Docsity
Docsity

Prepara tus exámenes
Prepara tus exámenes

Prepara tus exámenes y mejora tus resultados gracias a la gran cantidad de recursos disponibles en Docsity


Consigue puntos base para descargar
Consigue puntos base para descargar

Gana puntos ayudando a otros estudiantes o consíguelos activando un Plan Premium


Orientación Universidad
Orientación Universidad


Historia de la Ecología Humana y del Ecologismo, Apuntes de Psicología

Este texto presenta una breve historia de la Ecología Humana y del Ecologismo, desde sus orígenes hasta la actualidad. Se mencionan los principales pensadores que han contribuido a este campo de estudio, desde Spencer y Darwin hasta Marx, Malthus y Enzensberger. Se destaca la influencia de la Sociología, la Economía y la Política en el desarrollo de la Ecología Humana y del Ecologismo. Se incluyen referencias a obras clave en el campo.

Tipo: Apuntes

2021/2022

Subido el 15/03/2022

cead-acacias-maria-hernandez
cead-acacias-maria-hernandez 🇨🇴

18 documentos

1 / 9

Toggle sidebar

Esta página no es visible en la vista previa

¡No te pierdas las partes importantes!

bg1
Trayectoria histórica de la Ecología Humana
(o si se quiere del concepto de
Medio Ambiente y Sociedad)
y del Ecologismo
© Artemio Baigorri
Este texto está formad o por algunos extractos de un libro inicia do en 1986, E l nuevo paradigma, tan pen diente desde hace
años de s u finalizac ión que prob ablemente nu nca se ter mine. La a parición de la Histoire de l'Ecologie de Pascal Acot, en 1 988,
publicada en España en 1990, me l levó a detener el proyecto, que a partir de trabajo de Acot exig ía mayor dedic ación de la que
podía dedicarle. No obstante no renunc io del todo a terminarlo. Este extr acto se utilizó documento de traba jo en un seminario
durante 1 989.
1.- LA ECOLOGIA HUMANA
En tanto definida como "la relación de los organismos o grupos de organismos con su
medio ambiente", la Ecología tiene una larga tradición en la Historia del Pensamiento.
Filósofos, historiadores, viajeros y literatos han dejado caer a menudo en sus escritos la
idea de que el hombre es influído por, e influye a su vez en, el entorno natural que le
rodea. Puestos a buscar una referencia antigua (cada cual hallará sin duda sus preferidas
en la amplia alacena de la Civilización, y habrá por ejemplo quien guste más de Hobbes
y su lobo-hombre), yo me quedó con Kant, cuando intenta explicar la organización so-
cial correspondiente a sociedades de pastores y de agricultores en función del medio
ambiente correspondiente. "La agricultura -dice- es muy penosa, pendiente de las vicisi-
tudes del clima, insegura, por tanto, y requiere, además, hogar permanente, propiedad
del suelo y poder suficiente para defenderlo" (1). Aún más lejos, Thomas More diseña-
ría una imaginaria isla, en 1516, ecológicamente perfecta, para poder situar en ella su
perfecta Utopía. No era consciente de ello, como no lo era tampoco de hasta qué punto
una profunda transformación ecológica (la ruptura del itsmo que originariamente unía
Utopía al continente) había determinado en sus sueños la organización social utopiana.
En lo que hace a la arqueología de esta disciplina propiamente dicha, que es lo que nos
ocupa, a mediados del siglo XIX el concepto parece estar ya bastante claro. El desarro-
llo de la etología, la historia, la filosofía positiva, la geografía, la economía incluso, la
arqueología y la propia sociología no podían por menos que conducir a la aparición de
un nuevo sesgo, o perspectiva, en el análisis de la sociedad.
Aún cuando la palabra 'ecología' parece haber sido utilizada por primera vez por Haec-
kel en 1868, en un estudio sobre las plantas (en ello coincide toda la bibliografía cono-
pf3
pf4
pf5
pf8
pf9

Vista previa parcial del texto

¡Descarga Historia de la Ecología Humana y del Ecologismo y más Apuntes en PDF de Psicología solo en Docsity!

Trayectoria histórica de la Ecología Humana

(o si se quiere del concepto de

Medio Ambiente y Sociedad)

y del Ecologismo

© Artemio Baigorri

Este texto está formado por algunos extractos de un libro iniciado en 1986, El nuevo paradigma , tan pendiente desde hace años de su finalización que probablemente nunca se termine. La aparición de la Histoire de l'Ecologie de Pascal Acot, en 1988, publicada en España en 1990, me llevó a detener el proyecto, que a partir de trabajo de Acot exigía mayor dedicación de la que podía dedicarle. No obstante no renuncio del todo a terminarlo. Este extracto se utilizó documento de trabajo en un seminario durante 1989.

1.- LA ECOLOGIA HUMANA

En tanto definida como " la relación de los organismos o grupos de organismos con su medio ambiente ", la Ecología tiene una larga tradición en la Historia del Pensamiento. Filósofos, historiadores, viajeros y literatos han dejado caer a menudo en sus escritos la idea de que el hombre es influído por, e influye a su vez en, el entorno natural que le rodea. Puestos a buscar una referencia antigua (cada cual hallará sin duda sus preferidas en la amplia alacena de la Civilización, y habrá por ejemplo quien guste más de Hobbes y su lobo-hombre), yo me quedó con Kant, cuando intenta explicar la organización so- cial correspondiente a sociedades de pastores y de agricultores en función del medio ambiente correspondiente. " La agricultura -dice- es muy penosa, pendiente de las vicisi- tudes del clima, insegura, por tanto, y requiere, además, hogar permanente, propiedad del suelo y poder suficiente para defenderlo " (1). Aún más lejos, Thomas More diseña- ría una imaginaria isla, en 1516, ecológicamente perfecta, para poder situar en ella su perfecta Utopía. No era consciente de ello, como no lo era tampoco de hasta qué punto una profunda transformación ecológica (la ruptura del itsmo que originariamente unía Utopía al continente) había determinado en sus sueños la organización social utopiana.

En lo que hace a la arqueología de esta disciplina propiamente dicha, que es lo que nos ocupa, a mediados del siglo XIX el concepto parece estar ya bastante claro. El desarro- llo de la etología, la historia, la filosofía positiva, la geografía, la economía incluso, la arqueología y la propia sociología no podían por menos que conducir a la aparición de un nuevo sesgo, o perspectiva, en el análisis de la sociedad.

Aún cuando la palabra 'ecología' parece haber sido utilizada por primera vez por Haec- kel en 1868, en un estudio sobre las plantas (en ello coincide toda la bibliografía cono-

cida), la base científica en la que sustentarse estaba ya plenamente desarrollada a partir de la publicación en 1859 del " Origen de las especies " por Darwin (ya apuntada por A.R. Wallace en 1855, aún cuando este naturalista aparecería después como discípulo de Darwin). Más aún, como apoyo para quienes pretenden adscribir a la Sociología la 'propiedad' de la Ecología Humana, puede apuntarse que sería uno de los padres de la Sociología quien, incluso antes que Darwin y Huxley, definiría en términos casi cientí- ficos esta perspectiva de acercamiento al conocimiento de la Sociedad. Aún cuando en términos academicistas también suele considerarse a Spencer simple 'discípulo' de Dar- win, lo cierto es que ya en 1852 había publicado su ensayo " Hipótesis sobre el desa- rrollo ", en el que se otean muchas de sus concepciones posteriores. Incluso antes, en su " Estática Social " (1850), afirma que el desarrollo de la humanidad se ha debido a una constante adaptación de los hombres a su ambiente natural y social (2). Naturalmente, cuando en 1877 publica el primer tomo de sus " Principios de Sociología ", donde des- arrollará más ampliamente su sociobiologismo primitivo (antecedente con " El hombre contra el Estado " -1884- de tantas socio-ideologías triunfantes en la última década), se han desarrollado otras muchas aportaciones a una todavía innominada Ecología Humana o Ecología Social. Pero es en cualquier caso temprana su consideración del hombre (el agregado humano, el grupo social) no sólo como influenciado por el medio ambiente, sino asimismo como agente modificador del medio. Más aún, y como elemento algo más que puramente anecdótico a utilizar en la valoración de Spencer como auténtico 'padre' de la Ecología Humana, cabe apuntar el hecho de que fuese este pensador uno de los primeros en citar a Liébig, tan repetidamente recordado por la Ecología de corte energetista contemporánea (3). También por la misma época haría su aparición (1857-

  1. la " History of Civilization in England " de H.T. Buckle, que recogía ideas simi- lares (4).

Mas ya en la 'prehistoria' de la Ecología Humana hallamos un fuerte componente ideo- lógico en su discurso, como todavía hoy lo sigue teniendo. De hecho, mientras los dar- winistas pasaban a ocupar el podium académico, como basamento cientifista de la ideo- logía dominante (" La lucha por la existencia " de Huxley senior como máximo expo- nente), y son ampliamente conocidos, aquéllos otros científicos naturalistas o sociales que se situaban en una perspectiva diametralmente opuesta en su análisis de la evolu- ción humana y social han sido silenciados en la medida de lo posible. El caso más so- bresaliente es sin duda el de Kropotkin, cuya obra " El apoyo mutuo " surgió precisa- mente como respuesta, tanto desde la etología como desde la antropología y la sociolo- gía, a las tesis de Darwin-Spencer-Huxley, especialmente al 'manifiesto' de este último. Pero también hubo naturalistas como Kessler o Büchner (5), e incluso sociólogos acade- micistas como F.A.Giddins (The principles of Sociology, 1896) que con mayor o menor pasión y fortuna intentaron oponerse a una concepción competitiva y determinista de las sociedades animales y humanas.

En este punto creo que cabe hacer mención, si no de las aportaciones (que de haberlas precisarían un estudio en profundidad), sí de las incorporaciones españolas más tempra- nas a muchos de los paradigmas lanzados en el último tercio del siglo XIX. Hombres tan diversos como el primer Baroja, Ganivet, Costa o Mallada, por delante de sus pro- puestas arbitristas de 'regeneración' habían hallado gran parte de los males sociales, económicos y aún morales de España fundamentados en su medio natural. Naturalmen- te, como ocurriría justo un siglo más tarde con quienes han aportado las mejores ideas al desarrollo del Ecologismo en España, sus obras no siguen las normas académicas, ni su pensamiento un orden estructurado. Es un conocimiento más intuitivo que cientifista el

proyectos de los arquitectos soviéticos... En suma, la preocupación por la ciudad que (dejando a un lado a los utópicos de la primera mitad del siglo XIX) arranca con socia- listas y anarquistas (tanto Proudhom como Marx, Engels y Kropotkin se ocuparon am- pliamente de la cuestión en términos a menudo ecologicistas) adquiere plena carta de naturaleza. Por otra parte, ya en 1903 había sido publicado el agudo ensayo de Georg Simmel " Las grandes ciudades y la vida del espíritu ", y en 1918 " La decadencia de Occidente ", de Spengler, para quien la aparición de las metrópolis rubrica la vejez de las civilizaciones. " Y el campesino, perplejo, se queda en la calle como un idiota, sin comprender nada y sin que nadie le comprenda, convertido en un personaje de comedia y en un proveedor de pan de esta ciudad mundial " (10).

Esta larga introducción que venimos haciendo no es sino un reflejo de la larga introduc- ción evolutiva que dará paso a la Ecología Humana, y que podríamos sintetizar en dos conceptos: darwinismo y urbanización.

En fin, la Escuela de Chicago de Ecología Humana desarrollaría numerosos trabajos, en principio centrados en la propia ciudad de Chicago y más tarde aplicados a otras áreas urbanas y regionales. Para Park y Burguess, la Ecología Humana vendría a ser simple- mente una de las tres partes de la Ecología, junto a la Animal y la Vegetal. Se identifica- ría con el estudio de la distribución de características y fenómenos sociales según las áreas de la ciudad de Burgess. Naturalmente, estos autores introducen directamente los conceptos tomados de la Bio-Ecología; así, uno de los conceptos básicos en su Ecología será la función de 'dominación', que tendría la finalidad de " estabilizar, mantener el orden y permitir el crecimiento de la estructura en que están englobados ese orden y la estructura correspondiente. En resumen, su idea de dominación implica un centro o foco desde el que se ejerce le influencia, y un área o territorio en el que se ejerce dicho control o dirección " (11). Esto será aplicable naturalmente lo mismo entre grupos socia- les que entre unidades territoriales. Mckenzie, Hawley, Bogue, han desarrollado am- pliamente estos conceptos.

A partir de los años 40 se introducirán nuevos elementos, enriqueciéndose la teoría eco- lógica humana y social. Así con la obra de Firey " Land Use in Central Boston " se im- planta la influencia de los factores culturales. En fin, en los años '50 autores como Otis D. Duncan, Hauser y Schnore darán forma definitiva a la Ecología Humana de inspira- ción norteamericana, tal y como ha primado en los últimos treinta años. Esta se funda- menta en cuatro conceptos fundamentales: la población, el medio (el ecosistema), la tecnología y la organización.

A la vista, sin embargo, del conjunto de conocimientos y temarios que hoy estudiamos bajo la denominación general de Ecología Humana, resulta ostensible que a lo largo del presente siglo podemos detectar toda una línea de análisis social en el marco de la Eco- logía, que entroncaría con aquélla veta de pensamiento que hemos dejado pisoteada por la veta darwinista-biologista. Curiosamente, los sociólogos que han elegido esta línea (incluso en los Estados Unidos) participan de algo que definía a la perfección uno de ellos, Paul Goodman, en 1.962: " He sido calificado de ignorante que tocaba, sin pro- fundizar en ellos, una amplia variedad de temas: sociología, psicología, urbanismo y tecnología, pedagodía, literatura, ética y estética. Es cierto que mis conocimientos no son muchos, pero es falso que escriba sobre gran diversidad de temas. El único que atrae mi atención es el comportamiento del ser humano en el escenario que han mon- tado ellos mismos " (12). Ese escenario, que no es sino el medio natural transformado, el

medio ambiente, atraerá a científicos sociales desde campos muy diversos, pero que guardarán en común, frente a la tradición de la Escuela de Chicago, casi dos únicos elementos: de un lado, la misma falta de sistematización que ofrece la propia Naturale- za; de otra parte, el lema recogido en la última de las " XI Tesis sobre Feuerbach " de Marx: " Los filósofos se han limitado a interpretar el mundo de distintos modos; de lo que se trata es de transformarlo " (13)... además de una influencia evidente de la Escuela de Frankfurt. Las rutas seguidas en estos treinta años de acercamiento, desde otra óptica, a la Ecología Humana han sido dispares, pero puede percibirse una constante de impor- tancia creciente: la consideración de cuestiones económicas como complementarias del análisis social. En cuanto a nombres, sería largo citarlos a todos, pero desde Bertrand de Jouvenel, con su ensayo " La Tierra es pequeña " de 1.959, en el que hacía observacio- nes tan actuales como esta: " Si reflexionamos en el consumo de energía que hacemos para favorecer los desplazamientos y para imprimirles mayor velocidad, se puede pensar que el grado de agitación interna de un sistema político también aumenta, agitación desordenada que plantea problemas " (14), pasando por Lefebvre (que evolu- cionaría desde la sociología rural a la filosofía, y de aquí al urbanismo, ejerciendo gran influencia en España a través de Gaviria y Castells), Jane Jacobs con su " Vida y muerte de las grandes ciudades ", Illich con " Energía y equidad ", " Némesis médica " o " La sociedad convivencial " por citar algunos de sus trabajos más importantes, Dumont, de nuevo Mumford, Morin...

En realidad, lo que ha venido a ocurrir en este periodo (aproximadamente entre 1960 y

  1. es que, para no pocos científicos sociales, el exceso de atención prestado en la Ecología Humana a cuestiones como la evolución, la competencia, la lucha por la vida, la selección natural, vendría a ser una pura mistifación ideológica destinada a encubrir la influencia fundamental de las relaciones económicas. Es evidente que las relaciones económicas pueden modificarse, y con ellas la hegemonía de las clases sociales, mien- tras que un pretendido determinismo biológico sería inmodificable, convirtiendo en ilu- sorias y por tanto inútiles las esperanzas de cambio social igualatorio. En realidad, nos encontramos en el punto en el que se hallaba Kropotkin frente a la tríada de Spencer- Darwin-Huxley. En unas líneas del propio Darwin podemos hallar la síntesis de las nuevas tendencias sociobiologistas: " La propiedad está lejos de constituir un mal abso- luto, ya que sin la acumulación de capitales las artes no podrían progresar; ahora bien, las razas civilizadas se extendieron y se extienden todavía en la actualidad principal- mente por la acción de las artes, y de esta manera llegan a suplantar a las razas infe- riores. La acumulación moderada de fortuna no comporta, además, ningún daño a la marcha de la selección natural. Cuando un hombre pobre se hace moderadamente rico sus hijos se dedican a oficios en los cuales la lucha es todavía lo bastante viva como para que los mejor dotados desde el punto de vista del cuerpo o del espíritu tengan ma- yor posibilidad de éxito " (15). Por otro lado, no cabe duda de que, en líneas generales, los maestros de la Ecología Humana no parecen haberse ocupado de los problemas sociales que realmente preocupaban a la sociedad a la que pretendían servir. A nivel anecdótico, puede citarse un dato curioso: en 1972, recién aparecido el primer Informe del Club de Roma, un periodista holandés preparó una masiva encuesta a nivel mundial, por la que 70 personalidades de la Sociología, la Economía, la Ecología, la Biología, la Ingeniería de Sistemas... opinarían sobre lo que fue (con independencia de la influencia real que había tenido la " Primavera silenciosa " de Rachel Carson, publicada en 1962, entre las élites intelectuales occidentales) el mayor aldabonzado planetario sobre " la cuestión ecológica " (16). Ninguno de los estudiosos 'acreditados' de la Ecología Humana figuran en esa selección.

2.- EL ECOLOGISMO

En cualquier caso, en los años '70 el Ecologismo o, como algunos preferimos llamarlo durante un tiempo (17), la Ecología Política, inspirados por el neofrankfurtiano Enzens- berger y su obra " Para una crítica de la ecología política " (1.973), había adquirido plena carta de naturaleza. Naturalmente, desde el principio mismo en que la preocupa- ción ecológica se extendió en la sociedad, aún siendo una inquietud netamente social, pudieron distinguirse tendencias muy diversas, que se repiten más o menos por igual en todos los países occidentales en los que 'el movimiento' ha alcanzado cierta fuerza. De un lado los sectores procedentes de la Ecología académica y, más especialmente, de la etología, preocupados por la conservación de las especies animales en peligro de extin- ción, y con una larga tradición a sus espaldas (no debe olvidarse que la primera conven- ción sobre especies amenazadas de extinción se celebró en Europa hacia 1.913, y desde los años '20 funciona en prácticamente todos los países desarrollados lo que podemos llamar 'protección de la naturaleza'); de otro lado, los sectores que podríamos denominar procedentes de esa 'otra' Ecología Humana bastarda a que hemos hecho referencia más arriba, y cuya preocupación no era tanto la protección de los animales como la del pro- pio ser humano y su entorno (tanto natural como artificial). Naturalmente, ambos secto- res conformaban (y conforman) un espectro de variaciones demasiado amplias como para describirlas en su totalidad. Los 'ecólogos' -como gustaban llamarse los primeros- utilizaban de hecho el término 'ecologista' en término despectivo contra los segundos, si bien al final se ha impuesto como un concepto universal; los 'radicales' denominaban 'pajaritólogos' a los primeros. En el fondo se trataba de dos actitudes casi diametralmen- te opuestas, nuevamente Kropotkin vs. Darwin, que las circunstancias sociales de los últimos 20 años ha unido sin embargo en muchos países. Pero basta echar mano de los 'historiadores' del movimiento ecologista en España para detectar esa división. Tome- mos a uno de los historiadores procedentes del campo del conservacionismo: " En Espa- ña, como en todo el mundo, el ecologismo surgió de la fusión de elementos muy hetero- géneos (...) Al grupo indudablemente pionero de los 'conservacionistas' (...) se unieron tempranamente las 'Comunidades de afectados' (...)Mucho más tarde se integraron elementos de partidos de la izquierda extraparlamentaria, pacifistas, etc " (18). Tomemos ahora la opinión de uno de los dirigentes ecologistas de los años '80, haciendo historia desde otro ángulo: " El fenómeno ecologista es reciente, aunque ya durante la dictadura franquista algunas individualidades y grupos de resistencia antinuclear introdujeron la crítica al modelo desarrollista impulsado por la política de liberalización económica (...) Desde un principiola punta de lanza del ecologismo fue la lucha antinuclear " (19).

No es momento ni lugar para inclinarse por una u otra de las posturas aunque, tan sólo sea por estar escrita con anterioridad, con la memoria más fresca, es fácil otorgar mayor credibilidad a la opinión de Vilanova, por otro lado más cercano desde el principio al movimiento ecologista, que a la de Parra, más atado a prejuicios de orden corporativo. Pero sí que cabe reseñar que en todo el proceso han tenido mayor influencia las aporta- ciones de la Sociología, la Política y la Economía a las que hemos venido haciendo refe- rencia en el otro apartado que las procedentes de la Ecología Animal o Vegetal, las cua- les se han utilizado más como soporte técnico.

En cualquier caso, creo que el Ecologismo ha adquirido tal importancia temporal y es- pacial que cabe hablar de él ya más como un concepto de Historia de las Civilizaciones que como de un " ismo " ideológico, científico, político o de moda. Cuando en la Tercera Ola toffleriana se haga historia, el siglo XX será el siglo del Ecologismo como el XVI

lo fue del Renacimiento. En este sentido, y aunque no sea del todo correcto autocitarme, debe entenderse el ecologismo como la confluencia de muy diversos elementos que im- pulsan a un cambio de civilización que debe manifestarse en todos los ámbitos de la sociedad, desde el conocimiento y la ciencia a la producción o el consumo; " ...yo dudo seriamente de utilizar el término ecologismo, pero no encuentro otro más apropiado. Es un pensamiento de aluvión que bebe de muy variadas y ricas fuentes: tomamos de Malthus la necesidad de equilibrio entre población y recursos; de Marx el método de análisis social, la lucha de clases, el fin de las mercancías y el dinero; de los anarquis- tas casi todo, la lucha contra el Estado, el antiautoritarismo y el sentido moral de la lucha; de Veblen el desprecio hacia las clases ociosas y el consumo conspicuo; de la biología la ecología científica, la interrelación de los elementos y el conocimiento de cómo funciona la única energía inacabable a escala histórica, el flujo de la luz, de la energía solar; de la antropología la autosuficiencia y ciertas formas de organización tribal; de los naturistas el placer de comer y el autocontrol de la salud; de los gitanos y los negros la defensa de la identidad, el derecho a la insolencia y la resistencia frente a las instituciones; de los antiimperialistas el conocimiento del tercer Mundo, de la ex- plotación colonial, las multinacionales, el mercado mundial, las relaciones entre centro y periferia que se reproducen a todos los niveles; del mundo rural el sentido del ahorro, el saber vivir gastando poco y guardando para mañana; de los artesanos el no producir sino cosas útiles y con las que uno se identifique; de los nuevos movimientos sociales el antimilitarismo de los objetores, el derecho al placer y disposición del propio cuerpo de las feministas; del monacato cristiano primitivo el comunalismo y el saber vivir pobre pero con elegancia; de la Ilustración las posibilidades políticas de aquel slogan revolu- cionario:'Libertad, igualdad y fraternidad'; del socialismo utópico su voluntad refor- mista, de practicar más que de teorizar; de Gandhi el pacifismo y la desobediencia civil como forma de lucha no violenta; del pensamiento medieval la equiparación de la ra- zón a otras formas igualmente válidas de conocimiento; de los regeneracionistas espa- ñoles su apreciación del valor de lo antiguo, su parcial rechazo del modernismo a ul- tranza y porque sí.

" Se dice que el marxismo fue el resultado lógico de la filosofía alemana, el socialismo utópico francés y la economía inglesa. El ecologismo radical sería el resultado de todo eso, más todo lo que Marx y Engels despreciaron, más todo lo que ha surgido después. Es un pensamiento de aluvión, pero no ecléctico, porque el eclecticismo evita la crisis y el conflicto, persigue la unión de los contrarios, mientras el ecologismo radical es esencialmente dialéctico, crítico y conflictivo. " (20)

Badajoz, 3 de marzo 1990

NOTAS BIBLIOGRÁFICAS

  1. I.Kant: "Comienzo presunto de la Historia Humana" (1786), en Filosofía de la Historia , FCE, Madrid, 1989, pag.
  2. F.Ferrarotti: "Herber Spencer" en El pensamiento sociológico de Comte a Horkheimer , Península, Barcelona, 1975, pag. 78
  3. "Queda demostrada la gran importancia del vestido. Como dice Liébig, 'el traje es para nosotros, en relación a la temperatura del cuerpo', el simple equivalente de cierta suma de alimento'. Disminuyendo