MILLER, Steven E. (Eds.), MIT Press, Cambridge, 1996 (original “Kant, Liberal Legacies and Foreign Affairs”

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en su esencia y, en consecuencia, enfrentados de manera inevitable hasta la derrota definitiva de uno de ellos^7

Black Mass no es únicamente un libro sobre geopolítica contemporánea, sino también, siguiendo la estela de otros pensadores británicos como Edward Hallett Carr

John Gray – La Radicalización de los Estados Unidos de América

(^8) , una

magnífica crítica del pensamiento utópico en política. Utopía hace referencia de uno u otro modo a una situación política o social ideal de alta virtud o perfección, y es un término derivado del griego que significa literalmente no-luga r ( οu – τόπος ). La utopía puede aparecer en el pensamiento humano bien como un pasado perdido^9

(^7) Tal y como recuerda oportunamente John Gray, mientras que el cristianismo posee una visión teleológica de la historia que cree en una ascensión progresiva y constante de los seres humanos hasta la derrota definitiva del mal y la salvación del alma, el maniqueísmo contempla el proceso histórico como una guerra eterna entre la luz y la oscuridad en la que no puede haber un vencedor. Se trata, en este caso, de un ciclo constante de corrupción y regeneración. Al respecto GRAY, John, 8 Black Mass (op. cit.). Carr somete a examen el pensamiento de Woodrow Wilson y los pensadores idealistas del período de Entreguerras del siglo XX, proponiendo una suerte de síntesis entre el realismo político y el utopismo. En palabras del propio autor, “hay una fase en la que el realismo es el correctivo necesario para la exhuberancia del utopismo, al igual que en otros períodos el utopismo debe ser invocado para contrarrestar la esterilidad del realismo.”. Véase CARR, Edward H., “La Crisis de los Veinte Años (1919-1939)” , Ed. Catarata, Madrid, 2004 (original 1939), p. 43. 9 En Hesíodo, por ejemplo, y su mito de las edades del hombre, incluido en su obra Los Trabajos y los Días , el ser humano atraviesa una serie de etapas correspondientes a distintos metales. La fase inicial es la edad de oro. La generación que vive en este período conoce la felicidad completa y representa la virtud máxima. El proceso histórico es, en este caso, degenerativo y regresivo, no progresivo.

o bien como una aspiración futura. La tesis que defiende Gray es, entre otras, la de que toda la Filosofía de la Historia cristiana, que fundamenta el pensamiento histórico de la Modernidad, está orientada hacia una utopía futura que comienza siendo ultraterrena y teniendo su frontera en las puertas del Reino de los Cielos, pero que progresivamente va adquiriendo un carácter telúrico e inmediato y dejando atrás su naturaleza celestial y ulterior. Entonces, según la presenta Gray, en un principio, la Filosofía de la Historia cristiana, que comienza a desarrollar en el siglo IV San Agustín, cree en un futuro utópico más allá de esta tierra. Con el milenarismo de Joachim de Fiore, en el siglo XII, el final de la historia se traslada al mundo y se convierte en una utopía político-religiosa. Ya en el siglo XVII, gracias a la influencia de los puritanos – muchos de ellos fundadores de la nación estadounidense – y del pensamiento científico de Francis Bacon, las leyes científicas naturales van sustituyendo poco a poco a la providencia divina como fuerza que empuja el proceso histórico. Con la secularización del siglo XVIII, el proceso se completa y el fin de la historia pasa a entenderse, gracias a pensadores como Immanuel

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Kant y Voltaire, no ya en términos utópico-religiosos, sino utópico-políticos^10. Para Gray es en este momento, con la regresión del pensamiento cristiano, cuando nace el utopismo político como fuerza ideológica realmente importante. Así, “[a]s we understand it today, utopianism began to develop along with the retreat of Christian belief. Yet the utopian faith in a condition of future harmony is a Christian inheritance, and so is the modern idea of progress.”^11

El repaso a esta genealogía del pensamiento utópico en política resulta útil porque permite establecer vínculos de relevancia entre esta última y la religión. Siguiendo a Gray, es precisamente este binomio político-religioso el que cobra pleno protagonismo en la radicalización de EEUU tras los ataques del 11 de septiembre. La premisa de la que parte Gray es la de que es a partir de este acontecimiento cuando se pone de manifiesto de modo palmario lo que él viene a denominar ‘pensamiento apocalíptico estadounidense’

(^12) , que entiende la política como una lucha de dimensiones épicas entre

el bien y el mal en la que corresponde a Washington un papel mesiánico o redentor. El sustrato religioso que hay detrás de esta comprensión del mundo delimita el camino seguido por los Estados Unidos desde su fundación, llevada a cabo en gran parte por migrantes puritanos e influida por los mitos milenaristas de la recreación del cielo en la tierra. Así, desde muy pronto los Estados Unidos asumen su ‘Destino Manifiesto’ como gran nación y agente redentor universal^13 encargado de llevar, siempre con la ayuda de Dios, la luz que impera dentro de sus fronteras a los rincones más oscuros del mundo. Es, sin embargo, tras el 11 de septiembre, cuando las ideas cristianas que se encontraban presentes en influyentes personajes de la élite política de Washington^14 y fluían bajo la superficie del imaginario social americano^15

(^10) Para un itinerario más completo del viaje de la Filosofía de la Historia occidental desde el cristianismo a las utopías políticas modernas puede acudirse a NISBET, Robert, Historia de la Idea de Progreso , Ed. Gedisa, Barcelona, 1996 o a LÖWITH, Karl, Historia del mundo y salvación. Los Presupuestos Teológicos de la Filosofía de la Historia 11 , Ed. Katz, Buenos Aires, 2007. 12 GRAY, John,^ Black Mass… (op. cit.) , p. 21. Ibíd., p. 107.

afloran con toda su fuerza.

(^13) Las referencias al Destino Manifiesto de Estados Unidos como referente político y espiritual del mundo, en la que lo estadounidense adquiere una validez universal inmediata, no son un hecho aislado, sino que pueden encontrarse con frecuencia en los discursos de los Presidentes estadounidenses. Así, Woodrow Wilson, en su mensaje al Senado de Estados Unidos del 22 de enero de 1917 afirma hablar en representación de toda la humanidad, y posteriormente, en ese mismo discurso, tras referirse a los principios democráticos vigentes en su país, se expresa del siguiente modo: “These are American principles, American policies. We can stand for no others. And they are also the principles and policies of forward-looking men and women everywhere, of every modern nation, of every enlightened community. They are the principles of mankind, and must prevail”. Principios americanos, pero también principios globales, que deben ser compartidos por toda la humanidad, y por tanto expandidos en la medida de lo posible. La cita se extrae de http://www.gutenberg.org/dirs/etext04/whwar10h.htm#1 14. Es notorio que el propio ex Presidente George W. Bush es un ‘cristiano renacido’ o ‘reborn christian’ desde que a los 40 años dejó la bebida y se unió a la Primera Iglesia Metodista Unida. 15 Con imaginario social me refiero a una construcción intelectual mediante la cual las personas imaginan su existencia social a nivel individual y colectivo, lo que determina de modo apriorístico sus interacciones mutuas,

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está ordenada por el mismo Dios, entonces todo lo que hagamos bajo su égida está justificado. Encontramos entonces un ius ad bellum – derecho a hacer la guerra – que aparece como carta blanca para todo lo que hagamos en campo de batalla. Por su parte, el ius in bello – derecho aplicable en la guerra – puede deformarse e ignorarse a voluntad, convirtiéndose la guerra en un conflicto total en el que las reglas humanitarias humanas ceden en favor de las instrucciones divinas para la victoria.

Por último, si en la guerra de Estados Unidos contra el terror, en la que se incluyen las campañas de Afganistán e Irak^18 , se enfrentan un bando divino y otro demoníaco, la negociación entre ambos contendientes se vuelve imposible, puesto que el mal debe erradicarse por completo, y cualquier concesión a su causa supone una claudicación. La solución en un conflicto que recurre a estas figuras es únicamente la aniquilación completa de uno de los dos bandos, puesto que no hay entendimiento intermedio posible ni objetivos limitados. La guerra se convierte en una cruzada^19

La conclusión es la de que, los peligros de la entrada del fundamentalismo religioso en el diseño de la política exterior estadounidense supone un peligro evidente, puesto que, con Dios de su parte, todo lo que haga Washington está justificado. La intención de Gray en su último trabajo es, por tanto, denunciar este modo de pensar y defender una vuelta al pensamiento realista de objetivos limitados

de dimensión total destinada a destruir al enemigo religioso y a convertir al mundo a los verdaderos valores, en el caso de Afganistán e Irak aquellos que Washington atesora y que han sido revelados en el proceso histórico guiado por la sabiduría divina y a cuya cabeza se encuentra EEUU.

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(^18) Cabe recordar que uno de los motivos esgrimidos para atacar al régimen de Bagdad fueron las supuestas conexiones de Saddam Hussein con el complejo de al-Qaeda. Estos vínculos, sin embargo, nunca quedaron demostrados. 19 Tal y como la define Walzer, “[u]na cruzada es una guerra emprendida por motivos religiosos. Su objetivo no es la defensa de la ley ni la garantía de su cumplimiento, sino la creación de nuevos órdenes políticos y la conversión de las masas. Es el equivalente internacional de la persecución religiosa y la represión política y, obviamente, es un acto excluido por el argumento de la justicia”. En WALZER, Michael, Guerras Justas e Injustas… (op. cit.) 20 , p. 165. Esta es una idea que Gray presenta en profundidad en un trabajo anterior que defiende la articulación de un proyecto político de modus vivendi que no busca una convergencia última en valores comunes para todos los seres humanos, sino que es más bien un boceto para la coexistencia pacífica de diversos grupos sociales, depositarios de distintos modos de vida, tradiciones y valores, que, con un consenso de mínimos previo, renegocian en el marco de instituciones comunes los compromisos puntuales necesarios para la convivencia. El modus vivendi “continúa la búsqueda liberal de la coexistencia pacífica, pero lo hace dejando atrás la creencia en que un modo de vida o único tipo de régimen podrían resultar ser los mejores para todos”. Véase GRAY, John, Las Dos Caras del Liberalismo , Ed. Paidós, Barcelona, 2001 (original 2000), p. 159.

que disipe lo que él entiende como la gran ilusión del pensamiento utópico y político-religioso.

Robert Kagan – La Nueva Bipolaridad

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Kagan se ocupa en su libro El Retorno de la Historia y el Fin de los Sueños de algunas de las ideas que trata Gray en Black Mass. Las referencias a la ilusión utópico-liberal del fin de la historia en los años noventa del siglo pasado o la descripción de Estados Unidos como una potencia con un sentido de misión universal^21 que mantiene una fe inquebrantable en la legitimidad de su propio poder ocupan el buena parte de su discurso. No obstante, la idea principal que transmite Kagan, un neoconservador próximo a la Administración del ex Presidente George W. Bush, es que tras los ataques del 11 de septiembre de 2001, los conflictos internacionales se han reactivado. Desde la primera página, la obra de Kagan está impregnada de realismo político militante. Para él, la anomalía que siguió al derrumbe de la URSS, cuando aparecía en el horizonte “un nuevo tipo de orden internacional, en el que los Estados-nación se unificaban o desaparecían, los conflictos ideológicos se disolvían, las culturas se entremezclaban y había una libertad creciente en el comercio y en las comunicaciones”^22 no fue más que un espejismo. La divergencia y el conflicto político, pese a lo que vaticinó Fukuyama en 1993, no han concluido, sino que, si bien experimentaron un receso desde 1991 hasta 2001, están plenamente patentes en la actualidad. Así, Kagan entiende que “[l]as disputas por el estatus y la influencia en el mundo vuelven a ser rasgos principales de la escena internacional”^23

Esta nueva era de divergencia está marcada, además, por una nueva bipolaridad, a saber, la que existe entre los regímenes liberales, a cuya cabeza se encuentra Estados Unidos, y las autocracias, entre las que se cuentan Rusia y China, por un lado, y los islamistas radicales por otro. De este modo, “[e]l viejo antagonismo entre liberalismo y autocracia también ha resurgido, y las grandes potencias del mundo se alinean cada vez más de acuerdo con la naturaleza de sus regímenes”

(^24). Kagan destaca, por tanto, la

relevancia que presenta la diversa naturaleza de los regímenes políticos, algo que lo aleja hasta cierto punto del realismo clásico y el neorrealismo. Asimismo, su posterior idea de crear una suerte de concierto de democracias en torno a EEUU^25

(^21) Kagan lo pone del modo siguiente: “Los estadounidenses siempre habían considerado a su país la nación más importante del mundo y un líder predestinado. ‘La causa de Estados Unidos es la causa de toda la humanidad’, dijo Benjamin Franklin en tiempos de la Revolución Americana.” KAGAN, Robert, El Retorno de la Historia y el Fin de los Sueños … ( op. cit ), p. 20. Obsérvese la similitud entre las palabras de Franklin el discurso de Woodrow Wilson citado más arriba. 22 23 Ibíd. , p. 11. Ibíd. , p. 12. (^24) Ibíd.

se asemeja más

(^25) “Las democracias del mundo necesitan empezar a pensar en cómo proteger sus intereses y defender sus principios en un mundo donde éstos se ven de nuevo fuertemente contestados (…). Una posibilidad sería establecer un concierto o una alianza mundial de democracias, acaso de manera informal al principio, pero con

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balance, esto redunda en que sus argumentos se vean desterrados del terreno del análisis científico-social y se trasladen al campo de las meras opiniones.

Tzvetan Todorov – Bárbaros de Aquí, Bárbaros de Allí

Precisamente la tesis del choque de civilizaciones de Huntington ocupa un lugar destacado en el último libro de Tzvetan Todorov. Con un tono más divulgativo que científico, Todorov escribe en El Miedo a los Bárbaros acerca de la fractura entre lo civilizado y lo bárbaro. Esta es una dicotomía que acompaña a la comprensión bipolar del mundo de autores como Kagan, pero que ha estado presente en las relaciones internacionales a lo largo de toda la historia y, tal y como demuestran las justificaciones esgrimidas por Estados Unidos para atacar Afganistán e Irak^29 , sigue teniendo una fuerte relevancia en la actualidad. Para ilustrar la división entre civilización y barbarie, Todorov se refiere al debate entre universalismo moral y relativismo cultural. ¿Es posible juzgar a las culturas desde una tabla de valores monista y universal? ¿Puede ser la apelación a la cultura razón suficiente como para justificar determinadas prácticas lesivas, en términos físicos o psíquicos, para los seres humanos? Estas son preguntas muy pertinentes sobre las que Todorov se interroga. Para darles solución, su propuesta es definir lo civilizado de un modo objetivo y acultural, sin ligarlo a ninguna tradición de valores concreta, y presentarlo en términos de inclusión, tolerancia e hibridación fluctuante. Para Todorov, “[n]o podemos avanzar por la vía de la civilización sin haber admitido previamente la pluralidad de culturas. La negativa a tener en consideración visiones del mundo diferentes de la nuestra nos aleja de la universalidad humana y nos acerca a la barbarie. Por el contrario, avanzamos hacia la civilización cuando aceptamos que la humanidad de los representantes de otras culturas es igual a la nuestra”^30. El barbarismo, por el contrario, marca una ruptura entre el grupo de referencia propio y los demás grupos humanos. Así, “[l]os bárbaros son aquellos que niegan la plena humanidad de los demás”^31

(^29) En el caso de Afganistán la motivación principal de la campaña emprendida el 7 de octubre de 2001 por Estados Unidos fue la de derrocar un régimen que protegía a terroristas internacionales, pero también la de acabar con la crueldad bárbara que imperaba sobre las mujeres y aquellos que no profesaban la fe islámica. En cuanto a Irak, junto al argumento de las armas de destrucción masiva jamás encontradas, se hizo hincapié en la barbarie antidemocrática de un régimen torturador como el de Saddam Hussein. Las torturas a prisioneros que infligieron los estadounidenses tras la invasión en la prisión de Abu-Ghraib demostraron poco después, sin embargo, que la barbarie no es monopolio de los regímenes no democráticos. (^30) TODOROV, Tzvetan, El Miedo a los Bárbaros… ( op. cit. ), p. 56. (^31) Ibíd. , p. 33.

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Al presentar la categoría de lo civilizado en términos de tolerancia de lo extraño, Todorov formula un patrón de carácter universalista que le permite distinguir entre una pluralidad de culturas y un valor de civilización transcultural. De hecho, en un hábil movimiento, formula una categorización que se extiende a tres ámbitos distintos: cultura, lealtad y convicción. El primero de ellos es el de la nación, que determina la pertenencia cultural y se basa en el legado del pasado. El segundo plano es el del Estado, que comprende la identidad cívica y, con ella, la lealtad de los individuos como ciudadanos. El tercer y último ámbito es el de los valores políticos y morales, que marcan un determinado proyecto de futuro como comunidad política y a los que uno se adhiere por convicción. La civilización pertenece a este último campo porque es una categoría moral, no cultural, y por tanto, al igual que el barbarismo, no es monopolio de ningún grupo humano, sino que puede estar presente en dosis diversas en una u otra cultura. “La idea de civilización, en el sentido que permite oponerla a ‘barbarie’, forma parte de esos valores. Los apreciamos porque creemos que son buenos, no porque sean de nuestra exclusiva propiedad. Por lo demás, no es el caso, ya que todos estos valores tienen vocación universal y son efectivamente reivindicados, en diferentes medidas, en todo el mundo”^32

Esta última afirmación busca la conciliación entre grupos humanos y se opone completamente a la bipolaridad que anuncian tanto Kagan como Huntington y que es en parte deudora de la radicalización de Estados Unidos que refleja Gray en Black Mass. Para Todorov, Huntington confunde, consciente o inconscientemente, la civilización con el núcleo de valores occidentales. Al tiempo, toma las culturas como entidades cerradas donde la hibridación no es posible y que sólo interactúan con otros grupos culturales por medio del conflicto, no de la cooperación. Todorov entiende que no se trata de que el mundo occidental esté amenazado por un conjunto de entidades políticas autocráticas cuya identidad es irracional y bárbara por naturaleza. “[N]o son las identidades en sí mismas las que causan los conflictos, sino que son los conflictos los que convierten en peligrosas las identidades”

. Todorov considera que, tal y como demuestra el análisis histórico, todos somos capaces en uno u otro momento de llevar a cabo acciones bárbaras o inhumanas, pues ambas categorías – civilización y barbarie – forman parte de las características humanas naturales.

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(^32) Ibíd. , p. 116. (^33) Ibíd. , p. 139.

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enfrentan dos bandos irreconciliables por naturaleza y radicalizamos nuestra postura, lo más probable es que el otro bando se radicalice también. Las identidades generan identidades. En este sentido, las ideas de Kagan suponen más de lo mismo, una alianza democrática que trate de contener los cambios en el statu quo y prolongue la dominación occidental sobre el mundo. Todorov apuesta por incorporar una dimensión de justicia y fraternidad que, en determinados momentos resulta algo ingenua. La opción de vuelta al realismo prudente que Gray enuncia al final de Black Mass y desarrolla más profundamente en Las Dos Caras del Liberalismo puede suponer una opción válida en la que profundizar, pues si bien tiene un carácter realista, su modelo de modus vivendi toma en consideración una perspectiva de tolerancia moral de la que Kagan y otros realistas carecen.

*Jesús ROGADO es investigador en el área de Teoría de Relaciones Internacionales en el Departamento de Ciencia Política y Relaciones Internacionales de la Universidad Autónoma de Madrid.