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PRIMERAS IMPRESIONES DE MADRID Cuando uno de los compañeros de viaje anunció que ya estaban en Madrid, Manuel sintió verdadera angustia; un crepúsculo rojo esclarecia el cielo, inyectado de sangre como la pupila de un monstruo; el tren iba aminorando su marcha; pasaba por delante de las barriadas pobres y de casas sórdidas; en aquel momento brillaban las luces eléctricas pálidamente sobre los altos faros de señales... Se deslizó el tren entre filas de vagones, retemblaron las placas giratorias con estrépito férreo y apareció la estación del Mediodía iluminada por grandes farolas. Descendieron los viajeros; bajó Manuel consu fardelillo! de ropa en la mano, miró a todas partes por si encontraba a su madre, y no la vio en toda la anchura del andén. Quedó perplejo; siguió luego a la gente, que marchaba de prisa, con maletas y jaulas, hacia una puerta; le pidieron el billete, se detuvo a registrarse los bolsillos, lo encontró y salió por entre dos filas de mozos queanunciaban nombres de hoteles. —¡Manuel! ¿Adóndevas? Alli estaba su madre. La Petra trabajaba como sirvienta en una pensión. Tenía intención de mostrarse severa; pero al ver a su hijo se olvidó de su severidad y le abrazó con efusión. —Pero ¿qué ha pasado? —preguntó en seguida la Petra. —Nada. —Y entonces, ¿por qué vienes? —Me han preguntado si quería estar allá o venir a Madrid, y yo he dicho que prefería venira Madrid. —¿Y nada más? —Nada más —contestó Manuel con sencillez. —Y Juan, ¿estudiaba? —Si; mucho más que yo. ¿Está lejos la casa, madre? —Si. Qué, ¿tienes apetito? —Ya lo creo: no hecomido en todo el camino. Salieron de la estación al Prado; después subieron por la calle de Alcalá. Una gasa de polvo llenaba el aire; los faroles brillaban opacos en la atmósfera enturbiada... Al llegar a la pensión, la Petra dio de cenar a Manuel y le hizo la cama en el suelo, al lado de la suya. El muchacho se acostó, y era tan violento el contraste del silencio de la aldea con aquella algarabía de ruido de pasos, conversaciones y voces de la casa, que, a pesar del cansancio, Manuel no pudo dormir. La madre de Manuel tenía un pariente, primo de su marido, que era zapatero. Habia pensado Petra, en los días anteriores, enviar a Manuel de aprendiz a la zapatería; pero le quedaba la esperanza de que el muchacho se convenciera de que le convenía más estudiar cualquier cosa que aprender un oficio; y esta esperanza le hizo no decidirsea llevar al chico a casa desu pariente. Algún trabajo costó a Petra convencer a la patrona, doña Casiana, que permitiera a Manuel estar en casa; pero al fin lo consiguió. Después, se decidió que el chico haría recados y serviria la comida. Luego, cuando pasara la época de vacaciones, seguiria estudiando.