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taller expresión corporal, Apuntes de Psicología

esto te va a ayudar a pasar la semana 4 y semana 6 de taller de expresión corporal de primer ciclo

Tipo: Apuntes

2025/2026

Subido el 10/06/2026

indira-isabela-angeles-apaza
indira-isabela-angeles-apaza 🇵🇪

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Al comienzo, cuando tuve que dejar de usar la vista y guiarme solo por mis sentidos, me
sentí rara. Fue una mezcla de nervios y curiosidad. Me di cuenta de que dependo
muchísimo de ver para sentirme segura, y al no tener eso, era como estar un poco perdida.
Pero con el tiempo, esa incomodidad empezó a cambiar y me fui sintiendo más tranquila,
como si poco a poco me adaptara.
El sentido que más se activó fue el oído. Empecé a notar sonidos que normalmente ignoro,
como pasos, voces o pequeños ruidos del ambiente. También el tacto se volvió más
importante, porque necesitaba sentir para ubicarme. Creo que pasó porque mi cuerpo trató
de compensar la falta de vista, como si dijera: “okey, no puedo ver, entonces uso lo demás”.
En cuanto a emociones, al inicio sentí ansiedad. Se notaba en mi cuerpo, porque estaba un
poco tensa. Pero después me fui calmando, y apareció una sensación de tranquilidad. Hubo
momentos en los que incluso me sentí bien, como más conectada conmigo misma, más
presente.
Mi forma de percibir el entorno cambió bastante. Sin ver, todo se volvió más incierto. Ya no
tenía una idea clara de dónde estaba o qué había alrededor, así que tenía que imaginarlo a
partir de lo que escuchaba o sentía. Eso me hizo darme cuenta de cuánto confío en la vista
para entender el mundo.
El momento en que más conectada me sentí conmigo misma fue cuando dejé de intentar
controlar todo. Cuando simplemente me enfoqué en respirar y sentir mi cuerpo, como el
contacto con el suelo o mis propios movimientos. Ahí dejé de pensar tanto y solo estaba ahi.
No me sentí del todo cómoda con lo inesperado al inicio. Me costaba no saber qué iba a
pasar después. Pero poco a poco fui soltando esa necesidad de control. Al final, logré
adaptarme y aceptar lo que venía, sin tanta resistencia.
Algo importante que descubrí es que muchas de mis reacciones son más del cuerpo que de
la mente. Antes de pensar, ya estoy sintiendo algo. Y también entendí que no todo tiene que
analizarse tanto; a veces solo hay que experimentar.
Esta experiencia me hizo ver que el cuerpo es clave en cómo entendemos el mundo. No es
solo algo físico, sino una forma de percibir y sentir todo lo que pasa. Todo entra primero por
los sentidos.
También me hizo pensar en cómo me comunico con los demás. No solo hablo, también
transmito cosas con mi postura, mis gestos, mi tono de voz. Ser más consciente de eso
puede ayudarme a conectar mejor con otras personas.
Finalmente, creo que esto me sirve mucho para mi formación como psicóloga. Me recuerda
que no todo es teoría o pensamiento. El cuerpo, las emociones y los sentidos también son
importantes. Entender eso me puede ayudar a comprender mejor a las personas, no solo
por lo que dicen, sino por lo que sienten.

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Al comienzo, cuando tuve que dejar de usar la vista y guiarme solo por mis sentidos, me sentí rara. Fue una mezcla de nervios y curiosidad. Me di cuenta de que dependo muchísimo de ver para sentirme segura, y al no tener eso, era como estar un poco perdida. Pero con el tiempo, esa incomodidad empezó a cambiar y me fui sintiendo más tranquila, como si poco a poco me adaptara. El sentido que más se activó fue el oído. Empecé a notar sonidos que normalmente ignoro, como pasos, voces o pequeños ruidos del ambiente. También el tacto se volvió más importante, porque necesitaba sentir para ubicarme. Creo que pasó porque mi cuerpo trató de compensar la falta de vista, como si dijera: “okey, no puedo ver, entonces uso lo demás”. En cuanto a emociones, al inicio sentí ansiedad. Se notaba en mi cuerpo, porque estaba un poco tensa. Pero después me fui calmando, y apareció una sensación de tranquilidad. Hubo momentos en los que incluso me sentí bien, como más conectada conmigo misma, más presente. Mi forma de percibir el entorno cambió bastante. Sin ver, todo se volvió más incierto. Ya no tenía una idea clara de dónde estaba o qué había alrededor, así que tenía que imaginarlo a partir de lo que escuchaba o sentía. Eso me hizo darme cuenta de cuánto confío en la vista para entender el mundo. El momento en que más conectada me sentí conmigo misma fue cuando dejé de intentar controlar todo. Cuando simplemente me enfoqué en respirar y sentir mi cuerpo, como el contacto con el suelo o mis propios movimientos. Ahí dejé de pensar tanto y solo estaba ahi. No me sentí del todo cómoda con lo inesperado al inicio. Me costaba no saber qué iba a pasar después. Pero poco a poco fui soltando esa necesidad de control. Al final, logré adaptarme y aceptar lo que venía, sin tanta resistencia. Algo importante que descubrí es que muchas de mis reacciones son más del cuerpo que de la mente. Antes de pensar, ya estoy sintiendo algo. Y también entendí que no todo tiene que analizarse tanto; a veces solo hay que experimentar. Esta experiencia me hizo ver que el cuerpo es clave en cómo entendemos el mundo. No es solo algo físico, sino una forma de percibir y sentir todo lo que pasa. Todo entra primero por los sentidos. También me hizo pensar en cómo me comunico con los demás. No solo hablo, también transmito cosas con mi postura, mis gestos, mi tono de voz. Ser más consciente de eso puede ayudarme a conectar mejor con otras personas. Finalmente, creo que esto me sirve mucho para mi formación como psicóloga. Me recuerda que no todo es teoría o pensamiento. El cuerpo, las emociones y los sentidos también son importantes. Entender eso me puede ayudar a comprender mejor a las personas, no solo por lo que dicen, sino por lo que sienten.