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Asignatura: Redacción Periodística, Profesor: Enrique Arroyas, Carrera: Periodismo, Universidad: UCAM
Tipo: Apuntes
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Apuntes
Murcia 2009
[Apuntes de Reporterismo, Enrique Arroyas, Ucam, 2009] 5
1.1. La interpretación y las funciones del periodismo
Las principales funciones del periodismo están orientadas al cumplimiento de diferentes expectativas del público. Los objetivos que persigue están ligados a ciertas necesidades sociales. Pero ¿qué le demanda la ciudadanía al periodismo? Información de actualidad. Noticias sobre lo ocurrido en el mundo. Noticias en el amplio sentido de la palabra: relatos que den cuenta de todo aquello que haya acontecido y sea relevante, interesante y útil para las vidas de los ciudadanos. Por lo tanto, será tarea del periodismo difundir de forma oportuna las noticias, normalmente en cuanto son conocidas, profundizar en ellas de modo que se ofrezca una visión significativa de lo ocurrido y valorarlas desde un punto de vista moral para ayudar a la formación de opiniones entre el público. El periodismo da forma discursiva a estas funciones a través de los géneros periodísticos. Los géneros periodísticos reflejan la evolución del periodismo y se van modificando a la vez que las demandas sociales y los objetivos de la profesión periodística. El catedrático catalán Lorenzo Gomis (1997) defiende una clasificación de géneros en términos de función: “Un texto corresponde a un género porque tiene una función que cumplir y esa función se cumple mejor, de acuerdo con la experiencia de la profesión, si se da al texto aquella forma que la experiencia ha mostrado que permite apreciar mejor el contenido que trata de comunicar”. En esta línea, añade que “la función de la información es distinta de la función del comentario porque permite alcanzar fines distintos y satisfacer distintas necesidades sociales”.
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interesante, distingue lo importante de lo secundario, ordena los acontecimientos y los traduce a un lenguaje asequible, sitúa los sucesos en un contexto amplio que les dé significado y los ubica en un entorno que aumente la capacidad de comprensión del público, y, finalmente, juzga los sucesos desde diferentes perspectivas. En todo eso consiste en su esencia la compleja tarea del periodismo. Y de la solidez de este recorrido interpretativo dependerá que el periodismo cumpla con la función social que le da sentido: ayudar a “comprender nuestro mundo y el lugar que ocupamos en él” (Kovach y Rosenstiel, 2003: 264).
1.2. Evolución histórica del periodismo de interpretación
La interpretación es una característica del periodismo actual consolidada con el paso del tiempo ante la exigencia de análisis y explicación. Los estudiosos han situado el origen histórico del periodismo de interpretación en el periodo de entreguerras, en los años 20 del siglo pasado, cuando el modelo de periodismo objetivista cuya prioridad es la aséptica transmisión de noticias entra en crisis ante la demanda social de un mayor esfuerzo de explicación y orientación ante una realidad que los trágicos acontecimientos de principios de siglo habían hecho muy compleja. O al menos había aumentado la percepción de la complejidad del mundo (Muller, 1988). La exposición escueta de los hechos seguía siendo necesaria, pero ya no era suficiente para hacer inteligible la compleja situación mundial. La complejidad del mundo moderno exigía tanto la difusión de noticias como el esfuerzo por explicarlas. Uno de los impulsores de esta renovación en el periodismo fue el semanario Time, fundado en 1923 por Henry Luce y Britton Hidden con el objetivo de diferenciarse de los contenidos de la prensa diaria. Para ello se propone romper con el convencional relato objetivo de hechos centrándose
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en la explicación y el análisis. Su manifiesto fundacional es muy revelador de un estilo que tuvo mucho éxito y fue muy imitado: “No habrá página editorial en Time. Ningún artículo será escrito para argumentar un caso particular. Sin embargo, los periodistas reconocen que la neutralidad completa acerca de cuestiones públicas y de noticias de gran importancia es probablemente algo tan poco deseable como imposible, y están por lo tanto dispuestos a admitir que determinados prejuicios pueden condicionar en medida variable sus opiniones acerca de las noticias. (...) Esta revista no se crea para promulgar prejuicios liberales o conservadores. Tener al hombre bien informado –éste es, desde el principio hasta el final, el único eje que hará funcionar a esta revista. Este es un semanario de noticias, no de opiniones, y busca la controversia sólo cuando ésta sea necesaria para poner de relieve lo que las noticias significan”. El Timestyle, o técnica peculiar del lenguaje periodístico utilizado por Time, se basa en los siguientes factores:
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enviados por sus corresponsales en el extranjero, supuso un gran cambio en el periodismo. Desde Europa, y teniendo en cuenta que la prensa tenía un carácter más ideológico que en Estados Unidos, estas palabras de Albert Camus, escritas en los años 40 como una declaración de intenciones de la tarea de su diario Combat, resumen bien el nuevo compromiso del periodismo por reforzar su relevancia social como instrumento de interpretación de la realidad: “El periodista puede ayudar a la comprensión de las noticias mediante un conjunto de observaciones que den su alcance exacto a informaciones cuya fuente o intención no son siempre evidentes”. Aunque la prensa europea diera más valor que la americana a las opiniones que a los hechos, en ambos casos hay una coincidencia en la necesidad de asumir el reto de afrontar la complejidad de los acontecimientos y de profundizar en las noticias. Se trata, en definitiva, de un movimiento de renovación de un periodismo que por superficialidad (en el caso del abuso del sensacionalismo en Estados Unidos) o por adoctrinamiento (en la prensa ideológica europea) se alejaba de las expectativas del público. Mientras en Estados Unidos se hablaba de Interpretative Reporting, en Francia se acuñaba el término journalisme d’explication. En 1933, la propia American Society of Newspapers Editors resolvió: "Visto que el desarrollo de los acontecimientos nacionales e internacionales que son significativos, complejos y animados se produce más rápido que en ningún otro período de la historia reciente del mundo; y visto que hay nueva evidencia de que el hombre y la mujer en todos los aspectos de la vida están adquiriendo un profundo interés por los asuntos públicos, resolvemos que hay consenso en esta sociedad en que los editores deben dedicar una gran atención y espacio a la explicación e interpretación de las noticias y a presentar los antecedentes de la información que hagan posible al lector medio la comprensión más adecuada del mecanismo y
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significación de los hechos" (Muller, 1988). Este compromiso del periodismo con la sociedad al que responde la iniciativa del periodismo interpretativo recibió un fuerte respaldo con las conclusiones de la Comisión para Libertad de Prensa reunida entre 1943 y 1947 a iniciativa precisamente de la revista Time. La primera obligación de la prensa era entregar a la sociedad “un relato verdadero, amplio e inteligente de los acontecimientos del día en un contexto que les dé significado”. Proporcionar noticias es necesario, pero no suficiente. Tampoco lo es separar información y comentario. Es responsabilidad de la prensa, dirá la Comisión Hutchins, “informar la verdad acerca del hecho”. Y una muestra del reconocimiento explícito de la interpretación como esencia del periodismo es que incluso una agencia de noticias como la AP, paradigma de la información aséptica, asumía en 1943 que necesitaba renovar su modo de informar con “una información directa completamente objetiva que escarbara bajo la superficie y contara la verdadera historia”, según palabras de su director general, Kent Cooper. Interpretar, sopesar y explicar la historia cotidiana será desde entonces la pauta de conducta asimilada por el periodismo moderno. Actualmente, en un contexto de saturación de información, la demanda de relatos que expliquen las noticias y cuenten cómo ocurrieron las cosas es mayor que nunca. A esa aspiración periodística está orientado el género del reportaje.
1.3. La interpretación y la opinión
Se ha dicho que el periodismo es un proceso gradual de interpretación. Lo que significa que hay interpretación tanto en las noticias como en los reportajes, crónicas y entrevistas. No tiene mucho sentido, por lo tanto, hablar de géneros interpretativos como algo diferente de los géneros informativos. Las fronteras que separan a los diferentes grados de
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interpretar y opinar, y a continuación veremos de qué modo y con qué método el periodista puede cumplir el ideal de acercarse a la verdad y ayudar a que el público disponga de una información veraz. El periodismo de interpretación o de explicación no supone una ruptura de esta regla, pues interpretar no equivale a opinar. Su finalidad es informar ofreciendo al público los elementos indispensables para que pueda valorar los hechos. Pero decir que la interpretación es parte esencial de la información significa que el modo de presentar la noticia implica siempre una previa interpretación de su importancia. De ahí que no resulte tan fácil separar los “hechos” de los “juicios sobre los hechos”. Una forma de diferenciar la interpretación y la opinión es distinguir entre diversas categorías de juicios. Así lo hace Maciá Barber (2007): existen juicios analíticos que surgen de la observación de los hechos con sus antecedentes y sus relaciones con otros elementos de la actualidad, y que ayudan a explicar los hechos; juicios sintéticos, que surgen del conocimiento, a posteriori, de causas de los hechos, y que permiten aventurar probables consecuencias a partir de la experiencia; juicios disyuntivos, que dan una alternativa entre dos pociones para advertir sobre algo que puede ocurrir; y juicios categóricos, que de forma explícita y cerrada dan una opinión a partir de razonamientos o pruebas.
1.4. La interpretación y la objetividad
La implicación valorativa del periodista tampoco significa una renuncia a la objetividad como ideal de la información. Que un mismo hecho pueda ser interpretado de formas diferentes no significa que todas las formas de interpretar un hecho sean válidas: puede haber interpretaciones interesadas, sesgadas, incompletas, manipuladoras, desinformadotas, politizadas o simplemente erróneas. Cuando el diario británico The Times
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define a ETA como “grupo separatista vasco” y añade que el etarra De Juana Chaos “ruega por la paz desde su lecho de muerte” la interpretación que hace de los hechos ayudará muy poco a sus lectores a comprender una noticia compleja como esa. En vez de iluminar una realidad lo que hace ese periódico es oscurecerla y confundir a sus lectores. Sin embargo, debe haber una forma de interpretar esos mismos hechos que satisfagan el derecho del público a tener una información completa y veraz. Un ejemplo de ello lo encontramos en el reportaje que publicó El País unos días después de la entrevista del Times, el 11 de febrero de 2007. El reportaje, firmado por Pablo Ordaz y titulado Dos mujeres sin odio, contaba la historia de la madre del etarra de Juana Chaos, una mujer que era cuidada todas las tardes por la viuda de un comandante del Ejército asesinato por ETA. Esta vez sí el periodismo servía para ayudar al lector a comprender una realidad compleja. A principios de siglo XX, bajo la influencia de la filosofía positivista, se impuso una actitud objetivista según la cual la información debía ofrecerse sin ningún tipo de intromisión personal del periodista, que debía limitarse a exponer asépticamente sólo aquellos hechos objetivos que pudieran ser verificados. Se entendía que las apreciaciones personales o subjetivas forman parte del reino de la opinión y no había manera de verificarlas científicamente y por lo tanto tampoco se las podía señalar como verdaderas o falsas. En el proceso comunicativo este objetivismo científico es imposible porque nunca se podrán realizar las comprobaciones necesarias de un hecho hasta tener la seguridad plena de que es plenamente verdadero en todos sus aspectos. En el periodismo muchas de las informaciones proceden de una única fuente en la que se deposita la confianza, pero no hoy una certeza total de que lo que cuenta es verdadero. Pero es un método imposible,
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En el periodismo, la verdad siempre es una verdad captada y comunicada por un sujeto, el periodista, cuya visión de la realidad está marcada por limitaciones de todo tipo: creencias, experiencia, cultura, ideología, prejuicios, capacidad, etc. Por lo tanto, un mismo hecho puede ser interpretado de formas diferentes por dos periodistas, porque cada uno se enfrenta a la realidad de diferente forma. El periodista informa siempre desde una perspectiva concreta, con un tiempo y un espacio limitados, lo que condiciona su capacidad para conocer los hechos sobre los que informa. Estos factores complican el trabajo del periodista, pero reconocer la dificultad de la búsqueda de la verdad no equivale a afirmar su imposibilidad. Todos estos factores personales, que nos dan una perspectiva, no deben verse como obstáculos insalvables sino como condicionantes que el periodista debe esforzarse en superar. De manera que lo que interesa al público es que la interpretación final sea veraz y fiable. El valor de una información será su contenido y su referencia a lo real. Como dice Desantes (1972): “La objetividad viene a ser el esfuerzo del sujeto por conseguir que su conocimiento sea objetivo, es decir, como adecuado al objeto”. No es sólo un deber moral, sino que “es ante todo y en primer lugar una exigencia que atañe al ámbito cognitivo, lo que podríamos denominar una actitud intelectual” (Giménez Armentia, 2005). Por lo tanto, la objetividad es “un esfuerzo personal y técnico, sincero y honesto de abarcar los hechos e informar respetando lo que son en sí mismos, aunque sean diversas las perspectivas desde las que se los pueda observar” (Benito, 1972). A lo que sí se opone la interpretación es a un estilo objetivista entendido como neutralidad a la hora de exponer los hechos de forma aséptica sin las oportunas valoraciones que intenten aportar sentido. Porque el periodismo de explicación sí que exige una implicación del periodista,
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que pone en juego sus valores a la hora de interpretar la realidad. No aspira a reflejar la realidad de forma neutra, sino que indaga en la significación profunda de la noticia e intenta darle relieve a los hechos poniéndolos en contexto. El periodista desconfía de los hechos presentados en bruto porque los hechos aislados no se explican por sí mismos, necesitan un contexto. La interpretación entonces aspira a profundizar en ellos preguntándose también por los posibles intereses que puede haber detrás de quienes los difunden. Se trata de establecer todas las relaciones posibles que tiene un hecho de actualidad. Esto implica preguntarse por las causas, los antecedentes y las posibles consecuencias. “¿El hecho es lo mismo que la verdad? Sí, sólo que el hecho sin su contexto no es toda la verdad e, incluso, puede llegar a transmitir algo diametralmente opuesto a su verdadero sentido” (Kapuscinski, 2003: 122). Ese esfuerzo técnico y personal requiere del periodista un trabajo exhaustivo de investigación y de comprobación de las informaciones y también le exige reflexión y valoración. Una perspectiva objetiva sobre la información es aquella que se responsabiliza de diferenciar lo verdadero de lo falso. Esta perspectiva es una apuesta por el compromiso con la verdad que lleva al periodista a expresar juicios bien fundados.
1.5. La objetividad, un método para registrar lo real
El periodismo aspira a presentar un relato fidedigno de hechos. Pero cómo ser fieles a lo real. Cómo superar los límites de nuestra percepción, las lagunas de la memoria, las tentaciones de la ficción, los condicionantes de nuestra ideología o de nuestras tendencias políticas. ¿Cómo asimilar todos esos factores y lograr un relato de un acontecimiento que pueda ser aceptado como fiable? ¿Cómo puede el periodista mantener la claridad de ideas a pesar de sus prejuicios? La intuición o las buenas intenciones no
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como un deber que merece ser recuperado más allá de la degeneración del objetivismo. Y hablo de recuperar porque, pese a que los libros de estilo siguen hablando de objetividad como un deber, está más extendida la idea de que la objetividad es una ilusión o, lo que es peor, una coartada para la manipulación. Así lo denunciaron autores como Tuchman^2 o, en España, Galdón y, más recientemente, Burguet, que no puede ser más claro al afirmar que la norma de separar información y opinión es el “puntal básico de una estrategia de la credibilidad o fiabilidad informativa dispuesta a sostener, en contra del sentido común más elemental, el mito, la ilusión y el engaño de la objetividad” (Burguet, 2008: 12). Los críticos del concepto de objetividad sostienen el carácter ilusorio del mismo en la ingenuidad de pretender que es posible recoger los hechos, ordenarlos y contarlos sin que se produzca en el proceso una manipulación subjetiva que contagie de forma irremediable y absoluta el discurso. Cuando en realidad es precisamente la consciencia de esta inevitable manipulación subjetiva de los hechos que se produce en el proceso periodístico lo que lleva a introducir el concepto de objetividad en el periodismo como una forma de mitigar esa deformación de lo real. Es decir, la objetividad es una reacción contra la ingenuidad de creer que se puede construir un relato realista y pretender que no hay intervención subjetiva en su construcción. Así, en los años 20 se aboga por aplicar un método de verificación que reduzca lo más posible la interferencia de los aspectos personales y culturales en la veracidad de las noticias. Y es Walter
(^2) TUCHMAN, Gaye: La objetividad como ritual estratégico: un análisis de las nociones de objetividad de los periodistas. http://www.ucm.es/BUCM/revistas/inf/11357991/articulos/CIYC9899110199A.PDF
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Lippmann, que sabía mejor que nadie que la verdad no es lo mismo que las noticias, y que las noticias no son los hechos sino los hechos tal y como los cuenta alguien, quien defendió la necesidad de encontrar un método que permitiera al periodista mantener “la claridad de ideas frente a sus prejuicios irracionales, irreflexivos e inconscientes a la hora de observar, comprender y ofrecer cualquier noticia” (Lippmann, 1931, citado en Kovach y Rosenstiel, 2003). Lo objetivo es el método, no el periodista. La forma utilizada para exponer los hechos es útil para dar apariencia de objetividad, pero lo esencial es que el acercamiento a los hechos haya sido realizado con un método objetivo. La objetividad debe ser un método para el propósito final de alcanzar la verdad. El método requería formación. La dificultad de la tarea del periodista exigía el aprendizaje de conocimientos, técnicas y actitudes compartidas por todos aquellos que se dedicaran al periodismo. Sólo con la aplicación de ciertas virtudes científicas se garantizaría al público un producto periodístico de calidad. Por eso la irrupción del término objetividad va a la par de los primeros pasos de la profesionalización del periodismo, con la creación de las primeras facultades de Periodismo en Estados Unidos o con la fundación de los primeros sindicatos de periodistas. En el fondo se pensaba que el periodismo era un asunto demasiado serio para dejarlo en manos de aficionados o de, en palabras de Lippmann, “testigos accidentales sin ninguna formación”. ¿No hay más ingenuidad en la tendencia contemporánea de pensar que “todos podemos ser periodistas” que en esa ‘antigua’ preocupación por dotar a los periodistas de una formación sólida que los sitúe a la altura del inmenso desafío que supone intentar comprender lo que ocurre en el mundo? Teniendo en cuenta el auténtico significado de objetividad, como una disciplina de verificación, se puede comprender que todas aquellas