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descripcion del retardo mental severo
Tipo: Apuntes
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¡No te pierdas las partes importantes!






















DOCENTE: Mg. Edgar Romero
CURSO: Psicología de la excepcionalidad
ALUMNAS: Condori Catacora, Rocio
Liendo, Rosa
de ampliar nuestros conocimientos y sirva de guía para próximas investigaciones respecto al tema.
La Organización Mundial de la Salud (1992) en la CIE-10 manifiesta que el retraso mental, codificado como F73, es un trastorno definido por la presencia de un desarrollo mental incompleto o detenido, caracterizado principalmente por el deterioro de las funciones concretas de cada época del desarrollo y que contribuyen al nivel global de la inteligencia, tales como las funciones cognoscitivas, las del lenguaje, las motrices y la socialización. El retraso mental puede acompañarse de cualquier otro trastorno somático o mental.
Realmente, los afectados de un retraso mental pueden padecer todo el espectro de trastornos mentales y su prevalencia es al menos tres o cuatro veces mayor en esta población que en la población general. Asimismo, los individuos con retraso mental tienen un mayor riesgo de sufrir explotación o abusos físicos y sexuales (Vásquez & Majluf, s.f.). La
neuropsiquiátrica. El interés de este cuadro, descripto por primera vez en 1969, ha elevado últimamente debido al grado sustancial de heterogeneidad genética y fenotípica (Salvador, Velásquez & Martínez, 1995).
Respecto a las afecciones relacionadas con los cromosomas autosómicos, y constituyendo el 12 % del total de los retrasos mentales, encontramos al Síndrome de Down originado por la trisomía del par 21 descubiertas por Lejeune en 1959. El síndrome asimismo puede presentarse, aunque en forma incompleta, en las trisomías de los cromosomas de los grupos G, E y D. De igual forma se ha denominado mongolismo por el aspecto facial que presentan: epicanto (pliegue interno del párpado superior), hipertelorismo (separación de los ojos), micrognatia (nariz pequeña), orejas de implantación baja y boca chica con protusión de la lengua. En general abarcan retrasos mentales de niveles moderados o graves. Otro trastorno cromosómico autosómico relacionado al déficit intelectual lo constituye la Delección del cromosoma 5 o enfermedad del "maullido del gato" por el aspecto del sonido que produce el niño en forma característica (Martínez, 1999).
Generados por anomalías genéticas no asociadas a malformaciones cromosómicas, se halla una amplia gama de trastornos metabólicos que se traducen en la falta de una proteína o una enzima, originando depósitos de sustancias y diversas alteraciones funcionales. Así se describe la enfermedad de Wilson, por carencia de ceruloplasmina, proteína encargada del transporte plasmático del Cobre; las Idiocias amauróticas familiares por depósitos de lípidos en el SNC, retina (de allí el nombre de amauróticas, productoras de ceguera) y otros órganos; las Histiocitosis lipídicas por depósitos de lípidos en SNC y Sistema Reticular ; las Mucopolisacaridosis como las enfermedades de Hurler y Hunter; el sindrome de Lesch-Nyhan por trastorno en el metabolismo de las purinas que genera anomalías funcionales en las vías nigroestriadas y mesolímbicas (Martínez, 1999).
Martínez (1999) en su artículo indica que el hecho de mayor interés médico lo constituye la posibilidad de actuar terapéuticamente sobre estos trastornos. Así ocurre con la Fenilcetonuria u Oligofrenia fenilpirúvica , producida por una acumulación del aminoácido Fenilalanina, a raíz de la carencia de la enzima fenilalanina oxidasa. Dicha alteración puede ser detectada por color de viraje de un método de cinta en orina, que hoy constituye un procedimiento de rutina en la mayoría de las maternidades. Encarada una dieta -de elaboración en laboratorio- carente de fenilalanina antes de los tres meses de edad, la afección no se manifiesta en absoluto. Algo parecido se genera actualmente con la galactosemia, defecto metabólico de la transformación de galactosa en glucosa, también productor de retraso mental, y que diagnosticada por los niveles de galactosa en orina puede solucionarse a través de una dieta carente de leche y sus derivados. Así mismo,
las homocistinurias constituyen un grupo de trastornos metabólicos de los aminoácidos caracterizados por anomalías del tejido conectivo y asociadas a retraso mental cuyas manifestaciones pueden reducirse con una dieta pobre en proteínas.
Tirado et al (2015) refiere que otras alteraciones de origen genético, combinan el retraso mental con epilepsia y diversas afecciones tumorales y dérmicas, llevando el nombre de facomatosis o síndromes neurocutáneos. Como por ejemplo la esclerosis tuberosa de bourneville, la neurofibromatosis de von recklinghaussen y las angiomatosis.
Producidas por mecanismos genéticos recesivos o desconocidos, localizamos a ciertas anomalías del desarrollo productoras de malformaciones craneanas que se asocian a retraso mental. Las cuales son: las hidrocefalias, microcefalias, porencefalias, macrocefalias y la disostosis craneofacial; algunas constituyendo síndromes específicos (Martínez, 1999).
Por último, se debe consignar que todos los casos antes mencionados pueden ser catalogados como factores genéticos específicos. En otros casos de retraso mental se supone la existencia de factores genéticos inespecíficos que conducirían al trastorno intelectual. Estos factores, que no constituyen ningún síndrome determinado, residirían en la base de la mayor incidencia familiar de la afección (Martínez, 1999).
Miller (1995) realza grandes importancias médicas y sociales como las causas del retraso mental relacionadas con el embarazo. Abarca tanto a la acción preventiva que puede ejercerse sobre ellas, como también a la muy elevada frecuencia de las mismas dentro del total de las causas del retraso mental. Constituye un elemento bastante estudiado el que un bajo aporte proteico en la dieta materna en diversos niveles de desnutrición o malnutrición, constituye un factor determinante de un retraso intelectual en el recién nacido. Las radiaciones Gamma son una causa comprobada, mientras resulta poco precisa la influencia de los rayos X. También, ciertas infecciones sufridas por la madre durante el embarazo como la Rubeola, la Toxoplasmosis o la Sífilis y estados anémicos severos pueden traer aparejados un compromiso cerebral en el nonato que dejen el déficit como secuela. Diversas variedades de drogas, de uso médico o de circulación ilegal, pueden obrar de la misma manera, siendo ya clásica la descripción de lo ocurrido con la talidomida a finales de la década del 50, encontrándose hoy probadamente demostrado la incidencia del alcohol y la cocaína en el déficit del desarrollo neurológico. Todos estos factores resultan mucho más peligrosos si actúan en el primer trimestre del embarazo, afectando la génesis y el desplazamiento de las células neurales del embrión.
como decíamos, con la desnutrición infantil, la deficiente atención del embarazo, el parto y el puerperio; las condiciones de vida que predisponen a infecciones e intoxicaciones, como también a "los niños golpeados", al consumo y abuso de drogas, etc. Todas constituyen circunstancias que pueden llevar al retraso mental a través de la lesión o malfunción cerebral que originen en forma directa o indirecta. Pero en otros casos, dificultades en el ambiente social que rodea el desarrollo intelectual del niño pueden ser las causales de un enlentecimiento o detención en el mismo, que podrán constituirse en un retraso mental, en general de nivel leve. El grado de estimulación sensorial y el equilibrio y contención afectivos son los factores más decisivamente alterados para producir estas circunstancias. Mencionemos como ejemplos, las situaciones de abandono, desarraigo, deprivación sensorial ambiental, institucionalismo, inestabilidad emocional familiar grave, falta de aspiraciones en el entorno, la lucha por la mera supervivencia física, el bajo nivel de estimulación verbal y las agresiones al niño que, en todos los casos promueven una actitud de repliegue afectivo e inactividad intelectual que podrán alterar seriamente, en los primeros años de vida, el desarrollo de sus capacidades.
En muchos casos observamos lo que podemos llamar un retraso mental familiar, donde la suma de los factores genéticos inespecíficos que antes mencionamos, y de una deficiente estimulación psicoafectiva a raíz del medio familiar deficiente, condicionará el retraso sin un sustrato biológico objetivable. Las cifras antes dadas de incidencia familiar del trastorno, acompañan estas afirmaciones. No debemos olvidar, además, que todos estos factores se combinan y potencian en los sectores más carenciados de la sociedad, al coexistir varias de las condiciones mencionadas (Martínez, 1999).
Se sugiere que existen causas orgánicas en la mitad de casos de Retraso Mental. Se señalan hasta 500 causas de naturaleza genética y cromosómica, que, en conjunto, constituyen aproximadamente una tercera parte de las causas conocidas. Entre estas se describen el síndrome de Down, de X-Fragil, de Turner, de Klinefelter, de Prader Willi, de Williams y las neurofibromatosis. El resto de las causas conocidas incluyen la prematurez, las complicaciones obstétricas (hipoxia e infecciones) y los problemas del neurodesarrollo principalmente. La pobreza es un factor ambiental más destacado. El 50% de las personas con Retraso Mental no tienen una causa claramente identificable (Vallejo, 1991).
La evaluación psiquiátrica que se realiza a las personas con discapacidad intelectual, especialmente aquellos con un nivel menor de desarrollo, requiere de una adaptación adecuada de la metodología de evaluación estándar (Fundación Española de Síndrome de Down, 2010).
El foco central de la evaluación es el grado de modificabilidad de la persona y aquello se puede medir a través de un proceso activo y no por una enumeración de las habilidades existentes (Gonzales & Santuise, 1997). Esto infiere, pasar de una evaluación estática a una evaluación dinámica.
El cambio en la valoración de las personas retrasadas lleva a considerar los siguientes aspectos (Gonzales & Santuise, 1997):
Propusieron que todos aquellos niños cuya edad mental fuera de más de dos años inferior a su edad cronológica fueran clasificados como retrasados mentales. Luego se hizo notar que una diferencia de dos años no es igual en todas las edades. Así, esa diferencia en un niño de 3 años es más grave que en uno de 13 años. Para solucionar este problema propuso que la deficiencia de la inteligencia se determinara mediante una razón y no restando la edad mental de la edad cronológica (Gonzales & Santuise, 1997).
En términos psicométricos se identifica el retraso mental cuando un sujeto está dos desviaciones estándar por debajo de la media de su correspondiente población, lo que equivale a un CI inferior a 70 (O.M.S., 1992).
La evaluación con las Escalas Desarrollo no es comparable con la de las pruebas de CI como Stanfor-Binet o del WISC. Las razones son varias:
El pionero en el enfoque comportamental aplicado al retraso mental ha sido Bijou. Utiliza como término más apropiado el de Retardo en el Desarrollo por considerar que el retraso es una desviación del desarrollo psicológico normal en grado extremo.
El retardo en el desarrollo es un déficit conductual que se interpreta en base a la interacción históricamente construida entre el organismo o sujeto en desarrollo y su ambiente físico y social. La conducta retardada se caracteriza por ser inadecuada desde el punto de vista adaptativo y viene determinada por cuatro factores básicos (Gonzales & Santuise, 1997):
Bravo (2002) refiere que, en las últimas dos décadas, el problema de la enfermedad mental en sujetos con RM ha recibido una atención creciente por el reconocimiento del derecho de los sujetos con RM a recibir los cuidados médicos apropiados y por el principio de normalización, que apoya el que los sujetos con RM vivan en la comunidad y utilicen sus recursos.
Para el tratamiento de los múltiples hándicaps y complicaciones asociados con el retraso mental, resulta característico el tratamiento multimodal, con una orientación evolutiva. Así, los programas de rehabilitación a largo plazo suponen la intervención de un gran número de especialistas y organismos trabajando en colaboración a lo largo del tiempo. A nivel psicológico, aunque los tratamientos basados en el pensamiento abstracto pueden no resultar útiles, las intervenciones psicoterapéuticas orientadas evolutivamente pueden resultar eficaces en el manejo de crisis o en los objetivos psicosociales a largo plazo. En determinados pacientes adolescentes o adultos con un retraso mental leve, la psicoterapia individual puede utilizarse para promover la diferenciación de uno mismo y del otro, la autoestima, la formación de la identidad, el desarrollo interpersonal, el control emocional y conductual. La modificación de la conducta resulta útil para el tratamiento de la agresión, el desafío, la hiperactividad, las estereotipias, las autolesiones, la pica, y el comportamiento asocial. En algunos casos pueden enseñarse el entrenamiento del control de esfínteres, a vestirse y acicalarse, y las habilidades para comer. La psicoterapia de grupo, ha sido más utilizada que la individual, ya que es especialmente útil para los adolescentes y adultos jóvenes que necesitan el apoyo de sus compañeros para poder separarse de sus familias, y además pueden utilizarlos como modelos de rol (Moragas, 1942).
El entrenamiento educativo y evolutivo para aumentar las habilidades del lenguaje y del habla, motoras, cognitivas, ocupacionales, así como sociales, recreativas, sexuales y adaptativas, se llevan a cabo por profesionales especializados. El individuo puede entrenarse para iniciar simplificaciones de tareas, pedir clarificaciones de comunicación, y realizar mejoras ambientales. La educación y asesoramiento de los padres, así como el apoyo a la familia son una norma.
El componente psiquiátrico incluye a los fármacos psicótropos que funcionan y deben utilizarse del mismo modo que si la inteligencia del paciente es normal. En el RM deben ser usados dentro del contexto de un programa global y no como tratamiento único.
Dependiendo del trastorno psiquiátrico concomitante pueden prescribirse: antipsicóticos, antidepresivos, sales de litio y ansiolíticos.
Formas de tratamiento
Programa de tratamiento
Márquez et al (2009) Refiere que la medicina no posee los medios para curar a un retardado, una vez que el cuadro se ha instalado. El éxito terapéutico reside, en realidad, en el diagnóstico precoz. Se debe prevenir y diseñar un programa terapéutico integral que trate de frenar los diversos factores que en cada caso estén en juego. Sin embargo, se puede programar: