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Súper facil y sencillo, Esquemas y mapas conceptuales de Historia de la Filosofía

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Tipo: Esquemas y mapas conceptuales

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3. Debate metafísico moderno
La metafísica en la Edad Moderna se enfrenta al desafío de establecer un conocimiento sólido y
universal sobre la realidad, centrado en conceptos trascendentes como alma, mundo y Dios.
Tradicionalmente, la metafísica aspiraba a un saber absoluto que permitiera explicar la
naturaleza última de todo lo existente. Sin embargo, desde la modernidad, los filósofos
comienzan a cuestionar los fundamentos de este tipo de conocimiento, generando un debate en
el que se confrontan racionalismo y empirismo, y que culminará en la crítica kantiana de la razón.
El empirismo, representado por John Locke, George Berkeley y David Hume, pone en cuestión
las ideas de sustancia, yo y causalidad. Locke defiende que la mente humana es una tabula rasa,
y que las ideas derivan de la experiencia sensible; la sustancia es solo un concepto que unifica
percepciones, y aunque acepta la existencia de Dios, este queda fuera del conocimiento
empírico. Berkeley, con su lema “ser es ser percibido”, sostiene que no existen objetos materiales
independientes de la mente, y que Dios garantiza la continuidad de las percepciones. Hume lleva
esta crítica más lejos: distingue entre impresiones sensibles e ideas, cuestiona la causalidad
como conexión necesaria y niega la posibilidad de conocer la existencia de un yo o de Dios, pues
no tenemos impresiones sensibles de ellos. Para Hume, todo conocimiento se limita a
percepciones aisladas, y cualquier concepto que las vincule es fruto del hábito mental, no de la
experiencia. Esto representa el descrédito de la metafísica tradicional, considerada por Hume
como sofistería sin base empírica.
Frente a esta crítica, Immanuel Kant propone una nueva manera de concebir el conocimiento y la
metafísica, conocida como filosofía crítica. Inspirado en Hume y Newton, Kant plantea el “giro
copernicano”: no es la mente la que se adapta pasivamente a los objetos, sino que los objetos se
conforman a la estructura de nuestra facultad de conocer. La metafísica, por tanto, debe
transformarse en un estudio de las condiciones de posibilidad del conocimiento. Para ello
introduce los juicios sintéticos a priori, que permiten ampliar el conocimiento de manera
universal y necesaria, sin depender de la experiencia, como ocurre en las matemáticas y la física.
Además, distingue entre sensibilidad y entendimiento: la sensibilidad proporciona la forma a
priori de la experiencia (espacio y tiempo) y el entendimiento organiza los fenómenos bajo
categorías conceptuales como sustancia, causalidad o comunidad. Solo la cooperación de
ambas facultades hace posible el conocimiento objetivo.
En síntesis, el debate metafísico moderno refleja un tránsito de la metafísica tradicional,
dogmática y especulativa, a un enfoque crítico y epistemológico, capaz de reconocer los límites
del conocimiento y la importancia de las estructuras cognitivas. La filosofía moderna cuestiona la
existencia de realidades absolutas y propone que todo conocimiento se construye en la
interacción entre sujeto y objeto, experiencia y razón. Este enfoque prepara el terreno para la
epistemología contemporánea, la filosofía de la ciencia y el pensamiento crítico, que valoran la
experiencia, la evidencia y la reflexión sobre los límites de lo que podemos conocer.
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  1. Debate metafísico moderno La metafísica en la Edad Moderna se enfrenta al desafío de establecer un conocimiento sólido y universal sobre la realidad, centrado en conceptos trascendentes como alma, mundo y Dios. Tradicionalmente, la metafísica aspiraba a un saber absoluto que permitiera explicar la naturaleza última de todo lo existente. Sin embargo, desde la modernidad, los filósofos comienzan a cuestionar los fundamentos de este tipo de conocimiento, generando un debate en el que se confrontan racionalismo y empirismo, y que culminará en la crítica kantiana de la razón. El empirismo, representado por John Locke, George Berkeley y David Hume, pone en cuestión las ideas de sustancia, yo y causalidad. Locke defiende que la mente humana es una tabula rasa, y que las ideas derivan de la experiencia sensible; la sustancia es solo un concepto que unifica percepciones, y aunque acepta la existencia de Dios, este queda fuera del conocimiento empírico. Berkeley, con su lema “ser es ser percibido”, sostiene que no existen objetos materiales independientes de la mente, y que Dios garantiza la continuidad de las percepciones. Hume lleva esta crítica más lejos: distingue entre impresiones sensibles e ideas, cuestiona la causalidad como conexión necesaria y niega la posibilidad de conocer la existencia de un yo o de Dios, pues no tenemos impresiones sensibles de ellos. Para Hume, todo conocimiento se limita a percepciones aisladas, y cualquier concepto que las vincule es fruto del hábito mental, no de la experiencia. Esto representa el descrédito de la metafísica tradicional, considerada por Hume como sofistería sin base empírica. Frente a esta crítica, Immanuel Kant propone una nueva manera de concebir el conocimiento y la metafísica, conocida como filosofía crítica. Inspirado en Hume y Newton, Kant plantea el “giro copernicano”: no es la mente la que se adapta pasivamente a los objetos, sino que los objetos se conforman a la estructura de nuestra facultad de conocer. La metafísica, por tanto, debe transformarse en un estudio de las condiciones de posibilidad del conocimiento. Para ello introduce los juicios sintéticos a priori, que permiten ampliar el conocimiento de manera universal y necesaria, sin depender de la experiencia, como ocurre en las matemáticas y la física. Además, distingue entre sensibilidad y entendimiento: la sensibilidad proporciona la forma a priori de la experiencia (espacio y tiempo) y el entendimiento organiza los fenómenos bajo categorías conceptuales como sustancia, causalidad o comunidad. Solo la cooperación de ambas facultades hace posible el conocimiento objetivo. En síntesis, el debate metafísico moderno refleja un tránsito de la metafísica tradicional, dogmática y especulativa, a un enfoque crítico y epistemológico, capaz de reconocer los límites del conocimiento y la importancia de las estructuras cognitivas. La filosofía moderna cuestiona la existencia de realidades absolutas y propone que todo conocimiento se construye en la interacción entre sujeto y objeto, experiencia y razón. Este enfoque prepara el terreno para la epistemología contemporánea, la filosofía de la ciencia y el pensamiento crítico, que valoran la experiencia, la evidencia y la reflexión sobre los límites de lo que podemos conocer.

3.1 Relación del debate metafísico moderno con la actualidad El debate metafísico moderno, al cuestionar los fundamentos del conocimiento y los conceptos de sustancia, yo y causalidad, sigue teniendo repercusiones claras en nuestra época. La reflexión de Hume sobre la imposibilidad de conocer la conexión necesaria entre causa y efecto es comparable con los debates actuales en ciencia y estadística, donde la causalidad absoluta no puede demostrarse empíricamente y se recurre a modelos probabilísticos y a la inferencia basada en correlaciones. Por ejemplo, en la investigación científica sobre el cambio climático, la evidencia empírica nos permite establecer relaciones entre fenómenos, pero la certeza absoluta de un nexo causal único es imposible; se requiere un marco teórico que interprete los datos, al igual que Kant propuso la necesidad de que la facultad de conocer organize y legisle los objetos de conocimiento. La crítica kantiana a la metafísica dogmática también resuena en filosofía de la mente y neurociencia contemporánea. La imposibilidad de acceder al “yo” como sustancia separada ha motivado investigaciones sobre la conciencia como un conjunto de procesos cerebrales interrelacionados, más que como un sujeto inmutable. En inteligencia artificial y robótica cognitiva, por ejemplo, se reconoce que la percepción y la cognición son construcciones activas, en línea con el giro copernicano kantiano: el conocimiento no se limita a recibir información del mundo, sino que requiere estructuras internas que le den sentido. En el plano ético y político, la discusión sobre los límites del conocimiento también tiene relevancia. La reflexión sobre lo que podemos y no podemos conocer ayuda a establecer políticas basadas en evidencia y a reconocer la incertidumbre en la toma de decisiones, evitando dogmatismos ideológicos. Asimismo, en la filosofía contemporánea y la educación, se enfatiza la importancia de enseñar a pensar críticamente y a cuestionar supuestos, siguiendo el legado de Hume y Kant. En conclusión, el debate metafísico moderno no es solo histórico: sus planteamientos sobre la experiencia, la causalidad, el sujeto y el objeto siguen guiando la forma en que entendemos la ciencia, la ética, la conciencia y la epistemología hoy en día. La lección central es la necesidad de combinar observación empírica con estructuras conceptuales que permitan un conocimiento coherente y legítimo, respetando los límites del entendimiento humano.