



























Prepara tus exámenes y mejora tus resultados gracias a la gran cantidad de recursos disponibles en Docsity
Gana puntos ayudando a otros estudiantes o consíguelos activando un Plan Premium
Prepara tus exámenes
Prepara tus exámenes y mejora tus resultados gracias a la gran cantidad de recursos disponibles en Docsity
Prepara tus exámenes con los documentos que comparten otros estudiantes como tú en Docsity
Encuentra los documentos específicos para los exámenes de tu universidad
Estudia con lecciones y exámenes resueltos basados en los programas académicos de las mejores universidades
Responde a preguntas de exámenes reales y pon a prueba tu preparación
Consigue puntos base para descargar
Gana puntos ayudando a otros estudiantes o consíguelos activando un Plan Premium
Comunidad
Pide ayuda a la comunidad y resuelve tus dudas de estudio
Ebooks gratuitos
Descarga nuestras guías gratuitas sobre técnicas de estudio, métodos para controlar la ansiedad y consejos para la tesis preparadas por los tutores de Docsity
Asignatura: Geografía de España. Marco geográfico y métodos de análisis de las fuentes de información geográfica, Profesor: Anónimo Si lo pongo me suspenden xD, Carrera: Historia, Universidad: UMA
Tipo: Apuntes
1 / 35
Esta página no es visible en la vista previa
¡No te pierdas las partes importantes!




























Prof. Juan Francisco Martínez Murillo y Mª Luisa Gómez Moreno Elaborado por: Mª Luisa Gómez Moreno
TEMA 3: LOS DESEQUILIBRIOS TERRITORIALES Y LAS REGIONES Y EJES DE DESARROLLO
3.1: Conceptos de desequilibrio territorial y de región y eje de desarrollo. Como se deduce de lo expuesto en el tema 1 antes de la difusión del capitalismo industrial, los procesos sociales que se habían ido sucediendo sobre lo que hoy constituye el estado español habían construido espacios diferenciados en función de su grado y tipo de urbanización (más intensa en la fachada levantina y en el sudoeste que en el Norte y centro oeste); del tipo de cultivo (más intensivos en el ámbito mediterráneo que en el interior meseteño) y de su vinculación con el comercio (menor en el interior y fachada cantábrica a partir del declive de la producción y comercio lanero). Sin embargo, aunque estas diferencias eran nítidas, eran, por su magnitud (en términos de densidad de población o de valor de la producción), muy inferiores a las que la difusión del capitalismo industrial fue introduciendo primero lentamente (entre finales del siglo XVIII y mediados del siglo XX) y de forma muy acelerada e intensa a partir de 1958 como consecuencia espacial del denominado “Desarrollismo franquista” (ver gráficos 1, 2, 3 y 4).
Gráfico 1: Distribución de la población activa por sectores económicos en 1877 Fte.: elaborado a partir de los números absolutos de Carreras y Tafunell, 2005, 400.
Prof. Juan Francisco Martínez Murillo y Mª Luisa Gómez Moreno Elaborado por: Mª Luisa Gómez Moreno
Gráfico 2: Distribución de la población activa por sectores económicos en 1900 Fte.: elaborado a partir de Puyol, 129.
Gráfico 3: Distribución de la población activa por sectores económicos en 1940 Fte.: elaborado a partir de Puyol, 129.
Prof. Juan Francisco Martínez Murillo y Mª Luisa Gómez Moreno Elaborado por: Mª Luisa Gómez Moreno
relativa ha mejorado, y, así mismo, la renta de la provincia de Málaga es muy alta en relación con la renta de la mayor parte de las unidades administrativas de los países del norte de África.
Dada la finalidad de esta asignatura y las competencias asignadas hemos optado por
a) centrarnos en el primero de los procedimientos estructurado en 4 líneas: los cambios demográficos y del poblamiento; los cambios del sector agrario; los cambios del sector industrial y los cambios del sector terciario, aunque, como comprobaréis, estas líneas se entrecruzan, y b) recurrir a las variables cuantitativas para apoyar los argumentos enunciados.
Pero antes necesitamos precisar dos conceptos relativos a las concentraciones socioeconómicas espaciales (o ejes de desarrollo): cuáles son los factores que las explican las y cuáles son sus características.
¿Cómo se producen, cuáles son sus factores? Responden a ciertos procesos económicos y sociales: explotación minera (Asturias 1880-1980), turismo (Costa del Sol, 1960 en adelante), actividad industrial (textil en Cataluña, juguete y calzado en Valencia), comunicaciones (exportaciones agrícolas del puerto de Málaga).
Estos procesos implican la existencia de un capital financiero (inversiones privadas), que genera capital fijo productivo: fábricas, tiendas, hoteles, minas. Éste atrae la presencia de fuerza de trabajo (inmigración) que necesita de capital fijo en espacios de reproducción , sea vivienda o equipamientos sociales diversos: escuelas, hospitales, que pueden responder a servicios de capital público o privado. A su vez, todo este conjunto, requiere capital fijo en infraestructuras, embalses, carreteras, ferrocarriles, puertos, que también puede ser de capital público o privado.
En cuánto a cómo y por qué se producen, podemos apuntar dos conjuntos de causas fundamentales.
Un primer conjunto se refiere a los requerimientos de los procesos productivos. Son las ventajas de localización formalizadas desde distintos paradigmas tanto de la Economía como de la Geografía:
a) Dependencia de un recurso natural: minero, sol y playa, puertos. b) Vinculados a la aplicación de la tecnología: Necesidad del contacto entre actividades que evolucionan a gran velocidad (innovación); limitación de los costes de producción (economías de escala); existencia de centros de desarrollo tecnológico.
Otro conjunto de causas recoge la interacción (relación causa-efecto-causa) entre población y servicios: a medida que crece la población lo hacen los servicios que demanda atrayendo éstos más población. Pero también se da el proceso inverso: la creación de las capitales de provincia y la centralización en ellas de los servicios más básicos (sanidad, educación) en detrimento del resto de las ciudades se tradujo en un efecto atracción de población por éstas.
Respecto a su escala, en origen, su escala es local o supramunicipal, pero casi nunca provincial vinculada a los mercados de trabajo y cuencas de empleo: ría de Bilbao, los valles guipuzcoanos, las comarcas especializadas levantinas, la Costa del Sol.
Pero su evolución les puede llevar a entrar en contacto unas con otras y traspasar límites provinciales (Costa del Sol) u ocupar toda una provincia (Madrid)
Las características de estas concentraciones son:
♦ Ser discontinuas (de ahí su capacidad de introducir diferenciaciones espaciales) ♦ Presentar coherencia interna en términos de: Especialización productiva”territorio-producto” Flujos de personas y capital ♦ Tienen un dinamismo o capacidad de desarrollo notable
Prof. Juan Francisco Martínez Murillo y Mª Luisa Gómez Moreno Elaborado por: Mª Luisa Gómez Moreno
♦ Estar ligadas a procesos de expansión focal urbano, esto es, las ciudades crecen mediante barrios periféricos que acaban entrando en coalescencia con pueblos cercanos a los que acaban absorbiendo (Poble Nou en Barcelona). ♦ Sin embargo, su extensión varia en función de su capacidad para
3.2. Los procesos de desarrollo en España.
En el caso de España (ya utilizando con propiedad este término) hay que partir de un hecho que ya habéis estudiado en el Bachillerato: los procesos de transformación ligados a la revolución industrial sólo coincidieron temporalmente con los pioneros en Europa (localizados en determinadas regiones de Gran Bretaña y Francia) en el caso de un sector de Cataluña: la difusión de la industria textil en el entorno de Barcelona canalizada por los cursos medio y bajo del Ter y del Llobregat desde mediados del s. XVIII. Habrá que esperar al primer tercio del s. XIX para el malogrado proceso malagueño y al último de ese mismo siglo para que se consolide el del sector metalúrgico (carbón-acero y maquinaria) localizado entre Asturias y el País Vasco. Por tanto, para principios del s. XX la industrialización sólo había transformado las formas de vida de un porcentaje muy reducido de los españoles (un 16 %, ver gráfico 2) que seguían siendo muy similares a las implantadas desde la Edad Media: basadas en un sector agrario que tampoco había conocido la revolución agraria.
En la medida en que los cambios demográficos inducidos por los avances tecnológicos se difunden independientemente del cambio de mentalidad, vamos a comenzar el estudio de estas transformaciones con la transición demográfica en España.
Hasta el descubrimiento y aplicación de las primeras vacunas a finales del s. XVIII la evolución de la población, de forma genérica, se caracterizaba por un crecimiento muy lento debido a la aparición periódica de epidemias que, con tasas de mortalidad muy altas (en torno al 30-40 por mil) contrarrestan una tasa de natalidad igualmente elevada (en torno al 35 por mil). El cambio de este denominado “antiguo régimen demográfico” depende de dos conjuntos de factores. El de la mortalidad, de factores exógenos: descubrimiento y aplicación de vacunas; saneamiento del abastecimiento de agua y eliminación de las fecales. El de la natalidad, de las formas de vida (alojamiento, sistema de valores) ligadas a la urbanización y la actividad industrial. Ambos conjuntos de factores están ligados a la triple revolución demográfica, agraria e industrial. Si relacionamos estas premisas con el retraso, ya enunciado, y escasa difusión espacial que éstas presentaron en España, la deducción es que la transición demográfica se dio en nuestro país después que en otros estados europeos y con unas características más próximas a las de los países subdesarrollados, esto es, con una prolongada continuidad de altas tasas de crecimiento como consecuencia de la simultaneidad de un descenso de la mortalidad por causas técnicas con un descenso más atenuado de las tasas de natalidad vinculadas al inmovilismo de las estructuras sociales, prolongado con el Franquismo hasta principios de los años Setenta. Ello puede comprobarse en el cuadro 1.
Prof. Juan Francisco Martínez Murillo y Mª Luisa Gómez Moreno Elaborado por: Mª Luisa Gómez Moreno
0
0,
0,
0,
0,
1
1,
1,
1,
Madrid Canarias
Murcia País Vasco^ Cantabria
Comunidad Valenciana
Extremadura
Andalucía^ España^ Asturias^ Cataluña Balears (Illes) Castilla-La Mancha
Galicia
Castilla y León
Rioja (La)
Aragón Navarra
% crecimiento medio anual
Gráfico 4: Crecimiento real medio anual por comunidades autónomas 1857-
0
0,
1
1,
2
2,
3
Madrid Canarias País Vasco Andalucía CataluñaCantabria Extremadura
España
Castilla-La Mancha Comunidad Valenciana
Asturias Balears (Illes)
Galicia Navarra
Castilla y León
Rioja (La)
Aragón^ Murcia
% crecimiento medio anual
Gráfico 5: Crecimiento real medio anual por comunidades autónomas 1901-
0
1
2
3
4
5
6
Madrid País Vasco^ Canarias
Cataluña
Comunidad Valenciana
Balears (Illes)
EspañaAsturias Navarra Cantabria^ Murcia Andalucía
Aragón Rioja (La)^ Galicia Castilla y León Castilla-La Mancha
Extremadura
% crecimiento medio anual
Gráfico 6: Crecimiento real medio anual por comunidades autónomas 1941- 1975 Fte.: Elaborados a partir de los datos de Pujol, R., p. 104
Prof. Juan Francisco Martínez Murillo y Mª Luisa Gómez Moreno Elaborado por: Mª Luisa Gómez Moreno
Comparando los gráficos 4, 5 y 6 observamos un primer hecho relevante: las diferencias de crecimiento entre unas comunidades autónomas y otras no se incrementan hasta 1941-75, esto es, coincidiendo con el Desarrollismo (a partir de 1958) que, como adelantábamos, lleva aparejada la difusión del capitalismo industrial al conjunto del estado español, como refleja el gráfico 3.
Respecto a la identificación de los ejes de desarrollo, en las fases 1857-1900 y 1941 los datos de crecimiento real no son indicativos de aquellos. Varias son las causas que explican este hecho. Una, el comportamiento de la natalidad, ya que, como decíamos, la falta de control de ésta relacionada con la sociedad preindustrial al coincidir con el descenso de la natalidad va a suponer que, en casos como Cataluña, su mayor descenso implique un crecimiento real menor que en casos como Canarias. Otra, la débil capacidad de consumo del conjunto del país que merma los términos de crecimiento industrial real de las áreas en que éste se localiza, como País Vasco, Asturias o la misma Cataluña. Finalmente, resaltar el caso de Madrid cuya fuerte atracción inmigratoria va a depender en estas fases de su condición de capital institucional del estado, con un escaso desarrollo industrial.
Por el contrario, la fase 1941-75 revela mayores disparidades en el signo e intensidad de crecimiento, acusando, ahora sí, lo enunciado en el epígrafe 1: vaciamiento en las comunidades autónomas interiores: Este llega a signos negativos, esto es, pérdida de población por emigración, en Castilla-León, Castilla La Mancha y Extremadura y es positivo pero muy débil, en Aragón y La Rioja. Frente a éste, fortísimo crecimiento (más del 2% medio anual) en Madrid, que pasa a ser un núcleo industrial además de de servicios, País Vasco y Cataluña, que consolidan e intensifican su capacidad industrial al responder al incremento de la capacidad adquisitiva del conjunto de la población. Con más del 1% medio anual aparecen comunidades autónomas que se unen a las más dinámicas con otras producciones industriales (País Valenciano) o con la nueva actividad que se convierte en un identificador de España a escala europea, el turismo: Baleares. Canarias no sólo debe su crecimiento a esta actividad sino también a su comportamiento natalista, que mantiene. Finalmente, las comunidades situadas entre 0,5 y 1% medio anual no tienen un comportamiento homogéneo. En casos como Asturias, Navarra y Cantabria responden a una actividad industrial que absorbe el propio crecimiento vegetativo sin atraer contingentes de población significativos; en los casos de Murcia y Andalucía responde a un comportamiento aún natalista que le permite compensar los fuertes procesos de emigración que están experimentando. El caso de Galicia es especial, por cuánto, siendo costera, su envejecimiento, resultado de las intensas emigraciones a América que su población ha realizado entre 1890 y 1940, no compensa el débil crecimiento del eje La Coruña-Vigo, centrado en actividades marítimas (pesca-astilleros).
-1,
-0,
0,
0,
1,
1,
2,
2,
3,
Balears (Illes) Castilla-La Mancha
Murcia Canarias Madrid
Comunidad Valenciana
Cataluña^ Navarra Rioja (La) Andalucía^ España^ Aragón Cantabria País Vasco Extremadura
Galicia Asturias
Castilla y León
% crecimiento medio anual
Gráfico 7: Crecimiento real medio anual por comunidades autónomas 1986-
Fte.: Elaboración propia a partir de los datos del INE 1986 y 2011
Finalmente, la comparación del gráfico 6 con el 7 revela los efectos de la crisis de 1973 y su impacto en los denominados espacios industriales maduros (esto es, los centrados en actividades de la primera revolución industrial: metalurgia y textil, ver gráfico 8) así como la emergencia de nuevos espacios centrados en nuevas actividades de servicios o en nuevas actividades industriales, que, en el caso de Europa, se refleja en el
Prof. Juan Francisco Martínez Murillo y Mª Luisa Gómez Moreno Elaborado por: Mª Luisa Gómez Moreno
Prestación de servicios: comercio, sanidad, educación, administración pública en sus diferentes niveles de especialización
Los factores que actúan sobre esta concentración de funciones son, pues El contexto político y económico imperante en cada momento La localización del núcleo en ese contexto, derivada de su emplazamiento respecto a las vías naturales de comunicación (valles, fosas, litoral) el sistema de comunicaciones (puertos, carreteras, ferrocarril, aeropuertos)
En consecuencia, el orden y los componentes de esta jerarquía no es estático, varía a lo largo del tiempo dependiendo de la evolución de estos factores. Así, distintos núcleos de población (los elementos del sistema urbano) se van incorporando a este sistema en función de los cambios sociopolíticos y de sus vinculaciones territoriales a otras escalas, como veremos a continuación. Por ejemplo, algunos elementos del sistema de ciudades de la comunidad autónoma de Castilla-León tienen su origen en la etapa de ocupación romana (León, Segovia). Después de varios centenares de años prácticamente reducidas a pequeñas villas (Alta Edad media) se revitalizaron en la Baja Edad Media con la actividad lanera (obtención y comercio) vinculada a la Mesta. Estancadas durante la Edad Moderna y convertidas en capitales provinciales en la reforma de 1833, han quedado al margen de los grandes ejes de desarrollo.
De ello se deduce que, en el caso de España, como en otras zonas mediterráneas, la existencia de una red de ciudades medias es previa a los procesos de concentración y dinamismo económico que, como indicábamos, implican la generación y crecimiento de grandes áreas urbanas. De esta red, algunos elementos han centrado ejes de desarrollo (Barcelona, Valencia, Zaragoza) mientras que muchos de ellos apenas si se mantienen por inercia como entidades urbanas, pero sin la diversificación económica suficiente como para generar ejes de desarrollo. A este respecto, es fundamental comprender cuál era la lógica territorial de la ciudad antes del capitalismo industrial, para lo que recurrimos al concepto de economía orgánica^1 : (Parejo, 2007: 31) se corresponde con: “economías agrarias, fuertemente vinculadas al medio natural, relativamente relacionadas con los mercados como suministradores de materias primas e insumos intermedios y destinatarios de la producción final, sujetas a una tensión casi permanente entre población y recursos. Expresado en otros términos, su capacidad para alimentar a una población en crecimiento se encontraba limitada por la reducida productividad de los factores empleados y por la escasa comercialización de sus excedentes”. La dimensión espacial de esta economía en la Europa bajomedieval está organizada por la relación ciudad-área de influencia, que, en el caso de la Corona de Castilla, se corresponde con el concejo. A partir de la lectura de sus elementos y funciones se deduce que, en la sociedad preindustrial, las actividades agrarias, artesanales y comerciales estaban vertebradas en torno a la ciudad y que el número de habitantes de estas ciudades no era muy dispar entre sí. Estos elementos y funciones son:
La ciudad y su área de influencia que incluye
una superficie (entre los 500 y los 1.000 km2) capaz de dotar a cada comunidad del conjunto de los recursos necesarios para su autoabastecimiento , lo que supone integrar bajo su control terrenos con diferentes vocaciones productivas (montaña, tierras de cereal, tierras de regadío) (ver figura 1).
la escala, la extensión, de este territorio “aprovisionador” estaba limitada por las condiciones de transporte, a sangre. Este transporte correspondía
La relación entre espacio “aprovisionador” y población variaba en función de la dinámica demográfica desde dos dimensiones:
(^1) El concepto de economía orgánica es enunciado por Wrigley (1988), aquí se enuncia en los términos de Parejo
Prof. Juan Francisco Martínez Murillo y Mª Luisa Gómez Moreno Elaborado por: Mª Luisa Gómez Moreno
la dimensión espacio cultivado ( ager )/espacio no cultivado ( saltus ): el sometimiento de la población al régimen demográfico antiguo implica que
entidades menores de población: la dimensión sistema de poblamiento: las zonas más alejadas del núcleo principal sólo van a contar con población a medida que el crecimiento demográfico exija su puesta en cultivo. Se van generando así nuevos núcleos que pasan a depender del núcleo-cabecera y que sólo más adelante contarán con vida municipal propia (caso, por ejemplo, de Humilladero en el caso de Antequera).
La capacidad política de toma de decisiones reflejadas en las normativas municipales La valoración que García Manrique (1960: 205) hace del mismo es ilustrativa de las funciones políticas y económicas de éste: “La idea que sugieren los municipios de este mundo medieval y moderno hasta casi el s. XIX es de una serie de “estados” independientes económicamente. El concejo en la época medieval controlaba toda la industria y comercio local, y el municipio se comportaba como una unidad económica”.
Figura 1: Concejos de realengo en Andalucía a principios del s. XVI. Fuente: Gómez, 1991.
Es esta estructura la que genera la malla regular de poblamiento (modelo de Christaller, ver figura 2) que refleja un espacio en el que no existen aún grandes procesos de concentración de la actividad. El ya citado atraso del proceso de industrialización español explica que la cartografía y los datos de población de 1930 (partidos judiciales) reflejen esa organización del sistema urbano y de las comunicaciones (ver práctica “partidos judiciales de Huelva). Así, en 1930, el 57,3 % de la población española vivía en municipios de menos de 10.000 habitantes y sólo el 15% residía en los de más 100.000 habitantes (Capel1970 : 183).
Prof. Juan Francisco Martínez Murillo y Mª Luisa Gómez Moreno Elaborado por: Mª Luisa Gómez Moreno
Figura 3: Evolución del tamaño de los núcleos de población en España entre 1900 y 2009. Reproducido de Cuadernos de la Fundación BBVA,( 2010: 4).
Sin embargo, esta continuidad de un sistema urbano relativamente regular hasta los años sesenta del siglo XX no fue paralela a los rasgos morfológicos de las ciudades españolas. Por ello, la periodización de ambas variables es diferente.
Morfología urbana y cambios culturales previos a la revolución burguesa
La arquitectura y el urbanismo son una de las manifestaciones de la diferenciación cultural, ya que una misma ciudad experimenta cambios formales y funcionales introducidos por la sucesión de formaciones socioculturales que la ha habitado. Por tanto, las distintas épocas históricas aportan elementos diferenciados de las ciudades. A continuación se enuncian, de forma muy somera, estas aportaciones en relación con las ciudades españolas^2.
Gran parte de las ciudades españolas tuvieron su origen en época prerromana, bien a partir de núcleos indígenas, bien como colonias fenicias o griegas. La dominación romana supuso la adaptación de tales núcleos a sus criterios urbanísticos y la creación de ciudades nuevas, implantando la típica trama ortogonal con sus dos ejes
(^2) Este epígrafe es una síntesis de Quirós y Tomé, 2001
Prof. Juan Francisco Martínez Murillo y Mª Luisa Gómez Moreno Elaborado por: Mª Luisa Gómez Moreno
principales (cardo y decumano) y una red jerarquizada de calzadas de conexión entre los núcleos urbanos. A partir del siglo III, las invasiones bárbaras obligaron a amurallar gran parte de estos asentamientos, cuyo trazado aún hoy es posible vislumbrar en algunas ciudades (Lugo, Astorga, León, Barcelona o Zaragoza). No obstante, la herencia romana se reduce en muchos casos a algunos yacimientos y al emplazamiento de la ciudad.
Será la Edad Media el periodo histórico que configure de modo más intenso el actual casco histórico de las ciudades. A pesar de que tras la progresiva disolución del Imperio romano hubo un tiempo de desurbanización, con abandono de muchas ciudades por su inseguridad, a partir de la llegada de los musulmanes en 711 se abre un doble proceso: los núcleos ocupados por estos van a transformarse y a perder su antigua herencia romana, y los posteriores núcleos recuperados por los cristianos serán restaurados, así como se crearán nuevas ciudades.
En las ciudades islámicas, la alcazaba o alcázar se constituye en un elemento urbano de primer orden de la ciudad, que sigue totalmente amurallada. Las red de calles adquiere un trazado sinuoso; son estrechas y algunas sin salidas (son los adarves). No hay plazas o lugares centrales, tan sólo algunos ensanchamientos de vías son aprovechados para instalar los zocos. Mucho del legado islámico se ha perdido por las transformaciones urbanas posteriores, pero aún perduran en ciertos rasgos del viario y de las manzanas irregulares de algunas ciudades como Toledo, Granada, Córdoba o Sevilla.
En las ciudades cristianas, repobladas tras un largo abandono, la muralla romana va a seguir siendo el límite externo de la ciudad. Aparecen nuevas ciudades a partir de la unión de varios núcleos de población muy cercanos entre sí, como ocurrió en el valle del Duero. A partir del siglo XI, tiene lugar un momento de expansión urbana, apareciendo nuevos tipos de ciudades, son las villas itinerarias, a lo largo de importantes vías de comunicación o rutas comerciales; ejemplos son las aparecidas a lo largo del Camino de Santiago. Se crean nuevas ciudades de planta ortogonal como San Sebastián o Castellón. También se fortalece la actividad comercial en la costa cantábrica y, por consiguiente, las ciudades portuarias (Bilbao, Santander, Gijón). Un rasgo clásico de las ciudades cristianas es la presencia de plazas, en las que se va a situar el mercado y los edificios oficiales; posteriormente, estas plazas se personalizarían con la construcción de arcos o soportales (como en Salamanca), especialmente en la Corona de Castilla. Estas plazas pasarían después a ser las plazas mayores, siendo mucho más frecuentes a partir del siglo XVI. Las funciones de orden religioso son fundamentales ya en la Baja Edad Media, ya que órdenes como los dominicos y los franciscanos son de localización urbana por lo que conventos y propiedades eclesiásticas se multiplican de dentro de las ciudades. Así mismo, y en las principales ciudades, la construcción de catedrales genera hitos en la morfología urbana.
A fines de la Edad Media, la mayoría de las ciudades presentaba una estructura global semejante: rodeadas por una muralla, en la que se engastaba un alcázar o castillo, y extramuros podía haber uno o varios arrabales, generalmente ocupados por actividades mercantiles o artesanas. y en caso de estar la ciudad junto a un río, siempre un arrabal al otro lado del puente y, cerca del él, las aceñas (molinos harineros).
Hacia 1560 las ciudades habían cambiado poco. Tan sólo es destacable que no toda la muralla permanecía intacta, sino que en algunos sectores podía haberse derruido parcialmente o haber sido ocupada por viviendas adosadas a ellas. Esto refleja el nacimiento del Estado moderno, en la que no hay fronteras más que las externas y no hay conflictos bélicos internos. Serán sólo aquellas ciudades costeras y fronterizas las que mantengan intactas sus murallas con fines militares defensivos, constituyéndose en las llamadas plazas fuertes, sin crecimiento urbano extramuro (ejemplos: Barcelona, Cádiz, Badajoz).
La crisis económica del siglo XVII cortó el crecimiento de muchas ciudades, quedando a salvo de esto Madrid (por la presencia de la Corte) y Sevilla (por su dominio económico sobre las rutas comerciales americanas). En el siglo XVIII, con el movimiento de la Ilustración y el fomento de las obras públicas durante el reinado de Carlos III, tienen lugar nuevas reformas urbanas. Ejemplos de reformas para mejorar la habitabilidad de las ciudades son el Paseo del Prado, los accesos de las puertas de Alcalá y San Vicente o de Toledo, en Madrid; destacan también otras actuaciones en Valladolid o Málaga (Alameda). También aparecen núcleos urbanos nuevos, planeados siguiendo criterios ilustrados de racionalidad y buen uso del espacio, como los Sitios Reales de
Prof. Juan Francisco Martínez Murillo y Mª Luisa Gómez Moreno Elaborado por: Mª Luisa Gómez Moreno
británicas (ejemplo: el barrio de Ciudad Jardín, en Málaga), que se construyeron en las afueras de la ciudad, económicas e higiénicas, en terreno barato y conectados por tranvía.
El breve periodo republicano siguió con la política de obras públicas urbanas y el fomento de la vivienda obrera, la renovación interior de las ciudades y la mejora de la vertebración viaria de las ciudades (nuevos accesos y rondas) más motorizadas.
En el periodo autárquico de posguerra, en condiciones materiales muy duras, hubo que atender a la reconstrucción de los núcleos urbanos devastados por la guerra, y atender al mismo tiempo las necesidades del crecimiento urbano, alimentado por la continua llegada de población rural (si bien en este periodo fue algo menor que en otros). El problema de la vivienda se agudizó. Destaca la implantación de un modelo de ciudad pretendidamente “nacional”, que bajo una profusa iconografía política recurría sin embargo a un pensamiento universal, el Movimiento Moderno, ideológicamente distante del fascismo. Fruto de este modelo son las llamadas “barriadas” promovidas por el Ministerio de la Vivienda, que desde mediados de los cuarenta a finales de los cincuenta, se constituyeron en colonias de casas económicas, adaptadas al higienismo y carácter industrial de la ciudad, y con un aire rural.
Si relacionamos el gráfico 6 y la figura 3 con este proceso de urbanización deducimos que los movimientos migratorios interregionales supusieron no sólo un cambio de comunidad autónoma sino de forma de poblamiento, implicando el éxodo rural y la explosión urbana debido a la modernización económica y el crecimiento industrial (en las zonas de atracción) y el despegue de los servicios públicos (que acaparó el crecimiento de las zonas de expulsión en las capitales provinciales). Por tanto, se trata de cambios que afectaron tanto al sistema urbano como a la morfología urbana.
Los cambios en el sistema urbano: Las áreas metropolitanas en España.
Como señala Ne-Lo (2001: 274) y recogen los gráficos precedentes, tanto el cambio de la actividad económica como la intensificación de las desigualdades en la localización de la población no fueron graduales sino brusco y centrado en la década de los años sesenta: “Así, en una fecha tan avanzada como 1960, cerca de la mitad de la población española residía todavía en municipios menores de 20.000 habitantes, es decir, en localidades que habitualmente no suelen ser consideradas como urbanas”. La intensidad espacial y temporal del crecimiento urbano que se abre en ese período explica que éste no se tradujera en la expansión de las ciudades precedentes sino en la configuración de áreas metropolitanas: “enormes áreas urbanas que comprenden no una sino diversas localidades, y albergan una parte sustancial de la población y la actividad de sus respectivas regiones” (ibídem).
Como podéis comprobar, la definición de área metropolitana encaja con la de concentraciones espaciales de actividad que enunciábamos al principio de este tema. Ne-Lo reconoce como las 7 mayores áreas metropolitanas españolas las de Madrid, Barcelona, Valencia, Sevilla, Málaga, Bilbao y Zaragoza. Comprobaréis que éstas ya no dependen de la implantación industrial porque recogen ya el proceso de terciariación de la economía mencionado. Para que comprendáis la diferencia entre ciudad y área metropolitana en el cuadro 1recogemos las poblaciones que integran las áreas metropolitanas de Bilbao y Sevilla:
Tamaño de los núcleos (nº hab.)
Área metropolitana de Bilbao
Área metropolitana de Sevilla
más de 500.000 Sevilla de 100.001 a 500.000 Bilbao, Baracaldo Dos Hermanas de 50001 a 100000 Portugalete Alcalá de Guadaira 20001 a 50000 Sestao Utrera, Mairena del Aljarafe, Palacios y Villafranca (Los), Rinconada (La), Camas, Coria del Río, San Juan de Aznalfarache, Tomares Cuadro 1. Ejemplo del tamaño de los núcleos en dos áreas metropolitanas: Bilbao y Sevilla. Elaborado a partir de datos del Censo de Población de 2011, INE.es
Prof. Juan Francisco Martínez Murillo y Mª Luisa Gómez Moreno Elaborado por: Mª Luisa Gómez Moreno
En ambos casos, se comprueba que las áreas metropolitanas combinan núcleos de distintos rangos que quedan prácticamente contiguos, frente a la disposición hexagonal y regular del sistema urbano correspondiente a la economía orgánica. En las figuras 4 y 5 se recoge la localización de estas áreas metropolitanas articuladas en ejes y en áreas funcionales, con las siguientes características:
Prof. Juan Francisco Martínez Murillo y Mª Luisa Gómez Moreno Elaborado por: Mª Luisa Gómez Moreno
Figura 5: Vinculaciones funcionales entre núcleos urbanos españoles. Fuente: Reproducido Méndez y Molinero 1993: 541.
Los cambios en la morfología urbana: del crecimiento en altura a la ciudad dispersa
También podemos deducir que la rapidez e intensidad del movimiento llevó aparejada una fase de escasez de vivienda ante la avalancha de nuevos pobladores. Aunque la Ley del Suelo de 1956 estableció la obligación de desarrollar los Planes Generales de Ordenación Urbana, cuyos objetivos eran conseguir un crecimiento equilibrado y ordenado de las ciudades, con polígonos de edificación abierta, bien equipadas, donde los distintos usos debían quedar conectados mediante vías rápidas, estas buenas intenciones no se llevaron a la práctica en el contexto del desarrollismo, cuando la capacidad de intervención de la Dictadura Autárquica cede su posibilidad de intervención en beneficio del capitalismo improvisado y sin reglas vigente en aquella época, justificado por la acuciante demanda de los nuevos habitantes. Así, en la primera mitad de los años sesenta, el chabolismo circundó las ciudades sin que la iniciativa pública fuera capaz de solventar este problema. La respuesta rápida al problema, amparada por el logro de un nivel de consumo cuyos exponentes claros serían la vivienda en propiedad y el automóvil, fue la construcción en altura de pisos unifamiliares que, ahora sí, contaban con saneamiento y agua. El producto urbano más significativo de la época fue el polígono de viviendas, evolución de las antiguas barriadas, que llegan a ocupar grandes extensiones en todas las ciudades españolas. Se trata de unidades ordenadas con viviendas estándar, equipamientos y espacios de estacionamiento. Sus calidades variaban según el poder adquisitivo de la población a alojar, graduando la calidad ambiental hasta descender a los niveles más bajos en condiciones de absoluta precariedad. Así, estas barriadas evolucionaron hacia asentamientos cada vez mayores, menos costosos y de mayor hacinamiento de la población, debido al progresivo control que el nuevo capitalismo nacional ejercía sobre el mercado inmobiliario, respondiendo a los incentivos de la política estatal a fin de reactivar el sector privado. El resultado general fue la masificación del paisaje urbano, con bloques de ladrillo apretados en estrechas calles-corredor. Al final de este periodo, la ciudad se había convertido en un medio socialmente desigual, por la exclusión en los mercados del trabajo y la vivienda.
Prof. Juan Francisco Martínez Murillo y Mª Luisa Gómez Moreno Elaborado por: Mª Luisa Gómez Moreno
Ya a finales de los años setenta convergen dos procesos, que, en los países más avanzados no habían coincidido temporalmente.
El que se había producido unos años antes en las ciudades europeas más avanzadas es los cambios de las formas urbanas. Se trata de la pérdida de funciones de la ciudad compacta. La industria sale de la ciudad y coloniza asentamientos planificados (los polígonos industriales, en las afuera) o improvisados en los principales accesos a las ciudades. Este proceso encaja con el de la configuración de las áreas metropolitanas, ya que va a trazar las líneas de contacto de unas poblaciones con otras. Al contrario, las actividades terciarias tienden a concentrarse en el centro de las ciudades, lo que va a tener un fuerte impacto en la ciudad antigua. La renta de situación de los espacios centrales, la fuerte demanda residencial o terciaria y la vulnerabilidad de un caserío y población envejecidos, más aún en ausencia de reglas, convierte a cascos antiguos y ensanches decimonónicos en objetos susceptibles de renovación. Así, los cascos antiguos sufren una doble dinámica: abandono por vaciado y envejecimiento; o destrucción, por el deterioro material y la pérdida de las actividades tradicionales, traducido en la pérdida de patrimonio histórico urbano. Carente de orden y mal dotada, los déficit medioambientales hicieron caer el nivel de habitabilidad, por lo que, paralelamente, la población de mayor poder adquisitivo opta por la vivienda unifamiliar en urbanizaciones alejadas del centro de la ciudad lo que se traduce en la incorporación de un tejido residencial de chalés. El resultado de ambos procesos es que el espacio de la ciudad pierda unidad y se difuminen aún más sus límites, otro de los rasgos de los procesos de metropolitanización.
El otro proceso, coincidente en el tiempo con el que experimentan los espacios industriales occidentales, es, a finales de los setenta, la crisis económica internacional que implica el debilitamiento tanto del crecimiento urbano como de los movimientos migratorios interregionales. Como ya hacíamos constar (gráficos 6 y 7) la intensa y drástica reconversión industrial de los sectores metalúrgico (Asturias, País Vasco) y textil (elementos del área metropolitana de Barcelona ligados al LLobregat) se tradujeron en una ralentización de su crecimiento por la reducción de los flujos migratorios internos. Pero a ésta también contribuyó en gran medida la drástica reducción del crecimiento vegetativo.
A ellos hay que unir los efectos de la democratización del país desde mediados de los setenta. El urbanismo durante los primeros ochenta es solidario, cultural y austero. Estos principios fueron quedando aparte en torno a 1986, por diversos factores interrelacionados. Así, el avance de los servicios, ligado a la apertura, internacionalización y modernización de la economía española que el ingreso en la Unión Europea (1986) fortalece. Una década después, la generalización del euro facilitará el boom inmobiliario, que, iniciado en la segunda mitad de los años ochenta, duraría hasta 1991, interrumpido por la denominada Crisis del Golfo, y retomado después (a finales de los años noventa) con mayor fuerza aún en la conocida “burbuja inmobiliaria”.
Esto supuso una vuelta a la cultura de los negocios, la improvisación y el urbanismo sin reflexión suficiente. Con el avance de los noventa, el urbanismo se va a impregnar de la nueva política neoliberal capitalista, la revolución de la tecnología y la globalización. Se imponen las estrategias de marketing y promoción urbana, el urbanismo de la imagen y las grandes obras, costeadas por fondos europeos o procedentes de la privatización de los servicios urbanos y del espacio de la ciudad. Este neoconservadurismo coexiste con el desarrollo del urbanismo sostenible y la búsqueda de la calidad pues favorecen la imagen exterior de la ciudad. El culto al consumo, una terciarización de la ciudad desajustada con la base productiva, y el creciente retroceso de las conquistas sociales, por ejemplo en materia de vivienda por su continuo encarecimiento, son los aspectos más negativos de esta etapa.
Paralelamente, en esta etapa, destacan la nueva monumentalidad de los grandes equipamientos, el urbanismo ligado a la burocracia de las capitales autonómicas, la recuperación de los centros históricos (planes Urban financiados por la Unión Europea) o las iniciativas de embellecimiento urbano. Los polígonos residenciales de viviendas en bloque mejoran de calidad y se suelen ver acompañados de espacios verdes y servicios sociales y grandes superficies comerciales. La llegada de la universidad a todas las ciudades grandes y medias españolas de un modo u otro es un nuevo impulso al urbanismo de grandes superficies; otras ciudades optan por la construcción de parques temáticos o ciudades de la ciencia. Por último, destaca la Ley de Patrimonio Histórico, de 1985, cuyo objetivo era la recuperación y rehabilitación de los centros históricos y ensanches decimonónicos y de principios del siglo XX. Así, se ponen de nuevo en valor espacios públicos y construcciones singulares, se dinamiza el mercado de la vivienda y se recuperan actividades económicas en estas áreas de la ciudad. Pero ello debe convivir con la nueva pobreza y los guetos de inmigrados y los problemas de convivencia en las nuevas zonas de