


















Prepara tus exámenes y mejora tus resultados gracias a la gran cantidad de recursos disponibles en Docsity
Gana puntos ayudando a otros estudiantes o consíguelos activando un Plan Premium
Prepara tus exámenes
Prepara tus exámenes y mejora tus resultados gracias a la gran cantidad de recursos disponibles en Docsity
Prepara tus exámenes con los documentos que comparten otros estudiantes como tú en Docsity
Encuentra los documentos específicos para los exámenes de tu universidad
Estudia con lecciones y exámenes resueltos basados en los programas académicos de las mejores universidades
Responde a preguntas de exámenes reales y pon a prueba tu preparación
Consigue puntos base para descargar
Gana puntos ayudando a otros estudiantes o consíguelos activando un Plan Premium
Comunidad
Pide ayuda a la comunidad y resuelve tus dudas de estudio
Ebooks gratuitos
Descarga nuestras guías gratuitas sobre técnicas de estudio, métodos para controlar la ansiedad y consejos para la tesis preparadas por los tutores de Docsity
Resumen por capítulos de "El hombre qué confundió a su mujer con un sombrero." Incluye también reflexión de cada parte del libro.
Tipo: Resúmenes
1 / 26
Esta página no es visible en la vista previa
¡No te pierdas las partes importantes!



















Se considera una enfermedad rara aquella que aproximadamente incide sobre una de cada dos mil personas, que en algunos casos puede llegar incluso a reducirse a una cada cien mil personas. Atendiendo a las cifras puede parecer una cuestión baladí la de las enfermedades raras, pero teniendo en cuenta que existen entre cinco y ocho mil enfermedades de este tipo podría hablarse de millones de afectados en todo el mundo. En muchas ocasiones, el interés que puedan generar estas enfermedades, insólitas, exóticas o incurables, no se debe tanto a la búsqueda de una posible cura, como a la información que aportan sobre el propio ser humano.
Si ya de por sí la investigación se encuentra en un terreno difícil, todo se complica aún más dentro del ámbito de la psiquiatría, donde paciente y enfermedad permanecen tan unidos que en esencia son lo mismo, como demuestra uno de los pacientes, que llega a temer que sin los síntomas de su dolencia quedaría reducido a la nada. Pero si la neurología cerebral parece un camino complicado, lo es más aún cuando se trata del hemisferio derecho, porque como el propio Sacks reconoce «la historia toda de la neurología y la neuropsicología puede considerarse una historia de la investigación del hemisferio izquierdo». Si bien el hemisferio izquierdo es lo característicamente humano, mucho más complejo y especializado y sus unos síntomas son más evidentes, el hemisferio derecho aunque más difuso esconde los secretos de la relación del ser con la realidad. El mayor problema para conocer el hemisferio derecho es que los pacientes en muchos casos no son conscientes de sus síntomas y es casi imposible acercarse a su estado interior.
Este es el marco en el que se encuadra el libro de Oliver Sacks, El hombre que confundió a su mujer con un sombrero, que es un granito más a la investigación del hemisferio derecho del cerebro. La neurología que propugna Sacks, la del hemisferio derecho, defiende el estudio de pacientes antes que de enfermedades. No existe un patrón determinado de patología, sino que son las circunstancias concretas de cada paciente, su historial clínico, el que determina los síntomas y las posible soluciones. Más que de cura habría que decir que los pacientes aprender a convivir y a sobrellevar los síntomas de
sus enfermedades, en los casos más evidentes incluso a disimularlos. Lo importante ante todo es observar cómo el organismo reacciona en lo que Ivy McKenzie llama la «lucha por preservar la identidad». Oliver Sacks organiza este caos clínico en cuatro partes que titula de la siguiente forma: «Pérdidas», «Excesos», «Arrebatos», «El mundo de los simples». De esta manera, cada patología aparece agrupada con otras semejantes, dependiendo del funcionamiento de los síntomas.
PÉRDIDAS
“El hombre que confundió a su mujer con un sombrero”
El caso más relevante del libro, aunque no el más sorprendente, es el que da título al volumen: «El hombre que confundió a su mujer con un sombrero». La elección de este caso como título para el compendio se debe a que Sacks considera que cuestiona las bases de la neurología tradicional, puesto que en este caso la lesión cerebral hace que el individuo quede reducido a lo abstracto, a lo categorial. Incapaz de reconocer lo concreto, el doctor P. no sólo no conseguía reconocer las caras o los objetos más simples, cuyos elementos percibía como un conjunto de elementos sueltos incapaces de unirse en un todo, sino que se hallaba perdido en un mundo de abstracciones sin vida. Su forma de reconstruir el mundo se basaba en las relaciones esquemáticas, de la misma forma en que puede hacerlo un ordenador. Así por ejemplo, aunque jugando al ajedrez podía ser invencible, al mismo tiempo confundía a su mujer con un sombrero. El psicólogo decidió derivar el caso a un psicólogo más especializado. Años después encontró un caso parecido, estudiado por la psicología y la neurología cogniscitiva. En el otro hombre tampoco era capaz de reconocer rostros si no observaba rasgos distintivos, pued sus recuerdos visuales han sido afectados. Igualmente, tampoco consiguen encontrar una respuesta válida a su comportamiento.
“El marinero perdido”
En el siguiente caso, nos hablan sobre un hombre que padece de una especie de pérdida de memoria. Este había olvidado más de la mitad de su vida, y era incapaz de almacenar nuevos recuerdos. Recordaba a la perfección sus años en la marina y sus estudios, y curiosamente un montón de datos, ya que el propio doctor lo clasifica como una persona más inteligente que el resto de la media. Sin embargo, sigue pensando que tiene
podía mantenerse incorporada... el cuerpo «cedía». La expresión era extrañamente vacua, inerte, la boca abierta, hasta la postura vocal había desaparecido. Sacks decidió realizar una prueba sensorial y examinar también la función del lóbulo parietal. Parecía haber un déficit proprioceptivo muy profundo, casi total, desde las puntas de los dedos de los pies a la cabeza. Los llóbulos parietales funcionaban, pero no tenían nada con lo que funcionar. El cuadro reveló que el drenaje espinal indicaba polineuritis aguda, pero una polineuritis de un tipo absolutamente excepcional: no como el síndrome de Guillain-Barré, con su complicación motora abrumadora, sino una neuritis puramente (o casi puramente) sensorial, que afectaba a las raíces sensitivas de los nervios craneales y espinales a través del neuroeje. De un modo progresivo ya, semana a semana, a la retroacción inconsciente normal de la propriocepción fue sustituyéndola una retroacción igualmente inconsciente a través de la visión, mediante un automatismo visual y unos reflejos cada vez más integrados y fluidos. Al final, la paciente consigue volver a obrar, pero no a ser.
“El hombre que se cayó de la cama”
En este caso, un hombre siente un terrible miedo al encontrarse una pierna en su cama. Evidentemente una de las enfermeras que debía tener un sentido del humor un tanto macabro se había introducido subrepticiamente en la Sala de Disección, había sacado de allí una pierna y luego se la había metido a él en la cama para gastarle una broma cuando estaba aún completamente dormido. Pero no era así, si no que la pierna era suya, algo que él no entendía. Sacks recibió una carta de un eminente neurólogo, el doctor Michael Kremer, en la que le decía que su paciente podía padecer una pérdida completa de conciencia de una extremidad hemipléjica.
“Manos”
Madeleine tenía sesenta años, ceguera congénita con parálisis cerebral y espasmodismo y atetosis, capacidad sensorial se hallaba completamente intacta. Nos encontramos pues con una paciente con sensaciones elementales perfectas en las manos pero sin poder alguno, al parecer, para integrar esas sensaciones como percepciones relacionadas con el mundo y con ella misma; que no podía decir: percibo, reconozco, quiero, actúo, en relación con sus manos inútiles. Pero de una manera u otra (como descubrieron Leont'ev y Zaporozhets con sus pacientes) había que conseguir que actuase y que utilizase las manos activamente y que al hacerlo así lograse, era nuestra esperanza, la integración: La integración está en la
acción, como dijo Roy Campbell. Impaciente, acuciada por el hambre, en vez de esperar pasiva y resignada, estiró un brazo, tanteó, cogió una rosca de pan, se la llevó a la boca. Constituía también su primera percepción manual y, por tanto, su nacimiento como «individuo perceptual» completo. Tras este primer acto, esta primera percepción, el progreso fue sumamente rápido. figura y el rostro de los seres humanos, en reposo y en movimiento. Ser «sentido» por Madeleine era una experiencia muy notable. Sus manos, hacía tan poco inertes, como pasta, parecían ahora cargadas de una sensibilidad y una animación inexplicables. En la postdata nos cuenta el caso de otro paciente, menos inteligente, pero que también consigue usar sus manos. Estos casos de agnosia del desarrollo pueden ser raros, pero se ven frecuentemente casos de agnosia adquirida que testimonian ese mismo principio fundamental del uso. Así, es posible que se produzca una revinculación súbita, un súbito salto atrás hacia la realidad subjetiva y la vida, siempre que haya potencial fisiológico suficiente (no es posible) esta revinculación si la neuropatía es total, si las partes distales de los nervios están completamente muertas). En el caso de pacientes que tengan una neuropatía grave pero no total, es literalmente vital un uso mínimo, que es lo que marca la diferencia entre ser un «cesto» y tener una actividad funcional razonable (el uso excesivo puede producir fatiga de la función nerviosa limitada y desvinculación súbita de nuevo).
“Fantasmas”
Este capítulo( realmente interesante) comienza explicándonos el concepto científico de fantasma: un recuerdo o imagen persistente de una parte del cuerpo, normalmente una extremidad, durante meses o años después de la pérdida. Los fantasmas, ya conocidos en la antigüedad, fueron descritos y analizados con todo detalle por el gran neurólogo estadounidense Silas Weir Mitchell, durante la Guerra de Secesión y después de ella. A continuación, nos explica qué tipos de fantasmas podemos conocer. Comienza ahora explicarnos la historia de un marinero que perdió un dedo. El dedo fantasma lo estuvo persiguiendo durante años. Contrajo luego una neuropatía diabética sensorial grave y perdió toda sensación de poseer dedos. El dedo fantasma desapareció también. En conclusión, un trastorno patológico central, como un ataque sensorial, puede «curar» un fantasma. Además, Sacks nos explica que para que un paciente pueda utilizar un miembro artificial, debe poseer el fantasma de este. Nos habla de Charles D., un paciente que tropezaba, se caía y sufría vértigo... había habido sospechas infundadas de un trastorno en el laberinto.
“Vista a la derecha!” En este siguiente se nos presenta a una tal señora S, que ha sufrido un grave ataque que afecta a las partes posteriores y más profundas del hemisferio cerebral derecho. Ella era incapaz de visualizar la parte izquierda tanto del exterior como de su propio yo. formas de retroacción videográfica podrían ser muy fructíferas para estos pacientes con hemidesatención y extinción del hemicampo izquierdo. El asunto es tan desconcertante físicamente, metafísicamente incluso, que sólo la experimentación nos puede guiar. Cuando el olvido es grave, el paciente puede actuar casi como si hubiese dejado de existir súbitamente en cualquier forma significativa una mitad del universo... Los pacientes con olvido unilateral actúan no sólo como si no pasase nada en realidad en el hemiespacio izquierdo, sino también como si no pudiese esperarse que fuese a suceder algo importante allí.
“El discurso del Presidente” Este caso comienza con las risotadas conjuntas del oa ellos psiquiátrico de la afasia al escuchar el discurso del presidente. Pero,¿por qué causaba tal alboroto un discurso presidencial? Bien, esto se debe a que el habla (el habla natural) no consiste sólo en palabras ni (como pensaba Hughlings Jackson) sólo en «proposiciones». Consiste en expresión (una manifestación externa de todo el sentido con todo el propio ser), cuya comprensión entraña infinitamente más que la mera identificación de las palabras. Ésta era la clave de aquella capacidad de entender de los afásicos, aunque no entendiesen en absoluto el sentido de las palabras en cuanto tales. Porque, aunque las palabras, las construcciones verbales, no pudiesen transmitir nada, el lenguaje hablado suele estar impregnado de «tono», engastado en una expresividad que excede lo verbal... y es esa expresividad, precisamente, esa expresividad tan profunda, tan diversa, tan compleja, tan sutil, lo que se mantiene intacto en la afasia, aunque desaparezca la capacidad de entender las palabras, por tanto, a un afásico no se le puede mentir. El afásico no es capaz de entender las palabras, y precisamente por eso no se le puede engañar con ellas; ahora bien, él lo que capta lo capta con una precisión infalible, y lo que capta es esa expresión que acompaña a las palabras, esa expresividad involuntaria, espontánea, completa, que nunca se puede deformar o falsear con tanta facilidad como las palabras. Por otro lado, Sacks nos habla de otro tipo de pacientes, Estos no tienen afasia, sino, por el contrario, una forma de agnosia, concretamente la llamada agnosia «tonal». En el caso de estos pacientes lo que desaparece es la capacidad de captar las cualidades expresivas de las voces mientras que se entienden perfectamente las palabras. Estas agnosias tonales siguen a trastornos del lóbulo temporal derecho del cerebro, y las afasias a los del lóbulo temporal
izquierdo. Por último nos habla de una paciente, Emily D, la cual padecía una enfermedad distinta. Esta oyó también, impasible, el discurso del Presidente, afrontándolo con una extraña mezcla de percepciones potenciadas y disminuidas... precisamente la contraria de la de nuestros afásicos. El discurso no la conmovió y se le pasó por alto todo lo que pudiese haber en él de evocativo, genuino o falso. Privada de reacción emotiva, ¿la conmovió, pues o la engañó el discurso? Resulta sorprendente que, a las personas que bo tebemos ningún problena cognitivo ue nos engañen en este tipo de discursos de forma genuina y plenamente, por lo que al combinarse el uso engañoso de las palabras con el tono engañoso, sólo los que tenían lesión cerebral permanecían inmunes, desengañados.
En la primera parte del libro, Sacks nos hace una breve introducción de este y despierta un atisbo de curiosidad que va creciendo poco a poco con cada caso. Más que de cura habla de cómo los pacientes aprenden a convivir y a sobrellevar los síntomas de sus enfermedades, y cómo una enfermedad puede condicionarte la vida. En esta primera parte trata sobre el déficit. Si hablamos de casos, es destacable el primer caso, el cual da título al libro “El hombre que confundió a su mujer con un sombrero”. Es sorprendente porque nos enseña que hay enfermedades mentales que no tienen porque estar unidas a la locura, o a la pérdida de la inteligencia o de la personalidad; es decir, puedes tener una enfermedad mental y llevar una vida “normal”. También quiero destacar el caso de Madeleine, que me ha extrañado principalmente porque la enfermedad que está sufre (capítulo manos ) ha sido provocada por ella misma por el simple hecho de que su organismo no las necesitaba realmente, al estar la paciente demasiado cuidada; es realmente increíble cómo tu propio cerebro toma decisiones sin ti. Además también quiero hacer cierto nombramiento al “ marinero perdido” ya que me ha resultado un capítulo muy triste; imagina por un segundo perder totalmente la noción del tiempo, estar anclado en un momento de tu vida de modo que no tiene ni pasado, ni presente y mucho menos futuro. ¿Cómo afrontar que tus 19 años de vida son en realidad 60? Por último quiero hablar del capítulo Fantasmas, pues me ha parecido muy interesante el hecho de poder notar y sentir un miembro de tu cuerpo sin que en realidad se encuentre; me ha recordado a mi infancia, cuando mi abuelo me quitaba los dientes de leche y rozaba con la lengua el paladar vacío,
haciéndoles pasar del estupor a la salud: luego se vieron empujados hacia el otro extremo, los tics y el frenesí. Ésta fue la primera experiencia que tuvo Sacks de síndromes como el de Tourette: agitaciones incontrolables, impulsos violentos, combinados frecuentemente con un humor bufonesco y extraño. Empezó a hablar así de «tourettismo», aunque no había visto nunca un paciente con el síndrome de Tourette. A raíz de esto y más investigaciones, numerosas revistas comenzaron a interesarse y Sacks descubrió que que el síndrome de Tourette es muy común pero no se le identifica y sin embargo una vez identificado se le ve fácil y constantemente, pero hasta el momento se había considerado al contrario. Años más tarde se había formado una Asociación del Síndrome de Tourette. Se descubrió además que el síndrome tiene realmente una base neurológica orgánica. El Ello del síndrome de Tourette, lo mismo que el Ello del parkinsonismo y el de la corea, es un reflejo de lo que Pavlov llamó la fuerza ciega del subcórtex, un trastorno de esas partes primitivas del cerebro que gobiernan la marcha y la dirección. A continuación Sacks nos habla de un paciente, Ray, que padecía el síndrome de Tourette desde los cuatro años, no tenía experiencia alguna de vida normal: dependía abrumadoramente de su exótica enfermedad y, como es natural, la utilizaba y la explotaba de diversos modo. Habían intentado varias formas para conseguir acabar con los numerosos tics de Ray, y lo consiguieron con el uso del Haldol. Sin embargo, con Haldol era musicalmente vulgar, competente pero sin energía, sin entusiasmo, sin extravagancia y júbilo. No tenía ya tics y aporreaba compulsivamente los tambores... pero no tenía ya arrebatos desbordantes y creadores. En definitiva, y como dijo Nietzsche, “sólo el gran dolor libera de verdad el espíritu”.
“La enfermedad de Cupido ” En este caso Sacks no presenta a Natasha, una mujer mayor que de pronto se sentía con mucha más energía, más viva. Como no entendía el por qué de esta repentina euforia empezó a creer que se debía a una sífilis que había contraído hace años en un burdel. Sacks le explicó que puede haber un inmenso período de latencia entre la infección primaria y la aparición de neurosífilis, sobre todo si la infección primaria ha sido contenida, no erradicada. Natasha tenía neurosífilis, eran realmente las espiroquetas las que estimulaban su córtex cerebral antiguo. Se planteó entonces la cuestión del tratamiento pero ella le pidió al psicólogo que no erradicara del todo los síntomas, si no que se mantuviesen tal y como estaban, y eso hizo, aplicando dosis de penicilina, se la jugó a Cupido. A continuación nos habla de otro paciente, Miguel, aquejado por una cierta dificultad del habla y de la audición, no podía expresarse demasiado bien con
palabras, pero se expresaba, exponía su situación, con claridad y sencillez, por medio de dibujos. Le pidió que dibujase un dibujo sencillo y este dibuja una caja. A continuación que le dibujase dentro un fruto. Cuando el doctor le pide un dibujo simple este deja volar su imaginación haciendo dibujos muchos más vivos; cuándo el paciente recibe una dosis de hadol, esta imaginación se evapora. Por lo que Sacks comenta que nos adentramos aquí en aguas desconocidas donde pueden cambiar completamente de sentido todas las consideraciones habituales, donde enfermedad puede ser bienestar, y normalidad enfermedad, donde la excitación puede ser una esclavitud o una liberación, y donde la realidad puede residir en la ebriedad, no en la sobriedad.
“Una cuestión de identidad” En este caso, Sacks conoce a un paciente que es incapaz de reconocer su identidad. Confunde al doctor con distintas personas y no es capaz de reconocer ni dónde se encuentra. Este hombre era un extendero con síndrome de Korsakov grave, ingresado en una institución neurológica, pero para el vivía en un mundo fáctico, estable, plenamente normal. Por lo que a él se refería, no había ningún problema. Como apenas acababa de manifestar el síndrome, el señor Thompson estaba en estado de ebullición aún. Este frenesí puede producir potencialidades de invención y de fantasía sumamente brillantes (un auténtico genio confabulatorio) pues el paciente debe literalmente hacerse a sí mismo (y construir su mundo) a cada instante. Lo que brota, torrencialmente, en su confabulación inacabable, tiene, por último, una cualidad peculiar de indiferencia,como si no importase en realidad lo que dijese, o lo que cualquier otro hiciese o dijese; como si ya nada importara. El doctor fue incapaz de curarlo.
“ Sí, padre-hermana ” En este nuevo capítulo Sacks trata a la señora B, una antigua química investigadora que había experimentado un rápido cambio de personalidad. Al principio se creyó que podía ser hipomaníaca, pero resultó que tenía un tumor cerebral. La craneotomía reveló, no un meningioma como se había esperado, sino un carcinoma inmenso que afectaba a los sectores orbitofrontales de ambos lóbulos frontales. Esta decía constantemente que nada le importaba, ni siquiera el propio hecho. Además mezclaba los términos y los combinaba como si no importasen nada las diferencias. En cierto modo la paciente no se presentaba como una persona. El tipo de indiferencia jocosa y de «igualación» que reflejaba esta paciente no es algo insólito, los
juventud. Ese júbilo, esas ganas de comerte el mundo, esa forma de vivir las emociones. Me ha encantado esta historia ya no sólo porque esa anciana pueda vivir esa sensación de líbido constante en la que los jóvenes nos encontramos sumergidos, si no porque enseña algo muy importante: la enfermedad puede ser bienestar, y normalidad enfermedad; la excitación puede ser una esclavitud o una liberación, y la realidad puede residir en la ebriedad, no en la sobriedad. Por último, hay un par de capítulos sobre la pérdida de la identidad que resultan interesantes y sorprendentes, pues como decía antes, si Sacks nos enseña algo es como el nuestro cerebro siempre va un paso por delante, y cómo si tu no sabes una respuesta, no pasa nada, él, si no la sabe, se la inventa.
En esta tercera parte hablamos sobre una nueva forma de comprender el concepto de función. Tenemos siempre dos universos de discurso uno que aborda cuestiones de estructura formal y cuantitativa, el otro que aborda esas cualidades que constituyen un mundo. Todos tenemos mundos mentales propios característicos, paisajes e itinerarios interiores, y éstos no exigen, en la mayoría de los casos, ningún correlativo neurológico claro. En esta tercera sección, Sacks abordará la reminiscencia, la percepción alterada, la imaginación, el sueño. El tema de esta sección es el poder de la imaginación y la memoria para arrebatar a una persona como consecuencia de una estimulación anormal de los lóbulos temporales y del sistema límbico del cerebro.
“Reminiscencia” Conocemos ahora a la señora O'C, una mujer mayor con sordera que de repente empezó a escuchar canciones, canciones irlandesas de su infancia que solo conocía ella, como si verdaderemente estuviesen sonando. Sacks sometió a la señora O’C a un encefalograma. Instalaron y le aplicaron los electrodos en la cabeza, le pidió que se echase y se quedase quieta, que no dijese nada y que no cantase para sí, pero que levantase el dedo índice de la mano derecha un poco (lo que no modificaría el electroencefalograma) si oía una de sus canciones mientras hacíamos la prueba. En el curso de un período de registro de dos horas, levantó el dedo en tres ocasiones y cada vez que lo hizo las plumas del electroencefalograma resonaron y transcribieron picos y olas agudas en los lóbulos temporales del cerebro. Esto confirmaba que estaba teniendo ataques en el lóbulo temporal, los cuales, lo supuso Hughlings Jackson y
lo demostró Wilder Penfield, son la base invariable de la «reminiscencia» y de las alucinaciones experimentales. A mediados de abril las canciones habían desaparecido del todo, y la señora O'C. Conocemos un nuevo caso, esta vez de la señora O’M. Tenía también ochentaitantos años, estaba también un poco sorda, era también inteligente y despierta. Oía música también dentro de la cabeza y a veces un zumbido o un silbido o un estruendo; a veces oía voces que hablaban, normalmente lejanas y varias a la vez, de modo que nunca podía entender lo que decían. No había explicado estos síntomas a nadie y tenía la preocupación secreta, desde hacía cuatro años, de si no estaría loca. Se tranquilizó mucho cuando la monja le dijo que había habido un caso similar en la residencia tiempo atrás. Le hicieron un electroencefalograma que indicó excitabilidad y un voltaje sorprendentemente elevado en ambos lóbulos temporales, las partes del cerebro relacionadas con la representación central de música y sonidos, y con la evocación de escenas y experiencias complejas. Y siempre que la señora O'M. «oía» algo, las ondas de alto voltaje se hacían agudas, como picos, y francamente convulsivas. Esto confirmaba mi idea de que padecía también una epilepsia musical, asociada con un trastorno de los lóbulos temporales. Estas descripciones no pasaron de ser puramente anecdóticas hasta los extraordinarios estudios que realizó Wilder Penfield medio siglo después. Penfield no sólo consiguió localizar su origen en los lóbulos temporales, sino que consiguió evocar el estado mental complejo, o las alucinaciones experimentales sumamente precisas y detalladas de estos ataques mediante estimulación eléctrica leve de los puntos propensos al ataque del córtex cerebral, cuando éste quedaba expuesto, por una intervención quirúrgica o en pacientes plenamente conscientes. Estas estimulaciones provocaban instantáneamente alucinaciones extraordinariamente vividas de melodías, personas, escenas, que se experimentaban, se vivían, como algo abrumadoramente real, pese a la atmósfera prosaica de la sala de operaciones, y podían describirse a los presentes con fascinante detalle, confirmando aquello a lo que se refería Jackson sesenta años antes al hablar de la “duplicación de conciencia”. Puede ser que estos ataques tengan un origen fisiológico y personal al mismo tiempo, procediendo de determinadas zonas cargadas del cerebro, pero, asimismo, atendiendo a necesidades y circunstancia psíquicas particulares, como en el caso de que nos habla Dennis Williams (1956). Lo maravilloso de un caso como el de la señora O'C. es que es al mismo tiempo «jacksoniano» y «freudiano». La señora O'C. padeció una «reminiscencia» jacksoniana, pero esto sirvió para anclarla y curarla como una «anamnesis» freudiana. Estos casos son emocionantes y muy valiosos
El caso diecisiete trata sobre Bhagawhandi P., una muchacha india de diecinueve años con un tumor maligno en el cerebro. El tumor (un astrocitoma) se había manifestado por primera vez cuando tenía siete años, pero por entonces era de escasa malignidad y estaba bien delimitado, lo que permitió una resección completa y una recuperación completa de la función, y Bhagawhandi pudo volver a hacer vida normal. Esta tregua duró diez años, durante los cuales vivió una vida plena, con una plenitud agradecida y consciente. El tumor volvió a aparecer a los dieciocho años, mucho más expansivo y maligno ya. No era posible además extirparlo. Se efectuó una descompresión para permitir que se expandiera. Los primeros ataques habían sido convulsiones de grand mal, y siguió teniendo ataques de este tipo de vez en cuando. Los nuevos tenían un carácter completamente distinto. No perdía la conciencia, sino que parecía como ensoñando y era fácil apreciar y confirmar con un electroencefalograma que había pasado a tener ataques del lóbulo frontal frecuentes, que, como ya hemos visto en otros capítulos con Hughlings Jackson, suelen caracterizarse por estados de ensoñación y reminiscencia involuntaria. Esta ensoñación vaga adquirió pronto un carácter más definido, más concreto y más visionario. Adquirió la forma de visiones de la India que la muchacha reconocía inmediatamente como los lugares que había conocido y amado de niña. Al principio parecían solo ataques del lóbulo frontal, pero Sacks empezó a pensar que había otra razón para su problema. Sin embargo la paciente empeoró y murió.
“El perro bajo la piel”
El perro bajo la piel trata sobre un estudiante de medicina llamado Stephen D., veintidós años, y consumía drogas. Soñó que era un perro, en un mundo increíblemente rico y significativo en olores. Al despertar, se encontró precisamente en un mundo así. Tuvo una potenciación de la visión cromática y una potenciación espectacular de la percepción visual eidética y de la memoria. Pero lo que realmente transformó su mundo fue la exaltación del olfato. Y con todo esto le sobrevino una especie de emoción trémula y anhelante y una nostalgia extraña como de un mundo perdido, medio olvidado y medio recordado. Experimentaba un cierto impulso de olerlo y tocarlo todo, pero lo reprimía, si había testigos, por parecerle impropio. Los olores sexuales eran excitantes y estaban potenciados, pero de todos modos no más, en su opinión, que los de comida y que otros olores. El placer olfativo era intenso, pero le parecía, más que un mundo de meras sensaciones placenteras o desagradables, un todo estético, una concepción global, un
nuevo significado total, que le rodeaba. De modo un tanto brusco, después de tres semanas, cesó esta extraña transformación. Sacks nos cuenta que ahora él paciente es amigo suyo y se ha convertido en doctor; tampoco ha vuelto a consumir. A continuación nos habla de Freud, de cómo este cree que el sentido del olfato del hombre era una baja, algo reprimido en el desarrollo y la civilización, al asumir la posición erguida y al reprimir la sexualidad primitiva pregenital. También nos vuelve a nombrar la L-Dopa y el síndrome de Tourette. En la postdata nos habla de un caso parecido: Un hombre de grandes dotes que sufrió una lesión en la cabeza, que deterioró gravemente sus áreas olfativas y, debido a ello, perdió completamente el sentido del olfato. Este paciente sufrió una sensación intensa de pérdida, y una sensación intensa de anhelo, una verdadera osmalgia. Unos meses más tarde, para su asombro y gozo, su café matutino favorito, que se había hecho insípido, empezó a recuperar el sabor. Muy emocionado, volvió a ver a su médico. Pero su médico le dijo que no había recuperación ninguna. Lo que parece suceder es que se ha desarrollado una imaginería olfativa notablemente potenciada, podríamos decir casi que una alucinosis controlada, de modo que al tomar el café o encender la pipa puede evocar o re-evocar estas sensaciones inconscientemente, y con tal intensidad como para pensar al principio, que son reales. Sabemos que esta compensación suele producirse en los ciegos y en los sordos. Pensemos en el sordo Beethoven y en el ciego Prescott. Pero no tengo ni idea de si es algo frecuente en la anosmia.
“Asesinato” Este caso va sobre un hombre llamado Donald que mató a su novia estando bajo la influencia del PCP. No tenía ningún recuerdo del hecho, y ni la hipnosis ni el amital sódico sirvieron para liberar ninguno. Por tanto, se cree que padecía una amnesia orgánica, el tipo de apagón bien descrito del PCP. Donald ingresó en un centro psiquiátrico y un día, mientras daba un paseo en bici, se cayó y sufrió una grave herida en la cabeza (grandes hematomas bilaterales subdurales, que se drenaron y evacuaron de inmediato quirúrgicamente) y contusión grave en ambos lóbulos frontales. Permaneció en coma, hemipléjico, casi dos semanas, y luego, inesperadamente, empezó a recuperarse. Y entonces, en ese momento, empezaron las pesadillas. El regreso, el re-amanecer, de la conciencia, no fue dulce: vino acompañado de una vorágine y una agitación desagradables, en que Donald,
sueño. El tema de esta sección es el poder de la imaginería y la memoria. El primer caso es el de la señora O’C y el de la señora O’M, ambos son casos relacionados con la reminiscencia y con la imaginación. A continuación nos exponen un nuevo caso sobre la L-Dopa, me sorprende principalmente que uno de los efectos más asombrosos de la L-Dopa, cuando se administra a determinados pacientes postencefalíticos, es la reactivación de síntomas y pautas de conducta presentes en una etapa muy anterior de la enfermedad. También tenemos varios casos muy llamativos por el predominio de la imaginación, y lo realmente sorprendente que puede llegar a resultar la delgada línea entre realidad e ilusión. Se puede observarlo esto en Un pasaje a la India y El perro bajo la piel. Por último me gustaría destacar la historia del asesinato, puesto que nos enseña como la droga nos puede hacer perder el juicio e incluso arruinarnos la vida.
Llegamos ahora a la última parte del libro. Sacks comienza contándonos que cuándo comenzó a trabajr con retrasados, creía que sería una experiencia deprimente, y escribió Luria explicándoselo. Éll contestó hablándole en los términos más positivos sobre la experiencia, y diciendo que no había pacientes que le resultasen, en general, más queridos, y que consideraba las horas y los años que había pasado en el Instituto de Defectología unos de los más interesantes y estimulantes de toda su vida profesional. Este cálido sentimiento del que habla Luria es la expresión de algo emotivo y personal, que no sería posible si los deficientes no respondiesen, si no poseyesen también ellos sensibilidades muy reales, posibilidades personales y emotivas, sean cuales sean sus defecto. Pero es más. Es una expresión de interés científico... de algo que Luria consideraba de un interés científico muy especial. ¿Qué podía ser esto? Algo distinto, sin duda, a deficiencias»l y defectología, que son en sí mismas de un interés bastante limitado. Se relaciona con cualidades de la mente que están preservadas, potenciadas incluso, de modo que, aunque mentalmente deficientes en ciertos sentidos, pueden ser mentalmente interesantes. Hablamos ahora de la mente. Para Kurt Goldstein, el mayor sistematizador de su generación, la mente, la gloria del hombre, se centra exclusivamente en lo abstracto y categórico, y la consecuencia de una lesión cerebral, de cualquier lesión cerebral y de todas ellas, es expulsarlo de este reino superior a las ciénagas casi subhumanas de lo concreto. En resumidas cuentas, en esta parte penetramos en un mundo de fascinación y paradoja, que se centra todo él en la ambigüedad de lo concreto. Se nos invita, se nos fuerza en realidad, en particular, como
médicos, como terapeutas, como maestros, como científicos, a una investigación de lo concreto. Ésta es la ciencia romántica de Luria. La ciencia clásica no ve nada provechoso en lo concreto, en neurología y en psiquiatría se equipara a lo trivial. En esta última parte, nos adentramos junto a Sacks en casos extraordinarios y atípicos.
“Rebeca” Rebeca no era ninguna niña cuando la enviaron a la clínica de Sacks. Tenía diecinueve años, pero, como decía su abuela, era igual que una niña en algunos sentidos. Tenía una fisura palatina parcial, por lo que emitía una especie de silbido al hablar; dedos cortos y gruesos, con uñas romas y deformes; y una miopía degenerativa grave que la obligaba a llevar gafas muy gruesas. Era terriblemente tímida y retraída, y tenía la sensación de que era, y había sido siempre, una imagen ridícula. Pero era capaz de afectos cálidos, profundos, apasionados incluso. Además adoraba la poesía. Utilizaba metáforas, comparaciones, símiles un tanto sorprendentes, de forma natural, aunque impredecible, como súbitas exclamaciones o alusiones poéticas. Sacks observó a Rebeca de dos formas distintas. La primera esquemática, capaz de ver pautas, de resolver problemas, ésta era la que había sido probada, y donde se la había encontrado tan deficiente, tan desastrosamente carente. Pero las pruebas no habían aportado datos más que de los déficits. Por otro lado, Rebeca era completa y estaba intacta como ser narrativo, en condiciones que le permitían organizarse de un modo narrativo; y saber esto era muy importante, pues te permitía verla, y ver su potencial, de un modo completamente distinto al impuesto por la forma esquemática. En noviembre, murió su abuela, y la luz, la alegría que Rebeca había mostrado en abril pasaron a convertirse en la oscuridad y la aflicción más hondas. Estaba destrozada, pero se comportaba con mucha dignidad. La recuperación fue lenta, y una de las mayores ayudas fue dada por los sueños, que explicaba muy animada, y que marcaron claramente etapas de la superación del dolor. En el caso de Rebeca y en el de otros deficientes a los que se permite, o estimula, el desarrollo personal, las facultades emotivas, narrativas y simbólicas pueden desplegarse vigorosa y exuberantemente, y pueden producir (como en el caso de Rebeca) una especie de poetisa natural mientras que las potencias paradigmáticas o conceptuales, manifiestamente débiles desde el principio, se desarrollan muy lenta y laboriosamente y sólo pueden llegar a alcanzar un desarrollo muy limitado y raquítico. Como Rebeca no quería ir a los talleres, la sacaron del taller que odiaba y logramos incorporarla a un grupo de teatro especial. Le encantó... la integró; lo hacía asombrosamente bien: se convertía en cada