


Prepara tus exámenes y mejora tus resultados gracias a la gran cantidad de recursos disponibles en Docsity
Gana puntos ayudando a otros estudiantes o consíguelos activando un Plan Premium
Prepara tus exámenes
Prepara tus exámenes y mejora tus resultados gracias a la gran cantidad de recursos disponibles en Docsity
Prepara tus exámenes con los documentos que comparten otros estudiantes como tú en Docsity
Encuentra los documentos específicos para los exámenes de tu universidad
Estudia con lecciones y exámenes resueltos basados en los programas académicos de las mejores universidades
Responde a preguntas de exámenes reales y pon a prueba tu preparación
Consigue puntos base para descargar
Gana puntos ayudando a otros estudiantes o consíguelos activando un Plan Premium
Comunidad
Pide ayuda a la comunidad y resuelve tus dudas de estudio
Ebooks gratuitos
Descarga nuestras guías gratuitas sobre técnicas de estudio, métodos para controlar la ansiedad y consejos para la tesis preparadas por los tutores de Docsity
Una breve introducción al romanticismo hablando desde la literatura.
Tipo: Transcripciones
1 / 4
Esta página no es visible en la vista previa
¡No te pierdas las partes importantes!



Estudiar la literatura romántica argentina tiene una significación especial, ya que, para muchos autores y críticos posteriores, se trata de la primera literatura genuinamente argentina, surgida precisamente en el momento en que, transcurridas algunas décadas desde la declaración de la independencia, el país comenzó a definirse como tal. En consecuencia, es imposible estudiar la literatura argentina de ese momento sin realizar, al mismo tiempo, un análisis del contexto histórico en el que tuvo lugar, ya que la principal intención de esa literatura fue expresar ese contexto. Esteban Echeverría (1805-1851) y Domingo Faustino Sarmiento (1811-1888) son autores inaugurales de la literatura argentina. La narrativa argentina comienza, precisamente, con Echeverría y Sarmiento, y con sus obras El matadero y Facundo, las cuales cuentan una misma historia de violencia y luchas de poder desde perspectivas diferentes. Ambos textos tratan el enfrentamiento entre "civilización y barbarie", ambos denuncian y critican con igual pasión la situación sociopolítica de la época y proponen los cambios necesarios para la concreción del país que sueñan. Plantean, en definitiva, la causa de los males de la argentinidad y así están definiendo el "ser argentino" en sus dos versiones antagónicas: los que ejercen el poder y los sojuzgados, los que persiguen solo intereses personales y los que luchan por altos ideales sociales, los que oprimen y los que defienden la libertad.
Entre 1820 y 1830, la Argentina estaba independizada, pero disgregada y enfrentando estallidos de guerra civil. La inestabilidad política era el resultado de las posturas encontradas entre el interior y Buenos Aires, y su permanente medición de fuerzas. Las provincias, lideradas por caudillos que buscaban una organización federal de la Nación, se oponían a las pretensiones de Buenos Aires de ejercer un poder centralizado y hegemónico, basado en la supremacía económica y estratégica que le daba el puerto. Esta etapa se caracterizó por la sucesión de períodos en los que existía un gobierno nacional y otros en los que las provincias se declaraban autónomas. Federales y unitarios chocaban, en congresos y batallas, tratando de imponer sus ideas acerca de un gobierno nacional unificado. Entre los primeros, se destacaron Juan Manuel de Rosas, hacendado bonaerense, y Facundo Quiroga, caudillo riojano que llegó a tener un poder militar y político muy importante en el interior. En 1826, se promulgó una Constitución de marcado tinte unitario, que fue rechazada por parte de las provincias. El país vivía una situación crítica por la imposibilidad de lograr la organización nacional y por los problemas económicos y de política exterior (la guerra con el Brasil por la Banda Oriental). El gobierno nacional no existía, y la capacidad para manejar las relaciones exteriores recayó en Buenos Aires, a cargo del federal Manuel Dorrego.
La guerra civil La paz con el Brasil, firmada en 1828, originó un levantamiento unitario comandado por el general Juan Lavalle, quien asesinó a Dorrego. Las provincias consideraron esta muerte una traición y decidieron enfrentarse al poder unitario. Así se inició la guerra civil. Lavalle se unió a José María Paz, quien luchaba contra los caudillos; mientras, en Buenos Aires, el poder de Rosas crecía y comenzaba el exilio de los unitarios. En 1829, la Junta de Representantes eligió a Rosas gobernador de la provincia y le dio facultades extraordinarias para enfrentar los conflictos internos. La escena política nuevamente planteaba un cambio: Buenos Aires, gobernada por un poderoso caudillo federal que contaba con el apoyo incondicional del campo; el interior, bajo el dominio unitario logrado con la campaña exitosa de Paz, quien había vencido a Juan Bautista Bustos y a Facundo Quiroga. La Liga Unitaria reunió a Córdoba, Salta, Tucumán, Catamarca, Mendoza, San Juan, San Luis y Santiago del Estero, con el fin de constituir un gobierno nacional. Como contrapartida, Buenos Aires y las provincias del litoral firmaron, en 1831, el Pacto Federal en el que se comprometieron a actuar conjuntamente frente a toda agresión externa y a organizar el país bajo el sistema federal cuando las condiciones de paz lo permitieran. Mientras tanto, nada se planificaba sobre economía, y la industria nacional sufría la entrada irrestricta de mercaderías del exterior. Las provincias signatarias del Pacto declararon la guerra a
Paz y lo vencieron. El Pacto Federal recibió a las provincias de la vencida Liga Unitaria y formaron una Confederación, base de la futura organización nacional.
El segundo gobierno de Rosas Rosas terminó su primer gobierno en 1831 y no aceptó la reelección, pues no se le renovarían las facultades extraordinarias. En 1834, se produjo una guerra civil entre Tucumán y Salta, provincias federales. Rosas envió a controlar la situación a Quiroga, quien murió asesinado en Barranca Yaco, en 1835. Ese mismo año, la Legislatura nombró gobernador a Rosas; le otorgó, dado el recrudecimiento de las luchas, la suma de los poderes públicos y extendió su mandato a cinco años. Pero este segundo período, comenzado en 1835, culminó recién diecisiete años después, en 1852, con la batalla de Caseros. Rosas ejerció un gobierno conservador de carácter paternalista y cerrado a todo lo exterior. La organización fue centralista, a pesar de que se hablaba del país como de una Federación, y esto acrecentó el sentido de unidad. Si bien Rosas era gobernador de Buenos Aires, reunía las atribuciones de un presidente y su mandato, de hecho, tenía alcance nacional: así, por ejemplo, manejaba las relaciones exteriores, el vínculo con la Iglesia y la economía a partir del control de la Aduana e intervenía las provincias que se le opusieran. Algunas de estas condiciones vigentes durante un período de tiempo tan extenso fueron conformando la unidad nacional.
El Romanticismo en la Argentina Luego de su estadía en Francia, entre los años 1825 y 1829, Esteban Echeverría introdujo las ideas románticas en América latina. Por primera vez en la historia de la cultura latinoamericana, entró en estas tierras un movimiento artístico de origen europeo que no venía desde España. Esto se debió a que, luego de su independencia política, la Argentina buscaba la independencia cultural y, por eso, rompió cualquier lazo que la uniera a la península. La literatura romántica, en la Argentina, tomó casi exclusivamente un tinte político. Esto no fue casual: las ideas románticas se adecuaban al momento histórico y a las necesidades de los autores que, en general, eran hombres de acción comprometidos con su realidad y que hicieron de su producción literaria un instrumento de lucha, como Juan Bautista Alberdi (1810-1884), Esteban Echeverría, Domingo F. Sarmiento, José Mármol (1817-1871) y José Hernández (1834-1886), entre otros. Sus posturas políticas podían diferir, pero lo que los unía era su adhesión al gran objetivo romántico: la búsqueda, la lucha por la libertad. Libertad que no podía separarse de conceptos como independencia e identidad nacional y que el Romanticismo defendió en todos los órdenes de la vida: libertad de ideas, política, religiosa, idiomática.
El ideario romántico local En la Argentina, la lucha romántica en el plano político se caracterizó por la valoración del proceso que llevó a la independencia y por el enfrentamiento acérrimo a la figura de Rosas. En lo religioso, se destacó por su oposición a la Iglesia cada vez que esta limitaba las libertades individuales. En relación con la ideología del movimiento, los autores crearon personajes con características particulares. Sus héroes son generalmente seres perseguidos, incomprendidos, que sufren el destino de quienes han nacido en un mundo que no reconocen como propio. En Echeverría y en Sarmiento, esos héroes fueron los unitarios; en Hernández, el gaucho. Los primeros crearon héroes que encarnaban los ideales de libertad individual y social. Activos, capaces de luchar hasta la muerte en la consecución de sus fines, se oponen a todo lo que sea uniformidad, represión, censura, encierro económico y cultural; en suma, atraso. La subjetividad romántica se manifiesta en su modo de ver la realidad hostil que los rodea. Los autores tenían mucho en común con sus personajes: sufrieron el mundo que les tocó vivir, se le opusieron, defendieron sus ideas por las armas y, también, por medio de su obra periodística y literaria. El exilio fue, para muchos de ellos, una salida frente a la persecución política.
La literatura nacional En la Argentina, la literatura anterior a la de la llamada Generación del 37 no expresó la realidad histórica en que tuvo lugar. Con Esteban Echeverría el panorama cambió. Fue Echeverría
tema preferido de los románticos son los sentimientos. Para ellos los sentimientos prevalecen, priman, sobre la razón. f.-La melancolía, la angustia, y la desesperación , son los otros temas que prefieren trabajar en sus textos. Consideran que de ese modo expresan libremente sus emociones profundas y sus penas más íntimas. g.- La naturaleza. Otro de los temas preponderantes de los románticos es el paisaje, la naturaleza. Estos autores consideran al paisaje como un elemento más de sus textos, e ingrediente importante en sus obras. Siempre están en búsqueda de una naturaleza que conecte ampliamente con sus sentimientos. Se inclinan por paisajes poco amigables, acorde con su espíritu atormentado. h.- Nacionalismo: En el Romanticismo aparece una cierta obsesión por buscar las raíces de cada pueblo en su historia, en su literatura, en su cultura. Así se comprende la revitalización de los antiguos poemas épicos y de las leyendas y tradiciones locales.