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Este documento ofrece una introducción a la filosofía de Friedrich Nietzsche, con énfasis en sus ideas sobre la voluntad de poder, el superhombre y la muerte de Dios. El autor examina cómo la vida y la obra de Nietzsche están marcadas por contraste, enfrentamiento y oposición, y cómo sus obras fundamentales abordan temas como la muerte de Dios, el superhombre, la voluntad de poder y el eterno retorno.
Tipo: Exámenes selectividad
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Si tuviéramos que encontrar una palabra para definir la relación entre la vida y la obra de Nietzsche, tendríamos que hablar necesariamente de contraste, enfrentamiento, oposición. Estos sustantivos reflejan la tensión que existe entre una persona que vive marcada desde muy joven por la enfermedad, y que sin embargo elabora su propia filosofía como una exaltación de la vida. Discordancia tan llamativa como la que se produce en su pensamiento: una de las inteligencias más profundas, claras y desarrolladas de su tiempo es también responsable del irracionalismo más radical que se ha formulado en la historia de la filosofía
El nacimiento de la tragedia. Humano, demasiado humano (1978), Aurora (1881) La gaya ciencia (1882). Así habló Zaratustra. Un libro para todos y para nadie (1883- 1884). Más allá del bien y del mal, preludio de una filosofía del futuro (1886), en la que se propone una crítica de la modernidad. La genealogía de la moral, un escrito polémico (1887). El Anticristo. Maldición contra el cristianismo (1888, pero publicada en 1894). El crepúsculo de los Ídolos o cómo se filosofa con el martillo, escrito en
En sus últimos meses todavía escribió una gran cantidad de aforismos y fragmentos, publicados bajo el título La voluntad de poder en 1901 (edición. corregida y aumentada en 1906).
La tarea filosófica que propone Nietzsche tiene dos vertientes :
a) Una vertiente negativa : de crítica de los principales conceptos de la religión, la filosofía y la moral que tradicionalmente habían servido para explicar el mundo en la cultura occidental.
b) Una vertiente positiva : el intento de comprensión y explicación de la vida como el trasfondo profundo de lo que todo surge. Pero esta explicación, esta desvelación, de la realidad oculta para la cual el filósofo alemán utiliza como método la genealogía, no la hace a través de una exposición sistemática de sus ideas, sino siguiendo el desarrollo de unos temas que van surgiendo a lo largo de su obra, y entre los que pueden considerarse fundamentales los de la muerte de Dios, el superhombre, la voluntad de poder y el eterno retorno.
Nietzsche se caracteriza por ser un pensador vitalista e irracionalista.
II. VITALISMO
Entendido como un sí radical y rotundo a la vida. Basado en lo dionisiaco como concepción o categoría (modo de entender) lo vital.
Lo dionisiaco es la ebria aceptación de la vida, la exaltación desencadenada de los impulsos vitales. Lo dionisíaco busca el desenfreno pasional para lograr lo creativo, lo oscuro. Es en la efervescencia irreverente y desordenada en la exaltación de las pasiones para alcanzar superar las limitaciones que someten la verdadera plenitud humana que se ubica en la irracionalidad humana. Se enfrente a lo apolíneo. Apolo es el dios de la belleza y las formas perfectas, de la medida y la proporción, el dios adivinador y de los sueños que se expresa en las artes espaciales y estáticas (la escultura, la pintura, la arquitectura).
Es admitir que la vida en su esencialidad es producto del azar y del caos. Permitiendo que se viva sin prejuicios, normas, dogmas y reglas
Este vitalismo conduce a la Crítica a cultura occidental que se hace a través de la
La metafísica tradicional ha instaurado un dualismo ontológico al distinguir entre el mundo verdadero de lo permanente, captado por la razón y el mundo aparente de lo cambiante, captado por los sentidos. Como consecuencia de ello:
Puesto que lo que conocemos de este mundo es irreal, debemos buscar en el otro para estar así en posesión de la verdad. Por eso, el filósofo dogmático se dedica a buscar, a “especular”, por encima del movimiento del mundo: lo que sea el ser del mundo no lo podemos estudiar en el torbellino del ir y venir de esta vida, ya que ésta es para él la causa del error.
Árbol», «El Hombre», «La Vida», «La Belleza», etc. Por el contrario, en la realidad sólo existen individuos, que no pueden ser agrupados en ninguna categoría general sin traicionar lo que son.
Para evitar las consecuencias nocivas de esta manera de conceptualizar lo real (que frustra las posibilidades de una vida plena y creativa), Nietzsche propone un lenguaje que fomente y libere la capacidad simbólica de conferir sentido a las cosas. Este lenguaje tiene como base la metáfora.
Nietzsche señala la estrecha relación del lenguaje con la metafísica estática y el conocimiento conceptual. La estructura gramatical de una lengua establece el campo de interpretación y las posibilidades de conceptualización del mundo.
La metáfora es una verdadera perspectiva porque con ella se logra una integración de diversidades mediante el juego de las posibles interpretaciones.
Si nuestra gramática fuese distinta, nuestra forma de entender el mundo sería también distinta. Sólo la superación de la creencia en la gramática puede superar también la concepción típica de la metafísica tradicional.
Nietzsche indaga en el origen y evolución de los conceptos morales, descubriendo que su significado no siempre ha sido el que la moral suele recoger. A través de un estudio etimológico e histórico, Nietzsche llega a esta conclusión: las palabras que en diversas lenguas significan “bueno” significaron originariamente “noble, aristocrático”, un sentido opuesto al significado de “malo”, referido siempre a “vulgar, plebeyo”. Como se ve ambos conceptos no tenían significado moral: habían sido creados por los nobles y poderosos para separarse del pueblo. Sólo con el paso del tiempo, ambas palabras adquieren un significado moral, que lleva a un segundo plano el significado original de estos términos. Los que eran “malos” (los plebeyos, esclavos, débiles) pasan a denominarse “buenos”, mientras que los buenos (poderosos, nobles, aristócratas) son ahora los “malos”. Los judíos fueron, según Nietzsche, los que iniciaron esta transmutación de los valores , que después fue seguida por los cristianos. La religión
estaría, de este modo, en la base de un movimiento tan revolucionario como falseador de los valores originarios.
De este modo, los plebeyos imponen sus valores sobre los nobles. La compasión, el perdón o la caridad (prácticas que sólo tienen sentido entre los débiles) logran que otros valores como la soberbia, la fuerza o la rotunda afirmación de la vida sean despreciados y valorados de un modo negativo. Triunfa así una moral de la mediocridad y el resentimiento, una moral que niega la vida, el impulso y el sentimiento, y que está en el origen de la decadencia y el nihilismo que caracterizan a occidente. Si la moral en que vive el hombre contemporáneo es una negación de la vida, una imposición de la razón, debemos derrumbarla para retomar los sentidos originales de las palabras “bueno” y “malo”. Por eso Nietzsche muestra la esperanza en que un futuro no muy lejano la moral de los nobles ocupe el lugar que le corresponda: surgirá así un nuevo hombre (el superhombre) y se podrá vivir “más allá del bien y del mal”, recobrando aquella inocencia del niño que juega la vida, interpretándola como una obra de arte, llevando a la práctica el mensaje de Zaratustra.
Nietzsche distingue dos tipos de moral:
- Moral de los señores : es una moral caballeresca, propia de los espíritus elevados, la que ama la vida, el poder, la grandeza, el placer. Es la moral propia del superhombre, la del que quiere la muerte de Dios. - Moral de los esclavos : es la inversión de los valores: el dolor, la pequeñez, la humildad, amabilidad, compasión, resignación, paciencia... No crea estos valores, sino que los encuentra en sí mismo, por eso es pasiva. Representa la subversión de los valores que nace con el judaísmo y hereda el cristianismo.
Qué Nietzsche se oponga a la erradicación de los instintos no significa que esté proponiendo la vuelta al salvajismo moral. Su idea más bien pasa por considerar que los instintos que el cristianismo ha intentado extirpar, deben ser encauzados, y utilizados como lo que son, expresión de la vida. Eso significa que es la vida la que debe considerarse el centro desde el que juzgar qué sea realmente bueno y malo. “Bueno” será lo que favorezca la vida, la expanda, la ame, la desee y la quiera, mientras que “malo” se convertirá en todo aquello que la odie, la niegue y, en definitiva, la rechace.
E1 pensamiento resultante es que no hay lugar para Dios en la cultura moderna. Ése es el pensamiento que recoge Nietzsche: por fin, la cultura occidental se ha liberado del peso de Dios.
Significa asimismo que se han subvertido todos los valores de la vieja humanidad para que pueda nacer el superhombre.
Con la muerte de Dios el hombre se libera a sí mismo quitando del medio lo que no le había dejado ser hombre. Con ello se acaba la historia antigua y comienza una nueva historia, la verdadera historia. En ella, el hombre, liberado de mitologías y su- persticiones, se puede convertir en creador de su propio destino, y llegar por fin a ser hombre.
La muerte de Dios es el tema central de la primera parte de Así habló Zaratustra. Con la metáfora de las tres transformaciones explica cómo el espíritu
— se convierte en CAMELLO (el animal que soporta grandes pesos = simboliza al hombre que se inclina ante la omnipotencia de Dios y ante la ley moral);
— en LEÓN (que simboliza el animal que destruye los valores establecidos);
— y en NIÑO, que simboliza al hombre capaz de crear nuevos valores, de llegar a ser el superhombre.
Zaratustra es el gran pregonero de la muerte de Dios que ha sido suplantado por el superhombre. Sus dos anuncios son: Dios ha muerto. Viva el superhombre. Por eso cuando Zaratustra se encuentra a un anciano orando se pregunta: «¿pero es posible? Este santo varón aquí, en el bosque, no se ha enterado todavía de que Dios ha muerto» (Así habló...).
EL NIHILISMO.
Para Nietzsche la cultura europea ha llegado ya a su propia ruina, a la decadencia total. De ahí la necesidad de restauración, de ir preparando el gran mediodía de la humanidad. Esta es la tarea del filósofo: liberar al hombre de todos los valores ficticios, decadentes, devolviéndoles el derecho a la vida, a la existencia. El primer paso debe consistir en un cambio profundo de valores, de todos los valores de nuestra cultura tradicional.
De “nihil”, nada, significa “no dar valor a nada” y se materializa en el tedio vital actual. Es una actitud vital y filosófica que niega todo valor a la existencia. Es una consecuencia de la muerte de Dios.
El mismo Nietzsche nos define lo que significa el nihilismo: “que los supremos valores se devalúan. Falta el fin, falta la respuesta a la pregunta ¿para qué?”.
El nihilismo no es una teoría filosófica, es la consecuencia de la historia de nuestra cultura occidental, la esencia del destino de los pueblos occidentales. La fuerza del espíritu de Occidente, cansada y agotada por los valores inadecuados y ficticios, se vuelve nihilista.
El nihilismo, por tanto, es la consecuencia propia de la ausencia de valores, la falta de meta, falta de respuestas a los porqués que se habían respondido desde Dios, que habían sido la base de la cultura occidental. Al dar muerte a Dios, se ha perdido el sentido de la orientación de nuestra existencia, de nuestra vida: estamos perdidos, sin brújula, en el desierto de la historia.
Esta parte negativa exige dialécticamente una parte positiva: es negar para afirmar, destruir para crear, aniquilar para producir. Así, de esa negación salen los nuevos va- lores, la voluntad de poder, el superhombre...
la “Voluntad de poder”, no es deseo de poder, ni querer el poder. La voluntad de poder , no es voluntad como facultad del alma que decide esto o lo otro (psicología). No es voluntad pasiva, de obedecer o de someterse. Para Nietzsche, la voluntad de poder, es voluntad de crear, de alumbrar nuevos valores, voluntad de dar, voluntad de afirmar la diferencia.
dependencia, lo que nos entrega a lo gregario, lo que nos incapacita como seres libres y autónomos.
VOLUNTAD DE PODER ACTIVA (AFIRMATIVA)
Ésta es la verdadera voluntad de poder realizada, no meramente representada como la anterior. El sujeto se afirma a sí mismo sin culpas, expresa lo que es, crea sus propios valores y arraiga en lo verdaderamente vital. Es decir, pone en juego autoafirmación individualidad, autoexpresión, vitalismo y creatividad. De esta afirmación no culpable de lo que somos y queremos nace la alegría de estar vivos, que es la única raíz de la bondad. Sólo desde la plenitud del hombre autoafirmado cabe esperar generosidad. La única verdadera acción bondosa sólo puede tener un origen afirmativo; para afirmar al otro es necesario antes haberse afirmado uno a sí mismo.
Es importante entender que, para Nietzsche, el «poder» en la voluntad de poder el que quiere no es lo que se quiere, no es una meta.
Así pues, no pretende algo exterior, algo de fuera (un cargo un reconocimiento, riquezas, etc.), sino que lo que quiere es el libre «pliegue de lo que es, su jubilosa autoexpresión. No es una voluntad que
Busque poder, sino es el poder mismo el que posee voluntad: voluntad de crecimiento, de autoexpresión vital.
En resumen, nada tiene que ver la voluntad de poder con la ambición de posesiones o de comprar con dinero la fuerza que a uno le falta. La voluntad de poder no desea aquello de que carece, sino que nace de la sobreabundancia.
Inspirándose en la mitología griega y en los presocráticos (Heráclito de Éfeso), la idea clave del eterno retorno es la repetición, el ciclo que se ejecuta una y otra vez, sin que nada apunte hacia un estado final, o sin que haya posibilidad a ningún tipo de progreso o evolución lineal. La teleología aristotélica, el mundo platónico de las Ideas o el cielo prometido por los cristianos son creaciones conceptuales absurdas:
El eterno retorno incluye de este modo connotaciones materialistas, con una clara consecuencia temporal: no existe más que el presente, el aquí y ahora, el mundo que vivimos hoy. El pasado ya fue y el futuro no existe, por lo que el hombre debe ser fiel al presente que vive, única realidad que podemos vivir realmente. Un presente eternamente repetido, una tierra con procesos que comienzan y terminan sin cesar: éste es el eterno retorno, que nos invita a permanecer fieles a nuestro tiemp o, “fieles a la tierra” : “ ¡Yo os conjuro, hermanos míos, permaneced fieles a la tierra, y no creáis a quienes os hablan de esperanzas sobreterrenales! Son envenenadores, lo sepan o no. ”
Pero Nietzsche va más allá. El eterno retorno se termina convirtiendo en valor: es el camino para afirmar la vida, es la expresión de la voluntad de poder que se libera del lastre del pasado y del temor respecto al futuro.
El eterno retorno es un reflejo del deseo de eternidad del presente, de la voluntad de que todo permanezca. Es el sí infinito, eterno y absoluto al presente vivido, a la vida misma y a la existencia. Para que esta idea penetre en la sociedad y llegue al hombre es necesario la transmutación de los valores.
Es un sí a la vida tan fuerte que no solo afirmas los valores de esta tierra, sino qu su deseo de que se repitan eternamente. No se resigna a que se termine la vida. Parece ser un eterno ciclo de morir y vivir eternamente. Parece ser que esta vida hay que vivirla infinitas veces con cada dolor y con cada alegría. No es el retorno de lo selectivo, como muchos autores han querido ver.
Para hacer esto es para lo que es necesario un superhombre. El superhombre tiene como función recobrar el sentido de la vida, pero sin ponerlo más allá del mundo, en el otro mundo transcendente a éste, sino en este; y por tanto, su misión tiene que ver con santificar la Tierra. Ahora la tierra, lo sensible, ocupará el papel que la decadencia había reservado a Dios.