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Carcinogenesis, proceso por el cual la celula se vuelve cancerosa
Tipo: Resúmenes
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La carcinogénesis es un proceso progresivo en el que una célula normal se transforma en una célula maligna debido a mutaciones en su material genético. Estas mutaciones permiten que la célula se divida más rápido y genere células hijas con la misma alteración, formando clones. Con el tiempo, estos clones acumulan nuevas mutaciones, lo que da origen a poblaciones celulares con mayor capacidad de crecimiento, supervivencia y ventaja frente a células normales. Aunque el sistema inmune puede eliminar células tumorales mediante la inmunovigilancia, algunas logran evadir este control y finalmente se desarrolla una neoplasia. En este proceso participan los protooncogenes, que en condiciones normales regulan el crecimiento celular. Cuando sufren mutaciones, se transforman en oncogenes, los cuales actúan de forma dominante, ya que basta con que un solo alelo esté alterado para producir proteínas que aumentan la proliferación celular y prolongan la supervivencia de la célula. Por otro lado, los genes supresores de tumores actúan como frenos del crecimiento celular, controlando la proliferación, la reparación del ADN y la apoptosis. El modelo de los “dos golpes” propuesto por Alfred Knudson explica que para que estos genes pierdan su función, ambos alelos deben estar mutados, lo que corresponde a un comportamiento recesivo. Un ejemplo es el gen RB1 en el retinoblastoma, donde una mutación heredada se combina con una mutación adquirida. La pérdida del alelo sano restante se conoce como pérdida de heterocigosis (LOH), un fenómeno frecuente en tumores y asociado a mal pronóstico. Las células están constantemente expuestas a daño en el ADN, con miles de errores diarios. Para contrarrestarlo, existen múltiples mecanismos de reparación mediados por genes específicos. Entre ellos destacan BRCA1 y BRCA2, asociados a cáncer de mama y ovario, y MSH2, MLH1 y MSH6, relacionados con cáncer colorrectal. Cuando estos sistemas fallan, aumenta la acumulación de mutaciones, favoreciendo la carcinogénesis. Para que estas mutaciones iniciadoras o promotoras de tumores logren persistir en una célula y dar origen a un clon tumoral, a nivel de la célula y su microambiente deben darse dos eventos fundamentales, que son comunes a todos los tipos tumorales: la inestabilidad genómica que favorece la adquisición de mutaciones y la inflamación tumorigénica:
1. Inestabilidad genómica y mutaciones La inestabilidad genómica es una característica central de las células tumorales y se refiere a la tendencia del ADN a sufrir múltiples cambios. Esto favorece la acumulación progresiva de mutaciones que impulsan la transformación maligna. Estas alteraciones pueden ser grandes, como aberraciones cromosómicas o cambios en la ploidía, o pequeñas, como inserciones, deleciones o sustituciones de nucleótidos. Las alteraciones cromosómicas suelen aparecer tempranamente, mientras que la inestabilidad genómica permite la adquisición de capacidades que favorecen el crecimiento y la progresión tumoral. En condiciones normales, las células poseen mecanismos para evitar la acumulación de mutaciones, como la detención del ciclo celular, la reparación del ADN y la apoptosis
cuando el daño es irreparable. En estos procesos participan genes reparadores y supresores de tumores, destacando la proteína p53, conocida como el “guardián del genoma”. En las células tumorales, estos mecanismos fallan, ya sea por mayor sensibilidad a agentes mutagénicos o por defectos en los sistemas de control, lo que impide que las células dañadas entren en senescencia o mueran, permitiendo que continúen dividiéndose y acumulando mutaciones. Algunas condiciones hereditarias aumentan el riesgo de mutaciones, como el síndrome de Lynch, en el que hay alteraciones en genes de reparación del ADN. Esto provoca errores durante la replicación, especialmente en microsatélites, generando inestabilidad microsatelital (MSI), detectable como marcador y asociada a mayor riesgo de cáncer de colon, endometrio, ovario y estómago. El acortamiento de los telómeros también contribuye a la inestabilidad genómica. Al perderse la protección de los extremos cromosómicos, se favorecen alteraciones como amplificaciones o deleciones de ADN, lo que explica cambios estructurales en el cariotipo tumoral.
2. Inflamación tumorigénica La inflamación tumorigénica se desarrolla dentro del microambiente tumoral , donde las células cancerosas interactúan con otras células como fibroblastos anormales, células endoteliales y células del sistema inmune. Estas no solo rodean al tumor, sino que le brindan soporte estructural, funcional y nutricional, favoreciendo su crecimiento. Aunque el sistema inmune normalmente elimina células tumorales mediante la inmunovigilancia, en este contexto se genera una inflamación crónica , principalmente mediada por macrófagos y mastocitos. Esta inflamación no protege, sino que favorece el cáncer en todas sus etapas: en la iniciación produce daño genético que genera nuevas mutaciones; en la promoción estimula la proliferación celular; y en la progresión favorece la angiogénesis, la invasión tisular y la metástasis. Además, las células inmunes liberan factores de crecimiento, moléculas proangiogénicas y enzimas que modifican la matriz extracelular, lo que potencia las capacidades tumorales. Estos mecanismos son importantes porque representan posibles blancos terapéuticos en el tratamiento del cáncer Capacidades comunes de las células tumorales: A pesar de la gran variedad de cánceres, las células tumorales comparten características comunes que permiten entender su comportamiento. Estas fueron descritas por Douglas Hanahan y Robert Weinberg, quienes inicialmente identificaron seis capacidades y luego añadieron dos más, sumando ocho. Estas capacidades se adquieren durante la carcinogénesis y son favorecidas por la inestabilidad genómica y la inflamación tumoral. 1. Independencia de señales de crecimiento : A diferencia de las células normales, que dependen de factores de crecimiento externos, las células tumorales activan de forma autónoma sus vías de proliferación. Esto ocurre por mutaciones en oncogenes que permiten producir sus propios factores de
Aunque el sistema inmune puede reconocerlas por sus antígenos anormales, las células tumorales modifican su microambiente, cambian su perfil antigénico y reclutan células inmunosupresoras, como linfocitos T reguladores y células mieloides supresoras. Esto inhibe la respuesta inmune. La carcinogénesis nos muestra que el cáncer no aparece de forma repentina, sino que es el resultado de un proceso lento, en el que una célula va acumulando errores hasta perder el control de su propio destino. Cada mutación, cada falla en los mecanismos de defensa, acerca a la célula a un estado donde crecer y sobrevivir deja de ser regulado. Sin embargo, entender este proceso también nos da una gran ventaja: nos permite identificar cómo prevenir, detectar y tratar la enfermedad. El cáncer ya no es solo una enfermedad que se teme, sino un desafío que la ciencia continúa enfrentando con conocimiento, innovación y esperanza. “Entender cómo nace el cáncer es el primer paso para evitar que crezca.”
Explicación: Esta frase resalta la importancia del conocimiento. Al comprender los mecanismos de la carcinogénesis (como oncogenes, genes supresores tumorales, daño al ADN), se pueden desarrollar estrategias de prevención, diagnóstico precoz y terapias dirigidas. Es una frase muy académica pero motivadora.