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Resumen Hobsbawn, Resúmenes de Periodismo

Asignatura: Historia del mundo Actual, Profesor: jose antonio sanchez roman, Carrera: Periodismo, Universidad: UCM

Tipo: Resúmenes

2015/2016

Subido el 05/03/2016

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nicolas_de_benito 🇪🇸

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RESUMEN HOBSBAWN
La era de las catástrofes
Capítulo I
LA ÉPOCA DE LA GUERRA TOTAL
La estructura de la civilización decimonónica se derrumbó entre las llamas de la
guerra al hundirse los pilares que lo sustentaban. Se rechazaba cualquier
continuidad con el pasado. Desde 1914, la guerra se convirtió en una donde la
participación incumbía a todas las potencias (Gran Bretaña, Francia, Rusia,
Austria-Hungría, Prusia, Italia, Estados Unidos y Japón). Lo normal era que la
guerra durara meses o, incluso, semanas. Entre 1815 y 1914 ninguna gran
potencia se enfrentó a otra más allá de su región de influencia inmediata. En
la primera guerra mundial participaron todas las grandes potencias y todos los
estados europeos excepto España, PPBB, tres países escandinavos y Suiza.
Diversos países de ultramar enviaron tropas. La guerra naval adquirió una
dimensión mundial.
Durante la segunda guerra mundial, prácticamente todos los estados
independientes del mundo se vieron involucrados en la contienda, voluntaria o
involuntariamente, aunque la participación de América Latina fue de carácter
nominal. Las dos guerras mundiales ocupan los primeros lugares del número
de muertes que provocaron, seguidas de la guerra entre Japón y China
(1937-1939) y la guerra de Corea.
Primera guerra mundial. Comenzó como una guerra europea entre la Triple
Alianza (Francia, Gran Bretaña y Rusia) y potencias centrales (Alemania y
Austria-Hungría). Después, se incorporaron Serbia, Bélgica, Turquía, Bulgaria,
Italia, Grecia, Rumania y Portugal. La intervención de Estados Unidos, en 1917,
sería decisiva. Los alemanes quisieron llevar una guerra en dos frentes
(Blitzkrieg). Se improvisaron guerras paralélelas de trincheras y fortificaciones
decisivas. El frente occidental se convirtió en la maquinaria más mortífera. De
hecho, Verdún, fue considerada como la “gran guerra”. Los horrores de la
guerra contribuyeron a brutalizar la guerra y la política, dejó de tener
importancia la cuestión de vidas humanas. Se desarrolló un sentimiento de
superioridad, que definiría la actitud de los grupos ultraderechistas de
posguerra. Por otro lado, se vio en los países democráticos, que los votantes
no tolerarían un baño de sangre más. A largo plazo, los gobiernos democráticos
no pudieron resistir la tentación de salvar las vidas de sus ciudadanos mediante
el desprecio absoluto de la vida de las personas de los países enemigos.
La guerra moderna involucra a todos los ciudadanos, modifican el conjunto de
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RESUMEN HOBSBAWN

La era de las catástrofes

Capítulo I

LA ÉPOCA DE LA GUERRA TOTAL

La estructura de la civilización decimonónica se derrumbó entre las llamas de la guerra al hundirse los pilares que lo sustentaban. Se rechazaba cualquier continuidad con el pasado. Desde 1914, la guerra se convirtió en una donde la participación incumbía a todas las potencias (Gran Bretaña, Francia, Rusia, Austria-Hungría, Prusia, Italia, Estados Unidos y Japón). Lo normal era que la guerra durara meses o, incluso, semanas. Entre 1815 y 1914 ninguna gran potencia se enfrentó a otra más allá de su región de influencia inmediata. En la primera guerra mundial participaron todas las grandes potencias y todos los estados europeos excepto España, PPBB, tres países escandinavos y Suiza. Diversos países de ultramar enviaron tropas. La guerra naval adquirió una dimensión mundial. Durante la segunda guerra mundial, prácticamente todos los estados independientes del mundo se vieron involucrados en la contienda, voluntaria o involuntariamente, aunque la participación de América Latina fue de carácter nominal. Las dos guerras mundiales ocupan los primeros lugares del número de muertes que provocaron, seguidas de la guerra entre Japón y China (1937-1939) y la guerra de Corea. Primera guerra mundial. Comenzó como una guerra europea entre la Triple Alianza (Francia, Gran Bretaña y Rusia) y potencias centrales (Alemania y Austria-Hungría). Después, se incorporaron Serbia, Bélgica, Turquía, Bulgaria, Italia, Grecia, Rumania y Portugal. La intervención de Estados Unidos, en 1917, sería decisiva. Los alemanes quisieron llevar una guerra en dos frentes (Blitzkrieg). Se improvisaron guerras paralélelas de trincheras y fortificaciones decisivas. El frente occidental se convirtió en la maquinaria más mortífera. De hecho, Verdún, fue considerada como la “gran guerra”. Los horrores de la guerra contribuyeron a brutalizar la guerra y la política, dejó de tener importancia la cuestión de vidas humanas. Se desarrolló un sentimiento de superioridad, que definiría la actitud de los grupos ultraderechistas de posguerra. Por otro lado, se vio en los países democráticos, que los votantes no tolerarían un baño de sangre más. A largo plazo, los gobiernos democráticos no pudieron resistir la tentación de salvar las vidas de sus ciudadanos mediante el desprecio absoluto de la vida de las personas de los países enemigos. La guerra moderna involucra a todos los ciudadanos, modifican el conjunto de

economía para la producción de armamentos y transforma por completo la vida de los países participantes. A partir de 1914, todos los conflictos eran guerras masivas. Así que la movilización masiva no podía mantenerse excepto en una economía industrializada moderna con elevada productividad, implicando necesidades de mano de obra. Es por eso que estas guerras se caracterizan por movimientos obreros y la lucha por la inclusión de la mujer. Las guerras del siglo XX han destruido cantidades de productos en el curso de la lucha. Por otro lado, revolucionaron los procesos de ingeniería mecánica de las fábricas, ya que la guerra masiva exigía una producción masiva. La producción requería organización y gestión, aun cuando su objeto fuera la destrucción racionalizada. Los ejércitos y la guerra no tardaron en convertirse en industrias de actividad militar. Algunas industrias tenían que sentir los efectos de la guerra. Por otro lado, ¿cómo había que financiar las guerras: créditos, impuestos indirectos? A través de la primera guerra mundial se aprendió la cuestión de la planificación y control de recursos mediante el fortalecimiento del Estado. A pesar de las economías planificadas de la URSS y Alemania, las economías de guerra planificadas de los estados democráticos occidentales fueron muy superiores a los primeros, pese a su tradición y teorías relativas a la administración burocrática racional. La causa fue que la economía de guerra alemana fue menos sistemática y eficaz en la movilización de todos los recursos para la guerra, además que no se ocupó de la población civil. Los objetivos permanentes de la economía planificada fue intentar conseguir la igualdad en la distribución del sacrificio y la justicia social. En cambio, el sistema alemán era injusto por principio. La guerra involucró un enfrentamiento de tecnologías para conseguir las armas más efectivas y otros servicios esenciales. La guerra ha sido el factor fundamental para acelerar el progreso técnico, al soportar los costos de desarrollo de innovaciones tecnológicas. Las guerras contribuyeron enormemente a difundir los conocimientos técnicos y tuvieron importantes repercusiones en la organización industrial, aunque no por ello se determinó la innovación tecnológica. En la cuestión económica, la pérdida de recursos productivos fue enorme. Pero no hay que perder de vista que las guerras contribuyeron favorablemente en la economía de los Estados Unidos, que también se vio beneficiado de su alejamiento del escenario de la lucha, de su condición de arsenal de sus aliados y capacidad de organización de la producción. En cuanto a la humanidad y costos de vida, la primera guerra mundial tuvo un impacto más fuerte que las pérdidas enormes en vidas humanas de la segunda. Tanto el carácter total de la guerra como la determinación de ambos bandos de proseguir la lucha hasta el final sin importar el precio dejaron su huella. Se dio un crecimiento de brutalidad y violencia en el siglo XX, un ejemplo: la tortura. Una cuestión a considerar es la extraña democratización de la guerra. La guerra se convirtió en guerra del pueblo, tanto porque la población y la vida civil pasó a ser el blanco lógico, además por la demonización del

situación hegemónica. La guerra no sólo reforzó su posición de principal productor mundial, sino que lo convirtió en el principal acreedor del mundo, siendo su influencia en Europa decisiva. Estados Unidos fue la principal víctima de la crisis. En la conferencia de paz de Versalles (1919) se habían impuesto a Alemania pagos onerosos bajo el concepto de reparaciones. La suma que debía pagar Alemania no se concretó. Las reparaciones suscitaron interminables polémicas, crisis periódicas y arreglos negociados bajo los auspicios norteamericanos, ya que se pretendía vincular la cuestión de las reparaciones de Alemania con el pago de deudas de guerra que tenían los aliados. Si no se reconstruía la economía alemana, la restauración de la economía liberal en Europa sería imposible. Francia era demasiado débil para imponer su política. En segundo lugar, estaba la cuestión de cómo debían pagarse las reparaciones, ya que se dudaba que fuera en efectivo o en producción. La crisis de Wall Street de 1919 terminó por desestabilizar el triángulo financiero entre Estados Unidos- Francia y Alemania. Se dio un desequilibrio notable y creciente en la economía internacional, por el asimétrico desarrollo de Estados Unidos, así como el poco compromiso de éste con la economía mundial. Por otro lado, se tiene la incapacidad de la economía mundial para generar una demanda suficiente que pudiera sustentar una expansión duradera. Los salarios se estancaron. En Estados Unidos se dio una gran crisis financiera por la poca estabilidad que tenían los bancos. Los nuevos productos y el nuevo estilo de vida requerían unos niveles de ingresos cada vez mayores. A partir de 1932, algunas economías se hallaban en situación floreciente. Se estimuló la economía estadounidense gracias al New Deal del presidente Roosevelt. A pesar de la crisis económica, se dieron innovaciones tecnológicas, triunfo de la radio como medio de comunicación de masas y la industria del cine. Resultaba difícil de creer que las obras públicas no aumentarían el empleo porque el dinero invertido se detraería al sector privado, que podía generar mayores niveles de empleo. La incapacidad del liberalismo económico y del socialismo explicaba la tendencia hacia las economías autocráticas, fascista, comunista o bajo auspicios de grandes sociedades que actuaban con independencia de accionistas. La economía mundial podía considerar como un triple sistema formado por un sector de mercado, un sector intergubernamental y un sector constituido por poderes internacionales públicos. Los efectos de la Gran Depresión fueron inmediatos hacia la opinión pública y política. En Japón y en Europa se produjo un fuerte giro hacia la derecha, con un triunfo casi simultáneo de un régimen nacionalista, belicista y agresivo en Japón y Alemania. El retroceso de la izquierda no se limitó al declive de los comunistas. Fuera de Europa se registró un marcado giro hacia la izquierda, con la implementación del New Deal, o la reforma agraria en México. En América Latina fueron más los que cayeron hacia la izquierda, que hacia la derecha. Argentina inició la era de los gobiernos militares después de un gobierno civil.

Chile desalojó del poder a su dictador, Carlos Ibáñez. En Brasil se dio el populismo-nacionalismo. Por otro lado se radicalizó Cuba, desalojando del poder a un presidente corrupto. La crisis intensificó la actividad antiimperialista, en parte por el hundimiento del precio de los productos básicos, así como porque los países sólo se preocuparon de proteger su agricultura y empleo. La depresión inicio el descontento político y social de la población autóctona.

La caída del liberalismo IV

Lo más impactante que se ha visto en el siglo XX es el rápido hundimiento de los valores liberales cuyo progreso se daba por sentado. Hasta 1914 esos valores sólo eran rechazados por elementos tradicionalistas como la Iglesia católica, que se defendía contra la modernidad. La ignorancia y el atraso de las masas, así como su firme decisión de destruir la sociedad burguesa mediante la revolución social eran motivo de alarma. El movimiento que implicaba peligro más inmediato era el movimiento obrero socialista, que en sí rechazaba el sistema económico, más no un gobierno constitucional y los principios de convivencia. A excepción de Rusia, todos los regímenes de la posguerra eran parlamentarios representativos. La tercera parte del mundo vivía bajo un sistema colonial. Los únicos países en los que no se celebraron elecciones de 1919-1947 fueron Etiopía, Mongolia, Nepal, Arabia Saudí y Yemen en otros países, como Afganistán, China, Guatemala, Paraguay y Tailandia, sólo se celebraron elecciones en una ocasión. Hacia la segunda guerra mundial siguió un retroceso acelerado de las instituciones liberales. Los únicos países europeos cuyas instituciones políticas democráticas funcionaron sin solución de continuidad durante todo el periodo de entreguerras fueron Gran Bretaña, Finlandia, Irlanda, Suecia y Suiza. El continente americano no se reflejaba un avance general de las instituciones democráticas. En cuanto a las dependencias coloniales, el liberalismo se alejó aún más de las constituciones liberales. En Japón se dio un régimen militarista- nacionalista en 1930. Dentro de Asia, África y Australasia, la democracia quedo sólidamente implantada en Australia y Nueva Zelanda. El retroceso de liberalismo se aceleró con la llegada de Hitler en 1933. La amenaza para las instituciones liberales provenía de la derecha, de donde salían los regímenes totalitarios. La URSS estaba aislada y no podía extender el comunismo. Los movimientos socialdemócratas se convirtieron en partidos que sustentaban el estado. El peligro para el liberalismo procedía exclusivamente de la derecha. Las fuerzas que derribaron regímenes liberales democráticos eran de tres tipos, dejando a un lado el sistema tradicional del golpe militar para instalar el poder dictatorial en Latinoamérica. Todas ellas eran autoritarias y hostiles a las

respetar las viejas normas del juego político, y cuando le fue posible, impuso una autoridad absoluta. Los movimientos fascistas tenían los elementos característicos de los movimientos revolucionarios, en la medida en que algunos de sus miembros preconizaban una transformación fundamental de la sociedad. Sin embargo, el fascismo revolucionario no tuvo ningún predicamento. Lo que sí consiguió el nacionalsocialismo fue depurar radicalmente viejas élites y las estructuras institucionales imperiales. Su principal logro fue haber superado la Gran Depresión con mayor éxito que en ningún otro país. Fue una economía capitalista no liberal que consiguió una sorprendente dinamización del sistema industrial. El fascismo no era la expresión de los intereses del capital monopolista. El gran capital no mostraba predilección por Hitler y había preferido un conservadurismo más ortodoxo para 1930. El fascismo presentaba algunas importantes ventajas para el capital que no tenían otros regímenes, ya que eliminó la revolución social izquierdista, suprimió los sindicatos obreros que limitaban los derechos de la patronal en su relación con la fuerza de trabajo, y destruyó los movimientos obreros, garantizando a los capitalistas una respuesta muy favorable a la Gran Depresión. El fascismo dinamizó y modernizó las economías industriales.

Capítulo V

CONTRA EL ENEMIGO COMÚN

El factor que impulsó la unión contra Alemania fue que era una potencia fascista. Lo que estaba en juego no era sólo el equilibrio de poder entra las naciones-estado que constituían el sistema internacional, y que la política de occidente había de interpretarse no tanto como un enfrentamiento entre estados, sino como una guerra civil ideológica internacional. La frontera no separaba al capitalismo y al comunismo, sino al “progreso” y a la “reacción”. Fue una guerra internacional porque suscitó el mismo tipo de respuestas en la mayor parte de los países occidentales, y fue una guerra civil porque en todas las sociedades se registró el enfrentamiento entre las fuerzas pro y anti- fascistas. En 1935 Alemania denunció los tratados de paz y volvió a mostrarse como una potencia militar y naval de primer orden y abandonó desdeñosamente la Sociedad de Naciones. Mussolini, mostrando el mismo desprecio hacia la opinión internacional, invadió ese mismo año Etiopía, que conquistó y ocupó como colonia en 1936-1937, y a continuación abandonó también la Sociedad de Naciones. En 1936, en España un golpe militar, apoyado por Alemania e Italia, inició la guerra civil española. Las dos potencias fascistas constituyeron una alianza oficial, el Eje Roma-Berlín, y Alemania y Japón concluyeron un “pacto anti-Comintern”. En 1938 Alemania consideró llegado el momento de la conquista. En el mes de marzo invadió y se anexionó

Austria sin resistencia militar y, tras varias amenazas, el acuerdo de Munich de octubre dividió Checoslovaquia y Hitler incorporó a Alemania extensas zonas de ese país, también en esta ocasión sin que mediara un enfrentamiento bélico. En 1939 Alemania ocupó Polonia y Europa quedó paralizada por la crisis polaca. De esa crisis nació la guerra europea de 1939-1941, que luego alcanzó mayores proporciones, hasta convertirse en la segunda guerra mundial. Pero hubo otro factor que transformó la política nacional en un conflicto internacional: la debilidad cada vez más espectacular de las democracias liberales y su incapacidad o su falta de voluntad para actuar, unilateralmente o de forma concertada, para resistir el avance de sus enemigos. El llamamiento en pro de la autoridad antifascista debería haber suscitado una respuesta casi inmediata, dado que el fascismo consideraba a todos los liberales, los socialistas y comunistas, a cualquier tipo de régimen democrático y al régimen soviético, como enemigos a los que había que destruir. Todos ellos, pues, debían mantenerse unidos, si no quería ser destruidos por separado. Los comunistas, después de la subida de Hitler al poder, se convirtieron los defensores más sistemáticos y más eficaces de la unidad antifascista. El antifascismo organizó a los enemigos tradicionales de la derecha pero no aumentó su número; movilizó a las minorías más fácilmente que a las mayorías. Los campos de concentración servían sobre todo como factor de disuasión frente a la posible oposición comunista y como cárceles de los cuadros de las fuerzas subversivas, y desde ese punto de vista eran vistos con buenos ojos por muchos conservadores convencionales. La segunda guerra mundial pondría en evidencia que, para ser eficaz, cualquier alianza antifascista debía incluir a la URSS, a pesar de la resistencia de los gobiernos occidentales a entablar negociaciones efectivas con el estado rojo, incluso en 1938-1939, cuando ya nadie negaba la urgencia de una alianza contra Hitler. La democracia liberal retrasó o impidió las decisiones políticas, particularmente en Estados Unidos, e hizo difícil, y a veces imposible, adoptar medidas impopulares. Incluso un presidente fuerte y popular como Roosevelt se vio imposibilitado de llevar adelante su política exterior antifascista contra la opinión del electorado. De no haber ocurrido el episodio de Pearl Harbour y la declaración de guerra de Hitler, es casi seguro que los Estados Unidos habrían permanecido al margen de la segunda guerra mundial. Lo que debilitó la determinación de las principales democracias, europeas, Francia y Gran Bretaña, fue el recuerdo de la primera guerra mundial. Lo sentían tanto los votantes como los gobiernos, porque su impacto había sido de extraordinarias proporciones y de carácter universal. Había que evitar a cualquier precio una nueva guerra de esas características. La guerra había de ser el último de los recursos de la política. La izquierda estaba ante un dilema. Por una parte, la fuerza del antifascismo radicaba en que movilizaba a quienes temían la guerra; tanto los horrores del conflicto anterior como los que pudiera producir el siguiente. El hecho de que el fascismo significara la guerra era una buena razón para oponérsele. Por otra parte, la resistencia al fascismo no podía ser eficaz sin el recurso a las armas. No obstante, no puede utilizarse el dilema político de la izquierda para explicar

todo una importancia política y moral. Segundo, que, con la excepción de Polonia, se orientaban hacia la izquierda. Hubo considerable predominio de los comunistas en los movimientos de resistencia lo que se tradujo en el enorme avance político que consiguieron durante la guerra. En ese sentido, eran diferentes de los partidos socialistas de masas, que no podían actuar fuera de la legalidad, que definía y determinaba sus acciones. Ante la conquista fascista o la ocupación alemana, los partidos socialdemócratas tendieron a quedar en hibernación. La división del mundo en dos zonas de influencia que se negoció en 1944-1945 pervivió. Durante treinta años ninguno de los dos bandos traspasó la línea de demarcación fijada, excepto en momentos puntuales. Ambos renunciaron al enfrentamiento abierto, garantizando así que la guerra fría nunca llegaría a ser una guerra caliente. El efímero sueño de Stalin acerca de la cooperación soviético-estadounidense en la posguerra no fortaleció la alianza del capitalismo liberal y del comunismo contra el fascismo. Más bien demostró su fuerza y amplitud. Se trataba de una alianza contra una amenaza militar y que nunca habría llegado a existir de no haber sido por las agresiones de la Alemania nazi, que culminaron en la invasión de la URSS y en la declaración de guerra contra Estados Unidos. En el bando aliado fue una guerra de reformadores, en parte porque ni siquiera la potencia capitalista más segura de sí misma podía aspirar a triunfar en una larga guerra sin aceptar algún cambio. En los países donde se celebraron elecciones libres se produjo un marcado giro hacia la izquierda. La URSS fue, junto con Estados Unidos, el único país beligerante en el que la guerra no entrañó un cambio social e institucional significativo. Sin embargo, resulta claro que la guerra puso a dura prueba a la estabilidad del sistema, especialmente en el campo, que fue sometido a una dura represión. La victoria soviética se cimentó realmente en el patriotismo de la nacionalidad mayoritaria de la URSS que fue siempre el alma del ejército rojo. No en vano, la segunda guerra mundial se le dio en la URSS el apelativo oficial de “la gran guerra patria”. Las aspiraciones comunes no estaban tan alejadas de la realidad común. Tanto en el capitalismo constitucional occidental como los sistemas comunistas y el tercer mundo defenderían la igualdad de los derechos para todas las razas y para ambos sexos, esto es, todos quedaron lejos de alcanzar el objetivo común pero sin que existieran grandes diferencias entre ellos. Todos eran estados laicos y a partir de 1945 todos rechazaban deliberada y activamente la supremacía del mercado y eran partidarios de la gestión y planificación de la economía por el estado. Los gobiernos capitalistas tenían la convicción de que sólo el intervencionismo económico podía impedir que se reprodujera el peligro político que podía entrañar que la población se radicalizara hasta el punto de abrazar el comunismo, como un día había apoyado a Hitler. Los países del tercer mundo creían que sólo la intervención del estado podía sacar sus economías de la situación de atraso e independencia.

Las tres regiones del mundo iniciaron el período de posguerra con la convicción de que la victoria sobre el Eje, conseguida gracias a la movilización política y a

la aplicación de programas revolucionarios, y con sangre, sudor y lágrimas, era el inicio de una nueva era de transformación social. La transformación social que se produjo no fue la que se deseaba ni la que se había previsto. La primera contingencia que tuvieron que afrontar fue la ruptura casi inmediata de la gran alianza antifascista. En cuanto desapareció el fascismo contra el que se habían unido, el capitalismo y el comunismo se dispusieron de nuevo a enfrentarse como enemigos irreconciliable.

Capítulo VI

LAS ARTES, 1914-

Los conceptos de “modernidad” o de “vanguardia”, nos rondan cotidianamente, poseyendo una significación asignada por todos, haciéndonos comprenderlos de una manera determinada. Sin embargo, ¿nos hemos preguntado qué representaban dichos conceptos hace un siglo atrás? Claramente la historia es la que va dotando de sentido a los variados conceptos, según el contexto que se esté vivenciando y la serie de factores que éste desentone. Hacia el año 1914, se comienza a dar cuenta de la existencia de la vanguardia que predominaba en las artes, la comenzó a manifestarse en ámbitos tales como lo son la literatura, arquitectura y pintura. Cada vez comenzó a tornarse más inconcebible el hecho de no poseer opinión y conocimiento alguno acerca de las distintas obras que daban vida a estos diferentes ámbitos de las artes del momento. Comenzó a desenvolverse un fenómeno en donde se dio lugar para una renovación de cultura, y dar paso a una cultura más representativa, más viva, más adaptada a la realidad que se estaba viviendo, y por tanto, también un espacio para la manifestación de nuevos genios artísticos, con nuevas creaciones que imponer y compartir.

Así fue como se fueron generando nuevas corrientes artísticas, que más que limitarse a ser representaciones netamente de arte, comenzaron a ligarse con el sentir de la gente, con lo que se estaba viviendo. Y también con nuevas formas de querer ver y vivir el arte. Comenzaron a nacer nuevos vanguardistas, personas que aportaron con pequeñas grandes transformaciones que hace unos años atrás hubiesen sido impensadas. El dadaísmo, el surrealismo, el constructivismo, o el mismo Bauhaus como institución, precisamente surgieron de esta manera, como nuevos modos de expresar el arte, en conjunto con sentimientos que correspondían a respuestas implícitas de lo que estaba contextualmente sucediendo. En el caso del dadaísmo, puede verse ello reflejado claramente, ya que él surge de un grupo de exiliados como forma de protesta contra la Guerra Mundial, presentando manifestaciones poco convencionales que buscaban causar un impacto en el receptor. Poco a poco estas corrientes pasaron de ser neutras en cuanto a color político

productos primarios, así como destinación de las inversiones, como préstamos a los gobiernos. Los mercados locales que se crearon como consecuencia de la absorción de las economías por un mercado mundial estimularon la producción local de bienes de consumo que resultaban más baratos, y en parte porque muchas de las economías de regiones eran estructuras muy complejas con una larga historia en el sector de la manufactura. Hacia los 70, eran pocas las industrias que se habían desplazado hacia otros lugares desde el mundo capitalista desarrollado, hasta que empezó la desindustrialización de los centros industriales tradicionales. En 1945, diversos teóricos de dependencia atacaron al imperialismo como una forma de perpetuar el atraso de los países atrasados. Era la relativa inmadurez del desarrollo de la economía capitalista mundial y de la tecnología del transporte y comunicación la que impedía que la industria abandonara sus núcleos originarios. El único gobierno imperial que industrializó sistemáticamente su economía fue Japón. El mundo dependiente continuó siendo fundamentalmente agrario y rural. Varios países de Asia, África y América Latina dependían de un número reducido de países. En América Central y América del sur, prácticamente todos los países eran estados soberanos, aunque Estados Unidos trataba a los pequeños estados centroamericanos como protectorados de Facto. Desde 1945, el mundo colonial se ha transformado en un mosaico de estados nominalmente soberanos. El concepto de entidad política territorial permanente no tenía significado alguno en niveles superiores. El único fundamento de los estados independientes aparecidos en el siglo XX eran las divisiones territoriales que la conquista y rivalidades imperiales establecieron con las estructuras locales. El mundo poscolonial está completamente dividido por las fronteras del imperialismo. Se consideraba a Occidente como introductor de todo tipo de innovaciones perturbadoras, también rechazaban la convicción de las elites de que la modernización era indispensable. Esta actitud hacía difícil que se formara un frente común contra los imperialistas. Se necesitaba conseguir el apoyo de las masas, amantes de la tradición y opuestas a los moderno, sin poner en peligro sus propios proyectos de modernización. Ejemplos fueron la India, mundo musulmán Fue la primera guerra mundial la que comenzó a quebrantar la estructura del colonialismo mundial, además de destruir dos imperios y dislocar a Rusia.

La Edad de oro

Capítulo VIII

La guerra fría

La guerra fría entre los dos bandos de los Estados Unidos y la URSS, con sus aliados, dominó por completo el escenario internacional de la segunda mitad

del siglo XX, basándose en un enfrentamiento nuclear basado de que sólo el miedo a la destrucción mutua asegurada impediría a cualquiera de los dos bandos dar la señal de la destrucción planificada de la civilización. Se suponía un equilibrio de poderes muy desigual pero indiscutido. En Europa las líneas de demarcación se trazaron en 1943-1945, por los acuerdos alcanzados en las cumbres en que participaron Roosevelt, Churchill y Stalin, así como el hecho de que el ejército rojo era realmente capaz de derrotar a Alemania. Al no estar clara la posición de los nuevos estados poscoloniales en Asia, la competencia incrementó entre las dos superpotencias. Hasta entonces ambas superpotencias habían aceptado el reparto desigual del mundo, sin llegar a un choque abierto de sus fuerzas armadas que pudiera llevarlas a la guerra. Así, los dos bloques actuaron partiendo de la premisa de que la coexistencia pacífica entre ambas era posible. La guerra fría no era un enfrentamiento en el que las decisiones fundamentales las tomaban los gobiernos, sino la sorda rivalidad entre los distintos servicios secretos reconocidos produjo la tensión internacional. El periodo más explosivo fue el que medió entre la proclamación formal de la doctrina Truman, como símbolo de la desintegración social o a la revolución en países no soviéticos de Eurasia, ya que en China los comunistas se hicieron del poder para 1949. China, al intervenir en Corea, estaba dispuesta a afrontar la posibilidad real de luchas y sobrevivir a un holocausto nuclear. Ambas superpotencias se sirvieron de la amenaza nuclear, casi con la certeza sin tener intención de cumplirla, en algunas ocasiones: Estados unidos, para acelerar las negociaciones de paz en Corea y Vietnam; la URSS para obligar a Gran Bretaña y a Francia a retirarse de Suez en 1956. Estados Unidos y sus aliados intervinieron en Corea en 1950 para impedir que el régimen comunista del norte del país se extendiera hacia el sur. La URSS se retiró en 1988 después de haber prestado asistencia militar al gobierno amigo de Afganistán contra las guerrillas apoyadas por los Estados Unidos y pertrechadas por Pakistán. La amenaza de guerra constante generó movimientos pacifistas internacionales, dirigidos contra las armas nucleares. La guerra fría polarizó el mundo dominado por las súper potencias en dos bandos divididos. La guerra había eliminado de la escena pública al nacionalsocialismo, al fascismo, al nacionalismo japonés radical y a gran parte de los sectores derechistas y nacionalistas del espectro político. Era imposible de movilizar a esos elementos anticomunistas en la lucha del mundo libre contra el totalitarismo, pero sí podía hacerse, con las restauradas grandes empresas alemanas. Los partidos vinculados a la Iglesia católica demostraron ser útiles, ya que las credenciales anticomunistas y conservadores eran de primer orden, pero sus partidos demócratas poseían credenciales antifascistas, así como programas sociales no socialistas. Como efectos en la política europea se dio en la política continental: la creación de la Comunidad Europea, para integrar las economías, así como los sistemas legales de estados nación independientes. Formado al principio por Francia,

cincuenta como en los sesenta aumentó más deprisa que en los países desarrollados. Para los ochenta, ciertas regiones se quedaron muy por debajo de sus niveles de los sesenta o incluso siguieron cayendo, sobre todo en África, Centroamérica y Oriente Medio. El problema de los países desarrollados era que producían excedentes de productos alimentarios, compitiendo con el precio de los productores de los países pobres. El mundo industrial se expandió por los países capitalistas y socialistas y por el tercer mundo. El número de países dependientes en primer lugar de la agricultura para financiar sus importaciones del resto del mundo, disminuyó de forma notable. Como efecto secundario de la industrialización se presentó la contaminación y el deterioro ecológico. La ideología del progreso daba por sentado que el creciente dominio de la naturaleza por parte del hombre era la justa medida del avance de la humanidad. No hay que dejar de mencionar la mala planificación urbana. Los países acortaron distancias con el modelo económico de la sociedad industrial de principios del siglo XX. Los países trataban de imitar a Estados Unidos, un proceso que aceleró el desarrollo económico. Por lo tanto, hubo un avance espectacular en la globalización e internacionalización de la economía. Por un lado, se produjo una economía mixta, que facilitó a los estados la planificación y la gestión de la modernización económica. Se dio pie a la existencia de un mercado de consumo masivo de artículos de lujo que ahora pasarían a considerarse necesarios. La edad de oro democratizó el mercado. También se dio la posibilidad la división internacional del trabajo más compleja y minuciosa, gracias a la relación entre las economías de mercado desarrolladas, área socialista aparte y los países del tercer mundo que reemplazaron la producción propia la importación de artículos manufacturados. Lo que experimentó un verdadero estallido fue el comercio de productos industriales de los países industrializados. La edad de oro permaneció anclada en las economías del núcleo central de países capitalistas. La reestructuración del capitalismo y el avance de la internacionalización de la economía fueron fundamentales. Se extendió a los países la vieja tecnología del siglo XIX. Los avances en la informática y la ingeniería genética impactaron sobre la demografía del tercer mundo. La alta tecnología y sus innovaciones pronto se constituyeron en parte mismas de la expansión económica. Se dio más que un regreso al sistema. Se dio una especie de matrimonio entre liberalismo económico y socialdemocracia, con préstamos de la URSS, pionera de la planificación económica. Se tenían que tomar las siguientes cuestiones: (1) el desastres entreguerras, por la disrupción del sistema comercial y financiaron mundial, así como su fragmentación del mundo en economías nacionales o imperios con vocación autárquica; (2) Gran Bretaña ya no podía cargar con la responsabilidad de hegemonía; (3) la Gran Depresión se debió al fracaso del mercado libre sin restricciones, por lo tanto la economía se tenía que complementar con la planificación y la gestión pública de la economía; (4) por razones sociales y

políticas había que impedir el retorno del desempleo masivo. Los movimientos obreros habían encajado perfectamente con el nuevo capitalismo reformado, ya que no disponían de una política económica propia. La izquierda dirigió su atención hacia la mejora de las condiciones de vida de su electorado de clase obrera y hacia la introducción de reformas a tal efecto, ya que tuvo que fiarse de que una economía capitalista fuerte y generadora de riqueza financiaría sus objetivos. Aunque el capitalismo se reformó, hay que distinguir entre la disposición general a hacer lo que hasta entonces había sido impensable y la eficacia real de cada una de las nuevas políticas.

Capítulo X

La revolución social, 1945-

La transformación social en estos años fue mayor y más intensa, rápida y universal de la historia de la humanidad. Los cambios fueron tan repentinos como cataclísmicos. Uno de los cambios fundamentales fue la muerte del campesinado, que se negaba a desaparecer para el siglo XX. El acontecimiento realmente extraordinario fue el declive de la población rural en países cuya evidente falta de desarrollo industrial intentaron disimular las Naciones Unidas. En América Latina, fuera de Centroamérica y Haití, no había ningún país que no estuviera el campesinado en minoría, así sucedía en países islámicos occidentales. Sólo tres regiones seguían estando dominadas por sus pueblos y sus campos: África subsahariana, el sur y el sureste del continente asiático y China. Los países desarrollados también se convirtieron en los principales productores de productos agrícolas destinados al mercado mundial, gracias al salto de la productividad con un uso intensivo de capital por agricultor. En las regiones pobres del mundo la revolución agrícola no estuvo ausente, aunque fue más incompleta. De no ser por el regadío y por la aportación científica canalizada mediante la denominada revolución verde, no se hubiera podido alimentar a una población en rápido crecimiento. Se les animaba a especializarse en cultivos de exportación para los mercados del mundo desarrollados. El mundo de la segunda mitad del siglo XX se urbanizó como nunca, apareciendo las grandes capitales. Las aglomeraciones urbanas más gigantescas de finales de los ochenta se encontraban en el tercer mundo. Mientras el mundo desarrollado seguía estando mucho más urbanizado que el mundo pobre, sus propias grandes ciudades se disolvían. La típica gran ciudad del mundo desarrollado se convirtió en una región de centros urbanos interrelacionados. La ciudad del tercer mundo, aunque conectada también por redes de transporte público, no dejaba de estar dispersa y mal estructurada. Por otro lado, se dio un auge de las profesiones para las que se necesitaban estudios secundarios y superiores. La alfabetización efectuó grandes

política, y más aún debido a que las organizaciones socialistas y obreras tradicionales siguieron naturalmente comprometidas con el propósito de redistribuir la riqueza y proporcionar bienestar social. Las migraciones en masa provocaron la diversificación étnica y racial de la clase obrera, con los consiguientes conflictos. Esto fue facilitado por los movimientos socialistas obreros tradicionales. Cada grupo de inmigrantes solía encontrar un hueco dentro de la economía que acababa monopolizando. Este mercado laboral segmentado, la solidaridad entre los distintos grupos étnicos de trabajadores era más fácil de arraigase y se mantuviera ya que los grupos no competían. Los nuevos inmigrantes ingresaron en el mercado laboral con los mismos derechos que los nativos, al menos que se les marginara oficialmente al considerarlos trabajadores invitados temporales. Hubo tensiones entre los distintos grupos de inmigrantes, aun cuando todos ellos se sintieran resentidos por el trato que dispensaban los nativos a los extranjeros.

Capítulo XI

La revolución cultural

La revolución cultural de fines del siglo XX debe entenderse como el triunfo del individuo sobre la sociedad. De ahí la inseguridad traumática que se producía en cuanto las antiguas normas de conducta se abolían o perdían su razón de ser o la incomprensión entre quienes sentían esa desaparición y quienes eran demasiado jóvenes para haber conocido otra cosa que una sociedad sin reglas. Las instituciones a las que más afectó el nuevo individualismo moral fueron la familia tradicional y las iglesias tradicionales. El aborto y derecho al divorcio abrieron la brecha más honda entre la Iglesia y lo que en el siglo XIX había sido su reserva espiritual. Otras iglesias occidentales y sectas experimentado un mayor declive. La familia era tanto un mecanismo de auto perpetuación, así como de cooperación. Había sido básico para el mantenimiento de economía rural y la primitiva economía industrial. El mercado no proporcionaba por sí solo un elemento esencial en cualquier sistema basado en la obtención de beneficio privado: la confianza. Para ello ya se necesitaba el poder del Estado o bien los lazos familiares. El vocabulario moral de derechos y deberes quedaron reducidas a simples expresiones de preferencias individuales. El individualismo encontró su plasmación ideológico en una serie de teorías, del liberalismo económico extremo al postmodernismo. Con el Estado de Bienestar, parecía natural ocuparse de otras situaciones que antes habían sido parte del orden familiar. El papel de los lazos de parentesco disminuye al aumentar la importancia de las instituciones gubernamentales. Los servicios sociales familiares no podían sustituido en los estados pobres, donde todavía se contaba con la familia, el patronazgo y la asistencia mutua. Se ve una gran desintegración del antiguo código de valores como de

costumbres y usos que regían el comportamiento humano, así como una pérdida de identidad, provocando movimientos de tipo étnico nacional. El capitalismo podía funcionar en ausencia de la familia, pero se convertían el algo extraño y problemático. El capitalismo dio por sentada la existencia del ambiente en el que actuaba, y aunque había heredado del pasado. El capitalismo había triunfado porque no era sólo capitalista. Fue la revolución cultural del último tercio del siglo lo que comenzó a erosionar el patrimonio histórico del capitalismo y a demostrar las dificultades de operar sin ese patrimonio.

Capítulo XII

EL TERCER MUNDO

Pues en algunas palabras este capítulo nos habla al principio acerca de una explosión demográfica que el mundo monetario tubo y que esta pego más a favor a la parte europea o el mundo más desarrollado, es cuando su economía se impulsó y crearon tanto más empleo como más producción, exportación y venta de materiales y productos, esto comenzó a salir a flote durante la primera revolución industrial y así. Uno de los cambios más fundamentales y representativos durante el siglo XX fue esta explosión demográfica que hizo que el mundo entero estuviera en estado de alerta o preocupación debido a ella. Esto sucedió a finales de la edad de oro. Tal explosión fue tan colosal porque los índices básicos de natalidad de esos países solían ser mucho más altos que los del mismo período histórico en los países desarrollados, y porque los elevados índices de mortalidad, que antes frenaban el crecimiento de la población, cayeron en picado a partir de los años cuarenta, a un ritmo cuatro o cinco veces más rápido que el de la caída equivalente que se produjo en la Europa del siglo XIX. A partir de los años cuarenta, las innovaciones médicas y farmacológicas estuvieron por primera vez en situación de salvar vidas a gran escala (gracias, por ejemplo, al DDT y a los antibióticos), algo que antes habían sido incapaces de conseguir, salvo, tal vez, en el caso de la viruela. La historia de los países desarrollados parece indicar que el tercer mundo también pasará por lo que los especialistas llaman la transición demográfica, al estabilizarse su población gracias a una natalidad y una mortalidad bajas, es decir, dejando de tener más de uno o dos hijos. Sin embargo, si bien hay indicios de que la transición demográfica se estaba produciendo en algunos países, sobre todo en el Extremo Oriente uno de los pocos principios políticos indiscutibles e indiscutidos de los estados comunistas era el de la supremacía del partido sobre el ejército (partido civil obvio). La política del golpe de estado fue, pues, el fruto de una nueva época de