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La edad del bronce es el último período de la prehistoria, que va del iv al i milenio a.c. Se caracteriza por la metalurgia efectiva del bronze, el desarrollo de sociedades complejas y la escritura. Este documento aborda la edad del bronce en mesopotamia, áfrica y el levante mediterráneo, incluyendo egipto, el mediterráneo oriental y la península ibérica.
Tipo: Apuntes
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Es el último período de la Prehistoria, va del IV al I milenio a.C. Se trata de un continuo que arranca del Calcolítico y se prolonga en la primera Edad del Hierro, momento en el que la emergencia de estructuras estatales complejas y la escritura desarrollada ponen fin a la Prehistoria.
Se trata de un período histórico que plantea novedades, que pueden resumirse en la metalurgia efectiva del bronce (aleaciones de cobre y estaño o arsénico, en pequeñas proporciones, que dotan al mineral de suficiente dureza para ser empleado como útil o herramienta, arma o adorno), el desarrollo de sociedades complejas, muy jerarquizadas, localizadas en emplazamientos defensivos, fortificados y defendidos por ejércitos provistos de armamento especializado; con desarrollo de una incipiente estructura escrita, como el cuneiforme, jeroglífico o Lineal A; la existencia de intercambios comerciales y la evolución de los enterramientos, suponiendo la desaparición de los megalitos y de la cultura del vaso campaniforme, aunque en este último caso se da una evolución de campaniformes tardíos hasta el Bronce final.
El territorio comprendido entre el rio Tigris y Eúfrates. En el tramo bajo de estos ríos localizamos Ciudades-Estado (Uruk, Ur, Quish, Lagash, etc, que aparecen en los textos como Sumeria) en los que la presencia de metalurgia aparece ligada a fenómenos de cambio como la intensificación agrícola (regadío), torno cerámico, intercambios comerciales con las tierras situadas en las cabeceras de los ríos, desarrollo de escritura (primero pictogramas y luego cuneiforme) y la contabilidad; estructuras sociales complejas, con jerarquías político-religiosas (pathesi) que detentan un poder centralizado y controlan a una clase funcionarial que aúna el control de los recursos (almacenes o graneros), la ciencia (matemáticas, astronomía, medicina) y la organización de la ciudad, cada vez más compleja, en la que se evidencian las áreas palaciales y los santuarios celestes (zigurat).
Así mismo es el vínculo entre los dioses y los hombres (entrega de códigos legislativos por parte del dios al rey), ejerciendo el mando de un ejército cada vez más especializado y cuyas armas (puntas de lanza, espadas cortas y puñales de bronce) denotan su carácter ofensivo. El resultado será que las primeras organizaciones articuladas en torno a la ciudad-estado dará paso a la articulación de reinos (Akad) y finalmente a los primeros imperios (Babilonia). En ese momento ya hemos traspasado el umbral de la Protohistoria.
En este continente debemos diferenciar tres áreas:
El largo valle del Nilo conoció una etapa Neolítica y Calcolítico intensa, organizándose en estructuras políticas semejantes a las ciudades-estado, que reciben el nombre de Nomos. Estos Nomoi agrícolas se encontraban dirigidos por dinastías reales, a las que se le atribuían poderes taumatúrgicos (aspecto que ha llegado hasta hoy en las clases dirigentes africanas) y se cohesionaban en torno a una figura tótem que evidenciaba el rasgo que detentaba el animal elegido. La pugna entre nomos fue ampliando el territorio de los centros más pujantes (Predinástico), hasta desembocar en torno al 3100 a.C. en dos estructuras amplias, el Bajo y Alto Egipto, que terminarán por fusionarse, dando lugar al Egipto dinástico, con la etapa conocida como Tinita (I y II dinastías), en las que el sistema de escritura jeroglífica está consolidado y el zoolatrismo encarnado en los tótem ha dado paso a una síntesis y antropomorfización. El bronce será un material escaso, dadas las escasas minas disponibles, manteniéndose el utillaje lítico hasta el Bronce final.
El Magreb posee una doble influencia:
Bronce que contienen fuertes vinculaciones con Egipto.
cultura del Vaso Campaniforme. Sin embargo la metalurgia efectiva del bronce no se desarrollará en estos territorios hasta finales del II Milenio a.C., ligada al comercio feno-púnico.
En el ámbito subsahariano el mantenimiento de grupos de cazadores-recolectores y agricultores neolíticos se mantendrá más allá del cambio de Era, encontrándonos que en los territorios del río Níger se pasa del empleo de materiales líticos a la metalurgia del hierro y bronce en épocas ya históricas (siglos VIII y IX d.C), por aculturación, sin que se produzca una evolución de cobre-bronce-hierro como ocurre en otras áreas.
Es el cruce de caminos natural entre Egipto, Mesopotamia, el Mediterráneo oriental y el Bósforo. En este espacio se han localizado desde el Neolítico ciudades-estado como Ugarit o Ebla, donde la metalurgia del bronce se desarrolló al tiempo que se intensificaban las relaciones comerciales entre los focos de Egipto, Mesopotamia y el Mediterráneo. Las excavaciones de Ugarit y Ebla permiten identificar unos centros de comercio muy dinámicos, donde se han podido conocer a fondo las variantes regionales de lenguas semitas occidentales.
Las islas del Mediterráneo oriental (Chipre, Creta, Cícladas), son una pieza clave para entender el desarrollo de la metalurgia en Europa, y explicar la distribución de productos africanos y del Próximo Oriente en el Mediterráneo central y occidental. Se suele plantear tres momentos en el desarrollo de las culturas del Bronce en este territorio:
Correspondientes al final del Neolítico y Calcolítico, Bronce Pleno y Bronce final respectivamente, aunque la denominación es más territorial que cronológica.
El Cicládico hace referencia a la cultura de las islas situadas en torno a Delos , entre Grecia y Anatolia, que sirve de puente entre Asia y Europa. Al final del Neolítico estas islas desarrollan una cultura muy característica (Cicládico inicial) que aúna influencias de Anatolia y Oriente (Ugarit, Ebla, Mari, etc.) con elementos continentales europeos y Minoicos. El Cicládico medio coincide con el desarrollo de la cultura Cretense y sus fases finales –Cicládico final- con el Cretense tardío y Heládico. Desarrollan una metalurgia del cobre y bronce autóctona, aunque sus relaciones con el próximo Oriente y Egipto señalan influencias externas muy importantes.
Creta es uno de los focos culturales de la Edad del Bronce de mayor importancia, tanto por el desarrollo de ciudades-estado de base agrícola-ganadera y comercial, como por la igualdad entre hombres y mujeres (la dedicación de los hombre al comercio marítimo implicó la importancia de la mujer en los asuntos de organización del comercio y del gobierno de la ciudad), la ausencia de ejército, que implica relaciones o tratados de amistad entre las diferentes ciudades, una religiosidad fundamentalmente femenina, articulada en torno a la presencia de estatuillas femeninas y rituales en los que aparecen sacerdotisas como oferentes y un comercio de intercambio que hace necesarios grandes almacenes, organizados en torno a patios (laberintos) y un sistema de control escrito, el denominado Lineal A , aún sin posible traducción. Las ciudades, situadas en la línea de costa (Cnossos, Mallia, Paleocastra, Hagia Triada) son en realidad grandes zonas de almacenamiento religioso , lo que podría ser interpretado como una forma de garantizar la integridad de los depósitos. Se suele diferenciar dentro de su evolución una etapa prepalacial que arranca del IV milenio a.C. y hunde sus raíces en el Neolítico. A partir de ésta una actividad agrícola
valenciana donde la cerámica incorpora decoración incisa de carácter geométrico, a veces “a peine”. Si durante el Bronce Antiguo la tendencia es la de fabricar cerámicas carenadas, a partir del Bronce Medio empezamos a encontrarnos con piezas semiesféricas, de paredes rectas, vasos coladores, etc.
La industria lítica persiste en el armamento: puntas de flecha de pedúnculo y aletas, brazaletes de arquero en piedra pulimentada y hachas pulimentadas.
Hábitat en Cueva.
Aunque a veces la cueva se va definiendo como lugar de enterramiento (CUEVA DE MONCÍN, Zaragoza), algunas áreas manifiestan en el Bronce Antiguo hábitat en cueva como sucede en la Cornisa Cantábrica (CUEVA DE LAS PAJUCAS, Álava o CUEVA CUELEBRE, Asturias) o en la Meseta. Prácticamente, el hábitat en cueva se extingue en el Bronce Inicial, perdurando apenas sólo en el Bronce Medio en Cataluña (CUEVA DE TOLL, Barcelona) y en la Facies Cuevas de La Mancha.
Poblados en altura.
Suelen estar situados en cerros con defensas naturales y artificiales, murallas, torres y hasta fosos defensivos. Las viviendas se adaptan al terreno, siendo casi siempre rectangulares o cuadrangulares, construidas con adobe y tapial y cubiertas con techumbre vegetal. Abundan en el Bronce Medio Ibero- Valenciano (HOYA QUEMADA, Teruel); y se configuran con rasgos propios en el horizonte PreCogotas (LOS TOLMOS, Soria) y en la Facies Castellones de la Meseta (CERRO DE LA ENCANTADA, Ciudad Real).
Poblados en llano.
Un tipo frecuente del Bronce Inicial es el de los “fondos de cabaña”, abundante en el Valle del Ebro (MONCÍN y MUELA DE BORJA, Zaragoza), la Meseta (EL VENTORRO, Toledo; o los varios poblados de la facies Motillas de Albacete y Ciudad Real como MOTILLA DE EL AZUER, Daimiel).
Poblados Urbanizados.
Aunque el urbanismo ya empieza a proliferar en todos los asentamientos en poblado del Bronce, es necesario individualizar el caso de El Argar. Los asentamientos de El Argar –zona de Almería y Málaga– son siempre asentamientos ubicados en las cumbres de cerros elevados con defensas naturales y fortificaciones de varios anillos defensivos que incluyen torres circulares y cuadrangulares, con viviendas rectangulares con cabecera absidada construidas con piedras, lajas, barro, postes de madera y techumbres vegetales. La conexión entre viviendas está pensada a través de calles y escaleras así como de terrazas. Se detecta, además, la especialización de áreas para la metalurgia, la actividad textil y la estabulación del ganado.
Enterramientos megalíticos.
En las facies iniciales del Bronce Peninsular encontramos atestiguados enterramientos en cistas megalíticas con inhumaciones individuales y materiales de ajuar de tradición calcolítica. Así está atestiguado en BOVILA MADURELL (San Quirce del Vallés, Barcelona); y se singulariza de modo especial en FERRADEIRA (Alemtejo, Portugal) donde los enterramientos son en thóloi con cistas de grandes lajas verticales, práctica también atestiguada en la zona Norte de Portugal y en Galicia (MONTELAVAR, La Coruña). La pervivencia de este sistema de enterramiento aunque con túmulos más pequeños está atestiguada en ATALAIA (Ourique, Alemtejo) y en SINES (Sines, Portugal), ya en el Bronce Medio. Se trata de enterramientos en túmulos en el interior de los cuales aparecen las tumbas en fosas rectangulares excavadas y cubiertas por una laja. La zona de mayor pervivencia de la tradición megalítica es sin duda Baleares, donde en SON BAULÓ DE DALT aun existen dólmenes Pretalayóticos.
Enterramientos en píthoi.
Es el enterramiento clásico y más conocido de El Argar aunque no el exclusivo. Son enterramientos de inhumación en grandes tinajas o píthoi con el cadáver encogido acompañados de un ajuar
fundamentalmente cerámico y de joyas de adorno personal. No es exclusivo de El Argar pues lo tenemos documentado también en el Bronce Ibero- Valenciano, y generalmente fuera de las viviendas. También en la Meseta hay algunos ejemplos de necrópolis en grandes tinajas cerámicas.
Enterramientos en fosa o cista.
Es el tipo de enterramiento más numeroso del Bronce Peninsular. Generalmente los enterramientos se sitúan fuera de los poblados, aunque próximos a ellos, a veces incluso en las laderas del cerro en que éstos se asientan. Se trata de enterramientos, siempre individuales, en fosas recubiertas de cistas, a veces aprovechando covachos o grietas naturales. Generalmente los ajuares son pobres: cerámica, adornos y algún útil muy poco presente. Cuando los enterramientos están en el interior de los poblados –por ejemplo en ELTOMILLAR (Ávila)– suelen estar hechos en hoyos similares a los de los silos, casi siempre sin ajuar pero incorporando ofrendas alimenticias.