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El crecimiento agrario en la Europa medieval: problemas, causas y evidencias - Prof. Fábre, Apuntes de Historia de la Edad Media

Guy bois analiza el crecimiento agrario en europa durante la edad media, enfatizando los problemas de certidumbre, cronología y causas. Bois examina el esquema clásico del crecimiento medieval, la participación del campesino en el proceso, la relación ciudad/campo y la influencia del progreso técnico. El autor también discute la importancia de la documentación reciente y la relación entre el gran dominio carolingio y la pequeña propiedad campesina.

Tipo: Apuntes

2013/2014

Subido el 07/07/2014

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Guy BOIS, “El crecimiento agrario”, en IDEM, La revolución del año mil. Lournand,
aldea del Mâconnais, de la antigüedad al feudalismo, Barcelona, Crítica, 2000, pp.
115-157.
4. EL crecimiento agrario.
El autor se centrará en la difícil cuestión de la esfera de la producción. Es técnicamente
complejo porque las actividades productivas dejan menor huella documental que las
transacciones. Lo único bien esclarecido es el reparto del suelo cultivado: 1/5 viñas,
1/10 prados, sobre 1/10 mansos o curtilia, incluido los huertos, y el resto cereales.
También hay datos sobre la parcelación (morfología y dimensiones de las parcelas,
cercas, etc.). Pero el autor se centrará más en el movimiento de la producción, más que
a leer el paisaje agrario, cuyos rasgos ya han sido fijados.
También es muy compleja la vertiente intelectual del problema que requiere un
microanálisis (especialmente acerca del comportamiento de los agentes económicos) y
un macroanálisis (distribución y circulación de las rentas, relación población/recursos,
etc.); cuestiones decisivas para entender el marco histórico en su conjunto.
LA PROBLEMÁTICA: UNA CERTIDUMBRE Y DOS INCÓGNITAS.
Antes de centrarse en el microscopio del Cluniosis, enumerará los problemas
fundamentales en torno a una certidumbre (la evidencia del crecimiento “medieval”) y
dos incertidumbres (su cronología y sus causas).
El esquema clásico del crecimiento medieval.
El crecimiento “medieval” fue agrario y se manifestó:
Cualitativamente o en forma de progreso técnico.
Cuantitativamente o el incremento del espacio cultivado, el cual está mejor
estudiado.
El incremento del espacio cultivado a raíz del desmonte de selvas y la conquista de
tierras pantanosas llegó a su fin en el siglo XIII o principios del XIV, dependiendo la
región; cuando el equilibrio entre el bosque (reserva alimentaria para animales y el
hombre) y el labrantío se rompió por el excesivo progreso de este último. Según G.
Duby, significa un nuevo gran salto desde la época neolítica, basado en el progreso
técnico. El aprovechamiento de las fuentes de energía, especialmente la hidráulica,
gracias a la difusión del molino de agua, permitía un ahorro de tiempo considerable.
Además, hay que incluir el mayor provecho de la energía animal, gracias a los nuevos
procedimientos de atelaje (yugo frontal y collera rígida). Así, se logra un arado más
eficiente, mejorando el de origen mediterráneo o mediante la carruca o arado de ruedas.
De esta forma, las ganancias propiciaron un aumento de la faena agrícola. Otra de las
innovaciones fue la rotación trienal (cereales de invierno/cereales de primavera/
barbecho) que sustituyó en Europa (excepto en la zona meridional) la antigua rotación
bienal.
La agricultura europea en su conjunto ha vivido durante siglos de estos logros, con
pequeñas modificaciones hasta el siglo XIX, tales como la mayor presencia de hierro en
el utillaje, importación de especies vegetales del Nuevo Mundo, una mejor selección de
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¡Descarga El crecimiento agrario en la Europa medieval: problemas, causas y evidencias - Prof. Fábre y más Apuntes en PDF de Historia de la Edad Media solo en Docsity!

Guy BOIS, “El crecimiento agrario”, en IDEM, La revolución del año mil. Lournand,

aldea del Mâconnais, de la antigüedad al feudalismo, Barcelona, Crítica, 2000, pp.

115-157.

  1. EL crecimiento agrario.

El autor se centrará en la difícil cuestión de la esfera de la producción. Es técnicamente complejo porque las actividades productivas dejan menor huella documental que las transacciones. Lo único bien esclarecido es el reparto del suelo cultivado: 1/5 viñas, 1/10 prados, sobre 1/10 mansos o curtilia , incluido los huertos, y el resto cereales. También hay datos sobre la parcelación (morfología y dimensiones de las parcelas, cercas, etc.). Pero el autor se centrará más en el movimiento de la producción, más que a leer el paisaje agrario, cuyos rasgos ya han sido fijados. También es muy compleja la vertiente intelectual del problema que requiere un microanálisis (especialmente acerca del comportamiento de los agentes económicos) y un macroanálisis (distribución y circulación de las rentas, relación población/recursos, etc.); cuestiones decisivas para entender el marco histórico en su conjunto.

LA PROBLEMÁTICA: UNA CERTIDUMBRE Y DOS INCÓGNITAS.

Antes de centrarse en el microscopio del Cluniosis, enumerará los problemas fundamentales en torno a una certidumbre (la evidencia del crecimiento “medieval”) y dos incertidumbres (su cronología y sus causas).

El esquema clásico del crecimiento medieval.

El crecimiento “medieval” fue agrario y se manifestó:

  • Cualitativamente o en forma de progreso técnico.
  • (^) Cuantitativamente o el incremento del espacio cultivado, el cual está mejor estudiado.

El incremento del espacio cultivado a raíz del desmonte de selvas y la conquista de tierras pantanosas llegó a su fin en el siglo XIII o principios del XIV, dependiendo la región; cuando el equilibrio entre el bosque (reserva alimentaria para animales y el hombre) y el labrantío se rompió por el excesivo progreso de este último. Según G. Duby, significa un nuevo gran salto desde la época neolítica, basado en el progreso técnico. El aprovechamiento de las fuentes de energía, especialmente la hidráulica, gracias a la difusión del molino de agua, permitía un ahorro de tiempo considerable.

Además, hay que incluir el mayor provecho de la energía animal, gracias a los nuevos procedimientos de atelaje (yugo frontal y collera rígida). Así, se logra un arado más eficiente, mejorando el de origen mediterráneo o mediante la carruca o arado de ruedas. De esta forma, las ganancias propiciaron un aumento de la faena agrícola. Otra de las innovaciones fue la rotación trienal (cereales de invierno/cereales de primavera/ barbecho) que sustituyó en Europa (excepto en la zona meridional) la antigua rotación bienal. La agricultura europea en su conjunto ha vivido durante siglos de estos logros, con pequeñas modificaciones hasta el siglo XIX, tales como la mayor presencia de hierro en el utillaje, importación de especies vegetales del Nuevo Mundo, una mejor selección de

las semillas, etc. Así, hasta llegar a los abonos químicos y la maquinaria agrícola que posibilitaron una revolución agrícola.

¿Qué cronología?

Es muy difícil establecer de forma fiable la expansión. ¿fue una consecuencia de la aparición de las estructuras feudales o las precedió en cierta medida? La respuesta tradicional privilegiaba el período central de la “Edad Media”, especialmente en la Europa del norte donde la intensidad de los desbrozamientos culminan en el siglo XIII. Además, está acompañado de una progresión demográfica difícil de cifrar que condujo lentamente al excepcional superpoblamiento hacia 1300. Charles Parain vinculaba la difusión del molino de agua al régimen señorial. G. Duby también y, además, veía en las exigencias de la fiscalidad señorial el acicate que compelía al campesinado a producir más. Esto ya no es tan ampliamente compartido debido a la desigualdad de las fuentes. La documentación más reciente y más abundante demuestran evidencias de progreso de los siglo XI-XII, pero subestima los anteriores indicios de desarrollo. Así la tendencia es ir reduciendo las fechas del proceso hasta los siglo IX y X o antes. Aunque también hay variaciones regionales, especialmente en las regiones de más temprana colonización (Cataluña, el Midi francés,…) que desde época romana ha limitado la expansión espacial, de modo que la segunda fase de crecimiento medieval fue menos intenso que en la Europa septentrional, con tierras más vírgenes. La veracidad de un crecimiento agrario precoz, en esencia carolingio, es algo probado

y corroborado en el coloquio de Flaran (1988). La aparición de las estructuras feudales ya no puede mantenerse como punto de partida, a pesar de su evidente papel en su consolidación y difusión. También hay que analizar la relación ciudad/campo y la influencia del progreso técnico y del crecimiento agrario sobre la propia transformación social.

¿Qué causas?

El coloquio de Flaran marca un poco el punto básico. Para P. Bonnassie, lo esencial fue la consolidación de la pequeña producción (alodial o en tenencia) a lo largo de la alta Edad Media. La crisis final de la esclavitud es muy importante para este crecimiento. P. Toubert destaca al gran dominio carolingio, renovando las tesis pandominicales en descrédito. Considera que el gran dominio estimula los intercambio locales por medio de los excedentes. Como se ve, el abanico de interpretaciones es muy amplio. Realmente, hay que desconfiar de las interpretaciones unilaterales. Una aproximación demográfica es crucial, ya que el número de hombres es el mejor indicador del crecimiento si se sabe situarlo en la cadena de causalidades. No podemos rechazar a priori la influencia de las condiciones climáticas, aunque resta por probar su incidencia en el rendimiento del cereal en la zona templada y establecer correlaciones de largo alcance. En el actual estado de cosas, hay un temor por un rechazo de la complejidad de los factores endógenos en el proceso. Una segunda preocupación metodológica consiste en distinguir el cómo del porqué. No es lo mismo constatar la participación del campesino en el proceso de crecimiento que considerarlo el factor determinante. El objetivo es que partiendo de una descripción de los índices de crecimiento, seguidos de la descripción de las condiciones sociales del crecimiento, se llegue a hipótesis explicativas. La tercera exigencia metodológica tiene que ver con el macroanálisis. El crecimiento en la alta Edad Media es una tendencia lenta y plurisecular. Todo esta interrelacionado, así que hay que investigar las relaciones precisas que mantienen cada uno de los fenómenos de distintos órdenes.

kilómetro cuadrado hacia 1300. En mi opinión, la estabilidad política de un período puede ocasionar un aumento poblacional. Las cifras resultan elevadas y parecen indicar que la parte central del crecimiento demográfico tuvo lugar antes del año mil. Así que no se pueden sacar conclusiones generales, debido a la discontinuidad en el poblamiento rural. Además, no deben pasarse por alto rasgos específicos de las regiones y del período. Por ejemplo, las invasiones germánicas no revistieron un carácter catastrófico y la mayor parte de las villae galorromanas fueron destruidas o abandonadas en estos años. La zona del Mâconnais fue perdonada por las últimas invasiones. De este modo, es necesario profundizar los datos en cada región. Tomando esta hipótesis, la densidad pasaría de 20 a 40 pero ¿y su cronología, las modalidades de crecimiento y el régimen demográfico? La duplicación de población en cuatro siglos supone un lento ascenso del número de hombre, aunque se puede considerar elevado en vistas de la coyuntura en un plano global. Además, destaca el hecho de que no hay ciudades que puedan absorber los excedentes de la población rural, como sucederá en la era “feudal”. En los hogares serviles se acogía cerca de tres hijos por pareja fecunda pero ¿puede extrapolarse a otros grupos sociales? Claramente no y más contando que el dueño controla la formación de nuevas parejas y la fecundidad de sus colonos. Se trata de una regulación política y puede ser la razón de que el número de hijos vivos supere al régimen dominical durante el siglo IX (entre 2 y 3), puesto que el esclavo se ve sujeto por un freno de orden patrimonial, como los tenentes libres o los propietarios alodiales.

Con tres hijos vivos por pareja tendríamos un crecimiento más rápido pero insostenible económicamente. La única hipótesis válida es la de una regulación de carácter social, es decir, a restricciones matrimoniales: celibato, etc. El régimen dominante era el alodial y se vinculaba estrechamente la evolución demográfica al stock de explotaciones agrícolas disponibles.

Las dimensiones del espacio cultivado.

El segundo indicador del crecimiento es la extensión del espacio cultivado. Para ello requerimos de diversas fuentes y técnicas, ante todo, de textos donde se mencionan las operaciones de roturación, del análisis de la toponimia, del examen de la parcelación y de las fotografías aéreas. Todas ellas conllevan sus propios riesgos. Respecto a la roturación, poseemos cinco contratos de complantatio , pero ¿hubo operaciones que no han dejado huellas escritas? Seguramente. La toponimia puede ser más peligrosa. Parece claro que los topónimos prerromanos indican una parte del territorio que ha sufrido un menor número de transformaciones ulteriores y al este de Lournand los topónimos son de formación más reciente. Un ejemplo de su problemática es el término essart que designa indistintamente un desbroce merovingio o uno de tiempos de Luis XV o Luis XVI. Más rico es el examen de la parcelación con la ayuda de la fotografía aérea. Así se pueden establecer diversos grupos. El grupo I representa la trama más antigua, con toponimia romana, al oeste y sur de Lournand. Presenta ausencia de líneas maestras, pequeñas parcelas irregulares pero definidas geométricamente, etc. La mayoría están rodeadas de pequeñas albarradas que tienen la función de delimitación y despedregado. Es el dominio por excelencia de la pequeña propiedad campesina y entronco con los llamados “campos celtas”. El grupo II forma un rectángulo que ocupa los términos de Lournand, Chavagny y Collonge. Son parcelas muy extensas pero algo confusas, debido a la reconstitución medieval llevada a cabo por los monjes. No se tratan del resultado de un desbrozo de los siglos XI o XII.

El grupo III forma una cinta sur-norte, entre el grupo II y la vieja vía romana al este del Grosne. Hacia el sur cubre Lournand y Chevangy, hacia el norte Collonge hasta Massilly. Engloba cerros de escasa pendiente y la planicie del valle del Grosne, siendo la topografía menos abrupta que facilita una ordenación más clara. Al contrario del grupo II, significó el desmigajamiento de la parcelación. La atomización es clara y la parcelación no es irregular, pero no está claro si es porque la colonización romana se llevó a cabo en terrenos recién desbrozados o se han perdido las huellas de la parcelación antigua. Se tratan de las tierras de más fácil cultivo y es un sector intensamente explotado tanto en época romana como en el siglo X. El grupo IV se corresponde a los claros entre las masas forestales y es el dominio de los dueños de la época franca, en particular de la familia Achardus-Bernardus. Las parcelas pierden el rigor geométrico y tienen un aspecto compacto, siendo la dispersión del hábitat el resultado lógico del desmonte. La parcelación confirma los rasgos esenciales que se desprende del cartulario de Cluny: la mayor parte del espacio cultivable se explotaba ya antes de la revolución feudal. Por lo tanto, no se puede aplicar el modelo predominante de que la construcción del paisaje agrario sería obra del período central de la “Edad Media”. Dependiendo de la región fue más o menos afectada por la crisis romana del siglo III. Así, parece que fue en la época franca cuando se procede a una cierta “recuperación”. El avance de las roturaciones de los siglo XII y XIII son difíciles de precisar debido a los expolios de los archivos de la abadía, pero se advierte en Lournand y Crâ que los desmonten posibilitaron la aparición de un nuevo núcleo, Saint-Claude, que debe su

nombre a una antigua capilla. Un arqueólogo aficionado descubrió el clásico desbroce medieval de iniciativa señorial que genera un hábitat disperso. Es original su parcelación en ajedrezado, con pequeños módulos. No sabemos si fue el único desmonte del período central de la “Edad Media”. Además, una excepción es el hábitat de tipo intercalar entre La Chaune y Collonge. La conclusión que se saca de todo esto es que la progresión del espacio cultivado desde la “revolución feudal” se inscribe en unos márgenes limitados. Por ello, se debe rechazar la idea de que el crecimiento agrario fue una prerrogativa del período central de la “Edad Media”, ya que la práctica totalidad del terreno estaba roturado hacia el año mil. De este modo, se puede decir que la época franca resultó decisiva, como una fase de colonización agraria que repara el retroceso de finales de la época romana. Con todo, en Clunisois y Mâconnais, queda claro que desde el año mil las perspectivas de desarrollo agrario estaba limitadas por constricciones económicas.

El indicador técnico.

El último indicador del crecimiento, en su dimensión cualitativa, es el indicador técnico. ¿Cuál era el nivel técnico alcanzado por las campiñas del Clunisois en el siglo X? Está muy claro para la energía hidráulica. La red de molinos de agua funcionaba cuando los monjes se instalaron en Cluny y uno de sus éxitos fue asegurarse su control. La posesión de molinos era muy importante por las rentas y por la influencia social que procura sobre las comunidades vecinas. Además, podía incluir otros elementos como una acequia o una inclusa. No sabemos cuándo vieron la luz estos equipamientos. El molino de agua ya se había generalizado en el siglo IX. Sobre las prácticas de cultivo y el utillaje agrícola, disponemos de menos información. El único indicio documental es de 1156, con un inventario que incluye diversas aldeas. Se advierte que la rotación trienal se practicaba en campos de la abadía y probablemente en una parte de las tenencias campesinas. Esta innovación aparece establecida a mediados del siglo XII. Es algo destacable si advertimos que se encuentra en la zona del límite histórico que separa la Francia meridional donde domina el sistema

del siglo XIV, síntoma de la recuperación de la superestructura política. El declive del Estado y de la ciudad antigua eran las condiciones previas y no es fruto del azar el apogeo de las campiñas de Occidente durante este largo intermedio fiscal. Así, hay que recalcar la importancia de las sujeciones macroeconómicas de este terreno. Con anterioridad, el Estado estructuraba el espacio rural y su desfallecimiento abrió el camino a otras formas de control. Así, el segundo dato es la creciente importancia que adquieren en la vida rural dos estructuras estrechamente ligadas: la familia conyugal y la comuna aldeana o caserío. Algunos historiadores, como G. Duby, consideran la promoción de la célula conyugal como uno de los resortes profundos del crecimiento. La comunidad no era sino una asociación de cabezas de familias fundada en la solidaridad mutua para el control de los términos territoriales; una asociación que no tenía su origen en una ascendencia común, sino en las relaciones de vecindad y en base territorial. El problema es que la historia de estas comunidades permanecen en la oscuridad. Antes del año mil, todas las células se inscribían dentro de las solidaridades del caserío, sin apartarse espacialmente. Se ha caracterizado la alta edad media como una colonización dispersa que engendra hábitats de este tipo y que la instauración del señorío tuvo en la reagrupación de los campesinos bajo su control la forma de aldea. Pero Lournand parece una contradicción con este esquema. El microanálisis impide esta interpretación porque estos hábitats fugaces pertenecían a dueños esclavistas que podían vivir al margen del caserío. Bloch menciona que la casa aislada supone otro régimen social, otras costumbres y también el gusto de escapar a la vida colectiva.

La dispersión campesina era concebible en lugares donde se había mantenido la autoridad política, pero que al expirar dicha autoridad dio paso a otro marco de control por el caserío; una red de caseríos que congregaba bajo una fuerte cohesión las células conyugales. Ahí tienen su origen las particularidades del crecimiento agrario. Este crecimiento se tradujo en una densificación de las tierras de cultivo ocupadas desde antiguo, sin que se crearan nuevas explotaciones. Así, las expansión fue menos espectacular que en el período siguiente, pero acentuó las diferencias entre núcleos densamente poblados con los débilmente ocupados. Sólo la instauración del señorío banal iba a acabar con las incomunicaciones del mundo rural en el plano productivo y de los intercambios. El señorío inaugura lo denominado “acondicionamiento del territorio”, facilitando la movilidad de los hombres. Marcó el tránsito de una forma de crecimiento adscrita al término territorial, ya agotado, a una nueva forma. El señorío banal expresa la adecuación de las estructuras políticas a las exigencias surgidas del mismo crecimiento agrario. La intensificación de la explotación del término era necesaria a causa de las numerosas bocas que alimentar y fue posible por la cohesión del caserío. Así, no debe extrañar que se lograse la culminación técnica del sistema agrario tradicional. Es probable que la estrecha cooperación aldeana que se observa más adelante, especialmente en el pastoreo comunal y el derecho de leñar, arranque en esta época. La ultima característica puede ser la más difícil y decisiva. Se trata de la consolidación de la producción individual o familiar. También comienzan a distinguirse las solidaridades horizontales en beneficio de las verticales (linaje). La causa es que la autonomía familiar confería al crecimiento una autonomía propia y, a la vez también efecto, porque la cooperación en el seno de la comunidad confería también una mayor eficacia a cada célula de base y más margen de autonomía respecto del grupo. Cuando se detecta en el siglo X, le queda un largo camino para consolidar dicha autonomía. Todavía hay que acceder al mercado, siendo la tenencia la que mejor se ajuste respecto al alodio. La revolución feudal, al culminar el proceso, le confirió toda su densidad mental y social.

Sin esta evolución de la pequeña propiedad hacia una mayor autonomía. La aparición de una nueva división de trabajo que conduce a algunos a especializarse en actividades artesanales o comerciales y agruparse en los nacientes núcleos urbanos. En la sociedad antigua los impulsos a favor de una división del trabajo provenían de las ciudades con funciones políticas, es decir, desde arriba de la estructura social y política. Pero ahora vemos que los impulsos vienen desde abajo, que las especializaciones nacen en el campo, aunque en el caso de los esclavos pueden venir de sus dueños. Existía una producción comercial que emanaba de la célula mínima, la conyugal, lo cual significa una gran autonomía social. No hay que suponer una relación directa entre esa autonomía y la nueva división de trabajo, ya que la última no procede de la primera, sino que encontró un sustrato favorable. El factor desencadenante fue la construcción, en el marco de las nuevas estructuras señoriales, de un espacio comercial que asociaba el núcleo urbano al distrito rural circundante. Este vínculo no habría provocado el proceso de urbanización si el crecimiento agrario no hubiera hecho madurar previamente el comportamiento individual del pequeño productor.

El pequeño dominio y el crecimiento.

El desarrollo no fue una prerrogativa exclusiva de las comunidades. En el marco en que se mueven los dueños, por ejemplo los Achardus y otros, era relativamente modesto. Sus sementeras y viñas no excedían de las 40 o 50 ha. y sus tierras tienen los mejores pastos y masas forestales del valle del Grosne y Collonge. La regla es el policultivo de subsistencia, con una parte de las tierras reservadas a la ganadería. Los límites de estos dominios son inestables y no se puede aplicar aquí la noción de “régimen dominical”. Se trata de una yuxtaposición de pequeñas explotaciones, en su mayoría serviles, que no son ni tenencias ni reservas (bosques aparte). El término empleado por André Deléage y Georges Duby es “pequeños señoríos”. Puede entrar en confusión con las estructuras posteriores cuando el estatuto de tenencia, por ahora embrionario, se fijó definitivamente. Así que es mejor hablar de “pequeño dominio”, teniendo presente que el dominium se ejerce sobre los hombres y la tierra. En este marco, los dueños hacen de empresarios al confiar a propietarios de alodios o a colonos el cultivo de las tierras desbrozadas o al edificar molino. Podría objetarse que tenían un objetivo fiscal, pero también requería una iniciativa compleja de preparación. El dueño no era sólo un guerrero o un sacerdote, también un agente económico activo, siendo el pequeño dominio la matriz de importantes progresos técnicos. Uno de los problemas es que este comportamiento de los dueños supone más bien una excepción que la regla. La aristocracia romana había manifestado una total indiferencia para con las realidades campesinas, siendo un factor del estancamiento de la agricultura antigua. Esto ha sido muy bien corroborado por Finley poniendo de manifiesto que las fortunas formaban tenían un origen administrativo o en la tierra. Pero ¿cuándo se produjo el cambio? ¿ya en el siglo VI con el impulso de los recién llegados o más tarde? Lournand no aporta nada. La sociedad merovingia tenía sus beneficios en la guerra que predominaban sobre la administración. A mediados del siglo VII, el sistema se “disocia” y los primeros carolingios vuelven a ponerlo en funcionamiento (gracias a confiscaciones y a las conquistas) pero se vuelve a atascar. Así, surge el interrogante de si no fue el desfallecimiento de la capacidad distributiva del Estado lo que colocó progresivamente a la aristocracia en la necesidad de desarrollar sus recursos locales para mantener su posición. Es más, tuvo que racionalizar la explotación de su patrimonio. Esta hipótesis encaja en la cronología del renacimiento económico de Occidente, cuyos indicios comienzan a mediados del siglo VIII.