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TEMA 16: PROCESOS INTERGRUPALES
1. INTRODUCCIÓN
Los procesos intergrupales hacen referencia a los factores que gobiernan la conducta y a las actividades de las personas hacia los miembros del exogrupo. Las investigaciones se encuentran aún en su infancia. Fue en la Segunda Guerra Mundial cuando se abonó el terreno para que comenzasen a florecer los primeros trabajos sobre relaciones intergrupales. Dollard y colaboradores → Frustración y agresión. Adorno y colaboradores → La personalidad autocrática. Fueron el trampolín para que los psicólogos sociales comenzaran a interesarse por los factores que determinan las actitudes y conductas de los miembros de un grupo hacia otros grupos. Desde la perspectiva psicosocial, el estudio de las relaciones intergrupales supone analizar las relaciones que establecen las personas entre si en cuanto miembros de un grupo. Comportamiento intergrupal → “aquel que se da siempre que los individuos que pertenecen a un grupo interactúan colectiva o individualmente con otro grupo o con sus miembros en términos de su identificación de grupo”. Tendrá lugar cuando:
- Existan al menos dos categorías sociales claramente identificables.
- No exista variabilidad entre las personas en cada categoría, en sus percepciones, actitudes o conductas (uniformidad).
- Cuando existan percepciones de baja variabilidad respecto a los otros miembros del grupo (homogeneidad intracategorial). Estas tres características nos permiten diferenciar los contextos en los que las personas actúan como miembros de un grupo (conducta intergrupal) y en los que actúan como individuos (conducta interpersonal). Marco teórico → psicología social europea y ello porque en ésta convergen una serie de líneas teóricas y de investigaciones recientes que constituyen el intento mejor logrado de dar un adecuado tratamiento psicosocial al tema. Se ha centrado en las situaciones de carácter conflictivo como aquellas que se reflejan al manifestarse los prejuicios, los estereotipos y la conducta discriminativa, aunque también hemos de contemplar la cooperación y la competición como dos facetas complementarias de las relaciones intergrupales. El estudio de las relaciones conflictivas ha sido el que más ha primado. Hay dos grandes enfoques o perspectivas: individualista y grupal.
2. ENFOQUES INDIVIDUALISTAS
Dentro de este marco encontramos tres orientaciones teóricas:
- Las que apelan a la personalidad de los individuos que participan en las relaciones intergrupales.
- Las que apelan a mecanismos cognitivos o motivacionales individuales.
- Las que llevan a cabo extrapolaciones a partir del comportamiento individual. Las teorías más representativas de estas tres orientaciones son:
2.1 Teoría del chivo expiatorio
Esta teoría ha sido desarrollada por Dollard y cols. Lo que mantiene es que la frustración es condición necesaria y suficiente para que se de el comportamiento agresivo. Cuando éste no puede proyectarse en la causa que lo provoca, se desplaza a otros blancos (chivos expiatorios), que son otros grupos considerados distintos y más débiles que el propio grupo. Con estos supuestos se trato de explicar el crecimiento del antisemitismo en Alemania en el período comprendido entre las dos Guerras Mundiales. Para explicarlo, afirmaban que Hitler encontró una audiencia receptiva a una ideología racista debido a la frustración originada por el colapso de la economía alemana en los años 20. Estos supuestos también se vieron apoyados por otros estudios que vinieron de la mano de Houland y Sears en los que se encontró una correlación negativa entre el índice económico y el índice de agresiones raciales. Por otra parte, estudios posteriores que intentaron verificar esta teoría resultaron contradictorios. Esto puso de manifiesto los problemas con los que se encuentra esta teoría:
- Es difícil predecir que blanco será elegido como chivo expiatorio.
- La frustración no es una condición necesaria ni suficiente para causar la agresión.
- Existe la dificultad de trasladar loas estados de frustración de los sujetos en actos colectivos de agresión.
- las agresiones manifiestan un cierto grado de control cognitivo de los participantes, lo que es inconsistente con la teoría de la frustración- agresión (teoría del chivo expiatorio).
- Esta teoría es incapaz de explicar o predecir eventos positivos de la conducta intergrupal. (cooperación, amistad…).
2.2 Teoría de la personalidad autoritaria
Dos autores, Adorno y Cols. indagaron acerca de las raíces psicológicas de algunas actitudes intergrupales como el antisemitismo y el etnocentrismo, considerados como la expresión de “personalidad autoritaria”. Estos autores explicaron el prejuicio contra el exogrupo en una configuración de personalidad que integra distintos componentes cognitivos y motivacionales, de tal forma que las actitudes, entre ellas las de carácter intergrupal, reflejan tendencias profundas de la personalidad según los postulados de la teoría psicoanalítica freudiana. El individuo autoritario desplaza sus pulsiones agresivas contra la autoridad a sus inferiores o grupos minoritarios. Otros autores como Billig abordaron el tema de la personalidad autoritaria, él suponía que se
Por otro lado se subrayan los aspectos cognitivos y motivacionales.
3.1 Teoría del conflicto realista
Campbell encontró que algunos conflictos grupales son reales o racionales en el sentido de que se fundamentan en una competición real por los recursos escasos. Denominó a esta perspectiva como teoría del conflicto realista de grupo. Su principal punto de partida era que las actitudes y conductas intergrupales reflejaban los intereses grupales. Cuando estos son incompatibles, la respuesta, tiene muchas posibilidades para que sea negativa: prejuicios, conducta hostil. Cuando los objetivos son compatibles o complementarios, la reacción es positiva: tolerancia, amistad, confianza… Sherif ha sido uno de los autores que mas ha defendido esta teoría. Este autor pone énfasis en las relaciones fundamentales entre las metas de los grupos como principal determinante del comportamiento intergrupal. La importancia de esta perspectiva es doble, por un lado constituye el punto de partida del trabajo más reciente realizado en Europa a partir de los años 70. Por otro lado abrió unos interrogantes que constituyeron el desarrollo del estudio de las relaciones intergrupales en la medida en que tal desarrollo supone un intento de dar respuesta a estos interrogantes. Sherif estudió esto mediante lo que denomino la experiencia de la cueva de los ladrones. (Explicar experimento). Eligió a niños que no se conocían anteriormente, con ausencia de frustraciones importantes y/o patologías. Y con diferencias en cuanto a los antecedentes socioculturales y económicos. El estudio estuvo compuesto por distintas fases. En la primera se crearon grupos independientes. En la segunda se creaba una interacción competitiva entre ambos grupos al proponerse unas metas que sólo uno de los grupos podía lograr. El resultado fue que se desarrollo en conflicto con gran facilidad, extendiéndose más allá de la mera competición. En una tercera fase se establecieron metas que interesaban por igual a ambos grupos y que ninguno de ellos podía conseguir por sí mismo, y esto logro reducir el conflicto. Por tanto sólo la cooperación interdependiente orientada a la obtención de metas supraordenadas consigue resolver un conflicto creado. Este estudio confirmó ampliamente las hipótesis de la teoría del conflicto realista. Tajfel manifiesta que las aportaciones de Sherif pueden verse desde dos ángulos:
- Desde el punto de vista metodológico, al haber logrado crear una autentica historia de relaciones intergrupales.
- Desde un punto de vista metateórico, ya que supone el empleo de un marco grupal para la explicación del comportamiento, cerrando la posibilidad de extrapolaciones a partir de la personalidad de los individuos. Los resultados de los estudios de Sherif han sido ampliamente confirmados en contextos naturales. No obstante han recibido algunas críticas:
- La competición sólo tiene efectos cuando la diferenciación endogrupal- exogrupal ya está presente.
- La mejora de percepciones y actitudes que se produce en la situación de cooperación
frente a la de competición no llega a ser total, ya que se ha demostrado que es difícil de erradicar de forma completa el favoritismo endogrupal, incluso cuando los grupos tienen intereses materiales en su eliminación.
- El conflicto explícito de intereses puede no ser necesario para el arousal del favoritismo endogrupal y la competición.
- En estas experiencias la cooperación se saldó con el éxito de la tarea. Sin embargo en la vida real no es fácil encontrar metas supraordenadas y menos aún, tener una garantía total de que los grupos las puedan alcanzar con éxito.
- Hay autores que interpretan la situación de cooperación entre dos grupos diferentes como una nueva situación en el sentido de que los miembros de ambos grupos, al actuar conjuntamente, se pueden considerar como miembros de un mismo grupo, se constituye una nueva categoría, un grupo de mayor tamaño.
- Se critica el punto de partida de que el conflicto es siempre negativo y debe ser erradicado, planteamiento que resulta inadecuado en situaciones de injusticia y desigualdad. Estaría por probar si en estas situaciones la cooperación consigue los mismos efectos dado que los estudios de Sherif se realizaron con grupos de nivel similar. A pesar de estas dificultades, hay que decir que el trabajo de Sherif ha demostrado ser extremadamente fructífero en generar investigación e ideas y que sus principales insights sobre los efectos de la interacción cooperativa y competitiva parecen ser aún válidos. Sin embargo, lo que parece ser menos cierto es que no se dé impacto directo alguno de las relaciones funcionales per se sobre las actitudes intergrupales.
3.2 Teoría de los juegos
Desde esta perspectiva se abordan las relaciones y el conflicto intergrupos a través de los juegos experimentales. En esta teoría se adscribe a los sujetos o grupos una motivación para obtener un máximo beneficio que, en el caso de los juegos de suma cero (objetivos incompatibles), considera inevitable el conflicto. No obstante, a diferencia de la teoría del conflicto realista, considera que en ocasiones la interdependencia entre grupos adopta la forma de motivaciones mixtas, los sujetos tienen una motivación tanto para cooperar como para competir en esa persecución por el mejor resultado posible. Estas situaciones de motivos mixtos reflejan con más precisión la vida real. El paradigma más representativo de las motivaciones mixtas lo constituye el dilema del prisionero: Una pareja de individuos son sorprendidos por la policía en un mercado vendiendo bienes robados. La policía los detiene y los encierra en calabozos distintos. La policía para condenarlos necesita que al menos uno confiese la autoría del robo. La policía les toma declaración por separado en las siguientes condiciones: si los dos se declaran culpables, ambos serán condenados a dos años de prisión; si ninguno de ellos se declara culpable ambos serán condenados a solo seis meses de cárcel; si sólo uno de ellos se declara culpable, él quedara libre, mientras que el otro por mentir además de robar será condenado a la pena máxima de cinco años. Las investigaciones demuestran que en estas dinámicas las personas eligen la competición
ambiente a través de la simplificación que resulta de la clasificación de elementos que comparten algún atributo distintivo. Los procesos de categorización desencadenan una serie de sesgos relacionados con la percepción estereotípica. No obstante el concepto de categoría social ha recibido críticas, sobretodo de los teóricos de tradición lewiniana, que resaltan el papel de la interdependencia percibida.
3.4 El paradigma del grupo mínimo
A partir del estudio anterior Tajfel y otros autores llevan a cabo un par de experimentos que dieron conclusiones totalmente contrarias, y son considerados el punto de partida del paradigma del grupo mínimo. El paradigma experimental es el siguiente:
- Se crean dos grupos a partir de una división arbitraría.
- Los grupos se forman únicamente para afrontar las necesidades inmediatas del experimento, no existiendo ninguna historia previa de conflictos de intereses o de competición entre estos grupos.
- El anonimato de los sujetos es total tanto a nivel individual como a nivel grupal, eliminando así la posibilidad de afinidades interpersonales, conflictos de personalidad…
- Se elimina cualquier indicio de interacción social entre los participantes tanto a nivel endogrupal como exogrupal, con ello se impide que se desarrollen incompatibilidades interpersonales o intergrupales.
- Ausencia de vinculo instrumental entre las respuestas del sujeto y su propio interés, los sujetos nunca se otorgan recursos personalmente. Con todo esto se eliminan todas las variables que pueden incidir sobre la discriminación a excepción de una, la categoría nosotros-ellos, creando así una identidad social mínima. Basta separar a los sujetos en grupos de acuerdo con un criterio trivial para producir efectos de diferenciación intergrupal. Por tanto, la mera percepción de pertenencia a dos grupos distintos (nosotros y ellos) es condición necesaria y suficiente para producir discriminación. Se propusieron diversas explicaciones para dar cuenta de los resultados de los experimentos: la existencia de una norma genérica para favorecer al endogrupo y la actuación de los sujetos se explicaría porque en el pasado habían obtenido refuerzos al actuar de forma competitiva. Tajfel ha criticado ambas explicaciones, ya que según el los sujetos hubiesen optado por otras estrategias también se podrían haber aplicado las mismas explicaciones. Estos resultados fueron confirmados posteriormente por los de otros experimentos, pero a pesar del consenso empírico no ha faltado la controversia que se ha centrado principalmente en los siguientes aspectos:
- La interpretación de los datos observados como reveladores de la discriminación.
- Las dudas sobre la validez externa por su elevado grado de artificialidad.
- Otros trabajos han puesto de manifiesto que la discriminación positiva hacia el endogrupo no es la misma cuando se utiliza reparto de estímulos aversivos.
Todos los trabajos sobre el grupo mínimo dieron lugar a la teoría de la identidad social (Tajfel) y a la teoría de la categorización del yo (Turner). Esta segunda se basa en que las personas utilizamos categorías para ordenar, simplificar, y comprender mejor la realidad social. Este proceso permite a las personas adscribirse a si mismas y a los demás a ciertos grupos que guardan relación con el sexo, la raza, clase social… Una de esas categorías (nosotros- ellos) resulta ser clave para el sentido de identidad social que tiene las personas y que está determinado por su pertenencia a distintos grupos. La identidad es esa parte del autoconcepto que está ligada al conocimiento que el sujeto tiene de pertenecer a ciertos grupos sociales y a la significación emocional y evaluativo resultante. Las personas prefieren tener un autoconcepto positivo en vez de negativo, y dado que buena parte de este concepto se desarrolla por la pertenencia a ciertos grupos, es lógico que quieran pertenecer a grupos socialmente valorados. Dado que esta valoración no es en términos absolutos, sino relativos, las personas establecen comparaciones con otros grupos. El resultado de estas comparaciones da lugar a sesgos que permiten diferenciar de forma favorable al endogrupo de los exogrupos, y que contribuyen a la construcción de una identidad social positiva y con ello los sujetos incrementan su autoestima.
3.5 Autoestima y relaciones intergrupales
El papel de la autoestima en la discriminación intergrupal ha tomado dos vertientes:
- La que considera que las personas muestran discriminación para aumentar su autoestima. Aquí la autoestima funciona como variable dependiente.
- La que considera que la baja autoestima es la que origina la discriminación intergrupal. Aquí la autoestima actuaría como variable independiente. La primera vertiente tiene más evidencias a su favor, en contra de la segunda se ha encontrado que normalmente los grupos con estatus social alto y presumiblemente con mayor autoestima son los que muestran un mayor favoritismo endogrupal. Por otro lado y contrarío a ambas vertientes, las correlaciones entre la cantidad de sesgo endogrupal y niveles de autoestima están, algunas veces, cercanas a cero. Entre las razones para explicar estos resultados hemos de mencionar los siguientes:
- La variedad de instrumentos utilizados para medir la autoestima en estos experimentos.
- Las medidas de autoestima y sesgo endogrupal pueden estar fuertemente influidas por factores de deseabilidad social. A estos argumentos metodológicos hay que añadir otros motivos, como los que se ponen en juego cuando las personas se sienten identificadas con un grupo. Ser categorizado como miembro de un grupo en un experimento de grupo mínimo supone una búsqueda de significado de los participantes que intentan reducir la incertidumbre creada por los procedimientos experimentales. La discriminación que los participantes manifiestan puede ser vista más como un intento clasificador de la situación que como un intento por sentirse bien conmigo mismo. El hecho de que la autoestima puede aumentar, en algunas
- Si los miembros del endogrupo al compararse con el exogrupo se percatan de su inferioridad y desarrollan una identidad social negativa, los miembros del grupo llevarán a cabo una seríe de estrategias: Si no perciben alternativas de cambio: - Movilidad social. Abandonan el grupo por otro más valorado. - Comparación interpersonal. El sujeto se compara con los miembros del endogrupo más desfavorecidos para mejorar su identidad personal, aunque esto no mejora la identidad grupal. Si perciben alternativas de cambio: - Creatividad social. Los miembros del grupo toman como referencia nuevas dimensiones de comparación que les suponga tomar ventaja respecto al exogrupo. - Redefinición de los atributos. Los sujetos reconvierten el valor de sus atributos negativos y los cambian por otros positivos. - Competición social. El endogrupo plantea una competición abierta y directa con el exogrupo con el deseo de mejorar su posición a través de acciones lectivas. Hay que señalar que estas acciones no se materializan a no ser que el grupo haya desarrollado un sentimiento de pertenencia grupal, haya identificado al exogrupo, al que responsabiliza de su situación desfavorable, y haya elaborado un discurso que justifique la legitimidad de la acción y resalte la necesidad de emprenderla.
3.7 El papel de las variables socioculturales en la diferenciación
intergrupal
Desde la teoría de la identidad social no se contempla la existencia de desigualdades sociales entre los grupos, pero la realidad nos muestra que hay variables socioculturales que influyen: estatus; permeabilidad de las fronteras; tamaños del grupo; poder. Una de las más estudiadas ha sido el estatus, en general grupos con alto estatus muestran mayor sesgo endogrupal que grupos con bajo estatus. Los individuos tienden a exagerar las diferencias grupales cuando son favorables para ellos y a minimizarlas cuando son desfavorables. Se han realizado muchos estudios e investigaciones sobre estatus, algunos autores recogieron las implicaciones de estos estudios:
- Un grupo con estatus bajo muestra efectos débiles sobre el sesgo endogrupal.
- Cuando el endogrupo y el exogrupo tienen el mismo estatus, se da efecto en el sesgo que además aumenta aún más cuando el endogrupo tiene un estatus alto.
- Se encontró interacción entre el estatus y realidad o artificialidad de la categorización. Esto es, que en los grupos artificiales el sesgo aumentaba con el estatus pero en los reales se daba una pequeña tendencia a disminuir. Esto pone de manifiesto que algunos resultados son contradictorios. Tajfel y Turner desde sus teorías proponían que los miembros de bajo estatus intentarían abandonarlos para mantener una identidad social positiva. Sin embargo abandonar el grupo no siempre está disponible.
Distinguieron tres factores que pueden afectar a la discriminación intergrupal:
- La permeabilidad de las fronteras: esto hace referencia a la posibilidad que un individuo tiene de abandonar el grupo al que pertenece. Así una grupo con estatus bajo y alta permeabilidad facilita el abandono de sus miembros para poder mejorar su identidad social positiva. Esto no sucede con los de alto estatus ya que no tiene interés en abandonar el grupo aunque las fronteras sean permeables. En ocasiones los de bajo estatus no quieren abandonar su grupo porque tienen una alta identificación con el grupo.
- Estabilidad percibida del estatus: si el estatus que posee el grupo se percibe como algo estable, que no va a cambiar, los de bajo estatus tenderán a abandonar el grupo al que pertenecen, tendrán menos sesgo endogrupal, y menos identificación con su grupo que si la situación se percibe como algo inestable.
- Legitimidad: al igual que ocurría con la estabilidad, con la legitimidad si el grupo percibe como legitima su situación, los grupos de bajo estatus tendrán menos sesgo endogrupal y menos identificación con su grupo que si perciben su situación como algo ilegitimo. Por lo que se refiere al tamaño del grupo, en experimentos que manipulan el tamaño y el estatus, la discriminación en el reparto intergrupal es particularmente alta en grupos minoritarios de alto estatus. Argumentan que esta discriminación sucede porque cuando el grupo dominante está en minoría, la estructura de estatus es inherentemente más inestable que cuando la mayoría es dominante. Lo que es cierto respecto al estatus para las relaciones entre grupos también se puede aplicar a las relaciones de poder. El poder se puede definir como el grado de control que un grupo tiene sobre sus propios resultados y sobre los del exogrupo. La discriminación intergrupal es particularmente alta en los grupos minoritarios de alto poder. Sobre el efecto combinado de estas tres variables: estatus, poder y tamaño se puede extraer:
- En los grupos se observa un sesgo endogrupal respecto s las actitudes. Los sujetos manifiestan preferencia por su endogrupo, independientemente del poder, estatus o peso numérico.
- Los grupos con alto poder y los que tienen elevado estatus muestran un marcado comportamiento discriminatorio.
- Los grupos de bajo estatus, pero alto poder, fueron muy discriminatorios hacía el exogrupo de elevado estatus.
- En la interacción poder, estatus y número se pone de manifiesto que el grupo minoritario, subordinado y de bajo estatus fueron los únicos que muestran favoritismo exogrupal. Esto se contrapone al obtenido en el paradigma de grupo mínimo, lo que prueba que los grupos en condición totalmente desfavorable no discriminan; para hacerlo tiene que tener alguna condición a su favor (poder) que garantice el éxito. Como conclusiones de los estudios realizados sobre estas variables socioestructurales indicamos lo siguiente:
- El estatus aumenta la diferencia intergrupal en general. También influye en otros aspectos, como la mayor identificación y mayor polarización del grupo.
- Cuando el estatus se combina con otras variables, como poder y número, se comprueba que no son los grupos en que se dan todas las condiciones favorables los que más discriminan, sino aquellos que teniendo superioridad pueden aún mejorar, o perciben
- Las capacidades se mantienen constantes pero las expectativas aumentan.
- Las capacidades y las expectativas aumentan pero las capacidades no lo hacen en la proporción suficiente como para satisfacer a las expectativas. Para que se de privación relativa han de darse los siguientes requisitos:
- Que el grupo sea consciente de que otro grupo posee un valor dado.
- El grupo desee poseer dicho valor.
- Se sienta acreedor del mismo.
- Perciba posibilidades para su obtención.
- No se autoculpabilice de la carencia del mismo. Existen dos modalidades de privación relativa:
- Privación egoísta o personal (el sujeto se compara con los restantes miembros). En este se dan sentimientos de ira, envidia, pueden surgir síntomas de depresión.
- Privación fraternal o grupal (el grupo se compara con otros grupos). Se llevan a cabo comportamientos de cambio social, protesta política…. Las personas reconocen mejor las injusticias grupales que las individuales. Cuando las personas creen que su grupo esta privado de algo probablemente participarán en movimientos sociales y activamente intentarán cambiar el sistema social. La diferencia fundamental entre las dos modalidades no es si el objetivo de comparación es una persona o un grupo sino si los sujetos se consideran como miembros de un grupo o como individuos aislados. Algunos de los factores que pueden determinar las acciones de los sujetos en situación de privación pueden ser:
- Intensidad de los sentimientos de malestar, los cuales van en función de la magnitud de discrepancia percibida.
- El grado de permeabilidad de las fronteras.
- El grado en que creen que la acción va a provocar un cambio efectivo.
- La percepción de legitimidad o ilegitimidad de la situación.
- El grado de identificación con el grupo.
- El nivel de compromiso con el grupo.
- La eficacia colectiva percibida y los costes de expresar tales conductas antinormativas y sancionables frente al exogrupo o autoridades más poderosas. En suma estas dos teorías aportan explicaciones de los procesos cognitivos que tienen lugar en situaciones de desigualdad y completan la teoría de la identidad social. 5. RESOLUCIÓN DE CONFLICTOS
La competición y el conflicto están en el corazón mismo de las relaciones entre grupos. Existen múltiples definiciones de conflicto. Muchas hacen distinciones y variaciones. Conflicto entendido como todo tipo de interacción antagonista, en el que influyen elementos como: los participantes, incompatibilidad de metas, búsqueda de poder en cuanto posibilidad de influir un actor sobre la conducta del otro e inexistencia de reglas formales. Se distinguen distintos tipos de conflictos (conflicto intra e interpersonal, conflicto intra e intergrupal o intra e internacional), ello no supone que todos estos conflictos sean equivalentes. Existe conflicto intergrupal cuando los objetivos de ambos grupos son incompatibles. Fisher diferencia entre conflictos de baja y alta intensidad; Kriesberg por su parte nos habla de la dimensión tratable- intratable. En el polo tratable se sitúan aquellos conflictos que los grupos pueden intentar resolver a través de la negociación. En el polo intratable, los conflictos prolongados, es decir, violentos, irreconciliables y con tendencia a la perpetuación. Uno de los primeros psicólogos en estudiar si el contacto intergrupal podía servir para atenuar los prejuicios y la hostilidad fue Allport. Este autor partía de que el prejuicio es ignorancia, por lo que el conocimiento mutuo entre los grupos podía erradicar la hostilidad. Pero el contacto debe realizarse bajo una serie de condiciones:
- Que sea un contacto frecuente, prolongado y cercano.
- Orientado hacía la cooperación.
- Que cuente con el apoyo explícito de las personas que resultan creíbles para los grupos implicados.
- Que se dé entre grupos de igual o parecido estatus y poder. Se le encontraron importantes contrariedades: en muchas ocasiones, el contacto, a la vez que mejora el conocimiento del otro grupo, empeora la relación con él al dejar al descubierto diferencias irreconciliables entre unos y otros. Otro problema surgido a partir de esta idea es que había problemas a la hora de generalizar los efectos positivos del contacto. Cuando el contacto genera una visión positiva hacia las personas del otro grupo con las que se ha mantenido contacto, no se extiende la visión positiva a las otras personas del grupo con las que no se ha tenido contacto. Esto puede ser bien porque son contactos interpersonales, es decir entre personas que se definen en cuanto sujetos y no intergrupales; o bien porque las personas tienden a considerar como excepciones a los miembros del otro grupo con los que mantienen relaciones positivas, y por tanto no representativos del grupo. Desde la teoría del conflicto realista se propone la creación de metas supraordenadas para resolver los conflictos. Pero esta medida no está exenta de dificultades como es encontrar en la vida real metas de esta naturaleza e implicar en una acción conjunta a grupos antagónicos y con una larga trayectoria de enfrentamientos. En consecuencia, esta medida ha de aplicarse en condiciones que garantice el éxito final de la operación. Desde la teoría de los juegos la resolución de los conflictos de intereses precisa de procesos de comunicación que permitan establecer una confianza mutua entre las partes, que las interacciones se mantengan y que los participantes sepan qué pueden encontrarse en el futuro. Una vez lograda esa confianza mutua, se abre el periodo de negociaciones que permite
condición de cada persona depende de sus capacidades y esfuerzos individuales. Las fronteras entre grupos ya no parecen tan infranqueables, por lo que el grupo superior se ve obligado a modificar sus estrategias de dominación. Las comparaciones sociales sigan siendo interindividuales y están en consonancia con las atribuciones que se hacen.
- En el tercer estadio, movilidad social individual, se rompen las fronteras grupales, aunque en una ruptura parcial y limitada. Es decir, sólo los miembros mejor dotados del grupo dominado, que destacan por su talento y gran capacidad, se atreven a realizar comparaciones con personas del grupo superior. Con estas estrategias se cubren dos objetivos: - El grupo dominado se divide en dos, los que pueden y los que no pueden mejorar. - Se fortalecen las atribuciones y las comparaciones sociales.
- Cuarto estadio, toma de conciencia, en el tiene lugar el conflicto sociocognitivo. Se constata el rechazo por parte del grupo superior de muchas personas del grupo dominado que han realizado el esfuerzo por mejorar, lo que desencadena el conflicto entre grupos. Las estrategias que se utilizan en el grupo superior son:
- La asimilación plena de los triunfadores del grupo superior.
- La propaganda en que muestran esa asimilación como evidencia de que el sistema funciona y de que es justo.
- La utilización de las personas que han ascendido como líderes del grupo dominado. A pesar de estas estrategias el grupo dominado está dispuesto a contrarrestar estos efectos de manipulación y desmoralización desde tres momentos importantes:
- Reinterpretación positiva del rechazo: por primera vez aparece la comparación intergrupal, son ellos los que nos ponen a nosotros enana situación inferior.
- El descubrimiento de la fuerza de la solidaridad intragrupal como consecuencia del paso anterior, que permite el cambio de percepción interpersonal a intergrupal.
- Se desarrolla una solidaridad interna y se promueve una ideología de cambio social que gira entorno al descubrimiento del verdadero criterio de división en grupos jerarquizados.
- El estadio de las relaciones competitivas o conflicto abierto y declarado, las comparaciones que realiza el grupo dominado son plenamente intergrupales. Los posibles resultados del conflicto entre grupos que se desencadenan en este estadio según estos autores son:
- Si el resultado de las estrategias utilizadas por el grupo dominado se salda con el fracaso, existe una vuelta a estadios anteriores, volviendo a comenzar el ciclo.
- De no ser así los grupos pueden llegar a ser relativamente iguales en estatus y poder, manteniendo una competición abierta aunque diferente a la del quinto estadio. La principal observación que hay que hacerle a este modelo es que, teniendo en cuenta la heterogeneidad de los conflictos, resulta difícil aplicar este mismo esquema a todos los conflictos.
5.2 El modelo de Fisher
Parte de una base más amplia y no se limita a la teoría del conflicto realista y a la teoría de la identidad social. Al recoger un mayor número de elementos de análisis, un mayor número de
variables y considerar un tercer factor, los momentos del conflicto (escalada, reciclaje y resolución), es un modelo mucho más integrador que el de los otros autores, aunque esta más alejado de la investigación empírica. A pesar de esta debilidad, realiza algunas aportaciones de interés:
- Su consideración de que la teoría del conflicto realista se centra sobre todo en el conflicto entre grupos de estatus igual o parecido.
- La defensa que hace a la idea de que la teoría de la identidad social alude, más bien, al conflicto entre grupos de estatus diferente.
- La incorporación de su punto de vista según el cual ambas teorías tienden a la larga, a converger.
- La consideración de que el conflicto permanente, genera el síndrome de etnocentrismo.
- El conflicto tiende a escalar. El punto de partida, una orientación mutuamente competitiva en los grupos, produce una percepción de amenaza que desemboca en etnocentrismo, tras lo cual las relaciones entre grupos se caracterizan por hostilidad exogrupal, desconfianza mutua y solidaridad endogrupal. Del etnocentrismo surge, como algo inevitable, la escalada del conflicto a través de una serie de procesos que tiene su origen en dicho etnocentrismo. comunicación ineficaz, ausencia de coordinación, perfeccionamiento de las tácticas competitivas y una reducción de la productividad grupal, debido a la dispersión de fuerzas que para el grupo supone el tiempo que dedica a competir con el otro grupo. Esto lleva a Fisher a proponer los medios para proceder a la descalada del conflicto:
- Según él tiene que haber alguna interacción mutuamente cooperativa entre los grupos capaz de reducir la desconfianza y de ofrecer buenos resultados para ambos para generar sentimientos de justicia distributiva y una satisfacción con los resultados obtenidos por el propio grupo.
- Otros autores recomiendan formar a las personas para ser directivos más efectivos del conflicto intergrupal. Con todo esto se evidencia la necesidad de tratar el conflicto desde una perspectiva amplia que resalte los aspectos positivos que puede tener para el desarrollo del grupo y para sus resultados. Desde una perspectiva alternativa se subraya los aspectos constructivos del conflicto, ya que se fomenta la divergencia, la diversidad de opiniones, la consideración de múltiples puntos de vista, la heterogeneidad, las minorías... Por tanto será necesario desarrollar el conflicto en los grupos y enseñar a afrontarlo de manera constructiva y creativa en lugar de enseñar a evitarlo.