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Resumen. Historia de España. Bloque 1., Apuntes de Historia de España

Resumen. Historia de España. Bloque 1.

Tipo: Apuntes

2021/2022

Subido el 17/03/2022

Albamiguelezgarcia
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BLOQUE 1.- LA PENÍNSULA IBÉRICA DESDE LOS PRIMEROS HUMANOS HASTA LA DESAPARICIÓN DE LA
MONARQUÍA VISIGODA (711)
1.1. Sociedad y economía en el Paleolítico y Neolítico. La pintura rupestre.
Llamamos prehistoria al periodo de tiempo transcurrido entre la aparición de los primeros antepasados del ser
humano en África, hace unos cuatro millones de años y la invención de la escritura (3.000 a. C.). La prehistoria se
divide en tres etapas: el Paleolítico, que se extiende hasta hace 10.000 años con la aparición de la agricultura y la
ganadería; el Neolítico, desde esta fecha hasta la fabricación de los primeros objetos de metal (4.000 a. C.); y la
Edad de los Metales, que finalizó con la invención de la escritura. Durante el proceso de hominización, los seres
humanos fueron adquiriendo características diferenciadoras como el bipedismo, el desarrollo del pulgar oponible
y el incremento y complejidad del cerebro.
Los seres humanos del Paleolítico vivían de la recolección, la pesca, la caza; para ésta empleaban lanzas de
madera con puntas de flecha (talladas en piedra). Con los animales se alimentaban y con las pieles fabricaban
prendas de abrigo, ayudándose de herramientas como la raedera, el buril y la aguja (hueso). Para la pesca
utilizaban arpones de hueso.
Durante este periodo los grupos humanos eran nómadas, es decir, se desplazaban de un sitio a otro en busca de
alimentos. Solían vivir en cuevas, abrigos rocosos o chozas, según el clima. Vivían en tribus de varias familias y
unos cuarenta individuos de forma solidaria entre ellos.
En la cultura paleolítica destacan las pinturas realizadas en las paredes y los techos de las cuevas, la denominada
pintura rupestre (pintura en las rocas). Los mejores ejemplos se han encontrado en la cornisa cantábrica, dentro
de la denominada “escuela franco-cantábrica”, donde destaca la cueva de Altamira (Cantabria) y tienen una
antigüedad de hasta 30.000 años. Su temática es animalística, que representa a bisontes, ciervos y caballos sin
formar escenas, son pinturas muy realistas caracterizadas por su policromía (ocre, rojo y negro). La finalidad de
estas pinturas no está exenta de polémica: el arte por el arte; una función mágica, propiciatoria de la caza; o
función totémica para la tribu.
También realizaron grabados sobre rocas y huesos y elaboraron pequeñas esculturas en piedra, marfil o hueso,
las llamadas venus, para propiciar la fertilidad de las mujeres.
A partir del 8.000 a. C. se produce la denominada revolución del Neolítico, debido a que los seres humanos
aprenden a cultivar plantas (agricultura) y domesticar animales (ganadería). Esto supuso una transformación
radical de la forma de vida de la humanidad, que pasó de una economía recolectora a tener una economía
productora, es decir, capaz de producir alimentos. En este periodo se produjeron importantes avances técnicos:
se utilizó la piedra pulida para fabricar herramientas (azadas, hoces), la fabricación de tejidos en rudimentarios
telares, y se inventó la cerámica, que permitió fabricar vasijas para guardar el grano, para comer y cocinar.
Como consecuencia de ello el hombre neolítico se hizo sedentario y así se crearon las primeras aldeas y poblados
donde las personas se fueron especializando en distintos trabajos: agricultores, ganaderos y artesanos. Durante
este periodo se adoraban a las fuerzas de la naturaleza relacionadas con el cultivo de la tierra, en este sentido
realizaban pequeñas figuras de arcilla conocidas como diosas de la fertilidad o “diosas madre”, que se enterraban
para propiciar las buenas cosechas.
En la zona mediterránea encontramos restos de cerámica cardial y en Cataluña se da la “cultura de los sepulcros
de fosa.
La pintura rupestre cambió en el Neolítico. Se trata de pinturas realizadas en abrigos rocosos naturales o al aire
libre. Los mejores ejemplos pertenecen a la “escuela levantina”. La figura humana cobró protagonismo, pero es
representada de forma muy esquemática y formando escenas, tales como la caza, la recolección de la miel, las
tareas agrícolas, la danza o la lucha. Se trata de pinturas monocromas (un sólo color). Algunos ejemplos de este
arte los tenemos en las cuevas de El Cogul (Lleida), La Valtorta (Castellón) y La Araña (Valencia).
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BLOQUE 1.- LA PENÍNSULA IBÉRICA DESDE LOS PRIMEROS HUMANOS HASTA LA DESAPARICIÓN DE LA

MONARQUÍA VISIGODA (711)

1.1. Sociedad y economía en el Paleolítico y Neolítico. La pintura rupestre.

Llamamos prehistoria al periodo de tiempo transcurrido entre la aparición de los primeros antepasados del ser humano en África, hace unos cuatro millones de años y la invención de la escritura (3.000 a. C.). La prehistoria se divide en tres etapas: el Paleolítico, que se extiende hasta hace 10.000 años con la aparición de la agricultura y la ganadería; el Neolítico, desde esta fecha hasta la fabricación de los primeros objetos de metal (4.000 a. C.); y la Edad de los Metales, que finalizó con la invención de la escritura. Durante el proceso de hominización, los seres humanos fueron adquiriendo características diferenciadoras como el bipedismo, el desarrollo del pulgar oponible y el incremento y complejidad del cerebro.

Los seres humanos del Paleolítico vivían de la recolección, la pesca, la caza; para ésta empleaban lanzas de madera con puntas de flecha (talladas en piedra). Con los animales se alimentaban y con las pieles fabricaban prendas de abrigo, ayudándose de herramientas como la raedera, el buril y la aguja (hueso). Para la pesca utilizaban arpones de hueso. Durante este periodo los grupos humanos eran nómadas, es decir, se desplazaban de un sitio a otro en busca de alimentos. Solían vivir en cuevas, abrigos rocosos o chozas, según el clima. Vivían en tribus de varias familias y unos cuarenta individuos de forma solidaria entre ellos. En la cultura paleolítica destacan las pinturas realizadas en las paredes y los techos de las cuevas, la denominada pintura rupestre (pintura en las rocas). Los mejores ejemplos se han encontrado en la cornisa cantábrica, dentro de la denominada “escuela franco-cantábrica”, donde destaca la cueva de Altamira (Cantabria) y tienen una antigüedad de hasta 30.000 años. Su temática es animalística, que representa a bisontes, ciervos y caballos sin formar escenas, son pinturas muy realistas caracterizadas por su policromía (ocre, rojo y negro). La finalidad de estas pinturas no está exenta de polémica: el arte por el arte; una función mágica, propiciatoria de la caza; o función totémica para la tribu. También realizaron grabados sobre rocas y huesos y elaboraron pequeñas esculturas en piedra, marfil o hueso, las llamadas venus , para propiciar la fertilidad de las mujeres. A partir del 8.000 a. C. se produce la denominada revolución del Neolítico , debido a que los seres humanos aprenden a cultivar plantas (agricultura) y domesticar animales (ganadería). Esto supuso una transformación radical de la forma de vida de la humanidad, que pasó de una economía recolectora a tener una economía productora , es decir, capaz de producir alimentos. En este periodo se produjeron importantes avances técnicos: se utilizó la piedra pulida para fabricar herramientas (azadas, hoces), la fabricación de tejidos en rudimentarios telares, y se inventó la cerámica, que permitió fabricar vasijas para guardar el grano, para comer y cocinar. Como consecuencia de ello el hombre neolítico se hizo sedentario y así se crearon las primeras aldeas y poblados donde las personas se fueron especializando en distintos trabajos: agricultores, ganaderos y artesanos. Durante este periodo se adoraban a las fuerzas de la naturaleza relacionadas con el cultivo de la tierra, en este sentido realizaban pequeñas figuras de arcilla conocidas como diosas de la fertilidad o “diosas madre”, que se enterraban para propiciar las buenas cosechas. En la zona mediterránea encontramos restos de cerámica cardial y en Cataluña se da la “c ultura de los sepulcros de fosa”.

La pintura rupestre cambió en el Neolítico. Se trata de pinturas realizadas en abrigos rocosos naturales o al aire libre. Los mejores ejemplos pertenecen a la “escuela levantina”. La figura humana cobró protagonismo, pero es representada de forma muy esquemática y formando escenas, tales como la caza, la recolección de la miel, las tareas agrícolas, la danza o la lucha. Se trata de pinturas monocromas (un sólo color). Algunos ejemplos de este arte los tenemos en las cuevas de El Cogul (Lleida), La Valtorta (Castellón) y La Araña (Valencia).

1.2. Los pueblos prerromanos. Las colonizaciones históricas: fenicios y griegos. Tartesos.

En el primer milenio a. C. habitaban en la península ibérica una serie de pueblos que llamamos prerromanos , de los que se tienen las primeras referencias escritas por griegos y romanos. Los pueblos centroeuropeos (celtas), y del Mediterráneo oriental (fenicios y griegos), llegan a la Península en busca de tierras que cultivar o metales para comerciar. Paralelamente, el sustrato indígena evoluciona por influencia de estos colonizadores originando la civilización íbera. Estos pueblos se han clasificado en tres grandes conjuntos: Los pueblos í beros , que habitaban la costa mediterránea, el valle del Ebro y el sur de la península ibérica, recibieron una gran influencia de los colonizadores fenicios y griegos, por ello conocían la escritura. Los iberos vivían en poblados amurallados con viviendas rectangulares construidos en zonas elevadas. La sociedad estaba jerarquizada y organizada en tribus y dirigida por un reyezuelo o régulo , donde los grupos dominantes eran los guerreros y sacerdotes. La economía se basaba en la agricultura de cereales, vid y olivo y en la ganadería. También destacaba la minería de oro, plata, cobre y hierro y la metalurgia, con la forja de armas y el desarrollo del comercio, puesto que llegaron a acuñar moneda propia. Los iberos adoraban a divinidades principalmente femeninas, cuyo culto realizaban en santuarios próximos a los poblados. Incineraban a los difuntos e introducían sus cenizas en urnas.

Sus manifestaciones artísticas son muy ricas con grandes influencias fenicias y griegas, esta última se puede apreciar en la escultura y en obras como la dama de Elche , la dama de Baza y la Bicha de Balazote. Los pueblos celtas se formaron con la llegada de dos grandes oleadas en el siglo XI y siglo IX a. C. de pueblos originarios de Centroeuropa, que hablaban una lengua indoeuropea e introdujeron el hierro. Se asentaron en la parte de la península más deshabitada, fundamentalmente en la Meseta y oeste peninsular, donde destacamos pueblos como los carpetanos, lusitanos, vettones y vacceos. Vivían en poblados amurallados llamados castros de viviendas circulares. Se organizaban en tribus y éstas, en clanes familiares y su sociedad estaba dividida en la aristocracia guerrera dominante, los druidas y los campesinos. Su economía era autosuficiente, sin apenas comercio, y se dedicaban, sobre todo, a la ganadería y a la caza, con una agricultura basada en cereales: las tierras comunales se sorteaban por lotes explotados anualmente y la cosecha se almacenaba en silos comunes. Elaboraban cerámicas y eran expertos en metalurgia (joyas y armas de broce y hierro). Los pueblos celtas no conocían la escritura ni la moneda. Adoraban a los astros y elementos de la naturaleza. Los sacerdotes se llamaban druidas y tenían un gran prestigio social porque actuaban como doctores y adivinos. Practicaban la incineración, dentro de la llamada “cultura de los campos de urnas” centroeuropea: las cenizas de los difuntos eran depositadas en urnas de cerámica e introducidas en fosas, formando extensas necrópolis.

Una muestra del arte celta es la llamada “cultura de los verracos”, que realiza esculturas zoomorfas de gran tamaño en piedra; un ejemplo son los Toros de Guisando en Ávila. En las zonas de contacto entre celtas e iberos habitaban pueblos, denominados celtíberos , que eran una mezcla de ambas culturas, la cultura celtibérica. Su centro era Numancia y destacaron por su carácter guerrero y sus excelentes armas. Los pueblos del norte , desde Galicia hasta el Pirineo central (galaicos, astures, cántabros y vascones), estaban menos desarrollados. Se dedicaban, sobre todo, a la ganadería, la caza y la recolección de frutos. Así debían realizar expediciones de saqueo contra sus vecinos para poder sobrevivir y, según fuentes romanas, tenían costumbres más arcaicas. Las colonizaciones históricas de la Península Ibérica estuvieron protagonizadas por fenicios, griegos y cartagineses. Los fenicios llegaron a partir del siglo IX a. C. procedentes de las ciudades-Estado del Mediterráneo oriental, como Tiro y Sidón. La colonización fenicia fue exclusivamente comercial y pretendía monopolizar uno de los puntos estratégicos de la ruta de los metales (oro, plata, cobre, estaño y hierro) por medio de las factorías , establecimientos creados por comerciantes para conectar el área de influencia de la colonia con la metrópoli. Se

legiones romanas practicando una guerra de guerrillas; se aprovechaba del conocimiento del terreno para atacar a los romanos, dañando sus vías de suministros por sorpresa y tendiendo emboscadas, abandonando el lugar cuando el grueso del ejército romano hacía acto de presencia. Fue traicionado y ejecutado por sus generales ( a. C.). Numancia cayó en el año 133 a. C. conquistada por Publio Cornelio Escipión Emiliano “el Africano Menor”. Los habitantes de Numancia prefirieron quitarse la vida a caer esclavos de los romanos.

c) Sometimiento de la cornisa cantábrica (29-19 a.C.). La conquista del norte de la Península se llevó a cabo durante el reinado de Octavio Augusto. El emperador decidió llevar a cabo la conquista del último reducto peninsular sin ser conquistado por los romanos para legitimar su poder político y acabar con las frecuentes incursiones en busca de botín de las tribus del norte. Para ello se valió de Agripa, general y amigo que fue el verdadero artífice de la conquista militar de este territorio, tras derrotar a los cántabros, astures y galaicos. Roma tuvo que levantar campamentos militares al pie de la Cordillera Cantábrica: Asturica Augusta (Astorga) o Legio (León). Se entiende por romanización el proceso de integración de los pueblos hispanos a las estructuras económicas, sociales, políticas y culturales de Roma. Se trata básicamente de un fenómeno de aculturación que no fue homogéneo ni en el tiempo ni en el espacio. Los principales agentes de romanización fueron el ejército, las ciudades, las comunicaciones, la economía y la cultura. Hispania pasó a formar parte de Roma, pero en el 197 a. C. se hizo una división territorial creando dos provincias: Citerior (Levante y norte) y Ulterior (sur y oeste). Augusto, en el 27 a. C., hizo una nueva división: Tarraconense (antigua Citerior) con capital en Tarraco, Bética con capital en Córdoba y Lusitania , con capital en Mérida. Diocleciano en el 293 d. C. establece la Diócesis de Hispania, que quedó integrada por siete provincias: Tarraconense (Tarragona), Cartaginense (Cartagena), Bética (Híspalis), Lusitania (Mérida), Gallaecia (Braga), Baleárica (Pollensa), Mauritania Tingitana (Tingis).

En el ámbito económico , debemos destacar la gran importancia económica de Hispania para los romanos, puesto que era una región muy rica en productos agrícolas y materias primas, en especial, los metales. A cambio, los hispanos pudientes importaban de Roma objetos manufacturados y productos de lujo. Los esclavos, que eran los indígenas que se sublevaron contra los romanos, también generaron grandes beneficios, muchos de ellos fueron utilizados en las minas. Se trataba de una economía monetaria, el denario de plata se convirtió en la unidad monetaria. A partir del siglo I d. C. la acuñación municipal de moneda desapareció en favor del monopolio estatal. La agricultura en Hispania se basaba en la explotación de la tríada mediterránea de secano (trigo, vid, olivo) explotada, en gran medida, en los grandes latifundios. También se desarrollaron los cultivos de regadíos para el lino y las hortalizas. En las costas mediterráneas la actividad pesquera alimentaba una importante industria de salazones. La ciudad representó la esencia de la civilización romana, puesto que era el centro del poder político, un lugar de intercambio de mercancías y el escenario de desarrollo de la vida social. En Hispania se fortalecieron las ya existentes y se crearon otras nuevas, como Mérida, Zaragoza, Barcelona, Tarragona, Sevilla, Córdoba o Lugo. Era una sociedad urbana basada en la creación de una extensa red de comunicaciones. Las calzadas romanas y los puentes tenían objetivos comerciales, militares y administrativos y contribuyeron a la integración social. Los principales itinerarios fueron tres: la vía Augusta, en costa mediterránea, la vía de la Plata (Astorga, Mérida, Sevilla) y la vía de Astorga a Burdeos, futuro Camino de Santiago. Las principales aspectos culturales de la integración fueron:

El latín , que se difundió como lengua de prestigio; su mezcla con las lenguas autóctonas generó el “latín vulgar”, del que parten las lenguas romance. Algunos autores latinos de origen hispano fueron: Séneca, maestro del estoicismo; los poetas Lucano y Marcial; el retórico Quintiliano; Columela, autor del más famoso tratado de agronomía de la antigüedad y el geógrafo Mela. El Derecho romano , que regulaba la convivencia social y el funcionamiento de las instituciones públicas, ya que simbolizaba las relaciones entre los habitantes del imperio y el Estado. El emperador Caracalla otorgó la ciudadanía romana a todos los habitantes libres del imperio en el año 212 d. C.

La religión se utilizó como medio de integración política. Se respetaron las creencias locales, pero era obligado el culto al emperador y a los tres dioses que simbolizaban el poder de Roma: Júpiter, Juno y Minerva. Más tarde se difundió también el cristianismo, que pasó a convertirse la religión oficial del Imperio con el emperador Teodosio en el año 380. El arte romano fue heredero del griego, pero aportó nuevos elementos. En la arquitectura conservamos magníficos ejemplos: los templos (Diana en Mérida); los edificios para el ocio, como los teatros, anfiteatros y circos de Mérida o Itálica; las obras de ingeniería, como las calzadas, los puentes (Alcántara) y los acueductos (Segovia); y los monumentos conmemorativos (arco de Bará en Tarragona). También existen numerosos ejemplos de las artes pláticas en villas y palacios: escultura, pintura y mosaico (Mosaico de la Casa de los Pájaros, en Itálica).

1.4. El reino visigodo: origen y organización política. Los concilios.

La descomposición del Imperio romano de Occidente desde finales del siglo IV d. C. afectará al futuro de la Península. Una oleada de pueblos germánicos formada por suevos, vándalos y alanos entraron en Hispania (409), provocando el caos, debido a sus constantes saqueos. El emperador decidió utilizar a los visigodos, establecidos en el sur de la Galia, para echarlos de la Península. El rey visigodo Valia entró en Hispania en el año 416, derrotando a los vándalos y alanos. Tras la retirada de los visigodos a su recién creado reino de Tolosa , suevos y vándalos asdingos se enfrentan por controlar Hispania, pero un ejército hispanorromano derrota a los asdingos , que se trasladan a la Bética; poco después, en el año 429, decidieron instalarse en el norte de África. En Gallaecia se asentó el reino de los suevos hasta que fue sometido por los visigodos (585). La segunda mitad del siglo V está marcada por las recurrentes incursiones visigodas en la Península para restablecer el poder de la aristocracia hispanorromana contra las incursiones de suevos y vascones. En este sentido, hemos de destacar la creciente ruralización que sufrirá la economía en todo el imperio occidental, haciendo que las clases populares abandonasen las ciudades, donde los impuestos y el desabastecimiento dificultan su vida. Por el contrario, la vinculación directa con la tierra permitió una mejor perspectiva de supervivencia. La derrota de los visigodos a manos de los francos en la batalla de Vouillé (507) fue la razón de su definitivo asentamiento en Hispania y la creación del reino visigodo con capital en Toledo. El problema más grave de esta monarquía visigoda fue el de la fusión del elemento visigodo, vencedor y minoritario, con la mayoría hispanorromana. El reino visigodo se basaba en dos elementos esenciales: la herencia romana (organización administrativa, derecho romano, lengua latina) y la herencia germana (reyes electivos, derecho consuetudinario). Al principio la solución fue mantener una sociedad dual, es decir, separada, quedándose los visigodos con los altos cargos y con la propiedad de las mejores tierras. Sin embargo, las continuas disputas entre los clanes visigodos y la oposición de la nobleza hispanorromana condujo a los reyes godos a llevar a cabo un proceso de unificación de ambas comunidades. La unidad territorial y política fue iniciada por Leovigildo (572-586). Lo primero que hizo fue derogar la ley que prohibía los matrimonios entre godos e hispanorromanos, e inició la unificación territorial: expulsó a los suevos y arrebató numerosas plazas a los bizantinos, que habían conquistado el sur de la Península y que finalmente les echaron del todo en el siglo VII.

La unión religiosa fue llevada a cabo por Recaredo , hijo de Leovigildo. En el III Concilio de Toledo (589), Recaredo abandonó el arrianismo con todo su pueblo y aceptó el catolicismo como religión oficial del reino. La unión legislativa se llevó a cabo mediante la fusión del Código de Eurico (promulgado para el pueblo visigodo) y el Código de Alarico (para el pueblo hispanorromano). Fue Recesvinto quien promulgó un único código para ambos pueblos: el Liber Iudiciorum o Fuero Juzgo (654), compilación de derecho romano que se une al consuetudinario germánico visigodo, que tiene validez en todo el territorio, lo que igualaba jurídicamente a las poblaciones hispanorromana y visigoda. La organización política es un reflejo la evolución en el proceso de integración de ambas comunidades. Al principio los principales cargos militares y de la administración estaban reservados a los visigodos, pero tras las