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Resumen capítulo 3: autoconcepto, Resúmenes de Psicología

Asignatura: Cognicion Social, Profesor: Jose Miguel Fernández Dols, Carrera: Psicología, Universidad: UAM

Tipo: Resúmenes

2014/2015

Subido el 13/04/2015

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Autoconcepto: ¿quién soy?
Nuestro sentido de yo organiza nuestros pensamientos, sentimientos y acciones. Todo lo que hagamos, observemos,
interpretemos, concibamos, creamos, conozcamos y aceptemos, será filtrado a través de nuestros yos.
Los componentes del autoconcepto se denominan autoesquemas o esquemas de yo y son las creencias específicas con
las que nos definimos (Markus y Turf, 1987) y nos ayudan a catalogar y recordar nuestras experiencias. Los esquemas
son patrones mentales con los que organizamos nuestros mundos. Nuestros esquemas de yo afectan poderosamente a
la forma en que procesamos la información social. Influyen sobre cómo percibimos, recordamos y evaluamos, tanto a
los demás como a nosotros mismos. Tendemos a agradecer la información coherente con nuestro autoesquema
(Kihlstrom y Cantor, 1984).
Se denomina efecto de autorreferencia a la tendencia a procesar rápidamente la información relevante para nuestro
autoconcepto y al buen recuerdo de la misma. Cuando pensamos en algo en relación con nosotros mismos, lo
recordamos mejor. Esto nos indica que nuestro propio sentido de yo es el centro de nuestro universo. Presuponemos
que los demás nos ven y nos evalúan, sobreestimamos el grado en que su conducta se dirige a nosotros, nos
consideramos responsables de acontecimientos cuando nuestro papel no es significativo y comparamos la conducta
ajena con la propia de forma espontánea.
Ejemplo: experimento de Gilovich, Medvec y Savitsky en el que se pide a los alumnos que lleven camisetas ridículas
y se expongan a un grupo de estudiantes. Se observa el “efecto de foco de atención”. Sobreestiman la proporción en la
que son evaluados por los demás. Esto ocurre también en el plano emocional: al ser extremadamente conscientes de
nuestras propias emociones, solemos vivir bajo la ilusión de que son transparentes para los demás.
Concepto de yo y cultura
En la cultura Occidental, el individualismo prevalece, la identidad está muy autocontenida. En la adolescencia se
define la identidad independiente personal, separándose de los padres, dependiendo de uno mismo. Si se nos trasladara
a otro país, la identidad propia permanecería intacta. Individuo único con determinadas habilidades, características,
valores y sueños. Celebra al individuo que depende de sí mismo más que a la persona que satisface las expectativas de
otros, el triunfo sobre el sistema. El individualismo florece cuando la gente vive en un entorno de riquezas, movilidad,
contexto urbano y medios de comunicación de masas. Identidad independiente: más consciente de las relaciones con
los demás.
Las culturas asiáticas, africanas y de América Central y sel Sur asignan mayor valor al colectivismo. Promueven la
identidad interdependiente de Kitayama y Markus. La gente es más crítica de sí misma y necesita menos tener una
opinión positiva de sí misma. La identidad se define más en relación a los demás. Utilizan con menos frecuencia la
primera persona y se designan con identidades de grupo con mayor probabilidad.
No obstante, la clasificación de las culturas en individualistas o colectivistas simplifica las cosas en exceso, porque
dentro de cualquier cultura el individuo varía de unas personas a otras. También varía en cada región del país y según
las posiciones políticas. Al generar se comete la llamada falacia ecológica. Con un yo interdependiente, se tiene un
mayor sentido de pertenencia. Si se las saca y aleja de su familia compañeros y amigos leales, las personas
interdependientes perderán las conexiones sociales que definen quiénes son. No tienen un único yo, sino muchos. El
autoconcepto es maleable, específico al contexto.
Están más profundamente imbuidos en los demás. La conversación es menos directa y más cortés. El objetivo de la
vida social no es mejorar el yo individual propio, sino armonizar con las comunidades propias y respaldarlas. La
autoestima en las culturas colectivistas está estrechamente correlacionada con lo que otros piensan de mí y sus grupos.
Las culturas individualistas la autoestima es más personal y menos relacional. Si se amenaza nuestra identidad
personal, nos sentiremos más enfurecidos que cuando se amenaza nuestra identidad colectiva.
Autoconocimiento
Creencias que formamos sobre nosotros mismos, explicaciones acerca de porqué nos sentimos como nos sentimos y
porqué actuamos como actuamos.
Contamos con información confidencial que nos ayuda en este fin, no obstante, en ocasiones es errónea.
-Explicación de nuestra conducta:
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Autoconcepto: ¿quién soy?

Nuestro sentido de yo organiza nuestros pensamientos, sentimientos y acciones. Todo lo que hagamos, observemos, interpretemos, concibamos, creamos, conozcamos y aceptemos, será filtrado a través de nuestros yos.

Los componentes del autoconcepto se denominan autoesquemas o esquemas de yo y son las creencias específicas con las que nos definimos (Markus y Turf, 1987) y nos ayudan a catalogar y recordar nuestras experiencias. Los esquemas son patrones mentales con los que organizamos nuestros mundos. Nuestros esquemas de yo afectan poderosamente a la forma en que procesamos la información social. Influyen sobre cómo percibimos, recordamos y evaluamos, tanto a los demás como a nosotros mismos. Tendemos a agradecer la información coherente con nuestro autoesquema (Kihlstrom y Cantor, 1984).

Se denomina efecto de autorreferencia a la tendencia a procesar rápidamente la información relevante para nuestro autoconcepto y al buen recuerdo de la misma. Cuando pensamos en algo en relación con nosotros mismos, lo recordamos mejor. Esto nos indica que nuestro propio sentido de yo es el centro de nuestro universo. Presuponemos que los demás nos ven y nos evalúan, sobreestimamos el grado en que su conducta se dirige a nosotros, nos consideramos responsables de acontecimientos cuando nuestro papel no es significativo y comparamos la conducta ajena con la propia de forma espontánea.

Ejemplo: experimento de Gilovich, Medvec y Savitsky en el que se pide a los alumnos que lleven camisetas ridículas y se expongan a un grupo de estudiantes. Se observa el “efecto de foco de atención”. Sobreestiman la proporción en la que son evaluados por los demás. Esto ocurre también en el plano emocional: al ser extremadamente conscientes de nuestras propias emociones, solemos vivir bajo la ilusión de que son transparentes para los demás.

Concepto de yo y cultura

En la cultura Occidental, el individualismo prevalece, la identidad está muy autocontenida. En la adolescencia se define la identidad independiente personal, separándose de los padres, dependiendo de uno mismo. Si se nos trasladara a otro país, la identidad propia permanecería intacta. Individuo único con determinadas habilidades, características, valores y sueños. Celebra al individuo que depende de sí mismo más que a la persona que satisface las expectativas de otros, el triunfo sobre el sistema. El individualismo florece cuando la gente vive en un entorno de riquezas, movilidad, contexto urbano y medios de comunicación de masas. Identidad independiente: más consciente de las relaciones con los demás.

Las culturas asiáticas, africanas y de América Central y sel Sur asignan mayor valor al colectivismo. Promueven la identidad interdependiente de Kitayama y Markus. La gente es más crítica de sí misma y necesita menos tener una opinión positiva de sí misma. La identidad se define más en relación a los demás. Utilizan con menos frecuencia la primera persona y se designan con identidades de grupo con mayor probabilidad.

No obstante, la clasificación de las culturas en individualistas o colectivistas simplifica las cosas en exceso, porque dentro de cualquier cultura el individuo varía de unas personas a otras. También varía en cada región del país y según las posiciones políticas. Al generar se comete la llamada falacia ecológica. Con un yo interdependiente, se tiene un mayor sentido de pertenencia. Si se las saca y aleja de su familia compañeros y amigos leales, las personas interdependientes perderán las conexiones sociales que definen quiénes son. No tienen un único yo, sino muchos. El autoconcepto es maleable, específico al contexto.

Están más profundamente imbuidos en los demás. La conversación es menos directa y más cortés. El objetivo de la vida social no es mejorar el yo individual propio, sino armonizar con las comunidades propias y respaldarlas. La autoestima en las culturas colectivistas está estrechamente correlacionada con lo que otros piensan de mí y sus grupos.

Las culturas individualistas la autoestima es más personal y menos relacional. Si se amenaza nuestra identidad personal, nos sentiremos más enfurecidos que cuando se amenaza nuestra identidad colectiva.

Autoconocimiento

Creencias que formamos sobre nosotros mismos, explicaciones acerca de porqué nos sentimos como nos sentimos y porqué actuamos como actuamos.

Contamos con información confidencial que nos ayuda en este fin, no obstante, en ocasiones es errónea.

  • -Explicación de nuestra conducta:

Cuando se nos pregunta por qué hemos actuado o nos hemos sentido de una forma determinada, generamos respuestas verosímiles. No obstante, cuando las causas son sutiles, nuestras autoexplicaciones suelen ser incorrectas. Podemos descartar factores que importan y exagerar la importancia de otros que no son importantes.

Nisbett y Schachter demuestran que la gente interpreta mal sus propios pensamientos. Se expone a los participantes a descargas eléctricas. Algunos de ellos tomaron una pastilla que, según se les dijo, producirían los mismos efectos fisiológicos que una descarga eléctrica. Hubo un enorme efecto: las personas que tomaron la pastilla aceptaron intensidades de descarga más altas que los que no. Cuando se les preguntó el porqué, no mencionaron la pastilla. Cuando se les explicó el efecto, aceptaron que pudo existir en otros, pero no en sí mismos, pues no recordaban la toma de la pastilla.

Algo parecido ocurre en los estudios de autorregistro donde han de incluirse los estados de ánimo durante dos o tres meses, así como los factores que podrían afectar a los mismos. Al fianl de cada estudio, la persona valoraba la medida en la que estos influían en su estado de ánimo. Había una escasa relación entre sus percepciones y la capacidad de predicción real del factor en cuestión.

  • -Predicción de nuestra conducta

También se cometen errores en la predicción de la conducta. La mayor parte de la gente niega su vulnerabilidad a influencias externas.

Ejemplo: predecir la longevidad de las relaciones: las parejas que empiezan centran las predicciones en cuestiones positivas poco realistas. Los familiares y amigos pueden acertar más, sus predicciones tienden a ser menos optimistas y más precisas (MacDonald y Ross, 1997).

Cuando se predicen conductas negativas, las autopredicciones son más precisas que las ajenas.

Al predecir la conducta, el mejor criterio a seguir es analizar la conducta anterior en situaciones similares. Observando dicha conducta, la gente que nos conoce puede predecir probablemente mejor nuestra conducta que nosotros mismos. Para predecir el futuro, se ha de tener presente el pasado.

Epley y Dunning descubireron que podemos predecir mejor la conducta de la gente pidiéndole que prevea las acciones de los demás en vez de las suyas propias. Ej: “Días de Narcisos”. Lao Tsé: “el que conoce a los demás es un instruido. El que se conoce a sí mismo es un ilustrado”. La mayoría de la gente es más instruida que ilustrada.

  • -Predicción de nuestros sentimientos.
  • -La sabiduría e ilusiones del autoanálisis.

Nuestras intuiciones suelen ser radicalmente erróneas sobre lo que nos ha influido y sobre lo que sentiremos y haremos. Cuando las causas de nuestra conducta son obvias y la explicación correcta se ajusta a nuestra intuición, nuestras autopercepciones serán precisas (Gavanski y Hoffman). Pero cuando las causas de la conducta no son evidentes para el observador, tampoco lo son para el individuo afectado.

Somos más conscientes de los resultados que de los procesos de nuestra reflexión. Sin embargo, si experimentamos los resultados del funcionamiento inconsciente de nuestra mente. Timothy Wilson ofrece una idea: los procesos mentales que controlan nuestra conducta social son distintos de los procesos mentales con los que la explicamos. Por tanto, nuestras explicaciones racionales pueden omitir las actitudes intuitivas que realmente guían nuestra conducta. Las actitudes expresadas hacia las cosas o las personas suelen predecir la conducta posterior razonablemente bien. Si pedían primero a los participantes que analizaran sus sentimientos, sus informes sobre sus actitudes resultaban inútiles. Parece ser que el proceso de diseccionar la relación centraba la atención en factores que se pueden verbalizar fácilmente que, de hecho, eran menos importantes que otras facetas de la relación cuya verbalización resultaba más difícil.

Contamos con un sistema de actitudes duales. Nuestras actitudes implícitas automáticas respecto a una persona o una cosa suelen diferir de nuestras actitudes explícitas controladas de forma consciente. Aunque las actitudes explícitas cambiar con relativa facilidad, las actitudes implícitas, como las viejas costumbres, cambian más despacio. Con la práctica repetida las nuevas actitudes habituales pueden sustituir a las antiguas.

Millar y Tesser consideran que este desconocimiento de nosotros mismos está exagerado por Wilson y que si se hubiera pedido primero que se fijaran más en sus sentimientos en vez de analizar las relaciones románticas, sus informes de actitudes habrían sido más útiles. En otros dominios de la conducta, un análisis de las razones más que de los sentimientos sería más útil.