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Orientación Universidad
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Resumen capítulos Alarcos, Resúmenes de Filología hispánica

Asignatura: lengua española, Profesor: auxiliadora castillo, Carrera: Filología hispánica, Universidad: US

Tipo: Resúmenes

2013/2014

Subido el 05/02/2014

leididiosa
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XII. LOS ADVERBIOS.
En sentido estricto, adverbio designa una clase de palabras invariables
en su significante y a menudo indescomponibles en signos menores,
destinadas en principio a cumplir por solas el papel de adyacente
circunstancial del verbo. Esta función no impide que se presente al
adverbio como adyacente de un adjetivo o de otro adverbio distinto,
dentro del grupo nominal.
Adverbialización de adjetivos
Muchos adjetivos pueden funcionar como adyacentes circunstanciales.
En este oficio adverbial quedan inmovilizados en sus variaciones de
género y número, y adoptan la expresión propia del masculino singular.
En casos de ambigüedad, el contexto es suficiente para discernir entre
la función de adjetivo y la de adverbio:
fruto temprano se acuesta temprano
Si las unidades claro, pronto, sólido, medio, bastante, mucho de esos
ejemplos funcionasen como adjetivos quedarían afectadas por la
concordancia de género y número.
Otras veces el adjetivo adopta para la función adverbial un significante
derivado mediante la terminación –mente que se agrega a la forma
femenina o indiferente del singular: buenamente, solamente. Estos
adverbios se caracterizan por conservar el acento propio de cada uno de
sus componentes, lo cual permite, en los casos de coordinación,
eliminar el afijo del primero y decir lisa y llanamente. Algunos
adjetivos comparativos (mejor, peor, menor) e indefinidos (mucho,
poco, bastante) no aceptan la derivación con –mente, ya que
inmovilizados en masculino singular se usan en función adverbial.
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XII. LOS ADVERBIOS.

En sentido estricto, adverbio designa una clase de palabras invariables en su significante y a menudo indescomponibles en signos menores, destinadas en principio a cumplir por sí solas el papel de adyacente circunstancial del verbo. Esta función no impide que se presente al adverbio como adyacente de un adjetivo o de otro adverbio distinto, dentro del grupo nominal.

Adverbialización de adjetivos Muchos adjetivos pueden funcionar como adyacentes circunstanciales. En este oficio adverbial quedan inmovilizados en sus variaciones de género y número, y adoptan la expresión propia del masculino singular. En casos de ambigüedad, el contexto es suficiente para discernir entre la función de adjetivo y la de adverbio: fruto temprano se acuesta temprano Si las unidades claro, pronto, sólido, medio, bastante, mucho de esos ejemplos funcionasen como adjetivos quedarían afectadas por la concordancia de género y número. Otras veces el adjetivo adopta para la función adverbial un significante derivado mediante la terminación –mente que se agrega a la forma femenina o indiferente del singular: buenamente, solamente. Estos adverbios se caracterizan por conservar el acento propio de cada uno de sus componentes, lo cual permite, en los casos de coordinación, eliminar el afijo del primero y decir lisa y llanamente. Algunos adjetivos comparativos ( mejor, peor, menor ) e indefinidos ( mucho, poco, bastante ) no aceptan la derivación con –mente, ya que inmovilizados en masculino singular se usan en función adverbial.

Clasificación de los adverbios Suelen clasificarse en varios grupos teniendo en cuenta sus valores léxicos y las referencias que hacen a la realidad. Se enumeran adverbios de tiempo ( ahora, ayer ), de lugar ( aquí, fuera ), de modo ( lentamente, mal ), de cantidad ( tanto, mucho ), de afirmación ( sí, también ), de negación ( no, tampoco ) y de duda ( acaso, quizá ). También se baraja otra que obedece a criterios en parte funcionales: adverbios demostrativos ( aquí, tanto ), relativos ( como, cuanto ) e interrogativos. Lo que permite distinguir los adverbios es su significación. Sin embargo es preferible atenerse a las relaciones que cada uno contrae dentro de los enunciados, bien como adyacente circunstancial, bien por su combinación con otras unidades en el grupo nominal unitario.

Posición del adverbio Los segmentos que funcionan como adyacente circunstancial, entre ellos los adverbios en general, pueden permutar su puesto en la secuencia sin que el contenido manifestado se modifique. En estos casos cabe preguntarse si el adverbio afecta únicamente a las referencias denotadas por el verbo, o más bien a las del conjunto de los componentes del enunciado. El cambio del adverbio por otras unidades con la misma función, igual que su eliminación no modificaría la realidad referida por el enunciado: Ayer hizo buen día, Hizo buen día ayer, Hizo ayer buen día, Hizo buen día. Adverbios como ayer indican circunstancias externas al propio significado del verbo. Sin embargo otros adverbios, aun gozando de la misma libertad de posición en el enunciado, parecen tener un vínculo más fuerte con el núcleo verbal y modifican en parte la referencia de este a la realidad. El adverbio bien parece incidir primariamente sobre el significado del verbo, de manera que queda matizado por las referencias hechas por el

distintiva: No podemos entrar Podemos no entrar. Hay otros adverbios con el valor negativo de no : nunca, jamás, tampoco. Estos manifiestan solo lo negativo cuando van antepuestos al verbo; en caso contrario, situados detrás de él, exigen la presencia previa de no u otra palabra. Algunos jamás llegaron a saberlo Algunos no llegarán jamás a saberlo.

El adverbio sí La unidad no puede utilizarse como enunciado completo al proferir una respuesta. A ¿Vendrás mañana? Puede contestarse No (abreviatura de No vendré mañana ). Lo mismo ocurre en el estilo indirecto. La misma particularidad ofrece en su comportamiento el adverbio afirmativo . Pero este solo aparece manifiesto en la oración, aislado por pausas o bien separado de ella con otros recursos. En estos casos, es una unidad enfática que subraya el contenido afirmativo en la secuencia, puesto que la modalidad es afirmativa cuando no lleva indicios explícitos de lo contrario. El adyacente no es propiamente un adyacente circunstancial, sino un término que respecto al enunciado establece una relación semántica análoga a la que el atributo contrae con el sujeto explícito de las oraciones copulativas. Cierto es que estaba convencido. La función de como adyacente oracional la cumplen también otros adverbios o equivalentes. Se caracteriza y se reconoce esta función porque la unidad que la cumple presenta el rasgo de aislamiento marcado por las pausas respecto del resto del enunciado: Felizmente, ha concluido este episodio; Ha concluido, felizmente, este episodio; Este episodio ha concluido, felizmente; Este episodio, felizmente, ha concluido. Así se distingue del oficio de adyacente circunstancial que el mismo adverbio

cumpliría si se hubiese dicho: Este episodio ha concluido felizmente , donde el adverbio ya no se refiere al hecho de que se haya producido la conclusión del episodio, sino solo a la naturaleza misma de la conclusión.

Locuciones adverbiales Otras unidades que funcionan como adverbios se revelan al análisis como compuestas por una preposición unida a sustantivos, adjetivos o adverbios: apenas, enfrente. Se estiman como tales también otros conjuntos análogos aunque la grafía mantenga separados sus componentes: a veces, de veras. A estos compuestos, y a otros más complejos ( de pies juntillas, a duras penas ) suele aplicárseles el término de “locuciones adverbiales”. Estos carecen de variación morfemática y funcionan como adyacentes circunstanciales.

Combinatoria El adverbio admite, dentro del grupo nominal unitario, combinarse con otras palabras de modo semejante a como lo hace el sustantivo. Así, pueden ir contiguos dos adverbios: Lo hicieron así, tranquilamente. Asimismo, algunos adverbios pueden adoptar términos adyacentes que especifican su aplicación referencial (mediante un sustantivo con preposición o una Or. Tr. con relativos): Se detuvo delante la verja. En construcciones semejantes, la fusión del adverbio y el relativo que ha originado algunas de las llamadas conjunciones: Aún hace frío > Aunque es primavera hace frío. Algunos adverbios puntualizan su función o su designación de tiempo o lugar mediante preposiciones (a veces aglutinadas en la ortografía): Por hoy, hemos cumplido; Se ve mejor desde abajo. Muchos adverbios admiten los procedimientos derivativos propios del sustantivo y del adjetivo y adoptan significantes análogos a los que aparecen en los diminutivos y en los superlativos: despacito, tardísimo.

XV. INCREMENTOS PERSONALES ÁTONOS DEL VERBO.

Pronombres personales átonos Los pronombres personales se dividen en sustantivos personales y

partículas átonas que se unen al verbo. Dos motivos se aducen para reunirlas: su comunidad histórica de origen y su parcial identidad semántica, puesto que unos y otras contienen un componente común: el designar a una de las tres personas gramaticales. Los sustantivos personales son palabras autónomas que por sí solas cumplen una función en el enunciado, mientras los incrementos átonos nunca aparecen aislados, sino formando un todo con el verbo, aunque la ortografía los presente separados en proclisis ( se figuran ) o unidos en enclisis ( figúranse ). El uso actual prefiere la proclisis con las formas verbales personales, menos el imperativo, y con este y los derivados verbales utiliza la enclisis. En la lengua escrita, y en las zonas dialectales, perdura el empleo de la enclisis cuando la forma verbal viene tras la pausa: Vanse las leyendas , y con entonación exclamativo-interrogativa: ¿Habríase visto? Los sustantivos personales suelen referirse a entes de la situación en que se habla, y los incrementos personales aluden a otras unidades mentadas en el contexto lingüístico. Estas unidades personales átonas hoy usadas son las siguientes : me, te, se, lo, la, nos, os, les, los, las y se.

Funciones La función de estos incrementos personales adosados al verbo se reduce a indicar que este comporta adyacentes de objeto directo o indirecto, o de ambos a la vez, cuando la mención explícita de estos es innecesaria por desprenderse su referencia de la situación en que se habla. Los incrementos personales permiten eludir las unidades léxicas que cumplirían las funciones de C.D. o C.I. Los incrementos indican, al unirse al verbo, que este posee un C.D o C.I de primera, segunda o tercera persona, el cual no se especifica con otra palabra por ser su referencia consabida de los interlocutores. Cuando interesa a efectos

hablantes y producen confusiones de los géneros, de los números y de las funciones propias de cada una de las formas. Son los fenómenos conocidos como leísmo, laísmo y loísmo. La norma primitiva les asigna los siguientes valores: objeto directo objeto indirecto masc. fem. neutro sin género singular lo la le lo Plural los las les

Es el uso más extendido en el dominio español. Se recomienda en el uso culto. Ese seguro que lo vio, puesto que le sirvió la cena. Los piensos naturales no los hacen más que los molinos. Luego les añaden correctores.

Leísmo, laísmo y sus alternancias El leísmo ofrece variedades. Consiste en el empleo de le , y con menos frecuencia de su plural les , como referentes de la función de objeto directo. El leísmo más extendido es el que establece distinción entre la alusión a persona y lo que no es persona, cuando el sustantivo eludido comporta masculino y singular. Este es el uso más corriente entre escritores castellanos y leoneses, no rechazado por la normativa académica por ser un compromiso entre el uso conservador y otras tendencias. Se quedó mirándole es correcto. A veces se extiende al plural, y se emplea les para masculino personal y los para masculino de cosa: El silencio les sobrecoge. Especialmente en Castilla la Vieja, el leísmo se refleja en las referencias a seres contables ( niño, camisa ) y los sustantivos no contables ( trigo,

leche ) siguen siendo referidos por la forma lo , sean masculinos o femeninos. La tendencia a suprimir la diferencia de funciones entre objeto directo e indirecto en beneficio de la distinción de género se refleja también en el laísmo. Consiste en generalizar la y las para las referencias a sustantivos femeninos en la función de objeto indirecto. Es fenómeno de menor difusión que el loísmo, más frecuente en singular que en plural y sobre todo en la mención de personas. Quien practica el laísmo es a la vez leísta. Según las zonas o los hablantes, existen muchos grados de hibridación entre la situación conservadora y la que tiende a eliminar la distinción funcional entre objeto directo e indirecto. En la literatura es relativamente frecuente el uso del laísmo. La hablaban de la vida de fuera. A las piedras las quedaba bastante frío.

Otras particularidades La frecuencia de le y les redundantes lleva a veces a inmovilizarlo en número, utilizando el significante le también para el plural: Eso le pasa a todos (obsérvese que le precede al objeto indirecto léxico). Es un uso más americano que peninsular. En resumen, es recomendable mantener el uso tradicional, solo con algunas concesiones al leísmo. Hay que tener en cuenta que lo es un referente invariable de valores neutros en los papeles de objeto directo y de atributo.

Combinación de dos personales átonos Pueden concurrir junto al verbo un incremento del objeto directo y otro de objeto indirecto, ambos proclíticos o, en su caso, enclíticos. En general, se trata de combinaciones de un referente de cualquier persona

designada por el objeto directo o indirecto coinciden en una misma referencia a la realidad. Como en cada acto de habla solo existe una primera persona (el hablante) y una segunda (el oyente), se comprende que la distinción entre lo reflexivo y lo no reflexivo ocurra exclusivamente con las terceras personas, puesto que solo estas pueden ser múltiples en cada situación. Cuando coinciden en una misma referencia la tercera persona sujeto y la tercera adyacente del verbo se produce la reflexividad.

No es necesario distinguir el se reflexivo del que aparece en los usos recíprocos. Los dos amigos se separaron puede referirse, conforme a la situación, a que <> o a que <>. Del valor inicial reflexivo de se proceden las construcciones llamadas pasiva refleja e impersonal. En el uso reflexivo, la identidad de la referencia hecha por el sujeto gramatical y el incremento señala que en la experiencia comunicada la actividad aludida por el verbo es desempeñada por un actor sobre sí mismo. Las construcciones pasiva refleja e impersonal carecen de referencia explícita al actor que desempeña la actividad denotada por el verbo, mientras muestran con otra palabra lo que ha sido afectado o efectuado por dicha actividad. En Juan espera el premio o Juan espera al delegado , si conocemos al actor, podemos suprimir su mención, diciendo Espera el premio y Espera al delegado ; pero también puede ser consabido el objeto directo y lo eliminamos representando su función por un incremento, con lo que se dirá Lo espera. En el caso de que el hablante ignore quién es el actor, tiene que recurrir a lo siguiente: Se espera el premio (pasiva refleja) y Se espera al delegado (impersonal). Aquí no se hace referencia al actor, sino solamente a la actividad y lo afectado por ella.

La presencia de se en estos casos transforma las relaciones entre el verbo y los demás elementos de la oración. Si en los dos ejemplos anteriores, los dos sustantivos fuesen consabidos y prescindibles, su función ya no puede representarse por el incremento personal: no se diría Se lo espera , porque los dos sustantivos, el premio y al delegado , ya no funcionan como objeto directo. En un caso se eliminaría el premio y se diría Se espera ; en el otro, eliminado al delegado , aparecería un incremento de objeto indirecto, diciendo Se le espera. Si comparamos Se espera el premio con Se esperan los premios , la concordancia en número del verbo con el sustantivo demuestra que este es el sujeto explícito, y por ello eliminable cuando su referencia es consabida: Se espera, Se esperan. Por consiguiente, se es un incremento reflexivo de objeto directo donde el sujeto gramatical de tercera persona queda especificado por los sujetos explícitos correspondientes concordes con el número del verbo. No importa que en la realidad de la experiencia comunicada los entes aludidos por esos sustantivos no desempeñen papel de actor. En el ejemplo Se espera al delegado , se dan otras relaciones de sus componentes. Si se introduce el plural en el sustantivo, ahora o altera este morfema el número del verbo, que seguirá en singular: Se espera a los delegados. Al prescindir de la mención de estos sustantivos si son consabidos, su función queda reflejada por un incremento personal junto al verbo: Se le espera, Se les espera. Aquí es imposible la aparición de algún sujeto explícito y, de ahí, el término de impersonales que se asigna a estas construcciones. En estas oraciones impersonales, la forma le, les del incremento, que se refiere a los adyacentes suprimidos, sugiere que la función de estos es la de objeto indirecto. No obstante, la interferencia de los fenómenos del leísmo y el laísmo induce muchas veces a reemplazar los invariables le y

rasgos del primero. Se confiere al adyacente que designa una cosa la función del adyacente que denota persona. Es lo que se observa en Se van sacando de un saco las fichas… y se las va colocando en tierra, donde la construcción refleja del principio se ve sustituida en la segunda parte por la impersonal. En suma, la diferencia entre las pasivas reflejas y las impersonales dependen del papel que desempeña el adyacente que acompaña al verbo. No se debe a que este se refiera a personas o a cosas: en ambos casos, las dos construcciones son posibles: Se busca secretaria; Se buscan secretarias; Al pino se le corta; A los pinos se le cortan. Lo esencial consiste en que la aparición de se impone al sustantivo adyacente la función de sujeto cuando carece de preposición (pasiva refleja): Se espera el premio; Se esperan los premios. Pero cuando lleva preposición, se le confiere el oficio de objeto indirecto e inmoviliza al verbo en singular: Se espera a los delegados. Ocurre lo mismo cuando el adyacente es un objeto preposicional: Se habla de las elecciones. Hay verbos que obligatoriamente van acompañados de un incremento personal que alude a la misma persona propia del sujeto gramatical ( Se arrepiente ). Se conocen como verbos pronominales. Cuando la noción léxica de estos verbos requiere una especificación con término adyacente, este funciona como objeto preposicional. Si su referencia es consabida, queda representado por un sustantivo personal tónico provisto de la misma preposición: Se ha arrepentido de su acción = Se ha arrepentido de ello. Otros verbos pueden ir o no provistos de incremento reflexivo. Pero la presencia de este altera más o menos el sentido a que se refiere la raíz verbal. Si esta requiere especificación, el adyacente funciona sin reflexivo como objeto directo y con reflexivo como objeto preposicional: Ellos ocuparon esa parte (sin se y con objeto directo)

frente a Ellos se ocuparon de eso (con se y con objeto preposicional). Los verbos intransitivos se construyen a veces con incremento personal de la serie reflexiva, es decir, se designa la misma persona que funciona como sujeto gramatical: Voy a casa, Me voy a casa. No siempre son sinónimas las referencias en cada pareja. La aparición del incremento modifica, en mayor o menor grado, lo que significa. El incremento de tercera persona del singular es forzoso cuando se elimina la mención del actor, con lo cual los enunciados correspondientes se convierten en impersonales.

unitario nominal. En Persiste el recuerdo de la guerra , el segmento de la guerra es adyacente del sustantivo precedente el recuerdo. No obstante, hay funciones en que pueden aparecer preposiciones diferentes y entonces son estas las que establecen distintas referencias a la realidad. En los enunciados Se sentaron a la mesa y Se sentaron en la mesa , se observa que ambos llevan un adyacente circunstancial de función idéntica, pero cada uno hace diversa referencia en virtud de los sentidos distintos de las dos preposiciones. Es decir, además de ser índices funcionales, las preposiciones comportan un valor léxico. Este rasgo explica el hecho frecuente de sustituir la preposición por un segmento complejo que parece traducir su sentido. Por ejemplo, el segmento Sobre la mesa podría sustituirse por un adverbio de localización especificándolo con una preposición y el sustantivo del caso, diciendo Puso el libro encima de la mesa. Tales combinaciones del adverbio con preposición suelen llamarse locuciones prepositivas. Existen dos tipos: unas contienen un adverbio, o equivalente, capaz de funcionar por sí solo ( Lo puso encima de la mesa ; Lo puso encima ). Otras, como en Se enfadaron causa de una tontería , requieren siempre un adyacente especificador (no sería posible decir solo Se enfadaron a causa , ya que a causa no es unidad autónoma y exige un adyacente). Los componentes iniciales de este tipo no pueden funcionar por sí solos en papeles adverbiales. Ese proceso sustitutorio hace comprender la desaparición o el desuso de algunas preposiciones, hoy reemplazadas por locuciones analíticas. En lugar del arcaizante cabe , se dice junto a. La preposición so ha cedido ante la sinónima bajo que, a su vez, decae ante la locución debajo de. Otras preposiciones, utilizadas con naturalidad en la lengua escrita o cuidada, son raras en el uso coloquial, desplazadas por nuevas locuciones. En lugar de ante , aparece el adverbio delante o la locución

delante de. En lugar de tras , se emplea detrás de , después de y además de. Estas equivalencias han producido la aparición, en lo escrito o esmerado, la forma híbrida tras de.

Unidades convertidas en preposiciones La función adverbial asignada en general por la preposición al segmento en que se inserta, se corresponde a la inversa con el hecho de que ciertos adverbios se hayan convertido en índices funcionales como aquella. Algunos adjetivos, inmovilizados en su significante masculino singular, han llegado a emplearse en la lengua de hoy como meras marcas del oficio circunstancial desempeñado por el sustantivo al que se anteponen. Tal como ocurre con durante y mediante. Nótese que mediante es mero recurso estilístico que evita la reiteración con. Más dudoso es el carácter de ciertos adjetivos, también inmovilizados en masculino singular, como excepto, salvo, incluso y los cuantificadores más y menos. Si bien adoptan la tonicidad propia de las preposiciones y constituyen con el sustantivo a que acompañan un adyacente circunstancial, no son propiamente proposiciones.

Inventario y particularidades Del inventario de preposiciones deben descartarse algunas unidades que en él se incluyen a veces. Una es pro : se trata de un cultismo de uso limitado a ciertas fórmulas como Cupón pro ciegos. Tampoco son usuales, salvo en lo escrito, las locuciones allende y aquende , que se sustituyen por a este lado de y al otro lado de. Igualmente, el empleo como preposición del sustantivo vía está reducido al estilo administrativo de las comunicaciones: Las imágenes se recibirán vía satélite. Tras lo expuesto, el inventario de preposiciones más o menos vivas en el uso se reduce a las siguientes: a, ante bajo, cabe, con, contra, de, desde, en, entre, hacia, hasta, para, por, sin, sobre, tras. Se excluye según