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Este documento aborda el concepto de género gramatical y su relación con el género natural, explorando cómo las palabras tienen género y cómo esto afecta a la sociedad y el lenguaje. Se analizan los aspectos semánticos y morfológicos del género, las interferencias entre el género gramatical y las desigualdades sociales, y las excepciones en la formación del género. Se incluyen ejemplos de sustantivos comunes y su diferencia de género.
Tipo: Apuntes
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En el estudio del género cobra especial relevancia el referente al que alude al sustantivo, si es una realidad animada o no animada. Esta primera división justifica diferencias en los recursos lingüísticos empleados para formar el masculino o el femenino y la información que aportan en cada caso. Aspectos como el sexismo lingüístico nos permitirán comprobar que, a pesar de los límites establecidos, se producen interferencias entre el género gramatical y las relaciones de desigualdad entre hombres y mujeres que se producen en la sociedad.
1. Género gramatical y género natural.
El carácter sexuado del referente afecta al estudio del género gramatical, pero hay que establecer con claridad los límites de cada aspecto. El diccionario nos explica las diferencias entre ellos.
DRAE
Género 7. m. Gram. Clase a la que pertenece un nombre sustantivo o un pronombre por el hecho de concertar con él una forma y, generalmente solo una, de la flexión del adjetivo y del pronombre. En las lenguas indoeuropeas estas formas son tres en determinados adjetivos y pronombres: masculina, femenina y neutra.
8. m. Gram. Cada una de estas formas. 9. m. Gram. Forma por la que se distinguen algunas veces los nombres sustantivos según pertenezcan a una u otra de las tres clases. Sexo sexo.(Del lat. sexus). 1. m. Condición orgánica, masculina o femenina, de los animales y las plantas. 2. m. Conjunto de seres pertenecientes a un mismo sexo. Sexo masculino, femenino.
DPD
Género.: Esta palabra tiene en español los sentidos generales de 'conjunto de seres u objetos establecido en función de características comunes' y 'clase o es tilo': «El citado autor [...] ha clasificado los anuncios por géneros» (Díaz Radio [Esp. 1992]); «Ese género de vida puede incluso agredir a su salud mental» (Grande Fábula [Esp. 1991]). En gramática significa 'propiedad de los sustantivos y de algunos pronombres por la cual se clasifican en masculinos, femeninos y, en algunas lenguas, también en neutros': «El pronombre él, por ejemplo, indica género masculino» (Casares Lexicografía [Esp.1950]). Para designar la condición orgánica, biológica, por la cual los seres vivos son masculinos o femeninos, debe emplearse el término sexo:«En el mismo estudio, las personas de sexo femenino adoptaban una conducta diferente» (Barrera/Kerdel Adolescente [Ven. 1976]). Por tanto, las palabras tienen género (y no sexo), mientras que los seres vivos tienen sexo (y no género). No obstante, en los años setenta del siglo xx, con el auge de los estudios feministas, se comenzó a utilizar en el mundo anglosajón el término género (ingl. gender) con un sentido técnico específico, que se ha extendido a otras lenguas, entre ellas el español. Así pues, en la teoría feminista, mientras con la voz sexo se designa una categoría meramente orgánica, biológica, con el término género se alude a una categoría sociocultural que implica diferencias o desigualdades de índole social, económica, política, laboral, etc. Es en este sentido en el que cabe interpretar expresiones como estudios de género, discriminación de género, violencia de género, etc.
Dentro del ámbito específico de los estudios sociológicos, esta distinción puede resultar útil e, incluso, necesaria. Es inadmisible, sin embargo, el empleo de la palabra género sin este sentido técnico preciso, como mero sinónimo de sexo, según se ve en los ejemplos siguientes: «El sistema justo sería aquel que no asigna premios ni castigos en razón de criterios moralmente irrelevantes (la raza, la clase social, el género de cada persona)» (País@[Esp.] 28.11.02); «Los mandos medios de las compañías suelen ver como sus propios ingresos dependen en gran medida de la diversidad étnica y de género que se da en su plantilla» (Mundo [Esp.] 15.1.95); en ambos casos debió decirse sexo, y no género. Para las expresiones discriminación de género y violencia de género existen alternativas como discriminación o violencia por razón de sexo, discriminación o violencia contra las mujeres,violencia doméstica, violencia de pareja o similares.
El género gramatical es una propiedad que poseen los sustantivos y los pronombres , y que tiene efectos en la concordancia con los otros elementos que intervienen dentro del sintagma nominal: los presentadores (artículos, demostrativos, posesivos y cuantificadores) y los adjetivos ( el chico listo; esta casa encantada; nuestras propiedades valiosas; muchas inquietudes insatisfechas ). También se establecen relaciones de concordancia de género (y número) entre el sujeto y el atributo ( los niños están cansados ) y entre el sujeto y el complemento predicativo (estructura intermedia donde el verbo tiene valor predicativo pero sintácticamente funciona como un atributo, con lo que el complemento verbal concuerda en género y número con el sujeto: los niños llegaron cansados ).
En español se distingue entre género masculino, femenino y neutro. Para los sustantivos solo operan los dos primeros. El género neutro solamente se da en los pronombres: esto, ello, lo ... No obstante, no faltan los que piensan que este último es una variante del género masculino, pues carece de una identidad morfológica propia. En realidad, la concordancia gramatical se produce en masculino: esto es complicado; lo que dices es arriesgado.
Como se ha expuesto arriba, el sexo es una cualidad biológica que poseen los seres vivos. Por tanto, se trata de una característica que define al referente, a la realidad aludida, y no a las palabras. Aunque el DRAE emplee la denominación sexo masculino y femenino , deberíamos mantener tal distinción para el género gramatical ( masculino y femenino ) y dejar para la diferenciación de sexos las denominaciones de hombre / mujer , en el caso de seres humanos, o de macho / hembra , en el caso de animales.
En función del referente representado en el sustantivo, estos se dividen en animados e inanimados. Los primeros aluden a un ser sexuado, y los segundos al resto de los referentes. Un caso especial lo constituyen las plantas que tienen sexualidad, las cuales entrarían dentro de los sustantivos animados.
Sustantivos animados: el niño, el payaso, el albañil, el águila, la culebra, el lobo...
Sustantivos no animados: la mesa, el peine, la silla, el árbol, el matorral, la rama...
Plantas con sexo: espárrago macho / hembra; palmera macho / hembra; datilera macho / hembra; sauce macho / hembra ... (RAE 2009: 11.8.B.)
1.1. Género: aspectos semánticos y morfológicos.
Una vez que hemos establecido la diferencia entre el género gramatical y el sexo, cabe señalar que en el tratamiento del género se manejan y se combinan dos criterios principales: la significación o la semántica del término y la terminación o morfología del sustantivo.
En lo que respecta a la semántica cabe decir que hay sustantivos en los que el masculino y el femenino se asocian a un valor semántico estable, lo que se denomina motivación semántica : diferencia de sexo del referente ( el niño / la niña; el / la periodista ...), diferencias de tamaño o de forma ( el cesto / la cesta; el cuchillo / la cuchilla ...), diferencia árbol-fruta ( el ciruelo / la ciruela, el manzano / la manzana ...).
De este modo, la motivación semántica del género puede afectar tanto a los sustantivos animados como a los inanimados, aunque es más frecuente en los primeros. Además, como se ha dicho, las significaciones pueden ser variadas y no necesariamente tienen que asociarse a la diferencia de sexos. Esto último ni siquiera se cumple siempre en el caso de los sustantivos animados. Es decir, aunque es frecuente que en este caso la distinción masculinofemenino aluda a la diferencia de sexo del referente ( gato / gata, hombre / mujer ...), es preciso señalar también la existencia de un grupo de sustantivos animados, los denominados epicenos , en los que el género no indica el sexo del referente ( el cuervo; el bebé; la persona; la víctima ...). De los sustantivos epicenos señalados, los dos primeros tienen género gramatical masculino y los otros dos género femenino.
Sin embargo, todos ellos pueden tener un referente varón o hembra, en el caso de los animales; o referirse a un hombre o una mujer, en el caso de los que señalan seres humanos. La lengua se vale de diversas estrategias para diferenciar referentes ( cuervo macho / hembra; la víctima es un hombre de 40 años ).
En los sustantivos inanimados la motivación semántica, cuando existe, es menos estable y se produce una mayor diversidad ( el cesto / la cesta; el canasto / la canasta; el manzano / la manzana ...).
2.1.3. Género por heteronimia.
La marca de género en sustantivos sexuados puede ponerse de manifiesto en el lexema. Esto es, el femenino y el masculino están constituidos por raíces distintas, por palabras diferentes ( hombre / mujer; padre / madre; yerno / nuera ...).
2.1.4. Sustantivos comunes en cuanto al género.
La Academia prefiere las denominaciones sustantivos comunes y ambiguos en cuanto al género en lugar de sustantivos de género común o ambiguo. Esta última opción, según los académicos, puede llevar a la conclusión de nuevas subdivisiones genéricas al mismo nivel que el masculino, el femenino y el neutro.
Hay casos en los que el sustantivo permanece invariable y la diferencia de género viene señalada por el artículo (masculino o femenino). La Academia llama a estos nombres comunes en cuanto al género ( el/la testigo; el/la artista ...).
Se pueden hacer algunas apreciaciones en cuanto a la terminación de este grupo de sustantivos:
A) Se engloban aquí muchos sustantivos de persona acabados en - a , generalmente de procedencia griega (c olega, atleta, poeta, demócrata, espía, homicida, logopeda, pediatra... ).
Sin embargo, presentan heteronimia patriarca y matriarca.
· Autodidacta y políglota son comunes en cuanto al género, pero también, según apuntan los académicos, es posible documentar usos en los que la diferencia masculino-femenino se establece mediante la morfología - o /- a : autodidacto y polígloto.
· La forma poeta también admite la variante femenina en poetisa. No obstante, esta última es rechazada por muchas integrantes del gremio, pues, según argumentan, poetisa tiene asociadas frecuentemente connotaciones de 'poeta menor'. A pesar de esta información, tomada de las gramáticas, los datos del uso periodístico demuestran que ambas variantes entran en estrecha competencia y que poetisa no es una forma rechazada en el uso (cfr. Santana en prensa).
B) También constituyen un grupo numeroso los nombres de persona acabados en el sufijo - ista ( artista, trapecista, equilibrista, periodista, dentista, automovilista ...).
C) Gran parte de los sustantivos de persona acabados en - e ( detective, cadete, amanuense, cofrade, cómplice, conserje ...).
Sin embargo, hay otros sustantivos acabados en - e que admiten variación en - a ( jefe/jefa, infante/infanta ...).
D) Muchos sustantivos de persona acabados en - ante y - ente ( aspirante, cantante, concursante, escribiente, donante ...).
Pero hay sustantivos de este tipo, especialmente los que tienen mayor uso, que han ido evolucionando hacia una formación del femenino en - a ( cliente / clienta; dependiente / dependienta; presidente / presidenta; sirviente / sirvienta ...).
Hay casos en los que el femenino está más especializado que el masculino. Así sucede con la pareja asistente / asistenta. El femenino alude a 'empleada del hogar'. Sin embargo, para la profesión asistente social , que requiere mayor cualificación, se emplea principalmente asistente social , aunque asistenta social , explican los académicos, se va extendiendo poco a poco. Así lo hemos podido comprobar recientemente en la práctica periodística (cfr. Santana en prensa), donde el femenino marcado por moción presenta unos porcentajes de uso bastante similares a la variante común en cuanto al género.
Además, los datos tomados de la prensa apuntan a la preferencia de la asistente cuando se trata de una mujer que realiza tareas de asistencia o ayuda en ámbitos con cierto reconocimiento o prestigio (la administración, personajes famosos que cuentan con una persona que se ocupa de la gestión de sus cuentas, de su agenda, de su preparación física...), mientras que en entornos que exigen menos cualificación o menos valorados por la sociedad (ayuda a ancianos, a personas con discapacidad...) se está extendiendo el femenino marcado asistenta.
¿Podríamos decir que se trata de un caso de sexismo lingüístico? Reflexionaremos más adelante sobre este fenómeno.
E) Sustantivos referidos a personas acabados en - o ( contralto, metomentodo, modelo, soprano, testigo, jurado ...).
F) Sustantivos referidos a personas agudos terminados en - ar y - er ( auxiliar, canciller, bachiller, titular, mercader ...).
Canciller es un término que puede suscitar cierta polémica, debido a la mayor frecuencia de aparición en los últimos años en su variante femenina, por la figura de la canciller alemana Angela Merkel. Este incremento en el uso podría haber favorecido el femenino en - a , de momento rechazado por la Academia.
G) Muchos sustantivos referidos a personas terminados en - l ( comensal, corresponsal, profesional, oficial ...). Pero colegial/colegiala; español/española ...
No obstante, dentro de este grupo hay una serie de profesiones que actualmente presentan variación en los medios entre su uso como sustantivo común en cuanto al género y el femenino en - a ( fiscal / fiscala ; concejal /concejala; bedel / bedela ...).
2.1.5. Sustantivos epicenos.
Llamaremos epicenos a aquellos sustantivos de un solo género que designan seres animados sin especificar su sexo. Es decir, estos nombres no tienen ninguna marca formal para identificar al sexo del referente , aunque sí pertenecen a un género gramatical específico ( cebra, culebra, rata, sapo, tiburón, bebé, víctima, miembro ...).
Por tanto, el género gramatical no tiene en estos casos motivación semántica. Se trata de un grupo de sustantivos que destacan por constituir una excepción dentro de los sustantivos animados, los cuales generalmente establecen una conexión entre el género gramatical y el sexo del referente.
La mayoría de los nombres epicenos designan animales, aunque hay también algunos casos que se refieren a personas. Ambos grupos acuden a estrategias distintas para señalar en el discurso el sexo del referente.
· Los referidos a animales Para diferenciar entre los integrantes de la pareja hay que añadir información léxica, es decir, hay que señalar si se trata de macho o de hembra. De este modo: gorila macho / gorila hembra; hormiga macho / hormiga hembra ...
· Los que tienen un referente más amplio Estos vocablos solo permiten la identificación del referente, si se trata de un hombre o una mujer, por el contexto : criatura, vástago, persona, víctima, bebé , vejestorio ...
Lo que no podemos olvidar es que el rasgo epiceno tiene que ver con su significación y con su referente. No es un género gramatical. La concordancia con los elementos del SN y con el atributo viene determinada por el género gramatical del sustantivo y no por el referente al que aluden. Según esto, a modo de ejemplo, tiburón es masculino, ardilla es femenino y víctima es femenino. Por tanto, diremos: el tiburón hembra está hambriento [* hambrienta ]; la ardilla macho es muy avispada [* avispado ]; y la víctima, un hombre de 40 años, estaba muy asustada [* asustado ].
Dado que, como se ha dicho, los sustantivos epicenos constituyen un grupo con unas características muy particulares, es normal que en algunos de ellos se empleen también otras estrategias para distinguir el sexo del referente: en unos casos se convierten en sustantivos comunes en cuanto al género y en otros diferencian género gramatical femenino (y consecuentemente el sexo del referente) mediante la terminación - a.
2.2. Sustantivos no animados.
La mayoría de los sustantivos no animados carecen de variación masculino - femenino. En ellos el género viene determinado por causas diversas, entre ellas las etimológicas ( nación, emoción : sustantivos procedentes del sufijo latino - tione han dado lugar a formas femeninas; calvicie : sustantivos procedentes del sufijo latino - ties han derivado en formas femeninas, entre otros). Cuando son palabras procedentes de otras lenguas pueden adquirir un género en el uso tras su inclusión en nuestra lengua ( el software ) o mantienen el género de su traducción en nuestra lengua ( el mouse o ratón, el input o dato ), etc. 2.2.1. No diferencian masculino / femenino.
Es normal que en los sustantivos referidos a cosas no haya oposición de género, esto es, que el término sea masculino o femenino. Aunque los sustantivos terminados en - o puedan ser de género masculino y los terminados en
2.2.1.1. Masculinos en -a: Son más frecuentes los masculinos en - a que los femeninos en - o. Las principales causas de que tales formas tengan este género son:
2.2.1.2. Femeninos en -o:
2.2.1.3. Distribución del género según la terminación del sustantivo. En los sustantivos no sexuados el género es más difícil de determinar porque es una convención. Se trata de una cuestión etimológica. Veamos las tendencias generales y algunos casos conflictivos:
· Son masculinos: 1) La mayoría de los sustantivos terminados en - e como vinagre, aceite, alambre ... aunque son numerosas las excepciones: clase, barbarie, noche, fiebre ... Hay algunos casos de femeninos terminados en - e que, quizá por su escasez, provocan confusión: índole, mugre, apócope, hemorroide, hambre.
Frente a la consideración de vislumbre (reflejo de la luz, o tenue resplandor, por la distancia de ella) en el DRAE 1992 como femenino, en la edición de 2001 se considera un sustantivo ambiguo en cuanto al género, esto es, que puede decirse tanto un vislumbre como una vislumbre.
2) La mayoría de los sustantivos terminados en - l ( arenal, puñal, vendaval ...), aunque hay algunas excepciones como cal, credencial, piel, sal, miel ...
3) Muchos de los sustantivos terminados en - n ( camión, gorrión, centurión ), aunque son muchas las excepciones. Hay algunos casos conflictivos como sartén, salazón, trabazón, comezón y sinrazón.
Aunque haya quien los utilice en masculino, son femeninos.
4) La mayoría de los sustantivos terminados en - s (el pus , el apocalipsis, el lunes... ), aunque hay excepciones como elipsis, tesis, paráfrasis. Parálisis y apófosis se emplean a menudo incorrectamente como masculinos (* un parálisis / *el apófisis ).
· Son femeninos:
1) Una gran cantidad de sustantivos terminados en - a ( mesa, silla, puerta, ventana... ). Sin embargo, hay muchos nombres de origen griego terminados en - ma que son de género masculino ( poema, anagrama, sofisma, teorema... ).
_ Antípoda:_* generalmente se emplea en masculino y plural, aunque también puede utilizarse en femenino plural como locución adverbial: en las antípodas.
2.2.1.4. Distribución de género según pertenencia a un grupo semántico de palabras.
Como ya se ha dicho, resulta difícil asociar los sustantivos inanimados a un género gramatical específico. De todos modos, se aprecian ciertas tendencias dependiendo de la pertenencia del sustantivo a un grupo de palabras. Es el caso de los sustantivos asociados a una clase semántica :
· Son masculinos los nombres de los días, los meses, los años y los siglos ( un lunes ajetreado; un año patético ...).
· Son masculinos los nombres de los colores y de las notas musicales ( azul eléctrico; el do desafinado ...).
· Son femeninos los nombres de las letras del alfabeto y de las horas ( la eme; llegó a las cinco ...).
2.2.2. Diferencian masculino / femenino.
2.2.2.1. Sustantivos ambiguos en cuanto al género
Son ambiguos en cuanto al género aquellos sustantivos que con una misma forma pueden ser masculino y femenino. Es importante destacar que no se producen diferencias de significado, el referente es el mismo ( el azúcar / la azúcar; el mar / la mar; el color / la color ...).
Aunque, como se ha señalado, no hay diferencias de significado, sin embargo sí se dan una serie de informaciones (de carácter sociolingüístico, geográfico, de registro, cultural...) que se asocian al uso del masculino y del femenino en estos sustantivos.
Usos cultos ( el azúcar ) frente a más populares ( la azúcar ). Pero la fluctuación entre azúcar ( blanco/blanca ; moreno/morena ), aunque se mantenga el artículo el , parece estar sometida a criterios geográficos más que diastráticos.
Usos dentro de un ámbito profesional (hay zonas en las que entre los marineros es más frecuente emplear la mar , y también entre los poetas) frente a uso más general ( el mar ).
El color es un uso más actual y general y la color es un uso más arcaico y de carácter literario.
Fijémonos en algunos casos particulares que pueden plantear problemas en el uso: El mar / la mar El femenino es más frecuente entre personas del gremio marinero y entre los poetas. Eso explica que se emplee este género gramatical en construcciones relacionadas más directamente con esta profesión: mar rizada, alta mar, hacerse a la mar ...
Por lo que respecta a las expresiones o frases hechas , se pueden encontrar casos con femenino ( pelillos a la mar 'olvido de agravios y restablecimiento de trato amistoso', la mar de 'mucho de') y con masculino ( hecho un mar de lágrimas , un mar de dudas ).
Por otro lado, la diferencia de número, singular/plural , sirve para discriminar el empleo en masculino o en femenino: e l/la mar , pero los mares.
El arte / las bellas artes En este caso la distribución por géneros guarda relación con la división entre singular y plural del siguiente modo: masculino para el singular ( el arte románico, bailar con mucho arte ) y femenino para el plural ( las artes marciales ). No obstante, hay casos de empleo del femenino en singular. Son expresiones que vienen fijadas desde la antigüedad y que se han conservado así en el castellano actual ( el arte amatoria, el arte poética ).
1) Sustantivo contable / no contable: leño / leña; madero / madera
2) Relación metafórica: el cabezo / la cabeza; el cometa / la cometa
3) Diferencias de dimensión: el bolso / la bolsa; el barco / la barca
4) Diferencias en la valoración: el palabro / la palabra; el papel / la papela
5) Diferencias en la forma y en la utilidad: el canasto / la canasta; el jarro / la jarra
6) Diferencias árbol / fruta: el manzano / la manzana; el naranjo / la naranja
2.2.2.3. Cambio de género y no motivación semántica. (Homonimia)
Aquí se sitúan aquellos sustantivos referidos a seres no animados donde el masculino y el femenino aluden a referentes distintos. No hay conexión semántica entre ellos. La forma del sustantivo no varía, solo lo hace el artículo ( el corte / la corte; el capital / la capital; el coma / la coma ...).
Aquí se sitúan también aquellos pares de sustantivos no animados en los que se aprecia coincidencia en su forma, excepto en la terminación en - o / - a. Sin embargo, no se trata de una terminación morfológica que aluda al género masculino y femenino, sino que la coincidencia es fortuita. Ambos términos aluden a realidades completamente diferentes y sin conexiones semánticas entre ellos ( libro/libra; caso/casa ...).
3. Un caso especial: el género en sustantivos referidos a cargos, títulos o profesiones ejercidos por mujeres.
Con la incorporación de la mujer al mundo laboral, se han ido feminizando los nombres de algunas profesiones. Los cambios en la sociedad han favorecido enormemente este proceso. Concretamente, se aprecia el paso del epiceno ( el médico para referirse tanto al hombre o a la mujer que ejerce la profesión), al sustantivo común en cuanto al género, en los que el artículo sirve para diferenciar el sexo del referente ( el / la médico ), hasta la feminización de la denominación de la profesión mediante la terminación morfológica ( médico / médica ). No obstante, a menudo no hay una solución única, sino que se percibe una situación de variación. En este sentido, se produce un pulso constante entre las propuestas académicas y el uso que los hablantes hacen de los femeninos que van surgiendo. Este fenómeno se viene observando ya desde hace varias décadas, y se refleja en los medios de comunicación ( la bedela/la bedel; la edila/la edil; la fiscala/la fiscal; la médica/la médico ...). Así lo señala De Andrés (1999): A lo largo de los dos últimos años he comprobado cómo se ha generalizado en la prensa, la radio y la televisión el procedimiento de la feminización de las profesiones inherentes a la vida política: ministra, primera ministra, viceministra, secretaria de Estado, subsecretaria, directora general, diputada, senadora, alcaldesa, delegada del Gobierno, etc.; así como igualmente los femeninos plurales correspondientes.
Este fenómeno obedece sin la menor duda a la realidad de la presencia creciente de mujeres en el mundo de la política, y al convencimiento generalizado, salvo contadas excepciones, de que esta solución, la dotación de terminación femenina para las profesiones ejercidas por mujeres, es la más adecuada y justa. En el actual gobierno de José María Aznar hay cuatro mujeres ejerciendo cargo de ministras; curiosamente solo una de ellas, Loyola de Palacio, de Agricultura, durante el acto solemne de la jura el 6 de mayo de 1996 eligió el masculino "ministro".
Conviene además recordar que por otra parte sigue vivo, simultáneamente, el procedimiento de la comunicación (el ministro / la ministro), aunque es raro ahora mismo encontrar en los medios esa antigua solución: la ministro de Justicia, Margarita Mariscal de Gante (dos veces, en la p. 3 de Local del periódico CHAMARTÍN, 13 de noviembre de 1996).
Esta solución era la habitual en otras épocas, por ejemplo, en la era Tatcher, a la que los periódicos españoles denominaban la primer ministro o bien la primera ministro.
Concejal plantea muy frecuentes titubeos. Por ejemplo, en EL PAÍS del 28 de enero de 1998 aparecen dos esquelas en la misma página, con motivo del fallecimiento de una conocida política; pues bien, en una de ellas, tras el nombre, aparece el cargo, CONCEJAL, y en la otra, CONCEJALA
SOCIALISTA.
En el ámbito de la justicia, es frecuente el femenino la magistrada, que curiosamente alterna con la magistrado en una noticia publicada en ABC el 6 de diciembre de 1995 (SUCESOS, p. 79). La juez y las jueces continúan siendo preferidas en nuestros periódicos, a pesar de que jueza está admitida en el diccionario de la Academia; si bien en la radio es frecuente oír la jueza y también su plural las juezas, que igualmente aparece, en este caso por escrito, dos veces en EL PAÍS del sábado 7 de febrero de 1998 (p. 52/ ECONOMÍA). Incluso hemos oído un clarísimo la fiscalaMárquez de Prado en la SER (7 de mayo de 1997, a las 8.45), en boca de Javier Pérez Royo.
Es curioso observar lo que está pasando con profesiones en las que la mujer carece todavía de tradición: los titubeos son habituales. Iñaki Gabilondo, en la SER, en la mañana del 25 de diciembre de 1995, habla por teléfono con una joven destinada como soldado en Bosnia; dice primero el soldado María Jesús, y poco después la soldado.
También se oyó en una emisora de radio, el día 8 de abril de 1996, la soldada, tras un accidente de tráfico en Bosnia. Más reciente es el caso de "Una cabo profesional muere al estallar la granada que desactivaba" en titular, y luego se repite el común la cabo profesional (ABC, martes 27- 1 - 98). A raíz del conflicto que tuvo lugar durante el verano de 1997, con motivo del Alarde de San Marcial de Irún (Guipúzcoa), varios periódicos escriben sobre lasmujeres-soldado. Y en EL MUNDO, el martes 23 de septiembre de 1997, p. 18 de INTERNACIONAL, bajo una foto que muestra un nutrido grupo de mujeres iraníes, se escribe: «En la parada participaron mujeres soldado, ataviadas con chadores y fusiles kalashnikov, como se aprecia en la imagen».
Sacristana es femenino que ha existido tradicionalmente en nuestra lengua; lo que se ha producido es un cambio semántico, que obedece a un cambio real en las costumbres, pues de significar 'mujer del sacristán' o bien 'religiosa destinada en su convento a cuidar de las cosas de la sacristía y dar lo necesario para el servicio de la iglesia', como dice el diccionario académico (1992), ha pasado a significar 'la que en las iglesias tiene a su cargo ayudar al sacerdote en el servicio del altar y cuidar de los ornamentos y de la limpieza y aseo de la iglesia y sacristía', acepción que todavía no ha recogido la Academia. El cambio se ha producido por la falta de hombres dispuestos a dedicarse a estas tareas, como muy bien explican en EL MUNDO del viernes 10 de abril de 1998 en un artículo firmado por Alejandra Yáñez y Lola Fernández, y titulado «Las sacristanas toman el mando de las parroquias».
Obispo y sacerdote presentan resistencia a la feminización. En octubre de 1997, con motivo de la ordenación de la primera mujer obispo en Suecia (por la Iglesia luterana), las noticias hablan de mujer ordenada obispo y que se ordenó sacerdote en 1967.
Ya antes, el 4 de enero de 1996, un lector, Miquel Noguer i Auladell, de Bescanó, Girona, escribía una carta al director de EL PAÍS, lamentando que «el Vaticano ha decretado la prohibición definitiva [...] para que las mujeres no puedan ser sacerdotas católicas». Lázaro Carreter (1997, 611 - 612) rechazaba, en un artículo de 1992, las soluciones sacerdotesa, sacerdotisa y sacerdota: la primera, por parecerle poco convincente; la segunda, por remitir a "un ámbito no cristiano, grecorromano o decididamente exótico"; y la tercera, por carecer sacerdote del sufijo - ote/-ota, ya que deriva del acusativo sacerdotem. Aunque tampoco le convence, nos parece que acaba resignándose a la solución la sacerdote; acaso su resignación se refiere más a la realidad social de la existencia de mujeres en tales oficios que a la cuestión meramente lingüística, como parece deducirse de sus propias palabras: «Y aún he visto sugerir a un eminente lingüista [...] la posibilidad de formar sacerdotesa (en italiano existe sacerdotessa equivalente a nuestra sacerdotisa), que entraría en línea con abadesa, prioresa, alcaldesa y cien más que a cualquiera se le ocurren. Es posibilidad para mí menos convincente que, aunque me convenza poco, la sacerdote, pero, en fin, ahí queda» (p. 612). Más reciente es el caso de Gertraud Knoll, primera mujer obispo de Austria, dispuesta a presentarse a las elecciones para la presidencia de su país; en EL PAÍS, el sábado 28 de febrero de 1998, se refieren a ella como la obispo protestante, la obispo y la primera mujer obispo en Austria.
Los datos más recientes (cfr. Santana 2013) tomados de la prensa demuestran que mientras que en algunas profesiones solo se documenta la moción en - a ( abogada, magistrada ) y en otras la determinación del femenino mediante el artículo ( la edil, la fiscal, la perito ), en la mayoría de los casos se da una situación de variación entre ambos recursos, en unos casos con preferencia por la terminación en - a ( arquitecta, ingeniera, jefa ) y en otros por la variante común en cuanto al género ( la árbitro, la asistente, la concejal, la juez, la médico y la poeta ).
En ocasiones el retroceso de la feminización de la profesión encuentra una explicación en factores de carácter lingüístico, cultural, dialectal, sociolingüístico e, incluso, relacionados con las preferencias de los colectivos profesionales.
Desde un punto de vista lingüístico , se pueden dar resultados homófonos entre el cargo ejercido por una mujer y algún instrumento o el nombre mismo de la disciplina que ejerce ( segadora, física, química, música ...).
En el plano cultural , los nombres de profesiones de mujeres se pueden asociar a la denominación de la esposa del hombre que ejercía el cargo ( generala, presidenta, alcaldesa ...). Estos usos forman parte de nuestra tradición, pero no se corresponden con la significación que tales vocablos tienen en la actualidad.
El DRAE sigue manteniendo muchas de estas acepciones, ocasionando las críticas de los sectores feministas. En la edición de 2001 los académicos advierten por primera vez que son acepciones coloquiales y de poco uso. Este fenómeno es especialmente significativo en la designación de los grados de la escala militar. En estos casos la Academia recomienda el uso de los sustantivos comunes en cuanto al género ( la sargento, la teniente, la almirante, la militar ...).
En ocasiones el femenino ha adquirido connotaciones de carácter peyorativo , lo que contribuye al desuso de estas formas para denominar la profesión ejercida por la mujer ( sargenta 'mandona', azafata 'camarera de vuelo' se prefiere auxiliar de vuelo ) , socia, individua, bachillera ('denominación peyorativa en sus orígenes en el siglo XVIII para designar a las mujeres que querían estudiar'...).
químico, filólogo ... Según esto, hay que entender que la Academia admite que se diga: Pepa es ingeniero, médico, abogado..., pero no sería correcto decir: * Pepa es filólogo, físico, químico, geógrafo, matemático, mandatario ... La aceptación de unas variantes y el rechazo de otras, aun teniendo la misma morfología, se debe a su mayor o menor extensión entre los hablantes cultos.
Si bien la feminización de las formas cuyo masculino termina en - o parece bastante probable (salvo excepciones como piloto o testigo , entre otros), cuando el término termina en consonante se producen más vacilaciones en el uso. Hay formas cuyo femenino está plenamente asentado en nuestra lengua y no sería posible emplear la moción solamente en el artículo ( doctora, locutora, profesora ...). En otros casos la Academia defiende la forma común en cuanto al género ( la juez, la concejal, la fiscal, la capataz ...), aunque admite también la variante por moción, dada su extensión en el uso ( jueza, concejala, fiscala, capataza ...).
En un tercer bloque situaríamos aquellas voces que, quizá debido a su poca extensión entre los hablantes, no cuentan todavía con una variante feminizada (* albañila, *industriala, *corresponsala, *profesionala ...).
Destacan algunos casos como albañil u oficial donde los académicos indican que es un sustantivo masculino y los definen en los siguientes términos: 'maestro u oficial de albañilería' y 'en un oficio manual, operario que ha terminado el aprendizaje y no es maestro todavía'. A este respecto cabe decir que si no está extendida la profesión en la sociedad, difícilmente se propagará su denominación entre los usuarios de la lengua. Por esta razón, no parece el camino más acertado la propuesta de algunos colectivos que proponen términos feminizados como el primer paso para que se inserten en nuestra lengua.
El Instituto de la Mujer propone usar 'albañila', 'estudianta' o 'bedela'
Pide la eliminación del masculino genérico, "ladrillo simbólico del patriarcado" SERVIMEDIA29- 11 - 2006
El Instituto de la Mujer presentó hoy el libro "Las profesiones de la A a la Z" y el programa 'nombra.en.red', con los que pretende "abrir un horizonte nuevo" para fomentar un uso no sexista de la lengua. Entre otras palabras, propone que se reconozcan 'albañila', 'estudianta', 'bachillera', 'bedela' o 'elaboradora', entre otras. Durante la presentación en rueda de prensa de esta iniciativa, la directora general del Instituto de la Mujer, Rosa María Peris, denunció la existencia de formas lingüísticas que "denigran a la mujer", así como de una tendencia "antropocéntrica" que se difunde, según explicó, desde la propia Real Academia Española (RAE).
Por lo que respecta a los femeninos de las palabras que acaban en - ante , - iente , hay que hacer la diferencia entre los que son comunes en cuanto al género ( la estudiante, la paciente ...) y los que diferencian masculino y femenino por moción ( clienta, dependienta ...) (cfr. Gómez Torrego 2006: 104-105). En ocasiones el femenino aporta una significación particular, más especializada que el masculino. Es el caso de acompañanta o de asistenta. Así se aprecia cuando comparamos las definiciones que aporta el DRAE para el masculino y para el femenino.
Acompañante: 1. adj. Que acompaña. U.m.c.s.
Acompañanta: 1. f. Mujer que acompaña a otra, generalmente como señora de compañía. / 2. Mús. La que ejecuta el acompañamiento musical.
Asistente: 4. com. Persona que, en cualquier oficio o función, realiza labores de asistencia.
Asistenta: 1. Mujer que sirve como criada en casa sin residir en ella y que cobra generalmente por horas.
Quilis (2010) denomina a estos términos ortónimos : Se trata de voces cuyo género delata una profesión ejercida solamente por uno de los sexos, sin que sea posible la variación con el otro género, salvo que se produzca cambio semántico ( nodriza, fraile, imán, capellán, donjuán ...).
4. Sexismo lingüístico y usos políticamente correctos.
El sexismo lingüístico se ocupa de analizar cómo la lengua pone de manifiesto aspectos discriminatorios hacia la figura de la mujer. En palabras de Grace (1987:700): El término, sexismo lingüístico, se refiere a la manera en que se usa el lenguaje para reflejar y mantener el dominio y la desigualdad del hombre sobre la mujer. Esto no es instintivo, sino que es aprendido en la sociedad y determinado por la sociedad.
Las cuestiones relativas al sexismo no solamente han sido estudiadas desde la óptica de la lingüística, sino que alcanzan otros ámbitos como el de la psicología, la sociología,la educación y la política. Desde la escuela se intenta fomentar en los niños valores y actitudes asociados a la igualdad entre sexos.
En lo que respecta al plano lingüístico, se perciben dos posturas encontradas. Por un lado existe la creencia de que la forma de la lengua no influye en la condición que la mujer tenga en la sociedad y, por tanto, no contribuye a su cambio. Por otro lado, existen estudiosos que piensan que los aspectos sexistas de las lenguas contribuyen a reforzar un papel de subordinación y sumisión de la mujer en esa comunidad. Estos últimos opinan que un lenguaje sexista debe ser modificado, para que no influya negativamente en el papel de la mujer en la sociedad.
De Andrés (1999) recoge las palabras de Senabre (ABC, 2- 4 - 1997 "Compañeros y compañeras...") para hacer una crítica a su interpretación de los usos sexistas de la lengua. Senabre se sitúa en el planteamiento de que los hechos lingüísticos no influyen en el comportamiento social de los hablantes, mientras que la autora del artículo opina lo contrario:
·Senabre: ¿Cómo explicar a ese redentor iluminado que el sexismo no está en las palabras, sino en los comportamientos, en los actos de menosprecio, en las crudas desigualdades salariales? ¿Por qué no lucha el valeroso reformador del idioma contra esas situaciones en lugar de propinar inútiles mandobles a los usos lingüísticos?
Acabarán por reclamar denominaciones como «soprana» y «contralta» para luchar contra el sexismo. Pero lo cierto es que esta contienda — necesaria, sin duda— no debe librarse en el terreno del lenguaje, sino en el jurídico y, sobre todo, en el de la realidad cotidiana, donde la presencia de la mujer en muchas actividades de las que antes se encontraba excluida no garantiza en absoluto la ausencia de comportamientos intolerables que burlan la letra y el espíritu de las leyes. Dedicarse a husmear posibles huellas de sexismo en el lenguaje en lugar de hacerlo donde es debido equivale a escurrir el bulto para no aferrar el toro por los cuernos.
· De Andrés: Creo yo, por el contrario, que el sexismo sí está en las palabras; está presente en los hechos, en las realidades cotidianas, en los derechos de los individuos y en las leyes, pero también en el lenguaje, también en las palabras. Y negarlo no va a contribuir a desterrarlo de nuestra sociedad. Otros profesionales deberán luchar contra el sexismo en otros ámbitos; los lingüistas y demás profesionales de la palabra deberemos también denunciar el sexismo lingüístico, y contribuir a corregir los fallos en estos espacios. Tarea nuestra será matizar en qué recursos radica, y cómo evitarlo por procedimientos razonables y no estúpidos, sensatos y eficaces.
El sexismo encuentra su reflejo en diferentes recursos lingüísticos: gramaticales y léxicos. Aquí a nosotros nos interesa destacar que la utilización del epiceno ( Luisa es torero, Luisa es médico ) o del sustantivo común en cuanto al género ( la torero, la médico ) en la designación de profesiones, cargos o títulos ejercidos por mujeres y el empleo del masculino singular o plural como genérico ( el hombre del Renacimiento 'el ser humano'; los alumnos de la Facultad 'alumnos y alumnas') pueden ser considerados rasgos sexistas de la lengua. Hablaremos a continuación de este último fenómeno.
4.1. El masculino como género no marcado.
En español el género no marcado es el masculino, es decir, que puede abarcar a los dos elementos de la pareja, y el género marcado es el femenino. De este modo, el masculino en sustantivos animados puede incluir también al femenino, designa a todos los seres de la especie ( el hombre medieval 'hombres y mujeres'). Esto sucede también con el plural ( los alumnos de la clase 'alumnos y alumnas').
No obstante, el conocimiento del mundo compartido por los interlocutores nos ayuda a comprender que en determinados contextos nos referimos solamente a hombres varones ( Los frailes del convento se reunieron para la oración; Hay estudios que demuestran que los franceses son más machistas que los españoles ).
En el discurso político, en el administrativo y en el periodístico se aprecia una tendencia reciente a construir series coordinadas de sustantivos animados en los dos géneros ( a todos los vecinos y vecinas; la mayor parte de los ciudadanos y de las ciudadanas.. .).
Son los llamados usos políticamente correctos. En realidad, la gramática del español hace innecesarias estas estructuras reduplicativas que solamente contribuyen a dificultar la producción y la recepción de los textos. Quizá no nos demos cuenta de esta dificultad porque generalmente este recurso solamente se utiliza de forma aislada en algún elemento del texto.