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Sócrates tema 3 selectividad, Resúmenes de Historia de la Filosofía

Apuntes filosofía para segundo bachiller

Tipo: Resúmenes

2022/2023

Subido el 26/03/2023

Mariaguti5
Mariaguti5 🇪🇸

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LOS SOFISTAS Y SÓCRATES:
LA PREOCUPACIÓN POR EL HOMBRE
1. Los sofistas y la convencionalidad de las normas.
1.1. El «Giro Antropológico» de la filosofía: rasgos comunes de los sofistas.
En la segunda mitad del siglo V a.C. se produce un notable cambio de intereses
intelectuales en el mundo griego: los temas relativos a la filosofía de la naturaleza, a la
cosmología, pasan a un segundo plano, y los pensadores de la época centran su atención en
cuestiones relacionadas con el ser humano, con la educación, la política y las costumbres. Es
decir, los sofistas se diferencian de los anteriores filósofos griegos por el objeto de estudio del
que se ocupan. Para denominar a este cambio de intereses se utiliza a menudo la expresión
«Giro Antropológico». Esta orientación de la filosofía hacia los asuntos humanos fue llevada
a cabo por un conjunto de intelectuales a los que suele denominarse sofistas, y también por
Sócrates, filósofo contemporáneo de los sofistas, a quienes se oponía particularmente en
temas morales, según la imagen que Platón nos ha transmitido de él.
El término «sofista» significa
etimológicamente «el más sabio», y
originariamente se utilizaba en Grecia
para designar a los que sobresalían en
cualquier actividad teorética o práctica,
sin ningún significado filosófico concreto
ni referencia a escuela alguna. Pero para
nosotros esta palabra tiene un carácter
peyorativo, y llamamos «sofista» al que
aparenta saber todo y que, con falsos
argumentos, pretende engañar a los
demás (embaucador). Sin embargo, los
sofistas más antiguos consiguieron tal
respeto y estimación que no era raro que les escogiera como «embajadores» de sus respectivas
polis (ciudades-estado), cosa difícilmente compatible con que fuesen o se les tuviese por
meros charlatanes. Esta valoración negativa arranca de la opinión desfavorable que los
grandes filósofos griegos, como Sócrates, Platón y Aristóteles, tuvieron de un grupo de
pensadores de los siglos V y IV a.C., que hacían ostentación de su sabiduría y la enseñaban a
cambio de una remuneración. Hoy se valora más positivamente la importancia de esos
pensadores, pero es difícil acabar con un prejuicio histórico de tantos siglos.
Las principales razones del viraje que los sofistas dieron a la filosofía fueron las
siguientes:
1. Los primeros filósofos griegos habían intentado desentrañar el principio último
(fundamento) de todas las cosas: el Arjé. Ellos partían del optimismo respecto a las
posibilidades de la razón en su búsqueda de la verdad, una vez destituidos los poderes
atribuidos a los dioses en la naturaleza. Poco a poco este optimismo se va transformando
en pesimismo hasta terminar con el escepticismo de Demócrito. Las sucesivas hipótesis
que propusieron se oponían e incluso excluían unas a las otras, por lo que acabaron por
producir desconfianza. Con Demócrito se va a cerrar una etapa de la historia de la
filosofía; para Demócrito el Arjé son los átomos, partículas indivisibles e infinitas que
LA ACRÓPOLIS DE ATENAS Y EL PARTENÓN (SIGLO V A.C.)
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LOS SOFISTAS Y SÓCRATES:

LA PREOCUPACIÓN POR EL HOMBRE

1. Los sofistas y la convencionalidad de las normas.

1.1. El «Giro Antropológico» de la filosofía: rasgos comunes de los sofistas.

En la segunda mitad del siglo V a.C. se produce un notable cambio de intereses intelectuales en el mundo griego: los temas relativos a la filosofía de la naturaleza, a la cosmología, pasan a un segundo plano, y los pensadores de la época centran su atención en cuestiones relacionadas con el ser humano, con la educación, la política y las costumbres. Es decir, los sofistas se diferencian de los anteriores filósofos griegos por el objeto de estudio del que se ocupan. Para denominar a este cambio de intereses se utiliza a menudo la expresión «Giro Antropológico». Esta orientación de la filosofía hacia los asuntos humanos fue llevada

a cabo por un conjunto de intelectuales a los que suele denominarse sofistas, y también por

Sócrates, filósofo contemporáneo de los sofistas, a quienes se oponía particularmente en

temas morales, según la imagen que Platón nos ha transmitido de él. El término «sofista» significa etimológicamente «el más sabio», y originariamente se utilizaba en Grecia para designar a los que sobresalían en cualquier actividad teorética o práctica, sin ningún significado filosófico concreto ni referencia a escuela alguna. Pero para nosotros esta palabra tiene un carácter peyorativo, y llamamos «sofista» al que aparenta saber todo y que, con falsos argumentos, pretende engañar a los demás (embaucador). Sin embargo, los sofistas más antiguos consiguieron tal respeto y estimación que no era raro que les escogiera como «embajadores» de sus respectivas polis (ciudades-estado), cosa difícilmente compatible con que fuesen o se les tuviese por meros charlatanes. Esta valoración negativa arranca de la opinión desfavorable que los grandes filósofos griegos, como Sócrates, Platón y Aristóteles, tuvieron de un grupo de pensadores de los siglos V y IV a.C., que hacían ostentación de su sabiduría y la enseñaban a cambio de una remuneración. Hoy se valora más positivamente la importancia de esos pensadores, pero es difícil acabar con un prejuicio histórico de tantos siglos. Las principales razones del viraje que los sofistas dieron a la filosofía fueron las siguientes:

  1. Los primeros filósofos griegos habían intentado desentrañar el principio último (fundamento) de todas las cosas: el Arjé. Ellos partían del optimismo respecto a las posibilidades de la razón en su búsqueda de la verdad, una vez destituidos los poderes atribuidos a los dioses en la naturaleza. Poco a poco este optimismo se va transformando en pesimismo hasta terminar con el escepticismo de Demócrito. Las sucesivas hipótesis que propusieron se oponían e incluso excluían unas a las otras, por lo que acabaron por producir desconfianza. Con Demócrito se va a cerrar una etapa de la historia de la filosofía; para Demócrito el Arjé son los átomos, partículas indivisibles e infinitas que LA ACRÓPOLIS DE ATENAS Y EL PARTENÓN (SIGLO V A.C.)

Los sofistas y Sócrates Historia de la Filosofía chocan de forma mecánica. Las infinitas combinaciones posibles y los infinitos choques hacen imposible al hombre el poder predecirlos, por eso se pueden confundir con el azar. Pero no es así, en la naturaleza gobierna la necesidad, pero ésta escapa a la razón humana. Este escepticismo respecto de la primera filosofía griega , contribuyó a que la atención se dirigiera hacia el hombre, y con una finalidad práctica distinta a la finalidad especulativa propia de la filosofía anterior: la educación. El tener un grupo de discípulos era cosa más o menos accidental para los filósofos presocráticos - entregados por completo a su afán por descubrir la verdad- sin embargo, a los sofistas sí que les fue esencial rodearse de discípulos, puesto que trataron sobre todo de enseñar.

  1. Otro factor que contribuyó a dirigir la atención hacia el sujeto fue la creciente reflexión sobre el fenómeno de la civilización, la cultura, las normas, las costumbres , ... propiciada en gran medida por las amplias relaciones que los griegos mantenían con otros pueblos. No sólo habían entrado en contacto con las civilizaciones de Persia, Babilonia y Egipto, sino también con pueblos que se hallaban en fases más primitivas, como los escitas^1 y los tracios^2. Es normal que este contacto continuado con otras maneras de vivir estimulara a los griegos a plantearse cuestiones relacionadas con el hombre, su civilización y sus costumbres.
  2. Pero sobre todo, fue la nueva situación política ateniense, la democracia, el factor más importante que desencadenó el mencionado cambio de intereses. En Grecia, después de las guerras contra los persas (Guerras médicas, siglo VI a. C.) se intensificó la vida política. Y esto ocurrió más que en ningún otro sitio en Atenas, donde se instauró la democracia , en la cual, el ciudadano libre podía siempre tener alguna participación en los asuntos de la polis; y si quería desenvolverse en ella de un modo provechoso, era necesario prepararse, poseer una cierta cultura, porque para ser elegido cargo público ya no basta el linaje, sino que es necesario convencer a los conciudadanos. Los sofistas acudieron a cubrir tal necesidad: de ahí su interés por la educación y su enorme popularidad, sobre todo entre las familias pudientes. Su programa de enseñanzas era bastante variado: incluía un conjunto de disciplinas humanísticas tales como gramática, interpretación de los poetas, filosofía de los mitos y la religión, moral, derecho,... Pero sobre todo profesaban la enseñanza del saber hablar o arte retórica , absolutamente imprescindible para la vida política de la época. Un político necesitaba, indudablemente, ser un buen orador^3 ; en Atenas era imposible abrirse camino como hombre público si además de poseer ciertas ideas acerca de las leyes, de la justicia, de lo conveniente, de la administración y del Estado,... no se sabía hablar con elocuencia. Los sofistas eran profesores itinerantes que iban de ciudad en ciudad, con lo que reunían un valioso caudal de noticias y experiencias. Son los primeros profesionales de la enseñanza , por la que cobran sumas considerables, al tener ésta una finalidad utilitaria o práctica: conseguir el éxito político. Se trataba de una especie de “inversión” que el estudiante hacía para sacarle más adelante un provecho personal. La práctica de exigir una remuneración, un salario, por las enseñanzas que impartían, aunque legítima de suyo, difería de la que distinguió a los filósofos antiguos y desentonaba de la opinión griega respecto a “lo conveniente”. A Platón le parecía 1 Pueblo nómada procedente de Asia Central y que en los siglos VIII y VII a.C. ocupó el Cáucaso (cadena montañosa entre Europa y Asia Menor) y el norte del Mar Negro. 2 Pueblos que ocupaban la actual zona de los Balcanes. 3 Queda claro, pues, que la base principal de la preparación política consistía en una buena educación retórica, puesto que la retórica consiste en «el arte del bien decir, de embellecer la expresión de los conceptos, de dar al lenguaje escrito o hablado eficacia bastante para deleitar, persuadir o conmover».

Los sofistas y Sócrates Historia de la Filosofía niega. El relativismo aparece cuando a continuación decimos que todas las opiniones son igualmente verdaderas. Es decir, el relativismo mantiene que como la verdad depende o está en relación con la persona o grupo que la piensa o formula, existen tantas verdades acerca de las mismas cosas como personas o grupos que crean tener un conocimiento u opinión de ellas.

El “HOMO MENSURA” es la expresión más célebre del relativismo de Protágoras (485-

411 a.C.) y con ella se abre su libro titulado Sobre la verdad : «El hombre es la medida de todas las cosas, de las que son en cuanto que son y de las que no son en cuanto que no son». La interpretación de la frase de Protágoras ha ocasionado algunas controversias:

  1. Cuando Protágoras escribe “hombre”, ¿se refiere al individuo o a la especie humana?
  2. ¿Qué debemos entender por “las cosas”: solamente los objetos sensibles, o se incluyen también los valores? La discusión no parece haber tenido una respuesta unánime, aunque la opinión más generalizada es que se refiere a ambos aspectos. En cualquier caso, lo que sí está claro es que la tesis es relativista, y como tal, Protágoras mantiene que no existe la Verdad, la Realidad, la Justicia,... independientemente del hombre, sea como individuo, sea como especie. El fundamento del relativismo lo encontramos en dos fuentes diferentes:
  1. Por un lado, tenemos el devenir de Heráclito: si las cosas están continuamente cambiando, no podemos capturar ningún instante porque una vez percibido ya ha pasado, por lo tanto cuando alguien percibe algo e intenta comunicarlo a otro, esa experiencia suya no podrá ser compartida puesto que ya ha pasado. De alguna forma, el relativismo encuentra su fundamento precisamente en esta concepción de la realidad como algo devenido, cambiante. Dos sujetos no observan la misma realidad por lo que rara vez podrán coincidir en lo que ven. ¿Cuál será la verdadera? Aquí entra en juego el poder de la palabra como medio para persuadir a un posible interlocutor de que mi opinión es “más verdadera” y, de esa forma, poder convertirse en la mayoritaria.
  2. Por otro lado, y relacionado con lo anterior, la diversidad de opiniones , con respecto a lo que sean verdaderamente las cosas (panorama que nos dejaron los primeros físicos), que ha conducido a la negación de las esencias: las cosas son lo que se muestra , las apariencias (o, al menos, es lo que el hombre puede conocer). No hay más realidad que las apariencias, y no existe el saber indudable opuesto a la opinión ilusoria. En este sentido, los sofistas eligen el camino de la doxa 7 , la opinión de la que hablaba Parménides, frente a la vía del conocimiento. (^7) Respecto a la existencia o no de los dioses, Protágoras se declara agnóstico: ni afirma ni niega su existencia, simplemente rechaza entrar en discusión sobre este tema, porque considera que es un problema que escapa a las posibilidades del conocimiento humano: «En lo que se refiere a los dioses, no estoy en disposición de saber si existen o si no existen, ni a qué se asemejan o cómo son en cuanto a su forma; porque hay muchas cosas que impiden saberlo, la oscuridad del asunto y la brevedad de la vida». PROTÁGORAS. Fragmento 4, Gredos Y si nada podemos afirmar de los dioses es normal que seamos los hombres los que decidamos en cada momento sobre los valores. Su agnosticismo le costó el destierro.

Historia de la Filosofía Los sofistas y Sócrates EL ESCEPTICISMO. El escepticismo, del término griego sképsis (duda), es una doctrina filosófica que niega toda posibilidad de conocer la verdad, de todo cabe plantear alguna duda.

Gorgias (490-390 a.C.) fue llevado al escepticismo por la dialéctica de Zenón de

Elea: una serie de argumentos (aporías) en defensa de las tesis de Parménides acerca del SER. El sofista reaccionó contra la dialéctica de los eléatas de un modo algo distinto al de Protágoras: pues mientras puede decirse que éste mantenía que «todo es verdad», Gorgias sostuvo precisamente todo lo contrario. Su escepticismo lo expresa crudamente en sus famosas tres tesis sobre el Ser:

  1. «nada hay o es; [no existe el SER]
  2. si lo hubiera, no podría ser conocido para el hombre;
  3. si fuera conocido, no podría ser comunicado su conocimiento a los demás por medio del lenguaje». Para Gorgias las palabras responden a la experiencia que de la realidad tiene el que las pronuncia. Ahora bien, la realidad experimentada por el que habla no es la misma que la realidad experimentada por el que escucha. Luego el que habla no comunica la realidad al que escucha, puesto que no la comparte con él. Es decir, la realidad es la realidad experimentada por cada cual y, por tanto, el hecho de que las palabras sean las mismas no supone ni garantiza que la realidad sea la misma para los distintos hablantes. El escepticismo de Gorgias muestra una ruptura radical con la filosofía griega anterior. Para la filosofía precedente y, luego, para Platón y Aristóteles, la realidad es racional; por lo tanto, el pensamiento y el lenguaje se acomodan a ella, son capaces de expresarla adecuadamente. La desvinculación del lenguaje con respecto a la realidad constituye un pilar importante de la interpretación sofística del ser humano y de la realidad. Si se renuncia al lenguaje como expresión manifestadora de lo real, el lenguaje termina por convertirse en un instrumento de manipulación , en un arma para convencer e impresionar a las masas, en un medio para imponerse a los demás, si se dominan las técnicas adecuadas. De ahí la importancia de la enseñanza de la retórica: « La palabra es un poderoso tirano, capaz de realizar las obras más divinas, a pesar de ser el más pequeño e invisible de los cuerpos. En efecto, es capaz de apaciguar el miedo y eliminar el dolor, de producir la alegría y excitar la compasión» GORGIAS, Elogio de Helena. EL CONVENCIONALISMO: LA OPOSICIÓN PHYSIS-NÓMOS. El convencionalismo es la doctrina política y moral de los sofistas, íntimamente conectada con el relativismo y el escepticismo. La tesis central de los sofistas en temas políticos y morales es: «Tanto las instituciones y leyes políticas como las normas e ideas morales son convencionales».

A) EL CONVENCIONALISMO POLÍTICO. En su acepción más general el término griego

“nomos” significa la ley, el conjunto de normas políticas e instituciones establecidas que acata y por las que se rige una comunidad humana. Toda comunidad humana posee unas leyes, unas instituciones, y es perfectamente comprensible que los seres humanos se pregunten por su origen y naturaleza. En tiempo de los sofistas la experiencia sociopolítica de los griegos se había ensanchado definitivamente gracias a tres factores de considerable importancia:

Gorgias de Leontini

Historia de la Filosofía Los sofistas y Sócrates hábitos adquiridos a lo largo de la vida, ... ¿Qué es, pues, lo natural en el hombre? De un modo general cabe responder: lo que queda si eliminamos todo aquello que hemos adquirido por las enseñanzas recibidas. Los sofistas, especialmente los de la segunda generación, como Calicles y Trasímaco , utilizan el animal y el niño como ejemplos y modelos para descubrir o desentrañar lo que es la naturaleza humana al margen de los elementos culturales adquiridos. De estos dos modelos deducen que sólo hay dos normas naturales de comportamiento : Ÿ La búsqueda del placer (el niño llora cuando siente dolor y sonríe feliz cuando experimenta placer), y Ÿ El dominio del más fuerte (en general, el individuo más fuerte domina a los demás). La moral vigente , al ir contra estas normas, es antinatural. No sólo es convencional (la moral podría ser convencional pero no antinatural, por ejemplo, si las normas fueran un mero acuerdo conforme con las exigencias de la naturaleza; ésta fue la postura de los primeros sofistas, como Protágoras ), sino que además es contraria a la naturaleza, según los últimos y más radicales sofistas. Es fácil comprender la trascendencia de estas reflexiones de la sofística. Con ellas se inaugura el eterno debate sobre las normas morales: sobre la ley natural ( physis ) y la ley positiva ( nomos ).

  1. La actividad filosófica de Sócrates. BOSQUEJO DE UNA BIOGRAFÍA Hijo de escultor (Sofronisco) y comadrona (Fenáretes), Sócrates nació en Atenas en el mes de abril del año 470 a.C. Xantipa, mujer temperamental e impetuosa, fue su esposa, y con ella tuvo tres hijos. Sócrates era austero en su tener y en su desear; se cuenta que afirmaba: «¡cuántas cosas hay en el mercado que yo no necesito!» No escribió ninguna obra porque consideraba que el diálogo (la comunicación directa e interpersonal) es el único método válido para la filosofía. En los últimos años del siglo V a.C., Sócrates es miembro del Senado de Atenas, bajo el gobierno oligarca de los “Treinta tiranos”. Éstos intentaron mezclarlo en asuntos poco claros con el fin de comprometerlo y en previsión de que hubiera cambio de gobierno. Sócrates se negó a cooperar en sus crímenes, y así salvó su vida cuando se restauró la democracia. Pero muy pronto fue llevado a juicio por el poder democrático recién instaurado (años 400 - 399 a.C.), acusado de no honrar a los dioses de la ciudad e introducir nuevas y extrañas prácticas religiosas, y también de corromper a la juventud, fomentando entre ellos un espíritu de crítica a la democracia. Tras las acusaciones oficiales parece que se escondían otras inconfesables tales como el deseo de venganza de gente importante a la que había puesto en ridículo, y el resentimiento de ciertos padres por la influencia de Sócrates en sus hijos. El acusador pedía la pena de muerte. El primero de los cargos contra Sócrates había sido objeto de una amnistía tres o cuatro años antes, por lo que la acusación se centró especialmente en el de corruptor de los jóvenes. Sócrates, en lugar de marcharse al destierro, se quedó en Atenas para defenderse personalmente ante el Tribunal. Tras la votación del jurado, resultó condenado a muerte. Le correspondía a él solicitar la conmutación de la pena capital por otra, como el destierro, pero lo que propuso al Tribunal fue que la ciudad le recompensara por su labor educadora con una especie de pensión vitalicia. Esto irritó al jurado que se mantuvo firme en su sentencia de muerte. La ejecución se retrasó un mes, y en ese tiempo tuvo la oportunidad de huir (y así se lo propusieron sus amigos), pero Sócrates se negó a ello alegando que iba en contra de sus principios y del respeto a las leyes del Estado que siempre había enseñado. Su último día nos lo relata Platón en el Fedón: Sócrates se dedicó a discutir con unos amigos sobre la inmortalidad del alma, hasta que el veneno de la cicuta acabó con su vida. Busto de Sócrates Museo del Louvre

Los sofistas y Sócrates Historia de la Filosofía 2.1. El problema socrático. Diferencias con los sofistas. El problema socrático es el de fijar con exactitud cuáles fueron sus enseñanzas filosóficas, ya que Sócrates no dejó nada escrito porque pensaba que la palabra escrita era palabra muerta. Sobre Sócrates encontramos las siguientes fuentes: JENOFONTE: Según este historiógrafo, a Sócrates le interesaba sobre todo formar hombres de bien y buenos ciudadanos, pero no le importaban las cuestiones lógicas ni metafísicas; se trataría de un moralista popular. PLATÓN: Sócrates aparece como interlocutor principal, en la mayoría de sus diálogos, pero no se puede saber con exactitud si las ideas defendidas por el personaje Sócrates se corresponden con el Sócrates histórico. Muchos especialistas afirman que los diálogos de juventud representan las ideas de su maestro. Se basan en que muchos de las personas que conocieron directamente a Sócrates todavía vivían, por lo tanto, Platón no hubiera podido utilizar a su maestro como portavoz suyo. La imagen que se presenta en los diálogos de Platón es la de un Sócrates idealizado. ARISTÓTELES: Representa una fuente indirecta ya que no conoció a Sócrates. Para Aristóteles, a pesar de que Sócrates no dejó de interesarse por cuestiones teóricas, la Teoría de las Ideas no es propuesta ni defendida por él sino por su discípulo Platón. ARISTÓFANES: En su comedia Las nubes presenta a un Sócrates totalmente ridiculizado. En esta obra, Sócrates es un sofista más, maestro en el arte de la erística, que cree en otras divinidades. SOFISTAS SÓCRATES

M

ÉTODO Cobraban por sus enseñanzas. No cobraba por enseñar. Impartían conocimientos (organizaban cursos completos). No impartía conocimientos sino que invitaba a sus oyentes a reflexionar , planteándoles constantemente cuestiones. Pronunciaban largos discursos y conferencias eruditas. Cultivaba el diálogo^10 directo con cualquiera que quisiera entablar conversación con él sobre cualquier tema.

F

INALIDAD DE LA EDUCACIÓN Para los sofistas la sociedad y el Estado son escenarios donde los ciudadanos compiten por el éxito y el poder , y lograrlos constituye el objetivo último de la vida. La tarea del educador, como vimos, por tanto, consistirá en dar a sus alumnos los instrumentos necesarios para que consigan tal objetivo. A la búsqueda del éxito, Sócrates opone el cuidado de sí mismo. Ahora bien, ¿qué significa cuidar de sí mismo? Puesto que para Sócrates, la esencia del hombre es su alma (es lo que nos distingue específicamente de otros seres), cuidar de sí mismo no puede ser afanarse por el éxito o el placer, ni por los bienes materiales, ni siquiera por el propio cuerpo, sino preocuparse o cuidar de la propia alma de modo que ésta llegue a ser lo mejor posible (que lleguemos a ser buenas personas y buenos ciudadanos). Ésta es la tarea suprema del educador: enseñar a los hombres el cuidado de su propia alma. De ahí la importancia del llamamiento a la interioridad: «conócete a ti mismo» , porque en nosotros está la fuente de la verdad y de la conducta moral que nos conduce hasta la felicidad. (^10) Para Sócrates el diálogo interpersonal es el único método válido para filosofar, ya que en él cada interlocutor puede objetar al otro y argumentar a favor de sus propias posiciones.

Los sofistas y Sócrates Historia de la Filosofía SÓCRATES con sus discípulos, antes de tomar la cicuta. (a) llegar a un acuerdo sobre el significado de los términos morales, pero

(b) estableciendo qué es realmente cada cosa, porque sólo esto posibilita lo anterior.

Pero, ¿por qué es tan importante la definición para Sócrates? Porque, interesado como estaba en los asuntos éticos, la definición se presentaba como una sólida roca a la que asirse en medio de las doctrinas relativistas de los sofistas. Para una ética relativista, la justicia, por ejemplo, varía de una ciudad a otra; en cambio, si logramos de una vez para siempre una definición universal de la justicia, que sea válida para todos, entonces contaremos con algo seguro sobre lo que construir y juzgar, no sólo las acciones individuales, sino también los códigos morales de los distintos Estados, en la medida en que tales códigos encarnen la definición universal de justicia o, por el contrario, se alejen de ella. Este interés también está directamente relacionado con su teoría del intelectualismo moral , según la cual el saber y la virtud se identifican, en el sentido de que el sabio, el que conoce lo recto, actuará también con rectitud. En otras palabras, nadie obra mal a sabiendas. Seguidamente retomaremos esta doctrina. 2.3. «El intelectualismo moral». Así pues, es necesario esforzarse por definir con rigor los conceptos morales para restablecer la comunicación y hacer posible el diálogo y el acuerdo racional sobre temas morales y políticos. Además, es necesario esforzarse en definirlos con precisión por una segunda razón: porque, según Sócrates, … sólo sabiendo qué es la justicia se puede ser justo, sólo sabiendo qué es lo bueno se puede obrar bien. Es decir, solo puede hacer las cosas aquel que sabe hacerlas. Así pues, Sócrates identifica la virtud con el saber ; esta identificación se denomina

intelectualismo moral. Esta manera de concebir la moral resulta chocante y ciertamente

contraria al sentido común:

  1. Estamos habituados a ver personas ignorantes (es decir, sin formación cultural) que, sin embargo, son buenas y actúan con rectitud, aun cuando no sean capaces de definir qué es el bien o qué es la rectitud;
  2. Estamos igualmente habituados a ver, por el contrario, personas instruidas (con formación cultural) que realizan conductas moralmente rechazables. ¿Qué tiene que decir Sócrates a esto? Respecto a la primera situación , Sócrates afirma que ciertamente alguien puede actuar justamente sin saber qué es la justicia, pero en tal supuesto se tratará de un acierto puramente casual (a veces «suena la flauta» por casualidad, solemos decir); a lo largo de su vida actuará en otras circunstancias similares de manera injusta. Si el que acierta alguna vez por casualidad con un remedio para una dolencia no puede ser considerado médico, ya que desconoce el oficio, de la misma manera, tampoco puede decirse que es justo quien realiza acciones justas sin saber qué es la justicia (es decir, sin saber lo que hace).

Historia de la Filosofía Los sofistas y Sócrates En cuanto a la segunda , Sócrates mantiene que nadie obra mal a sabiendas de que obra mal, ya que el conocimiento (de la virtud y de la justicia) es condición no sólo necesaria, sino también suficiente para una conducta justa y virtuosa. Por tanto, según Sócrates, es imposible que alguien actúe mal intencionadamente; respondería una y mil veces que tal sujeto no sabía realmente que obraba mal: de haber sabido que su acción no era justa y virtuosa, no habría actuado así en absoluto. ¿Por qué afirma esto Sócrates? Todos buscamos nuestro propio bien y felicidad, y no el mal y la desgracia. Los que obran mal, en realidad, desconocen que el alma es la esencia del ser humano, y confunden lo bueno, lo justo y lo virtuoso con las cosas materiales externas y relacionadas con el cuerpo. Pero la felicidad no puede venir de las cosas externas ni del cuerpo, sino sólo del alma y su cuidado, porque ésta y sólo ésta es la esencia del hombre. O sea, son ignorantes (de la virtud), no malvados. En el intelectualismo socrático no hay lugar para las ideas de pecado o culpa. El que obra mal no es, en realidad, culpable, sino ignorante (de la virtud). Un intelectualismo moral llevado a sus últimas consecuencias traería consigo la exigencia de suprimir las cárceles: al ser ignorantes, los criminales habrían de ser enviados, no a la cárcel, sino a la escuela. ADDENDA Para finalizar, añadamos el principio socrático de que nunca se debe actuar injustamente contra los demás, ni siquiera cuando uno ha sido tratado injustamente por ellos. Con este principio se oponía Sócrates de modo expreso a la tradicional ley del talión, al “ojo por ojo y diente por diente”, a la institucionalización de la venganza y la represalia: nunca , proclamaba Sócrates, se debe devolver daño por daño, ni injusticia por injusticia. De ello dio muestra con su propia vida: aunque lo condenaron injustamente a muerte, no respondió a la condena con una acción malvada o inmoral (como huir de la ciudad). DEFINICIONES DE TÉRMINOS FILOSÓFICOS Abstracción. Acción de separar, mediante una operación intelectual, las

cualidades esenciales de las cosas.

Convencionalismo: Doctrina que afirma que tanto las normas morales como

las leyes y las instituciones políticas son fruto del acuerdo entre los hombres. De

este pensamiento se deduce que aunque las leyes, las normas y las instituciones

son las que son, podrían haber sido, y podrán ser en el futuro, completamente

diferentes.

Definición universal. Concepto universal que expresa la esencia permanente

(lo común) de una pluralidad de cosas en apariencia diferentes, pero que

decimos que son lo mismo.

Educación: [“Paideia” en griego]. Proceso mediante el cual el alumno

abandona su estado de ignorancia e inicia el largo y dificultoso camino hacia el

conocimiento. Para los sofistas educar era enseñarlo a manejar el lenguaje con

habilidad e introducir conocimientos en la mente del alumno; para Sócrates,

ayudar a dar a luz la verdad que está en nuestro interior; y para Platón, hacer

girar el alma para que mire donde merece la pena mirar.

Erística: Arte de la disputa o contienda verbal. Consiste en vencer, no

convencer al contrincante a través del uso hábil de la palabra. Los sofistas eran

maestros de erística.