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Cariruzo Í DE LAS IDEAS EN GENERAL, Y DE SU ORIGEN $ L La idea es el objeto del acto de pensar. Puesto que todo hom- bre es consciente para sí mismo de que piensa, y siendo aquelio en que su mente se ocupa, mientras está pensando, las ideas que están allí, no hay duda de que los hombres tienen en su mente varias ideas, tales como las expresadas por las palabras blancura, dureza, dulzura, pensar, moción, hombre, elefante, ejército, ebrie- dad y otras, Resulta, entonces, que lo primero que debe averi- guarse es cómo llega a tenerlas. Ya sé que es doctrina recibida que los hombres tienen ideas natas y ciertos caracteres originarios impresos en la mente desde el primer momento de su ser. Seme- jante opinión ha sido ya examinada por mí con detenimiento, y supongo que cuanto tengo dicho en el libro anterior será mucho más fáciimente admitido una vez que haya mostrado de dónde puede tomar el entendimiento todas las ideas que tierie, y por qué vías y grados pueden penetrar en la mente, para lo cual invocaré la observación y la experiencia de cada quien, $2. Todas las ideas vienen de la sensación o de la reflexión. Su- pongamos, entonces, que la mente sea, como se dice, un papel en blanco, limpie de toda inscripción, sin ninguna idea. ¿Cómo llega a tenerlas? ¿De dónde se hace la mente de ese prodigioso cúmulo, que la activa e ilimitada imaginación del hombre ha pintado en ella, en una variedad casi infinital ¿De dónde saca todo ese ma- teria] de la razón y del conocimiento? Á esto contesto con una sola palabra, de la experiencia: he allí el fundamento de todo nuestro saber, y de allí es de donde en última instancia se deriva. Las observaciones que hacemos acerca de los objetos sensibles ex- ternos, o acerca de las operaciones internas de nuestra mente, que percibimos, y sobre las cuales reflexionamos nosotros mismos, es lo que provee a nuestro entendimiento de todos los materiales del pensar. Estas son las dos fuentes del conocimiento de donde di- manan todas las ideas que tenemos o que podamos naturalmente tener. $3. Los objetos de la sensación, uno de los orígenes de las ideas. En primer lugar, nuestros sentidos, que tienen trato coh objetos sen- sibles particulares, transmiten respectivas y distintas percepciones de cosas a la mente, según los variados modos en que esos objetos los afectan, y es asi como llegamos a poseer esas ideas que tene- 33 54 DE LAS IDEAS mos del amarillo, del blanco, del calor, del frio, de lo blando, de lo duro, de lo amargo, de lo dulce, y de todas aquellas que lla- mamos cualidades sensibles. Lo cual, cuando digo que eso es lo que los sentidos transmiten a la mente, quiere decir, que ellos transmiten desde los objetos externos a la mente lo que en ella producen aquellas percepciones, Á esta gran fuente que origina el mayor número de las ideas que tenemos, puesto que dependen totalmente de nuestros sentidos y de ellos son transmitidas al en- tendimiento, la llamo sensación, 84. Las operaciones de nuestra mente, el otro origen de las ideos. Pero, en segundo lugar, la otra fuente de donde la experiencia pro- vee de ideas al entendimiento es la percepción de las operaciones interiores de nuestra propia mente al estar ocupada en las ideas que tiene; las cuales operaciones, cuando el alma reflexiona sobre ellas y las considera, proveen al entendimiento de otra serie de ideas que no podrían haberse derivado de cosas externas: tales las ideas de percepción, de pensar, de dudar, de creer, de razonar, de cono- cer, de querer, y de todas las diferentes actividades de nuestras propias mentes, de las cuales, puesto que tenemos de ellas con- ciencia y que podemos observarles en nosotros mismos, recibimos en nuestro entendimiento ideas tan distintas como recibimos de los cuerpos que afectan a nuestros sentidos. Esta fuente de ori gen de ideas la tiene todo hombre en sí mismo, y aunque no es un sentido, ya que no tiene nada que ver con objetos externos, con todo se parece mucho y puede llamársele con propiedad sen- tido interno. Pero, asi como a la otra la llamé sensación, a ésta la llamo reflexión, porque las ideas que ofrece son sólo tales como aquellas que la mente consigue al reflexionar sobre sus propias operaciones dentro de sí misma, Por lo tanto, en lo que sigue de este discurso, quiero que se entienda por reflexión esa advertencia que hace la mente de sus propias operaciones y de los modos de eilas, y en razón de los cuales llega el entendimiento a tener ideas acerga de tales operaciones. Estas dos fuentes, digo, a saber: las cosas externas materiales, como objetos de sensación, y las opera- ciones internas de nuestra propia mente, como objetos de refle- xión, son, para mi, los únicos origenes de donde todas nuestras ideas proceden inicialmente. Aquí empleo el término “operacio- nes” en un sentido amplio pata significar, no tan sólo las acciones de la mente respecto a sus ideas, sino ciertas pasiones que algunas veces surgen de ellas, tales como la satisfacción o el desasosiego que cualquier idea pueda provocar,