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Asignatura: América en la Edad Moderna, Profesor: , Carrera: Historia, Universidad: UPV-EHU
Tipo: Resúmenes
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−Carmagnani, Hernández Chávez y Romano−
TOMO I: LAS ESTRUCTURAS
COMPONENTES ECONÓMICOS: siglos XVI-XVIII (Romano y Carmagnani)
La vasta masa continental presenta una gran división: por un lado las poblaciones estructuradas en “reinos”, “imperios”, “confederaciones” y, por el otro, sociedad “de behetría”. Ésta división no se refiere sólo a la organización política, y se traduce en términos económicos en otra división: agriculturas intensivas y agriculturas extensivas. La agricultura intensiva significa la que recurre a grandes medios: desplazamiento de inmensas masas de terreno para modificar pendientes, obras de drenaje, macro-modificaciones del suelo, conservación y desviación del agua… es decir, elementos que suponen una organización igualmente “intensiva” de la fuerza laboral. La agricultura extensiva, es la que no recurre, o recurre muy escasamente, a modificaciones sensibles del contexto natural.
Como ejemplo de los sistemas fuertemente estructurados está el caso de Perú. En esta región las condiciones geográficas eran mucho más difíciles, por lo que la complejidad de la agricultura del Perú estaba dictada por la naturaleza misma del suelo, era la orografía la que imponía el recurso de grandes trabajos para la modificación de pendientes, así como las condiciones ecológicas eran las que llevaban a la necesidad de grandes trabajos para la conducción del agua. Por lo que el principio de modificar la relación entre naturaleza y trabajo humano es más evidente en Perú, porque todo el sistema andino está influido por la presencia de nichos ecológicos muy diferentes entre sí, sobre todo por las variaciones climáticas impuestas por la altitud.
Si los nichos ecológicos son múltiples, es evidente que existe una frontera fundamental entre zonas de heladas con cultivo de papas y las zonas templadas, productoras de maíz. Por lo que estas zonas a parte de diferenciarse por los productos y el clima, se diferencian en modos y técnicas de cultivo. Además, cabe destacar que el mundo andino, ha sido el que ha producido el mayor número de plantas domesticadas en un ambiente orográfico y climático de los más difíciles.
Las dificultades contribuyeron al nacimiento de una verdadera “ciencia” agronómica que se extiende, desde el estudio de plantas y las técnicas de modificación y preparación del suelo hasta las grandes obras de ingeniería hidráulica. Y aunque sobre todo nos referimos al imperio inca, cabe señalar que algunos de los fundamentos económicos incas profundizan sus raíces en la experiencia de los diversos “reinos” anteriores a la conquista inca.
El dominio de la tierra pertenece al “emperador”. Es éste quien la distribuye (o la quita) a los súbditos: actividad importante que tenían a su cargo funcionarios, los amojonadores. La tripartición del sistema de tenencia de la tierra era la siguiente:
El trabajo no es concebido sólo en función del núcleo familiar, sino de toda la comunidad y del Estado. Entre individuos existe la obligación del intercambio de recíprocas prestaciones de fuerza laboral (el ayni ); del mismo modo, hay obligación de reciprocidad entre la comunidad y el individuo (la minga ). El “tributo” al Estado se daba no en bienes, sino en trabajo: la mita. Era está un sistema de “turnos” de trabajo en favor del Estado por parte de cada ayllu para la ejecución de obras publicas, cultivo de tierras del Estado, servicio de guerra, trabajo en las minas etc. Una vez cumplidas las tareas debidas al Estado y al Sol, el ayllu en su conjunto, como cada uno de sus miembros, conservaba una gran autonomía.
Este sistema implica, por tanto, una fuerte relación de reciprocidad en el interior del ayllu , pero en la relación entre éste y el Estado interviene otro elemento: la redistribución. El Inca (y también las autoridades étnicas locales, los curacas) redistribuye los bienes que llegan a él de los diversos nichos.
Mientras el Estado inca se “burocratiza” cada vez más fuertemente, el ayllu continúa fundándose esencialmente sobre relaciones de parentesco.
Para cada ayllu el ideal económico era la autarquía: producir in loco la más grande cantidad y también la mayor variedad posible de bienes. Por lo que el ayllu establecía “colonias” situadas en otros nichos ecológicos, para cuyo cultivo se enviaban “colonos” ( mitmaq ), los cuales seguían formando parte de su nucleó original. Era así como se constituía alrededor del núcleo central (compuesto por un ayllu o más) un archipiélago formado por “colonias” dispuestas en nichos
que reforzaba la prexistente jerarquización social y favorecía un cambio significativo en la gestión de recursos y producción.
La reorientación de la cultura material (del tributo ya prexistente) en el Posclásico es resultado de una expansión del dominio político, es decir, con los aztecas se conjuga el control político-militar con la extracción de bienes y recursos en favor de la élite. Del estrecho vínculo entre tierra y tributo se puede llegar a la conclusión de que se asiste a un cambio en la gestión de recursos y de producción.
A semejanza de la organización económica andina, también la mesoamericana dio un notable peso a la dimensión política, pero ésta al manifestarse en el nivel del tributo, dio mayor autonomía a los componentes territoriales, con el resultado de que en Mesoamérica el intercambio tiene mayor importancia en la vida económica.
COMPONENTES SOCIALES: siglos XVI-XVIII (Romano y Carmagnani)
El pasado americano presupone una gran división entre los espacios que en el momento del descubrimiento y sucesiva conquista aparecían organizados de manera estatal y los correspondientes a las sociedades segmentadas (que los invasores definían como “behetría”).
El centro de la dimensión del espacio social inca es el Cuzco, del cual se originan los ceque y el cual también es el centro de cuatro espacios. Los cuatro dispuestos alrededor de Cuzco entran en un sistema de clasificación y se ordenan según una jerarquía. El Cuzco se dividía en dos mitades y los cuartos del Imperio se oponen igualmente dos a dos.
Alrededor de los ceques se organiza la vida social del “imperio”. A ellos están ligados dos grupos sociales distintos, panaca (grupo fundado por los descendientes de un jefe inca) y ayllu (grupos sociales que no descienden de un jefe inca). Es a partir de esta fundamental construcción espacio-social como se organiza todo el sistema jerárquico de la sociedad inca, pasando a través de tres principios de organización (tripartición, dualismo y cuatripartición, división decimal) que, combinándose entre sí, dan lugar a tres estructuras sociales fundadas esencialmente sobre las relaciones matrimoniales.
El Inca (personaje solar) está rodeado por un consejo de ancianos: verdadera élite sacerdotal que llega a ejercer la dirección colegial de los ayllu y una función de control sobre el Inca mismo. Son estos ancianos los que ejercen las más altas funciones políticas y religiosas y quienes eligen a los jefes militares, y que sucesivamente tomaran el nombre amauta. Es una élite intelectual. Con el tiempo, el poder de estos sabios viene a menos y son sustituidos por el grupo de militares (los sinchis ), que se aprovecharán de la aplastante victoria conseguida contra los chancas invasores para tomar el poder. Por lo que en la breve historia del imperio inca resulta oportuno distinguir dos imperios.
Además de una nobleza de sangre, existía también una nobleza de mérito. Funciones, cargos, también se distinguían con signos exteriores (en general ropa). Una enorme “burocracia” rige la sociedad: los curaca administran grupos de 10, 50, 100, 500, 1000, 10.000, 40.000 hombres. La organización decimal envuelve la sociedad, y se centra en la figura de los tukrikuk, gobernadores de una provincia, que controlan a los curaca, señores étnicos locales, todos provenientes de linajes del lugar, y a los cuales se les entrega la administración de las entidades a ellos encomendadas y el cuidado de suministrar anualmente al Inca dones más o menos preciosos.
Una vez al año, los tukrikuk y los curaca se dirigen a Cuzco para dar cuenta al “Emperador” del estado de las entidades administradas, entregan el tributo y le hacen regalos. El Inca, a su vez, hace regalos a los curaca y los trukikuk. También a nivel local, de ayllu, se da el mismo sistema de redistribución, que permite a grupos distribuidos en el muy diferenciado sistema geográfico andino conseguir bienes producidos en ambientes ecológicos distintos.
Los elementos de cohesión de la sociedad son la religión y la lengua. La religión esta empapada de creencias animistas, fetichismos varios y cultos naturistas. Tienen muchos entes divinos (y semidivinos) y para servirlos, existía una vasta jerarquía, que tenía a su cargo la custodia y el mantenimiento de los lugares de culto y la celebración de las numerosas fiestas rituales. Las funciones de los sacerdotes iban más allá del mero “servicio divino”, ya que también tenían funciones de adivinos, médicos, sacrificadores… funciones especificas que llevaban nombres diferentes. La función socializante de la religión también se puede ver en las grandes fiestas y en los 32 meses ( killa ). Era una religión que, aparte del respeto de las deidades locales, se afirma en todo el “imperio”.
La subdivisión del tiempo, estaba organizada según el mismo sistema que el ceque: alto, bajo y con una cuatripartición, que conduce a la oposición de meses y estaciones semejantes, pero dispuestos según una jerarquía de importancia idéntica a la jerarquía espacial asentada sobre los ceque.
En cuanto a la lengua, si el “imperio” es al menos trilingüe, aymara, puquina y quechua, la lengua dominante era el quechua, exactamente el quechua chinchay, ya que existían varios quechua.
A parte de estos dos elementos unificadores, se podrían señalar otros como el vestir o el uso ritual de la masticación de hojas de coca, cuales también constituyen instrumentos de socialización y contribuyen a la construcción de una identidad social que cubre todo el “imperio”.
Los primeros cronistas no nos han dejado en general muchos detalles sobre “clases”, “estados” y “estamentos” sociales, además este tipo de visión es distorsionada y distorsionante. Pero lo que se puede asegurar es que existía una capa superior, una “nobleza”, en la cual hay que distinguir una nobleza real, una nobleza de privilegio constituida por las familias de aquellos señores étnicos que habían integrado por propia voluntad el “imperio”, y finalmente una nobleza
comunidad humana la red de referencia básica, por lo que es un modelo del mundo cuadrangular y concéntrico.
El dios creador, Quetzalcóatl, se materializa a nivel de las comunidades con un nombre particular y asume la connotación de dios patrón. El papel del dios patrón es el de conducir la comunidad humana que protege a la tierra elegida y en esta forma se convierte en el corazón del pueblo.
Las comunidades tienen como principio organizativo el de ser una reunión de hombres ligados por la sangre, con sus sacerdotes, sus jefes militares, sus censores, sus maestros. No es una comunidad aislada, tiene la capacidad de integrarse con otros grupos humanos con el fin de establecer un equilibrio entre la población y los recursos de la agricultura y comercio.
La colaboración social presenta tanto una dimensión de reciprocidad fundada en el parentesco cuanto una dimensión jerárquica fundada en el origen divino de la comunidad. Así, vemos la existencia de una nobleza sostenida por el excedente de la producción y circulación de los bienes agrícolas a través del tributo.
Los diferentes espacios de componentes sociales tienen tanto una existencia particular como una existencia general, pues se consideran parte de un todo. En Mesoamérica no hay una idea abstracta de espacio, sino de espacios distintos, dotados de propiedades específicas. Y con el tiempo pasa lo mismo, hay una idea de tiempos, pues cada espacio está vinculado a un tiempo o a tiempos.
Como los calendarios están relacionados con los espacios y con los tiempos son también el instrumento indispensable para la regulación de la actividad humana. Dos son los calendarios: el de 260 días que advertía a los hombres de las influencias cotidianas, y el de 52 años de 365 días, que auxiliaba a los hombres a entrever el futuro y los guiaba en sus actos públicos.
Es común la existencia de numerosos pueblos o ciudades ( altepel ) que comprendían el centro cívico ceremonial con los templos y los palacios de los gobernantes y los asentamientos rurales de campesinos o tributarios. A veces el altepel se unía en entidades político-territoriales superiores, que si bien mantenían su gobierno eran regidos a partir de una ciudad dominante.
La dimensión territorial es dinámica, en cuanto es capaz de ampliarse y reducirse sin que sus componentes sociales pierdan su especificidad.
La posición dirigente de la sociedad la tenían los pipiltin , nobles, los cuales se sostenían con los vienen que les tributaban los macehualtin. Su poder era legitimado por ser descendientes del dios protector. Los pipiltin asistían a una escuela propia, los calmecac , que los preparaba al gobierno, la judicatura, la guerra y los altos cargos religiosos. Los macehualtin en cambio eran preparados en los telpochcalli en la guerra y en los trabajos públicos. A pesar de esta rígida división, algunos macehualtin podían aspirar a algunas posiciones de privilegio.
La lógica organizativa de los componentes sociales, está relacionada además de con la dimensión religiosa y territorial, con la dimensión política. El altepel está gobernado por un tlatoani, investido de poder divino, quien elegía a su suplente, el cihuacóatl , que también era un representante de la divinidad. Ambos gobernantes supremos eran auxiliados por pipiltin, de los cuales algunos eran elegidos como consejeros principales. Los pipiltin cercanos al tlatoani obtenían como recompensa tierra conquistadas en otros territorios. Estas tierras, que no eran de propiedad privada de los pipiltin, eran cultivadas por mayeques (campesinos sin tierras) que daban una parte de lo que producían directamente al pipiltin y estaban exentos del tributo al tlatoani como de servir en los trabajos públicos. En un nivel inferior estaban los tlatlacoatin , quienes por deudas o delitos se entregaban personalmente en prenda en tanto pudieran liberarse del compromiso contraído. Esta sujeción era también familiar.
El principio organizativo jerárquico se expandió durante el Posclásico (S. X-XVI), esto se debe a la tendencia centralizadora, reforzada por la Triple Alianza de Tenochtitlan (mexica), Tetzcoco (acolhua-chichimeca) y Tlacopan (tepaneca), que se dio en la sociedad mesoamericana en esta época. En el último tercio del s. XV y en las primeras décadas del siguiente el Imperio se extendió gracias a su capacidad de movilizar militarmente y socialmente tanto los pipiltin como los macehualtin. El expansionismo y la centralización reforzaron la dimensión jerárquica y dieron vida a nuevas asimetrías.
Por ultimo cabe señalar que con la Conquista española, se da la ruptura de las sociedades preexistentes, sobre todo por la mentalidad totalizante de la Iglesia católica, lo que llevara a una enorme desestructuración.
TOMO II: LOS NUDOS 1
LA RELIGIÓN INCAICA (Franklin Pease)
Tanto el espacio como el tiempo eran sagrados y tenían una explicación mítica y una representación ritual. Sin embargo, en las descripciones de los cronistas del s. XVI primó un intento de adecuar la cosmovisión que encontraban a sus propios esquemas cristiano-europeos.
La concepción del espacio era dualista, dividido en hanan y urin. Era un mundo compuesto por opuestos-complementarios, esquema que se reproducía en la organización social y económica, donde los términos del parentesco definían la reciprocidad de los opuestos.
A pesar de que algunos cronistas plantearon que los andinos concebían el mundo en cuatro partes u otros en tres planos, posiblemente los mundos eran dos, Hanan Pacha y Urin Pacha.
Cada parte (superior e inferior) del mundo debió de estar representada por una divinidad, Pachamana (divinidad de la tierra) y Huiracocha (divinidad celeste). En los mitos cuzqueños, luego de haber realizado una primera ordenación del mundo al mandar al sol y a la luna al cielo,
también un complejo de depósitos para almacenar los bienes dedicados a la redistribución así como habitaciones y talleres para los mittani que allí laboraban.
El templo incaico más importante, insistentemente mencionado como solar, se hallaba en el Cuzco. Pero también había otros templos que generalmente se vinculaban al culto solar, como los ushnu, pirámides colocadas en explanadas y en las que se realizaban rituales. Aparentemente, se limitaba la asistencia de la población a ciertas ceremonias de los ushnu.
El sacerdote del culto oficial, estaba relacionado con el grupo dirigente del Cuzco; la máxima autoridad era llamada Huillac Umu.
Después de la invasión española, la evangelización no elimino la vida religiosa andina, la cambio. La incidencia mayor de la evangelización se concentro en las divinidades “celestes” como Huiracoha o Inti, en cambio, fue mucho menos fuerte la presión sobre Pachama, y la tierra siguió recibiendo un amplio culto.
Pero la predicación católica influyo seriamente en los cambios de la religiosidad, incorporando al universo andino las esperanzas mesiánicas, que bien pudieron superponerse a una versión cíclica del mundo y del tiempo vigente en los Andes precios a la invasión europea.
Sin embargo, cabe decir que poco tiempo después de la invasión española, se describieron actividades que se identificaron como un movimiento de libertad y salvación, difundiéndose mensajes de crítica porque sus cultos se abandonaban a favor de la adoración de Dios. Pero se ha puesto en duda tales informaciones. En cambio, en el s. XVII y especialmente en el s. XVIII, si que hubo una clara imagen de un mesianismo Inca que redimiría a los habitantes andinos de la dominación española.
LA ORGANIZACIÓN POLÍTICA INCAICA (Franklin Pease)
En el s. XVI los españoles elaboraron una imagen de la organización política incaica. Los cronistas principales, Hernando Pizarro, el anónimo de 1534 o Francisco de Xerez, se limitaron a nombrar a Atahualpa, el único nombre propio que precisaron para algún gobernante cuzqueño, y omitieron otros, como el de Huáscar o Huayna Cápac, a quienes denominaron Cuzco y Cuzco Viejo, respectivamente.
La palabra Inca apareció en documentos oficiales inicialmente como un nombre propio. Sólo en un texto de 1542, se define al gobernante del Tahuantinsuyu con un nombre especifico.
Así, la historia que comenzaron a escribir los cronistas que presenciaron la captura o muerte de Atahualpa fue una versión europea, atiborrada de prejuicios. Unos años más tarde, Agustín Zárate, buscó organizar un esquema político, definido a partir de la existencia de una dinastía andina que abarcaba unos pocos incas pero se regia por las pautas de filiación hereditaria de tipo occidental. Definió a los incas como una organización centralista y autoritaria. Así, se aceptaba que
los incas eran tiranos, y esta afirmación era la base fundamental para justificar la conquista española. También en la década de 1570, todos los incas serían considerados ilegítimos en las versiones españolas, condición que se extendió a toda forma de autoridad andina. Ésta era la manera en que los españoles buscaban legitimar el nombramiento de los “caciques” por la administración colonial.
Más tarde, en la década de 1530 y 1560, se configurara una representación histórica del Tahuantinsuyu y su organización política al estilo romano: identificaron al Inca como un Imperatos, Cuzco fue considerada otra Roma, las instituciones como la “división decimal” de la población, fueron entendidas bajo las pautas de las centurias…
De tal manera, el conjunto de opiniones de los cronistas resultaba ser un reflejo natural de su propia experiencia histórica y contemporánea. Pero las cosas eran bien distintas.
El poder en los Andes se ejercía por medio de múltiples relaciones no institucionales, específicamente las del parentesco, donde se halla la clave de la reciprocidad (conjunto de obligaciones mutuas entre miembros del mismo grupo de parentesco) y la redistribución (entrega de mano de obra a una autoridad para obtener bienes distribuibles por la misma autoridad).
A través del matrimonio se establecían las pautas de reciprocidad, del sustento de la economía y se originaban las reglas redistributivas. El Inca debía casarse con mujeres de cada unidad étnica.
El Inca era en realidad un fenómeno más complejo que el de un monarca. Había dos autoridades simultáneas en el Cuzco y fuera de él: un Inca hanan y un Inca urin , así como había dos curacas en cada uno de los grupos étnicos.
La mecánica de acceso al poder suponía no sólo una iniciación ritual, sino una guerra ritual que comprometía situaciones específicas y movimientos dentro de la élite.
El Inca se vinculaba con las diferentes unidades étnicas por medio de matrimonios con mujeres de cada una de las “mitades” de aquéllas. Así, se daba origen a relaciones de parentesco que permitían solicitar la participación del grupo en las mitas de la autoridad, del propio Inca.
Las prestaciones que recibía la autoridad, el Inca o el curaca, eran parte de un régimen redistributivo y no una obligación tributaria.
Muchas eran las formas como se ejercía el poder a través de las relaciones de reciprocidad y redistribución, por lo que es una sociedad donde el poder se encuentra en permanente negociación, por eso el ritual es visto como el origen del poder y su sustento. Incluso las conquistas incaicas fueron presentadas dentro de un esquema ritual.
Por lo tanto, la imagen del Inca estaba identificada con una actividad ritual. Se llegaba a ser Inca a través de una serie de rituales de iniciación y la sucesión de los incas se efectuaba a través de
directamente sus recursos y tomaba parte en las mitas organizadas por el Estado, adquiriendo a través de ellas el acceso a los recursos del Tahuantinsuyu; de esta manera, la redistribución alcanzaba un amplísimo aspecto.
TOMO III: LOS NUDOS
EL TRABAJO INDÍGENA, SU PAPEL EN LA ORGANIZACIÓN SOCIAL Y POLÍTICA PREHISPÁNICA Y COLONIAL (Villamarín)
La imposición del sistema colonial español trajo consigo la fusión de la diversidad de las unidades sociopolíticas indígenas y, por consecuencia, de los diversos sistemas laborales, agrícolas, tecnológicos y adaptaciones locales hacia patrones que, aunque variados en su desarrollo de región a región, tenían un origen único y fines comunes (el enriquecimiento del Estado español y de los colonizadores europeos), lo cual llevó a una estandarización de los sistemas laborales y tecnológicos a lo largo y ancho del continente.
Los orígenes:
Las muy diversas sociedades prehispánicas pueden dividirse en dos categorías. Las sociedades dentro de la primera categoría (bandas y tribus) se caracterizan por ser homogéneas, no diferenciadas ni especializadas; y las de la segunda (señoríos y Estados), por ser variadas con diferentes rangos o clases de gente y especializaciones.
En las sociedades no centralizadas, la matriz social la condiciona el arreglo de todas las demás (política y economía). La unidad básica de tales sociedades por lo general es la familia nuclear o extensa, o grandes agrupaciones de parentesco, linaje y clanes con o sin corresidentes no emparentados. La subsistencia se basa en la caza, la recolección y/o la horticultura y hay un cierto intercambio de bienes de uso común como especiales. Por lo general el acceso a los recursos básicos no está diferenciado dentro del grupo, y la desigualdad, no está institucionalizada. Los asentamientos fluctúan desde los grupos nómadas hasta los semipermanentes. No existe la especialización de trabajo, salvo por razones de edad y sexo, como tampoco existen instituciones políticas, legales o religiosas especializadas; no existen sistemas tributarios, levas laborales regulares ni maquinaria administrativa.
En América prehispánica, el tamaño de las bandas y tribus variaba desde las decenas hasta los millares de personas. La presencia de este tipo de grupos ocurrió alrededor de 16.000/13. a.C, y se sigue dando en la actualidad. Actualmente, muchas de las bandas contemporáneas están siendo expulsadas de sus áreas.
Los señoríos y Estados, contaban con una población más numerosa, de varios miles a millones. La autoridad estaba centralizada e institucionalizada con la presencia de cargos permanentes y hereditarios. La especialización del trabajo, la producción intensiva de alimentos, los asentamientos permanentes, las poblaciones densas, los aparatos administrativos, los sistemas legales y religiosos formales son característicos de estas sociedades. Las autoridades centrales coordinan la interacción y extraen bienes y servicios, incluyendo grandes levas laborales regulares dentro de un “intercambio impuesto políticamente”. Son sociedades donde la riqueza, el privilegio y el estatus corresponden a la distribución del poder y autoridad, y donde el privilegio tiende a volverse hereditario. Se pueden diferenciar dos tipos de señoríos: uno donde el señor está obligado por el parentesco, de modo que queda limitado y vigilado por parientes y allegados, y el otro, donde el señor utiliza los arreglos sociales tradicionales para fortalecer su posición. En el Estado, también se pueden diferenciar dos polos en la organización de poder: en el Estado fuerte, el poder está concentrado en la cúspide. En el Estado débil, el poder máximo esta socavado por los señores locales que controlan los elementos claves de la producción y algunos medios de coerción.
Desde el segundo milenio a.C., el curso que tomaron las sociedades de Mesoamérica y Sudamérica fue aumentar la complejidad social bajo la forma de diferentes tipos de señoríos y de
productos especiales a algunos. En los señoríos simples, la redistribución de la producción resulta importante, pero en los complejos es menor, ya que los señores y sus sequitos guardaban una parte considerable para sí mismos.
Los señores tenían la capacidad para la organización y uso de la mano de obra así como para mantener relaciones con otras sociedades mediante el comercio, el intercambio, los matrimonios y otras alianzas sociales y políticas, y para los saqueos y la guerra, que resultaba importante para el grupo en general.
La desigualdad se institucionaliza con el surgimiento de cargos permanentes, la jerarquización y la formación de gradientes entre los segmentos de la población.
Las faenas a disposición de la jerarquía política no eran percibidas por la población general como un trabajo oneroso y las comunidades tampoco se veían agobiadas por las demandas de tributo por parte de los señores o sacerdotes. Al parecer, no había individuos sin tierra ni esclavos. Si bien los miembros pertenecientes a los estratos bajos de las jerarquías políticas tenían que producir bienes tanto para las tributaciones como para su propio sustento, su participación en una más amplia organización política les permitía tener acceso, mediante el comercio a otros productos, y participar en una serie de servicios rituales ofrecidos por las comunidades dominantes, que subrayaban su relación con la jerarquía y a la vez la ensalzaban.
Aun así, en los señoríos (simples y complejos) no existe una burocracia realmente centralizada e internamente diferenciada que tenga control sobre la fuerza de trabajo y su asignación. En cambio, los en los Estado sí que se lleva a cabo una centralización política más completa y una formación más marcada de clases.
Los Estados y el trabajo tributario:
A lo largo de extensos periodos, tanto en Mesoamérica como en Sudamérica, áreas de influencia material, ideológica y quizá política estuvieron emanando desde centros como el olmeca y el Chavín. En ambas áreas surgieron, crecieron y declinaron estados desde el primero y segundo milenios a.C. hasta el s. XVI de nuestra era.
En Perú, el horizonte Chavín da paso a un periodo de gran diversidad cultural (200 a.C.- d.C,), con señoríos complejos y un mayor número de estados. Fue una época de ciudades sostenidas por sistemas de irrigación que cubrían extensiones nunca vueltas a igualar en el área, con una magnífica arquitectura urbana y espléndidos trabajos en cerámica, textil y metales. Este periodo llegó a su fin por la expansión de los estados Tiwanaku-Wari.
En Mesoamérica el horizonte olmeca (1200/900-400 a.C.) también fue seguido por un periodo de diversidad cultural. Existían centros urbanos planificados con majestuosos templos, palacios, plazas… La especialización y la gran habilidad también se puede constatar en los
excelentes trabajos de piedra, cerámica y pintura y en los notables avances en astronomía, en la cuenta del calendario y en la escritura jeroglífica.
Alrededor del año 1 d.C, surgió Teotihuacán como el centro político, económico, militar y religioso de Mesoamérica. Los estados clásicos de Monte Albán en Oaxaca (500 a.C.-700 d.C.) y el maya de Petén (200-900 d.C.) eran contemporáneos con Teotihuacán y tenían relaciones entre sí.
En las tierras bajas de la cultura maya, de 200 a 900 d.C., florecieron varios estados de diversos tamaños en torno a importantes centros políticos, ceremoniales y económicos.
En Oaxaca, luego de la caída de Monte Albán, una serie de ciudades menores (mixtecas y zapotecas) competían entre sí. En el centro de México, luego del eclipse de Teotihuacán, empezaron a surgir grandes estados, como el tolteca y el tarasco. En el valle de México y sus alrededores existían varias ciudades-Estado con diferentes lenguas y culturas que caerían bajo el control de Tenochtitlan-Texcoco-Tlacopan en los s. XV y XVI. Al momento de la llegada de los españoles, Tenochtitlan eran probablemente una de las ciudades más grandes del mundo.
En los Andes del sur, Tiwanaku, fue la capital de un fuerte Estado que constituyó el mayor poder en el altiplano boliviano durante más de 1000 años (1-1.100 d.C.), también controlaba regiones aledañas y múltiples grupos étnicos. También ejercía influencia importante sobre el estado poderoso del norte Wari. Luego de la declinación de Tiwanaku-Wari hubo una época de guerras regionales y diversidad cultural (1000-1430/475 d.C.). A finales del s. XIV y principios del XV, los señoríos y estados de Perú y Bolivia cayeron bajo el estado expansionista incaico, al igual que los de Argentina y del norte del Chile. El dominio de los incas al momento de la llegada de los españoles incluía las regiones montañosas de Ecuador, todo Perú y Bolivia, el norte de Chile y el noroeste de Argentina.
Cuando los europeos llegaron a América, había dos imperios: el azteca y el incaico, los cuales abarcaban varios cientos de señoríos y estados. También había una serie de estados independientes.
La capacidad para convocar a la mano de obra y administrarla de manera eficaz constituía un factor clave para el crecimiento y conservación de los estados. Los hombres y mujeres adultos de las áreas rurales desempeñaban diversas tareas para satisfacer sus necesidades de subsistencia y las de sus familias, pero la mano de obra en general podía ser convocada por el Estado. En los centros urbanos, las vidas de los trabajadores estaban dominadas por su especialización o por el trabajo que desempeñaban para responder a las demandas de bienes y servicios.
La principal tarea del sistema central consistía en asegurar un abasto suficiente de alimentos para la población. Por lo que se dio la intensificación de la producción agrícola. Las modificaciones del paisaje y/o el aumento de frecuencia de los cultivos eran prácticas generalizadas e implicaban
daban en recompensa a los servidores distinguidos del Estado y a los miembros de la élite. Otras servían como sacerdotisas, y en raras ocasiones se disponía de las mamaconas para hacer sacrificios humanos.
Fuera de las comunidades existía un grupo conocido como pina/piña , grupos de esclavos obtenidos como prisioneros de guerra.
Los aztecas, se basaban en los sistemas de organización tradicionales para abastecerse de mano de obra, es decir, exigían el sostén de las élites y de los funcionarios locales mediante un tributo pagado en bienes y servicios. Asignaban tierras dentro de las comunidades para la producción de bienes para el Estado y se apropiaban de las tierras aledañas donde se pudieran realizar otros trabajos para el Estado.
Los aztecas plebeyos, macehualtin , participaban en la rotación de la mano de obra reclutada para hacer obras públicas, trabajos urbanos y para cargar los bultos pesados. Estaban organizados en torno a oficiales y se movían en cuadrillas de trabajo de 20 integrantes. Cinco cuadrillas formaban un equipo de trabajo dirigido por un oficial de mayor rango. Las mujeres macehualtin probablemente estaban involucradas en la rotación del trabajo, así como en la contribución de tributo mediante la producción textil. Algunos de los macehualtin tenían que trabajar parte de las tierra a que tenía derecho su calpulli , una unidad organizativa básica formada por parientes o correspondientes. Estos terrenos eran señalados para el sostenimiento de los funcionarios del Estado asignados para supervisar las tareas fiscales, el reclutamiento militar y los procedimientos judiciales. Todos los macehualtin tenían que trabajar las tierras para rendir un tributo además de trabajar en las tierras comunales para el sostenimiento de los funcionarios locales y las tierras fuera del calpulli, para el sostenimiento del Estado.
Los trabajos y tributos destinados al Estado representaban una gran proporción de los esfuerzos laborales de los plebeyos. La carga era mayor para quienes no poseían tierras, momilcohuanime , quienes rentaban tierras a las comunidades locales a cambio de trabajo o bienes. Los maye , trabajaban las tierras de los nobles teuctli y tlatoani , tierras que había dado el Estado a los nobles. Los mayeques trabajaban la tierra que se les asignaba para su propia subsistencia, así como las tierras de sus señores, y a cambio les prestaban servicios domésticos. Vinculados a sus señores por obligaciones que los ataban a la tierra, se podían pasar la vida amarrados a ciertas parcelas, y sus hijos heredaban esos lazos así como el trabajo y servicios que debían prestar a los nobles, quienes seguían conservando la tierra.
Otras categorías de trabajadores, tlacotin , podían empeñar sus servicios, mudarse a la residencia de la persona a quien se había ofrecido el trabajo y pagar sus deudas con trabajo. Los tlacotin podían tener otros tlacotin y disponer de bienes y propiedad propios. Además su condición no era heredada si la deuda transmitida de una generación a otra no formaba parte del convenio. La
obligación podía ser comprada, con lo cual el individuo ganaba su libertad. Los tlacotin no pagaban tributo ni prestaban servicios. Los amos no podían venderlos a menos de que fallaran en su trabajo.
Y los incas y los aztecas tuvieron mucho éxito para integrar los señoríos y estados a su imperio. Pero para ninguno la expansión resultó de una trayectoria tranquila, sin resistencia por parte de los grupos subyugados.
El trabajo indígena y el imperio ultramarino español: 1500-1830 d.C.:
A diferencia del pasado, el nuevo Estado no estaba básicamente orientado a estimular la producción para incrementar la cantidad de bienes y expropiarse de una parte de ellos, ni para exprimir más la subutilizada mano de obra de trabajadores, sino que se orienta hacia una apropiación masiva de los recursos básicos, tierras, riqueza y fuerza de trabajo. El uso intensivo de la mano de obra junto con una mala nutrición y las enfermedades introducidas por los europeos resultó una amenaza para la capacidad reproductora de muchas sociedades, ocasionó la rápida desaparición de algunas y una notable caída de la población de las que siguieron en pie.
La organización de los españoles en huestes o bandas para conquistar, establecerse, apropiarse y hacer uso de los bienes y servicios nativos eran sorprendentemente similares en método e intención. Los conquistadores buscaban la riqueza material, la cual residía en primer término en aquello que los indígenas podían aportar en tributos, bienes, metales preciosos, mano de obra y en la misma venta de la gente.
Entre 1493 y la década de 1560 la mayoría de las áreas de Iberoamérica habían conocido la intromisión por parte de los europeos. Pusieron a trabajar a un gran número de indígenas que encontraron a su paso, las más de las veces en contra de su voluntad, como cargadores en las fuerzas de expedición, sirvientes domésticos y proveedores de alimentos. También desde el principio los obligaron a trabajar en las minas. Se desarrolló un tráfico de esclavos indígenas en la región y cuando los nativos fallecían se llevaban a las minas a otros indígenas.
La captura de esclavos se realizó a gran escala a lo largo de la costa atlántica de Colombia y en las Costa de Venezuela. Los esclavos eran enviados al Caribe, Panamá y Perú. La esclavitud, la guerra y la enfermedad diezmaron a los populosos señoríos de la costa. Varios de ellos se extinguieron y algunos, se reorganizaron de manera menos compleja.
En Centroamérica los conquistadores españoles obtuvieron rápidas ganancias con la exportación de esclavos indígenas, especialmente extraídos de los señoríos y estados, de donde podían obtener un número considerable de personas.
El tráfico español de esclavos indígenas fue un fenómeno generalizado durante las primeras etapas del contacto europeo. En la década de 1550, la Corona marcó el fin de la esclavitud masiva de indígenas, aparentemente con el apoyo de los españoles ya establecidos, quienes planteaban a los