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Asignatura: Geografia Fisica de la Peninsula Iberica, Profesor: Pablo Fraile Jurado, Carrera: Historia, Universidad: US
Tipo: Apuntes
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Restos de la más remota presencia humana, edad del Bronce, se han hallado en las cuevas de La Peña, aunque algún estudio espeleológico apunta a asentamientos anteriores (Neolítico) aún por estudiar. De la época romana está atestiguada la existencia de una villa en el sitio Llanos de Orullos, tal vez lugar de descanso de algún potentado de la cercana ciudad de Turóbriga ( Aroche). En el siglo V parece que San Víctor vivió en las mismas cuevas de La Peña, y hay bastante acuerdo en la presencia constante de eremitas y anacoretas, atraídos por la belleza de los parajes de esta sierra. Como lo corrobora uno de los principales restos arqueológicos de La Peña, la llamada popularmente “Bañera de la Reina”, considerada una pila bautismal paleocristiana de esa época. La leyenda de este territorio se hace realidad en la época musulmana, que le bautiza con el nombre de Alájar, “la piedra”, por La Peña. De esta época es el casco urbano más antiguo, típico trazado árabe de callejuelas estrechas y reviradas. En la reconquista, Alájar fue tierra de frontera y litigio entre las coronas de Castilla y Portugal, interviniendo en su toma la orden militar de Santiago, quien la obtuvo como lugar de señorío. Un núcleo importante se asentó en los Llanos de Orullos, donde se construyó la iglesia dedicada a San Bartolomé.
Desde estas fechas Alájar se va a erigir en asentamiento de mayor vitalidad, reseñado por la construcción de la iglesia dedicada a La Reina de los Ángeles de la Peña, lugar que enlaza con la corriente telúrica de lo sagrado. En 1559, don Fadrique Enrique de Rivera, duque de Alcalá, compraba los lugares de Galaroza y Alájar. En el siglo XVI el humanista y teólogo don Benito Arias Montano, decidió retirarse a descansar a la peña, conocida hoy por el nombre del célebre humanista, que en varias de sus cartas daría a conocer los encantos del lugar. Realizó algunas reformas en la ermita, acondicionó la Fuente de la Peña, cercana al santuario, construyéndose allí su residencia, de la que sólo se conserva el arco de entrada, convirtiendo la Peña en atalaya de recreo y meditación. En 1640 la aldea de Alájar, junto a Aracena pasan al señorío del Conde Duque de Olivares. En esta época, los señores ejercen su presión tributaria sobre Alájar, y la misma ciudad de Aracena la presiona en exceso, hasta tal punto que la relación continuada de vejaciones, así como el cobro de los débitos reales y penas, provocaron la huida de varios vecinos a otras partes. Estas razones obligan, con unos bríos inusitados, a pedir continuamente su independencia de Aracena. La consolidación de Alájar se realiza en el siglo XVIII. En el año 1702 Alájar se independiza de Aracena. La economía rural se diversificó con un sustancioso incremento de la actividad ganadera y la presencia de comerciantes que eran necesarios "por no producir la tierra para mantener a tanta gente". En 1752 el catastro del Marqués de la Ensenada contabiliza 397 vecinos, y en 1786 el censo de Floridablanca las eleva a 1.875. En 1857, la rebelión de las minas de San Miguel en Almonaster estuvo protagonizada por naturales de Alájar y fue una revuelta elemental contra la miseria. De esta forma se abren las puertas a un siglo XX donde comienza un proceso migratorio a zonas que ofrecían mejores oportunidades que la susbsitencia del campo. La Cuenca Minera de Riotinto, Cataluña o el Levante son los destinos mayoritarios de esos emigrantes.El los albores del XXI parece que la población se estabiliza en torno a los 800 habitantes con algún repunte, especialmente favorecido por el nuevo impulso que proviene del turismo rural, que hace aumentar la oferta de restauración y hostelería.
A la Edad del Bronce (3.000 a.C.) se remontan los primeros vestigios de poblamiento en esta zona de la Sierra. Son numerosos e interesantísimos los restos hallados en la necrópolis de Becerreros, al Sur del Municipio, y en la explotación minera de Monte Romero.
Pero los más abundantes corresponden a la época romana. Al decir del Profesor Luzón, los cimientos de la propia Villa de Almonaster se levantarían sobre un yacimiento romano. En la cerca del viejo Castillo pueden apreciarse numerosos sillares romanos, aunque todo ha quedad muy oculto bajo las obras medievales, y son romanos algunos de los restos arquitectónicos (columnas, capiteles y sillares), reutilizados en la construcción de la Mezquita. De la misma época es el notable yacimiento -aún por excavar- de Santa Eulalia, en el que destacan los muros que sirven de base al ábside de la Ermita. Se trata de los restos de un sepulcro turriforme del S. I, similar a la torre de los Escipiones de Tarragona.
La población mantuvo su vigencia en la época visigoda, periodo en el que se edificó un monasterio en el solar de la Fortaleza. Los restos religiosos de esta etapa son muy interesantes, destacando el dintel de entrada, parte del iconostasis de la Iglesia, restos de un ara y un cimacio, todos ellos datables entre los S. V y VII. Según Alfonso Jiménez, restaurador y estudioso de la Mezquita, el actual nombre de la población procedería del topónimo árabe Al–munastyr, trascripción casi literal de su anterior nombre latino monasterium.
El primer testimonio escrito de la existencia de Almonaster, corresponde al geógrafo musulmán Abu Ubaid al Bakri, en el 822 de nuestra era : “… el iqlin de al – Munastyr y los demás de la Kora de Isbilya recaudaron más de 35.000 dinares de la gibaya…”.
Al llegar los musulmanes a España se cree que fue ocupada por Abd al Aziz, como toda la provincia de Huelva, cuando desde Sevilla realiza una campaña hacia tierras del Algarve, capitulando sin lucha la población y pasando a depender de los Walíes de Córdoba. En esta zona se asentaron beréberes, mientras que las zonas llanas fueron ocupadas por muladíes y mozárabes hispanos
Los primeros asentamientos humanos que se conocen datan de la época prehistórica. Hay restos arqueológicos en la Cueva de la Mora en la aldea de la Umbría que datan de la Edad de Bronce, III Milenio. La riqueza de minerales de la zona ha propiciado diversos asentamientos, como el del poblado del Castañuelo en el que se distinguen dos culturas diferentes, una perteneciente a la Edad del Bronce (II milenio a.C.) y otra a la Edad del Hierro (mediados del I Milenio a.C).
Asimismo, las explotaciones mineras fueron el motivo de los asentamientos romanos desde el siglo I a.C, creando pequeños núcleos agropecuarios que sustentaban el asentamiento y que serían probablemente el origen de Aracena y de varias poblaciones de la zona.
De la época islámica data la primera fortaleza sobre cuyos restos se erigió el Castillo de Aracena. En la Iglesia del Castillo destaca la torre almohade. En torno a ésta edificación se fue erigiendo el caserío de la población, dando origen al actual paisaje urbano de la ciudad de Aracena.
necrópolis de Monte Acosta. Durante este periodo que se desarrolla a lo largo del III milenio a. C. también existen hábitat y talleres líticos como los de la Cueva de la Umbría o del Pantano.
La siguiente etapa cultural denominada Bronce Pleno o Bronce del Suroeste, que se sitúa cronológicamente a mediados del II milenio a. C. es una de las mejor representada en la Prehistoria serrana. Actualmente se conocen algunos poblados (Trastejón, Papúa, Castañuelo, Bujarda) pero hasta el momento, los yacimientos que han servido de referencia han sido las necrópolis de cistas. Estas tumbas son fosas rectangulares o poligonales revestidas con lajas de pizarra, en la que se colocaba el difunto y al ajuar funerario. Suponen la transformación del enterramiento colectivo del Calcolítico hacia el individual.
El yacimiento más representativo es el Castañuelo, situado a unos 4 Km. de Aracena, cerca de la aldea que le da nombre. En él se pueden distinguir 2 fases, de cronología y culturas muy diferentes: Bronce Pleno y II Edad del Hierro.
Después de este periodo con un fuerte arraigo en la zona, le sucede la época orientalizante, que en esta comarca no tiene un gran desarrollo, al contrario que en otros lugares de la provincia, donde se sitúa la cultura tartésica a principios del I milenio a. C. El vacío de población existente en la comarca serrana es aprovechado, a partir del s. V a. C., por los pueblos provenientes de la Meseta para establecerse en la Sierra de Aracena. Estas poblaciones son las de los Céltici que habitan la Baeturia Céltica citada por los geógrafos romanos Estrabón y Plinio. Nuevamente es el Castañuelo el yacimiento arqueológico mejor conocido de esta época. Este poblado de la II Edad del Hierro nos informa sobre sus modos de vida basados en la agricultura, ganadería y minero-metalurgia.
La romanización de la zona cercana a Aracena comienza a partir del siglo I a. C. siendo los asentamientos más antiguos, explotaciones mineras. La riqueza de metales de la zona propició que entre los siglos I y II d. C. continuaran y se expandieran los asentamientos romanos. Esta implantación romana se basa en unidades agropecuarias como las del Monte San Miguel o La Urraca y en poblados mineros como Los Villares. Estas villas romanas pudieron ser el origen del núcleo urbano de Aracena y de algunas de sus aldeas (La Umbría, Valdezufre o Jabuguillo). Hay autores que piensan que el nombre de Aracena proviene del nombre del antiguo propietario del fundo romano: Aretius o Arcius (aretiena o Arciena) basándose en que la terminación -ena- es frecuente en la toponimia para indicar propiedad o posesión.
A partir del s. III d. C. debido a la crisis del sistema de producción minero, los núcleos urbanos se abandonan, diseminándose la población en pequeñas unidades rurales. La introducción del cristianismo se produce gracias al vacío de población y de control que existe en la Sierra de Aracena. Se crean centros de iniciación y monacatos, entre los que habría que destacar la Peña de Alájar, Almonaster, Hinojales o la ermita de San Salvador en Puerto Moral.
De época islámica muy pocos restos se han conservado, destacando algunas fortalezas, torres y alquerías por todo el término. Se narra que el nombre de Aracena pudo ser Medina Arsena, Gran Clazen o Harrazen, pero estas denominaciones no están constatadas por ninguna fuente musulmana. Sí se puede identificar con el iqlim o distrito islámico de Qartasana, de la Cora de Sevilla. Sin duda existió población andalusí en el cerro del Castillo, como lo atestiguan los materiales arqueológicos y las fuentes escritas. Al-Râsi nos cuenta como Aracena fue destruida antes del siglo X. De la población islámica anterior a la conquista portuguesa, apenas quedan restos, aunque se puede deducir que existió una aldea almohade en torno a una pequeña fortificación de tapial. Población que pasó a depender del reino taifa de Niebla en la 1ª mitad del siglo XIII.
La crisis del estado almohade y la rebelión del rey taifa de Niebla, Ibn Mahfot, propició la ocupación de Aroche y Aracena entre 1230 y 1233 por el rey portugués Sancho II, con la ayuda de la Orden del Hospital, dirigida por Pérez Farinha. El problema sucesorio originado entre este monarca y su hermano Alfonso III, originó la intervención de Fernando III y su hijo, el futuro Alfonso X, que solicitaron para Castilla estos territorios, lo que da lugar al "Conflicto del Algarve". Aracena pasa a formar parte del reino de Sevilla en 1255 como tierra realenga, por un acuerdo entre Portugal y Castilla, siendo encomendada su defensa a la Orden de Santiago, aunque la tradición popular, basada en historiadores de los siglos XVIII y XIX, defiende el mito de los templarios.
La zona tuvo que estar semidespoblada hasta 1291-93, que es cuando comienza la repoblación y la construcción de castillos por parte de Sancho IV. Estos castillos estaban integrados en la línea fortificada de la "Banda Gallega", que protegía a Sevilla de posibles penetraciones portuguesas.
La repoblación de Aracena llevada a cabo por leoneses y gallegos, aunque también hubo una comunidad judía, no tuvo éxito hasta principios del siglo XV, a causa de la crisis demográfica del siglo anterior como consecuencia de las epidemias y de los conflictos con Portugal. Con el aumento de la población se produjo el proceso de rebasar sus moradores, los muros de las cercas del castillo, por lo que se extendió el pueblo por las faldas del cerro, dando lugar a un arrabal. Del total de vecinos, la mitad se encontraba repartido en más de 30 aldeas situadas en el término municipal. Algunas de estas aldeas se transformaron, ya en época moderna y contemporánea en municipios independientes, mientras que otras desaparecieron en distintas fechas.
Aracena era a finales del siglo XV, la jurisdicción más poblada de la actual provincia de Huelva. Durante el s. XVI, se produce un abandono de las viviendas situadas en el interior de las cercas del Castillo, siendo éste utilizado para abastecerse de materiales de construcción, ya que el pueblo se ha extendido por la ladera, convirtiéndose la Plaza Alta en el centro de la población.
Después de ser confirmada en su posesión a Castilla por el tratado de Alcañices, Aracena se constituye en Real Priorato durante el siglo XIV, dependiente de la corona, hasta que un avance de la jurisdicción señorial en los siglos XVI y XVII, la enajenan del patrimonio real. En 1640, Aracena y sus aldeas forman parte, en calidad de señorío, de la jurisdicción del Conde Duque de Olivares para depender durante el siglo XVIII del Conde de Altamira quien se intitula Príncipe de Aracena.
Durante la Edad Moderna, Aracena adquiere una gran relevancia, siendo el núcleo de mayor importancia de toda la comarca, tal como la describe, a principios del siglo XVII, Rodrigo Caro: "el primer lugar que se nos ofrece es la villa de Aracena, que es la mayor y como metrópolis de la Sierra que de ella tomó este nombre".
Las figuras más carismáticas de esta época fueron Benito Arias Montano, consejero de Felipe II, que se retiró en numerosas ocasiones a esta comarca y Sor María de la Trinidad, mística que fundó el convento de Jesús, María y José. El punto de partida de una nueva época que se desarrolla durante el siglo XIX, es la Guerra de la Independencia, trastocando las circunstancias bélicas la vida de la ciudad. Una vez acabada la guerra y tras la etapa absolutista de Fernando VII, se instaura el régimen liberal que introduce una división territorial donde Aracena es segregada de Sevilla para pasar en 1883 a la recién creada provincia de Huelva. Un año más tarde se erige en cabeza de partido judicial de su mismo nombre.
a contarnos una historia de la adaptación a una tierra y la lucha por la sobrevivencia dentro de un marco no muy favorable. A continuación intentaremos deshojar el devenir del pueblo apoyándonos en las pocas fuentes de las cuales disponemos, en analogías con otros pueblos y en nuestra intuición. Esperamos que no nos hayamos desviado mucho de la realidad en nuestra narración sobre un pueblo sin historia aparente.
No se sabe con exactitud cuando los primeros pobladores talaron los árboles para que Castaño del Robledo nazca del bosque. Es de suponer que esto acaeció a mediados del siglo XIV al final del encastellamiento o reagrupación de la población alrededor de los castillos operada bajo Sancho IV. Después de tiempos inseguros, primero a causa de las guerras entre cristianos y musulmanes y posteriormente motivado por los conflictos fronterizos entre Castilla y Portugal, los pobladores de los sitios fuertes de la Sierra se animaron a ocupar las tierras abandonadas. Esto fue impulsado a su vez por Sevilla que de esta manera querría asegurarse del terreno frente a Portugal y al mismo tiempo ponerse en una situación desde la cual ejercer el control sobre las vías de comunicación. Parece que la elección del emplazamiento no fue casual. El lugar seleccionado se encuentra en un ensanche del valle que está protegido por cerros y lomas altos contra los vientos fríos del norte. La inclinación suave del terreno amortigua los efectos de la erosión y deja que se acumulan algunos suelos fértiles lo que facilita junto con las fuentes naturales existentes una agricultura de huerta. Pero el pueblo debe su existencia también al hecho ser el nexo entre varios otros poblamientos. Este hecho explica en parte el mapa urbanístico de Castaño del Robledo. Alrededor de 1400 los pobladores de Castaño tenían la Capilla del Santo Cristo en la parroquia de Galaroza según la respuesta N º 7 del Capitán, D. Pedro Antonio Sánchez Palomo a Tomás López en 1795. De esto se deduce que aún no hubo templo en el pueblo y que los habitantes se desplazaron a Galaroza para cuestiones de culto.
La primera cifra fiable encontramos en el padrón municipal de 1485 que se elaboró sobre todo con el fin de contar los efectivos humanos disponibles para la guerra de Granada. Castaño tenía entonces 13 "vecinos" o unos 52 habitantes.(Veáse la discusión sobre el término "vecinos" en evolución de la población.) Seguramente a causa de la guerra de Granada la población de Castaño cae hasta 8 vecinos en 1489. Con la conquista del reino de Granada y el descubrimiento de América empieza una época de florecimiento económico generalizada que se deja notar también en el aumento de la población ño que en 1512 ya cuenta con 76 habitantes.
El año 1554 parece ser un año crucial en la forja de la historia de Castaño del Robledo. Según P. Madoz 5 vecinos fundaron Castaño del Robledo en este año, cosa que podemos descartar sin problemas a la vista de los datos anteriormente expuestos. Curiosamente el mismo año 1554 aparece en el cuestionario de T. López: “En el año de1554, el sapientísimo Arias Montano, natural de Fregenal…, movió este vecindario a hacer iglesia como consta el libro de ella … y regresado del Concilio de Trento fue párroco de está (como lo acreditan fees de casamientos y bautizos en dicho libro, año 1586)”. La iglesia está consagrada a Santiago el Mayor y sirve aún hoy en día, aunque bastante transformada y ampliada, de parroquia. Asimismo Arias Montano fundó una cofradía de Santiago en el pueblo (C. Sánchez, Perfil de un humanista: Arias Montano, Huelva 1996, p.30). Conocida la devoción profesada de Benito Arias Montano hacia Santiago el Mayor estos datos parecen verosímil, aunque hoy en día la historia se entiende más como una paulatina evolución que como una serie de eventos promovidos por los así llamados protagonistas. En muchos casos la gente prefiere un acontecimiento identificado con un héroe en vez de un lógico devenir anónimo y lento (véase “Los mitos creacionistas de Cooperstown” en Stephen Jay Gould, Brontosauros y la nalga del Ministro, Barcelona 2005, p. 44 ss.). Seguramente podemos desvincular la figura de Arias Montano de la construcción de la iglesia y atribuir este hecho al aumento de la población y a cierta pujanza económica gracias a las minas
como la de Las Hurraleras. Parece que Arias Montano ejercía durante algún tiempo como sustituto del párroco, aunque las distintas fuentes no se ponen de acuerdo sobre las fechas. Por desgracia no he podido comprobar este extremo ya que el libro número 1 de los bautismos, donde se supone que estén registrados los de Arias Montano, no se conserva en el Archivo Parroquial de Castaño del Robledo. González Tello cita una partida de bautizo "En 22 de Junio 1586 Bapticé a Catalina, hija de D. Alonso Ortega y Catalina Alonso su mujer. Arias Montano Rubricado" (Tomo 2 p. 809)En estos mismos años hubo un primer intento de independizarse de Aracena, cosa que lograron Galaroza e Higuera en 1553. Sin embargo Castaño no llegó a los 100 vecinos censados, que era el requisito demográfico exigido para constituirse en villa.
Durante casi doscientos años no tenemos muchas noticias de contar. La población se estableció entre 200 y 300 habitantes y la crisis demográfica del siglo XVII no afectó mucho al pueblo. Seguramente su aislamiento y la economía de autoabastecimiento impidieron que las grandes pestes hiciesen estragos entre la población. Tampoco se nota una influencia negativa de la crisis generalizada y de la carestía como en otros lugares donde sí hay relación entre las alzas del precio del trigo y el descenso de la población, aunque el tipo de subsistencia limitó el crecimiento dada la escasez de recursos disponibles. Sin embargo un acontecimiento en el lejano Euskadi iba a tener secuelas hasta en el pueblo de nuestro relato. En agradecimiento por liberar la villa de Fuenterrabía del asedio francés 1638 en el transcurso de la guerra de treinta años, Felipe IV regaló al Conde-Duque de Olivares, Don Gaspar de Guzmán, “la dicha villa de Aracena, con todas sus aldeas, término y jurisdicción, que es el dicho partido de Andalucía” (Pérez-Embid, Aracena y su Sierra, Huelva, 1995, p.266). De esta forma se creó el señorío de Aracena, luego convertido en principado de Aracena bajo la casa de Altamira, que duró hasta su abolición por las primeras cortes de Cádiz en 1812.
Aunque en teoría ese cambio no tenía que afectar mucho a la vida de la aldea, en la práctica significaba un mayor control y celo en la administración del señorío por parte del nuevo señor, lo que desembocaba en un aumento real de la presión fiscal. En consecuencia los 50 moradores de Castaño del Robledo hicieron un segundo intento de separación de Aracena alegando: “Oprimidos con muchas vejaciones que reciben de la justicia de la villa de Aracena, así en la cobranza de todas las contribuciones reales como de otras cosas particulares, cuyos motivos han ocasionado a muchos vecinos de esta dicha aldea a irse a vivir a la villa de Galaroza y otras circunvecinas, desamparando sus casa y haciendas. Y lo que más les molesta a ello son los administradores de las rentas reales y ejecutores que se despachan a la cobranza de sus débitos de la dicha villa de Aracena, que está distante tres leguas.” (Privilegio del Villazgo de Castaño del Robledo, 1700)Según los datos de censo de los que disponemos, se ve un retroceso de la población que podría ser originado por la aducida emigración a Galaroza
Dada la circunstancia que la corona estaba necesitada de dinero “para cubrir parte de los grandes inescusables gastos que tubo en defensa de esta monarquía y de nuestra Sagrada Religión por haberse obligado tanto contra ella” (ibidem.)y a causa de los déficit crónicos de los
vez de tomar los datos absolutos los miramos con referencia a la población de cada lugar, la singularidad de Castaño sale más aún a la vista. Por vecino había 0,212 ha de regadío mientras en Alájar tocaba 0,070 ha por vecino, en Jabugo 0,142 y en Fuenteheridos 0,017. Según el cuestionario de Tomás López en las zonas de regadío había dos cosechas al año. En invierno se sembraba trigo y en el verano, aprovechando el regadío, las patatas que se sacaban por navidad de la tierra. Otro hecho destacable es la importancia de la castaña. Castaño dedicaba 303 has a este cultivo mientras en Aracena eran 390, en Alájar 6, en Jabugo 56, en Galaroza 84 y en Fuenteheridos 63. Según los datos de los cuales disponemos parece que el ganado servía sobre todo para el autoabastecimiento como indican las 199 cabezas de porcino, las 256 de caprino y las 96 de vacuno para 198 vecinos. El panorama que se nos ofrece muestra un pueblo con una agricultura altamente especializada en 2 productos que son las castañas y las patatas. La siguiente cuestión que se nos plantea es: ¿qué se hacía con el excedente? Castaño tenía en 1752 80 cabezas asnales, pero ninguna mular. Asimismo había sólo 8 arrieros y 18 tratantes. Los tratantes era gente dedicada sobre todo al comercio local y comarcal mientras los arrieros se encargaron sobre todo del transporte a larga distancia. En Alájar vivían al mismo tiempo 127 arrieros con 237 cabezas mulares. De estos datos se puede deducir que el comercio exterior de Castaño se desarrollaba mayoritariamente a través de intermediarios procedentes de Alájar. La vía principal era la exportación de patatas y castañas a Cádiz donde se compraba azúcar y cacao por dinero resultante. Esta mercancía se vendía junto con patatas y castañas en la Baja Extremadura desde donde se traían trigo, cebada, paños, cobertores y cordoncillos, todos artículos que faltaban en Castaño. El número de 80 burros soslaya este tipo de agricultura y el transporte de corta distancia al centro recogedor. He aquí ya un rasgo típico de Castaño que pudiera explicar el declive posterior del pueblo: vender al primer postor sin preocuparse por el funcionamiento del mercado más allá de los límites comarcales. De esta manera buena parte de las plusvalías se quedaron fuera del pueblo. A pesar de esta deficiencia la economía a tres bandas permitía mantener una población creciente que ya no dependía del autoabastecimiento, hasta llegar a la cifra de 68 habitantes por kilómetro cuadrado, la más alta de la región en aquel entonces.
Un apartado interesante representa el vino. En 1752 existían 5 lagares de vino y en el cuestionario de Tomás López aparece la cifra de 2000 arrobas de vino, una cantidad nada despreciable para 920 habitantes. No sabemos nada de una eventual exportación, probablemente se destinó toda la cosecha al consumo local. De todas las maneras, el pueblo dependía mucho del intercambio de bienes a causa de la escasez de de varios productos de consumo. Entre otras cosas padecía un déficit de cereales ya que la cosecha cubría solamente una sexta parte de la las necesidades. Incluso se compraban cerdos de fuera para la matanza. Existían unos pocos artesanos. Así en 1752 tenemos 3 dedicados a los metales en general, 6 carpinteros, 4 trabajaban pieles y cuero y únicamente 2 albañiles. Faltaban empleados en la cerámica y en el sector alimenticio. Una posibilidad de adquirir bienes de consumo o de contratar a un obrero temporal se daba en Aracena. Ya en el año 1731 se menciona el mercadillo semanal que todavía hoy en día se celebra los sábados. Es divertido imaginarse los habitantes de Castaño yéndose al baratillo aracenensis montados en burro en vez de en coche como actualmente.
La población era de caudales medios, en 1752 contamos ningún noble, 64 pecheros, es decir los que pagan impuestos, 100 jornaleros, 15 pobres de solemnidad y 17 sin datos, todo en vecinos. No existe ningún labrador. Algunas casas del núcleo urbano y la > Fuente del Barrio < dan todavía hoy testimonio de cierta riqueza en el siglo XVIII. Con el trasfondo de la creciente población y la entrada de dinero a causa de las exportaciones se entiende también el intento de la construcción de una iglesia nueva y mayor que sin embargo no fue terminado.
El siglo XIX trae varios cambios significativos que afectan a la historia del pueblo. En 1812 las Cortes de Cádiz proclamen la abolición de los señoríos. Uno de los asistentes a las cortes de Cádiz fue D. Celestino Sánchez, nativo de Castaño del Robledo. Diputado por la provincia de Sevilla. Cura de San Isidro. Elegido el día 13 de enero de 1813, las Cortes anularon esta elección por diversas anomalías, siendo elegido finalmente el día 26 de junio por veinticuatro votos de los veintiséis electores, según la Instrucción de 1º de enero de 1810 , en la sala del tribunal del Consulado de la Casa Lonja de Sevilla. Se le otorgó su poder el mismo día de su elección, siendo aprobado por las Cortes en la sesión del 16 de julio de 1813, jurando y tomando posesión en la sesión del día siguiente.
Tuvo una muy escasa participación. Junto con otros diputados conservadores, fue, más de una vez, objeto de las iras del pueblo asistente a las sesiones de Cortes, siendo insultado y hasta amenazado. En la sesión secreta del 7 de agosto de 1813 expresó que había sido rodeado , junto con los diputados Bárcena y Rech, por una multitud extraordinaria del pueblo que exclamaba indignos, traidores, agentes de Napoleón... a ellos, duro con ellos.... Por tanto, se dirigió a las Cortes en los siguientes términos en las Actas : En atención a estos insultos, y otros que les han precedido, pido y espero de BM. Que, sin disolverse la sesión, se sirva dar las providencias eficaces que juzgue oportunas para la seguridad personal de los diputados, pues de otro modo carecen de la libertad precisa para el desempeño de sus funciones. Como consecuencia de ello, se formó una comisión que acordó tomar las medidas oportunas para que no quede impune este exceso, y se eviten otros atentados de semejante naturaleza.
Siendo canónigo de San Isidoro en Sevilla, Celestino Sánchez tenía que demostrar su limpieza de sangre y por esta razón disponemos de su arbol genealógico.
Por la abolición del Antiguo Régimen y las sucesivas desamortizaciones Castaño pierde la posibilidad de usar las tierras comunes y queda definitivamente reducido a su pequeño término municipal. Como todos los pueblos de la Sierra, Castaño también sufrió la ocupación francesa con el saqueo correspondiente. Una de las pocas noticias de las cuales disponemos de esta época se refiera al trienio constitucional. Se encuentra en el diario que escribió el cura de Alájar, José Miguel Pablos Moreno.
Dicho Domingo 15 de Junio salieron de ésta sobre 50 hombres a caballo, fueron a Fuenteheridos, Galaroza.el Jabugo y Castaño y quitaron las lápidas de la Constitución ayudando para ello la misma gente de los pueblos salieron a las dos de la tarde y vinieron a las ocho de la noche, sin novedad, también fueron algunos a pie.
Hoy lunes 16 de Junio tocaron a rebato a las 11 para juntar la gente a fin de salir a una partida de constitucionales que se dice viene hacia Cortegana desde Badajoz con varios canónigos y otros eclesiásticos presos de dicha ciudad y que dicha partida asciende a 500 hombres y con
de la población. Seguramente se trata del matadero de José Sánchez Calvo. Asimismo existen 2 explotaciones mineras. Se trata de las minas la Urralera y San José donde se extraía plomo argentífero, ambos hoy abandonadas. En los año 1980 se intentó abrir un nueva mina de extracción de óxidos de plata por la Compañía Charter Consolidated bajo el nombre “Proyecto Fuenteheridos”. No obstante la licencia fue denegada por el impacto medio ambiental previsible.
Alrededor de 1900 empieza el declive de nuestro pueblo. Ya no crece la población, al contrario se constata una merma bastante acusada del número de habitantes. Son varios los factores que según nuestra opinión intervienen:
La sangría era enorme, de los 1402 habitantes en el año 1887 se llegó a los 194 en el 2001, es decir que se quedaba un 14% de la población de aquel entonces. Hay que señalar que antes de 1700 la cifra de moradores de Castaño oscilaba en torno a 200 moradores, y esto durante unos 200 años. El auge tremendo de la población empieza al inicio del XVIII junto con el de Alájar, un indicio más de la conexión comercial entre ambos pueblos. También son Castaño y Alájar los dos pueblos que sufren la despoblación en mayor medida. Hasta era previsible la total desaparición del pueblo. De esta gravísima situación da cuenta la exposición "Castaño del Robledo" que organizó el Colegio oficial de Arquitectos de Andalucía Occidental y Badajoz
bajo la dirección de Alfonso Jiménez. Para tener una idea del panorama desolador basta con leer el siguiente párrafo del catálogo de la exposición de Huelva 1977:
Cuando iniciaba su época de esplendor Castaño tenía, como ahora, un término municipal pequeño, sólo 13 Km, en el que vivían 1.053 personas que habitaban 250 casas; sus calles, y única plaza, estaban empedradas pero carecían de todo tipo de servicios; tenía tres fuentes y una escuela para treinta niños. Funcionaban quince telares, tres molinos harineros y numerosos talleres artesanos (zapateros, herreros, capinteros...) además de los oficios habituales y varios arrieros. Tenía unos cuatro mesones. Hoy, 1.977, en el mismo territorio municipal, viven 198 personas, repartidas entre 66 casas, ya que las 128 restantes, que conservan la cubierta, están deshabitadas; sus calles han perdido parte del pavimento al meter el agua a las viviendas que han podido sufragar las 5.000 pesetas de la acometida; sigue teniendo tres fuentes para los que no pudieron pagar la acometida. Ahora sus calles unen dos plazas. Tiene dos escuelas y viviendas de maestros, pero sólo funciona un aula. Los establecimientos comerciales son dos: la tienda y la taberna-casino—estanco; no queda un solo artesano, ni un taller, ni un albañil y los arrieros no han sido sustituidos por taxistas o transportistas, que no tendrían competencia porque no hay autobuses, ni tren ni nada que se le parezca. Como en plena Edad Media carece de médico o practicante; han desaparecido los clérigos, ya que de los catorce residentes que tenía a fines del siglo XVIII, no le ha que dado ni párroco. Las fuerzas de orden público tienen su único representante en el guardia municipal, y el único símbolo de autoridad es la gorra de plato de éste. No hay mesones, ni pensión... Ni un partido político, ni un militante, ni una pintada. Las conexiones con el exterior se reducen al correo, que es intermitente, y al teléfono automático que pone en comunicación directa a los seis abonados de Castaño con Washington, Frankfurt, Tokio o Nairobi, pero los sesenta vecinos restantes han de recurrir a las palomas mensajeras o al tam-tam ya que no hay locutorio público o cabina. Por desgracia los habitantes de Castaño también sufren a Tele_ visión Española. No hay polución, ni ruidos, ni nada de nada. Solo la paz de la muerte.(Catálogo de la Exposición "Castaño del Robledo", p.1.3, Huelva 1977)
Sin embargo el pueblo aún existe, es más desde el año 2001 empieza a aumentar el número de habitantes. Ahora se enfrenta a un futuro incierto con múltiples problemas a resolver. Muchas decisiones ya no dependen del municipio, si no de otras administraciones. De todas maneras es necesario de adaptarse a los cambios y exigencias actuales para afrontar la tarea de mantener vivo un pueblo nacido del bosque.
El origen de Cortegana es muy lejano, y a pesar de que se han encontrado restos del Neolítico, según parece, fue fundada por los turdetanos.
La aldea fue fundada en el siglo XIII y, según cuenta la leyenda, Feridos fue el nombre de este municipio que perteneció durante cinco siglos al término de Galaroza. Sus canteras de mármol y cal tuvieron gran importancia durante el siglo pasado. Al igual que su fuente, que favorece de forma no la agricultura. El libro 'Expedientes carcelarios de Fuenteheridos, Galaroza y La Granada de Riotinto (Huelva). Prisión Provincial, 1936-1939' (Facediciones, 2008), de Juan José Antequera Luengo y Juan José Luengo Jiménez, da cuenta de cuantos vecinos sufrieron prisión durante la guerra civil española
La historia empieza a caminar en Fuenteheridos en época musulmana. Hay indicios y restos de este período en el Cerro Castillejo, que bien podría haber sido fortín.
Con la llegada del dominio cristiano, a partir del segundo tercio del s. XIII comienzan las noticias de Fuenteheridos. Si bien la conquista de las plazas fuertes de Aracena y Aroche fue realizada por el reino de Portugal, pronto pasarán a manos castellanas.
Finales de siglo XIX principios de siglo XX
Todo el ámbito serrano giró hacia un proceso de castellanización que sólo algunos núcleos de población eludieron, como es el caso de Fuenteheridos, cuya repoblación correspondió a León desde mediados del s. XIII. En torno a donde brotaba más agua, la Fuente de los Doce Caños, decidieron cimentar las primeras piedras de lo que sería el pueblo de Fuenteheridos. Después de la conquista, Fuenteheridos se convirtió en tierra de realengo, perteneciente a la ciudad de Sevilla, siendo el monarca el verdadero titular de la villa. Este status perduró hasta mediados del s.XVI, cuando don Fadrique Enrique de Rivera, duque de Alcalá, en 1559, compró los lugares de Galaroza, en los que se incluía las aldeas de Fuenteheridos y Alájar, manteniendo su jurisdicción señorial hasta 1621. En el s. XVII y los primeros años del XVIII, Fuenteheridos tiene historia común con Galaroza, de la que depende administrativamente, aunque cada vez más, quedará bajo los designios de Aracena. En 1621 estas tierras formarán parte de la jurisdicción señorial del Conde-Duque de Olivares. Pasa a depender desde 1645 del Marqués de Astorga o Conde de Altamira, "quien se intitulaba príncipe de Aracena" (Gónzalez Sánchez, C.A., 1988), hasta su disolución en 1812, época de desamortizaciones y liberalismo. Previamente, en 1716, Fuenteheridos obtendría el derecho de villazgo y la independencia de Galaroza, convirtiéndose en villa realenga, dependiente de nuevo de Sevilla. Los datos escritos más antiguos donde se cita a Fuenteheridos se remontan al año 1685 y aparecen en un libro de informes del Estado de las Vicarías existente en el Archivo del Palacio Arzobispal de Sevilla (Varios, 1988). Durante la primera mitad del s. XIX gozaron de mucha fama sus canteras de mármol, que tenían como principal destino la ciudad de Sevilla (Varios, 1988), explotación interrrumpida antes de que acabara la mitad del siglo debido a las dificultades y condiciones de la accesibilidad y del transporte.
No se han encontrado restos que atestigüen la existencia de pobladores prehistóricos. Se cree que la población de Galaroza debe su nacimiento a los árabes, concretamente a los bereberes, si atendemos a que el origen de su topónimo pudiera venir de “Al-Jaroza”, con diversas interpretaciones: “Valle de las Rosas”, “Valle de las Doncellas” o “Valle de la Desposada”. Cuenta la leyenda que un príncipe llamado Ysmail quedó encantado de una mujer al pasar por el valle que hoy día es Galaroza. Su afán de encontrar a tan bella mujer le llevó a perderse en la arboleda. Para desgracia del príncipe, jamás la volvió a ver.
Como toda la comarca, estas tierras fueron ocupadas por los musulmanes entre los siglos VIII y XII. Durante el siglo XIII será alternativamente de Portugal y de Castilla hasta que en 1267 por el Tratado de Badajoz queda adscrita al Reino de Castilla definitivamente.
La historia documental de Galaroza no comienza hasta el 18 de abril de 1553, cuando el Emperador Carlos I otorga a su hijo el rey Don Felipe privilegios para que algunas jurisdiciones menores sean declaradas Villas y así recaudar fondos para las maltrechas arcas reales. Es por lo que en esta fecha es declarada Villa a Galaroza, independizándose de Aracena, en la carta de Exención de la Villa de Galaroza se le otorgan las aldeas de Fuenteheridos, Navahermosa, Las Cañadas, Las Chinas, Cortegrullo y Las Vegas. Los habitantes que formaban parte de Galaroza en 1553 eran de 680 vecinos aproximadamente.
En 1559 el Duque de Alcalá, Don Fabrique Enríquez de Ribera, compra Galaroza a la Corona, pagando por cada vecino 16.000 maravedíes, pasando entonces a ser tierra de señorío. Posteriormente, en el año 1756 pasará a ser Condado de Altamira.
En los años de 1755, 1761 y 1763, se produjeron en Galaroza tremendos terremotos que causaron grandes desperfectos en las viviendas del pueblo, si bien no se conoce el número de víctimas, aunque tuvieron que ser cuantiosas. La peor parte patrimonialmente hablando se la llevó la parroquia de la Purísima Concepción, que sufrió grandes desperfectos.
El 7 de Julio de 1810, las tropas francesas entraron por primera vez en Galaroza, a las que siguieron otras el 17 de Julio de 1811 y finales de Agosto del mismo año. En este periodo cabe destacar que todo el tesoro de la Iglesia en Galaroza, así como las arcas municipales fueron mandadas a Cádiz para su custodia por una orden Gubernamental. Pasada la Guerra de la Independencia se comenzó a intentar traer de nuevo las joyas y demás tesoros, pero por desgracia no todo volvió.
Galaroza será tomada por los franceses el 7 de julio de 1810, estando dominada desde entonces hasta 1812.
El nombre de Jabugo proviene de la palabra "SABUGO" de la lengua leonesa (antes de que esta lengua fuera absorbida por el castellano) y se sabe con gran certeza gracia a la "b" que en castellano no aparece y que en el habla de esta zona es muy común, por ejemplo, "lamber" que sustituye al castellano "lamer" o "Habuguera" en lugar de "Sauquera o "Xauco" castellano.
En cuanto a su historia, los primeros asentamiento de que se tiene noticias datan del Paleolítico aunque las mayores referencias encontradas son del Neolítico dentro de la "Cueva de la Mora", un hueso tallado en el que aparece un ciervo y un rinoceronte de una especie extinta actualmente al margen de cerámicas, hachas de piedras y útiles de hueso.
Haciendo un salto en la historia nos situamos en los tiempos de la Reconquista del Reino de Sevilla en la que se repoblaron esta zona con gentes procedentes de Galicia, Asturias y León, de aquí el acumulo de rasgos y tradiciones asturleones que tenemos a parte del nombre, se pueden citar la tradición del "Bollo de Pascua", que sólo se celebra en estas regiones y en la Sierra de Huelva.
Jabugo por entonces pertenecía como aldea a la villa de Almonaster la Real, en el año de 1. siendo Señor de dicha villa Don Luis Marqués de Abellaneda, Jabugo obtiene su independencia en escritura otorgada en la villa de Fregenal, haciéndose Jabugo villa de por sí mediante el pago de 20.000 reales de vellón.
Desde entonces Jabugo ha caminado como villa en solitario no constando hechos históricos, hazañas extraordinarias ni nada que hiciese podido crearle ambiente de leyenda, de tradiciones o de características especiales.
Lo que si se puede decir, que sus habitantes son emprendedores, buscando siempre la prosperidad de su pueblo siendo de característica eminentemente industrial, como lo demuestra las diferentes industrias que ha se ha creado a lo largo de su historia como, por ejemplo:
. Manufactura del tabaco, llegando ésta a producir enfrentamiento con la Real. Fábrica de Tabaco de Sevilla. · Fabricación de pólvora gracias a las explotaciones mineras del Andévalo. · Pionera en la electrificación en la Sierra con la empresa Santa Teresa. · Materiales de construcción ladrillos, tejas, cal, etc.. · Telares · Molinos de aceite, cosecheras de castañas, explotación del corcho........Etc Es internacionalmente conocida gracias a su jamón producido en la localidad, que se denomina Jamón de Jabugo.
De todas las empresas creadas en Jabugo destaca indudablemente las industrias cárnicas, se cuenta que ya Cristóbal Colon llevó productos de Jabugo en su viajes, pero el gran desarrollo de esta industrias se produjo a principios de siglo y que actualmente se mantiene en vigor.
Durante la invasión Napoleónica sus vecinos para evitar que se cometieran desmanes y actos vandálicos, le facilitaban a los invasores artículos y especialmente cebada para sus caballos. Una vez conseguida la expulsión se celebró con una gran corrida de toros.
De El Repilado podemos decir que eran unos caseríos antiguos, con una posible posada, pero que tuvo su gran auge a partir de la llegada de el ferrocarril construyéndose un nuevo Repilado alrededor de la estación del tren repleto de industrias que tenía como vía de comunicación y salidas de sus productos, la línea férrea Huelva-Zafra.
Linares de la Sierra es un pequeño pueblo de Huelva con apenas 340 habitantes, situado en pleno Parque Natural de Aracena y Picos de Aroche. Es el municipio perfecto para los amantes de la naturaleza y la tranquilidad gracias a su excelente ubicación.
Los orígenes de Linares de la Sierra se remontan a la época de los fenicios y romanos aunque no es hasta época musulmana cuando existió una población numerosa ligada a la minería y a las rutas comerciales. Actualmente, la presencia árabe se detecta aún en los sistemas de riego, en numerosos topónimos y en el trazado laberíntico de sus calles.
Su núcleo urbano es típicamente serrano y todavía conserva su carácter genuino y rural. El alto grado de conservación de la arquitectura típica serrana fue reconocido en 2005 al ser declarado Conjunto Histórico.
Muestra de ello la tenemos en el empedrado que conservan sus calles y en los "llanos", dibujos realizados con guijarros a la entrada de las casas y que en origen servían para evitar las resbaladuras de las bestias y luego pasaron a tener un carácter identificativo de cada familia. También es representativa y resulta de gran belleza su antigua fuente y lavadero público situada en la plaza del pueblo.
Entre los elementos monumentales del municipio cabe destacar la Iglesia Parroquial de San Juan Bautista del siglo XVIII y la curiosa plaza de toros, un pintoresco coso que se abre como un ensanchamiento de las calles del municipio, con graderíos encalados apoyados en la base de la Iglesia Parroquial y su entorno.
El visitante encontrará muchas posibilidades para pasear en los alrededores de Linares de la Sierra y, a lo largo del año numerosos eventos amenizarán la estancia en este bello pueblo donde se mantienen tradicionales festividades y se organizan novedosas actividades culturales.
Su oferta de alojamiento rural y la excelente restauración de Linares de la Sierra acabarán por conquistar al turista.
Las primeras manifestaciones de la presencia del ser humano en este entorno son los grabados rupestres hallados en la finca de Los Azulejos, dentro del área de una necrópolis dolménica. Estos restos datan del año 3000 a.c. aprox.
Los grabados representan el ciclo de la vida: animales, vegetales, la luna y el sol, siendo probable que tengan relación con rituales funerarios de poblaciones primitivas.